Un sistema perverso no se arregla con un buen management

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 11/12/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/12/11/un-sistema-perverso-no-se-arregla-con-un-buen-management/?fbclid=IwAR2RvoFZjzI69D4Gd_2M-C6kBN6akOL_DGfInlLVI4dL21X6ZJlgh-0Afv8

 

El Gobierno cayó en el error de dejar que sectores de la sociedad le reclamen al Estado que le quite a otro el fruto de su trabajo para que se lo dé al que no le pertenece. Al cumplirse 3 años desde que Cambiemos llegó al Gobierno, queda claro que su política económica no obtiene el mínimo de logros para conseguir el aprobado

En general, en los primeros 3 años de Gobierno, Mauricio Macri no ha podido dominar la economía, ni aun tomando el criterio que pidió para que evalúen su gestión: “cuánto disminuyó la tasa de pobreza”, ya que dudo seriamente que en un año le vaya a dar positivo el resultado.

El grave error de Cambiemos, y del Presidente en particular, fue creer que un sistema intrínsecamente ineficiente (el populismo) puede ser transformado en eficiente con un buen management. Mauricio Macri y sus principales colaboradores despreciaron la macro y creyeron que podían gestionar la herencia recibida.

Ese fue el error más grosero que cometieron porque a los problemas heredados le agregaron otros como el arbitraje tasa versus dólar, primero con las Lebac y ahora con las Leliq, que constituyen un polvorín en el que no puede haber la más mínima chispa.

Pero más grave aún, al considerar que no hacía falta un plan económico porque pensaron que podían administrar el desastre recibido, mostraron no comprender cómo funciona el proceso económico. El hecho de que muchos de ellos provengan del mundo empresarial no los hace conocedores del funcionamiento de la economía y su estrecha relación con la calidad institucional.

Sobre el tema institucional cometieron otro error, creer que porque Macri se sentara en el sillón de Rivadavia y Cristina Fernández de Kirchner se fuera derrotada, iban a llover las inversiones. Otro grosero error de apreciación.

Sin duda Argentina tiene mucha mejor imagen hoy ante el mundo, pero no por eso alguien va a venir a hundir una inversión con esta carga tributaria, esta legislación laboral y este nivel de gasto público alto e ineficiente.

Nuevamente, sobre el nivel de gasto público parecen no haberse preocupado demasiado y creyeron que el gradualismo iba a llevar a un crecimiento sostenido de la economía que, combinado con un gasto público congelado en términos reales, iba a termina licuando su peso sobre el PBI. El problema es que nunca dijeron por qué iba a crecer la economía. Pensaron en la magia de Mauricio Macri como presidente, de otra forma no se explica lo que hicieron.

Un espejo donde mirarse

Es más, no le dieron mucha importancia al gasto público/PBI si, como creyeron, en Europa el peso del Estado sobre la economía es similar y tienen un buen nivel de vida. Basta con ver lo que está ocurriendo en Francia en estos días para advertir que Europa, o buena parte de ella, está agobiada por el Estado de bienestar que aquí quieren copiar.

Si uno observa la evolución de la tasa de crecimiento del PBI por habitante en los últimos 56 años de las naciones que integran la Unión Europea puede ver una clara tendencia decreciente. De crecer a un ritmo en la banda del 4/6 por ciento anual, terminaron en el rango del 0/2 por ciento de aumento del PBI por habitante.

Como puede observarse en los gráficos previos, la UE y Francia, actualmente con serios conflictos en las calles, tienen un dibujo similar de tendencia hacia el estancamiento y menor tasa de aumento del PBI por habitante, por lo tanto, no es el mejor ejemplo a tomar para decir que en Argentina el problema no es el nivel de gasto público sino su calidad y que hay que administrarlo bien como en Europa.

En Argentina tenemos los dos problemas y Cambiemos creyó que podía solucionarlo con una buena gestión de un gasto público gigantesco, que impide todo crecimiento económico porque espanta las inversiones y eso lleva a que nunca se dé la licuación del gasto sobre el PBI por crecimiento de éste.

Pero, si de instituciones se trata, no es solo que el Gobierno no esté copado por una banda de delincuentes y corruptos. La calidad de las instituciones tiene que ver con que el Estado puede transformarse en ladrón para robarle el fruto del trabajo a quienes todos los días se esfuerzan por producir para repartirlo entre quienes viven a costa del trabajo ajeno.

El ABC de la equidad tributaria

Como dice el genial Fréderic Bastiat en su ensayo La Ley, refiriéndose a cómo la ley fue pervertida, “el gobierno ha puesto la fuerza colectiva al servicio de quienes quieran explotar, sin riesgo y sin escrúpulos, la persona, la libertad o la propiedad ajenas; ha convertido la expoliación, para protegerla, en derecho y la legítima defensa en crimen, para castigarla”.

Este ensayo, que fue escrito en 1850 tiene total vigencia en la Argentina actual cuando uno ve a los piqueteros “exigir” planes sociales y al Gobierno negociar con ellos. El Estado no tiene ningún derecho a negociar con nadie el fruto del trabajo ajeno.

¿Qué es lo que ocurre en este caso? En vez de que los piqueteros vengan a robarnos directamente, lo mandan al Estado a robarnos en nombre de la solidaridad social. Y el robado, que somos los expoliados impositivamente, pasamos a ser delincuentes si queremos defendernos de la expoliación impositiva, cuando no somos tildados de insensibles sociales. En definitiva, el orden jurídico es dado vuelta y el Estado, que tiene el monopolio de la fuerza para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas, utiliza ese monopolio de la fuerza para quitarle al que produce y dárselo al que no produce.

Bajo estas condiciones, se va desestimulando la inversión, la economía genera cada vez menos riqueza y la inseguridad jurídica es la regla que impera porque el Estado, en cualquier momento, puede recurrir a la expoliación impositiva o a la confiscación directa para financiar a los grupos que mayor presión hacen para quedarse con el fruto del trabajo ajeno.

Bajo este sistema, en que los diferentes sectores de la sociedad van a reclamarle que el Estado le quite a otro el fruto de su trabajo para que se lo dé al que no le pertenece, es un sistema perverso. Es un sistema que está basado en el robo de la riqueza y no en la generación de riqueza. Por eso decía desde el inicio, que Cambiemos cometió el grosero error de creer que un sistema perverso como este podía funcionar si tenía un buen management.

Ningún sistema económico basado en el robo legalizado, como lo llama Bastiat, puede funcionar con un buen management. Por definición está destinado al fracaso. Cambiemos no entendió la relación entre economía y calidad institucional.

Si Cambiemos logra ganar un segundo mandato y quiere tomar revancha de estos tres años de malos resultados económicos, va a tener que entender mejor cómo funciona la economía y su estrecha relación con la calidad institucional. Gerenciar “eficientemente” un sistema perverso no es el camino para terminar con 70 años de decadencia.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE  

Los delirios nazis de la diputada Carrió. Y su escaso respeto por la constitución nacional.

Por Guillermo Luis Covernton.

 

Las poco felices declaraciones recientes de la diputada Elisa Carrió, en un programa televisivo, conminando a los empresarios que producen mercaderías agrícolas que se exportan, a liquidarlas en el mercado interno, han provocado rechazo e indignación. https://twitter.com/elisacarrio/status/994752564775317509

Especialmente en aquellas personas que, en momentos tan graves para el país, han respaldado claramente el camino elegido por este gobierno, que gobierna legítimamente, luego de ganar 2 elecciones.

La diputada Carrió pretende hacer creer a la ciudadanía que los empresarios del agro, por el mero hecho de mantener su capital de trabajo en forma de las mercaderías  que ellos mismos producen, tiene algún tipo de “obligación”, que en caso de no ser cumplida estaría implicando una “falta de apoyo al gobierno” o una “falta de solidaridad para con sus conciudadanos.”

Pongamos las cosas en perspectiva. En primer lugar, no puede ignorarse que la mayor parte de la producción agropecuaria de esta campaña de cosecha gruesa se encuentra en planta. Es decir que no ha sido aún cosechada y sigue expuesta a las inclemencias del tiempo que amenazan con producir gravísimas pérdidas. Acusar entonces a estos empresarios de estar confabulando contra el gobierno no solo es falso, dada la imposibilidad que tienen de actuar de otro modo, sino que además, es un acto de presión injustificable y denigrante de su investidura de legisladora. Pero eso es irrelevante a los efectos del debate filosófico, que es lo que importa.

La principal obligación del estado es proteger la vida, la libertad y la propiedad de los ciudadanos. Porque esta última es la que les garantiza la defensa de las dos anteriores.

La constitución nacional, en su artículo 17 garantiza la integridad de este último derecho humano esencial:

“La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el artículo 4. Ningún servicio personal es exigible, sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie.”
http://leyes-ar.com/constitucion_nacional/17.htm

Los productores agropecuarios tienen el derecho, amparado por el ordenamiento constitucional, de comprar, vender, canjear o disponer de su propiedad como lo consideren más adecuado a la prosperidad de sus negocios. De hecho, deberían poder cobrar sus exportaciones en divisas y poder depositarlas en instituciones bancarias que no deberían poder cambiarlas a moneda doméstica y prestarlas, porque las normas de Basilea II condenan y prohíben lo que se conoce como el arbitraje de riesgos. Es decir, tomar dólares a una tasa de interés internacional y luego pasarlos a pesos y prestarlos a tasas de interés domésticas, más altas. Precisamente porque, en caso de devaluación, no podrían cubrir las pérdidas.

https://www.ucema.edu.ar/revista-ucema/nro35/comite-de-basilea

La pretensión de la diputada de obligar a los empresarios a exponer su patrimonio a un riesgo devaluatorio que está tan cantado y resulta tan evidente, es insostenible. Y se evidencia si miramos las tasas de interés reales que devengan hoy las letras del gobierno. Asimismo, que la diferencia generada por ese negocio ruinoso pase ilegítimamente a ingresar al patrimonio del fisco resulta una confiscación tan clara, que no merece ni siquiera explicarse.

https://www.cronista.com/finanzasmercados/La-tasa-de-Lebac-supero-el-100-por-expectativas-en-la-renovacion-del-martes-20180511-0078.html

Lo interesante es analizar porque un legislador puede cometer semejante atropello contra la propiedad y cuestionar la función empresarial y no ha sido inmediatamente repudiado por la sociedad en su conjunto.

La aspiración de que, todas las operaciones de exportación que generan ingresos de divisas, estén obligadas en plazos y montos a ser liquidadas a precios administrados por el Banco Central se apoya en una serie de normas regulatorias de tercera y cuarta categoría, que se inspiran en el nazismo. Y que deben ser derogadas para brindar la seguridad jurídica que permita la necesaria inversión, que este gobierno dice respaldar.

En 2014 tuvimos el privilegio de recibir en Argentina al gran economista español Pedro Schwartz, quien presidía la Sociedad Mont Pelerin de economistas. En su disertación brindada en la Universidad Católica Argentina, destacó que el control de cambios, así como se lo conoce actualmente, fue diseñado e implementado por Hitler, para poder así confiscar el patrimonio de los empresarios a su antojo.

https://twitter.com/Willy_Covernton/status/534456761449975808?ref_src=twsrc%5Etfw&ref_url=https%3A%2F%2Fes.panampost.com%2Fbelen-marty%2F2014%2F11%2F20%2Fescuela-austriaca-de-economia-ofrecio-soluciones-a-crisis-argentina%2F&tfw_creator=belenmarty&tfw_site=PanAmPost_es

Afortunadamente la ciudadanía en su conjunto ha rechazado masivamente en las urnas, a todos los proyectos hegemónicos y autoritarios que han pretendido avasallar a la libre empresa. La alianza que integra la desafortunada diputada fue elegida para terminar con esas pretensiones inconstitucionales. Ahora deberá honrar ese compromiso, bajo pena de perder su banca.

Y finalizo con una nota de color. La legisladora pretende poner en deuda al sector productor, alegando que su gobierno apoyó al agro reduciendo las retenciones a las exportaciones. Y olvida, patéticamente, que las retenciones a la soja todavía no han sido eliminadas, como se había prometido repetidamente durante la campaña electoral de la alianza. Y el grado en que han sido reducidas es ínfimo. El gobierno continúa confiscando casi un tercio de la facturación bruta, (antes de deducir los gastos), a este esforzado grupo de empresarios que son de los muy pocos que han desarrollado tanta competitividad internacional, que aun así logran mantenerse en el negocio. No sabemos por cuanto tiempo.

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular Ordinario de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

En tiempos de discusión de reformas, Juan Bautista Alberdi sobre ley fiscal, impuestos y la prosperidad futura

Por Martín Krause. Publicado el 5/11/17 en: http://bazar.ufm.edu/tiempos-discusion-reformas-juan-bautista-alberdi-ley-fiscal-impuestos-la-prosperidad-futura/

 

En su libro “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853”, Juan Bautista Alberdi analiza el texto entonces recién aprobado y su contenido económico, al que considera un plan para la prosperidad futura. En la Tercera Parte, Capítulo IV, se refiere a los impuestos. Algunos párrafos:

“Es verdad que la tendencia natural de la renta pública. es a ser grande y copiosa; pero en la doctrina económica de la Constitución argentina, la abundancia de la renta pública depende del respeto asegurado a los derechos naturales del hombre, en el empleo de sus facultades destinadas a producir los medios de satisfacer las necesidades de su ser. Esos derechos, en que reposa el sistema rentístico, el plan de hacienda o de finanzas, que es parte accesoria del sistema económico del país, son la propiedad, la libertad, la igualdad, la seguridad en sus relaciones prácticas con la producción, distribución y consumo de las riquezas.”

“La Constitución quiere que la ley fiscal o rentística respete y proteja esos derechos, lejos de atacarlos.

El estadista debe tener presente que esos derechos, manantiales originarios de toda riqueza, pueden ser atacados, por la ley orgánica de un recurso fiscal, y derogada de ese modo la Constitución que los consagra precisamente en el interés de la riqueza y del bienestar común. En efecto, los recursos contrarios a las garantías económicas que la Constitución establece en favor de todos los habitantes, son justamente contrarios al aumento del Tesoro nacional; es decir, que son opuestos a la Constitución por dos respectos, como hostiles al país en su riqueza, y como hostiles al gobierno en su Tesoro parásito del tesoro de los individuos.”

