HERMENÉUTICA Y COMUNICACIÓN SOCIAL

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 3/2/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/02/hermeneutica-y-comunicacion-social.html

 

(Punto 5 del cap. 5 de “La hermenéutica como humano conocimiento”, de próxima aparición).

Otra cuestión que se encuentra enredada, al parecer para siempre, por usos y terminologías totalmente positivistas. Para decir la verdad, hay que relatar “los hechos” y “ser objetivo”. Pero, como ya hemos visto, al emitir un mensaje, el emisor usa un juego de lenguaje, que a su vez depende de su horizonte, que le permite seleccionar la relevancia de lo que está diciendo y diseñar el mensaje. “Tensión entre Francisco y el Cardenal Burke”. ¿Quién niega que ello es verdadero? Pero también podría haber dicho “hoy me desayuné con café”. Verdadero también. ¿Cómo sé cuál verdad interesa más? Por el contexto y por el horizonte. Tal vez mi nutricionista esté más interesado en lo segundo que en lo primero. Y eso es hermenéutica. ¿Y cómo hago para saber quién es Francisco, quién es Burke, en qué consiste una “tensión”? Por el horizonte que habito. Y eso es hermenéutica. ¿Y cómo lo digo? ¿”Tensión entre Francisco y Burke”?, o “Francisco le quiere tirar su mate por la cabeza a Burke”?  Del primer modo, claro. ¿Y cómo lo sé? Por hermenéutica, desde luego. O sea, como hemos dicho, no se puede emitir ningún mensaje sin horizonte. Es más, es la hermenéutica lo que me permite tener más verdad, porque cuanto más habite un mundo de la vida, más verdadero será lo que diga… Si no miento.

Si no miento, claro. ¿Y desde cuándo la hermenéutica no permite distinguir la mentira de la verdad? Una fake news es una mentira y listo. Pero no es que para evitar las fake news tengamos que recurrir a “los hechos sin horizontes”·, sino sencillamente a la comprensión profunda de la realidad social.  Y a veces las diferencias de enfoque son precisamente por el horizonte que habitamos y entonces es inútil pretender decir que el otro no afirma los hechos, que no es objetivo, que miente, que es fake news. En 1982, ¿qué fue verdadero? ¿Qué las islas Malvinas fueron “recuperadas” o que las Falkland Islands fueron “invadidas”?

Lo más terrible de esto son sus implicaciones políticas. Los gobiernos autoritarios habitualmente dicen que los medios privados mienten, que manipulan, que “interpretan” mientras que ellos, los gobiernos, son los que van a controlar o estatizar a los medios, porque ellos, los gobiernos, son los “objetivos”, con lo cual van a garantizar un “derecho a la información” que como vemos no puede existir, porque no hay información, sino conocimiento (distinguido ello del derecho al acceso a la información pública). Y los medios privados, a su vez, se defienden diciendo que no, que son ellos los que son “objetivos”, y que es el gobierno el que miente o manipula (o sea “interpreta”). La simple cuestión es que en una sociedad libre, con libertad de expresión de nuestros horizontes e interpretaciones, gobierno y medios privados tienen sus propias interpretaciones de la realidad social, y en una sociedad libre todas las interpretaciones (algunas de las cuales pueden ser verdaderas, otras falsas) se debaten libremente, sin que nadie pueda acusar al otro de “mentir”, salvo que sea verdaderamente una mentira, con lo cual basta una des-mentida, proporcionando la documentación correspondiente, y listo. Y si hay interpretaciones diversas de la documentación en cuestión, se discute y la audiencia decide. Y listo… Pero no. Gobiernos, medios privados, candidatos presidenciales, todos se tiran, los unos a los otros, “datos”, “cifras” que fuera de su interpretación no dicen nada. No hay ideas, no hay razonamientos, no hay nadie que sea capaz de defender filosóficamente un horizonte: hay generaciones perdidas en el adiestramiento de buscar “datos”.

No es posible lo imposible, esto es, un comunicador “objetivo”: lo que sí es posible y deseable es un comunicador “honesto”, que sea capaz de defender la verdad de su horizonte, de su agenda y de la interpretación de sus números. Y en eso, lamentablemente, están muy poco formados.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

JORDAN PETERSON Y SU INCREÍBLE LUCHA POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 6/5/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/05/jordan-peterson-y-si-increible-lucha.html

 

Es sencillamente increíble, y a la vez sintomática del horror que estamos viviendo, la lucha de Jordan Peterson para que se respete el derecho de cada uno a hablar como le parezca.

Mi única diferencia con él es que la cuestión no es tanto que la libertad de expresión implica que el otro pueda sentirse ofendido, sino más bien por qué el otro tiene que sentirse ofendido ante mi propio uso del lenguaje.

Las diferentes concepciones del mundo, que en una sociedad libre deben ser libremente debatidas, no deberían herir los sentimientos de nadie, excepto neurosis muy profundas. Si yo soy católico y tú eres protestante, ¿te vas a sentir ofendido? Si te digo que no estoy de acuerdo con tal o cual tesis de Lutero, ¿por qué tienes que sentirte ofendido? Ahora, si insulto a Lutero, es otra cosa. Moralmente no debo, aunque difícilmente sea un caso judiciable.

Me dirán: lo que se discute no es eso. ¿No? Como dije en la entrada anterior, la libertad religiosa en serio conlleva el derecho a vivir y expresarse según metafísicas, mitos y filosofías realmente diferentes de otras. La libertad religiosa, de expresión, de enseñanza, no son para tonterías. Valen precisamente para lo importante, para aquellas cosas que realmente nos importan, y en esas cosas importantes está la tentación del Caín totalitario de casi todos: para esas cosas, llamamos al estado.

Porque lo que Jordan Peterson dice NO es que las personas no puedan usar los pronombres que quieran. Lo que él está criticando (y advirtiendo) es que los gobiernos dicten leyes que impongan por la fuerza el uso de dichos pronombres. Increíble. En una época donde cualquiera reclama su derecho a cambiar de sexo, esa misma persona llama al estado para que te prohíba a ti llamarlo con el pronombre anterior. Podrá estar mal, puede ser que sea “nice” o “proper manners” llamarlo con el pronombre que él quiera, pero tú no puedes prohibirle a él que cambie de sexo y él no puede prohibirte a ti que uses los pronombres habitualesESO es una sociedad libre.

La pretensión de que el estado controle los juegos de lenguaje devela la raíz totalitaria de los que así piensan. Porque cuando el estado puede controlar el lenguaje, puede controlar la cultura y el pensamiento. El mundo hace lenguaje y el lenguaje hace mundo, esa es una de las enseñanzas más profundas de Wittgenstein pasada por la fenomenología. Justamente, las libertades individuales tienen entre muchas funciones la de impedir la racionalización de los mundos de la vida, esto es, que haya mundos de vida espontáneos más allá de la razón instrumental impuesta por el estado iluminista. Sí, en todo lo que digo está la Escuela de Frankfurt (denostada por muchos liberales que no la entienden) pasada por Hayek y Feyerabend.

Los leninistas, los estalinistas, los maoístas, etc., no tenían problema en asesinar generaciones enteras para imponer su visión del mundo. Ahora es más sutil. Lo que quieren los del lobby LGBT es que el estado imponga su juego de lenguaje, para cambiar el pensamiento de todos sin tener que asesinarlos. No sé si decirles gracias o que prefiero a Stalin. Porque, además, si ellos pudieran asesinar a Jordan Peterson, o a Benedicto XVI, lo harían, no tengo ninguna duda. No lo hacen porque no es favorable a la difusión de su totalitarismo.

Jordan Peterson, yo, y muchos más vamos a seguir hablando como se nos canta. Si otros se sienten ofendidos, problema de ellos. Y problema nuestro cuando logren ponernos presos. No están lejos. Como dije, la libertad individual, hoy, no existe. Sólo resiste.

 

Hasta la próxima resistencia.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Google no puede ser Dios

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 4/4/18 en: http://elpais.bo/google-no-puede-ser-dios/

 

No recuerdo quién dijo que “pedirle al Estado que resuelva un problema es pedirle al zorro que cuide a las gallinas”, pero es verdad, absolutamente verdad, aunque no lo crea. Desde muy pequeños –por la televisión y en los colegios- los gobernantes nos han saturado con propaganda y “explicaciones” sobre las buenas cosas que harán y lo bien que nos gobernarán… pero, en realidad, hacen lo contrario.

Parece que la Comisión Europea ha renunciado a sugerir leyes para “proteger de injerencias los procesos electorales”, confiando en la autorregulación en las redes sociales en lo que a “Fake news” -noticias falsas- se refiere. Pero hete aquí que fueron precisamente los políticos quienes iniciaron estas falsedades. Así que resultaría irónico que pretendieran cuidarnos de ellas.

La Comisión se sintió forzada a tratar el tema debido a la diseminación de noticias falsas en el referéndum del Brexit; las elecciones en Francia y Alemania, y las campañas de desinformación rusas hacia las repúblicas bálticas. Quizás el mejor chiste lo dijo un eurodiputado centro derechista español: “Las noticias falsas son un instrumento que usan los enemigos de la democracia”, afirmó cuando estas noticias fueron iniciadas por sus colegas políticos elegidos, precisamente, en un proceso democrático.

Ahora, quizás lo más preocupante es que esta campaña contra las “fake” ha sido amplificada por muchos medios de prensa cuando las medidas que podrían tomar los gobiernos implican cercenar la libertad de expresión. Se diría que algunos medios no quieren la competencia de las redes sociales. Tanto la han amplificado que de una encuesta resultó que el 83% de los encuestados dice que las noticias falsas son un peligro para la democracia.

Por suerte, buena parte de la opinión pública se mantiene clara y ha presionado contra estas medidas al punto que en la Comisión han dicho que “No queremos que se nos acuse de querer ser un ministerio de la verdad… que diga: vamos a decir que es cierto y que falso”. Pero dada tanta presión, sumada a la de algunos tribunales, Google se ha sentido forzada a tomar algunas medidas.

El “reconocimiento jurídico” del derecho al olvido en Europa tiene su origen en 2011, cuando Google defendió ante la Audiencia Nacional española su negativa a cancelar datos de personas que consideraban que las referencias que el buscador arrojaba lesionaban su dignidad. La multinacional sostenía que eliminar o alterar los contenidos supondría la pérdida de “objetividad” y “censura”.

Desde 2014, Google ha recibido en los países de la Unión Europea más de 650 mil solicitudes para retirar más de 2,4 millones de direcciones de Internet, de las que ha cancelado alrededor de un millón, es decir, que atendió alrededor del 40% de los casos. Pero esto es pedirle Google que juegue a Dios decidiendo que es verdad y qué no.

Los rumores falsos, y los malentendidos, son parte de la vida humana. Todos los hemos sufrido, aunque solo sea a nivel social dentro de nuestra comunidad y, sin embargo, seguimos viviendo. Los que tienen la conciencia tranquila sabiendo que actúan con honestidad, sinceridad e intentando el bien común, duermen despreocupados. Cada uno es responsable de sus actos, y sabe con qué personas se junta y qué datos entrega. Pedirle al zorro que cuide el gallinero, es muy peligroso, es pedirles a los políticos que solo podamos conocer aquellas noticias -y del modo- que ellos quieren.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

LA VERDAD OS HARÁ LIBERALES (sobre el debate por el artículo de Vanesa Vallejo).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 2/7/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/07/la-verdad-os-hara-liberales-sobre-el.html

 

No es la primera vez que hay un debate interno sobre este tema entre los liberales (clásicos) pero ante este artículo de Vanesa Vallejo (https://es.panampost.com/vanessa-araujo/2017/07/01/conservadurismo-y-libertarismo/) y la crítica que recibió  (https://www.misescolombia.co/peligroso-coqueteo-vanesa-vallejo-conservadurismo/), el debate, que vengo escuchando hace ya casi 43 años, ha renacido nuevamente en las redes sociales liberales latinoamericanas.

El liberalismo clásico no es una ideología, no tiene dogmas ni pontífices, o autores sacrosantos e intocables.

Por lo tanto para resolver este tipo de cuestiones viene bien recurrir a la historia de las ideas políticas.

Creo que muchos podríamos estar de acuerdo en que el liberalismo político nace (y sigue) como un intento de limitar el poder de las autoridades políticas contra el abuso del poder. Desde Juan de Mariana hasta Francisco de Vitoria, pasando por Locke, Montesquieu, Tocqueville, los autores del El Federalista, Lord Acton, Mises, Hayek, y me quedo muy corto en una lista que es muy larga, todos coincidían en limitar el poder del estado.

¿Pero limitarlo por qué? Allí comienzan los problemas, porque si decimos “limitarlo en función de los derechos individuales”, parece que seguimos estando todos de acuerdo porque apenas rasgamos un poquito, el fundamento filosófico de los derechos individuales comienza a ser muy diverso.

Vamos a identificar, faliblemente, tres grandes corrientes.

