Die Konvertibilität.

Por Iván Carrino. Publicado el 24/11/14 en: http://www.ivancarrino.com/die-konvertibilitat/

 

La semana pasada se llevó a cabo el Congreso de Economía Austriaca en la Universidad Católica de Rosario. Allí presenté un trabajo que busca puntos de contacto entre las ideas de algunos economistas austriacos y la Ley de Convertibilidad que tuvo vigencia entre 1991 y 2002 en Argentina.

En el prestigioso blog Punto de Vista Económico, Adrián Ravier y Alejandro Sala resumen y hacen algunas observaciones sobre mi ponencia. En líneas generales, todo muy bien y agradezco la referencia. Además, sirve como excusa para intentar aclarar algunas cosas.

Comentarios de Alejandro Sala:

Alejandro sostiene que mi trabajo: “contiene una interpretación no estrictamente ortodoxa de los enfoques austriacos”. Puede ser, aunque no estoy tan seguro, después de todo, no soy el único que cree que los economistas austriacos defendían los tipos de cambio fijo por sobre los tipos de cambio flexibles.

Ahora bien, si la “no ortodoxia” pasa por defender un patrón dólar (el tipo de cambio fijo con el dólar respaldando la base monetaria al 100%) en lugar de un patrón oro, aquí la cosa es diferente. En las citas de mi trabajo Mises se está refiriendo concretamente al patrón oro. Sin embargo, no estoy seguro de que esa sea la postura de Hayek. En la Desnacionalización del Dinero dice: “había considerado necesarios los tipos de cambio fijos por la misma razón por la que ahora defiendo un mercado totalmente libre para todo tipo de monedas”. Como se ve, habla de tipo de cambio fijo, no de patrón oro.

Fue el Dr. Alberto Benegas Lynch (h) el que hizo la observación de que no era lo mismo el patrón oro que La Convertibilidad y que, por tanto, no eran comparables. Si mal no recuerdo, dijo algo como “no es lo mismo papel con commodity que papel con papel”.

Estoy de acuerdo con la observación. Sin embargo, sí es cierto que ambos sistemas ponen un límite a la emisión monetaria por parte del gobierno, al igual que la propuesta de Hayek (la de 1976)  tiene como por objeto poner ese límite, solo que con otros mecanismos. Es decir, tanto el Patrón Oro, como la competencia de monedas, como el tipo de cambio fijo, como la Convertibilidad argentina de los noventa son mecanismos probados con el fin de limitar la emisión discrecional del gobierno. En ese sentido, sí son plenamente comparables.

Por último, no veo una “corrupción” de la teoría en el trabajo. La idea del mismo es encontrar puntos de contacto entre las ideas de algunos austriacos y el sistema monetario efectivamente llevado a cabo en “los 90″. Creo que esos puntos se han encontrado. Por otro lado, el rechazo que este sistema genera entre todos los intervencionistas, de hecho, es otro punto a favor de mi interpretación.

Comentarios de Adrián Ravier:

Respondiendo punto por punto:

1 y 2. ¡Qué bien! Coincido al 100%.

3. Esta foto generó cierta discordia:

EA + CAVALLO

Debo decir que ¡no es para menos!. En la imagen hay tres académicos y un economista dedicado a la acción política. Eso ya debería “hacer ruido”. Por otro lado, el Ministro Cavallo tomó medidas no solo discutibles desde un punto de vista “austriaco”, sino desde un punto de vista de la vigencia del estado de derecho, algo que debería defenderse a toda costa si se desea vivir en un país normal.

Ahora bien, la imagen es solo eso, una imagen. Tal vez no hubiera chocado tanto si, a los costados, hubiese agregado unos signos de interrogación, para dar marco a la ponencia: ¿existen puntos de contacto entre las propuestas austriacas y la ley de Convertibilidad propuesta por Cavallo en los ’90?

Por otro lado, la imagen de Cavallo es anecdótica, ya que existe una interesante literatura sobre los sistemas de Caja de Conversión como el que tuvo vigencia en Argentina. Los trabajos principales en esta línea se los debemos a Steve Hanke y a Kurt Schuler, este último alumno de, nada menos que Lawrence White. En todo caso, a ellos debería dirigirse la crítica a la Convertibilidad, no al Ministro que fue solo un ejecutor de la política.

4. He aquí un punto complejo. Adrián plantea que la caja de conversión Argentina era “heterodoxa” porque “la base monetaria no fue respaldada con el 100 por cien de reservas netas, sino con el 100 por cien de reservas totales”.

Ahora bien, si tomamos el Balance del BCRA y comparamos la cuenta del activo “Activos Externos Netos: Oro y Divisas” y lo dividimos por la cuenta del pasivo “Base Monetaria Total” vemos que, al menos a partir de octubre de 1992, las reservas de oro y divisas siempre fueron iguales o superiores al total de la base monetaria, con lo que lo propuesto por la ley y por la literatura sobre las Cajas de Conversión, se cumplió.

bcra oro base

Hanke tiene otras críticas al sistema ya que argumenta que el BCRA, si bien debía haberse convertido en una Caja de Conversión, siguió teniendo un limitado rol como prestamista de última instancia, regulando los requerimientos de reservas de los bancos comerciales y podía tener hasta el 30% de las reservas en títulos del gobierno argentino, todas características indeseables para una verdadera caja de conversión.

Ahora bien, incluso cuando esto pueda ser así, no puede acusarse al Banco Central de la crisis que derivó en el abandono de la Convertibilidad. Como intento demostrar en el trabajo, el problema fue el déficit fiscal y el aumento del gasto, que erosionaron la competitividad y nos llevaron a la crisis de deuda.

Espero que este post, así como el de Adrián y Alejandro, hayan ayudado a despejar algunas dudas que quedaron luego del Congreso.

PD: El título del post está en alemán, idioma oficial de Austria.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

De Lavagna a Kicillof, un único modelo

Por Adrián Ravier. Publicado el 30/1/14 en:

http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2014/01/30/de-lavagna-a-kicillof-un-unico-modelo/

 

Ante el ya evidente fracaso de la política económica populista del kirchnerismo en los diez años que van desde 2003 a 2013, surge cierta literatura que busca rescatar a algunos responsables directos de los acontecimientos actuales.

Eduardo Duhalde intentó rescatar por ejemplo a su ministro de Economía, Roberto Lavagna, al punto de candidatearlo como una persona de experiencia para resolver la situación actual. Martín Redrado o Martín Lousteau escriben decenas de columnas críticas en las que intentan separarse del actual gobierno, cuando hace unos pocos años acompañaron el proceso. Es cierto, se podrá decir que desde 2007 Cristina Fernández de Kirchner se ocupó personalmente de profundizar ese mismo populismo que “nació” post-convertibilidad, pero cada uno de estos tres economistas tuvo su responsabilidad en la actual situación que sufrimos.

Para empezar, diré que la salida de la convertibilidad fue la peor que se podía haber diseñado. Eduardo Duhalde acusa al gobierno actual de improvisación, cuando él mismo prometió devolver dólares a quienes depositaron dólares, y sólo unos días después pesificó todos los depósitos y fue el responsable de la mayor estafa al pueblo argentino de las últimas décadas. En segundo lugar, hay que ser claros en que esa devaluación, que implicó el abandono de la convertibilidad y que hoy es vista como el comienzo de la “década ganada”, en realidad nos dejó con otra “década perdida”. Es cierto que entre 1998 y 2001 la economía estaba estancada y con alto desempleo, pero la devaluación convirtió esa crisis en una profunda depresión que hizo caer el PIB más del 10 % en 2002, además de destruir el Estado de Derecho.

 

A partir de 2003, la economía se fue recuperando, pero fue recién en 2008 cuando el PIB real alcanzó el nivel de 1998. Mientras Brasil o Chile emprendieron un proceso de crecimiento desde el techo alcanzado hacia fines de la década de 1990, Argentina tuvo que retroceder primero, para observar cómo en la década más afortunada en un siglo –en lo que refiere al contexto internacional-, tan sólo recuperábamos lo perdido. En pocas palabras, entre 1998 y 2008 Argentina no creció, sino que recuperó el terreno perdido por la desafortunada devaluación.

Recordemos que en 1999 hubo otra opción, que fue la dolarización propuesta por Steve Hanke y Kurt Schuler, claramente ignorada. De haberla implementado en su momento, la Argentina sería la primera economía latinoamericana en presentar un PIB per cápita de niveles europeos.

Volviendo a nuestros tres personajes de hoy, Roberto Lavagna asumió como ministro de Economía del presidente interino Eduardo Duhalde en abril de 2002, ratificado en el puesto por el presidente electo Néstor Kirchner en 2003 y desplazado en 2005 producto de disputas internas. Se destaca en general que lideró la recuperación de la economía argentina, pero durante su gestión inicia también el modelo económico vigente, que llamaremos “populismo”, caracterizado por un incremento acelerado del gasto público (especialmente en el nivel Nación), que se financió especialmente con mayor presión tributaria. Recordemos que con Lavagna como ministro de economía, ésta fue ascendiendo desde un 24 % hasta el 30 % del PIB.

