Impuestos, “fundamento” económico y jurídico.

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2020/06/impuestos-fundamento-economico-y.html

Se pretende “fundamentar” en los fuertes impuestos que los Estados Unidos recaudó durante las dos guerras mundiales la supuesta “bondad” del tributo como tal, y con ello justificar altas tasas de gravámenes.

Pero si fuera por lo que defienden ese “argumento”, omiten las verdaderas razones que sintetizaremos en los siguientes breves puntos:

  1. Estados Unidos cobraba reparaciones de guerra de los países vencidos en la primera conflagración mundial, aunque no todos pagaban.
  2. Siendo acreedor de la mayor parte del mundo percibía también ingresos de capitales por empréstitos otorgados, tanto del principal como de sus accesorios.
  3. Mantuvo artificialmente su economía en base a una fuerte expansión monetaria, generando empleo artificial e inflación, conforme recomendaba el economista del momento, el inglés John M. Keynes.
  4. Lo ya señalado antes: la creciente capitalización del país antes de las dos contiendes mundiales le daban un soporte económico lo suficientemente amplio como para poder sostener estoicamente la expoliación fiscal de cualquiera de sus gobiernos como sufrió bajo Roosevelt.
  5. La combinación de estos factores y otros, neutralizaba el impacto de los impuestos, que podían elevarse generando ingentes ingresos al fisco.

Todas estas, más otras razones que sencillamente se omiten o desconocen determinaron que el país del norte pudiera soportar el embate fiscal de ambas guerras. Pero, insistimos, lejos está todo esto de ser un “fundamento económico” ni siquiera suficiente para “justificar” los impuestos.

“El pueblo americano soportó la carga de los impuestos” sencillamente porque no le quedaba ninguna otra opción diferente, excepto la de dejar de pagar e ir a parar a la cárcel. No fue -como se dice- de que todos salieron felices y contentos a pagar más impuestos por la guerra.

Con un sencillo ejemplo numérico explicaremos porque Estados Unidos pudo soportar esa carga fiscal y ningún otro pais la hubiera soportado. Veamos:

CONCEPTOS PAÍS A PAÍS B
RIQUEZA 100000 10000
CONSUMO 30000 6000
SALDO ANTES DE IMPUESTOS 70000 4000
IMPUESTO 36% 36000 3600
SALDO DESPUÉS DE IMPUESTOS 64000 6400
DISPONIBLE PARA AHORRO 34000 400

Supongamos -para simplificar- dos países (A y B). Y tomemos la tasa fiscal que se dice se aplicó en los Estados Unidos (36 %) para el impuesto a las ganancias.

Como vemos, después de pasado el rastrillo impositivo y suponiendo un consumo constante (improbable, ya que el consumo siempre tiende a crecer cuando puede) al pais A le quedaría un saldo para ahorro de $ 34000.- en tanto que a B solamente escasos $ 400.-

Como la riqueza se genera siempre a partir del ahorro, está claro que el impuesto ha impactado negativamente en la capacidad de ahorro de ambos países, pero el más dañado ha sido el de menor riqueza (B). No solo ambos países generarán para el próximo ejercicio fiscal una riqueza menor, sino que, en el caso de los países menos ricos, se ha comprometido severamente su nivel de consumo. Si este llegara a aumentar (p. e. por incremento de la población) los países menos ricos podrían verse condenados a la inanición. Este sencillo ejemplo muestra el poder letal de los impuestos, a la vez que explica porque Estados Unidos pudo soportarlo (en el caso del pais A). Era el único pais que estaba en condiciones de hacerlo, el resto del mundo no hubiera podido sin tener un desastre económico.

En consecuencia, usar a los Estados Unidos, en medio de dos guerras, como “ejemplo” de “porque” los impuestos estarían “justificados” se trata de mala fe o de ignorancia.

“Veamos, ahora el fundamento jurídico del impuesto.’ Un tratadista italiano, Flora, justifica este fundamento del impuesto aduciendo que el “Estado se procura los impuestos coactivamente porque las condiciones que aseguran el ejercicio de sus actividades, como son la seguridad de las personas y de los bienes, el orden, la libertad, la defensa, el tránsito, no se producen gratuitamente, sino que requieren, para su producción, la disponibilidad de riqueza que el Estado no posee o que no puede apreciar en la medida de las exigencias”.”[1]

Ya aclaramos (demasiadas veces) que el “estado” no existe; que se trata de una ficción jurídica. En consecuencia, tratar de “fundar” cualquier cosa sobre una ficción nos conducirá indefectiblemente hacia otra invención, y así sucesivamente, en una cadena que termina donde comienza la realidad que estos escritores no quieren reconocer.

El “razonamiento” que esgrimen estos autores falla, pues, por la base. Podemos admitir provisoriamente que las “funciones” que se mencionan le sean otorgadas al gobierno, pero nada de ello justifica la coacción, porque si esas cosas son realmente “necesarias” para la persona no sería menester violencia alguna para que las sostengan, lo harían espontánea y voluntariamente.

En ausencia de coacción sabemos por la historia económica que la gente buscaba protección de aquel que estuviera en condiciones de otorgársela a cambio de un servicio o dinero, antes de la existencia de los gobiernos. La experiencia indica, además, que cuanto más grandes son las poblaciones, más difícil se les hace a los gobiernos brindar esos “servicios”, por lo que la gente procurará satisfacerlos vía otras alternativas que son las privadas, es decir, como comenzó siendo la historia, ya que los “estados” no precedieron en existencia a los seres humanos, sino que fue a la inversa.

En última instancia, si alguien sufre un atraco en la vía pública y ningún policía está cerca para defenderlo siempre tendrá abierta la opción de defenderse por sí mismo o por otro particular, pese a que ya ha pagado el impuesto para haber sido protegido en esas desafortunadas circunstancias por la policía estatal. De tener los recursos suficientes, la próxima vez podrá también contratar un guardaespaldas, con lo cual estará pagando dos veces por el mismo servicio: uno que no se le presta (el estatal) y otro que si se le presta a otro costo (el privado).

En suma, la cuestión no es tanto “justificar” el impuesto sino lo importante es definir correctamente cuales deberían ser las funciones del gobierno en el punto y, una vez acordadas y conocidas, ver como se financian. Pero nunca coactivamente.

[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

El virus de la mentira

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/3/20 en: https://younews.larazon.es/el-virus-de-la-mentira/

Como en las siete y media, ante una epidemia los gobiernos suelen pasarse o quedarse cortos, y procuran después hacer frente o eludir las críticas que se les lanzan por ser exagerados o pusilánimes. Esto no es reprochable, y es de justicia reconocer que el equilibrio entre la complacencia y el alarmismo es cualquier cosa menos sencillo. Pero una cosa es el error, al que todos estamos expuestos, y otra cosa es la mentira. Por desgracia, cabe sospechar que estamos gobernados por mentirosos.
La sospecha, que cada vez es más compartida, brota de la llamativa coincidencia entre la negación oficial y las manifestaciones del pasado 8 de marzo. Nuestras autoridades, como escribió Luis I. Gómez en Disidentia, se pasaron dos meses ignorando los datos alarmantes de China y afirmando que el coronavirus era una especie de gripe. De pronto, pasados los festejos del feminismo progre, «un golpe de magia politológica convertía al virus en una amenaza real de la que, entonces sí, debíamos preocuparnos». El problema de los mentirosos se potencia cuando son compulsivos, es decir, cuando solo son capaces de sortear las dificultades que les plantean sus propios embustes sobre la base de seguir fabulando.
Y en eso estamos. Conjeturo que asistiremos a un festival de ficciones, desde el anuncio mil veces repetido de que ahora el Gobierno está realmente haciéndolo todo bien, hasta el mensaje reiterado de que las incursiones de la política y la legislación sobre la vida, la libertad, los derechos y los bienes de sus súbditos están justificadas por una causa de fuerza mayor, quizá la única causa de fuerza mayor que puede rivalizar con una guerra: una epidemia.
Pero no solamente nos mentirán los políticos y su prensa adicta asegurando que el quebrantamiento de nuestra libertad es imprescindible, sino que también mentirán sobre el papel del propio virus, de modo de convertirlo en justificación de los desmanes propios y ajenos, y de tapadera de los errores de todos. Le subirán los impuestos a usted, señora, y el paro subirá, pero le dirán que ellos no han hecho nada malo, porque todo es culpa del maldito virus. Responda entonces usted para sus adentros: sí, en efecto, la culpa es del maldito virus de la mentira.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

China batalla por imponer su modelo al mundo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 23/1/20 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/china-batalla-imponer-su-modelo-al-mundo-nid2326587

 

Dos potencias globales hoy se están enfrentando de mil distintas maneras. En todos los rincones del mundo, en procura de imponer sus propios modelos ideológicos. Me refiero a China y los EE.UU, que están envueltas en una beligerante aunque frecuentemente sorda disputa por la hegemonía en el mundo actual.

