«Derechos sociales» vs individuales

Por Gabriel Boragina. Publicado el 12/3/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/03/derechos-sociales-vs-individuales.html

 

Es casi un lugar común, algo implícitamente aceptado por aproximadamente todos, que existe un divorcio y un antagonismo irreconciliable entre los llamados «derechos sociales» y los individuales. Pero, como tantas veces dijéramos, esa distinción es artificiosa porque no se compadece con la realidad de los hechos, ya que parte de una defectuosa concepción del vocablo «derecho» y -por otro lado- no hace una lectura correcta de la realidad social, llegando a una utilización artificiosa de los términos. El problema de fondo, radica en que resulta imposible identificar ningún «derecho social» que no se trate de adjudicar arbitrariamente a algún grupo de personas, con lo cual, lo que se quiere significar bajo esta denominación resulta -en lo cotidiano- la asignación de seudoderechos, que una autoridad deberá conceder a específicos círculos en detrimento, por supuesto, de otras personas.

«¿Se compagina la libertad con los «derechos sociales»? De ningún modo. Una persona tiene verdadero merecimiento (derecho) a tener comida, vestido, casa, muebles, carro, empleo, atención médica, (no «salud»), educación, diversiones, etc., sólo si se los gana en intercambios libres. Por otra parte, esta es la única forma de madurar, y de ganar autoestima personal: en base a los propios méritos y capacidades, que se descubren en la medida en que uno sale al mercado a ofrecer algo que pueda ser de valor al prójimo, y este puede brindarle un reconocimiento libre mediante el pago de un precio voluntario. Lo que el Estado debe es no impedir que una persona pueda ganar aquello que desea, si lo merece.»[1]

Un «derecho social» es una imposibilidad fáctica, porque apenas se lo quiere distinguir de un derecho individual lleva a un callejón sin salida en el cual encontramos a personas individuales que tratan de obtener pseudoderechos por sobre otras personas, por la sencilla razón que les atribuyen a estas ultimas la pertenencia a un conjunto diferente al suyo (esa asociación puede ser un partido político, un sindicato obrero o patronal, o una entidad de algún otro tipo). De la falacia de los «derechos sociales» deriva otra no menos imposible: la de los «movimientos sociales», que consisten -en última instancia- en bandas de personas que se aglutinan para lograr del mando político prebendas, dadivas, privilegios y ventajas por sobre otras personas, a las que arbitrariamente imputan la pertenencia a comunidades opuestas o antagónicas.

«Se advierte en los discursos oficiales, la continua referencia a los derechos sociales, o derechos de segunda generación, para justificar la pretensión del régimen de velar por los derechos humanos. Los mal llamados derechos sociales, se vinculan con la satisfacción de ciertos requerimientos propios de la vida humana, tales como salud, vivienda, educación, etc. Pretender que la satisfacción de dichos derechos sociales se logra a través del monopolio gubernamental, supone un contrasentido y un gran peligro por tres motivos fundamentales:

1) Porque, al igual que todo monopolio, elimina la competencia, es decir el principal incentivo para hacer un buen trabajo. Es contradictorio pretender una mayor y mejor educación o salud, poniendo dicha actividad exclusivamente en manos de los burócratas del régimen.

2) Cuando el Estado monopoliza una actividad y pretende prestar un servicio en forma directa, sólo puede intentar lograrlo por medios compulsivos. Serán los impuestos u otros medios de extraer dinero a los ciudadanos, los que se utilicen para satisfacer necesidades ajenas. Dicha redistribución obligatoria sólo puede hacerse posible sacrificando derechos de primera generación: la propiedad, la libertad personal, la libertad de ejercer industria o comercio, el derecho de asociarse con fines útiles, etc.

3) Finalmente, la constante invocación de derechos sociales para justificar el establecimiento de monopolios estatales, es una de las formas que las dictaduras encuentran para extender su control sobre la comunidad y justificar sus atropellos.»[2]