Una, la neokantiana. En esta corriente (Popper, Mises, Hayek) la limitación del conocimiento es la clave de la sociedad libre, y la libertad individual tiene su obvio límite en los derechos de terceros.

Otra, la neoaristotélica. Con sus diferencias, autores como Rand, Rothbard y Hoppe (este último agregando a una ética del diálogo que en sí misma tiene origen en Habermas) plantean el eje central en la propiedad del propio cuerpo, como la propiedad de la persona, y por ende la moral se concentra en el principio de no agresión (no iniciar la fuerza contra terceros). Todos sabemos que Rothbard es anarcocapitalista y que los debates entre esta posición y la anterior suele ser muy duros y con excomuniones mutuas y frecuentes.

La tercera, la iusnaturalista tomista. Desde la segunda escolástica, pasando por Hooker, Locke, Tocqueville, Constant, Burke, Acton, Lacordaire, Montalembert, Ozanam, Rosmini, Sturzo, Maritain, Novak, y los actuales Sirico y Samuel Gregg (se podría perfectamente agregar a Joseph Ratzinger), estos autores fundamentan en Santo Tomás la laicidad del estado y la libertad religiosa, el derecho a la intimidad, los derechos a la libertad de expresión y de enseñanza como derivados de la libertad religiosa y por ende la limitación del poder político, con una fuerte admiración por las instituciones políticas anglosajonas. Es la corriente del Acton Institute.

Tanto en los autores como en los discípulos de la primera y segunda corriente, hay una tendencia a decir que la moral consiste en no atentar contra derechos de terceros pero, coherentes con el escepticismo kantiano en metafísica, y un aristotelismo que no llega al judeo-cristianismo de Santo Tomás, tienden a ser escépticos en la moral individual. Allí no habría normas morales objetivas, sino la sencilla decisión del individuo y nada más, siempre que no moleste derechos de terceros. Muchas veces su conducta individual puede ser heroicamente moral pero no la postulan como algo a nivel social. Pueden tener además cierta coincidencia con John Rawls (a quien rechazan obviamente pero por su intervencionismo económico) en que el estado debe ser moralmente neutro.

Para muchos de ellos, hablar de normas morales objetivas es un peligro para la libertad individual, pues los que así piensan tienen a imponerlas por la fuerza al resto de la sociedad.

Es comprensible, por ende, que frente a una Vanesa que ha afirmado firmemente sus principios morales SIN escepticismo y con fuerte convicción, se enfrentara con una respuesta que la coloca como un fuerte peligro contra el liberalismo que ella dice profesar.

Pero esa respuesta a Vanesa (no quiero hablar ahora por ella, sólo expreso mi opinión) deja de lado al iusnaturalismo tomista y su defensa de la libertad individual.

Los que sobre la base del derecho natural clásico hablamos de un orden moral objetivo, a nivel social e individual, afirmamos, precisamente sobre la base de ese orden moral objetivo, la laicidad del estado, y los derechos a la libertad religiosa y el derecho a la intimidad, pero NO como los derechos a hacer lo que se quiera mientras no se violen los derechos de terceros, sino como los derechos a la inmunidad de coacción sobre la conciencia. O sea que alguien tiene todo el derecho a pensar que la prostitución viola el orden moral objetivo pero ello no implica negar la libertad individual de quien decida (decimos “decida”, por eso la trata de blancas es otra cosa: un delito) ejercer el oficio más antiguo, sobre la base del respeto a su derecho a la intimidad personal. Y así con todo lo demás.

Por lo demás, muchos, actualmente, nos oponemos al lobby GBTB, pero NO porque NO respetemos la libertad individual de los gays, trans y etc., sino porque ellos están convirtiendo de su visión del mundo algo que quieren imponer coactivamente al resto, so pena de acusar a todo el mundo de delito de discriminación. Por ende la lucha de los liberales y libertarios contra el lobby GBTB NO se basa en que nosotros –y especialmente los que estamos en el iusnaturalismo- queremos negarles su libertad individual, sino porque defendemos la libertad individual de todos: la de ellos a vivir como les parezca, amparados en el derecho a la intimidad, y la de los demás, también a lo mismo, sobre la base de lo mismo. Por lo demás, no habría delitos de discriminación (me refiero a delitos, no al orden moral) si se respetaran los derechos de asociación, propiedad y contratación como siempre los planteó el liberalismo clásico.

Finalmente una pregunta a todos mis amigos liberales que piensan que la afirmación de un orden moral objetivo es un peligro para la libertad. Si la base para su liberalismo es el escepticismo sobre la moral individual, ¿qué va a pasar el día que dejen de ser escépticos en ese ámbito? ¿Se convertirán en autoritarios?

Es muy fácil respetar, por ejemplo, la libertad religiosa cuando consideran que no hay fundamento racional para la religión. Pero, ¿y si lo hubiera?

Si lo hubiera, es más, si lo hay, porque lo hay en Santo Tomás de Aquino, mejor para la libertad, porque en ese caso el respeto a la libertad del otro se basa en que no voy a invadir su conciencia, por más convencido que esté de que la otra posición es un error. Una sociedad libre no se basa en el escepticismo. Se basa en el respeto y la convivencia de todas las cosmovisiones sobre la base de no invadir coactivamente la conciencia de los demás. No se basa en el escepticismo sobre la verdad, sino en la certeza firme de que la verdad se basa sólo en la fuerza de la verdad y no en la fuerza física o verbal (aunque esta última no sea judiciable). Por eso muchos liberales que respetamos la libertad religiosa pedimos de igual modo que ni la Física, ni la Matemática ni nada de nada sea obligatorio, y por eso pedimos distinción entre Iglesia y estado, entre educación y estado, entre ciencia y estado (Feyerabend).

Así, la única cosmovisión del mundo que no podría convivir en una sociedad libre sería aquella que en su núcleo central implicara la acción de atentar contra los derechos de los demás. Ella se enfrentaría contra el legítimo poder de policía emanado del Estado de Derecho y de una Constitución liberal clásica. El liberalismo NO consiste en decir “vengan totalitarios del mundo y hagan con nosotros lo que quieran”.

Como siempre, estas aclaraciones no aclararán nada, porque los liberales se seguirán peleando, creo que por suerte. Pero ojalá se comprendieran un poco más y dejaran de excomulgarse mutuamente.  Lo dice alguien que sabe lo que es verdaderamente una excomunión y a qué ámbito pertenece.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

PROHIBIDOS LOS DESACUERDOS CON EL ACUERDO DE PARÍS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 4/6/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/06/prohibidos-los-desacuerdos-con-el.html

 

 

Sobre llovido, mojado. Trump, el malo, ha blasfemado contra los dogmas de la fe del sacro imperio romano científico-estatista. Pero como ahora es un sistema de emperadores autónomos, los demás están tratando de ver cómo le hacen un auto de fe y lo queman verdaderamente en alguna hoguera.

Los titulares y artículos de miles de news media en todo el mundo están en la desesperación. “Una decisión que pone en riesgo el futuro de la humanidad”. “Una decisión que expone con brutalidad la visión trumpista sobre el mundo”.  Y así en casi todo el mundo. Si sumamos a esto los prejuicios negativos anti-norteamericanos y anti “capitalismo”, el combo no podría ser peor.

Por lo demás, como dije tantas veces, tampoco se trata de defender a Trump en tanto Trump, quien no se caracteriza por su liderazgo, sus buenas formas ni su capacidad comunicativa, ni tampoco por sus buenos argumentos. No es cuestión de los trabajos para los norteamericanos. Ese no debe ser el punto. El asunto es el Acuerdo de París. Dos cosas al respecto.

Una, yo creo que sí, que hay un problema ecológico, que hay calentamiento global. Pero inútil tratar de explicar que luego de Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend la ciencia no consiste en “hechos”, no? ¿Que todo depende de la conjetura corroborada, del paradigma dominante, del núcleo central, etc? ¿Qué por ende en ciencias naturales todo se puede debatir? Ah no, Zanotti, andate con tu filosofía a la miércoles. Sobre todo cuando tus lindos autores colocan un manto de libertad de expresión en lo que yo, el que no piensa como vos, pérfido y liberal Zanotti, he decretado indiscutible. Genial. La libertad de expresión sirve para debatir el fútbol del Domingo. En lo que verdaderamente nos afecta, se acabó y el que piense lo contrario es un imbécil o una mala persona, vaya uno a saber uno pagada por qué oscuros y pérfidos intereses.

Pero, vuelvo a decir, yo creo que sí, que hay un problema de calentamiento global. Pero el Acuerdo de París, el Protocolo de Kyoto, etc., han optado por medidas estatistas para solucionarlo. Y ese es el problema. El mercado libre es el incentivo para generar nuevos derechos de propiedad que puedan solucionar el problema. Los problemas de medio ambiente son problemas de indefinición de derechos de propiedad. La privatización de bienes públicos y la internalización de externalidades negativas sólo se producen cuando hay incentivos suficientes, de mercado, como para generar la creación de nuevas alternativas tecnológicas que puedan producir energías limpias. Las regulaciones estatales no hacen más que impedirlo, llevadas al paroxismo, como España que prohíbe a sus ciudadanos la instalación de paneles solares.

Pero todos estos temas, toda esta bibliografía, es ignorada olímpicamente por todos quienes ahora se rasgan las vestiduras.  Su ignorancia supina de economía, de Law and Economics, de Escuela Austríaca, etc, es más infinita que el universo newtoniano pero, desde luego, en nombre de esa ignorancia echan al ostracismo del descrédito a todo aquel que ose decir lo contrario.

Ese tema también me preocupa. La libertad de expresión sobre esta cuestión parece estar prohibida, so pena de insultos y descréditos gravísimos. Mala persona o imbécil el que piensa diferente. Casi como si defendiéramos la acción de un violador de menores. Igual pasa con la ideología del género y nuevos dogmas similares. Y, vuelvo de decir, no me refiero a Trump. Un universo paralelo interesante sería aquel donde alguien con las formas y charming de Obama hubiera dicho que las medidas del Acuerdo de París son inconducentes. ¿Habría recibido tantos bombazos?

Creo que sí. El consenso actual sobre ciertos temas no tolera disidencias. No es en broma, Feyerabend tiene razón: luego del Sacro Imperio, estamos ahora en otro sacro imperio. Y lo dice en serio. Pero claro, Zanotti, andate con tu Feyerabend a la miércoles, con tu hermenéutica a la miércoles, con tu Mises a la miércoles, sobre todo cuando lo que dicen puede objetar algo de los sacrosantos dogmas del imperio estatista actual.

 

Si, la verdad, me gustaría volver a Marte, mi lugar de origen. Mientras tanto que Dios me proteja.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Los desafíos de Lenín Moreno en la presidencia de Ecuador

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 1/6/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2029360-los-desafios-de-lenin-moreno-en-la-presidencia-de-ecuador

 

Con un largo discurso conciliador, Lenín Moreno asumió la semana pasada la presidencia de Ecuador. Reemplaza a quién fuera uno de los pilares del socialismo bolivariano: Rafael Correa, quien dejará a su país para, según ha anunciado, descansar y pasar tiempo reflexionando en medios académicos, en la Vieja Europa.

En su momento, Rafael Correa, de la mano de Hugo Chávez y Evo Morales, quiso instaurar en América Latina un sistema económico inviable: el del colectivismo, cuyo fracaso estrepitoso en Venezuela pudo bien haber sido el de toda la región.

Afortunadamente, el arbitrario Rafael Correa no tuvo éxito más allá de las fronteras de su propio país. Su ideología quedó a la vista cuando la información secuestrada en la computadora de Raúl Reyes -uno de los líderes de las FARC colombianas- confirmó que Correa (con Cuba y Venezuela) contribuía a mantener y a financiar a las FARC colombianas y al andar violento de otros grupos terroristas latinoamericanos.

Para impulsar el desarrollo de su país, Rafael Correa convocó a China, que hoy es, a la vez, el inversor externo más importante y el mayor acreedor de Ecuador. Durante sus mandatos, cercenó muy fuertemente -y sin disimulo alguno- la libertad de expresión y la de prensa a lo largo de una década, persiguiendo tenazmente a quienes no coincidían con su visión u opiniones, incluyendo a los principales medios opositores. Tiene, sin embargo, en su haber un logro no menor: el de haber disminuido sensiblemente la pobreza.

Lenín Moreno recibió la banda presidencial de manos de un emocionado Rafael Correa, de quien fuera vicepresidente durante seis años. Hoy Moreno es el único Jefe de Estado del mundo que gobierna desde una silla de ruedas. Ocurre que quedó parapléjico en 1988 como consecuencia de un asalto violento en el que recibió un tiro por la espalda. En su juventud, Lenín Moreno militó activamente en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Ecuador.

A la ceremonia de asunción del mando concurrieron, como es habitual, varios presidentes de nuestra región. Entre ellos Mauricio Macri. Pero no su principal “compañero de ruta” regional: Nicolás Maduro, quien luego de anunciar que asistiría no pudo hacerlo, jaqueado por las continuas protestas de su pueblo en las ciudades venezolanas. Ella tuvo lugar en la sede de la Asamblea Nacional. Dos presidentes llegaron tarde a la ceremonia: Mauricio Macri y el colombiano Juan Manuel Santos. Rafael Correa leyó un largo informe de su gestión, aplaudido en distintas oportunidades. La televisión ecuatoriana, sin embargo, evitó mostrar en cámara los carteles que, durante el acto, repudiaban la presencia de la delegación venezolana.