La primera de esas dos naciones procura afanosamente exportar su propio modelo económico-social, uno en el que la libertad, la democracia y, más aún, los derechos humanos se tienen oficialmente por conceptos “extremadamente perniciosos”. O, más bien, como nociones “malévolas”. Y por ello no se los promueve, sino que se los tiene por “nocivos”. Desde el 2013, el propio Xi Jingping se ha esforzado por predicar abiertamente esas ideas. Insistentemente. Cual evangelio personal.

El esfuerzo chino tiene que ver con poder perpetuar, en cambio, el modelo autoritario y autocrático que el Partido Comunista Chino ha impuesto a su propia sociedad en procura de garantizar, en el tiempo, su propia supervivencia. Sacrificando en el camino a las libertades personales.

Pocos están más alertas sobre esta crucial cuestión que los sesenta millones de chinos que, a la manera de diáspora, viven fuera de la República Popular China. Por esto hoy se los somete sistemáticamente a una política intimidatoria. Estén donde estén.

En procura de alcanzar objetivo señalado, China hasta ha procurado instalar personeros en distintos parlamentos. O infiltrar a los partidos políticos de otras naciones. Como ocurriera recientemente en Australia, con el caso de un legislador que, estando investigado precisamente por esa razón, acaba curiosamente de morir sin que se haya podido establecer cual pudo haber sido la causa real de su sorpresivo deceso. Había ocultado, todo a lo largo de su carrera política en ese país, que durante los quince años previos a su aventura política australiana había sido miembro activo de los servicios secretos de inteligencia chinos.

En un esfuerzo paralelo, en la vecina Nueva Zelanda, los empresarios chinos en ese país se han transformado en los principales donantes a los partidos políticos locales. Con todo lo que ello supone, en términos de ser influyentes.

Es bueno estar alertas respecto de lo que sucede en un mundo en el que China y los Estados Unidos -las dos principales potencias- están pulseando duramente en procura de transformarse efectivamente en hegemónicas. Porque ocurre que no siempre los intereses propios de las demás naciones del planeta coinciden necesariamente con los que tienen China y los EE.UU.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

¿QUE ES SER LIBERAL?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/1/20 en:  https://www.elobservador.com.uy/

 

Hace mucho tiempo fabriqué una definición de liberalismo que me place comprobar que colegas de peso la emplean a menudo: es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. Y cuando aludo al respeto no quiero decir que se adhiera al proyecto de vida del vecino, más aun a uno puede eventualmente resultarle repulsivo pero si no lesiona derechos de terceros no es posible -en el contexto de una sociedad abierta- recurrir a la fuerza para torcer el rumbo. Cada uno asume la responsabilidad por lo que hace y dice, el uso de la fuerza solo cabe cuando es de carácter defensivo, nunca agresivo.

A veces se recurre a la expresión tolerancia pero aquí se presentan dos problemas. En primer lugar, los derechos se respetan no se toleran y en segundo lugar aquél término aparece como que el que tolera posee la verdad y perdona al que procede de una manera distinta a la que considera apropiada el tolerante.

Y no es que con esto se esté patrocinando el relativismo moral, muy por el contrario la verdad consiste en la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. Las cosas son independientemente de lo que se opine que son. El relativismo epistemológico eliminaría todo sentido de los departamentos de investigación en las universidades y en otros ámbitos puesto que no habría nada que investigar ya que todas las opiniones -aun contradictorias- serían valederas, además el relativismo hace que la misma afirmación de esa concepción sea necesariamente relativa.

El liberalismo centra su atención en las relaciones interpersonales que protegen la vida, la libertad y la propiedad, el resto es materia de acuerdos entre partes. Por otro lado, no se inmiscuye en lo intrapersonal. Cada cual adhiere a sus principios, algunos de los cuales son valores y otros desvalores pero, como queda dicho, no incumbe a los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno el intervenir en esos ámbitos. Puede intentarse la persuasión si se estima que la conducta del prójimo no se ajusta a cánones adecuados para los propósitos del ser humano en cuanto a actualizar sus potencialidades en busca del bien, pero no puede traspasar esos umbrales sin provocar daño. En este sentido es que los maestros de la ciencia jurídica han repetido que “el derecho es un mínimo de ética”.

Este es también el sentido de sostener que no es susceptible de cortar en tajos al liberalismo: abarca aspectos éticos, institucionales, económicos, históricos y filosóficos que están íntimamente entrelazados. Y no es que en las filas liberales haya unanimidades, no se trata de una manada, cada uno tiene matices y diferencias que debate con sus colegas ya que no es una organización vertical. Por eso es que en general rechaza la expresión líder que más bien le recuerda al Duce o al Führer o dirigente que asimila al rebaño, prefiere el término referente para indicar quien abre caminos de conducta civilizada y ejemplificadora.

En la esfera crematística el liberalismo considera que dar rienda suelta a las energías creadoras hace posible la mejora en el nivel de vida de la gente en cuyo contexto los aparatos estatales se circunscriben a proteger los derechos de todos. Entiende por derecho la facultad de usar y disponer de lo propio y no el echar mano al fruto del trabajo ajeno en un ámbito de competencia lo cual excluye a pseudoempresarios que en alianza con el poder de turno explotan a sus congéneres a través de mercados cautivos y otras prebendas. En esta línea argumental el liberal subraya que en mercados libres el genuino empresario está obligado a atender las necesidades de su prójimo: si acierta obtiene ganancias y si yerra incurre en quebrantos.

Una de las mayores preocupaciones y ocupaciones del liberalismo consiste en mostrar las falacias graves de un pretendido igualitarismo puesto que aplicar la guillotina horizontal no solo reasigna los siempre escasos recursos a territorios distintos de los establecidos por la gente con sus compras y abstenciones de comprar en el supermercado y afines sino que, como consecuencia, reduce los salarios principalmente de los más necesitados ya que los ingresos solo provienen de las tasas de capitalización que es lo contrario al despilfarro.

El peso del Leviatán es lo que genera presiones impositivas insoportables, deudas gubernamentales inauditas que se ven obligados a pagar los contribuyentes y manipulaciones monetarias que esquilman lo obtenido lícitamente. La corriente de pensamiento liberal apunta a la limitación del poder  pues considera inviolables las autonomías individuales, en un proceso evolutivo que pone al descubierto que esa tradición no consiste en un puerto sino en una navegación en la que a cada instante surgen nuevas contribuciones y perspectivas que disminuyen la ignorancia en la que estamos embarcados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿El mundo regresa a la época de las cavernas?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/12/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/12/14/el-mundo-regresa-a-la-epoca-de-las-cavernas/

 

Foto de archivo. Fotografía ilustrativa. Billetes de 100 pesos argentinos debajo de un billete de 100 dólares estadounidenses (REUTERS/Agustin Marcarian)

Foto de archivo. Fotografía ilustrativa. Billetes de 100 pesos argentinos debajo de un billete de 100 dólares estadounidenses (REUTERS/Agustin Marcarian)

Estamos ubicados en un mundo sumamente complicado. Por un lado hay progresos tecnológicos admirables, pero por otro la decadencia es marcada. Por todas partes irrumpen las xenofobias, los nacionalismos, los mal llamados “proteccionismos”, los gastos gubernamentales exorbitantes, las deudas colosales, las cargas tributarias exponenciales, las regulaciones asfixiantes a las actividades productivas, en un contexto de una creciente falta de respeto por marcos institucionales civilizados. Y esto no solo ocurre en los países tradicionalmente atrasados sino en, en buena media, en muchos lugares de Europa y en Estados Unidos, lo cual se corona con un Papa que propone recetas que son las que precisamente han conducido a la lamentable situación actual que socava las bases morales de la sociedad libre.

Todo este cuadro es naturalmente más grave en países africanos, algunos asiáticos y en no pocos lugares de América Latina. lo cual conduce más raudamente a la pobreza extrema pues parten de marcas recientes muy poco favorables. Pues bien, como las políticas estatistas mencionadas conducen a la miseria, para revertir la situación resulta imperioso comenzar de cero en los razonamientos e igual que con nuestros ancestros (ya que indefectiblemente todos provenimos de las cavernas, cuando no del mono), el progreso ocurría en la medida en que había respeto recíproco por la vida, la libertad y la propiedad. Cuando se permitía que unos invadieran las chozas ajenas y los alimentos de otros la miseria se acrecentaba y en la medida en que se inculcaba el antedicho respeto, el resultado era el progreso.

No se trataba de “planes sociales”, esto es la expoliación del fruto del trabajo ajeno, sino de trabajo y constancia en la conducta civilizada. Como bien se ha dicho, “la piedra es perforada por gotas de agua, no por su fuerza sino por la perseverancia”. El que estas líneas escribe, y eventualmente los lectores de esta columna, afortunadamente no estamos en situación de calle pero es cuestión de tiempo si las barrabasadas se extendieran con suficiente empeño.

Leonard Read cuenta en su libro titulado Anything that´s Peaceful, publicado en 1964, que la primera experiencia de los colonos recién llegados en el barco Mayflower a lo que luego sería territorio estadounidense fue el establecimiento de un sistema de propiedad en común, esto es un sistema comunista. Como consigna William Bradford -el entonces gobernador de esa primera colonia conocida como Plymouth- el experimento fue calamitoso pues las hambrunas resultaron espantosas, debido a lo cual decidieron cambiar radicalmente el sistema y establecer la asignación de derechos de propiedad con lo cual los incentivos naturales hicieron que las producciones dejaran atrás lo que hoy la ciencia política denomina “la tragedia de los comunes” y todo se encauzó debidamente tal como consigna el mencionado gobernador en sus memorias.

Por otra parte, el notable historiador Richard Pipes en su monumental obra La revolución rusa explica que a contracorriente de lo que venía ocurriendo durante el terror blanco, en 1906, el físico-matemático Piotr Stolipin, que con dificultad extrema ejercía como primer ministro y contra la opinión del Zar, de la Corte y parte de la Duma, fue el único en la historia del pueblo ruso que intentó seriamente y de modo extendido revertir la propiedad comunal y establecer derechos de propiedad, proceso que lamentablemente duró poco tiempo, pero en ese corto período se logró combatir eficazmente la miseria reinante que luego volvió a surgir debido a las políticas en las que el que trabajaba era expoliado por el vecino, ya que cuando todo es de todos no es de nadie.

En todo caso, el asunto actual es que si de tanto estatismo galopante en las regiones más débiles se ha llegado a la situación en que buena parte de la población está bajo la línea de extrema pobreza, la civilización debe comenzar de cero y, como queda dicho, para progresar debe respetarse la propiedad de cada cual a los efectos de permitir que quienes atienden las necesidades de su prójimo obtengan ganancias y los que yerran incurran en quebrantos. De ningún modo la solución radica en seguir expoliando el fruto del trabajo ajeno con más medidas estatistas, que fueron las que precisamente condujeron a la aludida regresión macabra.

También es necesario precisar que la solidaridad con la desgracia ajena solo tiene sentido cuando se usan recursos propios de modo voluntario. Insistir en el mal llamado “Estado benefactor” bloquea el progreso, pues significa la expropiación de la propiedad de otros, lo cual contradice abiertamente el sentido de la caridad y la filantropía. Es indispensable comprender antes que nada que la extralimitación en el poder de los aparatos estatales -es decir el uso de la fuerza agresiva- constituye el problema.

Es pertinente subrayar que, si bien es cierto que todo en la vida tiene un costo (costo de oportunidad decimos los economistas), en el balance el costo más doloroso consiste en mantener una elefantiásica maquinaria estatal que consume aceleradamente recursos y consecuentemente reduce salarios y, por tanto, la eliminación de funciones incompatibles con un sistema republicano libera factores productivos al efecto de rellenar los bolsillos de la gente con lo cual el beneficio es infinitamente mayor que el costo, al contrario de mantener un pesado Leviatán, cuyos costos carcomen el nivel de vida.

Habiendo dicho todo esto y como en una nota periodística no puede escribirse sobre el conjunto de las ilustraciones de lo que debería hacerse para liberar energía creadora, centramos la atención solo en un área y es la monetaria. Aunque nos hemos referido antes al punto, es necesario volver a hacerlo parcialmente puesto que en mayor o en menor medida todos los gobiernos han succionado recursos de los ciudadanos vía la manipulación estatal del dinero que sistemáticamente empobrece a la población.

La inflación es uno de los problemas económicos y sociales más graves. Es siempre producida por los aparatos estatales que con el curso forzoso y la banca central no dan salida a la gente para defenderse de ese flagelo. Se ha dicho que la inflación es el aumento general de precios, lo cual revela dos errores garrafales de concepto. En primer lugar, pretende aludir a la causa de la inflación la cual consiste en la expansión exógena del mercado y, en segundo término, el efecto estriba en la alteración de los precios relativos y no en un aumento general. Si produjera un incremento generalizado, no se produciría el problema central de la inflación cual es la angustia por el desequilibrio entre precios e ingresos. Si mi salario (uno de los precios) se incrementara en un 50% mensual y el resto de los precios lo hace en la misma forma, no hay problema. Eventualmente habrá que modificar las columnas en los libros de contabilidad, habrá que expandir los dígitos en las máquinas de calcular y, tal vez, acarrear el dinero en carretillas, pero no hay el problema central señalado.

La alteración en los precios relativos reviste la mayor de las importancias ya que se distorsionan todas las señales en el mercado, que son las únicas que muestran dónde conviene invertir y dónde desinvertir en los diversos sectores con lo que se consume capital y, por ende, bajan los salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son la únicas causas del nivel de vida.

La banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria. Pues bien, cualquiera de los tres caminos deterioran los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber intervenido (incluso, como decimos, si los banqueros centrales deciden no modificar la base monetaria habrán desfigurado los precios relativos en relación al mayor o menor volumen de moneda que se hubiera decidido en el mercado…y si se hace lo mismo que hubiera hecho la gente en el mercado, no hay razón alguna para la irrupción de la banca central ahorrándose todos los gastos administrativos correspondientes).

Conviene también precisar que la cantidad de dinero de mercado, es decir, de los activos financieros que la gente elija para sus transacciones una vez liquidada la banca central, no tienen por qué ser constantes. Esto dependerá de las respectivas valorizaciones, del mismo modo en que ocurre con cualquier bien o servicio. En nuestro caso, si se decide expandir, se trata de una expansión endógena, a diferencia de la exógena al mercado, esto es, la que ocurre debido a decisiones políticas que son el origen del problema inflacionario.

No hay tal cosa como “expectativas inflacionarias” como causas de la inflación. Se podrán tener todas las expectativas que se quieran pero si no están convalidadas por la expansión monetaria exógena no hay inflación. Tampoco “inflación de costos” por idénticos motivos, ni inflaciones provocadas por el incremento en el precio de un bien considerado estratégico como, por ejemplo, el petróleo ya que si aumenta el precio de este bien y no hay expansión monetaria habrá dos posibilidades: o se reduce el consumo de otros bienes si se decidiera mantener el nivel de consumo del petróleo o se debe contraer el consumo de este bien al efecto de permitir el mismo consumo de otros bienes y servicios. En todo caso, no resulta posible consumir todo lo que se venía consumiendo si el precio del petróleo se incrementó.

La errada definición que hemos comentado, además, conduce a otras dos equivocaciones técnicas. En primer lugar, el consejo para la banca central de emitir a una tasa constante similar al crecimiento económico para “permitir la previsibilidad de los actores en el mercado”. Este consejo pasa por alto el hecho de que si la expansión “acompaña” el crecimiento económico, manteniendo los demás factores constantes, por ejemplo, se anulará el efecto de algunos precios a la baja que generan las importaciones y al alza de las exportaciones ya que la masa monetaria en un caso disminuye y en el otro aumenta y así sucesivamente.

La segunda equivocación, aun más gruesa, es que la expansión a tasa constante no trasmite previsibilidad puesto que, precisamente, los precios no se incrementan de modo uniforme, sino, como queda dicho, se alteran los precios relativos de modo que una tasa anunciada de expansión no trasmite información a determinado sector como afectará en sus precios.

Este análisis, a su vez, se traduce en el pensamiento que es posible recomponer el problema inflacionario a través de indexaciones lo cual no es correcto, ya que pretendidos índices de corrección solo suben los valores absolutos en los rubros del balance, pero las distorsiones relativas se mantienen inalteradas.

A toda esta situación debe agregarse que para contar con un sistema monetario saneado debe eliminarse el sistema bancario de reserva fraccional, que no solo genera producción secundaria de dinero, sino que permite que los bancos operen en un contexto de insolvencia permanente, con lo que se hace necesario implementar el free banking o el sistema de encaje total para los depósitos en cuenta corriente y equivalentes.

En este último sentido, hay un jugoso debate que viene de hace 50 años sobre si es mejor el free banking (y no digo “banca libre” porque tiene otro significado, ya que alude a la entrada y salida libre al sistema bancario) o la reserva total, pero en todo caso cualquiera de los dos es más sólido que la reserva fraccional que genera inflaciones y deflaciones con el apoyo de la banca central.

Cuál es el dinero que preferirá la gente dependerá de las circunstancias, ya que si todo es dinero no hay dinero y preguntarse cuál es la cantidad de dinero que habrá es lo mismo que interrogarse cuál es la cantidad de cualquier otro bien en el mercado. No debe imponerse tal cosa como “curso forzoso” a ninguna divisa y, en esta instancia del proceso de evolución cultural, los gobiernos seleccionarán la moneda o monedas en las que cobrarán impuestos al efecto de proteger derechos.

El tema monetario es solo uno de los problemas acuciantes que en los casos extremos fuerzan a la población al retorno a la época de las cavernas, pero son muchas las medidas que habría que revertir para que la gente pueda sacarse de encima el peso aplastante de los aparatos estatales. Afortunadamente existen reservas intelectuales que permiten vislumbrar esperanzas para evitar la regresión a la oscuridad de las cavernas. Igual que los tiburones que no duermen nunca, es indispensable estar alertas y sin pausa surcar los mares de los principios liberales.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

 

Liberalismo, inmigración y familia

Por Iván Carrino. Publicado el 1/5/19 en: https://www.ivancarrino.com/liberalismo-inmigracion-y-familia/?fbclid=IwAR1v24PxxWBatRL2vNImUrF1r-vI-NcJMIMaaSZQe-jCeGt3C7ccTmADu30

 

A continuación está la transcripción completa de mi charla del Jueves 25 de abril, en el marco del evento ”La Libertad Frente a las amenazas progresista y conservadora”, sobre  liberalismo, inmigración y familia. 

——

Es interesante el momento que nos toca vivir hoy. En mi caso particular, 12 años de mi vida, o el 37,5% de ella viví bajo el gobierno del “Socialismo del Siglo XXI” versión peronista. Para un ciudadano de Caracas que tenga mi misma edad, ese porcentaje está en 62,5%.

Para un brasileño, el socialismo del Partido de los Trabajadores también le llevó otro tanto.

Ahora bien, las cosas están cambiando. Bolsonaro en Brasil, Macri en Argentina, Piñera en Chile… Trump en Estados Unidos, VOX y Ciudadanos en España.

Salvo en Venezuela, el socialismo está en franca retirada y muchos liberales y autopercibidos como tales festejan con bombos y platillos. Celebran a Trump, a Bolsonaro, a Abascal… En Argentina no a Macri, por obvios motivos.

Ahora bien, frente a la caída de la izquierda y este auge de lo que podríamos considerar “nueva derecha”, cabe la pregunta de qué rol ocupa el liberalismo.

¿Es realmente el liberalismo lo que está en auge? ¿O simplemente un antiizquierdismo, con algunos componentes liberales, pero con otros elementos profundamente reaccionarios?

Desde mi punto de vista, el liberalismo –o el orden social liberal- es aquel donde se antepone el derecho individual a cualquier otra consideración. La declaración de la independencia de los Estados Unidos consideraba que “todos los hombres habían sido creados iguales” y que los gobiernos se establecían para preservar tres derechos esenciales: la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Juan Ramón Rallo citó recientemente al filósofo escocés Scott Alexander, quien decía que el liberalismo es un “mecanismo institucional para evitar el conflicto civil. Evitar el enfrentamiento entre las personas”. Que cada uno viva como le parezca, pero que no les imponga su forma a los demás. Eso impide el conflicto.

Por último está la ya famosa frase del gran Alberto Benegas Lynch (h), que sostiene que el liberalismo es el “respeto irrestricto por el proyecto de vida del prójimo”.

Ahora bien, para la Nueva Derecha hoy en auge, respetar el proyecto de vida del prójimo incluiría, por ejemplo, restringir todavía más la libre inmigración. Para este mismo movimiento, preservar los derechos individuales implica defender a “la familia”, o a una cierta visión de lo que una familia debe ser.

Estos son los dos temas que me gustaría tratar hoy.

Comencemos con la inmigración

Hace unos días veía una conferencia de ese gran intelectual chileno y amigo que es Axel Kaiser. Axel trataba de explicar el surgimiento de los populismos en Europa y Estados Unidos. Populismos que son anti-inmigración… El intentaba comprender el porqué de ese auge contrario a los extranjeros.

Para ello citaba a un psicólogo profesor de la Universidad de Nueva York, Jonatan Haidt, quien decía que “los nacionalistas ven el patriotismo como una virtud… piensan que su país y su cultura son únicos y que vale la pena preservarlos”.

Preservarlos… Conservarlos…

Claro. El punto puede ser muy interesante. Para un grupo de personas, que se llaman nacionalistas esto debe preservarse. Y eso está muy bien, siempre que en dicha preservación no dañes derechos de terceros. Digo, si los valores y cultura de “A” son tan buenos, ¿cuál sería la necesidad de preservarlos frenando determinadas interacciones que se dan de manera libre y espontánea?

Si John de Estados Unidos quiere entrar en vínculo con José de Guatemala,  y en ese intercambio algunas de las “tradiciones norteamericanas” se pierden… ¿Cuál es la objeción? Nadie lo forzó.

Lo que quiero decir. No niego que haya valores, principios y tradiciones mejores que otras (en el sentido de la relación entre los valores y la prosperidad económica, por ejemplo).

Pero:

—–> Eso no implica que esos valores los conozcamos a priori y sean para siempre inmutables. A las cosas “que funcionan” hay que descubrirlas en un proceso de mercado, de interacción, de intercambio voluntario.

—–> Eso tampoco implica que debamos preservar esos valores impidiendo los vínculos espontáneos que la libre inmigración genera.

¡Ah pero es que no! Me van a decir. Que no es una interacción libre porque es el gobierno el que está ahí permitiendo la entrada de extranjeros a nuestro país. Y eso genera una “integración forzada”.

El concepto de Integración Forzada lo trajo al debate nada menos que un pensador muy bien considerado dentro de la Escuela Austriaca de Economía: Hans Hermann Hoppe.

Hoppe considera que, en una sociedad anarco-capitalista, no existiría la libre inmigración, ya que todo ingreso en propiedad ajena debería estar previamente autorizado por el “dueño de casa”. O sea, en un mundo utópico e inexistente donde todo fuera propiedad privada, nadie tendría “derecho a inmigrar”. De hecho, el concepto de inmigración no existiría.

Ahora como la realidad no responde a este parámetro y el gobierno sí autoriza a determinadas personas, llamadas extranjeras, a ingresar en el territorio nacional, Hoppe sostiene que eso hace que exista una integración forzada, una “invasión” (sic.) de extranjeros que cometerán atrocidades tales como

—–> “circular por caminos públicos”,

—–> “permanecer en terrenos y parques públicos” o incluso podrían

—–> “aterrizar en la puerta de la casa de cualquiera”.

Ahora realmente: ¿a esto se limita la tan temida “invasión”?

¿A ver un inmigrante caminando por la calle? ¿Qué tipo de integración forzada tengo yo con una persona que camina por las calles de Buenos Aires sea esta argentina, porteña, sanjuanina, venezolana, boliviana o noruega?

¿Y quién dice que a los que llegan desde el extranjero nadie los invitó si, en la enorme mayoría de los casos, se tratan de turistas que están pagando un hotel, estudiantes que pagan un alquiler o empleados que trabajan pacíficamente en empresas generando acuerdos voluntarios mutuamente beneficiosos?

Lo más paradójico es que ni siquiera en la “sociedad ideal” de Hoppe se resuelve el problema de la inmigración.

Es que imaginemos que en el “Country A” o “Comunidad Cerrada A” el dueño de una propiedad pide a un jardinero que vive en la “Comunidad Cerrada B” que venga a cortarle el pasto. Si bien el jardinero ingresará en la Comunidad A invitado por el propietario, otro vecino tendría derecho a quejarse por integración forzada, ya que el jardinero “extranjero” está utilizando los caminos comunes.

Los pseudoliberales de derecha como Hoppe consideran que el comercio libre de bienes es muy deseoso y positivo, pero que eso no tiene nada que ver con la inmigración. Que uno podría perfectamente querer un bien fabricado por un chino o un árabe, pero cosa muy distinta es “mezclarse” con ellos.

El argumento en general no solo es falso, sino que muy peligroso.

Es falso porque dicho comercio excluye el comercio de servicios. Claro que un trabajador chino puede enviar su Iphone ensamblado desde China a Estados Unidos. Pero eso no es posible en el caso de un jardinero o una profesora China que desee operar en Estados Unidos. El comercio en servicios, y la mano de obra es un servicio por excelencia, exige integración, algo que voluntariamente ha ocurrido de manera pacífica por cientos de años.

Vivimos en un mundo multiétnico y multicultural, y nadie nos “forzó” a ello.

Ahora toda esta teoría implica un enorme peligro, puesto que antepone a las ventajas individuales del intercambio, los prejuicios colectivos de la raza o la nacionalidad. Considerar a los extranjeros como invasores y defender una teoría que diga que está muy bien intercambiar, siempre y cuando los extranjeros sean mantenidos “a distancia” lleva necesariamente a que el gobierno tome cartas en el asunto excluyendo o impidiendo el ingreso de los inmigrantes.

Ahora en el caso de que el gobierno no lo hiciera: ¿qué tal si alguno busca hacer justicia por mano propia?

Durante la última matanza ocurrida en Nueza Zelanda, el autor explicó que la inmigración era una amenaza que “destruirá nuestras comunidades” y que debemos “aniquilar la inmigración y deportar a aquellos invasores”.Además, sostuvo que él es simplemente una persona que desea “vivir en paz entre su propia gente” y que su atentado fue a favor de la diversidad, para que los “diversos pueblos sigan siendo diversos, separados (…) que las tradiciones y creencias no se diluyan y corrompan por la influencia de los de afuera”.

Discriminar es una característica perfectamente humana que no debería tener ningún tipo de connotación. Ahora tratar al extranjero como invasor y sostener, como Hoppe hace, que “el rol básico de protección de un gobierno incluye la prevención de las invasiones extranjeras y la expulsión de los invasores extranjeros” es una actitud no solo errónea desde lo técnico, sino que profundamente incompatible con el liberalismo.

Pasemos ahora a la cuestión de la familia

Nos dice la nueva derecha que la familia y el liberalismo están íntimamente ligados porque la familia opera como un “intermedio” entre el estado y el individuo.

La familia protege al individuo del avance del gobierno y de la izquierda. Y sobre la mesa aparecen temas como la Educación Sexual Integral.

Que si hay que enseñarles a los hijos sobre sexualidad, que si se les debe decir que la homosexualidad está bien, mal, o si no debe  haber ningún tipo de juicios sobre el asunto.

Me gustaría ser claro. La posición liberal sobre la educación es que ésta debe escindirse del estado. En este caso SÍ, cada familia debe elegir qué educación darle a sus hijos, aún al costo de que los eduquen “mal”. Es el riesgo de la libertad, pero mucho mayor es el riesgo de la enseñanza centralizada.

En este punto entonces sí vamos a coincidir en que la familia debe estar por encima del gobierno u otros grupos que vayan contra el individuo.

Pero surgen de aquí dos cuestiones. La primera es qué pasa cuando es la familia la que va contra el individuo. La posición liberal ahí es clara. El individuo está por encima del grupo.

La segunda es que, incluso cuando aceptemos que la familia es un intermediario positivo y necesario entre las personas y el poder del Estado, no se sigue de ahí que la familia deba tener una estructura determinada.

Lo que cuesta ver entonces es cómo se pasa de esta defensa de la familia, como anticuerpo frente al avance del estado, a la defensa de una cierta visión de la familia. Es decir a la defensa de la llamada “familia tradicional”, compuesta de un papá, una mamá, y uno o más hijos e hijas.

¿Cuál es la necesidad de defender un modelo específico de familia? Cuál es la condición que exige que para ser “familia” tenga que haber dos progenitores, que estos sean heterosexuales, y no que esta esté conformada de otra forma.

De acuerdo con datos oficiales, “las familias que responden al modelo de padre-madre-hijos pasaron de 65% a 37% en apenas una década”. Hoy es muy común ser hijo de padres separados, por ejemplo, y quién no conoce a alguien que se haya criado con su abuela, abuelo, tías o tíos.

La familia puede entenderse de manera estrecha, como la unión de una pareja heterosexual y los hijos que de esta unión surjan. Pero también debe entenderse como institución social que va cambiando con el tiempo.

Y si esta institución ha cambiado tan radicalmente en estos últimos años, no es porque haya sido víctima de un supuesto ataque del marxismo cultural. De hecho, parecería ser que es todo lo contrario.

De acuerdo con Steven Horwitz, la evolución de la estructura familiar tradicional está directamente relacionada con los cambios generados por el desarrollo de la economía de mercado.

Antes de la Revolución Industrial, la familia era sencillamente una unidad de producción agrícola. Padre, madre y todos los hijos posibles tenían que trabajar día y noche en el campo para producir los bienes que proveyeran su subsistencia.

Más tarde, el incremento del ingreso per cápita y la aparición de las fábricas permitieron un cambio económico sustancial, que tuvo su efecto en la organización familiar.

Según el trabajo:

Mientras que en tiempos preindustriales, las mujeres y los hombres compartían muchas de las tareas en la unidad de producción familiar, la industrialización trajo una división del trabajo por género donde los hombres ocuparon la esfera pública del trabajo y la política y las mujeres lo privado. La esfera del hogar.

(…)

Cualesquiera que fueran los méritos de esta forma familiar, dos cosas eran ciertas: primero, la riqueza creada por el orden del mercado había liberado a las mujeres y los niños de la necesidad de un trabajo en gran medida desagradable en la industria. En segundo lugar, la forma y funciones de la familia continuaron evolucionando.

Para el autor del trabajo, fue el Siglo XX el que, combinando los nuevos dispositivos electrónicos que ahorraban el tiempo necesario de trabajo en el hogar, con el aumento de los salarios reales y la demanda de mano de obra, permitió a las mujeres integrarse de manera creciente y sostenida en el mercado laboral.

Así las cosas, no fue la revolución feminista de los ’60 la causa de la liberación de la mujer, sino la economía de mercado que les permitió a las mujeres cada vez mayor capacidad y autonomía.

También es la economía de mercado la que permitió que hombres y mujeres, así como mujeres y mujeres u hombres y hombres, se entrelacen en relaciones de pareja. Ya no se necesita la estructura familiar tradicional para sobrevivir económicamente, y el foco del vínculo no es obtener ingresos, sino el bienestar psíquico.

Frente a estos cambios producidos por el liberalismo aplicado a la economía, aparecen quienes acusan a un “lobby Gay” de querer destruir a la familia para así destruir al capitalismo y conseguir enormes subsidios.

Pero esto es contradictorio. Si es el propio capitalismo el que ha cambiado la estructura familiar, ¿qué sentido tiene decir que quien combate a la familia odia al capitalismo?

Por otro lado, si se trata por combatir la búsqueda de subsidios por parte de pequeños grupos de interés, no hace falta catalogar a los homosexuales como “sodomitas”, “antinaturales”, o personas cuyas demostraciones de cariño solo deban hacerse “en prudencia y discreción” y que ni se les ocurra tener la osadía de querer adoptar niños…

¡Con mis hijos no te metas!… ¡Pero es que no son los tuyos!

Y es mucho mejor tener una familia “gay” que nos dé cariño y contención a tener una familia “tradicional” que implique vivir en el infierno*.

Este tipo de cosas no son liberalismo. Es pura y dura homofobia, y como tal, una muestra del más rancio colectivismo que, mal que le pese a algunos, es colectivismo de derecha. Es juzgar a las personas por su pertenencia a un colectivo y nos por sus características personales.

Para ir cerrando, el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida de los demás. Y dicho proyecto implica no solo querer comprar bienes a quien quiero, como quiero y donde quiero, sino también querer integrarse con personas de otras nacionalidades incluso cuando esto ponga en riesgo ciertas “tradiciones culturales”.

El respeto irrestricto por el derecho del prójimo no es solo que se legalice Uber y que bajen los impuestos, sino aceptar la diversidad garantizar los mismos derechos a los heterosexuales, los homosexuales y los transgénero, incluso cuando esto ponga en riesgo ciertas “tradiciones familiares”.

Ni la diversidad sexual ni el multiculturalismo son enemigos del capitalismo. De hecho, me atrevo a decir que son dos más de sus inevitables consecuencias.

Muchas gracias.

* Por si genera dudas esta frase: de ninguna manera sostiene que toda familia tradicional sea un infierno ni que toda familia gay sea el paraíso. Solo sostiene que entre una familia que dé cariño y contención y otra que no lo haga, siempre es preferible la primera, independientemente del género de quienes ejerzan el rol de padres.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

El único “muro” impermeable es el de Chile

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 9/1/19 en: https://alejandrotagliavini.com/2019/01/09/el-unico-muro-impermeable-es-el-de-chile/

 

Los políticos necesitan construir muros, se diría que quieren contener a sus esclavos. Unos, para evitar que entren “extraños” a usufructuar el “estado de bienestar” coactivamente impuesto -y financiado- a sus súbditos. Y, entre estos políticos, Trump ha dicho que “si no les gusta el cemento, lo haremos de acero… será… más fuerte”.

El presidente está enfrentado con los demócratas, hoy mayoría en la Cámara Baja, porque quiere incluir US$ 5.600 millones en el proyecto de presupuesto para financiar el muro. Y, a falta de presupuesto aprobado, se ha producido el cierre del Gobierno más largo de la historia, unos 20 días, con 800.000 funcionarios sin recibir su paga.

Los demócratas califican de “inmoral” el muro, pero, políticos al fin, solo permiten destinar US$ 1.300 millones para la frontera, y podrían aceptar una “valla de acero”. Trump ha esgrimido la posibilidad de declarar una emergencia nacional “y construirlo muy rápido”, sin necesidad de pasar por el Congreso.

Ahora, también están los construyen para que la gente no salga -al estilo del de Berlín- como en la ciudad egipcia de Roseta, donde el mar del que partían las barcazas con emigrantes “ilegales” ha sido salvajemente amurallado. El primer ministro austriaco felicitó por un trabajo “ejemplar” a un militar egipcio, Al Sisi, que accedió al poder tras un golpe de Estado. “Desde 2016 ha impedido que los barcos partan hacia Europa y, cuando han zarpado, los ha devuelto”, alabanza que secundó el presidente del Consejo Europeo.

A pesar del autoritarismo de Al Sisi y la grave crisis económica, para obtener el apoyo europeo el régimen esgrime el puño de hierro, como contra con una oposición interna hoy encarcelada o desterrada y para sofocar la libertad de prensa. El especialista egipcio Mohamed el Kashef, desde su exilio, asegura que “no es cierto que hayan reducido a cero los flujos… han cambiado sus rutas… siguen apareciendo cuerpos egipcios en Libia”.

Y los hay quienes quieren construir “muros legales”. Ciertamente la Unión Europea (UE) tiene mucho de burocracia inservible, pero el Brexit, del modo en que se plantea, significa nuevas restricciones, como al movimiento de ciudadanos europeos en Gran Bretaña y la inversa. De momento, en el Parlamento, conservadores y laboristas se han unido, propinando al Gobierno una derrota, respaldando una enmienda a la Ley de Presupuestos que bloquea la capacidad económica -impide el eventual aumento de impuestos- del Ejecutivo para una salida sin acuerdo con la UE, el “Brexit duro”.

En fin, sin dudas el único “muro” eficaz ha sido el de Chile. Cuando era niño, el comentario generalizado en mi país, Argentina, era que los ciudadanos chilenos, muy pobres en aquel entonces, cruzaban ilegalmente la frontera. No había modo de detenerlos, llenaban las “villas miseria” y eran los principales delincuentes, decía el vulgo.

Hoy este flujo no solo que se ha detenido, sino que más bien son los argentinos los que quieren cruzar hacia Chile. Construyeron el mejor muro, el de la bondad: la paz, la libertad. Al contrario de los muros de acero y hormigón, Chile disminuyó sensiblemente la injerencia del Estado -el monopolio de la violencia- en el mercado, liberando la creatividad de sus ciudadanos y estableciendo la paz y la cooperación voluntarias en lugar de la coacción estatal. Así, se ha enriquecido al punto que es el segundo inversor extranjero en Argentina.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Un sistema perverso no se arregla con un buen management

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 11/12/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/12/11/un-sistema-perverso-no-se-arregla-con-un-buen-management/?fbclid=IwAR2RvoFZjzI69D4Gd_2M-C6kBN6akOL_DGfInlLVI4dL21X6ZJlgh-0Afv8

 

El Gobierno cayó en el error de dejar que sectores de la sociedad le reclamen al Estado que le quite a otro el fruto de su trabajo para que se lo dé al que no le pertenece. Al cumplirse 3 años desde que Cambiemos llegó al Gobierno, queda claro que su política económica no obtiene el mínimo de logros para conseguir el aprobado

En general, en los primeros 3 años de Gobierno, Mauricio Macri no ha podido dominar la economía, ni aun tomando el criterio que pidió para que evalúen su gestión: “cuánto disminuyó la tasa de pobreza”, ya que dudo seriamente que en un año le vaya a dar positivo el resultado.

El grave error de Cambiemos, y del Presidente en particular, fue creer que un sistema intrínsecamente ineficiente (el populismo) puede ser transformado en eficiente con un buen management. Mauricio Macri y sus principales colaboradores despreciaron la macro y creyeron que podían gestionar la herencia recibida.

Ese fue el error más grosero que cometieron porque a los problemas heredados le agregaron otros como el arbitraje tasa versus dólar, primero con las Lebac y ahora con las Leliq, que constituyen un polvorín en el que no puede haber la más mínima chispa.

Pero más grave aún, al considerar que no hacía falta un plan económico porque pensaron que podían administrar el desastre recibido, mostraron no comprender cómo funciona el proceso económico. El hecho de que muchos de ellos provengan del mundo empresarial no los hace conocedores del funcionamiento de la economía y su estrecha relación con la calidad institucional.

Sobre el tema institucional cometieron otro error, creer que porque Macri se sentara en el sillón de Rivadavia y Cristina Fernández de Kirchner se fuera derrotada, iban a llover las inversiones. Otro grosero error de apreciación.

Sin duda Argentina tiene mucha mejor imagen hoy ante el mundo, pero no por eso alguien va a venir a hundir una inversión con esta carga tributaria, esta legislación laboral y este nivel de gasto público alto e ineficiente.

Nuevamente, sobre el nivel de gasto público parecen no haberse preocupado demasiado y creyeron que el gradualismo iba a llevar a un crecimiento sostenido de la economía que, combinado con un gasto público congelado en términos reales, iba a termina licuando su peso sobre el PBI. El problema es que nunca dijeron por qué iba a crecer la economía. Pensaron en la magia de Mauricio Macri como presidente, de otra forma no se explica lo que hicieron.

Un espejo donde mirarse

Es más, no le dieron mucha importancia al gasto público/PBI si, como creyeron, en Europa el peso del Estado sobre la economía es similar y tienen un buen nivel de vida. Basta con ver lo que está ocurriendo en Francia en estos días para advertir que Europa, o buena parte de ella, está agobiada por el Estado de bienestar que aquí quieren copiar.

Si uno observa la evolución de la tasa de crecimiento del PBI por habitante en los últimos 56 años de las naciones que integran la Unión Europea puede ver una clara tendencia decreciente. De crecer a un ritmo en la banda del 4/6 por ciento anual, terminaron en el rango del 0/2 por ciento de aumento del PBI por habitante.

Como puede observarse en los gráficos previos, la UE y Francia, actualmente con serios conflictos en las calles, tienen un dibujo similar de tendencia hacia el estancamiento y menor tasa de aumento del PBI por habitante, por lo tanto, no es el mejor ejemplo a tomar para decir que en Argentina el problema no es el nivel de gasto público sino su calidad y que hay que administrarlo bien como en Europa.

En Argentina tenemos los dos problemas y Cambiemos creyó que podía solucionarlo con una buena gestión de un gasto público gigantesco, que impide todo crecimiento económico porque espanta las inversiones y eso lleva a que nunca se dé la licuación del gasto sobre el PBI por crecimiento de éste.

Pero, si de instituciones se trata, no es solo que el Gobierno no esté copado por una banda de delincuentes y corruptos. La calidad de las instituciones tiene que ver con que el Estado puede transformarse en ladrón para robarle el fruto del trabajo a quienes todos los días se esfuerzan por producir para repartirlo entre quienes viven a costa del trabajo ajeno.

El ABC de la equidad tributaria

Como dice el genial Fréderic Bastiat en su ensayo La Ley, refiriéndose a cómo la ley fue pervertida, “el gobierno ha puesto la fuerza colectiva al servicio de quienes quieran explotar, sin riesgo y sin escrúpulos, la persona, la libertad o la propiedad ajenas; ha convertido la expoliación, para protegerla, en derecho y la legítima defensa en crimen, para castigarla”.

Este ensayo, que fue escrito en 1850 tiene total vigencia en la Argentina actual cuando uno ve a los piqueteros “exigir” planes sociales y al Gobierno negociar con ellos. El Estado no tiene ningún derecho a negociar con nadie el fruto del trabajo ajeno.

¿Qué es lo que ocurre en este caso? En vez de que los piqueteros vengan a robarnos directamente, lo mandan al Estado a robarnos en nombre de la solidaridad social. Y el robado, que somos los expoliados impositivamente, pasamos a ser delincuentes si queremos defendernos de la expoliación impositiva, cuando no somos tildados de insensibles sociales. En definitiva, el orden jurídico es dado vuelta y el Estado, que tiene el monopolio de la fuerza para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas, utiliza ese monopolio de la fuerza para quitarle al que produce y dárselo al que no produce.

Bajo estas condiciones, se va desestimulando la inversión, la economía genera cada vez menos riqueza y la inseguridad jurídica es la regla que impera porque el Estado, en cualquier momento, puede recurrir a la expoliación impositiva o a la confiscación directa para financiar a los grupos que mayor presión hacen para quedarse con el fruto del trabajo ajeno.

Bajo este sistema, en que los diferentes sectores de la sociedad van a reclamarle que el Estado le quite a otro el fruto de su trabajo para que se lo dé al que no le pertenece, es un sistema perverso. Es un sistema que está basado en el robo de la riqueza y no en la generación de riqueza. Por eso decía desde el inicio, que Cambiemos cometió el grosero error de creer que un sistema perverso como este podía funcionar si tenía un buen management.

Ningún sistema económico basado en el robo legalizado, como lo llama Bastiat, puede funcionar con un buen management. Por definición está destinado al fracaso. Cambiemos no entendió la relación entre economía y calidad institucional.

Si Cambiemos logra ganar un segundo mandato y quiere tomar revancha de estos tres años de malos resultados económicos, va a tener que entender mejor cómo funciona la economía y su estrecha relación con la calidad institucional. Gerenciar “eficientemente” un sistema perverso no es el camino para terminar con 70 años de decadencia.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE  

DIOS, LA PROVIDENCIA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 21/10/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/10/dios-la-providencia.html

 

Del libro “Existencia humana y misterio de Dios” (Unsta, Tucumán, 2008).

Finalmente, el Dios que es la vocación universal, el sentido último y el creador de toda existencia, la libertad, la esperanza y el hogar más profundo, es un Dios que da sentido a todo sufrimiento. No elimina el sufrimiento, mientras estamos en camino hacia El, sino que le da pleno sentido.

Hay varios modos de entenderlo.

Ante todo hay que salir del tiempo humano.

Dios no “sabía” que esto “te iba” a suceder. Dios sabe lo que te está sucediendo. Tu tiempo, el tiempo humano, es como un círculo que recorres. El está fuera del círculo: El es como el centro del círculo, un punto, como un ojo infinito que todo lo creo y todo lo recorre con su mirada. Santo Tomás dice siempre que Dios está fuera del tiempo humano. El ejemplo del círculo es de él: “…Cuius exemplum utcumque in circulo est videre: (cuyo ejemplo se ve por el círculo) punctum enim in circumferentia signatum, etsi indivisibile sit, (pues un punto determinado de la circunferencia, aunque sea indivible….) non tamen cuilibet puncto alii secundum situm coexistit simul, (no co-existe sin embargo, simultáneamente, con cualquier otro punto por su posición) ordo enim situs continuitatem circumferentiae facit; (pues el orden de la circunferencia se produce por la continuidad de sus posiciones); centrum vero, quod est extra circumferentiam, (pero el centro, que está fuera de la circunferencia) ad quodlibet punctum in circumferentia signatum directe oppositionem habet (está opuesto directamente a cualquier punto determinado de la circunferencia). Quicquid igitur in quacumque parte temporis est, coexistit aeterno quasi praesens eidem: etsi respectu alterius partis temporis sit praeteritum vel futurum (por lo tanto todo lo que es en cualquier sector del tiempo, es con lo eterno como presente, aunque respecto a otra parte del tiempo sea pasado o futuro). Aeterno autem non potest aliquid praesentialiter coexistere nisi toti: (pero ante lo eterno nada puede estar presencialmente sino totalmente), quia successionis durationem non habet (porque no hay duración sucesiva).. Quicquid igitur per totum decursum temporis agitur, (por ende cualquier cosa que sea en todo el transcurrir del tiempo) divinus intellectus in tota sua aeternitate intuetur quasi praesens. (el intelecto divino lo tiene (lo intuye) en su eternidad como presente.  Nec tamen quod quadam parte temporis agitur, semper fuit existens. (Pero lo que está en una determinada parte del tiempo no siempre fue existente).  Relinquitur igitur quod eorum quae secundum decursum temporis nondum sunt, Deus notitiam habet. (De lo cual se infiere que Dios conoce lo que según el transcurso del tiempo aún no es)[1].

Esto es: “…cuyo ejemplo se ve por el círculo: pues un punto determinado de la circunferencia, aunque sea indivisible, no co-existe, sin embargo, simultáneamente, con cualquier otro punto, por su posición, pues el orden de la circunferencia se produce por la continuidad de sus posiciones. Pero el centro, que está fuera de la circunferencia, está opuesto directamente a cualquier punto determinado de la circunferencia. Por lo tanto todo lo que es en cualquier sector del tiempo, es con lo eterno como presente, aunque respecto a otra parte del tiempo sea pasado o futuro. Pero ante lo eterno nada puede estar presencialmente sino totalmente, porque no hay duración sucesiva. Por ende cualquier cosa que sea en todo el transcurrir del tiempo, el intelecto divino lo tiene, lo ve, en su eternidad, como presente. Pero lo que está en una determinada parte del tiempo no siempre fue existente, de lo cual se infiere que Dios conoce lo que, según el transcurso del tiempo, aún no es”.

O sea: si el tiempo en lo finito es como un círculo, y Dios es un centro infinito que ve todo el círculo, al mismo tiempo que lo crea…. Entonces para Dios lo pasado no fue, sino que es desde su centro, y lo futuro no será, sino que es desde su centro. Por eso puedes rezar por los que “fueron” porque para Dios “son”[2].

Dios no sabe, por ende, lo que te ocurrió u ocurrirá, sino lo que está ocurriendo. ¿Y si te está ocurriendo algo “malo”? Entonces está permitido, tolerado por Dios. Tolerar es permitir en función de un bien mayor. Pero mientras que la tolerancia humana es falible, la divina es infalible. Porque:

  1. a)Dios es Dios;
  2. b)Si Dios es Dios, no puede querer el mal, esto es, no puede pecar.
  3. c)Si Dios no puede querer el mal, entonces lo tolera por un bien mayor.
  4. d)Esa tolerancia es infalible, porque es divina.

Todo mal implica por ende un plan divino conocido por Dios pero desconocido por nosotros.

Por eso dice también Santo Tomás, objetándose a sí mismo:

Videtur quod Deus non sit. (Parece que no hay Dios). Quia si unum contrariorum fuerit infinitum, totaliter destruetur aliud. (Porque su hubiera algo infinito, destruye totalmente a su contrario). Sed hoc intelligitur in hoc nomine Deus, scilicet quod sit quoddam bonum infinitum. (E infinito se entiende por este nombre, “Dios”, en cuanto que es el Bien Infnito). Si ergo Deus esset, nullum malum inveniretur. (Si hubiera Dios, no habría por ende ningún mal).  Invenitur autem malum in mundo. (Pero se da el mal en el mundo). Ergo Deus non est.(Luego no hay Dios)[3].

Santo Tomás recoge de este modo nuestra manera habitual de pensar. Se me murió un amigo, luego no hay Dios. Asesinaron a un vecino, luego no hay Dios. Hay mal, hay pecado, hay sufrimiento, luego no hay Dios.

Pero conforme a lo que hemos visto, Santo Tomás contesta:

Ad primum ergo dicendum quod, sicut dicit Augustinus in Enchiridio (a lo primero debe decirse que, según dice San Agustín….), Deus, cum sit summe bonus, (siendo Dios el sumo bien…) nullo modo sineret aliquid mali esse in operibus suis, (no permitiría nada malo en sus obras…)  nisi esset adeo omnipotens et bonus (si no fuere omnipotentemente bondadoso…), ut bene faceret etiam de malo (para sacar el bien del mal). Hoc ergo ad infinitam Dei bonitatem pertinet, ut esse permittat mala, et ex eis eliciat bona (Por ende pertenece a su bondad infinita permitir el mal y de él obtener un bien)[4].

¿Queremos un ejemplo?

¿Cuál es el mayor mal que hubo en la historia?

El asesinato de Cristo.

Acompañado de otros males:

La traición: “No conozco a ese hombre”[5].

El insulto, la burla, el escarnio: “Sálvate a tí mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la Cruz”[6].

El dolor supremo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”[7].

¿Y todo ello, por qué?

Precisamente por el per-dón, por el Dios de la esperanza, el Dios de Israel de la Nueva Alianza.

En el Dios que es creación, en el Dios que es redención, en el Dios que es sentido, en el Dios que es hogar, libertad, esperanza… Está el sentido del sufrimiento y el sentido de la relación Dios-ser humano. Pero ningún sufrimiento puede anular el gozo creciente del habitar progresivo de Dios en ti, hasta que la vida sea el eterno estar en Dios donde se consumará el matrimonio con El[8].

Ya va cesando nuestro humano discurso.

Siempre habrá algo que decir, porque siempre, por amor, hay que hablar de Dios.

Pero el hablar de Dios tiene el límite de la finitud de nuestro lenguaje, y por eso, cuando te hablen de Dios, y cuando hables con Dios, deja que El te hable.

Ya va cayendo la noche sobre el lenguaje

Ya te acercas a la luz del misterio de Dios

Deja que El penetre tu sentido

Deja que El habite en tu interior.

 

[1] CG I, 66.

[2] CG, III, 95/96.

[3] ST I Q 2 a. 3 1ra ob.

[4] ST I Q. 2, a. 3 ad 1.

[5] Mateo, 26, 74.

[6] Mateo, 27, 40.

[7] Mateo, 27, 46.

[8] “Oh llama de amor viva,

que tiernamente hieres

de mi alma en el más profundo centro!

Pues ya no eres esquiva,

Acaba ya si quieres;

Rompe la tela deste dulce encuentro”. San Juan de la Cruz, primer estrofa de Llama de amor viva.

 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Gero von Randow y “Revoluciones”

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 17/7/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/gero-von-randow-y-revoluciones/

 

Aunque las revoluciones tienen una larga historia, habitualmente las asociamos a la política y a la Edad Contemporánea, desde la Ilustración. Suelen ser celebradas, pero las  más importantes del último siglo se hicieron en nombre del socialismo, y cien millones de inocentes cayeron víctimas de esa criatura paradigmática del racionalismo ilustrado —así empieza La Internacional: “Arriba, parias de la Tierra./En pie, famélica legión./Atruena la razón en marcha,/es el fin de la opresión”. En realidad, no se levantaron los parias, los pobres no hacen las revoluciones, el racionalismo causó desastres sin límite, y el comunismo se plasmó en tiranías criminales en todo el planeta.

Pero el socialismo ha conseguido sobreponerse a sus resultados, y se siguen apreciando sus objetivos. Lo refleja Gero von Randow en su libro Revoluciones. Cuando el pueblo se levanta (Turner). No defiende el comunismo, pero sí la revolución socialista: sostiene que su meta era la libertad, y enlaza alegremente la sanguinaria Revolución Francesa con la democracias modernas.

¿Deseaban la libertad, la igualdad y la fraternidad los que mataron a decenas de miles de personas en el Terror? La salida de Randow es reveladora: “Las revoluciones terminan siempre con una decepción, con el triunfo de la realidad sobre los sueños, de ahí la melancolía”. Parece rescatar a los revolucionarios por sus “sueños”, como si los de la razón no produjeran monstruos, y es chocante llamar “decepción” a millones de asesinados. Es como si se resistiera a admitir que muchas revoluciones germinaron de una semilla liberticida, sembrada por la arrogante pretensión de cambiar la sociedad racionalmente de arriba abajo.

Dice: “Uno puede dejarse fascinar por las revoluciones, pero son hermosas y terribles al tiempo. Sería mejor que no fueran necesarias”. ¿Necesarias?

Al final queda atrapado, no por el hecho revolucionario pero sí por la idea del cambio social: saluda a figuras como Pablo Iglesias, cuyas cochambrosas ideas antiliberales guardan una estrecha relación con las de los peores revolucionarios de la historia, empezando por Robespierre, cuya siniestra figura ha saludado el líder de Podemos.

Es cierto y triste que los revolucionarios sugestionen, justo al revés que los comerciantes, siendo así que los primeros derraman sangre y los segundos promueven la prosperidad. Ya lo dijo Tocqueville: “Nada es más opuesto a las costumbres revolucionarias que las costumbres de los negocios”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE