NICARAGUA, EL DISFRAZ DEL AUTORITARISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Se han sucedido reiteradas marchas de protestas en Managua, extendidas a todo el país en protesta por el gobierno autoritario de once años consecutivos de Daniel Ortega quien ya había demostrado sus trampas dictatoriales, primero después de su entrenamiento militar en Cuba cuando fue Coordinador de la Junta de la Revolución de 1979 a 1985 después de derrotado otro dictador célebre con ayuda del gobierno estadounidense y luego como presidente en elecciones amañadas de 1985 a 1990. Ahora gobierna a puro golpe de decreto con una justicia adicta y un Parlamento lleno de cortapisas junto a empresarios prebendarios con privilegios inauditos y mercados cautivos en detrimento de la gente y medios de comunicación controlados por el aparato estatal.

 

El régimen nicaragüense ha sobrevivido merced a la ayuda venezolana de más de cuatro mil millones de dólares y cuando últimamente comenzó a flaquear la beneficencia de Maduro con recursos detraídos coactivamente del pueblo debido al hambre que padece, Ortega se vio forzado a introducir algunos ajustes, por ejemplo, su programa demagógico y quebrado de Seguro Social reclamando incrementos en los aportes, lo cual fue el pretexto y la mecha que provocó manifestaciones multitudinarias que fueron reprimidas por la policía antimotines del régimen, provocando 63 muertos (no 43 como declaró el gobierno).

 

Las manifestaciones se concentraron primero en torno a la Universidad Politécnica de Nicaragua -bastión de la resistencia estudiantil- que al comienzo se dirigieron a la Rotonda de la Virgen donde se erige la estructura de metal conocida como “el árbol de la vida” puesta por la también dictadora primera dama Rosario Murillo y luego, como queda dicho, las marchas se extendieron por todo el país. Posteriormente las trifulcas se trasladaron también a Matagalpa con muchos heridos y detenidos.

 

Luego comenzó la llamada Mesa de Diálogo en la que surgieron dos puntas, por una parte representantes de la Iglesia que pretenden mediar y que son algo contemplativos y, por otra, estudiantes que piden la renuncia del mandatario como condición para dialogar, liderados por los veinteañeros Víctor Cuadras y Lesther Alemán quienes reiteran que “esta no es una mesa de diálogo sino para su salida del poder [la de Ortega]”. Estas reuniones tienen lugar en medio de una batahola de ciertas proporciones acompañadas de insultos de diverso calibre.

 

A lo dicho se agrega la agresiva intromisión china contratada por el gobierno local para fabricar, entre otras obras, el canal interoceánico pero en verdad una pantalla para dar sustento al régimen en muy diversos frentes.

 

Es absolutamente inaudito que a esta altura del siglo XXI haya quienes se dejen engatusar por tiranuelos con aires revolucionarios, ambiente en el que ellos y sus compinches y allegados se enriquecen de modo colosal a costa de una macabra y miserable explotación a los más necesitados. Y todo esto ocurre además de la aplicación de recetas estatistas fracasadas en todos lados donde se ensayaron.

Se alardea de la redistribución de ingresos con lo que se establece una asignación de los siempre escasos recursos en base a criterios políticos muy por fuera de toda concepción de eficiencia lo cual perjudica a toda la población pero muy especialmente a los más débiles. En realidad, el eje central de la así denominada redistribución va a los bolsillos de la casta gobernante.

Al mismo tiempo, el aparato estatal se inmiscuye permanentemente en las relaciones contractuales entre las partes con lo que crea conflictos de todo tipo, especialmente en el terreno de la vivienda, la alimentación y la provisión de medicamentos.

En el área de la educación el régimen se empecina en el lavado de cerebro de los estudiantes que tiene al alcance con bibliografías y enseñanzas reñidas con las más elementales normas de estudio con lo que se cierra el paso a tradiciones de pensamiento que apuntan a una sociedad abierta en el campo del derecho, la economía y la filosofía. Los pocos reductos que existen son permanentemente boicoteados por las autoridades.

¿No es acaso una sonora bofetada al sentido común que Daniel Ortega la juegue de redentor cuando ha burlado de modo reiterado y grotesco todas las mínimas y elementales limitaciones al abuso del poder? Arrasó con todo residuo de justicia, acometió todo tipo de fraude electoral para perpetuarse en el gobierno, invadió el legislativo a fuerza de chantajes, se enriqueció al arrebatar empresas de todos los ramos con el monopolio del sector externo para su usufructo personal engrosando sus cuentas en el extranjero para salvarse de las barrabasadas de su propia gestión.

Este dictador revolucionario comanda el incendio de propiedades de los opositores y la violencia a quienes se animan a levantar su voz para denunciar estas atrocidades. Estas denuncias se conocen merced al coraje de personas como fueron Luciano García, Elisabeth Romero, Francisco Valdivia, Maria del Carmen Solórzano y el valeroso diario “La Prensa” que aun resiste en manos de su entonces corajudo editor en jefe Eduardo Enríquez e incluso han salido a la luz las truculentas maquinaciones del revolucionario de marras, expuestas por los propios ex simpatizantes de Ortega como es el caso de Carlos Mejía Godoy, quien por otra parte alega que su ex jefe se alzó con dineros del partido político que en su momento cofundaron.

Ahora, como hemos apuntado, el jefe sandinista está concentrado, esperanzado y alborozado con que se reflote la vieja idea de construir un canal en su país que compita con el de Panamá, para lo cual se requiere el concurso de un consorcio internacional en un proyecto que demanda treinta mil millones de dólares, idea que le presenta la posibilidad de jugosos cohechos  personales.

Hasta su propia hijastra -Zolia Narváez Murillo- lo acusa públicamente de haberla violado reiteradamente cuando era niña, y que también dice que el padrastro copulaba con su empleada doméstica frente a esa hijastra.

Todo este escándalo se sucede en un clima en el que durante las dos últimas administraciones de Ortega (esta es la tercera ya que la primera surgió de un vergonzoso pacto con Arnoldo Alemán después del interregno de la intrépida Violeta Barros de Chamorro), tal como consigna, entre otras entidades citadas en diversos trabajos de fuste, el Banco Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la desocupación se elevó a nada menos que el 25% con una reducción del poder adquisitivo de los que trabajan del 52% en el contexto de hogares bajo la línea de la pobreza que alcanza al 74% sin servicios básicos disponibles.

Este es el personaje que pulula por foros internacionales como la OEA declamando sobre la “justicia
social” y la “democracia participativa”, siempre abrazado con sus socios de opereta pertenecientes a la oligarquía gobernante de otros países latinoamericanos quienes también succionan los recursos de sus respectivos países en inmisericordes asaltos y atropellos del Leviatán.

Por supuesto que la situación anterior con la camarilla de los Somoza era una verdadera desgracia, la cual duró mientras tuvo el apoyo de los gobiernos de Estados Unidos, tendencia iniciada por Theodore Roosevelt quien reconocía la malicia de la mencionada casta pero afirmaba respecto a uno de sus integrantes mafiosos “I know he is a son of a bitch, but he is our son of a bitch”.

Luego Carter recurrió a todas las vías posibles y por haber para que los sandinistas ocuparan el poder, y cuando, mucho después, el gobierno estadounidense intentó reaccionar frente a la sustitución de una banda de forajidos por otra, resultó demasiado tarde.

Mario Vargas Llosa en un artículo titulado “Para la historia de la infamia”, después de dar detalles truculentos y horripilantes de las mencionadas violaciones sexuales de Ortega, escribe que el régimen fue convertido “en una dictadura tan corrupta y autoritaria como la que se padeció bajo Somoza” y se sorprende de que “alguien capaz de semejantes iniquidades se halle de nuevo en el poder” en ese país que destaca es “el segundo país más pobre de América latina después de Haití”, nación centroamericana en la que la compañera del sátrapa, Rosa Murillo (madre de la violada), es “según algunos, el verdadero poder detrás del trono nicaragüense” para concluir que lamentablemente falta mucho “para salir de ese pozo de horror y vergüenza que llamamos subdesarrollo”.

