El ‘yihadismo’

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 23/6/17 en: http://lahora.com.ec/index.php/noticias/show/1102068818#.WU0FieiGPIV

 

Un video de la multinacional kuwaití de telefonía móvil Zain Telecom hace furor en Ramadán. Es el mejor documento -antiyihadista- rechazando el terrorismo y promoviendo la tolerancia. Es sintomático el que haya sido realizado por una empresa privada musulmana. Deja claro que la violencia no es una cuestión de religiones como la mahometana, ni de culturas como la árabe, sino sociológica. Y no es casual que surja del ámbito privado.

A ver. El Estado moderno es el monopolio de la violencia con el que impone leyes y ‘ordena’ a la sociedad, de otro modo no podría subsistir porque no recaudaría impuestos. El Estado siempre justificará la violencia porque gracias a ella subsiste, de hecho, es quien crea las guerras, no los pueblos que las sufren.

Por el contrario, más allá de excepciones, el principio de la actividad privada -el mercado- es la cooperación pacífica: nadie impone impuestos por cosas que poco o nada interesan a los que pagan, sino que las personas acuerdan voluntariamente transferir bienes y servicios a cambio de dinero. En consecuencia, el mercado necesita de un ámbito de paz para desarrollarse.

En las imágenes se ve a un hombre fabricando un cinturón explosivo y una voz infantil le dice que le contará a Dios que los terroristas han llenado los cementerios de niños. El potencial suicida sube a un autobús y se encuentra con víctimas de atentados terroristas que le plantan cara. Entre los pasajeros aparece Omran, alcanzado por el terrorismo de El Asad, cuya imagen cubierto de polvo tras un atentado lo convirtió en símbolo de los niños víctimas de la guerra.

Poco a poco, entre imágenes de atentados en Bagdad, Kuwait, o Ammán, fieles que salen de una mezquita se unen al grupo que va creciendo a medida que avanza por la calle. El “Alá-u-akbar” (Dios es el más grande) con el que desafían al terrorista toma un ritmo pop cuando el cantante Hussain al Jassmi se pone a la cabeza. “Alaba a Dios con amor, no con terror”, corea la multitud. “Haz frente a tu enemigo con paz, no con guerra”, prosiguen hasta que el terrorista cae al suelo avergonzado.

¿Es muy idealista? La ciencia dice que los métodos eficientes de defensa son los pacíficos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

No son tan fanáticos los musulmanes

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 12/9/15 en: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article34979097.html

 

Existen –está claro– musulmanes muy fanáticos, solo porque les conviene. Y también le conviene que existan estos fanáticos a los partidarios occidentales de la guerra –traficantes de armas, mercenarios, etc.– que se benefician con los conflictos que ayudan a crear.

Más de cuatro millones de sirios huyeron de la guerra. En lo que va de año, Berlín recibió más de 1,000 menores no acompañados, según Save The Children. En Suecia, calculan que cada semana llegan 700 niños “huérfanos”. Al final del 2014, solo en Alemania había 17,000 niños y adolescentes refugiados sin familiares.

“Hecha la ley, hecha la trampa” dice el refrán que desenmascara el hecho de que los gobiernos fabrican “leyes” con el fin crear delincuentes. Así, la imposibilidad de entrar “legalmente” a Europa ha introducido a los “traficantes” que les consiguen, a las personas, lo que los Estados les niegan. Por caso, un adolescente eritreo de 16 años contó a Save The Children cómo los traficantes lo obligaron a trabajar en un campo en Libia, para pagar su pasaje, donde le pegaban y le rompieron un brazo.

Aunque abrieron sus puertas a los kuwaitíes cuando Hussein invadió el emirato en 1991, las ricas monarquías del Golfo –propagadoras del fanatismo islámico como Arabia Saudita, que tiene una policía religiosa más violenta que la Inquisición– casi no reciben refugiados musulmanes demostrando que son fanáticos del islamismo solo cuando les conviene. Dicho sea de paso, si los torpes políticos de Occidente no hubieran atacado Irak y Libia el panorama sería hoy más pacífico y sus tiranos –Kadafi y Hussein– hubieran caído por su propio peso.

Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar) gastaron para Siria unos US$500 millones, poco comparado con su capacidad. Pero cuando los refugiados salen de los campos en el Líbano, Jordania y Turquía, van sobre todo a Europa, demostrando que no son fanáticos y que prefieren la cultura occidental.

En una prueba más de su dislocación síquica con la realidad, “llamamos a los musulmanes… a realizar la hégira (emigración) al Estado Islámico”, dijo el líder de la zona de donde más huyen, el “Estado Islámico”. Eso sí, Qatar y Arabia Saudita cuentan con una enorme cantidad de extranjeros, principalmente de India y Asia Central, pero musulmanes… no, gracias.

Miles de europeos dan muestras de solidaridad con los refugiados aun cuando el desempleo en la Unión Europea (UE) roza los 23 millones de personas. Desempleo que no es natural –hay muchas viviendas, escuelas, hospitales, etc. para hacer– sino creado por el “Estado de Bienestar” al imponer “leyes” como la del salario mínimo que impide que trabajen –“legalmente”– los que ganarían menos.

Irónicamente, según estudios, la UE necesitará en las próximas tres décadas sumar 50 millones de trabajadores –que paguen impuestos, obvio– para sostener sus sistemas sociales. Y sin inmigración la población europea descendería. Los refugiados llegados –365,000– en lo que va de año a la UE equivalen al 0.06% de la población local, tienen una tasa de emprendimiento empresarial mayor y comenten menos crímenes. Y no generan desempleo: el Reino Unido incorporó desde 2004 más de un millón de polacos mientras se redujo el desempleo y subió el salario medio.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.