El escritorio de una Pyme y las tres mochilas que la asfixian

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 6/2/19 en:  https://www.cronista.com/columnistas/El-escritorio-de-una-Pyme-y-las-tres-mochilas-que-la-asfixian-20190206-0062.html

 

Para obtener ganancias el empresario debe procurar que los consumidores ofrezcan sus pesos en forma voluntaria. Eso es mercado. Por tanto, no tiene otra alternativa que satisfacer una necesidad ofreciendo un producto o servicio cuya utilidad sea mayor a la de los pesos que tiene en su bolsillo. Si el consumidor valora más el producto o servicio que sus pesos entonces
realizará la compra.

Es decir, la única forma que tiene el empresario de obtener el voto silencioso y diario de los consumidores es satisfaciendo sus necesidades. Es lo atractivo de hacer negocios. En el escritorio de una pyme o una gran empresa debería haber papeles o elementos que ayuden al empresario a tomar la decisión más sabia a fin de acertar los gustos, preferencias y presupuestos de los consumidores.
Los consumidores cambian, la tecnología vuela, los competidores juegan. ¿Qué produzco?, ¿cómo produzco? ¿con qué precio
salgo?, ¿a qué calidad?, ¿cómo debe ser el pack?, ¿cuál mercado priorizo? ¿cómo lo transporto? Son miles las preguntas que hay
que resolver. De esas respuestas depende el éxito de un negocio, la inversión, el empleo y el crecimiento.
En las pymes, y en particular las familiares, se agregan otros términos a la ecuación. No son pocas las veces que una empresa
sigue viva sólo porque los hijos “vinieron a jugar de pequeños”. Un político nunca comprenderá que un torno, una embutidora, un
horno, un compresor o cualquier máquina puedan ser parte de la familia.

Sin embargo, en los últimos años, los escritorios de las pymes han cambiado. Los temas importantes del día ya no son las decisiones de mercado sino la relación con el Estado nacional.
Podemos dividir el escritorio de una pyme en tres partes. Un tercio dedicado a la mochila fiscal, otro a la laboral no salarial y otro a la regulatoria. Un empresario debe estar atento a los 106 impuestos que los 2200 municipios, las 24 provincias y el estado nacional han legislado a lo largo de la historia. La única política de Estado en la Argentina es el impuesto.
Los impuestos no sólo son muchos sino que son complejos. La complejidad tiene solamente un motivo. Generar más multas.
Ingresos brutos es el ejemplo perfecto de una complejidad especialmente diseñada por políticos para aprisionar al sector privado. Demás está decir que IIBB representa el 9% del precio de un alimento, lo cual ya sería motivo suficiente para al menos estudiar su reforma. IIBB es complejo, hostil y sin dudas uno de los sepultureros de empresas. Resulta muy difícil de liquidar.
La mochila laboral ocupa otro tercio del escritorio. En el intento de proteger al trabajador se diseñó una hipertutela que ha impedido el normal desarrollo del mercado de trabajo. Incorporar y despedir a un trabajador se ha tornado burocrático y riesgoso. Si el costo de salida es elevado, el incentivo al ingreso es nulo. Eso explica buena parte del desempleo

Por último, las regulaciones nacionales, provinciales y municipales han terminado por tapar el escritorio de una pyme. En el rubro cárnico antes que un camión inicie el reparto necesitará 22 documentos al día, además de los 4 permisos electrónicos previos al despacho.
Hasta el 2015 para que una familia pueda acceder a una pechuga de pollo la industria debió cumplimentar 164 trámites en dependencias de todos los niveles de gobierno. Luego de quejas empresarias actualmente ese número se redujo a poco más de 120.
A este delirio se le suma las encuestas compulsivas de los organismos de estadística (so pena de multas por incumplimiento), los registros impositivos, las inscripciones y reinscripciones varias, pues muchos organismos cambian sus sistemas o terminan “perdiendo los papeles”.
Para peor, muchos servicios por los cuales el Estado cobra impuestos, establece registros y regulaciones, son ofrecidos en calidad deficiente. Por tal motivo las empresas deben pagar nuevamente “el gasto público” contratando custodias privadas, servicios de recolección privados, seguridad e higiene privada, etc. Multiplicando costos e ineficiencias.
Cada una de estas regulaciones tiene motivos y justificaciones. Cada una de ellas es impecable. Todas juntas es una mochila insalvable. Una verdadera religión estatal.
La sumatoria del peso de las tres mochilas que ocupan el 100% del escritorio de una pyme son más pesadas que la espalda. Por lo tanto asfixia a las empresas, desenfoca la atención y anula sueños y creatividad. La mochila estatal destruye empresas. No hay país posible si los empresarios en lugar de recorrer mercados, recorren ministerios, si en lugar de analizar qué producir solo atinan a preguntar “qué impuesto vence hoy”.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

La Curva de Phillips y la tasa de interés

Por Adrián Ravier.  Publicado el 16/2/18 en: https://www.lagaceta.com.ar/nota/761474/opinion/curva-phillips-tasa-interes.html

 

La autoridad monetaria se debate desde hace meses si subir o bajar la tasa de interés. El debate está en el premio que le vamos a dar a los agentes por mantener sus activos pesificados. Subir la tasa, contribuye a pesificar la economía; Bajar la tasa, contribuye a dolarizarla. La demanda de dinero en pesos resultante es una de las claves para contener la inflación.

Otro modo de ver la cuestión es si privilegiar la lucha contra la inflación o la actividad económica, lo que nos conduce, en definitiva, a la lógica de la Curva de Phillips. Phillips planteó un trabajo empírico en 1958 donde mostraba la relación inversa que existe entre inflación y desempleo. En términos prácticos, si Argentina decide acelerar su lucha contra la inflación, por ejemplo subiendo las tasas, tendrá que aceptar en el corto plazo un nivel de actividad menor, con impacto negativo sobre el empleo. Si decide postergar esta lucha para otro momento bajando las tasas, entonces puede recalentar la economía, pero el costo será una mayor inflación.

Desde mi punto de vista la autoridad monetaria debería privilegiar el objetivo de tener una moneda sana, lo que sólo se puede conseguir limitando la asistencia que el BCRA le ofrece al Tesoro. Esto, a su vez, tiene dos soluciones, o se eleva la tasa de interés lo suficiente, o bien, se controla los agregados monetarios (una propuesta que viene ganando adherentes).

Probados hechos hay en la historia económica que sólo una moneda sana fomenta el ahorro, la inversión, la formación de capital, la generación de empleo, el aumento de productividad, los mejores salarios reales y el aumento en el bienestar. Sólo de ese modo se soluciona el problema de la inflación, y se fomenta actividad económica y empleo.

El gobierno, sin embargo, decide priorizar recurrentemente el nivel de actividad y empleo, poniendo el carro delante del caballo. Lo más grave es que el margen de acción se acorta porque las elecciones se acercan, y entonces ya no hay opción para bajar a tiempo la inflación y que en 2019 la actividad económica y el empleo despeguen fortalecidos. Son los costos del gradualismo, y nadie puede decir que los economistas no lo hemos advertido.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Gasto público: enemigo del crecimiento económico

Por Iván Carrino. Publicado el 1/6/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/06/01/gasto-publico-enemigo-del-crecimiento-economico/#.WTAbyCGSXX4.facebook

 

Suele argumentarse que el mayor gasto del estado estimula la demanda y, con ella, el crecimiento de la economía. Esta teoría se choca con la realidad.

Imaginemos que tenemos un primo lejano. Nuestro primo vive a 5 mil kilómetros de distancia, pero se da la particularidad que se apropia del 50% de nuestros ingresos y es el encargado de realizar el 50% del gasto de nuestro hogar.

Viviendo tan lejos, y con poco interés en que nuestra calidad de vida mejore, los resultados esperables de tal esquema son fáciles de predecir. El hogar tendrá problemas de mantenimiento y nosotros estaremos bastante desmotivados para producir, sabiendo que hay que mantener a este primo bobo que vive de nosotros.

Algo similar ocurre con el estado.

El gobierno toma dinero del sector privado y gasta buscando supuestamente generar bienes públicos. Desde el punto de vista keynesiano, este sistema es beneficioso para la economía, puesto que el gasto estimula la demanda y eso genera crecimiento económico por la vía del famoso “multiplicador”.

Sin embargo, la realidad es más parecida a la de nuestro primo. El gasto del gobierno es de mala calidad y, dado que hay que pagarlo con mayor carga tributaria, desincentiva el ahorro, el trabajo y la inversión.

Un caso paradigmático es el de la economía argentina. Entre 2004 y 2015, el gasto consolidado de nación, provincias y municipios pasó de 26,6% del PBI a 47,1%. Durante los últimos 4 años, donde el promedio del gasto fue de 44,1% del PBI, la economía no solo no creció, sino que cayó en términos per cápita. Es decir, nos empobrecimos como sociedad.

Pero el caso argentino no es una anomalía de la economía global. Un reciente análisis divulgado por la consultora Oikos Buenos Aires a través de su cuenta de Twitter, muestra que existe una relación inversa entre el tamaño del gasto del estado y el crecimiento económico.

Con datos del FMI y a partir de una muestra de 168 países para los últimos 16 años, llegaron a la conclusión de que a mayor gasto estatal, menor es la tasa de crecimiento de la economía. Limpiando el análisis y dejando solo a los países ricos, la relación es similar.

Más gasto es menos crecimiento.

Problemas de incentivos

La relación negativa entre gasto público y crecimiento tiene varias explicaciones. La primera es que el gobierno, enfrenta un problema de incentivos. Como explicaba de manera sencilla Milton Friedman, existen cuatro formas de gastar. O se gasta el dinero propio en uno mismo; o se gasta el dinero propio en un tercero; o se gasta el dinero de un tercero en uno mismo; o se gasta el dinero de un tercero en un tercero.

Para Friedman, la forma más eficiente de gastar es la primera. Ahí, uno se preocupa por el costo de lo que compra, y también por la calidad. La última forma, en cambio, es la menos eficiente. El comprador no cuida los recursos, porque no son propios, y además no mira mucho la calidad de lo que compra. El resultado es una compra cara y de mala calidad.

Cuando el gobierno gasta, emplea una combinación de las formas 3 y 4, generando ineficiencia en la economía. Gasta dinero ajeno (de los impuestos) en bienes ajenos (subsidios, por ejemplo); o usa dinero ajeno para beneficio propio, como campañas electorales o asignando obras públicas a grupos conectados con el poder que nada tienen que ver con la maximización del bienestar social.

Otro tema relacionado son los incentivos que el propio gasto genera. De acuerdo a una reciente publicación del Institute of Economic Affairs de Londres:

“El gasto de consumo del gobierno tiende a disminuir el crecimiento. El gasto en programas sociales mal diseñados puede ser especialmente dañino, ya que reduce los incentivos al trabajo.”

El gobierno no tiene los incentivos correctos para gastar de manera de maximizar el crecimiento económico. Además, su gasto distorsiona los incentivos de la sociedad, reduciéndolo.

Problemas de información

Un segundo punto a considerar es la diferencia de información con la que se maneja el sector privado y el sector público.

En el sector privado prevalece el sistema de precios, lo que ayuda a los empresarios a asignar de manera eficiente los recursos. Si un precio es demasiado alto, esto refleja que los consumidores están necesitando mayor cantidad de ese bien, lo que estimula a los empresarios a incrementar la producción. En este esquema, se produce lo que genera beneficio económico, y ese beneficio es el reflejo de la mejor satisfacción de las necesidades de los consumidores.

El sector público no produce con criterio de beneficio económico. De hecho, si en cualquier emprendimiento público se pierde dinero, eso está justificado porque el gobierno persigue “objetivos sociales”. Esto puede estar bien de acuerdo a criterios de solidaridad o igualdad, pero refleja ineficiencia económica y, por tanto, reduce el crecimiento.

Por ejemplo, debido a que el gobierno no se guía por el sistema de precios, es probable que termine construyendo un puente que no dirija a ninguna parte y que se haga con materiales demasiado onerosos. En ese caso, es claro que dichos recursos podrían haber sido mejor utilizados por el sector privado.

Por el problema de información al que se enfrenta el gobierno, su gasto es menos eficiente y asigna peor los recursos de la sociedad. La consecuencia es un menor crecimiento de la economía.

Más gasto es más impuestos

La última cuestión a considerar es que un mayor gasto público significa, a corto o largo plazo, mayor carga tributaria. El gobierno no gasta nada sin antes tomar dinero de la sociedad en la forma de impuestos. Si incurre en déficit y se endeuda por ello, entonces en algún momento deberá cobrar más impuestos para pagar esa deuda.

Así, los impuestos son la contrapartida del gasto y su efecto sobre los incentivos para ahorrar, trabajar y crear empresas es destructivo. Los impuestos son una mochila pesada para todos los creadores de riqueza de la sociedad, e incrementarlos subiendo el gasto público es la receta perfecta para que la economía se estanque.

En conclusión, el gasto público es el enemigo del crecimiento económico. Y tanto argumentos teóricos como empíricos sostienen esta afirmación. Para que la economía se reactive, el gobierno debería considerar seriamente reducir el gasto.

De lo contrario, seguiremos festejando los pequeños brotes verdes, sin jamás ver ningún bosque.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.