Gero von Randow y “Revoluciones”

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 17/7/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/gero-von-randow-y-revoluciones/

 

Aunque las revoluciones tienen una larga historia, habitualmente las asociamos a la política y a la Edad Contemporánea, desde la Ilustración. Suelen ser celebradas, pero las  más importantes del último siglo se hicieron en nombre del socialismo, y cien millones de inocentes cayeron víctimas de esa criatura paradigmática del racionalismo ilustrado —así empieza La Internacional: “Arriba, parias de la Tierra./En pie, famélica legión./Atruena la razón en marcha,/es el fin de la opresión”. En realidad, no se levantaron los parias, los pobres no hacen las revoluciones, el racionalismo causó desastres sin límite, y el comunismo se plasmó en tiranías criminales en todo el planeta.

Pero el socialismo ha conseguido sobreponerse a sus resultados, y se siguen apreciando sus objetivos. Lo refleja Gero von Randow en su libro Revoluciones. Cuando el pueblo se levanta (Turner). No defiende el comunismo, pero sí la revolución socialista: sostiene que su meta era la libertad, y enlaza alegremente la sanguinaria Revolución Francesa con la democracias modernas.

¿Deseaban la libertad, la igualdad y la fraternidad los que mataron a decenas de miles de personas en el Terror? La salida de Randow es reveladora: “Las revoluciones terminan siempre con una decepción, con el triunfo de la realidad sobre los sueños, de ahí la melancolía”. Parece rescatar a los revolucionarios por sus “sueños”, como si los de la razón no produjeran monstruos, y es chocante llamar “decepción” a millones de asesinados. Es como si se resistiera a admitir que muchas revoluciones germinaron de una semilla liberticida, sembrada por la arrogante pretensión de cambiar la sociedad racionalmente de arriba abajo.

Dice: “Uno puede dejarse fascinar por las revoluciones, pero son hermosas y terribles al tiempo. Sería mejor que no fueran necesarias”. ¿Necesarias?

Al final queda atrapado, no por el hecho revolucionario pero sí por la idea del cambio social: saluda a figuras como Pablo Iglesias, cuyas cochambrosas ideas antiliberales guardan una estrecha relación con las de los peores revolucionarios de la historia, empezando por Robespierre, cuya siniestra figura ha saludado el líder de Podemos.

Es cierto y triste que los revolucionarios sugestionen, justo al revés que los comerciantes, siendo así que los primeros derraman sangre y los segundos promueven la prosperidad. Ya lo dijo Tocqueville: “Nada es más opuesto a las costumbres revolucionarias que las costumbres de los negocios”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

En tiempos de discusión de reformas, Juan Bautista Alberdi sobre ley fiscal, impuestos y la prosperidad futura

Por Martín Krause. Publicado el 5/11/17 en: http://bazar.ufm.edu/tiempos-discusion-reformas-juan-bautista-alberdi-ley-fiscal-impuestos-la-prosperidad-futura/

 

En su libro “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853”, Juan Bautista Alberdi analiza el texto entonces recién aprobado y su contenido económico, al que considera un plan para la prosperidad futura. En la Tercera Parte, Capítulo IV, se refiere a los impuestos. Algunos párrafos:

“Es verdad que la tendencia natural de la renta pública. es a ser grande y copiosa; pero en la doctrina económica de la Constitución argentina, la abundancia de la renta pública depende del respeto asegurado a los derechos naturales del hombre, en el empleo de sus facultades destinadas a producir los medios de satisfacer las necesidades de su ser. Esos derechos, en que reposa el sistema rentístico, el plan de hacienda o de finanzas, que es parte accesoria del sistema económico del país, son la propiedad, la libertad, la igualdad, la seguridad en sus relaciones prácticas con la producción, distribución y consumo de las riquezas.”

“La Constitución quiere que la ley fiscal o rentística respete y proteja esos derechos, lejos de atacarlos.

El estadista debe tener presente que esos derechos, manantiales originarios de toda riqueza, pueden ser atacados, por la ley orgánica de un recurso fiscal, y derogada de ese modo la Constitución que los consagra precisamente en el interés de la riqueza y del bienestar común. En efecto, los recursos contrarios a las garantías económicas que la Constitución establece en favor de todos los habitantes, son justamente contrarios al aumento del Tesoro nacional; es decir, que son opuestos a la Constitución por dos respectos, como hostiles al país en su riqueza, y como hostiles al gobierno en su Tesoro parásito del tesoro de los individuos.”

Adelanta, en relación a la recaudación aduanera (que entonces era la más importante), lo que ahora llamaríamos “Curva de Laffer”:
“Síguese de aquí que el medio más lógico y seguro de aumentar el producto de la contribución de aduana es rebajar el valor de la contribución, disminuir el impuesto en cuanto sea posible. En ningún punto la teoría económica ha recibido una confirmación más victoriosa de la experiencia de todos los países, que en la regla que prefiere muchos pocos a pocos muchos.”

Y luego:

“Si el impuesto bajo es tan fecundo en resultados con referencia a las aduanas, su total supresión por un término perentorio podría servir. de un estimulante tan enérgico, que en cortos años colocase a la Confederación a la par de Montevideo y de Buenos Aires, en el valor de su comercio directo con la Europa. La aduana es como el cabello en ciertas circunstancias: es preciso cortarla enteramente para que venga más abundante. – Los grandes hoteles suelen ofrecer gratis un banquete de inauguración al público, que más tarde indemniza a las mil maravillas el adelanto recibido bajo el color de una largueza. En el banquete de la riqueza de las naciones jóvenes, los millones por impuestos no percibidos, que aparecen arrojados a la calle, son adelantos para la adquisición de rentas futuras.”

“A falta de recursos extraordinarios para llenar el déficit, el primero de los medios puede suplirse con una rebaja de derechos tan franca y audaz, que casi se acerque de la total extinción de las aduanas.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.