Luego vino el discurso inaugural de Lenín Moreno que duró poco más de una hora. Para quienes estaban acostumbrados a la sobreactuación de Rafael Correa, eso fue apenas un instante. El mensaje fue, esencialmente, una sobria invitación al diálogo. También incluyó el anuncio de una inevitable primera etapa de austeridad, consecuencia directa del irresponsable dispendio de su predecesor, que dejó a Ecuador con un Estado inepto y obeso, endeudado más allá de los límites legales con un agobiante pasivo externo que deberá reestructurarse. Anunció, asimismo, la confirmación de la continuidad de la “dolarización” de la economía ecuatoriana. Y la esperada reiteración de que, en su gestión, pondrá énfasis en lo social.

La economía ecuatoriana atraviesa un momento complejo. Muy debilitada por la caída de los precios internacionales del petróleo y el aumento del servicio de su pasivo externo. Azotada además por las consecuencias del duro terremoto de abril de 2016. El año pasado, Ecuador sólo pudo crecer al ritmo insuficiente del 1,5% de su PBI.

El derrotado candidato opositor, el empresario Guillermo Lasso, en rueda de prensa, reiteró sus acusaciones de fraude electoral y convocó a Lenín Moreno a liberar a los presos políticos; a hacer pública la corrupción que también allí aparece en torno a los contratos de la multinacional brasileña Odebrecht; a despolitizar la actividad propia de la gestión de gobierno; y a reducir la presión tributaria de modo de estimular las inversiones privadas.

El vicepresidente, Jorge Glas, a diferencia de Lenín Moreno, sostuvo que el líder opositor carece de “autoridad moral” para criticar al gobierno, o hacer propuestas. Continuando así el lamentable estilo belicoso de Rafael Correa

Lenín Moreno, sin embargo, tiene sus propios objetivos de gobierno. También un estilo diferente. Seguramente continuará transitando la vía del intervencionismo estatal en la debilitada economía ecuatoriana. Esto es seguir el sendero económico-social abierto por su predecesor. Tan parecería ser así, que en su superpoblado gabinete -de 23 ministros y tres secretarios de Estado- 15 ministros son ex funcionarios de Rafael Correa. Entre ellos, la Canciller, María Fernanda Espinosa Garcés, una activa mujer con experiencia en la política. Así como los ministros de Justicia, Industrias, Defensa, Agricultura, Vivienda y Salud, y la propia Secretaria General de Gobierno.

Rafael Correa culminó su gestión de una década luego de haber sido electo en las urnas tres veces. Con una aprobación del 62%. Polarizó fuertemente a su país. Deja tras de sí una infraestructura pública mejorada, particularmente en materia de caminos y aeropuertos. También una importante ampliación de capacidad en materia de generación hidroeléctrica. Su particular estilo: demagógico y paternalista, pero siempre arrogante, impetuoso, populista y hasta arbitrario, no será extrañado. La corrupción que floreciera en su derredor, tampoco. Correa fracasó en su intento de encerrar a América del Sur en sí misma, alejándola de los organismos regionales tradicionales.

Quizás la enorme agresividad contra los Estados Unidos, a los que Rafael Correa desalojó de la base militar en Mantra, disminuya ahora un tanto. Para Correa, esa actitud era un tema personal. Ocurre que su padre estuvo preso por largo rato en los Estados Unidos, acusado de tráfico de drogas. Por ello el ex presidente debió ser criado por su madre, en Guayaquil. Lo que seguramente lo marcó para toda la vida.

El contexto externo en el que le tocará actuar a Lenín Moreno será variado. Con gobiernos liberales, como el de Mauricio Macri o el que surja del probable retorno de Sebastián Piñera al timón de Chile. Y con el enorme signo de interrogación en el que se ha transformado Brasil, sumergido en un inmenso caos. Pero también con la probable presencia regional del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, que podría ser el próximo presidente de México como consecuencia de la torpeza de la campaña electoral de Donald Trump. Así como con el populismo y la corrupción que parecen haberse consolidado en Bolivia. En ese marco, Lenín Moreno estará enrolado en el andarivel propio de la izquierda, presumiblemente con menos agresividad que Rafael Correa.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El caso de Cordera, ¿se parece al de Charlie Hebdo? ¿Tenemos derecho a decir lo que querramos?

Por Martín Krause. Publicada el 13/9/16 en: http://bazar.ufm.edu/el-caso-de-cordera-se-parece-al-de-charlie-hebdo-tenemos-derecho-a-decir-lo-que-querramos/

 

No tengo especial simpatía por Gustavo Cordera, quien fuera líder de la banda Bersuit Vergarabat: no me atrae tanto su música y nada en absoluto sus posiciones políticas. Pero me pregunto si lo que pasa con él ahora es lo que pretendemos que pase en una sociedad libre, respecto a la libertad de expresión. La noticia respecto a lo ocurrido la presenta La Nación de esta forma:

“El fiscal federal Ramiro González imputó ayer al músico Gustavo Cordera por apología del delito e incitación a la violencia colectiva, a causa de sus polémicas declaraciones durante una charla con alumnos de la escuela de periodismo Taller Escuela Agencia (TEA), el 8 de agosto de este año.

La denuncia que dio origen a la causa fue presentada por Fabiana Tuñez, presidenta del Consejo Nacional de las Mujeres (CNM), luego de que Cordera manifestó: “Hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo, porque son histéricas y sienten culpa por no poder tener sexo libremente”. Posteriormente, Javier Buján, interventor del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), se presentó y adhirió a la denuncia realizada por el CNM y pidió ser parte querellante en la causa.”

Lamentablemente, Cordera respondió tratando de mostrar que había dicho eso como parte de un “ejercicio” retórico con estudiantes de periodismo.

¿No debería haber dicho simplemente que tiene derecho a decir lo que quiera? Porque valoramos la libertad de expresión, aunque repudiemos lo que diga. Si así fuera, no cabrían imputaciones, fiscales, denuncias o institutos contra la discriminación. Solo nuestro repudio con acciones tales como muchas de las que ocurrieron: cancelación de sus conciertos por los organizadores y otras. No lo saludaríamos ni nos juntaríamos con él. No compraríamos sus CDs ni iríamos a sus conciertos o conferencias.

¿Por qué lo de Cordera no nos cae simpático pero lo de Charlie Hebdo sí?. ¿no se relacionan estos dos casos? ¿Y se diferencian en que uno nos es simpático y el otro antipático?

Al respecto, un informe del Cato Institute sobre el tema trae algunas consideraciones interesantes: Robert Corn-Revere, “Hate Speech Laws: ratifying the Assasin’s Veto”, Policy Analysis 791: http://www.cato.org/publications/policy-analysis/hate-speech-laws-ratifying-assassins-veto

“En la mañana del 7 de Enero de 2015, Cherif y Said Kouachi, dos hermanos profundamente ofendidos por los dibujos satíricos de profeta Mahomma, publicadas en la revista francesa Charlie Hebdo, impusieron su castigo por supuesta blasfemia. Entraron por la fuerza a la reunión del staff de la revista y masacraron a 12 personas. Fue un nuevo y desgraciado hito en el conflicto inter-cultural ilustrado por eventos como la fatwah del Ayatollah Khomeini en 1989 contra Salman Rushdie por escribir “Los versos satánicos, el asesinato del director de cine Theo van Gogh en las calles de Amsterdam por supuestos insultos al Islam y la reacción violenta a los dibujos sobre Mahomma publicados en el diario danés Jyllands-Posten en 2005. Y ésta es tan sólo una lista parcial.

El fenómeno de matar o de amenazar con la muerte a aquellos que te insultan, o a tu forma de vida, se ha dado llamar el “veto del asesino”. Es una versión más oscura y siniestra del “veto del objetante”, que las leyes de libre expresión tratan de prevenir. Como lo ha descripto el profesor Timothy Garton Ash: ‘donde el veto del objetante dice simplemente ‘te voy a callar’, la versión del asesino es ‘anímate a decir eso y voy a matarte’. Pero, ¿qué debería decir la ley sobre esto? ¿Debe la ley defender la libertad de expresión a toda costa sin importar cuán inflamatorio sea el lenguaje o quién sea el ofendido? ¿O debe el poder coercitivo del estado silenciar a quienes insultan o lanzan diatribas?”

En definitiva, ¿debe la sociedad tolerar a los Cordera…, y a los Charlie Hebdo?

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).