La Escuela Austríaca de Economía

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2019/03/la-escuela-austriaca-de-economia.html

 

“La Escuela Austriaca de economía fue fundada en el año 1871 con la publicación de los Principios de economía de Carl Menger. Menger, junto con William Stanley Jevons y León Walras, desarrolló la revolución marginalista en el análisis económico. Menger dedicó sus Principios de economía a su colega alemán William Roscher, la figura principal en la Escuela Histórica Alemana de economía. La Escuela Histórica dominaba el pensamiento económico en los países de habla alemana. En su libro, Menger postuló que el análisis económico era susceptible de aplicación universal y que la unidad de análisis apropiada la constituía el ser humano y sus elecciones. Estas elecciones, sostenía Menger, están determinadas por las preferencias subjetivas individuales y por el marco en el cual estas decisiones son llevadas a cabo. La lógica de la elección, creía Menger, es el elemento esencial para el desarrollo de una teoría económica de validez universal.”[1]

A pesar de la gran importancia del descubrimiento de Menger su idea no tuvo general aceptación, ni en el campo académico ni -menos aun- en el del pensamiento económico vulgar y general, ni en su tiempo ni hasta la actualidad. La Escuela Austríaca de Economía comenzó siendo (y continúa siéndolo hasta el día de hoy) una posición minoritaria en el espacio del saber económico y -por desgracia- poco conocida y menos difundida todavía.

Es cierto que su divulgación es mayor hoy día que lo fue desde su aparición hasta no hace poco, pero, con todo, sus principios y postulados no ha logrado imponerse en dichos sectores y su enseñanza sigue acotada -comparativamente en relación a las escuelas económicas restantes- a muy pocos centros académicos, prestigiosos por cierto entre los cultores de la escuela, pero ignotos para los dominantes, que continúan siendo los sucesores de aquella famosa Escuela Histórica Alemana de economía, muchos de ellos hoy devenidos en entusiastas keynesianos e intervencionistas de toda laya, que han logrado no sólo imponer su paradigma, sino mantenerlo y “renovarlo” con “nuevos” sofismas para presentar como algo “innovador” lo que tiene muy antigua raigambre. Aunque los teoremas de nuestra escuela son de una lógica irrefutable, lo contraintuitivo de la ciencia económica -como enseñó Friedrich A. von Hayek- hace que no sean evidentes por sí mismos.

“La Escuela Histórica, por el contrario, sostenía que la ciencia económica es incapaz de generar principios de validez universal y que, por tanto, la investigación científica debía estar enfocada hacia análisis minuciosos de las circunstancias históricas. La Escuela Histórica pensaba que los economistas clásicos ingleses estaban equivocados al creer que existían leyes económicas que trascendían el tiempo y las fronteras nacionales (national boundaries). La obra de Menger venía a restablecer el punto de vista clásico de la economía política, que afirmaba la existencia de leyes universales; y para su demostración apeló al análisis marginal. Los estudiantes de Roscher, especialmente Gustav Schmoller, se opusieron totalmente a la defensa que Menger hizo de la “teoría” y etiquetaron la obra de Menger –y por extensión a sus seguidores Eugen Böhm-Bawerk y Friedrich Wieser–, con el término peyorativo de “Escuela Austriaca”, debido a que la mayoría de los profesorados implicados ejercían la docencia en la Universidad de Viena. Con el paso del tiempo, el término se impuso.”[2]

También es conocida con otros nombres, tales como “Escuela Marginalista” o “Escuela de Viena”. No obstante, es cierto que la denominación más utilizada es la de Escuela Austríaca de Economía. El carácter peyorativo de la designación (que bien se reseña en la cita) continuó durante muchos años hasta que se perdió memoria del debate entre los seguidores de Menger y los de Roscher. Hoy en día sólo para los pocos que conocen la escuela, sus orígenes y su historia, pero son adversos a la misma, el rótulo siegue conservando su carácter peyorativo. Naturalmente, para los partidarios de la Escuela, tal estigma no existe. Cabe puntualizar que la Escuela Histórica aplica a la economía los postulados historicistas que, en el ámbito de la filosofía, alcanza su máxima expresión con el pensamiento de Hegel, del cual los historicistas alemanes han extendido al área de la economía. Resultaba, pues, ser una tendencia propia de un pensamiento que estaba en boga entre los autores alemanes.

Lo peyorativo era obvio, por cuanto la Escuela Histórica era la de mayor prestigio de la época, y no querían verse confundidos con los austriacos que, por lo visto (a su criterio) merecían un tratamiento aparte. Lo más correcto -como se pudo apreciar por el devenir de la Escuela Austríaca de Economía- era y es haberla denominado Escuela Marginalista a pesar de que Jevons y Walras fueron marginalistas, pero no adherían a la Escuela Austríaca de Economía.

“Sin embargo, desde la década del ‘30, ningún economista de la Universidad de Viena ni de ninguna otra universidad austriaca ha sido una figura relevante de la Escuela Austriaca de economía[2] Durante los años treinta y cuarenta, la Escuela Austriaca se trasladó a Inglaterra y a los Estados Unidos, y los académicos asociados con esta línea de pensamiento económico se encontraban principalmente en la London School of Economics (1931-1950), en la New York University (1944-), en Auburn University (1983-) y en la George Mason University (1981-).”[3]

Resulta de importancia aclarar los motivos fundamentales de esta emigración, y que no son del todo explícitos en la cita (como hubiera sido de desear) y consisten en que la naturaleza de las ideas de la Escuela Austríaca de Economía tenía implicancias políticas que iban en contra de las tendencias del pensamiento dominante del momento, que no eran otras que las del comunismo, el fascismo y el nazismo que se extendían de manera vertiginosa a través de todo el mapa europeo. Los autores de la Escuela no contaban, pues, con ambientes que garantizaran el clima apropiado para continuar con sus estudios e investigaciones e, incluso, podían ver amenazadas su libertad personal y sus vidas mismas en alto grado. Tal era el clima del periodo que el autor que estamos comentando omite y que hubiera sido sumamente importante poner de relieve.

[1] Peter J. Boettke. *Hacia una Robusta Antropología de la Economía**La Economía Austriaca en 10 Principios* Instituto Acton Argentina. Trad: Mario Šilar.

[2] Boettke, ibidem.

[3] Boettke, ibidem

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Hayek y el uso del conocimiento en la sociedad, un clásico que hace tambalear al equilibrio general

Por Martín Krause. Publicado el 19/9/15 en: http://bazar.ufm.edu/hayek-y-el-uso-del-conocimiento-en-la-sociedad-un-clasico-que-hace-tambalear-al-equilibrio-general/

 

Los alumnos de la UBA Económicas, Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca),  leyeron el artículo de Hayek, “El uso del conocimiento en la sociedad”. Un artículo famoso, por supuesto, publicado en el American Economic Review y, tal vez, el más citado de este autor y el único que conozcan muchos economistas del mainstream.

Hayek

Curiosamente, muchos que lo leyeron parecen no haber considerado las consecuencias de sus conclusiones.

El artículo de Hayek es un torpedo que explota en la sala de máquinas del modelo de equilibrio general, desarrollado primero por Leon Walras y asumido como un elemento fundacional de la economía moderna bajo la forma del primer teorema de la economía del bienestar.

Este teorema sostiene que el equilibrio competitivo describe una situación donde los recursos se asignan en forma eficiente según el criterio de Pareto.

Hayek afirma en el artículo que el problema a resolver en la ciencia económica no es uno de asignación de recursos que están “dados” sino del uso del conocimiento limitado y disperso. El equilibrio general debe asumir que el conocimiento es perfecto, de otra forma no llegaría a alcanzarse, y esto es imposible. El equilibrio general, para Mises, es un modelo ideal que sirve para entender como la realidad “no es”.

La economía del bienestar pasa del análisis positivo al normativo; el equilibrio general “debería alcanzarse” y si el mercado no lo logra es porque falla (externalidades, bienes públicos, etc.), por lo que el gobierno debe intervenir para acercar la situación al óptimo de Pareto.

Pero el conocimiento, no solamente es limitado, sino que esta disperso entre todos los participantes del mercado, cada uno de los cuales tiene tan solo una porción. Además, ese conocimiento describe las condiciones particulares de tiempo y lugar que no se pueden transmitir al “planificador central” y se pierden en todo intento de planificación de la economía. Al mismo tiempo, “el hombre en el lugar” necesita información general para coordinar sus acciones con el resto, la que recibe a través del sistema de precios, que actúa como un gran sistema de telecomunicaciones.

Hayek sostiene que no un problema de planificación o no, sino de quién planifica. En el socialismo es el buró de planificación, en la sociedad libre hay mucha planificación pero descentralizada, ya que cada individuo y empresa planifican aprovechando su conocimiento particular.

Hasta ahí un breve resumen del artículo, del cual se pueden extraer muchas cosas más. Pero veamos algunas interesantes preguntas que plantearon los alumnos:

“¿Cuál es el problema que queremos resolver cuando tratamos de construir un orden económico racional en una sociedad compleja y con grupos con puntos de vista políticamente diferentes?”

Esos puntos de vista políticamente diferentes son uno de los problemas que enfrenta el planificador. Digamos que son las preferencias de los individuos por la provisión de bienes “públicos” (aunque el mercado puede proveer bienes con características de públicos y casi todos los estados terminan proveyendo bienes con características de bienes privados). El planificador tendría que conocer las preferencias de cada uno, en términos de que bienes y en que cantidades. Ejemplo: Prefiero yo mas educación o mas salud? o mas defensa? o mas justicia? Y en todo caso cuanto de cada una? Ni hablar de como definir “educación” (ir a la escuela, tener acceso a Internet, tener un tutor, buenas conversaciones en mi casa, padres que me ensenan).

Y, además, como se expresaría mi preferencia? El principal instrumento que tengo es el voto, pero Public Choice ya nos ha mostrado cuan rudimentario e imperfecto es este instrumento. Cuando voto a un candidato, que quiero decir respecto a mas o menos educacion, de que tipo, con que proveedores, etc. Y deberia agregar toda esa informacion en algo asi como una “funcion de bienestar general”. Precisamente es esto lo que algunos economistas han intentado hacer: un fracaso y un ridiculo.

El planificador, si quisiera organizar toda la sociedad, deberia tambien conocer mis preferencias por bienes privados: cuantas manzanas quiero, de que tipo, en que momento, etc. Pues esa informacion no la tiene disponible porque solamente se manifiesta como “preferencia revelada” en el momento en que compro tales manzanas en el mercado. Es decir, sin mercados, no puedo saberlo.

“Debemos, más bien, demostrar cómo se llega a una solución a través de interacciones entre individuos que poseen, cada uno de ellos, un conocimiento parcial. Por otro lado ¿Cómo suponer todo el conocimiento dado a una sola mente, como suponemos que nos es dado a los economistas en tanto que constructores de teorías explicativas? ¿Esto no es suponer el problema resuelto e ignorar todo lo que es realmente importante y significativo en el mundo real?”

Los economistas desarrollan teorias para tratar de explicar la realidad. A diferencia del planificador, compiten entre si, se encuentran en un entorno de mercado. Algunas teorias podran explicar la realidad mejor que otras. No hay una sola mente entre los economistas, hay muchas. Las teorias desarrollan modelos abstractos, simplificaciones de fenomenos complejos, no pueden describir toda la realidad, destacan sus aspectos mas importantes.

Jorge Luis Borges mostraba esto en forma ironica, el mapa perfecto tendria el mismo tamano de la region descripta. Desde esa perspectiva, todo mapa es “imperfecto” (pero al mismo tiempo util, a ninguno nos serviria un mapa de Brasil del tamano del Brasil!)

“¿Sería posible construir una sociedad y economía racional una vez que muchas personas, los estados y las organizaciones están más preocupados por maximizar su bienestar individual que con el colectivo?”

La respuesta a esta pregunta es el aporte mas extraordinario de la economia a las ciencias sociales: el concepto de orden espontaneo, la “mano invisible” de Adam Smith. Cada uno persigue su propio interes, pero se ve guiado a contribuir al bienestar de otros, incluso sin haberselo propuesto. Incluso mas que cuando se proponen contribuir al bienestar general.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Enorme aporte de Menger a la teoría del valor: la subjetividad determina precios y costos

Por Martín Krause. Publicado el 5/9/15 en: http://bazar.ufm.edu/enorme-aporte-de-menger-a-la-teoria-del-valor-la-subjetividad-determina-precios-y-costos/

 

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca), vemos a su fundador, Carl Menger, presentando su aporte más extraordinario: la teoría del valor. Esta teoría, de la utilidad marginal decreciente, es atribuida tanto a Menger, como a William Stanley Jevons y Leon Walras, ya que la presentaron cada uno de ellos en forma independiente, cada uno escribiendo en un idioma diferente. La teoría de la utilidad marginal dio por tierra con las teorías del valor basadas en el trabajo. Pero estos autores tenían sus diferencias.

En particular es interesante señalar el énfasis de Menger sobre el carácter “subjetivo” del valor. Esta característica tiene profundas consecuencias, que muchas veces los economistas no toman en cuenta, ya que pretenden resolver cuestiones realizando análisis de ‘costo-beneficio’ cuando éstos, tanto los costos como los beneficios, son subjetivos, y a menos que se revelen por medio de intercambios es imposible poderlos comparar. Y aun en ese caso, solamente podemos decir que quienes intercambiaron lo hicieron porque sus valoraciones subjetivas eran diferentes, pero no podemos decir cuánto.

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Aquí presenta el tema Menger en el Capítulo III de su libro Principios de Economía Política:

“El valor de los bienes se fundamenta en la relación de los bienes con nuestras necesidades, no en los bienes mismos. Según varíen las circunstancias, puede modificarse también, aparecer o desaparecer el valor. Para los habitantes de un oasis, que disponen de un manantial que cubre completamente sus necesidades de agua, una cantidad de la misma no tiene ningún valor a pie de manantial.

Pero si, a consecuencia de un terremoto, el manantial disminuye de pronto su caudal, hasta el punto de que ya no pueden satisfacerse plenamente las necesidades de los habitantes del oasis y la satisfacción de una necesidad concreta depende de la disposición sobre una determinada cantidad, esta última adquiriría inmediatamente valor para cada uno de los habitantes. Ahora bien, este valor desaparecería apenas se restableciera la antigua situación y la fuente volviera a manar la misma cantidad que antes. Lo mismo ocurriría en el caso de que el número de habitantes del oasis se multiplican de tal forma que ya la cantidad de agua no bastara para satisfacer la necesidad de todos ellos. Este cambio, debido a la multiplicación del número de consumidores, podría incluso producirse con una cierta regularidad, por ejemplo, cuando numerosas caravanas hacen su acampada en este lugar.

Así pues, el valor no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún una cosa autónoma, independiente, asentada en sí misma. Es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia. Y así, es completamente erróneo llamar “valor” a un bien que tiene valor para los sujetos económicos, o hablar, como hacen los economistas políticos, de “valores”, como si se tratara de cosas reales e independientes, objetivando así el concepto. Lo único objetivo son las cosas o, respectivamente, las cantidades de cosas, y su valor es algo esencialmente distinto de ellas, es un juicio que se forman los hombres sobre la significación que tiene la posesión de las mismas para la conservación de su vida o, respectivamente, de su bienestar.

La objetivación del valor de los bienes, que es por su propia naturaleza totalmente subjetivo, ha contribuido en gran manera a crear mucha confusión en torno a los fundamentos de nuestra ciencia.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El uso del conocimiento en la sociedad

Por Martín Krause. Publicado el 21, 22 y 23/2/14 en: http://bazar.ufm.edu

I

En la clase de Applied Economics, del Doctorado en Economia, los alumnos leyeron el artículo de Hayek, “El uso del conocimiento en la sociedad”. Un artículo famoso, por supuesto, publicado en el American Economic Review y, tal vez, el más citado de este autor y el único que conozcan muchos economistas del mainstream.

Curiosamente, muchos que lo leyeron parecen no haber considerado las consecuencias de sus conclusiones.

El artículo de Hayek es un torpedo que explota en la sala de máquinas del modelo de equilibrio general, desarrollado primero por Leon Walras y asumido como un elemento fundacional de la economía moderna bajo la forma del primer teorema de la economía del bienestar.

Este teorema sostiene que el equilibrio competitivo describe una situación donde los recursos se asignan en forma eficiente segun el criterio de Pareto.

Hayek afirma en el artículo que el problema a resolver en la ciencia económica no es uno de asignación de recursos que estan “dados” sino del uso del conocimiento limitado y disperso. El equilibrio general debe asumir que el conocimiento es perfecto, de otra forma no llegaría a alcanzarse, y esto es imposible. El equilibrio general, para Mises, es un modelo ideal que sirve para entender como la realidad “no es”.

La economia del bienestar pasa del análisis positivo al normativo; el equilibrio general “debería alcanzarse” y si el mercado no lo logra es porque falla (externalidades, bienes públicos, etc.), por lo que el gobierno debe intervenir para acercar la situación al óptimo de Pareto.

Pero el conocimiento, no solamente es limitado, sino que esta disperso entre todos los participantes del mercado, cada uno de los cuales tiene tan solo una porción. Ademas, ese conocimiento describe las condiciones particulares de tiempo y lugar que no se pueden transmitir al “planificador central” y se pierden en todo intento de planificacion de la economia. Al mismo tiempo, “el hombre en el lugar” necesita informacion general para coordinar sus acciones con el resto, la que recibe a traves del sistema de precios, que actua como un gran sistema de telecomunicaciones.

Hayek sostiene que no un problema de planificación o no, sino de quién planifica. En el socialismo es el buró de planificación, en la sociedad libre hay mucha planificación pero descentralizada, ya que cada individuo y empresa planifican aprovechando su conocimiento particular.

Hasta ahi un breve resumen del articulo, del cual se pueden extraer muchas cosas mas. Pero veamos algunas interesantes preguntas que plantearon los alumnos:

“¿Cuál es el problema que queremos resolver cuando tratamos de construir un orden económico racional en una sociedad compleja y con grupos con puntos de vista políticamente diferentes?”

Esos puntos de vista politicamente diferentes son uno de los problemas que enfrenta el planificador. Digamos que son las preferencias de los individuos por la provision de bienes “publicos” (aunque el mercado puede proveer bienes con caracteristicas de publicos y casi todos los estados terminan proveyendo bienes con caracteristicas de bienes privados). El planificador tendria que conocer las preferencias de cada uno, en terminos de que bienes y en que cantidades. Ejemplo: Prefiero yo mas educacion o mas salud? o mas defensa? o mas justicia? Y en todo caso cuanto de cada una? Ni hablar de como definir “educacion” (ir a la escuela, tener acceso a Internet, tener un tutor, buenas conversaciones en mi casa, padres que me ensenan).

Y, ademas, como se expresaria mi preferencia? El principal instrumento que tengo es el voto, pero Public Choice ya nos ha mostrado cuan rudimentario e imperfecto es este instrumento. Cuando voto a un candidato, que quiero decir respecto a mas o menos educacion, de que tipo, con que proveedores, etc. Y deberia agregar toda esa informacion en algo asi como una “funcion de bienestar general”. Precisamente es esto lo que algunos economistas han intentado hacer: un fracaso y un ridiculo.

El planificador, si quisiera organizar toda la sociedad, deberia tambien conocer mis preferencias por bienes privados: cuantas manzanas quiero, de que tipo, en que momento, etc. Pues esa informacion no la tiene disponible porque solamente se manifiesta como “preferencia revelada” en el momento en que compro tales manzanas en el mercado. Es decir, sin mercados, no puedo saberlo.

“Debemos, más bien, demostrar cómo se llega a una solución a través de interacciones entre individuos que poseen, cada uno de ellos, un conocimiento parcial. Por otro lado ¿Cómo suponer todo el conocimiento dado a una sola mente, como suponemos que nos es dado a los economistas en tanto que constructores de teorías explicativas? ¿Esto no es suponer el problema resuelto e ignorar todo lo que es realmente importante y significativo en el mundo real?”

Los economistas desarrollan teorias para tratar de explicar la realidad. A diferencia del planificador, compiten entre si, se encuentran en un entorno de mercado. Algunas teorias podran explicar la realidad mejor que otras. No hay una sola mente entre los economistas, hay muchas. Las teorias desarrollan modelos abstractos, simplificaciones de fenomenos complejos, no pueden describir toda la realidad, destacan sus aspectos mas importantes.

Jorge Luis Borges mostraba esto en forma ironica, el mapa perfecto tendria el mismo tamano de la region descripta. Desde esa perspectiva, todo mapa es “imperfecto” (pero al mismo tiempo util, a ninguno nos serviria un mapa de Brasil del tamano del Brasil!)

“¿Sería posible construir una sociedad y economía racional una vez que muchas personas, los estados y las organizaciones están más preocupados por maximizar su bienestar individual que con el colectivo?”

La respuesta a esta pregunta es el aporte mas extraordinario de la economia a las ciencias sociales: el concepto de orden espontaneo, la “mano invisible” de Adam Smith. Cada uno persigue su propio interes, pero se ve guiado a contribuir al bienestar de otros, incluso sin haberselo propuesto. Incluso mas que cuando se proponen contribuir al bienestar general.

En fin, habria mucho mas para comentar, pero el post se va a hacer muy largo. Seguire otros dias con otras preguntas.

II

Algunas preguntas más sobre el texto de Hayek:

1) ¿En qué fundamenta la siguiente afirmación: “quienes creen en la significación cada vez menor del cambio son generalmente los mismos que sostienen que la importancia de las consideraciones económicas han pasado a segundo plano debido a la creciente utilidad del conocimiento tecnológico”?

Está comentando una opinion de que el avance tecnológico hace necesarias menos decisiones “económicas”. Específicamente pone estos ejemplos:

“¿Es cierto que, por causa del complejo aparato de la producción moderna, las decisiones económicas son necesarias sólo de vez en cuando, tales como cuándo se erigirá una nueva fábrica o se introducirá un nuevo procedimiento? ¿Es también cierto que una vez que ha sido construida una planta lo demás es más o menos mecánico, determinado por el carácter de la planta y que poco queda por cambiar en un intento de adaptarse a las circunstancias del momento, que siempre están en constante cambio?”

Y contesta que no. Creo que en este mundo globalizado y en permanente cambio, donde se ha extendido la división del trabajo a nivel global, incluso con mucha más tecnología que antes, las decisiones empresariales a tomar no han disminuido. Entiendo que a eso se refiere Hayek, aunque escribiera en un momento donde no se había desatado lo que llamamos ahora “globalización”.

2) Con respecto a su afirmación, citando a Whitehead: “…la civilización avanza al aumentar la cantidad de operaciones importantes que podemos realizar sin pensar acerca de ellas” ¿Cómo es esto? ¿Quién entonces hace emerger y desarrollar la ciencia, la cultura?

Ese es el punto de la teoría evolutiva. Hay conductas que vamos asumiendo que ni siquiera podemos decir quien fue el primero que la practice. Pero van siendo aceptadas y se generalizan. No quiere decir hayan salido de la nada. A ver si puedo poner un ejemplo: ahora la gente sale a caminar o a correr mucho más que antes. Ha cambiado su conducta. ¿Podemos decir ahora quién creó esto? Imposible, me parece. Pero sin duda alguien empezó a decir algo, a hacerlo y fue copiado, a opinar que era saludable, etc, No se si es el major ejemplo pero pueden sugerir otros.

3) La siguiente afirmación: “Cuando los precios cotizados se han vuelto bastante rígidos, las fuerzas que operan en una medida considerable a través de cambios en los otros términos del contrato” explicaría, por ejemplo: ¿el desabastecimiento? o ¿el exceso de inventario por otro?

Copio el párrafo como lo tengo:
“Debemos ver el sistema de precios como un mecanismo para comunicar información si deseamos comprender su verdadera función, función que desempeña con menor perfección en la medida en que los precios se ponen más rígidos. (Aun cuando los precios cotizados se han puesto rígidos, las fuerzas que operarían a través de cambios de precio todavía operan, en buena medida a través de los cambios en otros términos del contrato). El hecho más significativo acerca de este sistema es la economía de conocimiento con la cual opera o, lo que viene a ser los mismo, cuán poco los participantes individuales necesitan saber para poder hacer la decisión correcta. En forma abreviada, por medio de una especie de símbolo, sólo la información más esencial es comunicada, y es comunicada sólo a aquellos que les concierne. Es más que una metáfora la descripción del sistema de precios como un tipo de mecanismo para consignar cambios o como un sistema de telecomunicaciones que permite al productor individual sólo observar el movimiento de unos pocos indicadores: como un maquinista puede observar las agujas de unos cuantos relojes, para adaptar sus actividades a cambios de los cuales puede ser que nunca conozca más que su reflejo en el movimiento de precios.”

Sugiero que cuando menciona “otros terminus del contrato”, se refiere a cosas tales como cantidades, o calidades. Y el ejemplo que pones es correcto. Cuando se establece un control de precios sabemos lo que ocurre, o desabastecimiento (ajuste por cantidad), o reducción de la calidad del producto controlado.

III

  1. Planteado el sistema económico como un orden espontáneo, cuál debería ser la formación del economista para analizar ese orden de la mejor manera.

Buena pregunta, además de estudiar teoría económica, habría que enfatizar el análisis de aquellas instituciones que con el resultado de procesos evolutivos, como la historia de la moneda, el Derecho, la moral, etc. Y descubrir cuales son ordenes espontáneos que se están desarrollando actualmente. Creo que el estudio de la historia del pensamiento económico le mostraría que la misma ciencia es el resultado de un orden espontaneo, de un proceso evolutivo. Y sugeriría ciertos campos relacionados con teorías evolutivas  como teoría de los juegos repetidos, psicología y antropología evolutiva, economía experimental. Dedico un capítulo del libro a estos temas: “¿Es posible la cooperación?”

 

  1. Es posible una combinación eficiente entre planificación individual y planificación centralizada.

Más que planificación centralizada, diría que es muy importante el rule of Law, la existencia de reglas de juego, e instituciones, que faciliten la interacción entre los miembros de una sociedad. Esto significa que ciertos servicios públicos han de ser provistos, que permitan la protección del Derecho de propiedad y los contratos. Y que para una mejor provisión de esos servicios será necesaria una Buena planificación, que en el ámbito público se refiere al presupuestario y un control sobre la eficiencia del gasto, como corresponde a cualquier organización.

  1. Desde las políticas públicas, nada se puede hacer para mejorar el funcionamiento del sistema de precios. Pareciera ser esa la conclusión.

Aquí es donde hay mucho para hacer, sobre todo porque gran cantidad de regulaciones, impuestos, aranceles y tarifas distorsionan los precios y los alejan de los precios libres. Hay, entonces, un gran campo de acción para desregular, modificar impuestos, reducir aranceles, convertir ‘tarifas’ en precios. Y algo más, un gran cambio en el sistema monetario, ya que las monedas inflacionarias distorsionan precios, la preferencia temporal y la tasa de interés. Todo esto, además, dadas las restricciones políticas que son de esperar, más la resistencia de grupos de interés que se verían perjudicados por los cambios, lo convierten en una pesada y difícil tarea, si es que, además, es políticamente posible. O sea que hay un gran campo de políticas públicas. No serian políticas públicas que busquen “planificar” y estarían menos sujetas a presiones de lobbies, aunque habría grupos que se beneficiarían con ellas.

Ya veremos más adelante que un marco institucional que permite y respeta la competencia desvía los esfuerzos de emprendedores hacia la producción de bienes y servicios, mientras que otro central en regulaciones y restricciones desvía esa actividad empresarial hacia la “la búsqueda de rentas”.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La tierra para quien la trabaja

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/8/13 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/cliches-antiliberales-2-la-tierra-para-quien-la-trabaja/

Esta consigna fue estandarte de las más importantes organizaciones enemigas de la libertad y de las dos instituciones sobre las que se sustenta: la propiedad privada y los contratos voluntarios. Cuando Emiliano Zapata gritó hace un siglo: “La tierra para quien la trabaja”, no hacía más que repetir lo que coreaban socialistas, comunistas, anarquistas, y otros movimientos e intelectuales antiliberales, tanto marxistas como no marxistas, incluyendo a destacados economistas como Henry George o Léon Walras. Cabe preguntarse por qué era así, y por qué ha dejado de serlo.

La tierra es un símbolo variado y remoto: la revolución neolítica giró en torno a su cultivo, y durante milenios su relevancia económica fue tan sobresaliente que no resulta extraño que la primera escuela de pensamiento económico, que fundó François Quesnay, la fisiocracia francesa del tercer tercio del siglo XVIII, la considerara el único factor de producción, la única causa genuina del valor y la riqueza. Su contemporáneo Adam Smith, que no llegó tan lejos, sí escribió que la agricultura era la más productiva de las actividades económicas.

A esta confusión, que asimila productivo con ponderación en el conjunto de la economía, se le unió otra confusión, también de antigua data, que separó la tierra de todo lo demás a la hora de justificar su propiedad privada. Se dijo que la tierra no podía ser apropiable porque no había sido producida por nadie, o porque Dios, al entregársela a Adán, lo había hecho a todos los seres humanos por igual. Un prócer del liberalismo como Locke llegó a sostener que la propiedad privada de la tierra sólo era legítima para un hombre siempre y cuando dejara para los demás “suficiente y al menos de la misma calidad”.

LIBERALES DECIMONÓNICOS

En esta confusión cayeron los liberales decimonónicos, como nuestro Álvaro Flórez Estrada y tantos otros, que defendieron la libertad política y la económica al tiempo que atacaban la propiedad de la tierra y aplaudían la desamortización. Cuando los socialistas clamaron después por la reforma agraria, y la llevaron a la práctica con resultados catastróficos, se apoyaban en esa tradición.

Ahora, sin embargo, ni los comunistas proponen arrasar con esa propiedad. Y no es porque se hayan vuelto liberales. La razón no es doctrinal sino empírica: el peso económico del sector primario es hoy muy reducido. Sigue habiendo ataques a la propiedad de la tierra de modo más elíptico, como cuando se habla de “recursos naturales” o “seguridad alimentaria”, pero hoy el grueso de los políticos, en vez de expropiar la tierra, se dedican, haciendo realidad la frase hayekiana de “los socialistas de todos los partidos”, a expropiar el recurso que para los socialistas era el gran creador de riqueza. Precisamente, el trabajo. Nadie rechaza su expropiación, nadie proclama: el trabajo para quien lo trabaje…

Y la agricultura y la ganadería, antiquísimos objetos de tributación, hoy son en muchos lugares del mundo objetos de subsidio.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.