Adelanta, en relación a la recaudación aduanera (que entonces era la más importante), lo que ahora llamaríamos “Curva de Laffer”:
“Síguese de aquí que el medio más lógico y seguro de aumentar el producto de la contribución de aduana es rebajar el valor de la contribución, disminuir el impuesto en cuanto sea posible. En ningún punto la teoría económica ha recibido una confirmación más victoriosa de la experiencia de todos los países, que en la regla que prefiere muchos pocos a pocos muchos.”

Y luego:

“Si el impuesto bajo es tan fecundo en resultados con referencia a las aduanas, su total supresión por un término perentorio podría servir. de un estimulante tan enérgico, que en cortos años colocase a la Confederación a la par de Montevideo y de Buenos Aires, en el valor de su comercio directo con la Europa. La aduana es como el cabello en ciertas circunstancias: es preciso cortarla enteramente para que venga más abundante. – Los grandes hoteles suelen ofrecer gratis un banquete de inauguración al público, que más tarde indemniza a las mil maravillas el adelanto recibido bajo el color de una largueza. En el banquete de la riqueza de las naciones jóvenes, los millones por impuestos no percibidos, que aparecen arrojados a la calle, son adelantos para la adquisición de rentas futuras.”

“A falta de recursos extraordinarios para llenar el déficit, el primero de los medios puede suplirse con una rebaja de derechos tan franca y audaz, que casi se acerque de la total extinción de las aduanas.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Democracias que mutan en dictaduras

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 8/5/17 en: http://economiaparatodos.net/democracias-que-mutan-en-dictaduras/

 

Por eso es importante insistir en limitar el poder del estado y no tanto en el voto para elegir autoridades

La dictadura chavista que hoy está cometiendo todo tipo de terrorismo de estado, encarcelando a opositores y asesinando a mansalva al pueblo venezolano surgió del voto popular. No es la primera vez que la democracia muta en dictadura. Hitler ganó las elecciones de noviembre de 1932 con el 33% de los votos. Sin embargo, por esas cosas de la historia, terminó siendo nombrado canciller estableciendo una de las dictaduras más sangrientas de la historia y sumergiendo a Europa en la Segunda Guerra Mundial.

Hay dos formas de llegar a una dictadura: 1) mediante las armas y 2) mediante el voto. En el caso 1) tenemos a Fidel Castro que bajo el argumento de luchar contra la dictadura de Batista, fue apoyado por el pueblo cubano y luego, una vez en el poder, estableció una dictadura mucho más feroz que la del sargento Fulgencio Batista. Castro se cuidó muy bien de no comunicar sus aspiraciones de establecer una dictadura comunista en Cuba y solo lo expresó abiertamente cuando tenía el control absoluto del poder armado.

Chávez primero intento llegar al poder por medio de un golpe de estado en febrero de 1992 y luego gana las elecciones presidenciales de 1998 pero escondiendo sus verdaderas intenciones de establecer una dictadura.

En nuestro país el kirchnerismo usó el voto para llegar al poder y luego, con recursos que le permitieron aplicar populismo en abundancia, quisieron “ir por todo” que no era otra cosa que establecer una dictadura simulando un sistema democrático.

Es claro que la democracia puede mutar en dictadura si los valores que imperan en una sociedad no son los de la libertad y el límite al poder del estado no es sólido. En una república democrática no solo es relevante la forma en que se eligen los gobernantes, el voto, sino que más importante aún es establecer límites al poder del estado. Es que en una democracia republicana el ciudadano se desarma y le entrega el monopolio de la fuerza al estado para que este defienda el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Si luego de asumido el poder mediante el voto, la persona elegida usa el monopolio de la fuerza contra los ciudadanos, la democracia republicana muta en dictadura y resulta muy difícil quitársela de encima sin derramar sangre.

En la década del 70 una ola terrorista impulsada, apoyada, entrenada y financiada por Cuba y la URSS intentaron, mediante el uso de las armas, establecer dictaduras marxistas en casi toda América Latina. Esos intentos no contaron con el apoyo de la población y fueron derrotadas por las fuerzas armadas de cada país. Unas veces manteniendo la democracia republicana y otras mediante golpes de estado. Latinoamérica fue objeto de una agresión externa bajo la forma de terrorismo. Es decir, fue un terrorismo de estado exportado por Cuba hacia los países latinoamericanos. Fidel Castro utilizó el poder del estado cubano para financiar, entrenar y apoyar el terrorismo de las diferentes bandas de terroristas. Por eso lo hecho por el ERP y Montoneros fue terrorismo de estado, pero un terrorismo de estado apátrida porque, incluso, esos terroristas traicionaron a su país para intentar tomar el poder y ponerlo bajo la órbita del poder de marxista de Fidel Castro. El objetivo subordinar la independencia Argentina a los caprichos autoritarios de Fidel.

La ola de dictaduras latinoamericanas de fines de los 90 y principios de los 2000 comprendió que el camino para conseguir el poder no pasaba tanto por las armas, sino por el apoyo del pueblo. Para eso usaron la democracia republicana para llegar al poder y una vez en el poder, con el beneficio de buenos precios internacionales de los precios de exportación, consiguieron el favor del votante repartiendo dinero a diestra y siniestra. El objetivo era: 1) ganarse el favor del votante mediante la distribución populista del ingreso y 2) ir controlando los resortes del poder usando el monopolio de la fuerza persiguiendo implacablemente a los opositores. Un verdadero terrorismo de estado surgido del voto.

Obsérvese que la mayoría de los dictadores surgidos del voto han buscado la reelección indefinida. En unos casos lo lograron y en otros el pueblo le puso un límite. Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Cristina Fernández en Argentina son tres ejemplos. El proyecto kirchnerista era muy similar al del chavismo pero Cristina Fernández se topó con una resistencia pacífica de la población que en 2013 le cerró las puertas a la reforma constitucional y a perpetuarse en el poder.

Es que una vez que estos gobiernos autoritarios surgidos del voto van ejerciendo el poder, terminan en la corrupción y en la violación de los derechos individuales que les impide dejar el poder. Saben que pueden ir presos por corrupción y abuso del poder, por lo tanto tratan de perpetuarse en el gobierno para su propia protección. Para alcanzar ese objetivo llega un punto en que tienen que ser cada vez más violentos con la oposición, más autoritarios en la política economíca que agoniza y más arbitrarios en el uso del monopolio de la fuerza.

Por eso es importante insistir en limitar el poder del estado y no tanto en el voto para elegir autoridades. En ser absolutamente intransigentes con la redistribución arbitraria de la riqueza y el ingreso, porque es esa redistribución arbitraria de la riqueza y el ingreso el arma que usan los gobierno autoritarios para perpetuarse en el poder. Necesitan robarle el fruto de su trabajo a unos pocos para luego repartirlo entre muchos que son los que les van a dar su voto para seguir en el poder. Cuando los recursos se acaban por la misma dinámica saqueadora del gobierno, entonces la represión se hace sentir sobre los sectores más humildes, como puede verse en Venezuela.

El huevo de la serpiente para que las democracias muten en dictadura está en ese poder que se le otorga a los gobernantes para repartir la riqueza a su gusto, comprando voluntades políticas. La democracia republicana puede ser atacada por su peor enemigo, las dictaduras, gracias al llamado estado benefactor que elimina el límite que debe tener el estado.

En definitiva, la socialdemocracia ha transformado la democracia en una competencia populista para terminar estableciendo dictaduras como la chavista. Ser absolutamente severos limitando el poder del estado es la única forma de evitar que democracias republicanas terminen en feroces dictaduras como la que está padeciendo el pueblo venezolano.

Recordemos, lo importante no es solo votar para elegir las autoridades, lo más importante es limitar el poder de esas autoridades surgidas del voto.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Friedrich Hayek en “La Fatal Arrogancia”: el origen de la propiedad, la libertad y la justicia

Por Martín Krause. Publicada el 4/2/17 en: http://bazar.ufm.edu/friedrich-hayek-la-fatal-arrogancia-origen-la-propiedad-la-libertad-la-justicia/

 

Con los alumnos de Economía e Instituciones vemos un capítulo del libro de Hayek “La Fatal Arrogancia”, donde trata del origen de la propiedad, la libertad y la justicia:

Nadie que valore la sociedad civilizada osará recusar la propiedad plural. La historia de una y otra están íntimamente ligadas. Henry Sumner Maine

La propiedad…, por lo tanto, es intrínsecamente inseparable de la economía humana en su modalidad social. Carl Menger

El hombre está capacitado para disfrutar de las libertades civiles en la misma medida en que esté dispuesto a contener sus apetitos, sometiéndolos a algún condicionamiento moral; lo está en la medida en que su amor por la justicia prevalece sobre su rapacidad. Edmund Burke

La libertad y el orden extenso

Establecido que, en definitiva, fueron la moral y la tradición —más que la inteligencia y la razón calculadora— las que permitieron al hombre superar su inicial estado de salvajismo, parece razonable también situar el punto de partida del proceso civilizador en las regiones costeras de Mediterráneo. Las posibilidades facilitadas por el comercio a larga distancia otorgaron ventaja relativa a aquellas comunidades que se avinieron a conceder a sus miembros la libertad de hacer uso de la información personal sobre aquellas otras en las que era el conocimiento disponible a nivel colectivo o, a lo sumo, el que se encontraba en poder de su gobernante de turno el que determinaba las actuaciones de todos. Fue, al parecer, en la región mediterránea donde por primera vez el ser humano se avino a respetar ciertos dominios privados cuya gestión se dejó a la responsabilidad del correspondiente propietario, lo que permitió establecer entre las diferentes comunidades una densa malla de relaciones comerciales. Surgió la misma al margen de los particulares criterios o veleidades de los jefes locales, al no resultar posible entonces controlar eficazmente el tráfico marítimo. Cabe recurrir a la autoridad de un respetado investigador (al que ciertamente no se puede tildar de proclive al mercado) que se ha expresado en los siguientes términos:

“El mundo greco-romano fue esencial y característicamente un mundo de propiedad privada, tratárase de unos pocos acres o del las inmensas posesiones de los emperadores y senadores romanos; era un mundo dedicado al comercio y a la manufactura privados” (Finley, 1973:29).

Tal orden, basado en la integración de muchos esfuerzos orientados al logro de una pluralidad de metas individuales, sólo devino posible sobre la base de eso que yo prefiero denominar propiedad plural, expresión acuñada por H. S. Maine y que considero más adecuada que la de “propiedad privada”. Si aquélla constituye la base de toda civilización desarrollada, correspondió en su día, al parecer, a la Grecia clásica el mérito de haber por vez primera advertido que es también intrínsecamente inseparable de la libertad individual. Los redactores de la Constitución de la antigua Creta “daban por sentado que la libertad es la más importante aportación que el Estado puede ofrecer; y precisamente por ello, y por ninguna otra razón, establecieron que las cosas perteneciesen indubitablemente a quienes las adquirieran. Por el contrario, en los regímenes en los que prevalece la esclavitud todo pertenece a los gobernantes” (Estrabón, 10, 4, 16).

Un importante aspecto de esa libertad —la posibilidad de que los individuos o subgrupos puedan dedicar sus esfuerzos a la consecución de una amplia variedad de fines, fijados en función de sus particulares conocimientos y habilidades— sólo resultó posible a partir del momento en que, aparte del plural control de los medios, pudo contarse también con otra práctica que ha sido siempre inseparable de la primera: la existencia de reconocidos mecanismos para su transmisión. Esa capacidad individual de decidir autónomamente acerca de cuál deba ser el empleo a dar determinados bienes —en función de los personales conocimientos y apetencias (o el de los del colectivo en el que el actor haya decidido libremente integrarse)— depende de que, de manera general, se acepte la existencia de ciertos dominios privados dentro de los cuales puedan los diferentes sujetos disponer las cosas a su gusto, así como de una también consensuada mecánica de transmisión a otros de tales derechos. Desde la Grecia clásica hasta nuestros días, la condición esencial a la existencia de los derechos dominicales, así como el correspondiente orden de libertad y pacífica convivencia, ha sido siempre idéntica: la existencia de un estado de derecho encarnado en una normativa de carácter general que a cualquiera permita determinar quiénes son los sujetos o entes a los que corresponde establecer lo que procede hacer con los bienes ubicados en el ámbito personal.

Respecto de ciertos bienes (por ejemplo las herramientas) debió surgir ya en fechas muy tempranas el concepto de propiedad privada. Este concepto pudo originar vínculos de unión tan fuertes que hasta hayan impedido por completo su transferencia, por lo que el utensilio en cuestión solía acompañar a su dueño hasta la tumba, cual testimonian los tholos o enterramientos de falsa bóveda del período micénico. Produciríase, en este caso, cierta identificación entre la figura del “creador” de la cosa y su “propietario legítimo”. Numerosas han sido las modalidades según las cuales ha evolucionado en el tiempo dicha idea fundamental —evolución muchas veces sin duda ligada con la leyenda, cual acontecería siglos después con la historia del rey Arturo y su espada Excalibur, relato según el cual la transferencia del arma tuvo lugar, no por aplicación de una ley establecida por los hombres, sino en virtud de una ley “superior” relacionada más bien con “los poderes”.

La extensión y refinamiento del derecho de propiedad tuvo lugar, como sugieren estos ejemplos, de manera gradual, no habiéndose alcanzado aún hoy sus estadios finales. El respeto a la propiedad no dispondría ciertamente de gran arraigo entre las bandas de cazadores y recolectores en cuyo seno cualquiera que descubriera una nueva fuente de alimentación o un más seguro refugio quedaba obligado a comunicar su hallazgo al resto de sus compañeros. Probablemente, los primeros artículos no fungibles personalmente elaborados quedarían ligados a sus creadores simplemente por el hecho de ser ellos los únicos capaces de utilizarlos. Nuevamente cabe recurrir al ejemplo del rey Arturo y su espada Excalibur, pues, aunque no fuera éste quien con sus manos la forjara, era ciertamente el único capaz de blandirla. La propiedad plural relativa a los bienes de carácter fungible debió aparecer más tarde, a medida que avanzara el proceso de debilitamiento del espíritu de solidaridad de grupo y fuera asumiendo el sujeto cada vez en mayor medida la responsabilidad de asegurar el sustento de determinados grupos de menor tamaño, tal como la unidad familiar. Fue probablemente la necesidad de disponer de una mínima unidad productiva viable lo que dio lugar a que la propiedad de la tierra pasara de colectiva a privada.

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

El corrupto progresismo

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 20/6/16 en: http://economiaparatodos.net/el-corrupto-progresismo/

 

Si algo tenemos que aprender los argentinos de estos 12 oprobiosos años de kirchnerismo, es a desconfiar de todos aquellos que prometan utilizar el estado para implementar planes “sociales”

Seguramente los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández pasarán a la historia como uno de los más corruptos de la historia argentina. Es puro verso eso de que con Néstor hubiese sido diferente. Néstor Kirchner fue el que armó toda la arquitectura para transformar el aparato estatal en un sistema de represión y persecución de quienes pensaban diferentes, y también construyó un sistema de corrupción como nunca se había visto, al menos en la Argentina contemporánea.

Si algo tenemos que aprender los argentinos de estos 12 oprobiosos años de kirchnerismo, es a desconfiar de todos aquellos que prometan utilizar el estado para implementar planes “sociales”, y regular la economía en beneficio de la sociedad.

Tampoco es casualidad que el gasto público haya llegado a niveles récord. El gasto público fue la fuente de corrupción que permitió implementar el latrocinio más grande que pueda recordarse de la historia económica para que unos pocos jerarcas k engrosaran guarangamente sus bolsillos al tiempo que hundían a la población en uno de los períodos de pobreza más profundos.

Con el argumento de la solidaridad social se lograron varios objetivos simultáneamente: 1) manejar un monumental presupuesto “social” que dio lugar a los más variados actos de corrupción (sueños compartidos, Milagro Sala, etc.) 2) crear una gran base de clientelismo político para asegurarse un piso de votos. O me votás o perdés el subsidio. Como la democracia se transformó en una carrera populista, el reparto de subsidios sociales se transformó en una base electoral importante, 3) crear millones de puestos de “trabajo” a nivel nacional, provincial y municipal para tener otra base de votos cautivos. O me votas o perdés el trabajo y 4) una economía hiper regulada por la cual para poder realizar cualquier actividad el estado exige infinidad de formularios y aprobaciones de diferentes departamentos estatales. Estas regulaciones no tienen como función defender al consumidor como suele decirse, sino que el objetivo es poner barreras burocráticas a los que producen para forzarlos a pagar coimas para poder seguir avanzando produciendo. Un ejercicio al respecto lo hizo hace años Hernando de Soto, en Perú y se plasmó en el libro El Otro Sendero. La idea era ver cómo la burocracia peruana iba frenando toda iniciativa privada con el fin de coimear.

Manejar miles de millones de dólares en gasto público, encima manejarlos bajo la ley de emergencia económica que permite reasignar partidas presupuestarias por DNU sin que se discuta en el Congreso el uso de los fondos públicos, es el camino perfecto para disponer de abundantes fondos para el enriquecimiento ilícito.

La clave de todo el proceso de corrupción pasa, por un lado, por denostar la libre iniciativa privada y enaltecer a los “iluminados” políticos y burócratas que dicen saber elegir mejor que la misma gente qué le conviene a cada uno de nosotros. Ellos son seres superiores que tienen que decidir por nosotros.

Establecida esa supuesta superioridad del burócrata y del político en términos de qué, cuánto y a qué precios hay que producir y establecida la “superioridad” moral de los políticos sobre el resto de los humanos auto otorgándose el monopolio de la benevolencia, se arma el combo perfecto para regular la economía y coimear, llevar el gasto público con sentido progresista hasta niveles insospechados para construir el clientelismo político y la correspondiente caja y corrupción.

Quienes de buena fe dicen aplicar política progresistas no advierten que ese supuesto progresismo es el uso indiscriminado de fondos públicos que dan lugar a todo tipo de actos de corrupción. En el fondo es como si dijeran: no es malo el modelo kirchnerista, el problema no son las políticas sociales que aplicaron, que son buenas, sino que ellos son corruptos. Esto limita el debate a simplemente decir: el país no funciona porque los kirchneristas son corruptos y nosotros somos honestos.

Mi punto es que el debate no pasa por decir, ellos son malos y nosotros somos buenos, por lo tanto, haciendo lo mismo, nosotros vamos a tener éxito y ellos no porque nosotros somos honestos. El debate pasa por mostrar que el progresismo no solo es ineficiente como manera de administrar y construir un país, sino que además crea todas las condiciones necesarias para construir grandes bolsones de corrupción. El progresismo es el caldo de cultivo para la corrupción.

Por eso no me convence el argumento que el cambio viene con una mejor administración. Eso podría ocurrir si tuviésemos un estado que utiliza el monopolio de la fuerza solo para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. En ese caso, solo habría que administrar unos pocos recursos para cumplir con las funciones básicas del estado.

Ahora si el estado va usar el monopolio de la fuerza para redistribuir compulsivamente los ingresos, para declarar arbitrariamente ganadores y perdedores en la economía y para manejar monumentales presupuestos, entonces caemos en el error de creer que alguien puede administrar eficientemente un sistema corrupto e ineficiente.

En síntesis, el verdadero cambio no consiste en administrar mejor un sistema ineficiente y corrupto. El verdadero cambio pasa por terminar con ese “progresismo” con sentido “social” que es corrupto por definición y ensayar con la libertad, que al limitar el poder del estado, limita el campo de corrupción en el que pueden incurrir los políticos. Además de ser superior en términos de crecimiento económico, distribución el ingreso y calidad de vida de la población.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Gasto público: ¿cambiar o continuar?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 16/5/16 en: http://economiaparatodos.net/gasto-publico-cambiar-o-continuar/

 

Conformarse con dejar el gasto público en los niveles actuales es más continuar que cambiar

Si bien soy un ferviente partidario del equilibrio fiscal, confieso que prefiero un gobierno que tenga un déficit fiscal del 0,5% del PBI con un gasto público del 10% del PBI a un gobierno con equilibrio fiscal pero con un gasto público del 50% del PBI. Y mucho quiero tener un gasto del 50% de PBI con un déficit fiscal del 7% del PBI que nos dejó de regalito el kirchnerismo.

Puesto en otras palabras, el problema fiscal no pasa solo por tener las cuentas equilibradas sino que, además, el nivel de gasto público es clave para evitar que el estado se convierta en un estorbo para el crecimiento de los países.

Este punto viene a cuento porque el PRO no parece estar muy entusiasmado por bajar el gasto público. Días pasados, Andrés Ibarra, Ministro de Modernización, sostenía que &”nuestro objetivo con las cesantías no es producir un ahorro presupuestario, sino que el gasto del Estado sea eficiente y productivo para la ciudadanía”, agregando: “No queremos achicar el Estado, sino que éste pueda prestar mejores servicios.&”

Con un gasto público, sumando nación, provincias y municipios, que es equivalente a casi el 50% del PBI, lo que nos propone mi amigo Andrés Ibarra es que sigamos soportando una carga tributaria sideral porque ellos saben mejor que nosotros cómo asignar los recursos que generamos. O, en su defecto, que tomarán deuda para financiar un nivel de gasto público que no podemos financiar con nuestros impuestos. El problema es que ese endeudamiento de hoy son impuestos de mañana cuando haya que pagar la deuda más sus intereses.

El punto al que quiero llegar es que dominar el déficit fiscal dejado por el kirchnerismo, que obviamente nadie está pidiendo que sea eliminado de un día para otro, no es el único problema. El mayor problema, siempre hablando del flanco fiscal, es el enorme gasto público que dilapida los recursos que genera la gente con gran esfuerzo. Hoy día, no hay ninguna relación o contrapartida entre en nivel de gasto público, carga tributaria y servicios que recibe el sufrido contribuyente.

Las finanzas públicas de la economía argentina son como esos edificios en que las expensas son altísimas pero no funciona el ascensor, no hay luz en la escalera y los pasillos están sucios. Aquí pagamos impuestos altísimos pero el estado no cumple con las funciones básicas para las cuales fue creado: asegurar el derecho a la vida, a la libertad y la propiedad. Se dedica a fundamentalmente a repartir el dinero de los contribuyentes entre gente que no ha generado riqueza, ya sea porque vive de los mal llamados planes sociales o bien por empleados del sector público que cubren cargos que no tienen ningún sentido de existir en un sistema republicano con un gobierno limitado.

Me parece que el gobierno debería rever su posición frente al gasto público. No estoy diciendo que lo baje de un día para otro, pero creo que los gobiernos que marcan puntos de inflexión en la historia de los países son aquellos que cambian la tendencia decadente. Los estadistas no miran las encuestas para tomar decisiones. Lideran el cambio. Los estudios de marketing son para vender jabones, no para reconstruir países. Los países se reconstruyen con una dirigencia política audaz que se anima a iniciar un camino de progreso.

Puedo entender que resolver la herencia que dejó el kirchnerismo es realmente muy pesada y llevará tiempo revertir el destrozo que hizo en esos 12 años en que avasallaron las instituciones y destruyeron la economía. Pero conformarse con dejar el gasto público en los niveles actuales bajo el argumento de administrar mejor los recursos no va muy de acuerdo con la idea de cambiar. Más bien sería un continuar con la explotación del contribuyente con el argumento que ahora hay una explotación más eficiente gracias a una mejor gestión.

No me parece que ese sea el camino de cambio en serio que necesita Argentina. Gestionar bien lo ineficiente no genera crecimiento ni prosperidad.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE