¿De qué sirve la propiedad privada?

Por Gabriel Boragina. Publicado el 30/9/13 en http://www.accionhumana.com/

Si bien el concepto de propiedad es tan antiguo como el hombre mismo, el de propiedad privada puede decirse que es –en una comparativa histórica- relativamente reciente. La propiedad privada se generaliza (y populariza) con el auge del liberalismo, aproximadamente a partir especialmente desde fines del siglo XVIII y hasta los comienzos del XX.
Explica el Dr. A. Benegas Lynch (h):
“Es habitual sostener que no es posible “dejar todo a las fuerzas ciegas del mercado”. Se piensa que si eso fuera así podría ocurrir que todo el mundo decida producir leche y no haya pan disponible o que todo el mundo se incline por la profesión de la ingeniería y no haya médicos. Estas preocupaciones resultan cuando no se comprende el significado del mercado que está basado en la institución de la propiedad privada y trasmite información dispersa a través de los precios. La propiedad privada, es decir, la facultad de usar y disponer de lo propio, se asigna debido a que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas. Esos recursos escasos pueden asignarse a muy diversas actividades por muy diversas personas. El sentido del primer ocupante y luego la transmisión de la propiedad por medio de arreglos libres y voluntarios hace que se asigne a quienes son más eficientes para atender las necesidades de los demás.”[1]. Mayor claridad es imposible.
La propiedad privada es lo opuesto al socialismo, lo cual es una de sus características distintivas:
“socialismo significa abolición de la empresa privada y de la propiedad privada de los medios de producción y creación de un sistema de «economía planificada», en el cual el empresario que actúa en busca de un beneficio es reemplazado por un organismo central de planificación.”[2]
Esta es una de las razones por las cuales resultan absurdas -por autocontradictorias- expresiones tales como “socialismo libertario”, o la igualmente ridícula de “socialismo de mercado” o “competitivo”.
Que la ley reconozca el derecho de propiedad privada no es, en modo alguno, garantía bastante de que dicho derecho sea respetado. De hecho, la mayoría de las legislaciones del mundo reconocen formalmente el derecho de propiedad, no obstante lo cual se verifica a menudo que el mismo es repetitivamente violado por muchos otros medios. Todo lo cual ya lo había advertido F. A. von Hayek hace tiempo con estas palabras:
“No es en modo alguno suficiente que la ley reconozca el principio de la propiedad privada y de la libertad de contrato; mucho depende de la definición precisa del derecho de propiedad, según se aplique a diferentes cosas.”[3]
Del mismo modo, ya antes, en el siglo XIX, el genial pensador francés Frédéric Bastiat nos demostró como la ley también podía destruir el derecho de propiedad, tal y como lo vemos hoy en día.
Alberdi alertaba, también en el siglo XIX, sobre como el gobierno podría demoler la economía  y la propiedad de un país:
“El poder de crear, de manejar y de invertir el Tesoro público, es el resumen de todos los poderes, la función más ardua de la soberanía nacional. En la formación del Tesoro puede ser saqueado el país, desconocida la propiedad privada y hollada la seguridad personal; en la elección y cantidad de los gastos puede ser dilapidada la riqueza pública, embrutecido, oprimido, degradado el país.”[4]
Las lúcidas advertencias alberdianas no fueron lamentablemente escuchadas, sobre todo a partir de las primeras décadas del siglo XX, donde sus brillantes ideas fueron injustificadamente relegadas al más infundado olvido.
Los gobiernos socialistas o socialdemócratas, o del tipo “estado” -mal llamado- “de bienestar” o “benefactor”, siempre son gobiernos cuyo tamaño tiende a crecer indefectiblemente. A la larga, se trasforman en gobiernos grandes o elefantiásicos (como la mayoría de los gobiernos de hoy) y perjudican la propiedad:
“El gobierno pequeño es hermoso. El gobierno pequeño es simple y barato y bueno. El gobierno pequeño responde por sí mismo. No hay lugar para esconder el dispendio y la corrupción en el presupuesto de un gobierno muy pequeño. El gobierno pequeño respeta la libertad individual y la responsabilidad personal y la propiedad privada.”[5]
Para que exista democracia ha de estar precedida antes de un sistema capitalista y –además- incluida por este, y -a su turno- para que tenga lugar este último también es condición imprescindible que exista propiedad privada:
“Se dice ahora con frecuencia que la democracia no tolerará el «capitalismo». Por ello se hace todavía más importante comprender que sólo dentro de este sistema es posible la democracia, si por «capitalismo» se entiende un sistema de competencia basado sobre la libre disposición de la propiedad privada. Cuando llegue a ser dominada por un credo colectivista, la democracia se destruirá a sí misma inevitablemente.”[6]
Estas proféticas palabras de Hayek se han visto cumplidas hoy por doquier, donde quiera que observemos el mundo vemos pseudodemocracias u otras mal llamadas así, dominadas por diferentes credos colectivistas. Sin propiedad privada no hay democracia de ninguna índole.
Generalmente, -y ya en la vida diaria- la propiedad privada es aquello que la mayoría de la gente critica en los demás, pero –por el contrario- no critica en ellos mismos, demostrando tales fustigadores una buena dosis de envidia. Es más fácil, por supuesto -para muchos- esperar que sean “los otros” los que se desprenden generosamente de sus posesiones que los primeros.
La propiedad privada es el único medio por el cual se puede combatir eficazmente la miseria y la pobreza que aun asola el mundo. Todos los demás sistemas han fallado irremediablemente. Por ello todo ataque a ella conduce a la miseria.


[1] Alberto Benegas Lynch (h) “El liberalismo como respeto al prójimo”. Especial para “Contribuciones”, Fundación Adenauer. pág. 4.
[2] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág.  pág. 62.
[3] Hayek, Camino….ob. cit. pág. 68
[4] Juan Bautista Alberdi. Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853. pág. 181
[5] Michael Cloud. Secretos de la persuasión liberal. Instituto de Libre Empresa 2008. Pág. 132
[6] Hayek, Camino….ob. cit. pág. 103

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. 

El gobierno privilegia los votos por sobre la vida de las personas

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 6/4/13 en: http://economiaparatodos.net/el-gobierno-privilegia-los-votos-por-sobre-la-vida-de-las-personas/

 No estamos ya solo a los dislates de Moreno, la impericia de Marcó del Pont o la incapacidad del resto de los funcionarios. Ahora estamos frente a un populismo que privilegia los votos y el poder por sobre la vida las personas.

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Jaque Mate a la Justicia

Por Gabriela Pousa. Publicado el 5/12/12 en http://www.perspectivaspoliticas.info/jaque-mate-a-la-justicia/

Alerta. El anuncio lo hace el servicio meteorológico pero podría hacerlo cualquiera con sólo echar un vistazo a lo que esta ocurriendo. El problema es que el hackeo a la justicia y a la libertad lo siente apenas un grupo social. Ni siquiera la clase media en su totalidad.

El calendario indica el final de año y ese dato – sumado al ritmo vertiginoso de lo cotidiano -, no deja demasiado espacio para detenerse a analizar hasta qué punto agoniza el régimen democrático.

El argentino medio debe atender un sinfín de temas en simultáneo: llegar a fin de mes, el trabajo, la salud (porque no todos pueden darse el lujo de enfermarse cuando el sistema sanitario está colapsado), la seguridad, en síntesis, la subsistencia. Pedirle que también atienda las declaraciones de Julio Alak – que no son sino órdenes de la Presidente-, parece ser un exceso en este contexto.

Sin embargo, por su bien, es tiempo de que se exija más de la cuenta tal vez. Lo que está en juego es mucho más que una medida económica, la afrenta -a esta altura- es contra la dignidad misma de la persona.

No hace tanto escribí una nota tratando de analizar este fenómeno del golpe institucional que venimos experimentando y probablemente, con mayor o menor conciencia, protagonizando. Me refiero a ser parte de tantas Argentinas simultáneamente.

Escindidos, diezmados por fuera y por dentro, tratando de vencer abismos infranqueables… Insertos en un proceso donde se atraviesan campos minados, una y otra vez, hasta advertir sin desfallecer, que no logramos llegar a ningún lado.

