JOSÉ INGENIEROS ACERCA DEL HOMBRE MEDIOCRE

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Vuelvo sobre el tema de la mediocridad desde otros ángulos. Es como escribe Enrique Santos Dicépolo en Cambalache en donde resulta que al mediocre le da lo mismo “el burro que el gran profesor”. Un antídoto para la mediocridad es la buena lectura que puede resumirse en el subtítulo de uno de los libros de Fernando Savater: “Sobre el gozo de leer y el riesgo de pensar”.

Y aquí irrumpe en escena José Ingenieros (1877-1925) escritor, filósofo y médico egresado de la Universidad de Buenos Aires con estudios en Paris, Ginebra y Heidelberg. Premiado en 1903 por la Academia Nacional de Medicina por su libro Simulación de la locura. En 1908 trabajó en la cátedra de Neurología a cargo de José María Ramos Mejía en la Facultad de Medicina de la UBA y también se hizo cargo de la cátedra de Psicología Experimental en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad donde diez años más tarde fue designado Vicedecano.

 

En 1909 fue electo presidente de la Sociedad Médica Argentina.  Colaboró en periódicos de inclinación anarquista y fue fundador y escritor asiduo en diversas revistas y medios periodísticos como La Vanguardia establecida por Juan B. Justo y Nicolás Repetto de donde tomó partes de un así denominado socialismo que luego derivó en el socialismo democrático al estilo de Américo Gholdi, posición intelectual de quienes se oponían a la banca central y sustentaban el libre comercio entre las naciones y el patrón oro, aunque en materia laboral suscribían varios aspectos de raigambre marxista, a pesar de contener en muchos de sus miembros características eminentemente respetuosas para con las autonomías individuales en un contexto de libertad.

 

En todo caso en esta nota periodística quiero centrar la atención en una obra de Ingenieros que ha concitado la atención de no pocas mentes inquietas. Se trata de El hombre mediocre que fueron originalmente sus clases en la antes mencionada cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras durante el ciclo lectivo de 1910, luego publicadas en forma de libro.

 

Cabe destacar la notable maestría con que el autor administra su prosa imbuida no solo  de una muy pulida gramática sino de un formidable ingenio y capacidad descriptiva.

 

Comienzo por algo que Ingenieros toca al pasar pero que constituye un hallazgo de grandes proporciones del que derivan consecuencias de  importancia para la comprensión del individualismo metodológico. Hay veces que uno da por sentado como verdad un error manifiesto y recién uno se percata de la equivocación cuando se desnuda el tema.

 

Bien, el asunto estriba en que José Ingenieros sostiene que es un error garrafal aludir al “sentido común” ya que se trata en verdad del “buen sentido” siempre personalísimo ya que no es comunitario el tan cacareado sentido común puesto que se trata de un antropomorfismo, es decir, se trata de un colectivo como si fuera una persona, lo cual conduce a confusiones varias. Es de la misma estirpe que cuando se parlotea que “el pueblo demanda”, “la nación piensa”  o “las instituciones dicen” y yerros equivalentes. No hay tal cosa, son metáforas peligrosas porque conducen a la liquidación de la persona en aras del grupo. Es en rigor la expropiación del hombre que es engullido por lo colectivo. En el mejor de los casos pueden ser abreviaciones que de tanto repetirlas se toman literalmente. Es cierto que puede haber una acepción más benévola del sentido común en cuanto a que apunta a lo que es común a muchas individualidades, pero de todos modos vale la advertencia para no caer en zonceras antropomórficas tipo “Estados Unidos reprobó la conducta de África” y tropelías similares.

 

Ingenieros define la mediocridad en varios pasajes de su obra como “el hábito de renunciar a pensar”, “llaman hereje a quienes buscan una verdad” (sin comprender que como señaló Shakespeare “El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”), “sus ojos no saben distinguir la luz de la sombra”, “la originalidad les produce escalofríos”, “pronuncia palabras insubsanciales”, “el esclavo o el siervo siguen existiendo por temperamento o por falta de carácter. No son propiedad de sus amos, pero buscan la tutela ajena”, “incapaces de elevarse de la condición de animales de rebaño”, “rechazan la aristocracia del mérito”, “creen que el buen humor compromete la respetuosidad” y “su pasión es la envidia”.

 

A título personal, analizaremos brevemente las dos últimas referencias en sendas por la que ya hemos transitado con anterioridad pero que se hace necesario reiterar en vista de lo apuntado por Ingenieros. En primer lugar, la importancia del humor. Debemos tener muy presente que nos encontramos ubicados en un universo en el que existen millones de galaxias con altísimas probabilidades de vida inteligente en otros mundos y concientes de nuestra inmensa ignorancia de casi todo. Estas son poderosas razones para no tomarnos demasiado en serio.

El sentido del humor no significa para nada frivolidad, es decir aquel que se toma todo con superficialidad y descarta y desestima los temas graves. Tampoco el sentido del humor alude a lo hiriente y agresivo, ni las referencias a temas que no son susceptibles de risa.

Platón sostenía en La República que “los guardianes del Estado” debían controlar que la gente no se ría puesto que eso derivaría en desorden (lo mismo sostuvo Calvino). De esta tradición proceden las prohibiciones de mofas a los gobernantes autoritarios en funciones. Nada más contundente para gobernantes que se burlen de ellos.

La seriedad cuando se está frente a temas serios es una cosa y la solemnidad pomposa es otra. Es curiosa la psicología junto a la fisiología: nadie explicó la razón de llorar cuando nos duele el alma y reír cuando estamos alegres ¿por qué no al revés? Del mismo modo Aristóteles se pregunta por qué no nos reímos cuando nos hacemos cosquillas a nosotros mismos. En realidad la risa es propiamente humana, lo de la hiena es un simulacro, igual que el amor (por eso aquello de “hacer el amor” para asimilarlo a las relaciones sexuales es limitar lo sublime del amor que va más allá de lo puramente físico y es característico de lo humano).

Debido a que nos equivocamos con frecuencia, es sano reírse de uno mismo. En reuniones sociales es de interés probar el sentido del humor contando errores garrafales que uno comete y se observará dos tipos de personas: los que siguen la gracia y agregan casos propios y los que les parece un desatino la patinada que uno cuenta. Hay que estar prevenido y alerta respecto a este último grupo de supuestos infalibles, un signo de mediocridad.

En segundo lugar, la envidia. La  manía de la guillotina horizontal básicamente procede de la envidia además de conceptos errados. De allí surge el inaudito dicho por el que “nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo necesario”, como si nadie pudiera comer langosta antes que todo el planeta tuviera pan sin comprender que el lujo es el estímulo para que los eficientes expandan su producción haciendo que lo superfluo hoy resulte en un bien de consumo masivo mañana. Las tasas de capitalización que resultan de ganancias incrementadas es lo que hace posible salarios e ingresos mayores en términos reales. Que nadie pueda contar con una computadora antes que todos dispongan de papel y lápiz es tan descabellado como suponer que nadie pueda tocar la guitarra antes que todos tengan zapatos.

 

La envidia es en realidad un complejo de inferioridad y de gran inseguridad. La persona envidiosa sabe que carece de las cualidades que posee el envidiado y cuando más cerca se encuentra mayor es la dosis de envidia. No es frecuente que en nuestros días se envidie la capacidad oratoria de Cicerón, sin embargo es un lugar común que se envidie al vecino o al pariente.

 

Como bien ha consignado el célebre H. L. Menken en el contexto de los envidiosos: “la injusticia es relativamente más aceptada, lo difícil de absorber es la justicia”, es decir los talentos y dones del envidiado.

 

Por supuesto que debe distinguirse el espíritu de emulación a lo bueno y noble de lo que es la envidia. Aristóteles hacía esta importante distinción. Lo primero empuja la vara y apunta a la excelencia, mientras que lo segundo hunde en el pantano.

 

He contado antes la historia pero es pertinente reiterarla. Cuando el destacado empresario Goar Mestre se exilió de Cuba luego que todos sus bienes fueron confiscados por la tiranía castrista, en casa de mi padre una vez nos mostró un diario editado en Miami por cubanos en el exilio. En ese periódico se leía que un fulano declaraba que “la revolución arruinó mi vida y la de mi familia, pero por lo menos le sacaron todo al millonario Mestre”. Este es el espíritu maligno de la envidia, aunque el titular la pase mal se satisface con la destrucción de personas exitosas.

 

En lo que posiblemente sea el tratado sobre la envidia más suculento escrito por Helmult Shoeck, este autor concluye sobre lo que es en verdad un espíritu de demolición: “La mayoría de las conquistas científicas por la cuales el hombre de hoy se distingue de los primitivos por su desarrollo cultural y por sus sociedades diferenciadas, en una palabra, la historia de la civilización, es el resultado de innumerables derrotas de la envidia, es decir, de los envidiosos”.

 

Aparecen muchas formas de disfrazar la envidia. Tal vez la más común sea la necesidad de liberarse de responsabilidad y endosar la culpa de la situación desfavorable del envidioso sobre las espaldas del envidiado, sugiriendo aquí y allá que lo desventajoso del envidioso se debe a un mal comportamiento del envidiado o de circunstancias que lo colocan en ventaja de modo inaceptable al sentido de ecuanimidad. Sin duda que en este mismo contexto una errada aplicación de lo que en la teoría de los juegos se denomina la suma cero juega un rol importantísimo en la psicología de la envidia.

 

Así se sostiene en el terreno crematístico que lo que uno no posee es porque el otro lo tiene, como si la riqueza fuera una torta que hay que repartir sin percatarse que en procesos abiertos de lo que se trata es de multiplicar las tortas. Y en el campo de los talentos y las apariencias físicas siempre el envidioso encuentra excusas y subterfugios para victimizarse porque no puede competir con éxito. La competencia lo inhibe, se oculta en diversos disfraces para eludirla y pretende actuar en base a privilegios alegando “competencia limpia”.

 

Por último y volviendo directamente a Ingenieros, contrasta con énfasis el mediocre con el idealista el cual considera que muestra “un gesto del espíritu hacia alguna perfección” y en línea con la manía de emprenderla contra la teoría, afirma que “los ideales, por ser visiones anticipadas de lo venidero, influyen sobre la conducta y son el instrumento natural de todo progreso humano”, es “la anticipación de la imaginación a la experiencia”, es “el contraste entre el servilismo y la dignidad”, son los que “clavan las pupilas en las constelaciones lejanas y de apariencia inaccesible”, son “los que no se dejan domesticar” y hablan claro y fuerte sin rebusques y poses alambicadas.

En resumen, nos dice el autor aludiendo a la mediocridad de quienes profesan especial fobia por el trabajo teórico de lo cual depende toda práctica que no proceda a los tumbos: “Sin ideales sería inconcebible el progreso. El culto del hombre práctico está limitado a las contingencias del presente”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Fascismo e instituciones

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 8/9/16 en: http://www.larazon.es/opinion/columnistas/fascismo-e-instituciones-EI13394189#.Ttt1I85umD1ZGQv

 

El pensamiento único cultiva la ficción según la cual al totalitarismo se lo previene con la educación, como si Alemania no hubiese sido un país culto antes del nazismo, o Cuba hubiese sido un país atrasado en 1959. También se dice que una sociedad civil fuerte vacuna contra el totalitarismo: Alexis de Tocqueville sostuvo que una sociedad vibrante era el fundamento de la democracia americana. Pero el capital social puede tener también consecuencias negativas. Por ejemplo, puede servir para controlar a la población y consolidar el poder de gobernantes despóticos. Analizar esta cuestión es el objetivo de Shanker Satyanath, Nico Voigtländer y Hans-Joachim Voth, “Bowling for Fascism: Social Capital and the Rise of the Nazi Party”, Universidad de Zurich, UBS Center Working Paper Series Nº 7, junio 2014, de próxima publicación en el Journal of Political Economy.

Estos autores destacan que en las décadas de 1920 y 1930 Alemania tenía una sociedad civil relevante. Sin embargo, su red de clubes y asociaciones facilitó el crecimiento del Partido Nazi, que desarrolló una masa de seguidores devotos y hasta fanáticos; la campaña nazi empezó en esos círculos, sin los cuales su éxito electoral después de 1930 no habría sido posible. El trabajo se basa en los datos de afiliación del NSDAP, Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, en más de 100 ciudades, que prueban que el partido nazi creció más rápidamente allí donde había más redes de círculos, clubes etc.: “Nuestros resultados sugieren claramente que el capital social bajo la forma de una rica vida asociativa tuvo un gran efecto corrosivo en la Alemania de Weimar”.

De ese capital social, que debía neutralizar teóricamente a los totalitarios, sacaron más rendimiento los nazis que los demás partidos. No es cierta, por tanto, la vieja teoría que sugería que la moderna sociedad de masas disolvía los lazos sociales tradicionales. En Alemania se fortalecieron, y a su vez fortalecieron a los mayores enemigos de la libertad y la democracia: los nacional-socialistas.

Hubo gente que se aproximó a los nazis, que, como todos los populistas, jugaban a ser transversales entre derecha e izquierda, pero siempre antiliberales, y siempre buscaron comerles la merienda a los partidos de izquierda, como hizo Mussolini en Italia. Hubo gente marginal que se apuntó, diríamos ahora “perroflautas”, que fueron muy visibles, como ahora, pero el grueso de los afiliados a los nazis fueron miembros de la clase media, “blue collars”, con pocos obreros, lo que también ocurría entre los socialistas y los comunistas. Los nazis no fueron diferentes a “la casta” de los demás partidos.

Entre los círculos nazis había gente vinculada a los animales (Hitler iba a prohibir la caza del zorro, y habría prohibido los toros en España), y partidarios de muchas causas sociales, incluidas las reivindicaciones de los estudiantes, entre los cuales los nazis tuvieron mucho éxito. También cosecharon apoyos entre algunos militares, algunos religiosos y algunos empresarios contrarios al libre comercio y la competencia con el exterior.

Igual todo esto a usted le suena. ¿Verdad?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

“A las crisis también se puede llegar caminando”

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 7/6/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1799298-a-las-crisis-tambien-se-puede-llegar-caminando

 

-El primer semestre terminó con un serio deterioro fiscal; ¿es inevitable un ajuste fiscal?

-El año pasado cerró con un déficit del 7% del producto bruto interno (PBI); no es descartable un 10% para 2015. Queda poco lugar para el gradualismo fiscal. Los impuestos son récord, por lo que hay que estabilizar por el lado del gasto. Hay dos maneras de hacerlo: (1) disminuir el crecimiento del gasto hasta nivelar las cuentas, es decir, quitar el pie del acelerador; (2) reducir el gasto. Los K han deteriorado tanto la situación que es necesario poner reversa. Lo innegable es que el ajuste ya está ocurriendo en el sector privado. La disciplina fiscal no es una cuestión de posturas políticas, sino de sentido común en la administración pública.

-¿Es de esperar que la crisis se produzca con el nuevo gobierno?

-No es una cuestión de si la crisis se va a producir. Se trata de reconocer que ya estamos en estanflación. Inflación, déficit fiscal y caída de la actividad económica son síntomas de crisis. No todas las crisis se producen de manera explosiva; a las crisis también se puede llegar caminando. Estas inquietudes se ven en el debate de shock o gradualismo. Se da por sentado que el shock produce deterioro económico. Éste no es el caso cuando las reformas están bien planeadas. La postura del shock se inspira en el milagro alemán de Erhard. Otros casos exitosos son el de Chile (1975) y Bolivia (1985). Se podría agregar a Estados Unidos, que luego de la Segunda Guerra Mundial redujo el gasto de un 80% del PBI a un 30 por ciento. Ninguno de estos casos produjo una crisis. Todos fueron pro mercado. El problema, más que shock o gradualismo, es, en todo caso, de falta de convicción de la política argentina.

