EL VIRUS DE LA SOLA RAZÓN INSTRUMENTAL

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 27/6/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/06/el-virus-de-la-sola-razon-instrumental.html

Hace muchos años, una buena persona, just doing his job, me preguntó: ¿cuántas horas tardás en preparar una clase?

What?

No fue la primera ni la única vez que me pidieron cuantificación, datos, cálculos, sobre cosas que yo no calculé jamás en mi vida. Simplemente es que hace poco comencé a darme cuenta hasta qué punto la sola racionalidad instrumental nos ha invadido y ha fortalecido la banalidad del mal, que es uno de los peores males de la humanidad, o sea la maldad del “a mí me mandan”.

La racionalidad instrumental es buena en sí misma. Es la razón de la medición, del cálculo, de la planificación. Sirve para un sinfín de cosas, sobre todo lo que Aristóteles llamaba tejné. Hacer un puente, planificar protocolos, escribir un reglamento, e infinitos etc.

Pero la vida humana es algo más. Es una racionalidad que los medievales llamaban intellectus, que es la creatividad, la empatía, la bondad que concluye en virtudes, la captación del otro, el abrazo, la palabra correcta, la compasión, la alegría, el mundo de lo espontáneo desde un corazón bueno. Es la racionalidad que comprende la parábola del buen samaritano sin tener que seguir un master.

Desde el s. XVIII en adelante, con la emergencia del cientificismo y un racionalismo extremo, la racionalidad instrumental fue endiosada hasta el punto de suprimir o denigrar a todo lo demás. Todo lo demás es subjetivo, la razón instrumental sería objetiva. Esa razón instrumental ha penetrado nuestro lenguaje y por ende nuestro pensamiento. Pasame los datos. Vamos a los hechos. Dame las cifras. Cuánto esto, cuánto aquello.

Así somos “educados”: en repetir paradigmas fijos, protocolos de memoria. Las tablas de multiplicar, la lista de emperadores de Roma, los supuestos hechos de una “Historia”, los “datos” de las ciencias naturales, los protocolos de las lenguas. Memorice. Repita. Diez. Memorice. Repita. Diez. Memorice, repita, diez. Ah, ok. Notas, graduación, doctorado. Excelente.

¿Pero cuál es el sentido de la vida?

¿Qué es el amor?

¿Qué debo hacer, en última instancia?

¿Por qué siento que la vida se me va, y sin embargo tengo “éxito”?

Los filósofos han estudiado todo esto. Los psicólogos también. Ahora vienen los términos difíciles: la Escuela de Frankfurt lo llamó la colonización del mundo de la vida. Popper y Hayek denunciaron la razón constructivista. Feyerabend, la unión de la ciencia y el estado. Kuhn denunció la sola racionalidad algorítmica. A Marx hay que reconocerle su advertencia contra la alienación. Freud habló del malestar en la cultura, Fromm tuvo que recordarnos el arte de amar. Frankl, la importancia del sentido de la vida. Ortega denunció la barbarie del especialista y la rebelión de las masas. Y todos los santos, además, son locos. San Francisco, Fr. Martín de Porres, etc., todos ellos hicieron locuras a los ojos del mundo racionalista. Kierkegaard se entristeció, Unamuno se enojó.

Pero todo inútil.

Lo más triste es ver a todos los filósofos y pensadores que han estudiado todo ello pero no lo terminan de hacer carne, no se lo terminan de tomar en serio. Son racionalistas culturales pero luego escriben artículos contra el racionalismo cultural. ¿Entenderán realmente lo que escriben? Claro, un artículo en un journal tiene protocolos. Por ende…. ¿Alguien conoce las palabras clave y el abstract del Evangelio? ¿Utilizaba Jesucristo las normas APA?

Si te has formado en un horizonte que te dice que comunicar es transmitir los hechos, que educar es entrenar en el paradigma dominante, que la economía es calcular, que la ciencia es datos, que las humanidades son bonitas PERO “subjetivas”, que las ciencias son una cosa y las humanidades otra, que la interpretación es una cosa pero los hechos son otra, que el estado y la ciencia deben estar unidos, que los “expertos” son los que saben, que las ciencias sociales son estadísticas, si te has formado, en última instancia, en un horizonte que te dice que no hay horizontes, ¿qué te queda? ¿Qué de lo humano te queda? Te has convertido en un robot. Tu vida se apaga. Eres vivido, no vives (Mandrioni). Tu existencia es inauténtica (Heidegger). Ah, pero tu máxima alienación es ser “especialista” en quienes denuncian todo ello. Tu máxima contradicción. Tu locura total.

¿Te asombras ahora del nazismo, del estalinismo, o de los aterrorizados por el Covid con 10 doctorados y cinco idiomas? ¿Te asombras ahora del que sabe en 2 segundos cuándo es 4758 por 8875 pero cree todo lo que dicen los noticieros?

Nos han matado como humanos. Nos han entrenado en la sola razón instrumental. Saber, conocer, entender, vivir, no. De vez en cuando algún amigo, algún psicólogo, algún religioso, algún padre nos ayuda. Muy de vez en cuando. Pero en general nos embarga la silente tristeza de una luz apagada. Vamos, venimos, hacemos, planificamos, vamos a reuniones, elaboramos informes. De vez en cuando sospechamos que la vida pasa por otro lado pero no, cuidado, prohibido pensar. La ciencia no piensa, dijo Heidegger. Escándalo para sus creyentes y locura para los habitantes del Imperio.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

El único “muro” impermeable es el de Chile

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 9/1/19 en: https://alejandrotagliavini.com/2019/01/09/el-unico-muro-impermeable-es-el-de-chile/

 

Los políticos necesitan construir muros, se diría que quieren contener a sus esclavos. Unos, para evitar que entren “extraños” a usufructuar el “estado de bienestar” coactivamente impuesto -y financiado- a sus súbditos. Y, entre estos políticos, Trump ha dicho que “si no les gusta el cemento, lo haremos de acero… será… más fuerte”.

El presidente está enfrentado con los demócratas, hoy mayoría en la Cámara Baja, porque quiere incluir US$ 5.600 millones en el proyecto de presupuesto para financiar el muro. Y, a falta de presupuesto aprobado, se ha producido el cierre del Gobierno más largo de la historia, unos 20 días, con 800.000 funcionarios sin recibir su paga.

Los demócratas califican de “inmoral” el muro, pero, políticos al fin, solo permiten destinar US$ 1.300 millones para la frontera, y podrían aceptar una “valla de acero”. Trump ha esgrimido la posibilidad de declarar una emergencia nacional “y construirlo muy rápido”, sin necesidad de pasar por el Congreso.

Ahora, también están los construyen para que la gente no salga -al estilo del de Berlín- como en la ciudad egipcia de Roseta, donde el mar del que partían las barcazas con emigrantes “ilegales” ha sido salvajemente amurallado. El primer ministro austriaco felicitó por un trabajo “ejemplar” a un militar egipcio, Al Sisi, que accedió al poder tras un golpe de Estado. “Desde 2016 ha impedido que los barcos partan hacia Europa y, cuando han zarpado, los ha devuelto”, alabanza que secundó el presidente del Consejo Europeo.

A pesar del autoritarismo de Al Sisi y la grave crisis económica, para obtener el apoyo europeo el régimen esgrime el puño de hierro, como contra con una oposición interna hoy encarcelada o desterrada y para sofocar la libertad de prensa. El especialista egipcio Mohamed el Kashef, desde su exilio, asegura que “no es cierto que hayan reducido a cero los flujos… han cambiado sus rutas… siguen apareciendo cuerpos egipcios en Libia”.

Y los hay quienes quieren construir “muros legales”. Ciertamente la Unión Europea (UE) tiene mucho de burocracia inservible, pero el Brexit, del modo en que se plantea, significa nuevas restricciones, como al movimiento de ciudadanos europeos en Gran Bretaña y la inversa. De momento, en el Parlamento, conservadores y laboristas se han unido, propinando al Gobierno una derrota, respaldando una enmienda a la Ley de Presupuestos que bloquea la capacidad económica -impide el eventual aumento de impuestos- del Ejecutivo para una salida sin acuerdo con la UE, el “Brexit duro”.

En fin, sin dudas el único “muro” eficaz ha sido el de Chile. Cuando era niño, el comentario generalizado en mi país, Argentina, era que los ciudadanos chilenos, muy pobres en aquel entonces, cruzaban ilegalmente la frontera. No había modo de detenerlos, llenaban las “villas miseria” y eran los principales delincuentes, decía el vulgo.

Hoy este flujo no solo que se ha detenido, sino que más bien son los argentinos los que quieren cruzar hacia Chile. Construyeron el mejor muro, el de la bondad: la paz, la libertad. Al contrario de los muros de acero y hormigón, Chile disminuyó sensiblemente la injerencia del Estado -el monopolio de la violencia- en el mercado, liberando la creatividad de sus ciudadanos y estableciendo la paz y la cooperación voluntarias en lugar de la coacción estatal. Así, se ha enriquecido al punto que es el segundo inversor extranjero en Argentina.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.