Mientras las escaramuzas se intensifican en las calles de por lo menos diez ciudades nicaragüenses (especialmente en Granada, León y Managua, en Masaya hubieron combates entre la población civil y la Policía Nacional de por lo menos catorce horas seguidas), el Ejército se pronunció a través de su vocero, el coronel Manuel Guevara, en el sentido de afirmar que las Fuerzas Armadas “no reprimirán” ya que como apuntó el general Osvaldo Barahona “la misión de la institución no es volverse contra los estudiantes”.

El secretario ejecutivo de la Comisión Internacional de Derechos Humanos, Pablo Abräo, denunció que la policía disparó a quemarropa sobre estudiantes en rebelión en la sede de la Universidad Agraria.

No sabemos que dirán los libros de historia del futuro sobre estos gobernantes canallas, pero en todo caso habrá muchos sorprendidos por haberse tolerado tanta infamia en nombre de la democracia y la liberación de los pueblos. Un régimen autoritario con disfraz de democracia. En verdad ejemplos de la cleptocracia más espeluznante, es decir, gobierno de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida.

Una vez más reitero que se hace necesario reconsiderar los límites al poder que desde la Carta Magna de 1215 ha sido el objetivo del constitucionalismo, el cual ha degenerado en muy diversos países del denominado mundo libre para encaminarse hacia una especie de Gulag encubierto. En el caso que nos ocupa, Ortega opera con  la complicidad de socios igualmente nefastos que por ahora siguen carcomiendo las entrañas de parte de América latina.

Termino con dos sabias reflexiones de Montesquieu en El espíritu de las leyes sobre las que deberíamos meditar a diario: “Una cosa no es justa porque es ley, debe ser ley porque es justa” y, en consonancia con el célebre aforismo de Lord Acton y la consecuente necesidad de establecer estrictos límites al poder político, “No hay poder que no concite al abuso, a la extralimitación” y con mucha mayor razón cuando el gobierno es ocupado por megalómanos como es el caso que comentamos en esta nota.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

¿GIRO PARCIAL EN EL RUMBO DISCURSIVO DE TRUMP?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

He escrito en repetidas ocasiones sobre las medidas contraproducentes y peligrosas del nuevo presidente estadounidense, lo cual mantengo pero ahora señalo un eventual cambio parcial en el giro que se ha notado en su discurso en Arabia Saudita respecto a su marcada islamofobia anterior. En toda su campaña y en sus primeros días de gobierno reveló una xenofobía extrema entre la cual se destacó su aversión a los musulmanes al promover su propuesta de no permitir el ingreso a Estados Unidos de personas pertenecientes a esa religión, a la propuesta de vigilar y limitar las actividades de musulmanes norteamericanos y sostener que el Islam “nos odia” y otras afirmaciones de esa envergadura.

 

Ahora, en su primer viaje presidencial al exterior, si bien mencionó una vez el calificativo aberrante de “islamismo terrorista” que fue inmediatamente criticado por plumas de sus conciudadanos y en medios musulmanes, cambió su visión al ponderar la cultura musulmana y en un plano metareligioso: colocó sus consideraciones en el contexto de una lucha del bien contra el mal en el sentido del  combate contra el terrorismo siempre criminal independiente de la religión a la que eventual y circunstancialmente adhieren y malinterpretan los asesinos que cometen sus crímenes ya sea “en sus tierras santas” o en otros lugares e invitó a sus anfitriones del momento a tomar la iniciativa de “barrerlos sin contemplación alguna”. Salvando las distancias, sorpresivamente sus disquisiciones estuvieron más cerca del ecumenismo de  Juan Pablo II.

 

Cada vez con más furor en buena parte del mundo se está creando un clima desagradable contra los musulmanes como, por ejemplo, revelan las declaraciones de la antisemita y antimusulmana, afortunadamente perdidosa del Partido de Derecha Nacional en Francia.

 

Debemos tener en cuenta que la población mundial musulmana es de mil quinientos millones de habitantes y como ha repetido Salman Rushdie solo los gobiernos que comandan regimenes totalitarios pretenden secuestrar a sus habitantes de las normas de convivencia civilizada. Estos regimenes recurren a la religión debido a que resulta un canal más propicio para el fanatismo del mismo modo que ocurrió con algunos llamados cristianos en la España inquisitorial.

 

El sheij de la comunidad islámica argentina Abdelkader Ismael- licenciado en teología y licenciado en ciencias políticas- declaró a “La Nación” de Buenos Aires que naturalmente cuando los terroristas de la ETA o la IRA atacan se los identifica como criminales pero no por las religiones que profesan sus integrantes, sin embargo, esto no ocurre con los musulmanes: “al criminal hay que llamarlo por su nombre y apellido y no por la religión a la que cree responder” puesto que “un musulmán verdadero jamás alienta a sus hijos a celebrar la muerte de otro ser humano”, pero de tanto repetir estereotipos se los terminan creyendo ya que “si siempre escucho tango, puedo creer que no existe otra música”. En el caso argentino, cabe agregar que los terroristas de los grupos Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo provenían en su mayoría de la tradición del nacionalismo católico pero sería una bellaquería responsabilizar a la filosofía cristiana por las matanzas de los años setenta (aunque si al nacionalismo que, como apunta Jean-François Revel, es siempre primo hermano intelectual del comunismo).

El Corán señala que “Quien mata, excepto por asesinato, será tratado como que mató a la humanidad” (5:31) y enfatiza la importancia de la palabra empeñada y los contratos (2:282) y la trascendencia de la propiedad privada (2:188). También destacados autores como Gustave Le Bon,  Ernest Renan, Thomas Sowell, Gary Becker, Guy Sorman, Huston Smith, Víctor Massuh, Henry G. Weaver y tantos otros han subrayado las notables contribuciones de los musulmanes a través de la historia en cuanto a la tolerancia con otras religiones, el derecho, las matemáticas, la economía, la música, la literatura, la medicina, la arquitectura y la fundación de innumerables universidades. Averroes fue uno del los mayores responsables de trasladar la cultura latina a centros de estudio europeos. Incluso en Occidente se ha tendido a distorsionar la verdadera trascendencia de jihad que significa “guerra interior contra el pecado” y no guerra santa al estilo de los conquistadores cristianos en América (más bien anti-cristianos).

Es realmente admirable el esfuerzo académico que llevan a cabo los miembros del Minaret of Freedom Foundation en Maryland (EEUU) para contrarrestar la visión errada en cuanto a los fundamentos del Islam y muestran como en las fuentes se encuentra la adhesión a los mercados libres y los marcos institucionales compatibles con el estado de derecho, la importancia de la tolerancia y el pluralismo y también subrayan lo objetable del maltrato a la mujer en cualquier sentido que sea (respecto al cristianismo: “No permito que la mujer enseñe ni que domine al hombre. Que se mantenga en silencio”, I Timoteo, 12).

Personalmente me he comunicado por la vía cibernética con el presidente de la referida fundación,  el profesor Amad-ad-Dean Ahmad, quien revela en uno de sus libros que las contribuciones de musulmanes han constituido uno de los antecedentes de la Escuela Austríaca (de Menger, Böhm-Bawek, Mises, Hayek, Kirzner y Rothbard) y quien es secundado en la mencionada institución por profesionales como Shahid N. Sahah, Aly Ramdan Abuzaa, Sharmin Ahmad y Oma Altalib, cuyo Consejo Directivo también está integrado por especialistas en la tradición musulmana como el catedrático de la Universidad de Michigan Antony T. Sullivan.

 

El problema es siempre la infame alianza tejida entre el poder y la religión, de allí la sabia expresión jeffersionana de la “teoría de la muralla” en Estados Unidos al efecto de separar tajantemente estos dos ámbitos, puesto que quien dice estar imbuido de la verdad absoluta constituye un peligro si, como tal, se desenvuelve en las esferas ejecutivas de la política.

 

En un contexto de guerras religiosas, buena parte de las muertes en lo que va de la historia de la humanidad han ocurrido en nombre de Dios, la misericordia y la bondad. Es tiempo de no caer en la macabra trampa tendida por quienes usan las religiones para escudarse en sus actos criminales porque saben que con ello desatan pasiones irrefrenables.

 

En cuanto a pasajes inconvenientes y contraproducentes en el Corán, los cristianos debemos tener en cuenta los que aparecen en el Nuevo y en el Antiguo Testamento. Solo a título de ejemplo cito en el primer caso “Pero a aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mi” (Lucas, 19:27) y en el segundo, el de la tradición judeo-cristiana “Si oyes decir que en una de las ciudades que Yahvéh tu Dios te da para habitar en ella, algunos hombres, malvados, salidos de tu propio seno, ha seducido a sus conciudadanos diciendo: ´Vamos a dar culto a otros dioses´ que vosotros no conocéis, consultaras, indagarás y preguntaréis minuciosamente. Si es verdad, si se comprueba que en medio de ti se ha cometido tal abominación, deberás pasar a filo de espada a los habitantes de esa ciudad, la consagrarás al anatema con todo lo que haya dentro de ella; amontonarás todos sus despojos en medio de la plaza pública  prenderás fuego a la ciudad con todos sus despojos, todo ello en honor de Yahvéh tu Dios. Quedará para siempre convertida en un montón de ruinas y no volverá a ser edificada” (Deuteronomio, II, 13: 13-17).

 

Sin duda que resultan mucho más tranquilizadores pensamientos como los que consigna Voltaire en “Oración a Dios” en su Tratado de la tolerancia: “que los que encienden cirios en plena luz del mediodía para celebrante, soporten a los que se contentan con la luz del sol; que los que cubren su traje con tela blanca para decir que hay que amarte, no detesten a los que dicen lo mismo bajo una capa de lana negra; que sea igual adorarte en una jerga formada de antigua lengua, que en un jerga recién formada”.

 

Por supuesto que además de manipuladores que disfrazan sus designios perversos con el manto religioso al efecto de provocar resultados de mayor alcance y envergadura, están los fanáticos que verdaderamente creen en un culto que no perciben es diabólico en cuanto a que sostienen que su deber consiste en exterminar a quienes no participan de los ritos y creencias de su secta malévola. Es que el asesino no se justifica ni perdona porque comete sus espantosas fechorías y desaguisados en base a lo que estima son instrucciones sobrenaturales lo cual no se mitiga en lo más mínimo por el hecho de que el sujeto en cuestión forme parte de una banda que comparte semejante postura delictiva, en todo caso este camino constituye un adefesio y una afrenta grotesca al sentido religioso, es decir la religatio con la Primera Causa como fuente de inspiración a la bondad y la concordia. Este desvío monstruoso es lo que hoy pretenden los megalómanos al frente de pueblos sumergidos en la penuria, del mismo modo que antes también ocurría con tiranías sustentadas en coaliciones macabras entre el altar y la espada.

 

Es de desear que quienes somos testigos del abuso e interpretación retorcida de religiones propiamente dichas no miremos para otro lado cuando no toca nuestras creencias porque con esta conducta del avestruz no solo se cometen injusticias muy  graves sino que así perderemos nuestro derecho a quejarnos cuando toque el turno de atacar nuestros valores y creencias. Debemos ser respetuosos de otras manifestaciones culturales que no son las nuestras y que no afectan derechos de terceros, esta es la única manera de cooperar pacíficamente en una sociedad abierta y es el único modo de ir descubriendo distintas avenidas y horizontes en un proceso evolutivo. La islamofobia, la judeofobia, la fobia al cristianismo, al budismo, los rechazos a deístas, agnósticos y ateos y demás manifestaciones de intolerancia solo prometen dolor y sangre.

 

El terrorista debe ser condenado como criminal sin hacer referencia a su color de piel, su condición  sexual, su nacionalidad ni su religión. Solo de este modo podremos considerarnos civilizados y nos habremos liberado de la espantosa y truculenta lacra de las guerras religiosas. Resulta en verdad conmovedor comprobar la angustia que reiteradamente han puesto de manifiesto públicamente tantos escritores y dirigentes musulmanes frente al uso de la a todas luces inadecuada expresión “terrorismo islámico”. Tal como he consignado en muchas oportunidades, no comulgo para nada con las políticas de George W. Bush pero suscribo su declaración en los días siguientes a la horrenda masacre perpetrada contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 con motivo de la visita a una mezquita en cuanto a que “es del todo inapropiado vincular al islamismo con el terrorismo puesto que un criminal es un criminal independientemente de lo que pueda declarar son sus creencias religiosas”.

 

Dadas las cambiantes opiniones y posiciones contrarias a la sociedad abierta de Donald Trump, hay quienes dudan de la sinceridad de su incipiente cambio de discurso respecto a su anterior islamofobia. Sin embargo, para bien de la civilización, es de desear que sea veraz y que la profundice, además de rectificar el rumbo en otros aspectos muy sensibles y mejorar áreas que aparecen bien encaminadas pero contradictorias en ámbitos de la actual administración.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

La tarea de velar por el respeto recíproco:

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 222/12/14 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2014/12/22/la-tarea-de-velar-por-el-respeto-reciproco/

 

Nadie puede tirar la primera piedra, todos podemos hacer las cosas mejor, pero hay algo que se hace cada vez más imperioso analizar. Para este propósito sugiero comencemos con una cuidadosa reflexión sobre tres pensamientos de gran calado, uno de Thomas Jefferson, otro de John Stuart Mill y, por último, uno de José Ortega y Gasset.

Jefferson ha dicho que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”, y Mill ha consignado que “las malas personas requieren para lograr sus propósitos que las buenas no hagan nada” (lo cual ha sido también atribuido a Edmund Burke, en el sentido de que “todo lo necesario para el triunfo del mal es que las personas de bien no hagan nada”). En la misma dirección ha sentenciado Ortega y Gasset: “Si quiere aprovecharse de las ventajas de la civilización pero no se preocupa por sostener la civilización, se ha fastidiado usted. En un dos por tres se queda sin civilización. Un descuido y cuando mira usted en derredor todo se ha volatilizado”.

Como es sabido, la condición humana se caracteriza por el libre albedrío, por el propósito deliberado, por la capacidad de elección; en otros términos, por la libertad que diferencia al hombre de todas las especies conocidas. Ese espacio de libertad permite que cada cual se encamine hacia sus proyectos de vida personales sin la interferencia prepotente de otros. Esa es, por otra parte, la definición de libertad: ausencia de coacción por parte de otros hombres.

Hay infinidad de metáforas y extrapolaciones ilegítimas de otros campos a la esfera de las relaciones sociales. Se ha dicho que no se es libre de bajarse de un avión en pleno vuelo, que no se es libre de ingerir arsénico sin sufrir las consecuencias, que no se es libre de dejar el cigarrillo, pero estas consideraciones son aplicables a otras áreas, como la biología o la física.

Cuanto más se cercene la libertad, naturalmente menor será el espacio que el hombre pueda decidir y menor el radio en el que pueda administrar su vida, hasta llegar a solo ser libre en el territorio de su pensamiento si no se le inyectan sustancias que le hagan perder el conocimiento o disminuir su capacidad analítica. La pérdida de la libertad equivale a la pérdida de la vida humana, convierte al hombre en un artefacto sujeto a manipulaciones.

Pues bien, la imprescindible libertad no aparece por ósmosis, es la consecuencia del esfuerzo sistemático de seres humanos concretos que se preocupan y ocupan por que ella tenga vigencia a través de normas civilizadas. Cuando esto se descuida sobreviene el estrangulamiento de la libertad, es decir, el estrangulamiento de la vida propiamente humana.

Esta faena de cuidar la libertad equivale a la ardua tarea de vigilar y proteger el respeto recíproco que constituye el eje central de la sociedad abierta. Faena que es responsabilidad ineludible de cada uno, no importa a qué se dedique ni cual sea su profesión; todos estamos interesados en que se nos respete.

Por tanto, no es pertinente que estas tareas vitales se endosen a otros. Es inadmisible que se actúe como si se estuviera en la platea de un teatro, frente a un escenario en el que los actores son los que asumen la responsabilidad por lo actuado mientras que los de la platea son simples espectadores. En nuestro caso, ese comportamiento es inadmisible y de una irresponsabilidad manifiesta.

Todos y cada uno somos responsables de velar por nuestro entorno para que se nos respete, como decimos, cualquiera sea nuestra ocupación y cualquiera sea el lugar geográfico en que estemos ubicados. Resulta indignante escuchar a los que pontifican en reuniones sociales lanzando críticas a lo que ocurre, luego de lo cual se dedican a sus arbitrajes, cuestiones personales o simplemente a dormir la siesta de la vida. Los intereses de cada uno serán muy legítimos, pero son insuficientes si no se dedica algún tiempo a permitir que esos intereses personales puedan realizarse en lugar de delegar sobre los hombros de otros esa responsabilidad.

Los canales más fértiles para contribuir a que se acepten los valores y principios que permiten vivir en una sociedad abierta son la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo, pero hay infinidad de vías y procedimientos para ayudar a que se comprendan aquellos valores y principios. Uno de los caminos es el book club, esto es, la reunión periódica de cinco o seis personas para discutir un buen libro, en la que uno expone por vez y los otros discuten, y al año siguiente cada uno de los participantes forma un nuevo grupo y así sucesivamente. Sin duda que hay muchos otros métodos, pero en todo caso, no cabe la mala excusa de que hay personas capacitadas y preparadas sobre las que debe recaer este trabajo; como queda dicho, todos necesitamos el oxigeno vital del respeto recíproco.

Cuando se aproxima el período electoral, las discusiones sociales y mediáticas se concentran en torno de los candidatos que mejor miden en las encuestas. Ya es sabido que los ciudadanos votarán al que, a su criterio, es el menos malo. Pero el asunto no da para más y no permite una discusión de alto vuelo, está al nivel del zócalo y no es nada conmovedora, por cierto. El tema serio y medular estriba en indagar qué hace cada uno diariamente para revertir el cuadro de situación, influyendo en ideas que contrarresten lo que viene ocurriendo y muestren horizontes con mayor riqueza que la miseria del presente.

Principalmente, lo que se requiere es esfuerzo y constancia para estudiar, actualizarse y difundir los valores y principios del respeto recíproco en el campo de la ética, la historia, el derecho, la economía y la filosofía. Mirar para otro lado significa que los distraídos son cómplices directos de lo que sucede. No hay derecho al pataleo si no se procede en consecuencia.

Constituye una retribución sumamente gratificante cuando los estudiantes o lectores dicen que el alimento recibido les ha hecho ver otra dimensión y otra perspectiva completamente distinta respecto a los lugares comunes y archiaburridos que se vienen repitiendo con machacona insistencia a pesar de los reiterados fracasos que producen las visiones estatistas y retrógradas.

Por otro lado, si bien las incomprensiones se deben a la alarmante apatía e indiferencia de gran cantidad de personas que, como decimos, se ufanan en sostener que la actividad de preservar y sostener los pilares de la sociedad libre la deben llevar a cabo otros, también debemos hacernos la autocrítica por la calidad del mensaje que emitimos, al efecto de pulirlo y mejorarlo, para lo cual debe mejorar la gimnasia de la empatía, poniéndonos en los zapatos de los interlocutores para tocar el espíritu de personas de buena fe y honestas intelectualmente que simplemente no reciben bien lo que se desea trasmitir.

No hay tal cosa como un bloque de conocimientos que integran un sistema terminado; muy por el contrario, todo está en evolución en el contexto de asuntos que son siempre provisorios y sujetos a refutación. Pero, precisamente, para mantener abiertas de par en par puertas y ventanas e incorporar nuevos conocimientos y reducir nuestra colosal ignorancia, se hace indispensable la libertad como marco irremplazable, es el sine qua non de todo lo demás y, nuevamente repetimos, para contar con esto las personas tienen que sentirse responsables y actuar en consecuencia todos los días.

Y no se trata de dedicarse a la política, puesto que eso es poner la carreta delante de los caballos. Los políticos son megáfonos de la opinión pública. Se trata de influir sobre ésta para permitir que en la esfera política se articulen discursos compatibles con el espíritu liberal.

No tiene sentido sorprenderse de la decadencia de los valores: es una consecuencia inevitable de la cantidad de gente que se mantiene al margen y observa inerte hechos que se suceden sin solución de continuidad. Por eso la prueba definitiva para los que se quejan es preguntarles que hacen cotidianamente para frenar la avalancha. Si la respuesta es “nada”, la consecuencia natural es lo que vemos en las noticias.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.