El Sueño De Martin Luther King Y Su Triste Despertar

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/6/18 en:  http://www.libertadyprogresonline.org/2018/06/23/el-sueno-de-martin-luther-king-y-su-triste-despertar/

 

Qué atrás han quedado las palabras que pronunciara Martin Luther King. El tenía un sueño, sí, un sueño donde sus hijos “…vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad”. Impresionante el respeto al individuo que hay en estas palabras, impresionante forma de denunciar colectivos imaginarios donde las personas fueran reducidos a clases enfrentadas. Claro que no era cuestión de “los negros” o “los blancos”. Pero ahora el racismo ha vuelto. Un blanco no es juzgado “…sino por los rasgos de su personalidad” sino porque es blanco, porque pertenece inexorablemente al patriarcado explotador. Nada de lo que haga o diga lo salva de ser miembro de esta nueva forma de ser la clase explotadora.Libertades individuales, y progreso

Si es blanco, y blanco varón, entonces usará un lenguaje “no inclusivo”, esto es, un lenguaje explotador, donde “se excluya” al otro sexo. No sólo es inútil que se explique que el Español tiene al “o” como género neutro, sino que además se pretende que los que hablen así vayan presos por no hacerlo.

Si es blanco, y además heterosexual, inexorablemente odiará y discriminará a los gays, lesbianas y transexuales. No sólo es inútil explicar que la opción moral por la heterosexualidad no implica odiar a nadie, sino que ya no se aceptan las libertades individuales de asociación, propiedad y libertad religiosaAsí como un rabino tiene derecho a no contratar a un católico para explicar el Antiguo Testamento según la tradición judía no católica, un católico tiene derecho a no contratar a alguien del LGBT para explicar el Catecismo de la Iglesia Católica. Pero no, es “delito de discriminación”. A la cárcel.

Y además no tienes derecho a decirlo, porque es “delito de odio”. A la cárcel.

Y ahora, además, no sólo es inútil explicar la inmoralidad del aborto, sino que si eres un profesional que se niega a hacerlo, a la cárcel.

El proyecto totalitario de feministas, gays, trans, lesbianas y abortistas queda claramente expuesto.

Ellos sencillamente quieren poner presos a quienes no piensen como ellos y no hablen como ellos.

Un nuevo sueño de Martin Luther King implicaría una sociedad libre donde cada uno pudiera vivir según su conciencia, sin mandar a la cárcel al otro. Un nuevo sueño sería un lugar donde cada uno pudiera hablar como se le plazca, sin mandar a la cárcel al otro. O sea, un lugar donde heteros y homos convivieran en paz, donde varones y mujeres convivieran en paz, donde quien quiera hablar con “e” o con “x” pudiera hacerlo y quien NO quiera hablar así, no.

Pero no. Estos nuevos movimientos sociales no aceptan eso porque coherentemente piensan como Marx. Ellos son los colectivos explotados y los demás, los explotadores. NO admiten el pacto político de la Constitución Norteamericana a la cual aludió King. (Martin Luther King era un liberal clásico, un norteamericano: qué mala noticia para ellos….).Por eso no admiten las libertades individuales. Por eso quieren que ellos, los explotados, suban al poder y manden presos a los explotadores. Pero, como Hitler, lo hacen con elecciones democráticas. Los instrumentos de Estado de Derecho son usados por ellos (ellas y elles) pata terminar con el Estado de Derecho. Libertad religiosa, de asociación, de propiedad: son sólo inventos del hetero-patriarcado explotador.

Por eso algunos amigos católicos han llegado tarde a darse cuenta de la cuestión.  Había que reclamar las libertades individuales clásicas del Estado Liberal Clásico. Pero como muchos se llevaron muy mal con él, ahora tratan de colocarse un traje que nunca quisieron. No es el caso del liberalismo católico, claro: las advertencias de Montalembert, Acton, Rosmini, Lacordaire, fueron debidamente presentadas. ¡Oh!, pero quiénes son esos, a algunos de los cuales sólo nombró Benedicto XVI más de un siglo después de que fueron cuasi-condenados y por supuesto muertos y enterrados?

La mano viene muy mal gente. Yo no cederé. Acabo de escribir un libro sobre los fundamentos Judeo-cristianos de Occidente. Sigo luchando. Pero la historia humana, la historia de los reinos de este mundo, es casi hobbesiana. Si eres liberal, que Dios te proteja. Y si demás, y para colmo,  eres católico, no te preocupes, Cristo triunfó, pero en la cruz.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER: MARCHAS CONTROVERTIDAS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

El 8 de marzo próximo pasado, el día del cumpleaños de mi nieta mayor (22 años), algunas mujeres decidieron marchar en muy diversos lares. Subrayo lo de algunas porque hubieron muchas otras en distintos países que no solo no coincidieron con buena parte de los objetivos de la mencionada marcha sino que se oponían con vehemencia a algunas de sus propuestas (incluyendo mi nieta).

 

De más está decir que cualquiera que no lesione derechos de terceros puede peticionar para lo que estime pertinente, pero es de interés desentrañar los motivos que, en general se demandan, puesto que se exhibieron distintas líneas internas en distintos frentes

 

Un punto muy encomiable es, desde luego, la denuncia de maltratos y abusos de muy diverso tenor que constituyen una afrenta brutal a las normas más elementales de la decencia, lo cual es aceptado por la inmensa mayoría de las personas, cualquiera sea su sexo.

 

Por otro lado, nada más repugnante e idiota que el machismo y nada más expresivo de la falta de hombría, en el fondo se trata de seres acomplejados que no aceptan que las mujeres les hagan sombra en reuniones sociales, en faenas académicas y en otros ámbitos laborales, sin perjuicio de su importantísimo rol en la formación de almas en el hogar.

 

Hubo en algunas marchas incidentes varios, por ejemplo, lamentablemente la marcha en Buenos Aires finalizó con consignas partidarias, violencia contra la Catedral e incluso contra periodistas una de las cuales, paradójicamente mujer: las que la llevaban a cabo tenían en su mayor parte la cara cubierta, es decir, además de violencia contra la mujer en el día de la marcha de la mujer sino también cobardes y algunas golpeadoras a jóvenes del sexo masculino que pretendían defender la Catedral, tal como registraron las cámaras de televisión. Esto prueba una vez más que hay mujeres y mujeres (de igual manera que hay hombres y hombres) o más precisamente personas y personas.

 

En las marchas se observó la filtración de otros asuntos, buena parte de los cuales no resultan accidentales sino deliberadamente colocados en primer plano de la agenda, temas que precisamente provocan el rechazo de otras mujeres indignadas por el alarde de esas cuestiones.

 

En diverso grado estos temas fueron el aborto, la pretendida imposición de remuneraciones que en todos los casos sean equivalentes a las percibidas por los hombres, así como también igual acceso a distintos cargos públicos y privados y en esta mescolanza también se mencionó como una injusticia la existencia de clubs en los que se aceptan solo hombres como socios. Irrumpieron aquí y allá otras propuestas pero no solo de menor calibre sino apoyadas por grupos muy minoritarios que no pueden tomarse como representativos pero que lo hacen en nombre de “la matria”, no “la patria”(al margen digo que se ha sugerido en otro contexto que en lugar de aludir a la asignatura “history” la materia se denomine “herstory”).

 

Vamos por partes (como decía en otro plano bien distinto el descuartizador, aunque no distinto en el primer tema que ahora abordamos). En primer lugar, el mal llamado aborto puesto que se trata de homicidio en el seno materno. El tema más grave y preocupante de los emblemas de la marcha de marras.

 

Ya he escrito sobre este descuartizamiento horripilante pero es indispensable insistir una y mil veces al efecto de proteger las vidas de seres inocentes e indefensos. Actualmente, la microbiología muestra que desde el instante en el que el óvulo es fecundado hay una célula única, distinta del padre y la madre, un embrión humano que contiene la totalidad de la información genética (ADN o ácido desoxirribonucleico). Una persona que tiene la carga genética completa, una persona en acto que está en potencia de desarrollar sus características futuras, del mismo modo que el adolescente es una persona en acto y en potencia de ser eventualmente anciano.

 

En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que, como queda dicho, contiene la totalidad de las características del ser humano.

 

Solo en base a un inadmisible acto de fe en la magia más rudimentaria puede sostenerse que diez minutos después del nacimiento estamos frente a un ser humano pero no diez minutos antes. Como si antes del alumbramiento se tratara de un vegetal o un mineral que cambia súbitamente de naturaleza. Quienes mantienen que en el seno materno no se trataría de un humano del mismo modo que una semilla no es un árbol, confunden aspectos cruciales. La semilla pertenece en acto a la especie vegetal y está en potencia de ser árbol, del mismo modo que el feto pertenece en acto a la especie humana en potencia de ser adulto. Todos estamos en potencia de otras características psíquicas y físicas, de lo cual no se desprende que por el hecho de que transcurra el tiempo mutemos de naturaleza, de género o de especie.

 

De Mendel a la fecha, la genética ha avanzado mucho. Luis F. Leujone, el célebre profesor de genética en La Sorbonne escribe que “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica, es una sencilla evidencia experimental”.

 

Bien ha dicho Julián Marías que este brutal atropello es más grave que el que cometían los sicarios del régimen nazi, quienes con su mente asesina sostenían que los judíos eran enemigos de la humanidad. En el caso de los abortistas, no sostienen que aquellos seres inocentes e indefensos son enemigos de alguien. Marías denomina al aborto “el síndrome Polonio” para subrayar el acto cobarde de liquidar a quien -igual que en Hamlet– se encuentra en manifiesta inferioridad de condiciones para defenderse de su agresor.

 

La secuencia embrión-mórula-balstoncito-feto-bebe-niño-adolecente-adulto-anciano no cambia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina (anidación) no implica un cambio en la especie, lo cual, como señala Ángel S. Ruiz en su obra sobre genética “no añade nada a la programación de esa persona” y dice que sostener que recién ahí comienza la vida humana constituye “una arbitrariedad incompatible con los conocimientos de neurobiología”. La fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.

 

Se ha dicho que la madre es dueña de su cuerpo, lo cual es del todo cierto pero no es dueña del cuerpo de otro. Se ha dicho que el feto es “inviable” y dependiente de la madre, lo cual es también cierto, del mismo modo que lo son los inválidos, los ancianos y los bebes recién nacidos, de lo cual no se sigue que se los pueda exterminar impunemente. Lo mismo puede decirse de supuestas malformaciones: justificar las matanzas de fetos justificaría la liquidación de sordos, mudos e inválidos. Se ha dicho que la violación justifica el mal llamado aborto, pero un acto monstruoso como la violación no justifica otro acto monstruoso como el asesinato. Se ha dicho, por último, que la legalización del aborto evitaría las internaciones clandestinas y antihigiénicas que muchas veces terminan con la vida de la madre, como si los homicidios legales y profilácticos modificaran la naturaleza del acto.

 

Ahora viene lo que imponer en todos los casos igual remuneración para las mujeres respecto a la de los hombres para igual tarea (no igual resultado, de lo contrario sería indiferente y, al revés, los incentivos para contratar mujeres para tareas en las que puede considerarse inconveniente que la lleven a cabo hombres). Resulta clave comprender que no es el decreto y la prepotencia estatal la que debe decidir cuanto ha de cobrar cada persona. Los ingresos en términos reales los establece las tasas de capitalización derivadas del volumen de inversiones que una vez instaladas, los gustos y preferencias de los consumidores en el supermercado y afines establecen indirectamente cuanto ha de cobrar cada persona. Si el empresario, siempre atento a las respectivas demandas de su clientela procede a discriminar mal, tiene sus días contados como empresario y será sustituido por otro considerado más eficaz (a diferencia de lo que ocurre con los pseudoempresrios aliados con el poder político para obtener privilegios inexorablemente a expensas de la gente). Por ejemplo, si en lugar de atenerse a lo es mejor decide solo contratar blancos, lesbianas o japoneses, pagará el capricho con quebrantos. El mercado es impersonal y asexual, los comerciantes, si quieren sobrevivir, deben hacer lo mejor a criterio de los consumidores, centrando la atención en lo que es más eficiente sin prestar atención a otras consideraciones colaterales.

 

Al día siguiente de la marcha, en un arrebato demagógico, el gobierno de Islandia decidió legislar en el sentido de igual paga, como queda dicho, uno de los reclamos del Día Internacional de la Mujer, situación que, en su caso, de cumplirse, provocará desempleo entre las mujeres, medida que lo equipara a lo que instaló en los papeles la ex Unión Soviética, la China de Mao y Cuba (país en el que como hoy escribe Yoani Sánchez: el día de la mujer “suena como un eco lejano” que nada tiene que ver con la realidad), además del “derecho a la felicidad absoluta” (sic) como es el “decretazo” hoy vigente en Venezuela.

 

Hablo de discriminación que significa distinguir y diferenciar, todos discriminamos todo el tiempo: la música que escuchamos, la comida que ingerimos, los amigos que frecuentamos, con quien contraemos nupcias, que libros leemos, a que cine vamos etc. etc. La discriminación se torna en un problema inaceptable cuando desde el aparato estatal se otorgan distintos derechos a distintas personas. En el caso que nos ocupa se trata de una cuestión contractual privada: reiteramos si un comerciante se empecina en contratar en su tienda solo personas que miden más de uno ochenta allá él, pero no es una política recomendable en el mundo de los negocios. Si los negros ganan más que los blancos o los chinos más que los estadounidenses es un asunto que atañe al mercado, es decir a millones de arreglos contractuales.

 

Respecto a la imposición a través de instrumentos legales de cupos femeninos a cargos políticos o para desempeños en el sector privado, por una parte, constituyen ofensas a la mujer puesto que se evidencia que no se trata de su productividad sino del abuso legislativo y, por otra, desmejoran la eficiencia lo cual finalmente traslada el daño sobre todos que terminan obteniendo ingresos menores.

 

En cuanto a los clubs privados que solo aceptan como socios a miembros del sexo masculino, esto es perfectamente legítimo como que lo sería para el que funda un club solo para rubias, solo para discapacitados, para los que tienen pie plano o solo para menores de cuarenta años o mayores de setenta.

 

Por lo visto se ha perdido toda compostura y recato y toda noción de respeto a los derechos del prójimo. Solo se alegan “derechos” para saquear al vecino pero no se concibe que cada uno pueda hacer lo que le plazca con lo que ha obtenido lícitamente, siempre y cuando no invada iguales facultades de otros.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

OTRA VEZ SOBRE LA UNIÓN DE HOMOSEXUALES

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Ya he escrito sobre este tema hace un tiempo, pero como veo que aparece en el tapete una y otra vez en muy diversos lares, vuelvo sobre el asunto para agregar otras perspectivas. Lo primero que me parece debe subrayarse es que, desde el punto de vista liberal, todas las manifestaciones humanas que no lesionen derechos de terceros deben ser respetadas (no en el sentido de necesariamente compartirlas, sino que nada autoriza a bloquearlas). Esto incluye las situaciones más extremas como que un fulano declara que se ha puesto de novio con una cabra, las uniones sexuales en grupos y cualquier otra decisión que no atropelle derechos de otros.

 

Desde luego que las uniones de homosexuales certificadas por notario o las que resultan de hecho deben se respetadas en el sentido explicado, sería un acto de violencia agresiva inaceptable el pretender interrumpir esa vinculación o, como queda dicho, cualquier otra que no se inmiscuya ni entrometa con la vida de los demás. Aludimos al notario o al escribano porque, en una sociedad abierta, el aparato estatal no se ocupa de esos menesteres ni tampoco celebra casamientos ni se pronuncia sobre divorcios, esto es consecuencia de la invasión del Leviatán en todos los resquicios de la vida ciudadana.

 

Lo que no se entiende es por qué en algunas ocasiones se pretende asimilar la antes referida unión entre homosexuales con la institución matrimonial. Da la impresión que en esos casos hubiera un deseo morboso de quebrar y desnaturalizar una figura que tiene una larguísima tradición y un significado muy distinto y que se lleva a cabo entre hombre y mujer. Sin duda que los diccionarios son libros de historia y que las palabras mutan de significado con el tiempo, pero anticiparse y llamarle al gato perro y viceversa confunde y mezcla conceptos. Si se desea recurrir a un neologismo e inventar una palabra que sustituya a la unión civil, bienvenido sea, pero no se justifica el desdibujar una expresión que, como consignamos, obedece a otra concepción completamente diferente y se vincula al establecimiento de la familia que constituye un pilar fundamental para la educación y la formación de almas.

 

Por otra parte, la palabra matrimonio etimológicamente proviene de mater, es decir, de parir, cosa que obviamente no resulta posible en el caso de la unión entre homosexuales. En este sentido, se ha dicho que la palabra patrimonio proviene de pater de la época machista en la que solo el hombre podía contar y disponer de patrimonio y, sin embargo, hoy se sigue utilizando la expresión ya sea mujer u hombre el titular. Pero hay una diferencia central entre ambos casos: en este último se percibió la estupidez mayúscula y el sinsentido de circunscribir el patrimonio al sexo masculino, sin embargo, en el primer caso, no es cuestión de opinión ni de evolución histórica para que dos personas del mismo sexo puedan generar un parto.

 

Dicho sea de paso, también debe precisarse que la condición sexual o el género no es materia de decisión de cada uno, es el resultado de la naturaleza. No es cuestión para el hombre el instalarse pechos y destrozarse los genitales para ser mujer puesto que la estructura ósea, fisiológica y genética ponen en evidencia si se trata de sexo masculino o femenino, independientemente de la fachada exterior y de lo que diga el documento de identidad. Y en el caso extremo, y por cierto sumamente raro, del hermafrodita siempre revela una inclinación física, una predisposición y factores predominantes hacia una u otra condición que determina el peso relativo correspondiente, lo cual, en su caso, se confirma y redefine quirúrgicamente.

 

Tal vez lo dicho hasta aquí sea compartido por la mayoría de las personas preocupadas por el tema, pero ahora viene otro que conjeturo eventualmente hará que se filtren discrepancias. Se trata del muy delicado y serio problema de la adopción. Nuevamente debe mirarse la naturaleza del aparato de la fuerza que habitualmente denominamos gobierno y concluir que, en esta etapa del proceso de evolución cultural, su misión específica es brindar seguridad y justicia (habitualmente las dos cosas que no hace para, en cambio, internarse en los más recónditos vericuetos privados con desplantes insolentes e inaceptables para cualquier persona civilizada). Hay muchas situaciones desgraciadas y reprobables en las que sería impertinente que se entrometa el aparato de la fuerza: hogares en los que los padres recurren sistemáticamente a conductas de pésima educación, familias que ingieren alimentos con alto grado de colesterol, la persistente utilización de lenguaje soez, desidia en trasmitir valores y principios morales etc. etc., de lo cual no se desprende que las burocracias estatales deban jugar el rol del paternalismo, a todas luces inapropiado ya que no se trata de ocurrencias en la vía pública sino de arreglos personalísimos propios de ámbitos privados que no lesionan iguales espacios de otros. Solo si hay lesión de derechos debe intervenir la Justicia que cuanto más abierto el sistema hace más efectiva la posibilidad de la subrogación para cualquier supuesto de lesión de derechos.

 

Dicho esto y efectuada esta introducción, veamos el tema de la adopción que se corporiza en un arreglo libre y voluntario entre el donante y el donatario, en cuyo contexto se descarta el secuestro que naturalmente se configura en otra dimensión completamente distinta ni de engaños y fraudes en el respectivo proceso de adopción. Ya de por si resulta bastante traumático el que se entregue un hijo en adopción como para agravar la situación con interferencias coactivas. Personalmente -para decirlo con un mínimo de decoro- me resulta un bochorno que un bebe se forme (si se pudiera hablar con propiedad de “formación” con un inicio de esa envergadura) entre homosexuales que abiertamente contradice las bases más elementales de lo que significa una familia desde que hubieron vestigios de humanidad propiamente dicha, pero ni yo ni nadie debe estar autorizado a imponer sus criterios a otros (mi rechazo no se limita a estos casos sino a muchos otros donde observo superlativas degradaciones educativas para con menores debido a inauditos procedimientos en el seno incluso de las familias más renombradas). Además -y no es algo menor- no debe perderse de vista que, piénsese lo que se piense en general de alguien que entrega a su hijo en adopción, es su hijo y no puede estar sujeto a expropiación por parte del gobierno ni por parte de nadie.

 

Hago aquí una digresión que estimo pertinente ya que me he referido a su hijo. Esto no quiere decir que el donante o, a los efectos, cualquier padre puede hacer lo que le venga en gana con la criatura por más que la haya engendrado (o cualquiera que recibe en adopción). El respeto a los derechos de la persona no se extinguen nunca (pueden restringirse con la prisión a un delincuente, por ejemplo). A tal efecto, cualquiera puede hacer de subrogante y denunciar maltratos, para lo cual ayuda en alto grado el establecimiento de sistemas de jueces en competencia al estilo de los inicios del common law y la República romana para contar con la mejor calidad de fallos en un proceso de descubrimiento del derecho para delimitar las situaciones, sobre todo las fronterizas que distinguen gustos personales de la efectiva lesión al derecho, y no el pretendido diseño del orden jurídico y la consecuente ingeniería social característica de codificaciones cerradas y legislaciones siempre zigzagueantes y atrabiliarias cuando se apartan de su función medular de cuidar y vigilar las finanzas públicas (que fue precisamente el origen del Parlamento).

 

Concluyo en este espinoso tema, al contrario de lo que a veces se sugiere, afirmando que la parafernalia estatal debe mantenerse completamente al margen del capítulo de la adopción y abrir de par en par la competencia para que distintas entidades privadas busquen contar con el mayor prestigio para su éxito profesional, con lo que se esmerarán en brindar las mejores oportunidades a los adoptados en sus futuros hogares. Esto significa que, como de hecho ocurre, exigirán el cumplimiento de diversas pruebas y etapas para garantizar resultados satisfactorios en cuanto a entregar el bebe a personas que revelen buenas posibilidades de establecer un ámbito y un hogar que maximice los cuidados necesarios.

 

Por supuesto que todo esto está estrechamente vinculado a las estructuras axiológicas prevalentes: si se acentúa la maldad y la degeneración en la población, no habrá entidad de adopción que pueda poner coto a semejante desbarranque. Lo que no debe suponerse sin caer en la magia más rudimentaria y troglodita, es que en un medio pervertido los integrantes del aparato estatal serán sujetos impolutos. Más aún, en una situación de esa naturaleza, empeoran mucho las cosas si a un conjunto de malvados se le otorga el monopolio de la fuerza.

 

En estas cuestiones y en otras de tenor equivalente, lo peor es acostumbrarse a recurrir a la fuerza con la pretensión de resolver problemas, siempre y cuando, claro está, que no exista violación de derechos. Y no se diga que la adopción en el caso de homosexuales constituye una violación a los derechos del niño porque entonces entramos en un berenjenal sin salida y autorizamos al monopolio de la violencia a manejar el destino de cada adolescente bajo el manto de una mejor administración de sus vidas, lo cual no está lejos del Gulag ni de las atrabiliarias concepciones de las encendidas y peligrosas mentes de los totalitarios más cavernarios. Lamentablemente, la perfección no está al alcance de los mortales y debe mirares cuidadosamente la cara y contratara de los avances sobre la vida de otros, si es que apuntamos a una sociedad abierta y si es que tenemos plena conciencia de los radios que son de nuestra propia responsabilidad y aquellas incumbencias que pertenecen a la esfera de responsabilidad del prójimo.

 

Para que puedan convivir personas muy diferentes es menester apoyar a rajatabla la tolerancia cuya prueba de fuego no consiste en aprobar conductas compatibles con las de quien tolera sino en aceptar las que resultan incompatibles. El único requisito es que todos respeten los derechos de los demás, de lo contrario la convivencia se torna en un tormento insoportable. Más aún, la expresión “tolerancia” tal vez no resulte del todo apropiada ya que conlleva cierto tufillo inquisitorial: los derechos no se toleran, se respetan, lo cual, claro está, significa la estricta consideración a lo que cada uno decide hacer en su propiedad al aceptar o rechazar conductas varias en su hogar o en su propiedad abierta al público.

 

En este sentido, para ilustrar nuestra postura, es del caso recordar un hecho reciente en un bar de Buenos Aires: dos lesbianas estaban exhibiendo conductas consideradas indecentes por los dueños del lugar por lo que le pidieron que se retiren. A continuación el gobierno de la ciudad reaccionó airadamente y les impuso a los dueños que su personal reciba una conferencia sobre “tolerancia” por parte de burócratas. Esta es una demostración cabal de la incomprensión de lo que significa la propiedad, institución por la que los dueños deciden que puede y que no puede hacerse en su casa (lo cual no cambia por el hecho de estar abierta a la gente que desea concurrir). A diferencia de este caso, también un local que solo acepta lesbianas debe ser respetado o uno en el que a los dueños les es indiferente ese tipo de conductas públicas (lo cual no excluye que eventualmente puedan poner un límite para evitar relaciones sexuales arriba de las mesas, espectáculo que puede resultar inapropiado para parroquianos que van a tomar un café).

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

LA DISCRIMINACIÓN NECESARIA Y LA PERJUDICIAL

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Según el diccionario, discriminar quiere decir diferenciar y discernir. No hay acción humana que no discrimine: la comida que elegimos engullir, los amigos con que compartiremos reuniones, el periódico que leemos, la asociación a la que pertenecemos, las librerías que visitamos, la marca del automóvil que usamos, el tipo de casa en la que habitamos, con quien contraemos nupcias, a que universidad asistimos, con que jabón nos lavamos las manos, que trabajo nos atrae más, quienes serán nuestros socios, a que religión adherimos (o a ninguna), que arreglos contractuales aprobamos y que mermelada le ponemos a las tostadas. Sin discriminación no hay acción posible. El que es indiferente no actúa. La acción es preferencia, elección, diferenciación, discernimiento y, por ende, implica discriminar.

 

Como se ha dicho, si una persona con mucha sed en un desierto tiene una cantimplora con agua a su derecha y otro a la izquierda y se declara indiferente de cual beber y, por ende, no elige uno de ellas, se morirá de sed. Para seguir viviendo debe discriminar, elegir y optar.

 

Esto debe ser nítidamente separado de la pretensión, a todas luces descabellada, de intentar el establecimiento de derechos distintos por parte del aparato estatal que, precisamente, existe para velar por los derechos y para garantizarlos. Esta discriminación ilegítima echa por tierra la posibilidad de que cada uno maneje su vida y hacienda como le parezca adecuado, es decir, bloquea la posibilidades que cada uno discrimine acerca de sus preferencias, lo cual debe ser respetado en un estado de derecho siempre que no se lesiones iguales derechos de terceros. Otro modo de referirse a aquél uso abusivo y pervertido de la ley es simple y directamente el del atropello al derecho de las personas.

 

La igualdad ante la ley resulta crucial, concepto íntimamente atado a la justicia, es decir, a la propiedad primero del propio  cuerpo, a sus pensamientos y a sus pertenencias, en  otras palabras,  el “dar a cada uno lo suyo”.

 

La prueba decisiva de tolerancia es cuando no compartimos las conductas de otros. Tolerar las que estamos de acuerdo no tiene mérito alguno. En este sentido, podemos discrepar con las discriminaciones, elecciones y preferencias de nuestro prójimo, por ejemplo, por establecer una asociación en la que solo los de piel oscura pueden ser miembros o los que tienen ojos celestes. Allá ellos, pero si no hay violencia contra terceros todas las manifestaciones deben respetarse, no importa cuan ridículas nos puedan parecer.

 

Curiosamente se han invertido los roles: se tolera y alienta la discriminación estatal con lo que no le pertenece a los gobiernos y se combate y condena la discriminación que cada uno hace con sus  pertenencias. Menudo problema en el que estamos por este camino de la sinrazón, en el contexto de una libertad hoy siempre menguante.

 

Parece haber una enorme confusión en esta materia. Por un lado, se objeta que una persona pueda rechazar en su propia empresa la oferta laboral de una mujer embarazada o un anciano porque configuraría una “actitud discriminatoria” como si el titular no pudiera hacer lo que estima conveniente con su propiedad. Incluso es lícito que alguien decida contratar solo a quienes midan más de uno ochenta. Como es sabido, el consumidor es ciego a religiones, etnias, alturas o peso de quienes se desempeñan en las empresas, por tanto, quien seleccione personal por características ajenas al cumplimiento y la eficiencia pagará el costo de su decisión a través del cuadro de resultados, pero nadie debiera tener el derecho de impedir un arreglo contractual que no use la violencia contra otros.

 

Por otra parte, en nombre de la novel “acción positiva” (affirmative action), se imponen cuotas compulsivas en centros académicos y lugares de trabajo “para equilibrar los distintos componentes de la sociedad” al efecto de obligar a que se incorporen ciertas proporciones, por ejemplo, de asiáticos, lesbianas, gordos y budistas. Esta imposición naturalmente afecta de forma negativa la excelencia académica y la calidad laboral ya que deben seleccionarse candidatos por razones distintas a la competencia profesional, lo cual deteriora la productividad conjunta que, a su vez, incide en el nivel de vida de toda la población, muy especialmente de los más necesitados cuyo deterioro en los salarios repercute de modo más contundente dada su precariedad.

 

Por todo esto es que resulta necesario insistir una vez más en que el precepto medular de una sociedad abierta de la igualdad de derechos es ante la ley y no mediante ella, puesto que esto último significa la liquidación del derecho, es decir, la manipulación del aparato estatal para forzar pseudoderechos que siempre significa la invasión de derechos de otros, quienes, consecuentemente, se ven obligados a financiar las pretensiones de aquellos que consideran les pertenece el fruto del trabajo ajeno.

 

Desde luego que esta atrabiliaria noción del “derecho” como manotazo al bolsillo del prójimo, entre otros prejuicios, se basa en una idea errada anterior, cual es que la riqueza es una especie de bulto estático que debe “redistribuirse” (en direcciones distintas a la distribución operada en el supermercado y afines) dado que sería consecuencia de un proceso de suma cero. No conciben a la riqueza como un fenómeno dinámico y cambiante en el que en cada transacción libre y voluntaria hay un proceso de suma positiva puesto que ambas partes ganan. Es por esto que actualmente podemos decir que hay más riqueza disponible que en la antigüedad, a pesar de haberse consumido recursos naturales en el lapso de tiempo trascurrido desde entonces. Es cierto el principio de Lavoisier, en cuanto a que “nada se pierde, todo se transforma” pero lo relevante es el crecimiento de valor no de cantidad de materia (un teléfono antiguo tenía más material que uno celular, pero este último presta servicios mucho mayores y a menores costos).

 

Vivimos la era de los pre-juicios, es decir el emitir juicios sobre algo antes de conocerlo (y conocer siempre se relaciona con la verdad de algo, ya que no se conoce que dos más dos son ocho). La fobia a la discriminación de cada uno en sus asuntos personales y el apoyo incondicional a la discriminación de derechos por parte del Leviatán es, en gran medida, el resultado de la envidia, esto es, el mirar con malevolencia el bienestar ajeno, no el deseo de emular al mejor, sino que apunta a la destrucción del que sobresale por sus capacidades.

 

Y esto, a su vez, descansa en la manía de combatir las desigualdades patrimoniales que surgen del plebiscito diario en el mercado en donde el consumidor apoya al eficiente y castiga al ineficaz para atender sus reclamos. Es paradójico, pero no se condenan las desigualdades patrimoniales que surgen del despojo vía los contubernios entre el poder político y los así llamados empresarios que prosperan debido al privilegio y a mercados cautivos otorgados por gobiernos a cambio de favores varios. En realidad, las desigualdades de la época feudal (ahora en gran medida replicadas debido al abandono del capitalismo) son desde todo punto de vista objetables, pero las que surgen de arreglos libres y voluntarios, no solo no son objetables sino absolutamente necesarias al efecto de asignar los siempre escasos factores productivos en las manos más eficientes para que los salarios e ingresos en términos reales puedan elevarse. No es relevante la diferencia entre los que más tienen y los que menos poseen, lo trascendente es que todos progresen, para lo cual es menester operar en una sociedad abierta donde la movilidad social constituye uno de sus ejes centrales.

 

Como las cosas no suceden al azar, para contar con una sociedad abierta cada uno debe contribuir diariamente a que se lo respete.

Podemos extrapolar el concepto del polígono de fuerzas de la física elemental al terreno de las ideas. Imaginemos una enorme piedra en un galpón atada con cuerdas y poleas y tirada en diversas direcciones por distintas personas ubicadas en diferentes lugares del recinto: el desplazamiento del bulto será según el resultado de las fuerzas concurrentes, ninguna fuerza se desperdicia. En las faenas para diseminar ideas ocurre lo propio, cada uno hace lo suyo y si no se aplica a su tarea la resultante operará en otra dirección. Los que no hacen  nada solo ven la piedra moverse y habitualmente se limitan a despotricar en la sobremesa por el rumbo que toma.

 

Hace poco tiempo en Buenos Aires estaba escuchando radio en el automóvil y el locutor expresó que una señora, dueña de una casa en la zona costera, puso un aviso en algún periódico que no es del caso mencionar en el que anunciaba que ponía su vivienda en alquiler durante la temporada veraniega con la condición que el inquilino fuera vegetariano. Consignaba en el aviso de marras que los residuos de la carne atraían microbios que deseaba evitar.

 

Henos aquí que todos los miembros del equipo que trabaja en el programa radial en cuestión pusieron el grito en el cielo y condenaron sin piedad a la titular del aviso. Manifestaron que esa actitud era “discriminatoria” y que, en consecuencia, había que aplicarle las normas correspondientes y no permitir semejante propuesta de alquiler.

 

Hubo llamados de radioescuchas que se plegaron a las invectivas de los conductores (por lo menos los que se pasaron al aire). Una señora muy ofuscada levantó la voz y señaló que debía detenerse a quien haya sido capaz de una iniciativa de esa índole puesto que “actitudes como la discutida arruinan la concordia argentina”. Otro fulano, que dijo ser ingeniero con experiencia en operaciones inmobiliarias de envergadura, espetó que habría que confiscarle la propiedad a la autora de “semejante anuncio”. Y así siguieron otras reflexiones patéticas y dignas de una producción cinematográfica de terror, sin que nadie pusiera paños fríos ni apuntara a introducir atisbo de pensamiento con cierto viso de cordura.

 

Entonces, vivimos la era en la que se discrimina lo que no debiera discriminarse y no se permite discriminar lo que debe discriminarse.  Por cierto, una confusión muy peligrosa. Algo aclara un pensamiento de Cantinflas: “Una cosa es ganarse el pan con el sudor de la frente y otra es ganarse el pan con el sudor del de enfrente”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.