Pero, aunque el estado no monopolice la prestación de los falsos «derechos sociales» puede instituir su existencia a través de diferentes sistemas legales que obliguen a terceros ajenos e inocentes a efectuar o conceder tales imaginarios «derechos sociales», los que necesariamente -como hemos visto- serán siempre altamente discriminatorios. Es cierto que la opción por la monopolización estatal suele ser la preferida por los gobiernos de poco más o menos todo el mundo, pero hay otras muchas vías económicas (algunas de ellas muy sutiles) de las cuales los mandos políticos se valen para hacer cumplir ese mal denominado «rol social». Los actuales países socialdemócratas emplean generalmente instrumentos fiscales para redistribuir ingresos con pretendidos «fines sociales», que en casos de regímenes populistas llegan al paroxismo. En los hechos, esos pretensos «fines sociales» se dirigen a la autodenominada «militancia» o camarillas afines al partido populista de turno en el poder. Dichas experiencias se han producido con consecuencias muy luctuosas en Argentina con los Kirchner, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia y con muy particular gravedad en el régimen comunista castrochavista venezolano. En grado menor, en Brasil y Chile. Pero la inexistente «filosofía» que inspira todas estas transferencias de ingresos desde los que producen hacia los que sólo consumen sin producir absolutamente nada, se verifica -en mayor o menor grado- en cerca de todas partes el mundo, dado que se considera lo «políticamente correcto».

Hay que poner de relieve que también es ilusorio que todas las sinecuras y prerrogativas otorgadas por el imperio estatal a determinados grupos en nombre de esos pretendidos «derechos sociales» alcancen en forma individual a todos los miembros de cada uno de ellos. Los beneficios y el botín se reparten de manera desigual, siendo que la mayor proporción va a parar directo a las alforjas de los gobernantes o del área específica del régimen de donde procede la provisión de recursos en cuestión. En segundo lugar, hacia los lideres o capitostes del conglomerado en cuestión. Finalmente, en tercer y último lugar, los seguidores sólo suelen recibir las migajas, aunque a veces estas sean significativas cuantitativamente.

[1] Alberto Mansueti – Jose Luis Tapia Rocha. LA SALIDA. o la solución a los problemas económicos y políticos del Perú, Venezuela y América Latina– Edición ILE. Perú. Pág. 371

[2] Eneas Andrés Biglione «El embargo norteamericano al régimen castrista: Una perspectiva de Law & Economics». Corporate Training. George Mason University. Diciembre 2009. Pág. 15-16

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Cristina y el Hegel vs. La Constitución

Por Armando Ribas. Publicado el 20/8/15 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2015/08/20/cristina-y-el-hegel-vs-la-constitucion/

 

La señora de Kirchner acaba de manifestar que ella es hegeliana. Esta manifestación que parecería esotérica, pues para muchos Hegel es un ignoto personaje. Pero resulta que en las ideas ético políticas de este señor en gran medida constituyeron los principios de los totalitarismos del siglo XX desde el nazismo al comunismo. Esas ideas son precisamente contrarias a las que produjeron la libertad en el mundo partiendo de Locke, Hume, Adam Smith, Madison y no olvidemos fundamentalmente Alberdi que fue la influencia decisiva en nuestra constitución de 1853-60 que cambio la historia de Argentina. Podría decir que partir de ella se humedeció la Pampa Húmeda durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX cuando Argentina pasó uno de los ocho países más ricos del mundo

Pero volvamos  a las ideas de Hegel comenzando por sui teoría del estado. En su filosofía de la historia:

“El estado es la divina idea tal como existe en la tierra…..el estado es la marcha de Dios a través del mundo”. Y en su teoría del estado expresa: “que el estado es lo racional donde la libertad alcanza la plenitud así como este fin último tiene el mas alto derecho frente a los individuos, cuyo deber supremo es el ser miembro del estado”.

Este principio es la antitesis entre la relación del gobierno de los ciudadanos tal como se expresa en la constitución de Estados Unidos y en la nuestra. En éstas, por el contrario, el estado esta formado por hombres y en consecuencia falible de ahí la necesidad de limitar el poder político. Y al mismo tiempo es precisamente el deber del gobierno el proteger los derechos individuales. Pero no así para Hegel que sigue diciendo:

“Si se confunde el estado con la sociedad civil y su determinación se pone en la seguridad y la protección de la propiedad y libertad personal, se hace del interés del los individuos como tal es el fin último en el cual se unifiquen; y en ese caso ser miembro del estado cae dentro del capricho individual”. O sea para Hegel los derechos individuales son un capricho. Preguntémosle a las empresas Argentinas y al respecto dice:

“El individuo mismo tiene objetividad, verdad, eticidad solo como miembro del estado pues el estado es espíritu objetivo”. El estado es la realidad de la idea ética: “Es el espíritu ético en cuanto voluntad patente clara para si mismo, sustancial que se piensa y se sabe y que cumple lo que el sabe y como lo sabe”. Decididamente esto es lo que aparentemente piensa Kirchner de si mismo en su relación con las empresas con la prensa y con la oposición.

Como se sabe Hegel cambio el sentido de la dialéctica tal como la concibiera Platón. De ser un esquema de conocimiento  la convirtió en una dinámica de la historia por lo cual todo  lo real era racional. Es decir las contradicciones lejos de mostrar el error cerraban la brecha entre la realidad y el conocimiento. Por eso cuando uno discute con los marxistas les explican que uno no entiende porque no están concienciados y todavía cree en la lógica formal. Es decir que para Hegel A puede ser no A. El principio de identidad desaparece.

Pero siguiendo con la omnipotencia del estado dice Hegel:

“El lado abstracto del deber se afirma  en el omitir y proscribir al interés particular como un momento no esencial hasta indigno”. Pregúntele a Shell y ahora a los bancos que son los culpables de que subiera el dólar por su interés indigno según Kirchner-Hegel. Y recordemos a Alberdi:

“La omnipotencia del estado o el poder omnímodo de la patria respecto a sus individuos que son sus miembros tiene por consecuencia la omnipotencia del gobierno en que el estado se personifica es decir el despotismo puro y simple. Es a estas ideas hegelianas entre otras a las que Alberdi se refirió cuando le dijo a Sarmiento que había una barbarie ilustrada mucho peor que la del los salvajes de América del Sur.

Hegel por supuesto esta igualmente en contra de la autonomía de los poderes. Para el la autonomía de los poderes significa la destrucción del Estado. Por eso la diferencia que hace entre el poder Legislativo, y el gubernativo es funcional al poder del soberano que define como:

“El poder del soberano que representa el poder de la subjetividad como la ultima decisión de la voluntad (-en el cual los distintos poderes son reunidos en una unidad individual que es la culminación y fundamento de la totalidad….la personalidad del estado se hace real solo como personas en el monarca (presidente?).

Una prueba más de la concepción ética de Hegel frente  a los intereses particulares lo expresa así: “Como la sociedad civil es la lisa del interés privado individual de todos contra todos, aquí también tiene su sede el conflicto del mismo con los comunes negocios particulares y de estos junto con aquel contra los mas elevados puntos de vista y mandatos del estado”

En consecuencia Hegel considera que la burocracia representa la eticidad de la sociedad pues es la representante de los interese generales. A ello se refiere así: “Los miembros del gobierno y los funcionarios del estado constituyen la principal parte de la clase media que alberga la inteligencia culta y la condición jurídica de la masa de un pueblo”. Hasta Marx se dio cuenta de la actitud de los burócratas y contestándole a Hegel escribió: “Los Burócratas terminan por convertir en intereses generales los que no son mas que sus intereses particulares de hacer una carrera para si mismo (SIC).

Con respecto a la libertad de prensa encontramos  una  coincidencia entre Hegel y el actual gobierno y aparentemente con el cambio que supuestamente se viene. Al respecto dice Hegel:

“definir la libertad de prensa como la libertad de hablar y escribir lo que se quiera, corre pareja con el hecho de expedirse acerca de la libertad en general, como la libertad para hacer lo que se desee. Tal discurrir corresponde a la ignorancia aun del todo inculta de la representación”. Por supuesto Hegel considera asimismo que la guerra representa el momento ético  en la historia de los pueblos. Por ello no debe considerarse como un mal absoluto: “La salud ética de los pueblo es mantenida en equilibrio frente al fortalecimiento de las determinaciones finitas (intereses particulares) como el movimientos del viento preserva al mar de la putrefacción en la cual lo reduciría una durable o perpetua quietud”.

No nos podemos sorprender de que de aquello conceptos llegara al poder Hitler y hoy nos amenazan los monto nazis. Lo que esta en juego en octubre es la libertad y los derechos que garantiza la constitución de 1853-40 hoy violado pertinazmente por el gobierno “Del Poder Supremo” y recordemos una vez más a Alberdi cuando dice:

“La patria es libre en cuanto no depende del extranjero pero el individuo carece de libertad en cuanto depende del estado de un modo omnímodo y absoluto”.

Por ultimo tampoco debemos olvidar la posición de Hegel frente a los judíos basada originalmente en el moralismo Kantiano. “El judaísmo es visto como el espíritu de una psiquis que debe ser redimida primero por la revolución cristiana y ahora en la era moderna por la filosofía “revolucionaria germana”. “Los judíos habían ya cumplido su función histórica y ahora era un pueblo fantasma que debería morir y desaparecer bajo las cenizas de la historia….los judíos eran hostiles a la verdadera naturaleza que no podrían comprender y con la cual solo se podían relacionar mediante posesiones o dominación”

 

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.