Brujos de la economía y charlatanes de la política

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/11/17 en: https://www.infobae.com/opinion/2017/11/28/brujos-de-la-economia-y-charlatanes-de-la-politica/

 

Los políticos no solo opinan de economía sin saber, también toman medidas o votan leyes que hacen verdaderos destrozos

 

Los “charlatanes” de la política y los “brujos” de la economía proponen soluciones mágicas a problemas estructurales. (Nicolás Aboaf)
Los “charlatanes” de la política y los “brujos” de la economía proponen soluciones mágicas a problemas estructurales. (Nicolás Aboaf)

Es muy común que gente sin formación profesional en economía opine con toda soltura y formule afirmaciones que son verdaderas burradas.

Esto suele pasar mucho en la dirigencia política. En efecto, la política, que se ha transformado en un fenomenal negocio para muchos que la practican, exige quedar bien ante el votante y, por lo tanto, opinan sin conocer. Lo grave con los políticos que opinan de economía sin saberes que no solo opinan, sino que también toman medidas o votan leyesque hacen verdaderos destrozos.

Una vez más se ha puesto de moda el argumento de que la restricción política impide adoptar ciertas medidas económicas. Las restricciones políticas y sociales harían inviable la solución a los problemas económicos generando un caos social y político, por lo tanto esto es lo máximo que se puede hacer.

Uno puede entender ciertas restricciones políticas y sociales, ahora relatar que no se pueden adoptar las medidas económicas necesarias por las mencionadas restricciones no implica que todo vaya a marchar sobre ruedas. En todo caso, los practicantes de la brujería económica no están haciendo otra cosa que relatar por qué vamos a tener problemas. Nos relatan por qué vamos a chocar y creen que relatándonos el choque, mágicamente los problemas se solucionarán.

En su libro El economista y la políticaWilliam Hutt analiza cuál es la función de los economistas que participan de la política. Resulta bastante claro que, muchas veces, los economistas terminan formulando propuestas económicas que se acomodan a los deseos de los políticos. Normalmente este comportamiento obedece a que los políticos suelen decir que tal o cual medida económica es políticamente inviable. Ante esta afirmación los economistas suelen acomodar la medida económica al gusto del político para hacerla políticamente viable, por más que lo políticamente viable sea una gigantesca payasada.

Dice Hutt en una parte de ese libro que muchas veces los economistas asesoran a los políticos para que estos terminen actuando como si no hubiesen sido asesorados por economistas. En otras palabras, si el economista acepta las llamadas restricciones políticas, lo más probable es que el político haga lo que le parece, como si nunca hubiese consultado a un economista.

Debo reconocer que es fácil para nosotros, los economistas, criticar a los políticos por ineptos, pero la realidad es que dentro de nuestro gremio ha habido cada economista en la función pública que mejor perderlo que encontrarlo. A esos economistas los llamo brujos de la economía. Ya sea por blandos, por baja capacidad profesional o solo por permanecer cerca del poder, muchos colegas han sido responsables de la decadencia económica argentina. Y luego están los charlatanes de la política que pontifican sobre economía y no tienen ni idea de cómo funciona esa ciencia.

Más de una vez, algún economista ha aceptado la restricción de lo “políticamente inviable” y terminó creyendo que podían sustituir una medida de reforma estructural con algún artificio financiero, monetario o cambiario. En la década del 80 caímos en la hiperinflación porque creyeron que los artificios financieros del Banco Central, manejando el endeudamiento, la tasa de interés y el tipo de cambio, era un sustituto de la baja del gasto público para equilibrar las cuentas del Estado.

Durante el gobierno de De la Rúa se creyó que el endeudamiento, como el blindaje y el megacanje, eran sustitutos de las reformas estructurales, en particular sustituto de la baja del gasto público. Lo echaron a Ricardo López Murphy por proponer una baja del gasto de USD 3.000 millones, porque era políticamente inviable y a los pocos meses, más precisamente en julio de 2001, terminaron bajando las jubilaciones y los sueldos de los empleados públicos bajo el nombre de política de déficit fiscal cero.

Pero la diferencia entre lo que proponía Ricardo López Murphy y lo que se hizo en julio de 2001 es que López Murphy proponía una reforma del estructural del Estado que permitiera bajar el gasto para equilibrar en forma ordenada las cuentas del sector público, en tanto que el déficit cero no implicaba una reforma estructural del sector público sino un corte horizontal para equilibrar las cuentas, es decir sin establecer prioridades en el gasto para dejar de gastar en lo que no era función esencial del Estado y así disminuir las erogaciones.

Recordemos que el rechazo de la dirigencia política a la propuesta políticamente “incorrecta” de López Murphy de bajar el gasto público porque iba a crear un caos social y político, terminó en una crisis político-institucional en diciembre de 2001, el corralito, el corralón, la confiscación de los depósitos, la pesificación asimétrica, una gigantesca devaluación y el estallido de la pobreza y la desocupación con una caída del PBI del 15% en 2002. En definitiva, estos que practican la brujería económica y la charlatanería política terminan haciéndole un daño inmenso a la población.

Pensemos que el gasto público se puede financiar de la siguiente manera:

1) Con impuestos
2) Con emisión monetaria
3) Con deuda pública interna y externa
4) Consumiendo el stock de capital
5) Confiscando activos

El kirchnerismo ya usó 4) y 5) al destruir el sistema energético, las rutas, el stock ganadero, etc., y el 5) cuando se apropió, con complicidad de casi toda la dirigencia política, de nuestros ahorros en las AFJP.

Con impuestos ya estamos en el límite, al punto tal que el presidente Macri reconoció que el contribuyente está agobiado. Emisión monetariase está utilizando, dado que el BCRA viene expandiendo el circulante a una tasa del 35% anual con adelantos transitorios al Tesoro que aumentaron el 112% en los últimos 12 meses, luego de haber colocado deuda interna vía LEBAC que ya supera el billón de pesos y aumentó el stock de esas letras un 64% en los últimos 12 meses.

Deuda externa también se está utilizando y el total de deuda colocada por el Tesoro en lo que va del gobierno de Cambiemos aumentó en USD 53.000 millones.

 La brujería económica y la charlatanería política terminan haciéndole un daño inmenso a la población

En definitiva, se están utilizando todos los instrumentos posibles para financiar el gasto público en esta política gradual y aun así el déficit fiscal consolidado, sin considerar el gasto cuasifiscal, no baja. Se mantiene en 7,5% del PBI como lo dejó el kirchnerismo, con lo cual se generan dudas sobre la efectividad del gradualismo. En rigor el déficit tenderá a aumentar por el mayor monto de intereses a pagar por el incremento del stock de la deuda pública que se toma para financiar el gradualismo.

Nadie está proponiendo echar a 1 millón de empleados públicos de un día para otro o eliminar en 24 horas todos los planes “sociales”. Esa es una caricatura que hacen los charlatanes políticos para quedar bien con los que los ponen en las listas de candidatos o bien porque quieren seguir currando con el negocio de la política.

Aprendamos de nuestro pasado cuando se creyó que tomar deuda era sustituto de reformas estructurales y pensemos que es mejor aplicar una política de shock anunciando un plan económico completo con reforma del Estado, tributaria, laboral, etc. y luego ir aplicándolo gradualmente a lo largo del tiempo, pero con la suficiente velocidad como para no terminar estrellados porque el financiamiento del gradualismo se corta antes.

Con el capital político que ha logrado Macri en las últimas elecciones, todavía estamos a tiempo de evitar otra desilusión si no se le hace caso a los brujos de la economía y a los charlatanes de la política que tanto daño le han hecho a la Argentina.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Pobreza: cómo sacar las tres mochilas que pesan sobre los inversores

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 21/3/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/03/21/pobreza-como-sacar-las-tres-mochilas-que-pesan-sobre-los-inversores/

 

La Argentina es un país sin tiempo. Sin embargo como sociedad actuamos como si nos sobrara. Ante cada indicador económico y social discutimos las causas, los motivos y los culpables. Ríos de tinta derrochados con los ojos en la nuca.

Nos regocijamos buscando culpables y facturando responsabilidades que nunca se pagan. Quizás un psicólogo nos diga que la mejor manera de evitar el duro trabajo de encarar la solución sea perder el tiempo echando culpas.

La pobreza al 32%, inflación al 20%, crecimiento para este año con suerte al 3% son indicadores de un problema muy serio. La Argentina está en decadencia desde hace décadas.

Los historiadores deberán estudiar las causas, los motivos y quizás los responsables. Sin embargo, los gestores de política pública son los encargados de llevar a cabo las soluciones. Si los gestores hacen historia, estamos en problemas.

Sabemos lo que fue el kirchnerismo desde el punto de vista de la corrupción, el dislate económico y la brutal decadencia conceptual. El peor de los legados, sin duda. No obstante, refugiarse en la herencia es un error, un desgaste de energía inconducente.

El Gobierno debió explicitar el 11 de diciembre de 2015 el detalle del desastre recibido. No lo hizo. Ya está, pasó la oportunidad. Ahora debe encarar las soluciones para disminuir rápidamente la pobreza, bajar la inflación y encarar una senda de crecimiento sostenido. La mala noticia es que continúa con medidas inútiles como la proliferación de planes. La buena noticia es que aún se está a tiempo.

Hay tres motivos por los cuales los pobres son pobres. Más allá de causas últimas como cuestiones educativas y culturales. Los pobres son pobres porque: no tienen trabajo; trabajan pero no producen; trabajan, producen pero lo que producen no vale.

Si lo que falta es demanda de trabajo, tenemos un problema en el mercado laboral. No hay vuelta, por más que la mitología política nos diga otra cosa. Si la oferta de trabajo es mayor que la demanda de trabajo, o bajan los salarios o bajan los costos laborales no salariales (legislación laboral).

Si una persona trabaja pero no produce, quiere decir que se esfuerza pero su esfuerzo no alcanza para transformar la materia. No tiene productividad. En este caso lo que falta es capital. A esa persona le falta una máquina, un bien de capital que lo ayude a producir más. Una persona que corta el pasto con la mano produce menos que lo que lograría ayudado por un tractor. La mitología política argentina pretendió solucionar la pobreza combatiendo al capital, el mejor amigo de los pobres. Nada ayuda más al trabajo que la inversión en maquinarias y equipos.

Por último, puede suceder que una persona trabaja, produce, pero lo que produce no vale. Por ejemplo, un cartonero, trabaja, carga cientos de kilos de cartón al día pero su esfuerzo vale 1,50 pesos el kilo (si tiene suerte). No tiene valor. En este caso, lo que hace falta es canalizar el esfuerzo hacia actividades más productivas. Falta apertura económica.

Por tanto, para solucionar la pobreza, contrariamente a lo que dice la liturgia política argentina, es necesario destruir las tres mochilas que pesan sobre los que invierten, crean trabajo y compiten. Esto es, la mochila fiscal, la regulatoria y la laboral.

La presión impositiva ronda el 45%-47% de los ingresos. En Argentina los impuestos son elevados, complejos y discriminatorios. No hay ni tiempo ni margen para la pinza de depilar. Debemos asumir una reforma impositiva revolucionaria. Es un delirio intentar cobrar con un sistema fiscal inviable. Debemos pensar en la derogación de la mayor parte de los impuestos nacionales y provinciales, y reemplazarlos por un impuesto único como los casos de Estonia e Irlanda, hoy los países que mayores inversiones reciben en Europa.

La mochila regulatoria frena, encarece y desanima proyectos de inversión nuevos y vigentes. La Argentina es una economía de permisos. Hay 800 mil empresas en el país que diariamente tienen que pedir permisos al Estado. Permisos para construir, comprar, vender, importar, exportar, producir, distribuir. Cada etapa productiva requiere un sello de un funcionario estatal. Para que un kilo de carne de pollo llegue a la mesa del lector, el sector avícola debió haber realizado 160 trámites diferentes. Según un estudio del Banco Mundial abrir una empresa en Argentina es cincuenta veces más caro que en Nueva Zelanda y catorce veces más engorroso. Las regulaciones condenan a un desocupado a ser piquetero antes que emprendedor. El permiso mata posibilidad.

En materia de legislación laboral, el subsidio al ausentismo, la elevada judicialización y los costos de la protección laboral disminuyen la demanda de empleo. Lejos de proteger al trabajador, la mochila laboral generó un ejército de desempleados.

La disminución de la pobreza no pasa por la distribución del ingreso ni por la proliferación de los planes sociales. Ya han demostrado el fracaso. Rotundo. La solución pasa por eliminar las mochilas que inhabilitan la productividad y el trabajo.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

¿Qué retraso cambiario?

Por Aldo Abram: Publicado el 9/9/16 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2016/09/09/que-retraso-cambiario/

 

Algunos industriales han planteado sus quejas sobre un supuesto retraso cambiario. Pero habría que entender a qué se refieren, ya que suele ser a que el tipo de cambio no es lo suficientemente alto como para compensar la ineficiencia de su empresa. En realidad, podemos definirlo en términos sencillos como que el poder de compra de un dólar en el mercado local es percibido como bajo. Esto no es raro. De hecho, desde el 17 de diciembre de 2015, cuando salimos del cepo y el tipo de cambio se ubicó en $14, el valor de la moneda estadounidense a nivel internacional cayó alrededor de 20%. O sea, debería comprar menos acá y en todo el mundo.

Por otro lado, en la medida que todavía siguen existiendo gran cantidad de restricciones a la importación que disminuyen la demanda argentina de divisas, tampoco es extraño que su poder adquisitivo local baje. Si se quiere que suba, hay que abrir la economía mucho más para aumentar la demanda de divisas; pero las presiones son para cerrarla. Lo cual sin duda es contradictorio y, por ende, absurdo.

Si alguien logra que protejan a su sector, éste puede sobrevivir a un tipo de cambio real demasiado bajo para su competitividad. Sin embargo, hunde aún más el valor local de las monedas extranjeras; por ende, a los sectores exportadores y a otros que compiten con importables que no fueron protegidos. Para generar un dólar de producción ineficiente (no puede competir con las importaciones), se desalienta la producción de los exportadores, que son eficientes. Si en nuestro trabajo priorizamos hacer aquello en lo que somos más improductivos, difícilmente logremos progresar. Como país pasa lo mismo, fomentar producción ineficiente desincentivando la de los eficientes termina disminuyendo el bienestar del conjunto de la comunidad. Lo malo es que hay economistas que piensan que pueden hacer magia y terminan empeorando las cosas.

Si cerramos la economía, permitimos que los productores locales puedan vendernos productos caros y peores; ya que no tienen que competir con los bienes que se ofrecen en el exterior. De esta manera, en la Argentina, todos esos productos serán caros respecto a lo que valen afuera y eso no tiene nada que ver con el tipo de cambio. En vez de poner a los empresarios al servicio de los consumidores, el proteccionismo pone a la gente al servicio de engrosar las ganancias de empresarios ineficientes. Otro absurdo.

No cabe duda que otro factor que hace caro los productos en la Argentina es el mayor costo tributario, laboral, regulatorio y de logística que gestaron nuestros gobiernos; lo que afecta también a los productos importados. La producción nacional de autos es un ejemplo que, más allá de ser una industria que en su mayor parte es viable con grandes restricciones a la importación, sufre una presión tributaria elevadísima. O sea, los vehículos son carísimos en el país por ambos factores, protección e imposición. Pretender resolver las comentadas causas del alto “costo argentino” con una devaluación es un placebo coyuntural, que baja los costos internos momentáneamente, y luego deja una resaca peor que la de antes.