-¿Se viene una reforma pro mercado por parte del nuevo gobierno?

-No veo ningún candidato con una postura pro mercado. Incluso a Pro me resulta difícil verlo como un partido pro mercado. Ser más eficiente en la gestión que los K no es ni una vara difícil de superar ni sinónimo de ser pro mercado. Desde Perón le hemos dado la espalda al libre comercio. Son los ideales del peronismo (con los que Pro se dice identificar) los que han descarrilado al país desde que Perón llegó al poder. Los países se desarrollan por sus instituciones, no por sus políticas. Las instituciones fijan la trayectoria (largo plazo). Las políticas producen oscilaciones en torno de esa trayectoria (corto plazo). Si queremos ser como Alemania, entonces debemos adoptar instituciones alemanas, no copiar al chavismo. El nuevo gobierno tiene que llevar adelante una reforma institucional, y no corregir políticas K.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Imaginando un eventual gobierno del PRO

Por Adrián Ravier: Publicado el 6/5/15 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2015/05/06/imaginando-un-eventual-gobierno-del-pro/#more-357

 

Las recientes elecciones primarias dejaron a los analistas políticos con la sensación de que la elección presidencial se terminará polarizando entre el PRO y el oficialismo.

En este sentido, nos preguntamos qué haría el PRO a nivel nacional en caso de ser gobierno. Es cierto que no se ha presentado aún un plan concreto sobre cómo se solucionaría cada uno de los problemas identificados, pero sí se puede afirmar que Mauricio Macri -el candidato presidencial y líder del partido-, ha dado numerosas evidencias de lo que haría si llegara al gobierno. Aquí ordenamos parte de sus anuncios y agregamos aquello que consideramos necesario para que el plan sea consistente y factible.

Comenzando con el plano internacional, Macri cambiaría el eje Argentina-Venezuela-Bolivia-Ecuador por lazos estrechos hacia Estados Unidos, Europea, Asia, África y el Mercosur. El objetivo es volver al mundo con acuerdos bilaterales como los de Chile, y sin discriminar a una región respecto de otra. Priorizar un acuerdo con el Mercosur y desde el bloque negociar con el mundo no parece factible en el corto plazo, pero sí se privilegiará recuperar el libre comercio con nuestro vecino más importante. Si el contexto internacional de liquidez se mantiene, Argentina debería recibir mayor inversión extranjera directa de lo que ha recibido en los últimos 12 años, recuperando un rol protagónico junto a Brasil y México, y aprovechando la necesidad que China tiene de nuestros productos, tanto en alimentos como en lo que refiere a insumos.

En el plano local, y siempre insistiendo en recuperar los mercados perdidos, el modelo que Macri plantea es el de fortalecer la agro-industria. Aquí es donde juega un rol central su principal propuesta en campaña para el campo de eliminar las retenciones y los ROEs.

En el mercado cambiario, y para resolver el atraso cambiario que tiene a la industria en recesión desde hace 20 meses, imagino una fuerte devaluación producto de eliminar el cepo cambiario y de dejar flotar el peso. Tras una suba importante, el tipo de cambio se estabilizará e imagino una nueva convertibilidad o tipo de cambio fijo.

Aquí preocupa el impacto inflacionario que esa devaluación puede tener, por lo que resulta imperioso dar señales claras de que el Banco Central de la República Argentina abandonará por completo la monetización de los déficits públicos.

Sin emisión monetaria y sin retenciones, el plano fiscal queda debilitado. Macri apuesta a que la recaudación tributaria aumente producto de la mayor confianza que generarán sus políticas y la mayor inversión consecuente.

Cualquiera sea el éxito que Macri puede tener en fortalecer los ingresos por la vía de la actividad económica, resulta fundamental en el plano internacional acordar una renegociación de la deuda en default. Esto tiene un doble objetivo: por un lado fortalece las instituciones y abre las puertas al mundo, pero además, permite financiar el desequilibrio fiscal que se vaya generando en la transición al ordenamiento de las cuentas públicas.

Para no abusar del endeudamiento externo, el gasto público se verá reducido desde los primeros meses, con incrementos en las tarifas de los servicios y el transporte público, lo que le permitirá eliminar parcialmente los subsidios. Además, se alentará la competencia en los mercados internos, eliminando todos los controles de precios máximos, sugeridos o cuidados. La competencia promete ser más eficiente para sostener el nivel de precios que los “precios cuidados”.

La promesa de campaña fue sostener los planes sociales, pues constituyen un derecho adquirido, pero difícilmente se observe la creación de nuevos programas semejantes. La apuesta consiste en que los beneficiados de estos planes comiencen a ocupar empleos formales gracias a la generación de confianza y las nuevas inversiones, y entonces vayan renunciando gradualmente a aquellos beneficios.

Si finalmente el traspaso del poder político en diciembre es ordenado y pacífico, las reformas no requieren implementarse a modo de shock, sino de forma gradual y sin sobresaltos.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Increíble recuperación europea después de la Guerra, de la mano de economistas liberales:

Por Martín Krause. Publicado el 1/1/15 en: http://bazar.ufm.edu/increible-recuperacion-europea-despues-de-la-guerra-de-la-mano-de-economistas-liberales/

 

El libre comercio y la globalización reducen la amenaza de guerra. Mises fue muy crítico de lo que llamaba “nacionalismo económico” imperante en la primera mitad del siglo XX. Comenta esto en un paper presentado en New York University (Europe’s Economic Structure and the Problem of Postwar Reconstruction, 1944):

“El consumo de capital ocasionado por la guerra es enorme. Fincas y fábricas han sido destruidas. El equipamiento industrial se ha desgastado por una producción intensificada sin ser reemplazado. Pero peor aún es que se ha diluido el espíritu de libre empresa. Los gobiernos y los partidos políticos están firmemente resueltos a no regresar al sistema por el que Europa alcanzó su bienestar en el pasado. Están comprometidos con las ideas de la administración económica totalitaria. Están fascinados con el supuesto éxito de la planificación alemana o rusa.”

War destruction

En la edición de Liberty Fund que contiene este trabajo, el editor muestra la magnitud de ese consumo de capital:

“Como un indicador del grado de destrucción bélica en 1945: Por toda Europa enormes sectores de algunas ciudades fueron totalmente destruidos. Otras, como Berlín y Varsovia casi completamente demolidas. En Francia, se destruyeron o dañaron severamente 2 millones de casas; en Holanda, el número alcanzó a 500.000; en Italia 2 millones, en Gran Bretaña 4 millones y en Alemania 10 millones. Muchas rutas se cerraron al tránsito. En la parte occidental de Alemania 740 de 958 puentes estaban inutilizados; en Sicilia ningún puente permanente esta transitable en la ruta entre Catania y Palermo. En Francia, 9/10 de los camiones no podían funcionar. Por toda Europa el sistema ferroviario estaba en ruinas. En Francia, 4.000 km de vías estaban intransitables; en Alemania 12.000 km; y en Yugoslavia y Grecia, 2/3 de todo el sistema ferroviario estaban destruidos. En Checoslovaquia, ¼ de todos los túneles ferroviarios estaban bloqueados. Y en todos los países había unas pocas locomotoras en uso: sólo 50% en Alemania, 40% en Bélgica y Polonia, 25% en Holanda y menos del 20% en Francia. Sólo 509 kms de ríos y canales franceses estaban abiertos de un total de 8.460 kms normalmente navegables. Por todos lados, ríos, canales y puertos estaban bloqueados con barcos hundidos. Para hacer las cosas aún peores, la producción europea de carbón era sólo el 40% del nivel de pre-guerra. La zona alemana del Ruhr, que antes de la guerra producía 400.000 ton de carbón por día, extraía solamente 25.000 en 1945. La producción de electricidad de Italia era solamente el 65% del nivel de 1941. La producción industrial en Alemania era solo el 5% del nivel de pre-guerra; en Italia la producción solamente el 25%; en Bélgica, Francia, Grecia, Holanda, Yugoslavia y Polonia, 25%. La producción europea de fertilizante había también caído al 20%. No extraña que en 1945 la productividad por hectárea fuera del 75% y la cosecha de trigo el 40% del nivel de pre-guerra.”

Cualquiera que haya visitado Europa ahora, y pese a los problemas que su economía presenta en los últimos años, habrá de asombrarse de su capacidad para superar tal situación y alcanzar nuevamente los niveles más altos de ingresos. Los países de Europa Occidental, al menos, dejaron de lado las recetas planificadoras de Europa Oriental, de la mano de reformadores económicos como Ludwig Erhard en Alemania, Jacques Rueff en Francia y Luigi Einaudi en Italia. Es una lección que no hay que olvidar.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El crimen de la guerra

Por Alejandro O. Gomez. Publicado el 29/6/2014 en: http://www.elcato.org/el-crimen-de-la-guerra

 

En las últimas semanas hemos sido testigos del recrudecimiento de las acciones bélicas en Israel y Ucrania. La guerra es siempre una catástrofe que no se puede justificar bajo ninguna circunstancia y así los expresó Juan Bautista Alberdi en su escrito de 1870: El crimen de la guerra. Por lo general se cree que el texto fue escrito en repudio a la Guerra del Paraguay o Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), pero la realidad es que Alberdi escribió ese texto (que sería publicado luego de su muerte) para presentarlo al concurso de la “Liga Internacional y permanente para la Paz” que se llevó a cabo en Europa al finalizar la Guerra Franco-Prusiana.

El libro comienza analizando el origen histórico del derecho de guerra, destacando la paradoja que se presenta al analizar los hechos realizados por un individuo y por una nación, siendo que por lo general hay actos que cometidos por individuos son considerados como un delito, pero que al ser cometidos por un país son tomados como algo heroico y noble. Así las cosas, para Alberdi el crimen de la guerra reside en que cada una de las partes que participa en el conflicto cree tener la verdad y que el derecho los apoya en sus “legítimos” reclamos, sin considerar por un instante en si al otro le corresponde aunque sea una parte de razón. Así las cosas, en el pensamiento alberdiano la única guerra justificada sería la que se hace para defender la propia existencia, pero considera que el exceso en esta defensa convierte al agredido en agresor, con lo cual pierde su legitimidad.

Al examinar las causas de las guerras, Alberdi encuentra que entre las principales están la búsqueda de territorios y de poder. Por esta misma razón, rechaza la idea de “guerra justa” porque sería lo mismo que hablar de “crimen justo”, o la idea de “guerra civilizada” porque sería lo mismo que hablar de “barbarie civilizada” una contradicción que no merece mayor análisis según él. Su propuesta para mitigar los conflictos armados se basa en la tradición  medieval gala en la que cuando dos reyes estaban enfrentados, eran ellos los que tenían que luchar. Del mismo modo, proponía que las guerras fueran llevadas a cabo por los gobiernos y no por los ciudadanos, de esta manera habría menos posibilidad de conflictos.

En su opinión, la mejor manera de terminar los conflictos sería fomentando el libre comercio, ya que “cada tarifa, cada prohibición aduanera, cada requisito inquisitorial de frontera, es una atadura puesta a los pies del pacificador; es un cimiento puesto a la guerra”. En este sentido, la guerra debilita a los países porque les hace perder población y riqueza, ya que en lugar de fomentar el progreso fomenta el atraso. Por ello consideraba que el ferrocarril y el vapor eran mucho más provechosos que cualquier acuerdo internacional. Aunque lo más costoso de todo, según Alberdi, es que con la guerra se pierde la libertad. Es por ello que en su libro aboga por una paz basada en la libertad de comercio y la ausencia de proteccionismos.

Su visión en cuanto al futuro era muy optimista, aunque uno teniendo en cuenta lo que sucedió en el siglo XX podría decir  ingenuamente optimista. Él pensaba que a medida que el siglo avanzara el progreso ayudaría a evitar las guerras por medio de tribunales supra nacionales que actúen como árbitros entre las naciones. Creía que una Sociedad de Naciones podría cumplir este rol, ya que los países a medida que progresaran se podrían dar cuenta de que la paz les convenía mucho más que la guerra. Más allá de estas consideraciones, Alberdi no fue antimilitarista, y creía en la guerra justa y defensiva. Por este motivo, desarrolló la idea de la legítima intervención internacional en un estado independiente, si en este último se están violando los derechos individuales de las personas. Como una síntesis de lo que sería su pensamiento sobre todas estas cuestiones vale la pena citar una oración de El Crimen de la Guerra donde dice: “Una espada no es gloriosa por la sangre que ha derramado, sino por la  que ha impedido derramar”.

 

Alejandro O. Gomez se graduó de Profesor de Historia en la Universidad de Belgrano, en el Programa de Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Master of Arts in Latin American Studies por la University of Chicago y Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella. Es profesor de Historia Económica en la Universidad del CEMA

El ejemplo de Costa Rica

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 14/7/14 en: http://opinion.infobae.com/alejandro-tagliavini/2014/07/14/el-ejemplo-de-costa-rica/

 

Costa Rica, que no tiene ejército pero sí una selección de fútbol que sorprendió al mundo en Brasil, hoy está considerado el país con mayor “desarrollo social” de América Latina, con un PIB per cápita de US$ 11.156 anuales, entre Argentina (US$ 11.658) y Brasil (US$ 10264), y va por el buen camino: el contrario de la soberbia.

Sucede que el estatismo implica la coacción de “regulaciones” por parte de los políticos que, en su arrogancia, se creen con derecho y capaces de decidir vida y fortuna de los ciudadanos. En este sentido, es auspicioso que el presidente costarricense, Luis Guillermo Solís, un académico de izquierda que asumió el 8 de mayo, haya decretado la prohibición de incluir su nombre en placas de obras públicas porque éstas se erigen con “el aporte de todo el pueblo” y, además, no quiere que ver su retrato en las oficinas porque se considera un ciudadano más.

El presidente, además, ha dado muestras de sensatez, aun alejándose de ciertas tesis de su partido, como reconocer la importancia de la inversión extranjera y el libre comercio, aunque no parece dispuesto a un fuerte levantamiento de las “regulaciones” existentes. Por caso, desea reducir las tarifas eléctricas, de internet y de la gasolina, pero no termina de aceptar la eliminación de las leyes que otorgan monopolios al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y Recope, de modo de dar lugar a la competencia privada que abarate los precios.

Más grande la soberbia, más destruye. En Cuba, donde los Castro quieren decidir hasta lo que deben pensar las personas, el salario medio no llega a US$ 20 mensuales y la devastación no fue mayor gracias a la ayuda de países amigos, particularmente la ex URSS (tras su caída, el PBI isleño cayó en torno al 35% entre  los años 1991 y 1994 y el régimen debió abrirse al capital exterior). Pero la reciente ley de inversión extranjera sigue siendo muy restrictiva al punto que prohíbe a las empresas extranjeras contratar trabajadores de forma directa y asociarse con los emprendedores privados locales, unos 450.000 tras las reformas de 2011.

Otro caso interesante en América Latina es el de México, que logró la aprobación de la reforma en las telecomunicaciones bien intencionada aunque algo celosa. Efectivamente, si lo que se quiere es terminar con los monopolios y grupos dominantes deberían levantar las leyes que coactivamente, directa o indirectamente, dificultan la entrada de pequeños actores pero no crear un organismo burocrático, como el Instituto Federal de la Competencia, que exige al grupo que controla el 84% de la telefonía fija y el 70% de la móvil que comparta sus infraestructuras con la competencia, y a la mayor televisora del país, con el 60% del mercado, que ofrezca gratuitamente la señal a las televisiones de pago. ¿Quién es el burócrata para imponer su criterio sobre el mercado y las personas?

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.