LAUDATO: ¿SI O NO?

Por Gabriel J. Zanotti. 

 

La publicación de la encíclica Laudato si de Francisco ha producido un ruido que hace mucho no se veía en la opinión pública mundial. Él es especialista en hacer lío, así que podríamos dejar el lío como está porque él estaría conforme así.
Nuestros lectores, sin embargo, están acostumbrados a que nosotros arreglemos los líos, así que vamos una vez más a satisfacer la demanda subjetiva del mercado.
La Laudato si tiene tres aspectos: uno teológico, otro económico, otro científico.
El aspecto más importante, que es además el ámbito específico de las enseñanzas de la Iglesia, es el teológico. Allí hay un tema que ya quedado medio invisible o mejor dicho inaudible en medio de las voces agitadas, ya enojadas, ya laudatorias, de la Laudato.
Como todos sabemos, en el Génesis Dios le da al hombre la facultad de dominar la tierra. Pero ese “dominus” puede entenderse en dos sentidos: dominio como símbolo la dignidad de la naturaleza humana, creada a imagen y semejanza de Dios, sobre las cosas no humanas, o dominio como el ejercido por el dueño sobre su esclavo.
Pues bien: lo que Francisco enseña es que la relación del hombre con la naturaleza debe ser del primer modo. De esta manera ubica al tema ecológico en una perspectiva judeo-cristiana donde no hay panteísmo entre Dios y la naturaleza, donde la Tierra no es “madre” que sustituye al Padre creador. No: el ser humano no es hijo de la naturaleza, sino de Dios, y por su dignidad natural, superior, ontológicamente, a la naturaleza. Pero ambos (ser humano por un lado y tierra y demás seres vivos por el otro) son hermanos en creación, y como tal su relación no debe ser la de Caín, sino la de Abel, armonía perdida, sin embargo, en el pecado original.
Dicho esto, Francisco recuerda algo que en términos filosóficos se puede decir así: la relación del hombre con la naturaleza no debe reducirse a la sola racionalidad instrumental, donde lo único importante es una relación entre fines, medios, resultados y eficacia. Ello no es malo en sí mismo, al contrario, es necesario muchas veces planificar y evaluar, pero en la relación de hermandad donde el yo se vincula con un tú, el otro no es un mero instrumento.
Ahora bien, la naturaleza no es estrictamente un tú, pero tampoco, en una perspectiva cristiana, una merca cosa que tiene una relación de esclavitud con un dueño arbitrario que sería el hombre. En santos tales como San Francisco y Fr. Martín de Porres y su enternecedora relación con toda la naturaleza creada, Dios nos ha dado un símbolo que no se reduce, como muchas veces se ha hecho, a un cuentito dulce para niños. En ellos se ve una sensibilidad hacia todos los seres vivos que todo cristiano debe tener: una relación de hermandad, que no implica sumisión del hombre a la naturaleza, pero tampoco un dominio arbitrario de esta última o sólo reducido a una planificación racionalista, hija del Iluminismo. Esa relación de hermandad es una relación de armonía, donde la naturaleza puede servir, sí, para las necesidades del hombre, pero no para la arbitrariedad, la destrucción o la crueldad. Esa sensibilidad hacia la naturaleza como una hermana en armonía es una sensibilidad cristiana que no es nueva, aunque Francisco la esté recordando en este momento, y sus implicaciones sociales no radican en un determinado sistema sino en cambiar hábitos, en cuanto a consumo y-o protección de la naturaleza que nos rodea.
Todo esto es, sencillamente, lo más importante de la encíclica.
Luego están los temas económicos y científicos. Cuánto mercado o estado son necesarios para proteger el medio ambiente, o las hipótesis y diversos testeos empíricos sobre el tema del calentamiento global, son temas totalmente opinables en los cuales cualquier católico puede opinar libremente, no porque sean temas arbitrarios, sino porque las ciencias sociales y naturales comprometidas en esos temas tienen un margen de contingencia que no compromete al Magisterio de la Iglesia o al Catolicismo en cuanto tal. Desde esta perspectiva, el Instituto Acton, haciendo ejercicio de la legítima libertad que todo fiel tiene en esos temas, ha insistido siempre en que el mercado libre tiene mucho que ofrecer para el cuidado del medio ambiente, sobre todo a través de la internalización de externalidades negativas y privatización de bienes públicos estatales, todo ello a través de una mayor definición de los derechos de propiedad. Lo interesante es que autores partidarios de la sociedad libre, como Hayek y Feyerabend, han criticado fuertemente, en el núcleo central de su obra, a esa misma racionalidad instrumental que siempre ha criticado la Escuela de Frankfurt. El racionalismo constructivista, criticado por Hayek, y la unión entre estado y ciencia, criticada por Feyerabend, han llevado a una planificación racionalista que ha influido mucho en lo que Mises llama intervencionismo y que ahora se llama “crony capitalism”, ese contubernio entre estado y privados, estos últimos protegidos por los primeros, retrasando la aparición de nuevas alternativas de mercado en cuando a energías limpias, como energía solar.
Por lo tanto: ¿Laudato SI o NO? Pues en la perspectiva cristiana de la ecología, obviamente SI. En los temas opinables, si, no, ni, lo que (con estudio y prudencia) se pueda opinar. Pero con una importante coincidencia de fondo, más allá de los ruidos y líos que quiere el travieso Francisco.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Pope Francis And The Environment: Sound Theology, Politicized Science?

Por Alejandro A. Chafuén. Publicado el 16/6/15 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2015/06/16/pope-francis-and-the-environment-sound-theology-politicized-science/

 

Pope Francis’ encyclical on the environment is out. He chose words from St. Francis of Assisi “Laudato Si” (Praised be) to commence and title the text. He had plans to release the encyclical on the environment much earlier. He knew it was going to be controversial in the developed world so he continued to work on it and the Vatican prepared the ground with conferences and a media strategy. This is a long document. The Italian version was leaked to the public on June 15, three days before the day of its official release. It has six chapters for a total of 187 pages. For those who want to understand the role that an encyclical plays in the social doctrine of the Catholic Church I recommend a collection of articles devoted to this document that appear on a blog of the Acton Institute.

The introduction to “Laudato Si,” is inspired by the life and example of St. Francis. Part one tries to describe the “State of the Earth” or, in the Pope’s words, what is taking place in our home. The Pope makes a brief analysis of various aspects of today’s critical ecological issues and he states that he aims to rely on “the best fruits of scientific research now available.”

 

The second chapter is devoted to the Gospel of Creation, where he emphasized care over dominion. One of the sections of this chapter is devoted to the common destiny of creation. This does not make the Pope a communist. Actually, some parts of the encyclical sound similar to John Locke. In his “Second Treatise on Civil Government,” Locke writes on the destiny of earthly goods: “It is very clear that God, as King David says, ‘has given the earth to the children of men,’ given it to mankind in common.” Yet man also needs to be productive, Locke’s defense of private property also invokes the Creator. “Though the earth and the inferior creatures be common to all men, yet every man has a ‘property’ in his own ‘person.’” He continues, “God, when He gave the world in common to all mankind, commanded man also to labor, and the penury of his condition required it of him.” Proper stewardship is also required “Nothing was made by God for man to spoil or destroy.”
In the third chapter, the Pope describes what he considers the roots of the current situation, which he never fails to label a “crisis.” The culprits are the technocratic paradigm, modern anthropocentrism, and relativism. Whatever is technologically possible, if it leads to short term profits, is seen as good. The Pope is a strong critic of technological or market fundamentalism.

In chapter four he brings in the human being, especially in its social dimension, in order to come up with a more complete ecological outlook. It includes cultural and inter-generational aspects of the environmental debate. The Pope proposes an ecology which supplements the specific place the human being occupies in this world and the relations with the world around him.

The final two chapters are devoted to action and education. He proposes broad lines of dialogue and action that involve local and international political and regulatory bodies. With so much corruption and lack of transparency around the globe, there is no question that many environmental impact studies can also be affected. Pope Francis seems more skeptical of private sector, or free market solutions, than of government actions. Finally, in his recommendations for a new educational journey, he returns to Christian spirituality. He finds in his tradition abundant sources for a life of joy, peace, and simplicity that rejects “the throw away” culture.

Some of us who live in countries and cities with good drinking water, unpolluted rivers, and who have been enjoying cleaner air, might have trouble relating to the apocalyptic tone of most of the document. The term pollution or pollutant appears over 40 times. The term crisis over 30. The poor in many parts of the world suffer daily from environmental degradation and the Pope’s words will resonate with them. Although he points the finger at some inequalities, he avoids the term social justice.

Soon after his election, the Pope stated that he was planning to give more weight to the opinion of Bishops around the world. This encyclical proves it as he includes quotes from Bishop conferences from Australia, Canada, Germany, Philippines, Latin America, and more. I have never read an encyclical that has so many quotes from Bishop conferences. Except on the topic of population and the life of the unborn, the political and economic paragraphs of the document read like newsletters produced by politically correct center-left NGOs and government bureaucracies. In matters of dogma and faith the encyclical does not depart from the teachings of his predecessors. It is only in the latter topics that Roman Catholics regard an encyclical as infallible.

During the months after his election, when the Pope began to answer questions with great spontaneity and in very diverse settings, he was asked questions on bioethics. He answered candidly, “I better pass, because on this topic I am going to put my foot in my mouth” (in Spanish: “voy a meter la pata.”). It came as a good surprise, that paragraph 133, of the new encyclical, on Genetically Modified Organisms, had a very balanced approach. It does not condemn nor approve of GMOs, but points that GMOs have also originated in a spontaneous manner in nature; that they have led to huge advances, but that it is too early to know about all their long term effects. The Pope mentions on several occasions the possibility of unintended consequences of new technologies. He does not focus on the unintended consequences of government subsidies to “green projects.”
Although the Pope writes and speaks as he is not an expert on bio-technology—allowing for differences of opinion—when he speaks about political economic topics he does it with conviction and certainty. Like other Church documents, this one again cautions that “on many concrete issues the Church has no reason to propose a final word” and that it promotes and respects honest debate among scientists respecting the diversity of opinion. But on economic topics, “Laudato Si” seems one sided. A major guiding document of the Catholic Church, “Gaudium et Spes” (36:7), deplores “certain habits of mind, which are sometimes found among Christians, which do not sufficiently attend to the rightful independence of science and which, from the arguments and controversies they spark, lead many minds to conclude that faith and science are mutually opposed.”

If the Social Doctrine of the Church is seen as teaching one sided views on solar panels, carbon credits, or climate change, it might put into question the credibility of its other teachings as well.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.