La violencia solo se soluciona con más paz

Por Alejandro Tagliavini. Publicado en: https://alejandrotagliavini.com/2019/03/20/la-violencia-solo-se-soluciona-con-mas-paz/

 

Por tomar un ejemplo, cito a Jorge Galindo que escribió que “si el Estado no tiene el monopolio de la violencia, alguien lo tendrá…”, y sería el caos. Quizás, pero no olvidemos que la violencia induce, por el principio de acción y reacción, más violencia.

O, como decía el filósofo Franz Oppenheimer, “El Estado… es una institución forzada por un grupo victorioso sobre un grupo derrotado, con el propósito de regular… la explotación económica de los vencidos”.

Es decir, sea o no inevitable el Estado -el monopolio de la violencia- debemos tener claro que la paz se conseguirá en la medida en que disminuyamos la violencia y no -incoherentemente- aumentándola, reprimiendo más.

Los países con menos libertad -ver el índice que elabora The Heritage Foundation-, los más reprimidos por los Estados, son los más violentos. Países como Japón o Suiza, que gozan de mayor libertad, tienen bajos índices de delitos.

Por el contrario, Latinoamérica -donde los países tienen poca libertad- es la región con mayores índices de violencia urbana. Según el Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia Penal de México en 2018 solo tres ciudades sudafricanas, cuatro estadounidenses y la capital de Jamaica entran en el top dominado por Venezuela (6), Brasil (14), y, sobre todo, México (15) donde están cinco de las seis primeras.

De modo que no es con “la consolidación estatal, que permitiría reducir la violencia urbana… a volúmenes manejables” como dice Galindo sino al revés, que el Estado deje en libertad a sus ciudadanos.

“Las economías ilegales en general, y el narcotráfico en particular, constituyen el principal motor” de los delitos, continúa Galindo. Precisamente, por ello Portugal es uno de los países que ha conseguido bajar rápida y sustancialmente el nivel del crimen, porque legalizó las drogas -aunque sean muy dañinas- desarmando estas “economías ilegales”.

Por cierto, la guerra contra las drogas, como toda violencia, suele utilizarse arbitrariamente. Por caso, el presidente Duterte decidió que Filipnas abandone la Corte Penal Internacional porque no quiere que investigue su lucha contra el narco que avanza a un ritmo de mil muertos al mes.

El Estado tiene que disminuir toda imposición coactiva incluyendo leyes laborales, como la de salario mínimo que provoca desocupación ya que los empresarios no pueden contratar a los que ganarían menos. Y debe bajar impuestos, porque son la principal fuente de pobreza ya que los ricos los derivan subiendo precios o bajando salarios. Y los desocupados y pobres son caldo de cultivo para el delito.

Pero, además, en estas leyes coactivas nace la corrupción ya que los prohibidos de ciertas acciones se sienten inclinados a sobornar a los funcionarios que deciden la aplicación de las normas.

México batió sus propios récords de homicidios en 2017 y 2018, superando a Brasil y Colombia. “Hay dos grandes factores”, dice Santiago Rodríguez. La guerra contra las drogas y la búsqueda de nuevos mercados ilegales, como el robo de combustible de la corrupta empresa estatal Pemex que tiene el monopolio garantizado por la coacción estatal que prohíbe competencia.

Además, los Gobiernos deben evitar los malos ejemplos. El príncipe heredero de Arabia Saudita es recibido con “honores” por muchos mandatarios cuando según la CIA es el instigador del homicidio de Khashoggi.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Más allá de la necesaria privatización de Aerolíneas Argentinas

Por Adrián O. Ravier. Publicado el 2/7/13 en http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/07/02/mas-alla-de-la-necesaria-privatizacion-de-aerolineas-argentinas/

Hay una discusión más relevante en el mercado aeronáutico argentino que discutir si Aerolíneas Argentinas (AA) tiene que estar en manos del Estado o no. En la medida en que sea la única empresa que ofrece el servicio, los argentinos no podrán gozar de vuelos de calidad a bajo costo.

Fundada por un decreto de Juan Domingo Perón en 1950, esta aerolínea es hoy la mayor de su país, concentrando —según un informe del Banco Ciudad— alrededor de un 90 % de la demanda de vuelos de cabotaje. Su único competidor, la empresa chilena LAN, concentra el 10% restante.

AA ha mostrado en su historia una dinámica poco frecuente. En 1979 se transformó en sociedad del Estado. En 1990, en el marco de una ola de privatizaciones de aerolíneas en toda Latinoamérica, fue privatizada, reteniendo el Estado la deuda, y cayendo la empresa bajo el consorcio español Iberia. En 2001, comenzó un proceso de ampliación de la participación en manos de funcionarios españoles, traspasando finalmente la aerolínea al Grupo Marsans. Finalmente, en julio de 2008, AA fue parte de la ola de renacionalizaciones del gobierno de los Kirchner, volviendo a la administración pública.

Los problemas sindicales continúan. Los subsidios a la aerolínea también. Los altos costos en este mercado siguen haciendo prohibitivo el acceso al servicio. La mala calidad de los viajes —representados en demoras y cancelaciones de vuelo— resulta en una consecuencia obvia. Sin embargo, debemos observar aquí dos problemas diferentes: por un lado, el de su privatización o nacionalización. Ya forma parte de la agenda pública argentina de 2015 qué hará el nuevo gobierno con una empresa que hoy es financiada en una alta proporción por recursos tributarios, y no precisamente por los pasajeros que gozan del servicio. Mauricio Macri es quizás el único candidato presidencial que disparó la intención de reprivatizar la compañía.

Por otro, la apertura y desregulación del mercado. Que AA sea pública o privada resulta irrelevante, en comparación con la necesidad de desregular el mercado e ir hacia una política de cielos abiertos. Basta observar que tanto en EEUU como en diversos países de Europa se cuenta con aerolíneas estatales o de bandera y, sin embargo, el servicio es superior tanto en costo como en calidad.

Alberto Benegas Lynch (h) y Martín Krause dan en la tecla cuando afirman que “el cambio no se circunscribe a la venta de una empresa estatal ni a su paso a manos privadas, sino al marco regulatorio de la actividad que permite o restringe el funcionamiento del mercado. Es la competencia real o potencial la que incentiva a los agentes del mercado, en este caso las compañías aéreas, a reducir tarifas, ofrecer más servicios y mejorar la eficiencia. En la Argentina, en particular, por ser un país de grandes extensiones, las alternativas de transporte aéreo accesibles resultan de fundamental importancia”.

Los mitos en este campo son numerosos. La desregulación, para los mal informados, traería aparejado: 1) “el caos, la confusión y la
incertidumbre”, 2) destruiría empleos, 3) resultaría en monopolios, 4) haría a los cielos menos seguros, 5) se incrementarían las pérdidas de equipaje, la sobreventa de asientos, las demoras en las salidas y llegadas de vuelos, 6) bajaría la calidad de las comidas y otros servicios en vuelo, y 7) habría una congestión en los aeropuertos.

La evidencia empírica, sin embargo, contradice estas hipótesis. Herbert G. Gruble desarrolla precisamente un estudio comparado de la desregulación americana y la regulación canadiense, durante el período 1979 y 1988, y muestra sus conclusiones: “La performance comparativa de las aerolíneas de Canadá y EEUU entre 1979 y 1988 otorga una muy rara oportunidad de estudiar los efectos de los cambios en una política económica importante. Casi como un experimento de laboratorio, la industria de un país ha continuado operando en un entorno regulado mientras que en el otro se enfrentó a políticas totalmente diferentes, […] Los datos apoyan fuertemente el análisis teórico de los efectos de la desregulación. La mayor competencia en EEUU llevó a una notable reducción de los costos y tarifas en relación con los de Canadá. Tan espectaculares son los resultados que otras diferencias entre los dos países no pueden explicarlos. Generalmente, la desregulación aérea provee mayores beneficios a los consumidores”.

El caso chileno, también puede ilustrar la cuestión. Un trabajo de Jorge Asecio, publicado por el Instituto Libertad y Desarrollo, explica: “La incorporación de nuevas empresas prestatarias de servicios, así como la incorporación al mercado de nuevos y más modernos equipos de vuelo, que se adaptan mejor a los requerimientos de la demanda y presentan costos medios más bajos, aseguran un incremento de los niveles de demanda conocidos”. Además, agrega Asecio, “Las características del mercado llevaron a la autoridad a aplicar una política que permitiera generar condiciones de competencia, con lo cual se han obtenido incrementos de frecuencia, servicios a más bajo costo y una mayor cobertura aérea de nuestro país”.

En el caso de Inglaterra, la privatización de la British Airways es todavía recordada por el prestigio alcanzado en la calidad de sus servicios. El hecho de que las aerolíneas británicas compitan entre sí, como con aerolíneas extranjeras, dio como resultado que las tarifas de los vuelos que se originan en el Reino Unido sean, en general, más bajas que en los demás países europeos.

Por último, una mención especial merece el “Tratado de Cielos Abiertos para Europa”. Los 24 países miembros se resistieron durante un tiempo bastante prolongado a la desregulación, pero hoy disfrutan de los beneficios de una política de cielos abiertos entre Europa y EEUU, pudiendo volar libremente de un país a otro, y en muchos casos, a menores costos que en automóvil, autobuses o ferrocarril.

A modo de conclusión, no debemos confundir la privatización de la aerolínea argentina de bandera con una política de cielos abiertos. La desregulación, y su consecuente competencia, muestran beneficios en todos los mercados en los que se le da lugar.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Argentina: ¿Modelo de exportación?

Por Adrián Ravier. Publicado el 1/5/12 en: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/05/01/argentina-modelo-de-exportacion/

Muchos lectores recordarán las palabras de Krugman sugiriendo que Grecia, Irlanda o España abandonen el euro y copien la salida argentina de la Convertibilidad.En este momento, esas palabras resuenan, mientras el desempleo en España sigue en aumento, y las políticas de austeridad no muestran los efectos deseados. Incluso Alemania parece apoyar cierta relajación en estas políticas, lo cual abre una incógnita sobre el convencimiento de la Unión Europea hacia el rechazo de la propuesta original de Krugman.

En América Latina, la Argentina también es fuente de discusión. Con la nacionalización de Aerolíneas Argentinas, la estatización del sistema de pensiones y la expropiación de Repsol-YPF, ofrece muestra claras en sus intenciones de revertir el noventismo.

Pero aquí Argentina no está sola. Desde la llegada de Evo Morales, Bolivia ha hecho todo lo necesario para controlar los sectores energéticos de la economía, nacionalizando el sector de hidrocarburos en 2006, el de telecomunicaciones en 2008 y la generación eléctrica en 2010, además de nacionalizar cementos y minas. Hoy Evo Morales volvió a la carga y nacionalizó una empresa española de electricidad con un argumento similar al de Argentina con Repsol-YPF. Dice La Nación:

Morales justificó la expropiación asegurando que la española y su predecesora, Unión Fenosa, “en 16 años apenas ha invertido 81 millones de dólares, una inversión en término medio de cinco millones al año”, que consideró insuficiente.

Considerando que Kicillof ha dicho abiertamente que Argentina debe controlar los sectores energéticos, no sorprendería que profundice el modelo en el sentido de Bolivia. Y no sorprendería, luego, que el sentimiento anti-capitalista latinoamericano lleve a otros países de la región por el mismo canal.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

¿Qué le pasa a la izquierda latinoamericana?

Por Alejandro Tagliavini: Publicado el 26/3/12 en: http://www.analitica.com/va/internacionales/opinion/6537449.asp

Anticipando la visita de Benedicto XVI a la mayor de las Antillas, “La Santa Sede considera que el embargo es algo que hace que las personas sufran las consecuencias”, dijo el portavoz del Vaticano

 50 años de bloqueo sin dudas ayudaron a mantener la tiranía al dificultar el contacto con el exterior. Es que la violencia, como las leyes forzadas por los gobiernos, destruye y logra el objetivo contrario. Pero, aunque a veces la derecha le proporciona excusas, la izquierda es violenta por vocación: el estatismo supone la utilización del monopolio estatal de la violencia para “organizar” a la sociedad, imponiendo leyes contra el mercado natural. Dejemos el caso argentino, que coincide en el estatismo, pero realmente es neo (“aggiornado”) fascismo: corporativo, nacionalista (caso Malvinas) y fuertemente autoritario hasta llegar a funcionarios que extorsionan con revólveres.

A días de la visita del Papa, se reactivaron los arrestos. Por caso, unas veinte mujeres fueron detenidas la tarde del domingo 18 de marzo, mientras marchaban tras oír misa en Santa Rita, horas después de que otras 33 fueran arrestadas cuando iban a la misma iglesia. La líder de las Damas de Blanco y las otras detenidas fueron liberadas, algunas “deportadas” a sus ciudades de origen. Con estos hostigamientos y encierros por horas el gobierno se cubre: el blog oficialista Yohandry publicó el lunes que “No existe ninguna Dama de Blanco detenida en estos momentos”.

Chávez demuestra cómo la violencia de arriba se derrama: las leyes laborales, la inflación y los altos impuestos que provocan desocupación y miseria han convertido a este país en uno de los más violentos del mundo. Fueron 19 mil los homicidios registrados durante 2011 en Venezuela, 67 por cada 100.000 habitantes, según el Observatorio Metropolitano de Seguridad. La ironía es que muchos, asustados, piden más represión, que es lo que el gobierno quiere, sin advertir que es contraproducente ya que las cárceles forman peores delincuentes y las armas “defensivas” provocan situaciones más peligrosas.

Entrevistado por la TV española, Rafael Correa dijo algo tan poco creíble como que Human Rights Watch es financiada por el Cártel de Sinaloa, comandado por uno de los narcos más buscados, Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, una de las personas más poderosas del mundo según Forbes. Las autoridades colombianas confirmaron la alianza del cartel con las FARC: claramente terminada la “ilegalidad” del tráfico, coactivamente impuesta desde el gobierno, desaparecería una importante fuente de financiación terrorista. “¿Yo qué culpa tengo de tener un hermano así?”, ironizó el presidente ecuatoriano mostrando hasta dónde llega su agresividad, además de agredir permanentemente a la prensa, “Él se cree el líder de la oposición, pero todo el mundo sabe ese desequilibrio que tiene”, remató.

En la entrevista, el ecuatoriano analizó la Cumbre de las Américas a realizarse en Colombia, criticó la no invitación de Cuba y propuso “una agenda donde tratemos temas de fondo, como las Malvinas, o las drogas”. Y qué tal si hablamos, no de izquierdas o derechas, no de ideologías, sino de pacificar al mundo, de dejar de imponer cuestiones por la fuerza, de dejar de creer que la autoridad debe imponerse con armas, policías y ejércitos, de dejar de creer que las sociedades se organizan con “leyes” coactivamente impuestas por “el líder”.

 Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.