En este contexto, el nacionalismo es apenas un vocablo usurpado por el gobierno para tratar de engañarnos. Somos dueños de lo que ya no es nuestro. Poco tiene que ver que YPF se haya expropiado, el nacionalismo como amor al país que se predica, nace y muere en un atril. No existe más allá de los vítores obsecuentes.

Hay en la misma geografía, más de 40 millones de patrias, y cada una se ocupa de si misma. Posiblemente sea congruente que eso suceda en tanto son ya innumerables los pasos en falso, las esperanzas vencidas, los intentos frustrados. Salir de este callejón tiene costo, y no nos caracterizamos precisamente por hacer honor a los pagos.

La dirigencia es gente. Quizás no muy distinta que esa ‘gente’ a la cual creemos pertenecer, porque a nosotros no puede encasillársenos en un análisis político arbitrariamente. No es lo que pretendo pero, ¿de qué modo escapar a ello?

Si acaso somos nacionalistas es a fuerza del cierre de aduanas y fronteras. Si acaso somos liberales es porque nos molesta que se entrometan en nuestra vida. Pero en el fondo hemos cedido hasta lo más íntimo cuando un Estado nos tentó con darnos todo servido. Seguir esperando no los juzga a ellos, nos juzga a nosotros mismos, y no hay anestesia para asumir la condena.

No se trata de un repentino avasallamiento a la ley, ni de un atropello inédito. Lo que sucedió esta mañana con el ministro de Justicia es el corolario de diez años de prefacio. Nada es casual, o quizás sí: casuales son los personajes que obran de voceros. Títeres de un capricho, presos a costa de vender el alma por unos míseros pesos. Ninguno hasta ahora ha demostrado defender “el modelo” por propio convencimiento.

Si hasta acá se llegó ileso, sigamos...”, ese parece ser el lema que los orienta. Hasta a dónde ya no depende de sus fuerzas sino de las nuestras.

Dentro de muchos esta latente la pregunta: ¿Qué hacer? Nadie atina con la respuesta. Se nos ha adoctrinado de tal manera que pensar en un juicio político nos catapulta en el casillero de los golpistas, nos confina a viejos tiempos aunque nada tenga que ver este desmembramiento con aquello.

Las redes sociales son fuente de catarsis. Vale, pero también vale saber que apenas 4 millones de argentinos tienen acceso a Internet. El resto, mientras tanto, esta colgado en trenes o en colectivos intentando llegar enteros a destino. Otros se desahogan en charlas con vecinos, demasiados descargan la frustración con sus seres queridos,y así se cierra el círculo vicioso de un país sin sentido.

En el trayecto hacia el verdadero cambio, hubo y hay manotazos de ahogados que no sirvieron ni para flotar un rato. Las víctimas son incontables, el único recurso no renovable se nos va como agua entre los dedos: el tiempo.

Comienza ahora el peligroso juego de inventar otro actor que cargue con las culpas de la ignominia y el capricho de Cristina. De la manga sacan un ente abstracto sentenciado a ser villano: se trata del “partido judicial”. Insensatez de acosados. Resulto inútil acusar a una derecha destituyente y represora que de haberla, sólo se trata de una derecha reprimida por el temor a una condena aunque sea eufemística.

Los militares han dejado de ser potables como para situarlos en el campo de los malos. No han sido ellos por otra parte los que lograron que Argentina sea el país con más denuncias ante el CIADI.

Tampoco son los jueces en su conjunto los que han propiciado que el 60% de los docentes candidateados a la carrera de magisterio, reprueben los exámenes primeros. No han pasado los registros ortográficos… Y esos son los que, supuestamente, van a educar soberanos.

Hay una sumatoria de responsabilidades que, ciertamente, no se agotan en el kirchnerismo. Sin embargo, han tenido diez años de tregua y complacencia. Diez años, según ellos, de crecimiento a tasas chinas, de soja redentora, de consumo y sociedad embelesada con electrodomésticos y cuotas.

En periodos mucho más chicos, otros países salieron de infiernos y se reconstruyeron a sí mismos. Algunos ni siquiera están lejos. Es factible que un buen ejercicio sea adentrarse en el cómo lo han hecho.

Esperar que el Ejecutivo del ininterrumpido saqueo se autolimite es de necios e ingenuos. No hay tiempo para serlo. La idea de que se defiende al poder político o al grupo Clarín y Héctor Magnetto esta establecida por el mismísimo gobierno. Esa gesta generó fugas y desentendimientos. ¿Por qué defender un multimedios? La pregunta sonó varias veces en las últimas horas, y es desde todo punto de vista simplista y capciosa.

Esta en juego la libertad, pero también es cierto que esa afirmación se torna para muchos incomprensible, abstracta. ¿De qué manera formar conciencia? En una de esas, es necesario no claudicar y revivir el espíritu del 8N, en lugar de debatir si conviene o no salir tal día o tal otro.

De algún modo, esas polémicas nos hacen ser semejantes a ellos: enredados en almanaques inútiles cuando nunca se ha regresado, en un día y a una determinada hora, a la coherencia y al respeto. Así como la perseverancia es todo en la conquista de un éxito cualquiera, lo es también en la conquista de la política, la moral y la ética.

Pienso, de pronto, cuán burdo suena hacer esas menciones en este desorden de cosas. En una de esas no hay que salir hoy o mañana sino seguir saliendo, pacíficamente, hasta que entiendan que, amén de deberes, tenemos derechos. Es la puja por la dignidad, quien no puede comprenderlo defenderá algún otro derecho que no es menor por cierto. Es licito combatir por seguir viendo TN, canal 13 o leer lo que pasa en Clarín.

Luego, cuando la razón haya vuelto, habrá que dedicarse de lleno a pensar el país sin limitarlo a un tipo cambiario, al turismo de un fin de semana largo, o al pago del plasma sin intereses y con tarjeta de crédito…

En definitiva, es probable que convenga “salirse” de ese sector al que todavía le preocupa e interesa qué sucede con la política (porque tiene en su haber el “privilegio” de poder y querer entender), y pelearla como un Boca-River. Al fin de cuentas, esa ha sido la forma que utilizó la presidencia, y esta claro que hasta hoy ha ganado, tristemente, todas las contiendas.

No es que el fin justifique los medios, pues es la naturaleza de los fines la que determina la naturaleza de estos. Pero somos más consecuentes con nuestro equipo de fútbol que con nuestro suelo. Y en este caso, el fin es el regreso a la Argentina tal como alguna vez la concibieran nuestros padres y abuelos.

Nada más, nada menos…

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

 

K o anti K: la resurrección de Hamlet en Argentina

Por Gabriela Pousa. Publicado el 26/11/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=4216

K o Anti K es la consigna. Pertenecer o no pertenecer. En este hábitat de fundamentalismo y porfía, los argentinos dirimen, más que una clasificación política, una concepción de vida.

 Aquello que unos odian, otros lo idolatran. Sólo hay vida en los extremos. Depende desde donde se lo mire, una letra de abecedario condena o redime. Es el ‘apartheid’ contemporáneo, un rayo en el ala de Dédalos.

 En ese contexto, la historia se reescribe antojadizamente. Es un imperativo: hay que definirse. No es tiempo para tibios. Surgen cada vez con más virulencia las proclamas y los slogan.

La campaña ya no es únicamente de los políticos. Partidarios de uno y otro lado ni siquiera discuten sus diferencias.

 Los argumentos caen en saco roto, y el atropello es en este momento, lo que alguna vez fuera el convencimiento.

El Hamlet contemporáneo insta a tomar cartas en el asunto. El que no juega es desterrado, pero nadie sabe del todo donde esta parado.

 La pasión ciega y agota las ideas. Sin certeza de que haya amores, hay sin embargo odios declarados.

El gorilismo dejó de ser una posición respecto a un líder o partido para ser un delirio acorde al que caracteriza al actual teatro político.

 La cordura no tiene cabida, la ideología se desdibuja. En igual plano se equiparan y comulgan conservadores, ortodoxos y comunistas.

 El kirchnerismo que ha sido desde el vamos ofensivo, hoy se agota en una defensa torpe de si mismo. En ese trance, el “gorila” se independiza del peronismo. Provenga de Marx o del más encumbrado liberalismo, se lo obliga a adoptar una categoría que identifica y catapulta a primera vista. Tampoco es fácil ser de los “buenos” en estos tiempos.

¿Cómo salir en defensa de “diez años de crecimiento” cuando se pone en evidencia el colapso energético? ¿Cómo justificar diez años creciendo a tasas chinas con los fondos buitre encima? ¿De qué manera aplaudir la distribución de riqueza con aumento en el índice de miseria? Tan patética resulta la lucha que, mientras escribo, está planteándose la disyuntiva: ¿el juez Griesa o los kirchneristas?

 Guste o no, el jurista americano ya ha sido embanderado, y la opinión que podamos tener frente a la deuda en cuestión, nos dirime entre patriotas o cipayos.

 De esa forma es como también el sindicalismo sale a pista con la opción Caló o Moyano, y hasta la desvencijada Unión Cívica del radicalismo se paraliza frente a un Alfonsín o Moreau.

En las entrañas del belicismo, se libra otra interna sin sentido: Néstor o Cristina. La trampa es poner como opción la otra cara de la misma moneda. Quien plantea una disidencia recibe a cambio una afrenta.

 Epítetos vulgares ocupan un porcentaje demasiado grande de los 140 caracteres aptos en las redes sociales. Insultos y agresiones en lugar de certezas y razones.

 En ese ámbito, pareciera que el 7D se libra una batalla decisiva. Absurdo planteo maniqueo: optar entre Clarín o el gobierno. No interesa que se coincida con algún punto de vista. La lógica no cuenta.

 Hay que fanatizarse: si no es Jorge Lanata es Víctor Hugo. Si no es la televisión pública es TN o canal 13, si no es Boca es River. Adiós Independiente, Racing o San Lorenzo. Ese es también el marco de las cuentas de Twitter y Facebook.

 En ellas, puede evitarse el nombre, negarse origen y religión, pero se recalca a priori la bandería como si ahí estuviese la trascendencia. Y quizás así sea. Ser o no ser… Hay que vender, esa es la consigna. Es el triunfo de la marca sobre el individuo.

 La causa aplasta el juicio crítico. Lo agota, lo asfixia, lo deja simplemente, sin salida. K o Anti K es la consigna. Pertenecer o no pertenecer. En este hábitat de fundamentalismo y porfía, los argentinos dirimen, más que una clasificación política, una concepción de vida. Y este es apenas el camino de ida… concepción de vida.

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

 

Economistas cascaciruelas:

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 16/9/12 en http://www.expansion.com/2012/09/16/opinion/tribunas/1347826508.html

Los economistas han pasado a tener un papel más importante que hace un siglo en las vidas y haciendas de los ciudadanos, con lo cual sus afanes no sólo pueden ser inútiles, sino también dañinos.

En un animado diálogo del capítulo 11 de La Regenta se lee:

–La Economía política me autoriza para cobrar el anticipo, el riesgo y, cuando hay caso, la prima del seguro.

–Del seguro se va usted, señor economista cascaciruelas…

–Yo contribuyo a la circulación de la riqueza…

–Como una esponja a la circulación del agua…

Cascaciruelas significa “persona inútil y despreciable”. También existe la expresión “hacer lo que Cascaciruelas”, a saber: “Afanarse mucho por nada, o sin resultado equivalente al trabajo”. Con los años y las crisis, muchos coincidirán con Clarín, no sólo en el primer sentido; está claro que entre los economistas hay inútiles y despreciables, pasmosos arrogantes que miran a los demás por encima del hombro y creen que como son doctores y catedráticos tiene derecho a injuriar. Pero hay algo más: los economistas han pasado a tener un papel más importante que hace un siglo en las vidas y haciendas de los ciudadanos, con lo cual sus afanes no sólo pueden ser inútiles, sino también dañinos.

Leopoldo Alas se burlaba con fundamento: era catedrático de Economía Política, y sus ideas reformistas han sido analizadas por Alfonso Sánchez Hormigo y Manuel Santos Redondo (véase el volumen coordinado por Luis Perdices de Blas y el propio Santos Redondo, Economía y literatura, Ecobook, 2006).

Los economistas, identificados con el materialismo egoísta, reciben lo suyo, también los liberales. Sobre el Magistral se lee en el capítulo 12: “Si en los asuntos dogmáticos buscaba el auxilio de la sana razón, en los temas de moral iba siempre a parar a la utilidad. La salvación era un negocio, el gran negocio de la vida. Parecía un Bastiat del púlpito. ‘El interés y la caridad son una misma cosa. Ser bueno es entenderla’. Los muchos indianos que oían al Magistral sonreían de placer ante aquellas fórmulas de la salvación.”

Está clara la relación entre desamortización y el liberalismo que creyó que se puede edificar una sociedad libre violando la propiedad. En el capítulo 20 se habla de los “despojos impíos de los liberalotes”, y de que “los maliciosos atribuían su exaltado liberalismo y su descreimiento y desprecio del culto y del clero a la procedencia de sus tierras”.

Hay referencias a economistas célebres, como en este diálogo del capítulo 6:

–Yo también creo en la Economía política.

–Yo no creo, pero respeto mucho la memoria de Flórez Estrada, a quien he conocido.

Tengo una frase favorita, que podrían considerar los socialistas cascaciruelas de todos los partidos, que olvidan que el Buen Samaritano fue generoso con su propiedad y no con el Tesoro Público. Corresponde al capítulo 18, y la pronuncia también don Fermín de Pas: “Cristo ha dicho: reparte tus bienes y sígueme, pero no ha dicho: reparte los bienes de los demás…”.

 El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

 

Imprecisiones canarias:

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/6/12 en: http://www.libremercado.com/2012-06-03/carlos-rodriguez-braun-imprecisiones-canarias-64697/

Gracias a mi amigo Antonio Salazar, destacado periodista canario y gran benefactor de esta columna, tuve acceso a estas notables palabras publicadas en el Diario de Avisos, y correspondientes a José Miguel Ruano, exconsejero de Educación y de Presidencia en Canarias, y actual presidente del grupo parlamentario de Coalición Canaria: “En el esquema clásico de derecha e izquierda, nos oponemos a los neoconservadores, que quieren que la regulación esté exclusivamente vinculada a los mercados. Frente a ellos, mantenemos una posición liberal clásica: creemos en la emprendeduría, en la iniciativa privada, en la responsabilidad y en el esfuerzo como forma de construir la sociedad. Y, paralelamente, frente al dirigismo socialista, entendemos que la socialdemocracia introduce valores relacionados con la sostenibilidad de los servicios públicos y con el funcionamiento de un modelo de bienestar”. Si lo que don José Miguel deseaba era precisar la posición política e ideológica de Coalición Canaria, temo que no lo haya conseguido, porque casi nada de lo que afirma resiste el menor análisis.

De entrada, no está claro lo que quiere decir una regulación “vinculada a los mercados”. Cabe suponer que es lo que habitualmente se denomina autorregulación. Ahora bien, es patente que tales neoconservadores que quieren someter la regulación exclusivamente a los mercados, es decir, que las normas que regulan la vida económica solo broten de los acuerdos voluntarios, no existen. Ningún político de derechas, conservador o neoconservador, etc., ha pedido, propiciado o practicado jamás un criterio tan exquisitamente liberal de la regulación económica.

Hablando de liberales, el señor Ruano también distorsiona en cierto sentido el liberalismo, que, aunque ciertamente apoya la iniciativa privada y la responsabilidad individual, no lo hace “como forma de construir la sociedad”. Precisamente, por su énfasis en la libertad individual, el liberalismo no aspira a construir la sociedad sino a dejar a los individuos en paz.

Por último, su visión del socialismo es otro desatino. O sea que Coalición Canaria rechaza el dirigismo socialista, pero aplaude el socialismo por sus “valores relacionados con la sostenibilidad de los servicios públicos y con el funcionamiento de un modelo de bienestar”. Pero ni los servicios públicos ni el Welfare State son valores que puedan ser separados del dirigismo, porque no se da a los ciudadanos la opción de elegir si quieren pagarlos o no, ni su sostenibilidad es un valor que quepa separar de la sostenibilidad de las carteras privadas.

Esa sostenibilidad importa poco en general a los políticos, y en particular a los de Coalición Canaria, cuyo gobierno se ha sacado de la chistera una veintena de tasas y varios impuestos. A ver si próximamente don José Miguel Ruano nos aclara la posición de su grupo sobre estos “valores”. 

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.