Un caso clarísimo de encarecimiento por prebendas sectoriales es el del precio mínimo del crudo y el alto valor fijado para el gas, para favorecer la producción local. Menos energía importamos, menos dólares se demandan y, por ende, menos conviene producir divisas (exportar) o sustituir otras importaciones. Además, se elevan los costos internos de producción de las demás actividades, por lo caro del flete o de los insumos derivados del petróleo, haciéndolas menos competitivas y bajando su producción. También, se le quita demanda a otros sectores de la economía; ya que todos tienen que ajustarse el cinturón para pagar más al llenar el tanque. Conclusión, con la excusa de salvar unos miles de empleos se termina ahogando otras actividades y dejando a otras decenas de miles sin trabajo.

Sumemos otro ejemplo de cómo encarecer la Argentina,  la propuesta de obligar a los supermercados a dedicar un porcentaje de las góndolas a productos regionales, como hacen en Ecuador (¿un país a imitar por su progreso y desarrollo?). Si es para bajar los precios, es una medida absurda. Si esos bienes no están en la góndola, es precisamente porque es caro ponerlos allí. Por lo tanto, no hay forma que el aumento de los costos de comercialización de la cadena termine bajando los precios. Si el fin es que se promuevan las producciones regionales, es distinto. Ese instrumento puede servir para ello; pero aumentará el costo de intermediación y, por ende, los argentinos deberíamos asumir que pagaremos más caro lo que se vende en los supermercados. Este es el tipo de “mágicas” medidas arbitrarias que abundan actualmente y que si queremos desarrollarnos, debemos desmantelar, no incrementar.

Por último, el día que alguien investigue la cantidad de regulaciones innecesarias, tasas municipales absurdas e impuestos provinciales y nacionales astronómicos que cargan sobre todo el aparato logístico y de comercialización de la Argentina, entenderemos por qué pagamos lo que pagamos los argentinos en las góndolas. Hasta que no exijamos que se desmantele esta maraña de prebendas, de excesos de regulaciones absurdas y se busque un estado eficiente que podamos pagar, nos tendremos que conformar con ingresos de bajo poder adquisitivo.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

En torno a la “desocupación tecnológica”

Por Gabriel Boragina. Publicado el 28/3/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/03/en-torno-la-desocupacion-tecnologica.html

 

Se ha dicho que, en materia laboral, el problema es que el empleo será un bien cada vez más escaso en una sociedad con un progreso tecnológico que suplanta la mano de obra intensiva, sobre todo en la industria, aunque también en la agricultura como se ha visto con los “pooles” de siembra en Argentina. Pero la experiencia y la observación más simple desmienten por completo todo lo anterior, ya que es precisamente en las sociedades donde existe mayor progreso tecnológico donde el empleo aumenta y no al revés. Es el progreso tecnológico el que hace que hoy existan más industrias (ejemplo típico el de la gran industria informática, inexistente hace pocos decenios atrás). También es falso que aumente el desempleo en la agricultura, ya que este sector está cada vez más ligado al de la industria, lo que hace hoy en día una categoría obsoleta la antigua división entre “industria y agricultura”. Este último sector depende cada vez más del primero. Y al aumentar el empleo -por las razones señaladas antes- en el sector industrial también, por lógica consecuencia, aumenta el empleo en el sector agropecuario.
Pero se insiste que, frente a un empleo escaso, ¿como conseguir que toda lo población posea un standard de vida aceptable? En el punto anterior demostramos ser falso que el empleo fuera más “escaso por causa del progreso tecnológico”. Ahora diremos que el empleo no crea riqueza sino que es al revés: la riqueza crea empleo. Si de repente compro un campo que -sin saberlo yo antes- tenía un enorme yacimiento de oro, me volveré rico de la noche a la mañana sin haber trabajado ni un segundo. Que el trabajo “crearía riqueza” es la antigua y ya descartada “teoría laboral del valor” que propulsaran los tristemente célebres K. Marx y F. Engels. Sólo los ignorantes siguen propagando dicha “teoría” tantas veces refutada, especialmente por la Escuela Austriaca de Economía. Ninguna persona que posea mínimos conocimientos de economía cree ya en dicha falacia. El nivel de vida aceptable no viene dado por empleo, sino por la tecnología. Si un empleado de cocina hace una hamburguesa por día cuando una máquina hace 10 hamburguesas por día, la gente estará mejor alimentada en el caso de la máquina que en el del cocinero manual. En el segundo caso (el de la máquina) el estándar de vida de la gente es más aceptable con 10 hamburguesas diarias hechas por un aparato, que con una hecha por un hombre. Lo que prueba que es la tecnología y no el empleo lo que eleva el nivel de vida de la población.
También se dice que el área de servicios ha crecido en todos los países desarrollados, en detrimento de la industria y el campo. Pero es un error. El área de servicios si ha crecido, pero NO en “detrimento” de la industria y el campo, sino ACOMPAÑANDO a ambos en su crecimiento, tal como quedó explicado más arriba. Y este crecimiento fue puramente debido al progreso tecnológico más que a ninguna otra razón.
Pero –se afirma- aún en dichos países existe desempleo y subsidio a los desempleados. Existe sí, porque el subsidio a los desempleados es el que origina el desempleo, y no al revés. Si recibo un subsidio al desempleo ¿por qué me voy a molestar en buscar un empleo si puedo cobrar lo mismo o -al menos- algo sin hacer absolutamente nada? El subsidio al desempleo alienta el desempleo y no al revés. A mayor subsidio al desempleo, mayor desempleo. Es una regla que se cumple casi matemáticamente.
No se cree, en ocasiones, que una desregulación total de la economía asegure el pleno empleo. Pero la historia ha demostrado lo contrario, y lo sigue demostrando. Históricamente, las economías más desreguladas tienen mayores tasas de empleo. Donde la economía esta mas regulada el desempleo crece. Es cuestión de estudiar un poco mínimamente las estadísticas. La conclusión de estos estudios es muy clara: si la desregulación fuese total el desempleo caería a niveles cercanos a cero o a cero directamente. Se trata simplemente de aplicar la lógica a las comprobaciones estadísticas.
¿Qué sucedería –se pregunta- con los desempleados en el lapso de tiempo que lleve pasar de una economía dirigista a una economía en que el gobierno no estorbe “con regulaciones, leyes, y desde luego impuestos”? Los desempleados se irían reacomodando en nuevos puestos de trabajo, porque al irse abandonando el dirigismo el mercado empezaría a crear nuevas fuentes de empleo, además de las fuentes de trabajo que se irían liberando de la tutela dirigista, y los cambios se operarían en el sentido apuntado. Lo relevante es que en la actual economía dirigista mundial el desempleo crece y no baja. Acá es donde debemos centrar el foco de atención, y no en cuestiones anecdóticas. Sólo el mercado libre puede crear empleos. Ningún gobierno puede reemplazar al mercado ni en esto ni en nada. El gobierno sólo puede obstruirlo, anularlo o intentar aniquilarlo. Pero ni siquiera esto último puede lograr el gobierno (dirigista o no).
En el caso –se cuestiona- de que al lograr una desregulación total de la economía persista el desempleo: ¿Que se hace con los desempleados?. No es esto lo que ha sucedido nunca en ninguna parte donde se hayan realizado desregulaciones económicas. La experiencia histórica, la teoría y la estadística han demostrado (y siguen demostrando) que: a toda desregulación el empleo ha crecido. Y en sentido inverso: a mayor regulación el empleo ha disminuido. Tenemos que regirnos por los datos históricos y experimentales en este aspecto, y no a meras hipótesis o pareceres personales que, por muy respetables que sean (y lo son), no dejan de ser eso: meros pareceres personales. En suma, se plantea una hipótesis (“desregulación + desempleo”) que jamás se ha dado en ninguna parte. No existen razones ni lógicas ni de otro tipo como para que tengamos que suponer que ese escenario apareciera. En el plano de la realidad, estamos lejos de una desregulación total de la economía. No porque no sea deseable (lo es y mucho), sino por dos motivos fundamentales: ignorancia o mala fe en quienes deberían implementarla.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.