Ser reemplazado por Felisa Miceli claramente no mejoró las cosas, aunque se puede decir que a partir de allí y hasta su muerte, Néstor Kirchner se mantuvo como un virtual ministro de Economía, aun con la llegada de Cristina Kirchner al poder. El nombramiento del joven Martín Lousteau como ministro de Economía en diciembre de 2007 iba en línea con esto mismo. Su margen de decisión era muy acotado, aunque cometió el incomprensible error de intentar aumentar aún más la presión tributaria que entonces estaba en el orden del 36 % del PIB. Todos recordamos su propuesta de incrementar las retenciones a las exportaciones de soja por encima del ya excesivo 35 %, que sólo se detuvo por el voto “no positivo” del vicepresidente. Más peleas internas dentro del gobierno, lo terminaron alejando en abril de 2008, y a partir de entonces se convirtió en un crítico del modelo.

El caso de Martín Redrado es un poco más complejo, ya que fue presidente del Banco Central entre septiembre de 2004 y enero de 2010. Durante su gestión jamás reconoció la inflación real, la que duplicaba y hasta triplicaba la oficial declarada por la institución que él presidía. Desde 2007 y hasta su renuncia la inflación sólo estuvo por debajo del 20 % en 2009, el año de la recesión global, al que la Argentina no pudo escapar. Redrado jamás reclamó la independencia del Banco Central, ni se negó a financiar el exacerbado gasto público del Ejecutivo, sino hasta que el oficialismo decidió apartarlo del gobierno.

En esta selección arbitraria de personajes responsables de la debacle que se viene, toca el turno ahora de Axel Kicillof. Claro, muchos dirán que Redrado y Kicillof piensan diferente y es cierto. Pero recordemos que era Kicillof quien antes de integrar el gobierno criticaba a Redrado por sus políticas inflacionarias en el Banco Central. Una vez dentro del modelo, Kicillof olvidó sus críticas, y al momento no hizo nada por corregir las contradicciones obvias de este modelo populista e inflacionario que él llama de “inclusión social”. La sensación que queda entonces es que no importa qué economistas se suman al modelo. Sin importar lo que piensen o en qué autores creen, una vez dentro del modelo se transforman en parte de él, y apoyan incluso aquello que va en contra de sus principios. Volviendo a esta última década, y con una mirada parcial, se podrá decir que hasta 2007 la economía argentina mostraba un superávit fiscal primario, que la inflación estaba controlada y que no existían los problemas cambiarios actuales, pero mi impresión es que se estaban generando las semillas de aquellos problemas que hoy sufrimos.

Y es que en la primera etapa del populismo, uno siempre observa el éxito del modelo, y especialmente cuando la economía parte de una situación deteriorada de actividad económica y empleo. Entre 2003 y 2007 entonces, el modelo populista muestra recuperación de la actividad económica, del empleo y del salario real. La continuidad del kirchnerismo era entonces obvia. Somos muchos, sin embargo, los que ya en esa etapa exitosa pedíamos cautela, y es que el gasto público empezaba a desbordarse, y las tendencias mostraban que ni el precio creciente de la soja, ni sus crecientes retenciones, podían sostenerlas.

No pasó mucho tiempo, hasta que los economistas que revisamos los datos nos empezamos a dar cuenta que la presión tributaria no cedía en su aumento constante, y al mismo tiempo, empezaba a ser normal la monetización del ahora evidente déficit fiscal primario. La aparición de los desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios caracterizan precisamente a esta segunda etapa del populismo.

Preocupados por una inflación creciente, muchos economistas empezamos a alertar de los problemas en el modelo, pero fuimos ignorados. La tercera etapa del populismo es la actual, cuando estos desequilibrios básicos se extienden y empiezan a ser evidentes para toda la población a través de la mayor suba de precios, falta de ciertos productos, y anuncios desesperados del gobierno para ocultar lo que en realidad sucede.

Si el lector se pregunta por lo que vendrá, entonces debemos hablar de la cuarta etapa, la del “ajuste”, una etapa de la que nadie quiere hablar, pero que es difícil evitar. El “ajuste” viene acompañado de una inflación acelerada, recesión, problemas de empleo, caída en el salario real y aumento de pobreza e indigencia. Los economistas científicos pedimos a quienes niegan la necesidad del ajuste que nos muestren cómo se sostiene este nivel de gasto a lo largo del tiempo, pero no hay respuesta.

Ante esta realidad, la oposición debería presentar propuestas, pero éstas brillan por su ausencia. Muchos economistas identifican los desequilibrios, pero nada dicen de que es lo que se debe hacer. Nuestra propuesta, junto a Nicolás Cachanosky, es otra vez la dolarización, porque se corrigen los tres desequilibrios, se minimizan los efectos del ajuste y se genera una regla para evitar seguir cometiendo los mismos errores. Pero está claro que esta propuesta aislada es insuficiente. Ella debe entenderse sólo como una parte de una propuesta integral que poco a poco iremos presentando para delinear la Argentina del futuro.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.