EL JUDÍO COMO EL FREE RIDER DE LA HISTORIA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1/1/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/01/el-judio-como-el-free-rider-de-la.HTML

 

El precio por saber que estamos solos es alto. Fromm lo maneja muy bien en “El miedo a la libertad”. No sé si no tiene grises la dicotomía que él sostiene como el resultado –amor verdadero o alienación- pero evidentemente  estamos solos. No, no porque sean históricamente verdaderas las teorías del contrato social. Sino porque finalmente nos encontramos a solas con Dios en nuestra conciencia. ¿A quién pedir consejo sobre a quién pedir consejo? Incluso el creyente que está en una comunidad religiosa, debe, si su fe es madura, decidir estarlo. Y en esa decisión, estamos solos. La radical soledad. Si, Ortega ya hablaba de ella. Es la soledad de la conciencia ante Dios, de donde surge el derecho a la intimidad personal. No es la soledad del solipsismo, no es la negación de que nacemos en comunidades, no es la negación de la intersubjetividad del mundo de la vida con sus tradiciones e historicidad.

Pero qué fácil no darse cuenta de ello, cuando de algún modo parece que NO dependemos de nosotros. Qué fácil que le fue a Aristóteles NO darse cuenta de lo que era la escasez, en una sociedad de esclavos. Qué fácil que le fue a Platón dividir –como siguen haciendo casi todos– a la sociedad en tres estratos, dos de los cuales vivían de los comerciantes que tenían que producir para el resto. Qué fácil ser noble, señor, rey, caballero u obispo con propiedades –hasta que se enfrentaron con dominicos y franciscanos- cuando vivían alegremente de la explotación de los siervos y vasallos.

El free rider surge cuando alguien, precisamente, dice “no”. El que se queda afuera (el free rider) del sistema es el que se da cuenta de que su derecho a la intimidad, a la libertad religiosa, es la soledad potencial que pasa de la potencia al acto, es asumir el control de la propia vida: es NO ser señor si eso implica explotar al siervo, es NO ser siervo si ello implica ser explotado por el señor.

Pero, a lo largo de la historia, todo esto fue difícil. No fue casualidad, sin embargo, que la libertad religiosa fuera creciendo en Occidente junto con el libre mercado, que sólo tuvieron en los EEUU su expresión institucional: los free riders de la Europa autoritaria.

Pero en la historia de Occidente, hubo y hay un “tipo ideal weberiano”, un free rider por excelencia, que supo lo que es estar solo y se quedó solo, y tuvo que adelantarse, consiguientemente, al libre comercio que acompaña a la libertad religiosa: el judío. Despreciado, humillado, perseguido por comunidades que veían en él al otro, al diferente que NO querían ver, tuvo que comerciar en tiempos donde esa actividad no era digna de nobles, caballeros y señores que vivían de la explotación del siervo de la gleba. Eso aumentó más el desprecio, los preconceptos negativos, los odios y las burlas. El desprecio al comercio es finalmente el temor atávico a la libertad, a ser sí mismo, a saber que no tengo derecho a vivir del trabajo esclavo. Allí quedó, el judío, a lo largo de la historia, representando todo lo que las sociedades tribales despreciaban: la libertad religiosa, el ser otro, el libre comercio. El liberalismo, en suma.

Finalmente, como dice Hayek, la sociedad extensa se abrió paso ante la tribal, y todos tuvieron que saber que si quieren comer, no pueden robar, ni esclavizar, ni vivir en una aparente comunidad que sería inocente de la explotación del diferente. Pero casi todos, excepto en EEUU, se resistieron hasta donde pudieron y se siguen resistiendo. El marxismo leninismo, el nazifascismo, fueron (SON) todas formas atávicas de resistirse a NO ser explotadores del diferente. Pero, oh casualidad, los nazis, los fascistas, los franquistas, se hicieron eco del odio visceral al judío, que representaba en la historia a todo lo que ellos odiaban con más fuerza: el otro, el diferente, el que ejerce su liberad, su religión, su comercio, que es emprendedor, científico, empresario, creador. Las teorías conspirativas más absurdas, los temores atávicos del inconsciente reprimido, alimentaron y alimentan al odio al judío que sigue siendo despreciado excepto, oh casualidad, en los ambientes liberales clásicos y libertarios, que habito hace más de 40 años y en los cuales JAMAS escuché una sola palabra o expresión antisemita. Qué casualidad.

El judío, en la historia, es el liberal. No sé si los judíos son plenamente conscientes de ellos, pero los antisemitas lo saben. Lo saben bien. Su odio visceral al liberalismo y al judío son la misma cosa.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación

Gobierno limitado vs. monopolio

Por Gabriel Boragina. Publicado el 23/1/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/01/gobierno-limitado-vs-monopolio.html

 

1.                Liberalismo clásico y funciones “esenciales”.

Muchos liberales clásicos sostienen como “bandera” la defensa de un “gobierno limitado”. Sin embargo, esta expresión es de un alto grado de ambigüedad, que no permite inferir sus contornos, algunos de los cuales intentaremos aquí precisar, si nos resulta posible.

Cuando tales liberales clásicos dicen defender el gobierno limitado suelen dar por sentado que la expresión alude a las también llamadas funciones “básicas” o “esenciales” de un gobierno según el prisma liberal. Tampoco hay un acuerdo neto entre tales liberales en cuáles deberían ser dichas funciones “básicas” o “esenciales”, de tal suerte que algunos de ellos opinan que, dentro de las mismas deben incluirse la seguridad (policía) defensa (fuerzas armadas) justicia (tribunales); otros le agregan obras “públicas” (de infraestructura), y hay entre ellos quien les añade educación y seguridad social (salud, previsión, etc.) en fin, más o menos las posturas entre los liberales clásicos rondan entre las mencionadas. Todo ellos, sin embargo, están de acuerdo que todas o algunas de las funciones mencionadas deben ser ejercidas monopólicamente, es decir, con exclusión de cualquier otro agente, empresa o persona que este fuera de la órbita gubernamental.

2.                Monopolio

Defender la existencia de un gobierno “limitado” pero a la vez monopólico representa algunos problemas que creemos necesario examinar.

Todo monopolio tiende a expandirse por su propia característica monopólica. Esto ya representa una primera contradicción entre el pretendido carácter de “limitado” de un gobierno y el también pretendido carácter concomitante de monopólico, reunidos. Si se le otorga a un gobierno un monopolio en cierta área, por su propia naturaleza o -mejor dicho- por la propia naturaleza de los monopolios, dicho gobierno tenderá a expandirse y no a limitarse, lo que implicaría que, con el tiempo, dicho gobierno dejará de ser limitado y sólo conservará su carácter de monopolio, lo que desde mi óptica, sería una situación indeseable que ocurriera, ya que al final, tendremos no otra cosa que un monopolio enorme. Y a primera vista, parece insalvable la contradicción señalada entre “limitado” y a la vez monopólico, ya sea que se pretenda reunir ambas condiciones en un mismo ente (gobierno) persona o empresa.

Otra contradicción reside en lo siguiente: si a una persona, ente o gobierno se le otorga un monopolio, al mismo tiempo se le está otorgando la facultad exclusiva de fijar sus propios límites, y ya hemos visto que la característica de todo monopolio es a expandirse y está muy lejos de limitarse. Sigue, también desde este ángulo, surgiendo la insalvable contradicción entre monopolio y la pretendida limitación.

La cuestión no se resuelve como podría creerse, reduciéndose la lista de funciones “esenciales” o “básicas” que hemos enumerado más arriba, porque, aun suponiendo que se le redujeran todas esas funciones a una sola, por ejemplo, “seguridad”, teniendo el gobierno un monopolio sobre ella, podría asignarle por caso, el 100 % del presupuesto nacional a la misma, aun cuando la función pudiera satisfacerse digamos con un 20 % o un 30 % del presupuesto. La cuestión no es trivial, porque el gobierno, en tal caso, estaría cobrando impuestos a la población por un monto total al 100 % de un servicio que bien podría costearse sobradamente con un 20/30 % de los recursos. Es decir, ni siquiera en este caso podría hablarse de gobierno “limitado”, porque su poder fiscal seguiría siendo ilimitado aun cuando constitucionalmente sus funciones se redujeran a una sola.

Y adicionalmente es observable que, los gobiernos monopólicos presentan los problemas de todos los monopolios, a saber:

  1. Dan un servicio malo o pésimo en cantidad y en calidad.
  2. El servicio es caro, en relación con el punto 1.

Respecto de este punto, es bastante discutible si los gobiernos son monopolios naturales o artificiales. Si la gente desea tener gobiernos y hay un acuerdo explícito o implícito de una mayoría de la población sobre el tema, podría decirse con bastante exactitud que los gobiernos encuadrarían dentro de la clasificación de los monopolios naturales.

Sin embargo, este sería un caso curioso de monopolio natural, porque el gobierno -una vez constituido como tal- tiene la potestad de dictar leyes o constituciones que cierren toda posibilidad a la existencia de uno o más gobiernos paralelos o competidores en el ramo gubernamental y en el nivel de ese mismo gobierno (nacional). Tengamos en cuenta que los gobiernos provinciales (o estaduales) y municipales no son competidores del gobierno nacional, sino que se le subordinan.

Digamos que, una vez sancionada y promulgada la constitución que establece el monopolio gubernamental, lo que en remotos orígenes pudo haber constituido un monopolio natural pasará a ser -por decisión de ese mismo monopolio gubernamental- un monopolio artificial, entendiendo por este último a aquel creado por medio de una constitución o una ley derivada de esa misma constitución.

3.                 La constitución

Otra forma de entender la expresión gobierno “limitado” es la de fijarle límites a sus atribuciones en un texto constitucional. Esto, en principio, sería algo más preciso, porque se trataría de establecer de antemano las funciones a cumplir. Pero de nada serviría tampoco si, además de determinar las funciones, no se limita en el propio texto constitucional la cuantía y la extensión en la limitación de tales funciones. Una cláusula constitucional válida sería la que no sólo reduce las funciones del gobierno a unas pocas, sino la que –además- establece taxativamente cuánto puede y cuánto no puede el gobierno gastar en ellas. Esta sería una noción más clara y más exacta de limitación, ya que, en principio, estaría plasmada por escrito en un texto constitucional.

Sin embargo, la experiencia demuestra que los gobiernos no han tenido mayores reparos en utilizar dos caminos para evitar este escollo, a saber: 1º reformar la constitución para ampliar los límites del gobierno o (cuando ello no es posible), 2º directamente ignorar el texto construccional, pasándolo por alto, es decir, la práctica tan frecuente y reiterada de violar la letra de la constitución.

Aquí es importante recordar lo que dijimos en el punto del monopolio, ya que los gobiernos -en su inmensa mayoría, sino todos- tienen el monopolio de reforma del texto constitucional. Es decir, también son los gobiernos (entendidos como la suma de los tres “poderes”: el ejecutivo, el legislativo y el judicial) los que detentan el monopolio sobre la reforma constitucional. Podrían -y de hecho lo hacen a menudo- reformar la constitución política en desmedro de sus propios gobernados, blindando su propio monopolio. De todo lo cual, se deriva lo perverso que es el hecho de que los gobiernos disfruten de monopolios o sean en sí mismos monopólicos.

*Fragmento del libro del autor titulado Análisis económico del gobierno Ediciones Libertad. España. 2010

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Democracia no es lo mismo que libertad

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 10/3/14 en: http://economiaparatodos.net/democracia-no-es-lo-mismo-que-libertad/

 

Si hay algo que los recientes sucesos en Venezuela deben dejar en claro, es que vivir en democracia no es lo mismo que vivir en libertad

Tan importante es esta diferencia que en piases que se dicen democráticos como Venezuela, aquellos que reclaman por sus libertades individuales mueren bajo la mano del mismo estado que se supone debe protegerlos. Es preocupante ver la confusión que hay en la opinión pública, medios, e incluso en políticos de carrera respecto a esta distinción que los hechos nos muestran pueden llevar separar entre la vida y la muerte. Defender la violencia del gobierno de Maduro porque fue elegido “democráticamente” es confundir medios con fines. La democracia no es un fin en sí mismo, es un medio para cambiar gobiernos de manera pacífica, no un método para pasar de un autoritarismo a otro. Son las instituciones republicanas (estado de derechos, igualdad ante la ley, y división de poderes) lo que nos lleva a vivir en libertad. Lamentablemente vivir en democracia no alcanza. La historia nos enseña que la diferencia entre democracia sin república y dictaduras puede ser materia discutible. ¿Qué diferencia a un dictador que pone presos a sus opositores y no se inmuta ante la muerte de sus ciudadanos de un “demócrata” que hace lo mismo utilizando el argumento del voto como excusa? ¿Desde cuándo los votos dan derecho a ejercer el poder de manera autoritaria?

 

Los liberales clásicos fueron muy claros y cuidadosos en distinguir entre democracia como método de elección a través del voto y un gobierno limitado que no puede abusar de su poder. Hayek diferenciaba explícitamente entre “democracia limitada” (república) y “democracia ilimitada” (autoritarismo.) Lo primero lleva al desarrollo y crecimiento económico. Lo segundo lleva a pobreza y perdida de libertades individuales. No es casualidad que las democracias ilimitadas esten gobernadas por una clase política con grandes riquezas y un pueblo empobrecido. Es tan impreciso como injusto criticar a Hayek por sus reparos a las democracias ilimitadas como si su postura fuese una crítica a las democracias limitadas. Pero lo cierto es que las críticas de la izquierda y el socialismo no siempre se caracterizan por su rigurosidad y cuidado. Mises también llamaba la atención sobre el problema de que si bien la democracia garantiza el cambio pacífico del gobernante de turno de ninguna manera garantiza que las mayorías voten correctamente. Hitler, Perón, Allende, Chavez, Maduro, y los Kirchner son sólo algunos casos que muestran que la democracia puede llevar al poder a gobiernos que limitan en lugar de proteger las libertades individuales.

 

Cuando no se vinculan los conceptos de “democracia” y “gobierno limitado” la historia nos muestra que el resultado pueden ser gobiernos autoritarios. Tomar el poder con los votos en lugar de con las armas no puede ser excusa para justificar autoritarismos como los que aún persisten en varios países de latino américa. Los límites institucionales son fundamentales dado que la democracia lleva a los candidatos a hacer promesas que no pueden cumplir o que requieren de violentar los derechos y propiedad de la minoría a favor de la mayoría. Estas promesas llevan a incrementar el gasto público, a otorgar beneficios, protecciones a empresarios amigos del poder, etc. Es decir, todas medidas que atentan contra la creación de la riqueza necesaria para mantener las promesas incumplibles que el candidato populista hace durante su campaña. Que el “argumento liberal (libre mercado y libertades individuales) no sea políticamente correcto no hace del socialismo y populismo sistemas virtuosos. Si ese fuera el caso, no sería necesario imponer con métodos violentos el Socialismo del Siglo XXI. Ganar votos y tener razón son cosas bien distintas.

 

Buchanan argumentaba que en la naturaleza humana se encuentra la necesidad de sentir protección. El rol que en una época cumplía la religión, hoy es ocupado por el Dios estado. La responsabilidad y la incertidumbre de hacerse cargo de los propios aciertos y desaciertos no es una idea atractiva cuando se puede usar la democracia como excusa para apropiarse de la propiedad de terceros o para protegerse de la competencia. Esta estatolatría nos ofrece falsas esperanzas a las cuales la sociedades se siguen aferrando.

 

Argentina no ha tenido la mejor experiencia en lo que respecta al liberalismo. Ante lo poco atractivo de estas ideas, algunos liberales ceden a sus principios para obtener votos con la esperanza de producir algún cambio desde adentro de la política. Pero el resultado es generar aún más confusión sobre qué es y no es el liberalismo. ¿Cuánto tiempo hay que dedicar a explicar que Martínez de Hoz no era liberal? ¿Cuánto tiempo hay que dedicar, por ejemplo, a explicar que los 90 no fueron una década liberal y que neoliberalismo no es lo mismo que liberalismo? Los liberales clásicos a veces tenemos la impresión de tener que dedicar más tiempo a explicar que no es liberalismo que a tener que explicar sus beneficios y límites.

 

Es esta falta de separación entre democracia y libertad (república) es lo que termina llevando a manifestaciones como las que se ven en Venezuela y han ocurrido en Argentina en los últimos años. Cuando la clase política dice, por ignorancia o desinterés, que hay que respetar a un gobierno que dice “ir por todo” porque ganó las elecciones, entonces el ciudadano ya no puede confiar en sus representantes para que protejan su patrimonio y libertades individuales. La dirigencia política debe recordar que ser políticamente correcto puede ser institucionalmente peligroso. Roza la hipocresía el político que pide al ciudadano que vote mejor mientras él apoya democracias ilimitadas porque es la postura políticamente correcta. La legitimidad de un gobierno no proviene sólo del voto, es un requisito necesario que el gobierno respete los principios republicanos.

 

Mientras los que se dicen opositores a la democracia ilimitada del Kirchnerismo balbuceen cuando se les pregunta por la situación en Venezuela, como si este no fuese un caso lo suficientemente claro de abuso inexcusable de poder, Argentina difícilmente tenga por delante cambios institucionales profundos. Es importante, entonces, que la ciudadanía tenga presente la importancia de la república para el largo plazo y le exija a la clase política lo que no puede o no quiere ofrecer: república con estado de derecho.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.