¿POR QUÉ HAY CADA VEZ MÁS CASOS DE DIVERSIDAD SEXUAL?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/9/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/09/por-que-hay-cada-vez-mas-casos-de.html

La respuesta parece ser obvia: porque ahora es socialmente admitido y legalmente permitido y alentado.

Si, eso es parte de la verdad, pero hay otras cuestiones, muy delicadas, en las cuales me voy a introducir peligrosamente.

Hay algunos que piensan que el sexo es biológico y son dos sexos y punto. Si hay problemas es por una psicopatología de identidad sexual y-o casos de hermafroditismo. Otros piensan que la identidad sexual es totalmente construida por el sujeto y listo.

En medio de todo eso está el tema de la ley natural. Los que aún adhieren a ella se ubican habitualmente dentro del primer grupo. Tienden a igualar ley natural con ley biológica.

Yo adhiero a la doctrina de la ley natural de Santo Tomás, pero como Santo Tomás era teólogo, la ubico dentro de un contexto teológico. Y además le agrego, sin contradicción, mi interpretación del psicoanálisis de Freud[1].

Desde ese punto de vista, luego del pecado original Dios revela, subsidiariamente, cuestiones morales que dado ese pecado original, muy pocos seres humanos habrían llegado a verlas, muy tardíamente y con mezcla de error, como explica el mismo Santo Tomás con respecto a temas como Dios, la inmortalidad del alma y el libre albedrío[2].

Por lo tanto sí, es de ley natural que el ser humano tiene dos sexos, es de ley natural que las relaciones sexuales deben ser en un matrimonio monogámico e indisoluble.

Pero luego del pecado original, ello es muy difícil (aunque no imposible) de ver, dada la naturaleza caída.

Por eso Dios sale a recordarlo, y lo hace en el famoso momento donde algunos interpelan a Cristo por el divorcio. “Eso lo permitió Dios por la dureza de vuestro corazón”, responde, “pero al principio no era así”[3]. Muy interesante: “al principio”, o sea antes del pecado original, en la situación de justicia originaria, donde Adán y Eva eran perfecto matrimonio. Lo cual está revelado en el Génesis.

Luego, como sabemos, todo ello se perdió por el pecado original (que no fue sexual, sino espiritual, de soberbia). La naturaleza humana quedó gravemente herida, pero no destruida; la naturaleza humana puede seguirse invocando como fundamento de la ley natural, pero recordando que nunca hubo una naturaleza pura, sino primero elevada, luego caída y luego redimida.

La naturaleza redimida borra la culpa pero no las consecuencias del pecado original. Por lo tanto se hereda la herida de la conscupiscencia, la des-armonía entro el apetito sensible y la recta razón.

Ello está en armonía (es una opinión personal) con el Ello como la pulsión de vida originaria. Ese Ello, como Freud lo analiza, no es precisamente la ley natural. En el Ello todos los deseos están mezclados y caóticos. Cuando nacemos somos un perverso polimorfo; así describe Freud al bebé. Claro, adorable, inofensivo, inimputable, pero perverso polimorfo al fin. Por eso comienza la socialización, la “ley del padre”, los “no”: el Super Yo. Y por eso las neurosis, como precio inevitable de la socialización. Por eso la terapia no consiste en levantar las barreras del Super Yo, sino en re-elaborar los conflictos que tenga (y siempre tiene) el Yo por ese re-direccionamiento permanente entre las fuerzas del Ello y el Super Yo.

Cuando nacemos, por ende, desde el punto de vista de los apetitos indiferenciados del Ello, somos todo: homosexuales, heterosexuales, polígamos, incestuosos, todo. Es sólo con un delicado proceso de socialización y acción del Super Yo que todo ello se puede más o menos re-conducir hacia un Yo adulto que haya incorporado sus mandatos bajo la culpa. O sea un neurótico. Y es habitual que ese proceso salga mal o muy mal. El Yo adulto tiene todo ello en el inconsciente reprimido. Ni lo advierte. El adulto heterosexual lo es “pero” lleva con él al inconsciente reprimido que puede aparecer apenas se levantan las poderosas barreras del Super Yo.

El Super Yo de un cristiano es más fuerte. Incorpora la Gracia de Dios para poder cumplir con la ley natural, e incorpora las razones de la revelación, en armonía con la razón, para entender por qué la cumple, más allá de la culpa que le daría al no cumplirla.

Por ende a un cristiano no le sale naturalmente, de su naturaleza caída, ser heterosexual. Lo es porque su Super Yo es el más fuerte que podía haber: la “ley del padre” con la fuerza de la Gracia y la sabiduría como don del Espíritu Santo.

Por eso los cristianos que no tengan problemas intelectuales o psicológicos con su cristianismo, son heterosexuales. No porque lo sean de nacimiento, sino porque el Super Yo y la Gracia, conjuntamente, los ha hecho ser así. Pero ello no es una construcción arbitraria del sujeto: no es arbitraria, sin sentido, sino que sigue el sentido del Super Yo y una ley natural cuya razonabilidad está más allá de la decisión arbitraria del sujeto. Está en la naturaleza humana, pero una naturaleza que debe ser redimida y elevada para poder desarrollarse como tal.

Ahora que el cristianismo está en crisis cultural total, todo ello está desapareciendo. El único Super Yo que la mayoría de las personas incorporan sobre su sexualidad es la no coacción. Fuera de ello el Super Yo culturalmente ha cambiado. Entonces el sujeto se permite sentir lo que antes el Super Yo no le permitía ni sentir o, si lo sentía, lo cubría de una culpa tan fuerte que el principio de realidad del Yo lo re-conducía nuevamente.

Por eso ahora gran parte de los seres humanos se permiten sentir de vuelta a ese “perverso polimorfo” (la terminología es de Freud, el término “perverso” NO es moral), lo dejan fluir y actúan en consecuencia. Por eso llegan obviamente a la conclusión de que no hay ley natural y que el Cristianismo es una construcción social negadora de esa sexualidad liberada de gran parte del Super Yo anterior. Si a eso le agregan Marcuse, ese cristianismo es parte de un capitalismo opresor que, si es superado, nos libraremos entonces totalmente de esa “represión excedente”[4].

Por eso chicos y chicas quieren ser gays, lesbianas, cambiarse de sexo, etc. No es que antes no sintieran un avisito. Es que apenas aparecía, el Super Yo (que Freud compara a una guarnición militar) le disparaba con todo. Ahora ya no.

Mientras tanto, creo que los cristianos que queden (que somos cada vez menos) deberíamos tomar conciencia de que nuestra sexualidad heterosexual no surge fácilmente de una supuesta naturaleza heterosexual clara y distinta, sino que es fruto de un delicado trabajo de identidad sexual conforme, sí, a la ley natural originaria, pero fruto de un Super Yo que incorpora, y no fácilmente, la Gracia de Dios. Si no, seremos muy ingenuos en toda esta cuestión.


[1] Hemos desarrollado este tema en Un comentario filosófico y teológico a la filosofía de Sigmund Freud; Arjé, LLC, Cheyenne, USA, 2020.

[2] Suma Contra Gentiles, Libro 1, cap. 4.

[3] Mateo 19,8.

[4] Marcuse, H.: Eros y civilización, Ariel, Barcelona, 2010.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises