LOS KLINGONS Y LA FÍSICA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/4/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/04/los-klingons-y-la-fisica.html

 

Para los fans de Star Trek, los Klingons forma una parte indispensable de su universo. Desde el principio fueron los honorables enemigos de la Federación, con una guerra siempre potencial que se evitaba siempre que ninguna de las dos potencias especiales violara precisamente su propio espacio. Eso fue así hasta que en Star Trek 6 el icónico, estoico, racional e inolvidable Spock logra un acuerdo según el cual se garantiza la paz y que incluso cualquier klingon podía ser miembro de la Federación, como el incorruptible, hierático y espartano Sr. Worf.

Los Klingon siempre fueron una curiosidad dentro de la concepción del mundo de la Federación. No eran el mal, el mal son los Borg, con los cuales el acuerdo es imposible. Pero eran una civilización que parecía un mix entre Esparta y los samurái japoneses. Una raza guerrera, con el honor, valentía y dignidad, pero que a pesar de haber alcanzado la velocidad warp, no quisieron al principio ser parte de la Federación. Porque en el enternecedor mundo iluminista y socrático de Gene Roddenberry, el creador de Star Trek, cuando los planetas alcanzan el conocimiento científico para la velocidad warp, alcanzan al mismo tiempo la madurez moral para ser parte de la Federación. Por eso la directiva primaria: no tomar contacto nunca con un planeta que no haya alcanzado esa madurez, tanto teorética como moral.

En la última saga de Star Trek, Discovery, los guionistas han refinado el papel y las características de los klingon. La serie está situada inmediatamente antes de la primera saga de Star Trek, y por eso el Cap. Pike tiene un papel importante. La federación tiene con los klingon una guerra terrible, que sólo vencen con la ayuda de una civilización terrestre de un mundo paralelo, los Terranos, totalmente autoritarios, contrarios a los ideales de paz y libertad de la Federación. Por eso la guerra queda en secreto excepto para los altos mandos y los miembros de la nave Discovery.

Los klingon aparecen aquí muy humanos, muy políticos: tienen clanes, se traicionan entre ellos, tienen la baja política de la lucha agonal por el poder, los humanos y los klingon se enamoran secretamente, y su aspecto es más duro y espartano que nunca. Pero siguen teniendo una superioridad terrible: son tecnológicamente muy avanzados, casi invencibles si no fuera por las malas artes de Georgiou, el lado malo de Filippa, frenado a tiempo por la siempre heroica y kantiana Michael Burnham.

Hasta aquí los guionistas han cometido dos enternecedores y simbólicos errores filosóficos. El primero es suponer que desarrollo tecnológico y moral iban de la mano. Pero el segundo es más invisible: que una civilización autoritaria como los klingon puedan tener lo que es hoy la ciencia occidental y a donde llegará en el s. XXIV.

¿Why not?, preguntarán muchos lectores atrapados en la matrix positivista. Finalmente la ciencia son los facts, y los facts los pueden “ver” todos los suficientemente inteligentes para verlos. Si, los klingon serán espartanos, pero sencillamente son muy capaces, abrieron los ojos y la Física les cayó como el maná del cielo. Yo de niño pensaba lo mismo. “¿Papá, ¿por qué los griegos no tenían Física como nosotros? ¿No eran muy inteligentes acaso?”

La pregunta no pudo ser respondida desde los 12 hasta los 25 o 26, cuando comencé a leer a Popper (y luego Koyré, Kuhn, Lakatos, Feyerabend, Husserl y Gadamer) y salí de mi sueño dogmático. Porque yo también pensaba que la ciencia era “ver los facts”. Si no los veías eras porque una cuña de torpeza no te dejaba ver, o porque no “tenías los instrumentos”.

Pero claro, Popper explica que la racionalidad es otra cosa. Que los supuestos facts, oh escándalo, se interpretan desde las teorías, y que las teorías progresan sólo por medio del debate y la crítica. Si alguien dice que los rayos se producen porque los pajaritos son verdes y a continuación se abre a la crítica, eso es racional, y su alguien dice que los rayos se producen por cargas diferentes en la tensión electrostática y el que diga lo contrario será fusilado, eso NO es racional.

Por eso la ciencia comenzó a avanzar en Occidente: porque todo se comenzó a discutir en lo que hoy llamamos filosofía griega. Y luego, con un inevitable efecto dominó, se siguió discutiendo ad infinitum, con viento a favor o en contra, y por eso surgió la ciencia: porque los atomistas no estaban de acuerdo con Parménides, porque Aristóteles no estaba de acuerdo con los atomistas, porque después de Aristóteles hubo que desgañitarse la cabeza para explicar la acción a distancia, porque a Copérnico no le convencían los cálculos de Ptolomeo, porque a Kepler no lo convencía del todo Galileo, porque Newton sistematizó a los atomistas, Copérnico, Galileo y Kepler; porque a Max Plank no lo convencía Newton para la radiación de los cuerpos negros, porque Einstein veía bien que Newton no había explicado la gravedad, etc. Pero si en Occidente no hubiera picado el bichito de la individualidad, el debate, la discusión y la contra-argumentación, nada de esto hubiera sucedido. Una civilización puede ser maravillosa pero sin individuo libre que piense y discuta, se estanca. Por eso las mitologías antiguas eran simbólicamente maravillosas y al mismo tiempo quedaban estancadas durante milenios, excepto la que tocó a las islas jónicas y se convirtió en filosofía por la discusión y el debate y NO por otra cosa.

Por eso los klingon no podrían haber tenido ciencia ni tecnología. Eran enternecedoramente espartanos y hobbesianos, sí, pero por eso hubieran estado ciegos al progreso de la Física. Si no lo estuvieron es porque los guionistas de Star Trek piensan que la Física es “facts”. No, no lo es, es conjeturas y refutaciones, el título de uno de los grandes libros de Karl Popper.

Que tal vez, como Einstein, era extraterrestre…

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

LA FILOSOFÍA COMO ADORNO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 24/2/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/02/la-filosofia-como-adorno.html

 

(Del libro “La hermenéutica como el humano conocimiento”, punto 8 del cap. 5, https://www.amazon.es/hermen%C3%A9utica-como-humano-conocimiento-ebook/dp/B07NNX8HPZ ).

No, no como Adorno. Como adorno.

En efecto, la famosa cuestión de qué lugar ocupa la filosofía en la cultura actual es dramática: sencillamente ninguno, precisamente porque nuestro horizonte actual oscila entre el positivismo y el post-modernismo. El primero sigue buscando el santo grial de los datos y el segundo ha renunciado a la razón. Obviamente no hay lugar para la filosofía en nuestro mundo.

Los científicos naturales y sociales siguen creyendo, casi todos, que de los datos surgen las hipótesis y que los diversos testeos empíricos “prueban” las hipótesis. Así son formados los doctorandos y así se hacen tesis cuya aporte teórico es casi nulo.

Lo que sigue salvando (aparentemente) a la filosofía es que es consumida como un adorno o entretenimiento de alto valor. Siguen circulando libros y videos de historia de la filosofía con la intención de hacer “más cultas” a las personas, mientras lo esencial, su trabajo profesional positivizado, no sea demasiado “entre-tenido” por el lujoso “producto”. La filosofía sigue ad-mirando, sigue estando rodeada por un aurea de misterio y respeto, pero por su dificultad. Ser filósofo hoy es como hablar K´icheé[1]. Es admirable, sí, pero primero, estudia Inglés. La filosofía es hoy como antes era la educación de los sectores altos anglosajones para la mujer: lecciones de piano y de Francés.

No nos quejemos por ende de que la filosofía no interese. Su sola introducción como “formación humanística” en medio de las materias “verdaderamente importantes” de las carreras tradicionales es una muestra de incluso quienes la defienden lo hacen como si fuera un florero, y sus argumentos para demostrar la utilidad del florero nunca terminan de cerrar. Así es el triste destino, también, de quienes la tratan de enseñar en esas condiciones.

Por supuesto, no faltará quien me diga, y muy bien, que la filosofía no es “útil”, sino contemplativa, como muy bien defendió Sciacca[2]. Es que claro, no me estoy refiriendo a “utilidad” en el sentido de la razón instrumental. Me estoy refiriendo a la unión entre la razón y la vida, que tanto defendieron Husserl y Ortega y Gasset[3].

La mejor manera hoy de abrir a la filosofía es hablar de los temas más profundos de la economía, de la política, de las ciencias, y cuando se perciba que el testeo empírico no tiene allí nada que decir, subir hacia la filosofía de la economía, de las ciencias o de lo que fuere no como un techo, sino como el único suelo en el cual se puede hacer tierra. ¿Está América Latina explotada por el capitalismo o su endémica pobreza está causada precisamente por la falta de capitalismo? Inútil es irse a los famosos “índices”. La pobreza, en cierto modo, es la misma para un marxista y un liberal clásico que sean ambos honestos. El asunto es cuál es su causa. Y allí todo debate empírico es inútil hasta que no vayan a si es verdad o no la teoría marxista del valor, y para resolverlo tendrán que ir a la filosofía: ¿Hegel o Aristóteles? O sea: ¿Marx o Menger? Sólo la filosofía puede responderlo. Si alguien responde “entonces no se puede” es o positivista o post-moderno. Positivista si sigue buscando los famosos datos que sean independientes del horizonte filosófico; post-moderno si afirma que ambos paradigmas son coherentes internamente pero incomunicables. Y todo este libro ha intentado, precisamente, salir de esa dicotomía.

¿Es el universo determinado, exacto, o indeterminista? ¿Tiene realmente un margen de azar o el azar es un mero término para nuestra ignorancia? La indeterminación onda-partícula, ¿está en la realidad o es un producto de nuestro conocimiento? ¿Qué interpretación de la Física Cuántica es la correcta, la de Copenhague o la realista? Es inútil que midamos o hagamos matemáticas: la mecánica de Newton y la mecánica cuántica, ambas en sus parámetros, encajan. Para resolverlo hay que hacer filosofía de la Física. O sea, filosofía, y darse cuenta, como explicaron Koyré y Popper[4], que la Física depende esencialmente de la Historia de la Filosofía.

Mientras no se tenga conciencia de esto, la filosofía seguirá siendo un adorno lujoso en medio de todo lo “realmente” importante. Hay que barajar y dar de vuelta, organizar las formas de estudio de una manera totalmente diferente, modificar de raíz las llamadas carreras tradicionales “y enfrentar” si es necesario, con nuestros propios recursos, a una demanda de mercado que no nos responda. Pero como no estamos en una sociedad libre, como estamos en una sociedad donde más que nunca el estado-nación-weberiano-instrumental ha monopolizado la oferta educativa y la ha impuesto coactivamente, no podemos hacer eso. La única transformación que queda por el momento es que las empresas comiencen a contratar personas que tengan resultados pedagógicos concretos y NO los títulos oficiales del sistema formal. Pero estamos lejos.

La filosofía como adorno es cara y puede morir en cualquier momento. La filosofía, en cambio, no, porque es esencial a lo humano. Pero mientras tanto, circulará por los mundos underground, por los blogs, por redes sociales, por encuentros interpersonales genuinos tan vitales como el amor, y por toda pastillita roja que nos saque para siempre de la Matrix.

[1] Saquix, Candelaria: Gramática k´icheé, Cholsamaj, 1997, Guatemala C. A.

[2] Sciacca, M.F.: Historia de la filosofía, Luis Miracle, Barcelona, 1954. Introducción.

[3] Ortega y Gasset, J.: ¿Qué es filosofía?, Espasa-Calpe, Madrid, 1973.

[4] Popper, La teoría cuántica y el cisma en Física, op.cit, y Koyré, A.: Koyré, A.:  Del mundo cerrado al universo infinito. Buenos Aires: Siglo XXI, Buenos Aires, 1979;  Estudios galileanos, Siglo XXI, Buenos Aires, 1980;  Estudios de historia del pensamiento científico; Siglo XXI, Buenos Aires, 1988; Pensar la cienciaPaidós, Barcelona, 1994.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

LA HERMENÉUTICA Y LA FALSA DIALÉCTICA ENTRE HUMANIDADES Y CIENCIAS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/1/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/01/la-hermeneutica-y-la-falsa-dialectica.html

 

(Punto 3 del Cap. 5 de “La hermenéutica como el humano conocimiento”, de próxima aparición).

Curiosamente, si hay algo que esencialmente humano, es la ciencia. Dios no la necesita ni los animales tampoco. Dios tiene la ciencia de visión y la ciencia de simple inteligencia, pero eso no es ciencia en el sentido que va desde Ptolomeo hasta Howking. Y los animales son extraordinarios y asombrosos. Un hormiguero parece un sistema de conocimiento en red, donde cada hormiga es una neuronita. Pero, que sepamos, no escriben, no teorizan, ni se equivocan[1].

Que se haya separado a la ciencia de las humanidades es un típico resultado de una noción positivista de conocimiento donde no hay conciencia histórica. Una noción de conocimiento que cree que la ciencia es abrir los ojos, ver los hechos, anotarlos y que luego otros hagan lo mismo. Una noción de conocimiento donde se cree en los “datos”; en que conocer es conocer el “qué”, sin saber el “por qué”. Ya hemos visto que no es así. Pero no nos convencemos. Seguimos haciendo programas de estudio donde enseñamos “la” Física, “la” astronomía, e incluso, terriblemente, “la” filosofía, sin historia de la Física o de lo que fuere. Que no es un conjunto inconexo de fechas y nombres sino entender de qué problema y contexto anterior tal autor dijo tal cosa. Y lo terrible es cuando ello se lleva a ciencias sociales, donde por ejemplo se estudia “economía” sin historia del pensamiento económico.

Pero, me dirá el lector, necesitamos técnicos. El médico de emergencias no necesita historia de la medicina, ni el ingeniero, que está a cargo del simple puente,   necesita historia de la Física. Ok, pero entonces reconozcamos, de una vez, que eso no es universidad, sino la barbarie del especialismo, al decir de Ortega, justificada tal vez por la necesidad de cosas prácticas que deben hacerse aunque no comprenderse. Perfecto, los medievales eran más sabios, distinguían las escuelas de artes y oficios de las universidades. Ahora estas últimas son escuelas de artes y oficios, donde se enseñan de memoria técnicas prácticas. Pongámosle entonces el nombre correspondiente: tecnicaturas, y que deberían durar menos años para lo que realmente se pretende.

¿Pero qué decir de una carrera de Física, no una tecnicatura terciaria en ingeniería? Que sufre de lo mismo. Si es un estudio universitario de Física, con doctorado, tiene que saber de dónde han emergido los paradigmas diferentes (Ptolemaico, atomista, aristotélico, copernicano, Einstein, cuántica) para luego poder hacer investigación y hacer avanzar la ciencia. Me van a decir: no, según Kuhn la ciencia avanza con el humilde puzzle solving de la ciencia normal, esto es, con miles de repetidores que luego entran en crisis sin darse cuenta. Tiene razón Kuhn en que ello es habitualmente así, pero no por ello hay que desesperar y evitar todo intento de educar al científico en la creatividad del saber teórico. Por eso, lamentablemente, los físicos, no ya los ingenieros, no saben ni les interesa quiénes fueron Koyré, Duhem, Jaki, Kuhn, Lakatos o Feyerabend. Porque todos ellos hicieron historia de la física y en cambio ellos creen que saben “la física” cuando en realidad no saben más que un determinado período histórico, el actualque ellos ven como un eterno presente como si fueran dioses. Formar a Físicos es formarlos en la historia de la filosofía y de la ciencia que incluya la lectura directa de los clásicos. ¿Ah, no quieres? Entonces estudia una tecnicatura en ingeniería de 4 años. Llama a las cosas por su nombre y dales el tiempo que tienen. Pero no, el positivismo ha creado un mundo ilusorio donde llamamos doctores a un conjunto de técnicos entrenados para repetir y hacer muy bien el puzzle solving de la ciencia normal. Eso no ha matado a la creatividad humana, que se abre paso como la vida en medio de las piedras, pero si quieres vida, haz un buen terreno y no esperes que las florecillas crezcan  de casualidad entre los cascotes.

[1] Algún lector dirá: ¡pero equivocarse no es científico! Llamando a Popper, please, urgente………

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

 

LA CONSPIRACIÓN DE LAS TEORÍAS CONSPIRATIVAS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 30/4/17 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/04/la-conspiracion-de-las-teorias.HTML

 

Están de moda cada vez más. Para todo hay una conspiración, y el que no lo sabe es un tonto.

Siempre me han llamado la atención. Como soy un tonto que no cree mucho en ellas, voy a analizarlas desde el ingenuo mundo que habito.

Las teorías conspirativas, más que teorías, son ilaciones de fenómenos singulares, unidos por el plan siniestro de oscuros y malévolos personajes, que tienen en sus manos al destino del mundo.

En ese sentido, las teorías conspirativas sí que son no-falsables. Porque las teorías no se refutan con hechos, sino con teorías.

Por ejemplo, ¿por qué refutó Copérnico a Ptolomeo? Porque era una teoría que, retrospectivamente –no en su momento- negaba el núcleo central de la teoría ptolemaica y, por ende, la hizo caer en un efecto dominó. Pero eso es mundo 3, el mundo de las teorías en sí mismas.

Los teóricos de las teorías conspirativas no se mueven en el mundo de las ideas en sí mismas, de lo que dicen en sí mismo, de cómo puede ser su refutación teórica. Se mueven en el mundo 2, en un mundo de intenciones perversas de sujetos perversos, según la cual unen fenómenos singulares de un modo tal que no hay cómo contestarles. Supongamos que elaboro una teoría conspirativa de Copérnico. En realidad alguien le pagó para que finalmente se decidiera a publicar su libro que él sabía que era falso. Y ese alguien era un jesuita X que formaba parte de un grupo secreto que estaba en contra de los jesuitas que aún defendían a Ptolomeo.

El teórico en cuestión presenta mil cartas, mil documentos, todos en apoyo de su conspiración. Si uno intenta refutarlo, decirle que no, que nada de ello niega el conjunto de los estudios históricos de Koyré, Kuhn o Feyerabend al respecto, el teórico de la conspiración me dice que yo “no sé” que existe la carla 1001 que prueba la conspiración. Si yo le objeto que hay una carta 1003 donde se advertiría que no, que Copérnico no tiene nada que ver, él me sale con la 1004. Si yo sigo dudando, el teórico comienza a pensar que: o soy medio tonto, o en realidad soy cómplice de la conspiración. O que no quiero aceptar su teoría porque “no me conviene” aceptarla. En última instancia, para el teórico de la conspiración sólo existe él y su grupo, los buenos, inteligentes y honestos que denuncian la conspiración, y los demás, que, o son muy tontos, o cobardes, o deshonestos intelectuales. Claro, el diálogo honesto y sincero de ambas partes es imposible en ese caso. Porque sólo hay una parte honesta: la denunciante de la conspiración.

Los que nos movemos en el mundo 3 de Popper vamos al núcleo de las teorías, tratamos de ver qué dicen y si hay algo que refutar vamos a su núcleo central. No ignoramos que la intentio auctoris debe interpretarse desde el conjunto de creencias (Ortega) y horizontes (Gadamer) y mundo (Husserl, Ricoeur) del autor, pero si suponemos la mala intención del autor, entonces ya no es un tema académico, ya no es una cuestión teorética, es un tema de otra naturaleza.

Las teorías conspirativas son ideales para, desde la propia ideología, convertir al pensamiento contrario en una conspiración. Lo que Umberto Eco llamaría una decodificación aberrante (es que Eco era otro conspirador). Claro, así es imposible defender lo atacado porque, otra vez, si lo hacemos o somos tontos o somos malos. Así de simple.

Las teorías conspirativas parecen dar mucha inteligencia a los conspiradores: éstos parecerían poder manejar a los infinitos fenómenos complejos que, Hayek dixit, se encuentran más allá de lo que un grupo de personas puede planificar. Oh, pero Hayek es liberal, por ende es malo, por ende la teoría de los fenómenos complejos es seguro otra conspiración conformada por la Trilateral Commission, la conspiración judeo-masónica-capitalista internacional, etc. Pero yo, que soy un tonto que cree que la teoría de los fenómenos complejos de Hayek es verdadera, creo que da en el clavo de la cuestión. ¿Cuánto, de lo complejo, pueden manejar los conspiradores? Obviamente muy poco. Pero no, en principio los conspiradores podrían tener callados durante vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaarias décadas a toooooooooooooooooooooooooooooooooodos los técnicos que colaboraron con tal o cual proyecto que resultó ser una falsedad. Y si lo negamos, es que somos unos tontos que ignoramos su poder, unos cómplices a los cuales nos pagan también, o unos deshonestos intelectuales a quienes nos conviene negar la conspiración.

Las teorías conspirativas son el mundo de los grandes genios. Los tontos, los que estamos en el mundo 3 de Popper, nos movemos en otro mundo. Pero últimamente me he vuelto más inteligente y creo que los teóricos de las teorías conspirativas forman parte de una gran conspiración.

He dicho.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

LA CARGA DE TEORÍA DE LA BASE EMPÍRICA: ¿EL FIN DE LA FILOSOFÍA DE LA CIENCIA?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 5/3/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/03/la-carga-de-teoria-de-la-base-empirica.html

 

(Art. publicado en Studium (2015), nro. 34, pp. 469-478).

Resumen: la tesis central de este artículo es si la filosofía de la ciencia no habrá llegado a su fin si se la sigue planteando como un programa de investigación que no se plantee el problema hermenéutico fundamental, a la hora de intentar resolver el problema de la carga de teoría de la base empírica. Para ello se repasa la historia del problema, tanto en sus aspectos metodológicos como filosóficos; se reseña la filosofía de la ciencia posterior a Feyerabend (que nosotros llamamos post-popperiana), y se pone peculiar atención al “nuevo experimentalismo” y a la noción de “teoría” que está en juego en el debate. Allí es donde introducimos la importancia del giro hermenéutico y una propuesta conceptual y terminológica para el famoso “testeo empírico”. Aclaramos luego que el realismo en la filosofía de la ciencia es una cuestión filosófica, no metodológica, para concluir luego en lo que se quería demostrar.

  1. Planteo del problema.

Desde que Popper planteó la cuestión en su famoso primer libro[1], el tema de la “carga de teoría” (theory-laden) de la base empírica se ha convertido en un problema clásico de la filosofía de la ciencia, pero nos atrevemos a diagnosticar que sus implicaciones aún no se quieren asumir.

Según Popper, los famosos enunciados observaciones, esenciales para el testeo empírico de las hipótesis, son interpretados desde la hipótesis que supuestamente los enunciados observacionales “juzgan”. Si queremos testear empíricamente a Newton y hacemos caer libremente un cuerpo y lo hace según 9,8 m por segundo, podemos “interpretar” dicha observación, supuestamente “fáctica” porque la teoría newtoniana nos permite hacerlo. Esto es, son las nociones de gravitación, inercia, etc., las que nos permiten interpretar el fenómeno y hacer las mediciones correspondientes, porque es también esa teoría la que nos permite construir los aparatos de medición y es también esa teoría la que nos permite interpretar y establecer el grado de relevancia de las condiciones iniciales. O sea que los “jueces” de la hipótesis, esto es, la “base empírica” son juzgados a su vez por las hipótesis.

¿Entonces?

La historia es conocida. Popper quiso poner el freno y comenzó a criticar a T. Kuhn[2], para el cual, obviamente, todo (desde los enunciados teoréticos básicos hasta los experimentos del puzzle solving) estaba contenido en el “paradigma”, donde la “carga de teoría” es ahora el paradigma dominante desde el cual “constituimos” el mundo[3]. Lakatos quiso salvar, ante esto, la racionalidad popperiana con sus famosas hipótesis ad hoc falsables pero, eso sí, dentro de su falsacionismo metodológico “sofisticado”[4] donde se daba por supuesto el problema de latheory-laden y se rechazaba el supuesto falsacionismo “ingenuo” de Popper (este no se quedó atrás y trató a Lakatos como un díscolo ex ayudante que no lo entendió: “…he could have asked me”[5]). Por supuesto, el que llevó las cosas a sus últimas conclusiones fue Feyerabend: la carga de teoría hacía desaparecer el papel tradicional del testeo empírico, con lo cual desaparecía nada más ni nada menos que la demarcación tradicional entre ciencia y metafísica[6].

  1. La cuestión metodológica.

Por supuesto, esto ponía serias restricciones al alcance del método hipotético-deductivo concebido, tanto en Hempel[7]como en Popper, como un método para aceptar o rechazar hipótesis, aunque nunca de modo definitivo. Popper rechazó por supuesto el tema de la probabilidad en Hempel y en Carnap[8], pero para el problema de la carga de teoría adoptó una solución convencionalista: cada comunidad científica podía utilizar la base empírica que considerara conveniente[9]. Ello obviamente era casi ponerse en la posición de Kuhn pero Popper jamás aceptó esa derivación. Simplemente utilizó la carga de teoría como una razón más para oponerse al inductivismo de sus predecesores. La hipótesis (conjetura) no sólo es a priori del testeo empírico porque este último sea aquello que juzgaría algo que está supuesto “primero”, sino porque, dado el problema de la carga de teoría, es obvio que siempre es primero la conjetura y luego la observación, que era uno de los lemas anti-inductivistas básicos de Popper. El MHD (método hipótetico-deductivo) quedaba así “bañado” de conjetura. Podemos seguir llamando base empírica al conjunto de condiciones iniciales más predicción, pero la selección e interpretación de las condiciones iniciales están hechas desde la conjetura y la interpretación de los supuestos “datos” de la observación, también. Podríamos preguntarnos qué queda entonces de una observación que sea un “falsador potencial” pero esas preguntas dignas de Feyerabend ya no fueron contestadas por Popper, muy concentrado en su debate con Kuhn.

  1. La cuestión filosófica (el tema del realismo).

Desde luego, esta cuestión ponía en jaque al realismo que muchos suponían en el MHD, basado en la tradicional distinción entre los elementos hipotéticos NO observables y la base empírica que sí lo era. Popper, sin embargo, siempre defendió su realismo como aproximación a la verdad, basado en su igualación entre grado de corroboración y verosimilitud[10]. Pero la cuestión no era tan sencilla. Popper podía tener sus razones filosóficas para ser realista como “no-idealista”[11], y obviamente defendió al realismo frente al supuesto escepticismo de Kuhn, pero desde el punto de vista de la sola lógica del MHD, el éxito predictivo, o sea la no-falsación, nunca había sido razón suficiente para el realismo en filosofía de la ciencia, sobre todo en el convencionalismo y en el instrumentalismo. Autores posteriores al giro histórico de la filosofía de la ciencia[12] (Kuhn-Lakatos-Feyerabend), como Laudan[13] y Van Frassen[14], desafiaron que el realismo fuera una implicación lógica del MHD. En Van Frassen, el círculo entre teoría y observación, que se da precisamente por la theory-laden, es llamado nada más ni nada menos como círculo hermenéutico[15], y llevado claramente a sus consecuencias no-realistas. Ello no implica que nosotros coincidamos con dicha interpretación del círculo hermenéutico[16], sólo mostramos que el problema de la base empírica plantea serios problemas para el realismo que Popper creía no afectado por ese problema.

  1. La filosofía de la ciencia post-popperiana.

Gran parte de los autores que siguieron a Laudan y Van Frassen quisieron luego volver al realismo pero, ya no casualmente, manteniendo a Popper “a parte” de sus propios argumentos. Así, Harman[17] y Lipton[18] sistematizaron la “inferencia a la mejor explicación”, que no era muy diferente a los métodos de Mill que ellos mismos citan: la selección de hipótesis plausibles para la mejor explicación posible y la posterior experimentación para llegar a una de las hipótesis seleccionadas. Claro, con esto no podían dejar de lado el problema de la base empírica, porque para pasar de hipótesis posibles a hipótesis plausibles se necesita una teoría previa que distinga entre ambas….

Lo mismo con el argumento del no-milagro utilizado por Psillos[19], Putnam[20], o Harré[21]. Según este argumento, el éxito predictivo de las hipótesis no puede ser “por milagro” como una especie de “casualidad”, lo cual llevaría a la inferencia de la realidad de las hipótesis y-o de las entidades postuladas por éstas. Pero, de vuelta, con ello no se refutan las implicaciones no realistas (si por realismo se sigue interpretando el realismo de la base empírica) de la carga de teoría. Si se presupone que hay un orden real en el universo, claro que, entonces, el éxito predictivo no es causal, pero para ello hay que suponer nada más ni nada menos la teoría de un orden real en el universo, teoría que forma parte de una filosofía de la física previa al MHD. Por lo demás, claro que suponemos “reales” muchas de las entidades que ahora la ciencia postula (desde las bacterias hasta las “inciertas” partículas elementales de la Física Cuántica) pero ello presupone las teorías que nos permiten interpretar lo “observado”.

No en vano Nancy Cartwright[22] ha escrito un libro cuyo título es, nada más ni nada menos, “Cómo mienten las leyes de la física” poniendo el dedo en la llaga de que todas las predicción de los modelos de la Física son realizadas en condiciones ideales que ya dejan de lado por definición infinitas variables desconocidas, lo cual restringe mucho, obviamente, las pretensiones “realistas” de las hipótesis concebidas como modelos, lo cual está dado, agregamos nosotros, justamente por cómo la teoría concibe los modelos básicos. No por ello Cartwright saca conclusiones anti-realistas, pero para ello hace una sutil combinación entre Mill y Aristóteles cuya evaluación excede los objetivos de este artículo[23].

  1. El nuevo experimentalismo.

El mejor ejemplo de la reacción contra la “theory-laden” es el “nuevo experimentalismo” donde explícitamente se quiere volver a una especie de experimentalismo al estilo Mill donde los experimentos tendrían su vida propia, independientes de la teoría. O, mejor dicho, independientes de teorías de alto nivel, ninguno de estos autores (Hacking[24], Mayo[25], Ackermann[26]) ignora la mínima formación teorética que tiene que tener un científico. Por supuesto, cada uno de estos autores tiene un ejemplo favorito. Para no elegir ejemplos que estén condicionados por aquello que queremos concluir, vamos a dar la forma de su argumentación: sea un caso donde quiero mostrar que dadas ciertas condiciones iniciales, el efecto es NO A, contrariamente a A, que era lo supuesto anteriormente dadas otras condiciones iniciales. Para hacerlo sólo tengo que conocer la mínima teoría anterior de la cual se infería A, no tengo por qué conocer la teoría que retrospectivamente explicará NO A y todas las consecuencias teoréricas no intentadas, retrospectivamente, del experimento. Esto es, suponiendo que los experimentos son obviamente llevados a cabo por científicos, y no por legos, la carga de teoría es la obvia, esto es, ser un científico, pero los experimentos no tienen por qué depender de complejos armados teoréticos: cualquier científico atento al despeje de variables puede llegar a realizar experimentos tales que no se sepa qué teoría esté produciendo ciertos resultados.

Hacking, al tanto perfectamente de todo el debate reseñado hasta el momento, precisamente cuando discute a Feyerabend, hace el comentario clave de toda la cuestión: “…Most of the verbal quibble arises over the world ´theory´”[27]. En efecto, todo el punto es ese: ¿a qué llamamos “teoría”? Como dice Chalmers, “…Nadie puede negar la afirmación de que quien no distinga un imán de una zanahoria no está en capacidad de apreciar qué es un hecho verificado en electromagnetismo”[28].

  1. ¿A qué llamamos “teoría”?

Vayamos, pues, a esta esencial cuestión, y para ello volvamos a los autores del giro histórico. Kuhn no ignoraba de ningún modo que los científicos experimentan todo el tiempo, es más, a eso lo llamaba puzzle solving, la resolución habitual de problemas dentro de un paradigma. Aquí, como vemos, teoría no es cualquier cosa. Es –al decir de Lakatos- el núcleo central del programa de investigación en el que está trabajando. Por supuesto que no siempre está todo claro, por supuesto que en los momentos de “crisis”, el científico no puede plantearse las cosas desde la nueva teoría que luego, retrospectivamente, quedará claramente establecida. Los autores del nuevo experimentalismo parecen haber olvidado algo claramente explicado por Kuhn: la tensión esencial. Para captar “algo” del paradigma alternativo, para barruntar algo de la nueva teoría, o para comenzar a crearla en cierto sentido, es necesario estar formado en una teoría anterior. Por ello la “tensión”: por un lado ello puede implicar que nos aferremos al paradigma, pero por el otro lado ello es condición necesaria para que  comparemos con algo distinto al anterior. El científico no ve hechos sin teoría, sino que, comparando con su formación básica, es capaz de detectar una anomalía donde otros no habían visto nada. Al captar la anomalía ya está barruntando la nueva teoría: nadie dice que es esa nueva teoría la que tiene totalmente in mente, ya desarrollada, sino la teoría anterior, sin la cual no hubiera sido capaz de decodificar el problema. Por supuesto, el “cómo hace eso un científico” depende de algo que los teóricos de la “inferencia a la mejor explicación” no parecen terminar de ver: el carácter creativo no normado de la inteligencia humana. Por ejemplo, veamos este párrafo de Heisenberg: “…En 1900, estudiando la ley de radiación de cuerpo negro que él había descubierto, Planck detectó en los fenómenos ópticos un fenómeno discontinuo totalmente desconocido para la física clásica que, algunos años más tarde, quedó expresado de forma más precisa en le hipótesis de Einstein de los cuantos de luz”[29]. Cualquier interpretación desde el nuevo experimentalismo de este relato no daría importancia, me parece, a las sutiles explicaciones de la psicología de la percepción científica de T. Kuhn.

  1. No se quiere aceptar el giro hermenéutico.

Todo esto implica un diagnóstico: el análisis del realismo que defienden los autores posteriores al giro histórico de la filosofía de la ciencia (obsérvese cómo hemos cualificado al realismo: “….que defienden los autores posteriores al giro histórico de la filosofía de la ciencia”) implica que la filosofía de la ciencia ha llegado a un punto límite. No se ha podido ver el giro hermenéutico que implican los análisis de Koyré, Kuhn, y las conclusiones de Feyerabend, que implican a su vez el debate con Lakatos. Giro iniciado por Karl Popper. Es más: esos mismos autores no lo vieron, porque ellos mismos estaban en su propia “tensión esencial”. Ese giro implica asumir algo que la formación filosófica de todos los filósofos de la ciencia actuales, pobre en su diálogo con la filosofía continental, no pueden ver: los horizontes de pre-comprensión (Gadamer[30]) implícitos en toda teoría y cambio científico. Ello fue dicho en otros términos por Koyré, al afirmar la dependencia filosófica de toda teoría científica[31]; por Kuhn, al explicar las circunstancias filosóficas de los paradigmas y las crisis[32]; por Popper, al re-ubicar la relación entre ciencia y metafísica[33]; por Lakatos, al describir los compromisos metafísicos de los núcleos centrales[34], y obviamente por Feyerabend, cuando comenta y elogia el proceder contra-inductivo de los grandes científicos[35]. Justamente, cuando Feyerabend concluye la no-diferencia entre ciencia y metafísica, de modo desafiante, no quiere decir (el ejemplo es mío) que el experimento de Pasteur fue lo mismo que el argumento de San Anselmo, lo que quiso desatacar es que el compromiso teórico de la Física no se resuelve con ingenuos testeos empíricos que presuponen una base empírica “decisiva”.

Es más, esto último –tomar los límites del testeo empírico como una mala noticia- es un síntoma del positivismo cultural dominante. O sea: quedarse sin base empírica es como quedarse sin nada, cuando, por lo contrario, la ciencia siempre ha progresado en base a la discusión teorética de sus grandes premisas. Lo que hay que hacer –igual que en filosofía- es ir hacia la teoría. Debatir la teoría. Criticar la teoría. La suposición de lo contrario, y el endiosamiento de un testeo empírico imposible, lleva –como bien dijo Popper- a que nuestras universidades actuales se conviertan en fábricas de tecnólogos entrenados….[36]

Pero la hermenéutica, desde las filosofías realistas (ya no desde la ciencia) también parece inaceptable porque estaría irredimiblemente relacionada con las interpretaciones más escépticas de Heidegger (Vatimo[37]) y todo el post-modernismo posterior. Por ello nosotros hemos tratado de desarrollar una hermenéutica realista[38], donde la base de los horizontes de Gadamer esté en Husserl, y la intersubjetividad de este último, en la noción de persona de Santo Tomás de Aquino[39]. Lo más interesante de ello para filosofía de la ciencia, es que el gran inspirador de Kuhn, esto es, Koyré, formó parte del círculo de Gotinga que seguía a E. Husserl[40]. La insistencia de Koyré y Kuhn en la formación teorética de los científicos (como origen de los cambios científicos) no fue casual: tuvo su origen en Husserl, autor esencial para una interpretación fenomenológica y realista de los horizontes de Gadamer.

  1. Una propuesta para la cuestión metodológica: la ilustración.

Alguien podrá decirme: ¿pero entonces el testeo empírico es “imposible” y-o los experimentos son inútiles? No, nadie formado en Kuhn y al tanto de la importancia del puzzle solvingpara las “crisis” podría decir algo así. Claro que la ciencia tiene una instancia práctica donde el científico pretende “manipular” sanamente algo del mundo físico, pero lo que varía es el significado de todo ello. Un experimento lo que produce es una “ilustración”, como bien dijo F. Machlup[41], una “mostración”. Nadie pretende, para ir al principio de este artículo, que dejar caer un cuerpo bajo condiciones iniciales cercanas a las condiciones ideales newtonianas, junto con la medición correspondiente de 9,8 m/s, sea probar o refutar absolutamente la teoría de Newton. Lo que ello hace es “mostrar” a otros la interpretación del mundo físico conforme a Newton, siempre que los “otros” acepten sus premisas. ¿Es ello importante? Sí, siempre que ello sea un elemento que ayude a mostrar una teoría que esté en duda (decimes “ayude”: porque lo esencial es explicar la teoría). El experimento es una forma de ilustrar en la praxis la teoría, una vez que la teoría comienza a ser explicada. Pero la praxis permanente del puzzle solving es también lo que da ocasión al desarrollo de una nueva teoría que tiene que ser intelectualmente vista por el científico (como Copérnico “ve” la hipótesis de Aristarco ante el agotamiento de la praxis habitual de los epiciclos). De ese modo puede surgir progresivamente una nueva teoría que “refute” la anterior (nunca absolutamente). No de un “hecho”, sino de la visualización intelectual de una nueva teoría ante la degeneración teorética de un programa de investigación.

  1. Una propuesta para el problema filosófico: una filosofía de la física realista.

¿Y el realismo? Nuestra conclusión es simple[42]: no surge del MHD, es imposible encontrarlo por allí. La cuestión es elaborar una filosofía de la física según la cual haya cierto orden en el universo y entonces, allí sí, las teorías más simples ante las anteriores puedan ser signos de acercamiento al orden real del universo. Ello no es nada simple, claro está, sólo señalamos el camino del realismo. El MHD es una humilde cuestión de lógica. No se puede extraer de él ninguna conclusión gnoseológica y menos aún ontológica.

  1. ¿El fin de la filosofía de la ciencia?

Conclusión: si la filosofía de la ciencia quiere volver a ser el debate sobre un modo de evaluar las hipótesis más allá de nuestros horizontes de pre-comprensión, no se da cuenta de que ha llegado a su límite. Eso fue la filosofía de la ciencia. Es parte de su presente porque forma parte de su historicidad, sí, pero como programa de investigación, es ya insostenible. La ciencia es creación de teoría, la ciencia es el debate teórico de las teorías. Filosofar sobre ambas cosas, es seguir con la filosofía de la ciencia.

 

 

[1] La lógica de la investigación cientifica, (1934), Tecnos, Madrid, 1985. Cap. V.

[2]  Lakatos and Musgrave, Editors: Criticism and the Growth of Knowledge; Cambridge University Press, 1970. Pág. 51.

[3] Kuhn, T.: La estructura de las revoluciones científicas; FCE, 1971. Pág. 175.

[4] Lakatos, I.: La metodología de los programas de investigación científica; Alianza Ed., Madrid, 1989. Pág. 46.

[5] Replies To My Critics; in The Philosophy of Karl Popper, Part II; Edited by P.

Arthur Schilpp Lasalle; Illinois, 1974. Pág. 999.

[6] Feyerabend, P.: Tratado contra el método; Tecnos, Madrid, 1981.

[7] Hempel, C.: Filosofía de la ciencia natural; Alianza Ed., Madrid, 1981.

[8] Conjeturas y refutaciones; Paidós, Barcelona, 1983. Cap. 11.

[9] La lógica de la investigación científica, op. cit.

[10] Conocimiento objetivo; Tecnos,Madrid, 1988.

[11] Realismo y el objetivo de la ciencia; Tecnos, Madrid, 1985.

[12] Carrier, M.: “Historical Approaches: Kuhn, Lakatos and Feyerabend”, in Robert, J., editor: Philosophy of Science, Key Thinkers, Continuum International Publishers, London and New York, 2012.

[13] Laudan, L.: Progress and its Problems; Toward a Theory ofScientific Growth; University of Califonia Press, 1977.

[14] Van Frassen, B. C.: The Scientific Image, Clarendon Press, Oxford, 1980.

[15] Op.cit., p 56.

[16] Zanotti, G.: Hacia una hermenéutica realista, Austral, Buenos Aires, 2005.

[17] Harman, G. (1965) The inference to the Best Explanation, en The Philosophical Review (pp. 88-95).

[18] Lipton, P.: Inference to the Best Explanation, Routledge, 1991, 2004

[19] Psillos, S.: Scientific Realism, Routledge, 1999

[20] Realism with a Human Face, Harvard University Press, 1992

[21] Sobre Harré, ver Carman, C. (2004): El realismo Científico en Rom Harré (Tesis de Doctorado), Universidad Nacional de Quilmes, Argentina.

[22] Cartwright, N.: How The Law of Phisics Lie; Oxford and New York, Oxford University Press, 1983.

[23] Al respecto, ver Crespo, R.: Nancy Cartwroght, Millian and/or Aristotelian? Conicet, Buenos Aires, 2009.

[24] Hacking, Ian: Representing and intervening, Cambridge University Press, 1983.

[25] Mayo, D.G.: The New Experimentalism, Topical Hypotheses, and Learning from Error; PSA 1994, Vol. 1, pp. 270-279.

[26] Ackermann, R.: The New Experimentalism, Review Article; Brit. J. Phil. Sci. 40 (1989), 185-190.

[27] Hacking. I., op.cit., p. 175.

[28] Chalmers, A.: Qué es esa cosa llamada ciencia (2da. Reimpresión 2013), S. XXI, Madrid, 2013, p. 183.

[29] Heisenberg, W.: “The Development of Quantum Mechanics”, Conferencia Nobel, 11 de Diciembre de 1933, en Hawkin, S., (comp.): Los sueños de los que está hecha la materia; Crítica, Barcelona, 2011, p. 330.

[30] Verdad y método, I, y II [1960/1986]; Sígueme, Salamanca, 1991/1992

[31] En Pensar la ciencia; Paidos, 1994.

[32] La revolución copernicana; Orbis, Madrid, 1985.

[33] Popper, K., Conjeturas y refutaciones, op. cit.

[34] Lakatos, op.cit.

[35] Feyerabend, op.cit

[36] Popper, op.cit., Pág. 1144-46.

[37] Vattimo, G.: Más allá de la interpretación, Paidós, Barcelona, 1994; Más allá del sujeto, Paidós, Barcelona, 1992;Introducción a Heidegger, Gedisa, Barcelona, 1996.

[38] Zanotti, op.cit.

[39] Leocata, F.: Persona, Lenguaje, Realidad, UCA, Buenos Aires, 2003; Filosofía y ciencias humanas, EDUCA, Buenos Aires, 2010.

[40] Solís, C.: Introducción a Pensar la ciencia, de A. Koyré, en Koyré, A.: Pensar la ciencia, Paidós, Barcelona, 1994.

[41] Machlup, F.: El problema de la verificación en la Economía (1955), en Libertas (40), 2004.

[42] Lo habíamos dicho en Zanotti, G.: “Filosofía de la ciencia y realismo: los límites del método”, en Civilizar, 11 (21): 99-118, Julio-Diciembre de 2011.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

EL NEW YORK TIMES, TRUMP, LAS REDES SOCIALES, LA VERDAD Y LA HERMENÉUTICA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/11/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/11/el-new-york-times-trump-las-redes.html

 

Parece que el New York Times ha arremetido contra Facebook. Porque mientras ele NYT representaría la información seria, los datos, en los cuales se basan los ciudadanos ilustrados que votan a los demócratas, Facebook es cualquier cosa, la subjetividad total, en la cual se basan los tontos que votaron a Trump.

La cuestión que abordamos ahora no es si está bien o mal haber votado a Trump. La cuestión es el planteo anterior, que muestra hasta qué punto el positivismo está arraigado en nuestra cultural y de qué modo todo un siglo XX de avance en hermenéutica y filosofía del lenguaje parece ser ignorado totalmente por los mass media, sean demócratas, republicanos, marcianos, liberales o kirchneristas.

No hay conciencia intelectual de que no hay datos, hechos puros, sin un horizonte que les da sentido. Cuando alguien dice “La Tierra gira alrededor del sol”, sí, parece un fact, pero lo es sólo desde el paradigma copernicano-galileano. ¿Ah, ese paradigma es verdadero? Ok, pero si alguien cree que va a defender la verdad de ese paradigma desde otros datos, le recomiendo la lectura de Kuhn, Koyré y Feyerabend. Es la cosmovisión neoplatónica-cristiana la que dio origen a Copérnico y Galileo, cosmovisión que este último defendió en un famoso libro que no tenía un solo experimento registrado, versus los astrónomos aristotélicos que supuestamente les presentaban los “facts”.

Y cuando desde las ciencias sociales se dice que “la inflación de tal gobierno fue del XX%”, esos índices presuponen un concepto de inflación que no todos comparten. Supuesto que está detrás del presunto dato “sin” horizontes.

¿Más simple? Cuando alguien dice “Obama aún no finalizó su mandato” presupone todo el criterio de legitimidad actual del gobierno democrático. ¿Qué ocurre si alguien dice “Obama aún no terminó su tiranía”? Algún ultra-libertario podría decirlo. Para dirimir la cuestión no es el caso debatir “el dato”, “el hecho” de si es presidente o tirano, sino debatir la verdad de los horizontes desde los cuales se afirma que es presidente o tirano.

Por lo tanto, reconocer que los supuestos hechos se dicen desde criterios de interpretación, se tenga conciencia de ellos o no, no es renunciar a la verdad, sino estar dispuestos a defender la verdad en un terreno en el cual no sé si los actuales comunicadores han sido educados: la verdad del horizonte que está detrás.

¿Hay noticias que son hechos? No, porque son mensajes. Es lo que se llama el problema de los actos del habla solamente locutivos. “Hay 10 mesas en el salón” parece un mensaje meramente descriptivo y aparentemente “fáctico”. Pero presupone TRES cosas. Uno, la relevancia del mensaje. Yo puedo iniciar mi conferencia sobre Benedicto XVI diciendo “Hoy me desayuné con café y galletitas”, pero mi audiencia me va a decir “¿y qué”? ¿Y quién decide el orden de relevancia de un mensaje?

Segundo, el diseño. Hay 10 mesas, son 10 mesas, son 10, “che hay 10”, o lo que fuere. ¿Y quién decide cómo se diseña un mensaje?

Tres, de vuelta, el horizonte, que presupone que sé  de qué salón estoy hablando, y qué es un salón en nuestro contexto cultural.

Todo lo cual presupone el eje central de le hermenéutica de los mensajes: “alguien dice algo para algo y para alguien”. Nuestra cultura positivista se concentra en el “algo” olvidando todo lo demás. Que está dado por el con-texto, con-texto donde se reflejan los presupuestos no explícitos. “Macri se reunió con el primer ministro de Canadá”. ¿Quién lo dice? ¿Para quién lo dice? ¿Para qué lo dice?

Nada de esto convierte a los comunicadores en manipuladores. Si ellos son honestos en cuanto a qué horizonte de ideas es el que los guía, todo bien. Pero la máxima manipulación (a veces sin intención) se produce cuando los comunicadores creen que NO tienen horizontes y cuando la audiencia, consiguientemente, cree que está escuchando a “los hechos inapelables”.

Por lo tanto, me parece bien que el NYT se auto-considere serio, pero el monopolio de lo serio –si es que lo es- es lo que objeto. Del lado de los blogs y de las redes sociales hay seriedad, buena intención, y también está lleno de locos y de chantas. Igual que en los medios tradicionales.

Los medios tradicionales interpretan, las redes sociales interpretan, todos interpretan, porque interpretar no es sólo opinar, sino sencillamente hablar desde un horizonte. Y NO es que “de eso no se salva nadie”. NO es cuestión de salvarnos de ello, sino de tomar conciencia de la dimensión humana de la comunicación, que no es información. En el papel se graba. En el papiro se grababa. En el silicio se graba. En el ADN se graba. Esa grabación es información. Nosotros, los seres humanos, no grabamos: leemos, hablamos, o sea, de-codificamos, interpretamos, con verdad o sin ella.

Por ende los que votaron a Trump interpretan y los que votaron a Hillary también. Los que publican en Facebook interpretan y los que publican en el NYT también. ¿Y quiénes tienen mayor verdad? Ah, depende de cómo cada uno defienda su horizonte. En este momento estoy escribiendo para mi blog, para Facebook, y estoy defendiendo la verdad de mi horizonte. Lo mismo que si escribiera sobre supuestos datos, que presuponen un criterio para interpretar los datos.

Algunos intelectuales y docentes desprecian Facebook como los taxistas desprecian Uber. No advierten que la comunicación pasa ahora en gran parte por las redes sociales que afortunadamente no tienen regulaciones. La ventaja de las redes es que muestran descarnadamente la intersubjetividad, subjetividad, de la comunicación. Subjetividad que antes estaba más oculta. Si mando un artículo de la revista “Oxford Economic Journal”, nada me garantiza la verdad del horizonte del referato. Si lo mando a La Nación, NYT, Le Monde Diplomatique o etc, nada me garantiza la verdad de su línea editorial.

¿Qué “garantiza” la verdad? En la condición humana, nada excepto el libre debate que, según Popper, va sedimentando las teorías hasta que quedan las que más se acercan a la verdad. Exactamente lo que sucede en Wikipedia, fundado por alguien que conocía a Hayek. En una sociedad libre, no es cuestión de que los gobiernos tienen la información y los medios privados, las interpretaciones. Cuando La Nación discutía contra las invectivas autoritarias de los Kirchner, reclamaba “que sus datos eran serios”. Como Trump puso de moda, wrong. La cuestión era decirle al Sr. Kirchner: yo tengo mi interpretación del mundo, usted la suya, y en una sociedad libre se debate. Y listo. Ah, pero nada mejor para un tiranuelo suponer que él dice los hechos y los demás, los que NO son gobierno, sus subjetivísimas interpretaciones. El positivismo cultural ha alentado a las dictaduras que creen tener “la información” –por eso intentan controlar los medios- mientras la oposición, tristemente, intenta responder que ella también. Un horror.

 

Así que, señores demócratas, bájense del caballo soberbio de que los que votaron a Trump eran unos imbéciles que usaban Facebook. Porque por Facebook no circula el infierno. Circula, sencillamente, el ser humano y sus intentos libres de comunicación. Puede haber chantas, fanáticos, crueles, peleadores, pero también puede haber todo lo contrario. Las redes sociales son la nueva defensa ante los dictadores, y ante la dictadura de lo políticamente correcto que ustedes ejercían dándose cuenta o no. Por eso en Corea del Norte no hay Facebook. Qué bien. Allí sí que están “bien informados”.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

NOTA INTRODUCTORIA A MI DOCUMENTO DE TRABAJO “ANTES Y DESPUÉS DE POPPER”

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 3/7/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/07/nota-introductoria-mi-documento-de.html

http://www.austral.edu.ar/filosofia/publicaciones/documentos-de-trabajo/

Nota introductoria.

El presente texto es una colección de mis principales artículos de filosofía de la ciencia desde 1996 hasta la actualidad.

Me he dedicado a otros temas en mi vida filosófica, pero filosofía de las ciencias es donde más he cumplido con los requisitos formales de la investigación académica, y a lo largo de ellos he llegado a ciertas conclusiones que querría compartir con los que se dedican a filosofía de la ciencia.

Permítaseme entonces una pequeña referencia a cada uno de ellos para llegar luego a esas conclusiones generales. He dividido el libro en tres secciones: filosofía de las ciencias, filosofía de las ciencias sociales y mi así llamada epistemología política.

  1. a) En la primer sección, el primer ensayo trata por primera vez lo que luego desarrollé in extenso en mi libro Hacia una hermenéutica realista (Univ. Austral, Buenos Aires, 2005). Se trata de la relación de la filosofía de la ciencia que va de Popper a Feyerabend con la fenomenología de Husserl y la hermenéutica de Gadamer. Esa relación la sigo planteando luego en casi todos los demás artículos, y si el lector compara ambos textos (el artículo y el libro) verá la diferencia evolutiva en el planteo, pero la misma conclusión.

El segundo desarrolla un punto adicional del anterior. Dado que Gadamer en Verdad y Método establece la exactitud matemática del lado de las ciencias naturales y la prudencia aristotélica del lado de la hermenéutica, yo trado de demostrar que es precisamente esta última la que los científicos de las ciencias naturales utilizan para llegar a sus conclusiones, siendo la supuesta certeza matemática un resabio antiguo de un positivismo que ha fracasado en describir la esencia de la actividad científica. Llamo a esa prudencia recta ratio cogniscibilium y me baso en las principales conclusiones de la historia de la ciencia de Koyré, Kuhn y Feyerabend.

En el tercero trato de establecer una noción amplia de ciencia que pueda abarcar tanto a la metafísica como al método hipotético-deductivo. Esa noción amplia pasa por la noción de crítica de Popper, no necesariamente ligada sólo a lo hipotético sino también a un grado mayor de certeza que pueda tener el pensamiento metafísico. Sí, se ve allí un intento continuado siempre de relacionar la metafísica de Santo Tomás de Aquino con el pensamiento científico actual, tanto en su método como en sus contenidos, aunque estos últimos recién comiencen a aparecer en el momento actual de mi investigación. El artículo termina afirmando que la distinción éticamente más importante no es entre ciencia y metafísica sino entre ciencia (que abarca a la metafísica) e ideología, criticando a esta última según los lineamientos popperianos en su artículo Utopía y Violencia. Con lo cual corro el criterio de demarcación a un lugar donde, por un lado, queda el pensamiento teórico abierto al diálogo, y por el otro un pensamiento, teórico también, cerrado al diálogo. Una filosofía del diálogo se va integrando por ende al eje central del criterio de demarcación.

En el cuarto trato de explicar por qué la ciencia, como se ha desarrollado en Occidente, es un órden espontáneo. Para hacer eso, por un lado explico la noción de orden espontáneo en Hayek y trato de fundamentarlo en la metafísica de Santo Tomás. Ello es importante en sí mismo, pero el objetivo final es mostrar la racionalidad popperiana, como conjeturas y refutaciones, está implícita en la historia de la ciencia, como una consecuencia no intentada de la historia de las ciencias. Ello pone en diálogo y en armonía a Kuhn y a Popper, que es precisamente una de las conclusiones generales de estos ensayos.

El quinto fue para mí en su momento una instancia fundamental en la interpretación de Karl Popper, autor que tanta influencia ha tenido en mi pensamiento, al cual ya le había dedicado un libro en 1993 (Popper: busqueda con esperanza). Basándome fundamentalmente en las investigaciones de Mariano Artigas, muestro que el pensamiento de Karl Popper, lejos de ser un relativismo pan-conjeturalista, como muchas veces se lo ha interpretado, es la afirmación de la ética como actitud racional, y que esta última, lejos de ser un escepticismo, es la certeza moral fundamental de que la razón misma es estar abierta al diálogo, lo cual abarca a todo pensamiento, ya sea religioso, filosófico o científico. Este sigue siendo para mí un punto crucial, dado que actualmente pienso que la noción popperiana de actitud crítica unifica a la metafísica, a la ética, a la filosofía, a la gnoseología, a la filosofía política. El deber de estar abierto al diálogo con el otro evidencia que hay otro (metafísica), que la relación con los otros es nuestro mundo de vida originario (giro hermenéutico basado en Husserl), que por ende la gnoseología como demostración de la realidad y cognoscibilidad del mundo externo ha quedado superada, y que el otro tiene un derecho fundamental a la interpelación que constituye el eje central de la ética de la ciencia y de la filosofía política de una sociedad libre.

Esto tiene que ver con lo que llamo los tres poppers. El primero es más empírico, se refería a la falsación empírica de la teoría, aunque yan afirmaba que esa teoría es aquello desde lo cual se interpreta la base empírica.

Años más tarde, cuando Lakatos le dice que Newton de ningún modo pretendía falsar sus teorías, Popper hace una distinción fundamental: que la teoría de Newton es en sí misma falsable (mundo 1), independientemente de la voluntad de Newton (mundo 2). Esto, independientemente de la enorme riqueza filosófica del mundo 3 popperiano, con todas sus cruciales consecuencias, indica que Popper estaba pensando más bien en que todo lo que está dicho puede ser contra-dicho, y “dicho” se refiere más bien a una teoría. O sea que en esta segunda etapa la falsación no es tanto lo empírico contra la teoría, sino una nueva teoría versus otra teoría. Luego, finalmente, Popper no sólo afirma que toda teoría es en sí misma falsable “a regañadientes del científico”, sino que afirma que este último debeestar abierto a la crítica. Este es el Popper moral, el “Socratic Popper”, según L. Boland, el Popper rescatado por Mariano Artigas.

El sexto ensayo, junto con el séptimo, constituyen un ejemplo del diálogo permanente que intento establecer entre la filosofía de la ciencia de origen popperiano y la gnoseología de Santo Tomás de Aquino. Ese punto ya lo había desarrollado en mi libro sobre Popper y lo vuelvo a desarrollar aquí en relación a los demás autores del “giro histórico de la filosofía de la ciencia” (Kuhn, Lakatos, Feyerabend). En última instancia, baso la conjeturalidad popperiana en la implícita teoría del conocimiento que se encuentra en la antropología de Santo Tomás de Aquino.

El octavo ensayo significa una interpretación del pensamiento de Feyerabend que sigue siendo fundamental para la etapa en la que ahora mismo me encuentro. Demuesto en este ensayo, por un lado, que Feyerabend no es un escéptico, que no desprecia al método, sino que es un pluralista metodológico, abierto a una razón análoga según la analogía misma de la realidad. Para ello relaciono el pensamiento de Feyerabend con una ontología de lo real que ya estaba presente en Santo Tomás y en Husserl. Pero, por el otro, esa misma analogía de lo real, que lleva a un pluralismo metodológico, explica la clave de su pensamiento, que es su filosofía política: adiós a la razón impuesta por la fuerza. Feyerabend, de igual modo que la escuela de Frankfurt peromejor, es una crítica devastadora a la razón instrumental del Iluminismo racionalista. NO interpretarlo de ese modo es la fuente principal de los malentendidos. En última intancia, entender a Feyerabend es tomarse en serio, a pesar de sus bufonadas, la separación que él propone entre estado y ciencia. Este punto lo enfatizo mucho en este artículo y en los otros dos que he didicado a Feyerabend y que aparecen en este texto en la parte de epistemología política. Pero lo enfatizaba con una especie de entusiasmo revolucionario que ahora ya no tengo. Feyerabend se adelantó totalmente a su época. La separación entre estado y ciencia que él propone es tan clara como diáfana hubiera sido la declaración del Vaticano II sobre libertad religiosa pero escrita y proclamada por Luis XIII en el Sacro Imperio. Por lo tanto, calma. Eso sí: hay que entender esto si se lo quiere entender a Feyerabend.

Pero hay otra cosa también. Feyerabend tensó tanto la cuerda, puso a la filosofía de la ciencia tradicional tan en diálogo con otras tradiciones de pensamiento, que su mensaje sólo se entiende, también, a la luz de la hermenéutica de la filosofía continental. Y esa sintesis entre filosofía de la ciencia y hermenéutica implica el fin de la filosofia de la ciencia como estamos acostumbrados a entenderla (que es el tema del ensayo Nro. 16). Eso fue un golpe imposible de absorber para la comunidad de pensamiento que lo leía, ya a favor o en contra. Por eso su pensamiento ha sido casi olvidado después y la filosofía de la ciencia volvió a hacer, luego de él, lo que siempre hizo, cual paradigma aferrado a supuzzle solving.

Por lo demás, ¿quién puede entender totalmente a Feyerabend en cuando a la extensión de los temas que trata? Creo que ninguno de nosotros. Cual genio total que era, en el sentido técnico-psicológico del término, sus escritos abarcan con el mismo nivel de profundidad a la ciencia, la mitología, la historia, las lenguas clásicas, etc. Leer a Feyerabend es leer en un solo renglón una comparación entre Parménides y Einstein con un nivel de comprensión de ambos autores que sólo él podía tener. Los que denigran el pensamiento de Feyerabend tendrían que hacer primero un acto de humildad para luego comenzar a leerlo de vuelta y dejarse ensañar.

El ensayo 9 fue también un paso importante en el encuentro de la filosofía de la ciencia con la filosofía continental. Para mí, fue esencial en su momento, tanto para entender a Kuhn como para dar una vuelta de 180 grados importante en la noción de racionalidad. Primero, como dije, la comprensión de Kuhn: sin el “segundo Kuhn”, el primer Kuhn, esto es, la sola lectura de su famoso libro del 62, es ininteligible. Son indispensables sus propias aclaraciones sobre la insuficiencia de la sola racionalidad algorítmica y sobre la comunicabilidad de los paradigmas. Y, segundo, al criticar a la sola racionalidad algorítmica, Kuhn da una lectura hermenéutica –como habíamos adelantado en el segundo ensayo- al contexto de justificación, pero, también, en una línea coherente con la conjeturalidad popperiana, donde la conjetura se queda siempre en conjetura y por lo tanto la sola racionalidad algorítmica no puede ser nunca criterio suficiente de elección de teoria. Pero la coincidencia de ambos autores –más negada por Popper que por Kuhn- se da también en que la crisis implica una nueva teoría versus una teoría anterior, lo cual implica –como dijimos- que no es cuestión simplemente de refutación empírica versus teoría, sino que la refutación implica teoría versus teoría, como reconoce el último Popper.

Esta crítica de Kuhn a la racionalidad solamente algorítmica es sencillamente esencial. Explica por qué la noción de racionalidad anterior a Popper es totalmente insuficiente para la ciencia y por qué el término “racional” sigue siendo utilizado de manera positivista, cosa que lamentablemente no cambió para nada en la filosofía de la ciencia post-Feyerabend. Kuhn también implicó –excepto para Carl Hempel[1]– un mensaje que la filosofía de la ciencia actual aún no pudo captar.

El décimo ensayo lo he incluído precisamente por el tema de la verdad, que sí separa a Kuhn y a Popper. Si bien este último sostuvo, en su famosa tesis de la “aproximación” a la verdad, una noción aristotélica de verdad, no podía con ello, sin embargo, refutar las implicaciones neokantianas sobre el tema de la verdad recibidas en Kuhn. Pero en eso Kuhn no fue sino un fiel representante de lo que ocurre en toda la filosofía contemporánea respecto a esa cuestión. La conclusión kantiana de que la cosa en sí es incognoscible era una lógica conclusión de su solución del debate entre Descartes y Hume. No había otra salida excepto que la misma noción de mundo fuera re-elaborada, como hizo Husserl con su noción de mundo de la vida. Con lo cual el status gnoseológico de las hipótesis se re-elabora también. Ya no es cosa en mí ni cosa en sí en el sentido kantiano, sino que el intento de verdad es un intento de saber cómo será tal o cual cosa del mundo físico “desde el punto de vista del ojo de Dios” (Putnam). Por ello mismo queda en hipótesis, aunque sea menos hipotético el significado que tal o cual cosa física tenga en el humano mundo de la vida, donde ya no es una arbitraria cosa en mí sino la misma cosa en sí pero humanamente conocida. O sea, en este ensayo trato de demostrar que la re-elaboración husserliana del “mundo” en “mundo de la vida” no sólo tiene importantísimas conclusiones filosóficas sino que también las tiene para la filosofía de la ciencia popperiana y post-popperiana. Pero, otra vez, esta incorporación de la noción de “lebenswelt” a la filosofía de la ciencia es tan indispensable como imposible mientras la “philosophy”y la “continental philosophy” sigan ignorándose mutuamente como dos paradigmas incomunicados al mejor estilo del primer Kuhn.En todo estos ensayos había, sin embargo, un tema que quedaba lantente: el realismo en filosofía de las ciencias. Habiendo asumido al principio el de Karl Popper, traté de darle otro giro tratanto de contestar las objeciones de Kuhn (ensayo 9), pero mi propia solución no me convencía. Hice entonces una reseña de la filosofía de la ciencia post-Feyerabend al respecto (si, había vida después de Feyerabend, aunque no mucha…). Y ese es el origen del ensayo Nro. 11. Analicé los argumentos anti-realistas de Laudan y Van Frassen, al mismo tiempo que pro-realistas: la inferencia a la mejor explicación de Harman y Lipton, y el argumento del “no milagro” de Psillos, Putnam y Harré, finalizando el paneo con la peculiar posición de N. Cartwright. Los primeros tratan de rechazar al realismo desde el método hipotético deductivo, y los demas (desde Harman a Harré), sobre la base del mismo método, lo afirman. Mi conclusión fue que ni unos ni otros tenían razón; que de la estructura lógica del método hipotético-deductivo no se puedededucir al realismo. El realismo (un realisno hermenéutico, fenomenológico, con bases en Gadamer, Husserl y Santo Tomás de Aquino) es una posición filosófica previa que debe pre-suponerse al método, no deducirse de él.

Pero entonces, ¿cómo fundamentarfilosóficamente el acercamiento de las conjeturas a lo real, dado que no podemos fundamentarmetodológicamente ese acercamiento? Trato de responder a ello en los ensayos 13 y 17, donde insinúo, por primera vez, mi filosofía de la física, tema en el cual espero continuar. En el ensayo 13 relaciono nuevamente a Popper con Santo Tomás de Aquino, pero no esta vez desde un punto de vista gnoseológico y epistemológico, sino desde la ontología. Trato de mostrar que el indeterminismo moderado de Karl Popper es totalmente compatible con la noción de orden del universo de Santo Tomás, limitada también, que incluía las nociones de falla y contingencia en la realidad física. A su vez, la presencia del azar dentro de la Providencia Divina, en Santo Tomás, sienta las bases para un evolucionismo creacionista, siguiendo en ello a Mariano Artigas, lo cual es compatible con el evolucionismo como programa metafísico de investigación que se encuentra en Popper.

En el ensayo 17, coherente con lo anterior, explico mi filosofía de la física más audaz y que sé que necesita revisiones. NO se puede fundamentar la noción de acercamiento a la verdad ni metodológicamente ni matemáticamente, pero sí “ontológicamente”. Para ello tomo tres de los famosos “valores epistémicos” de Kuhn y, basándome precisamnte en la filosofía de la física y de la naturaleza de Santo Tomás, los convierto en características ontológicas del universo: el universo es ordenado, aunque limitadamente (indeterminismo moderado, compatible con la evolución y la física cuántica); y por consiguiente tiene simplicidad y coherencia. Por ende se puede afirmar una correlación analógica entre lo epistemológico y lo ontológico: cuanto más simple es una conjetura en el intento de explicación del orden del universo, en relación a la anterior, más cerca está “ontológicamente” del universo en sí mismo y en ese sentido más cercana a la verdad. En un futuro espero profundizar esta cuestión que tiene mucho que ver con la interpretación realista de la física cuántica presente en Popper.

El ensayo nro. 12 se sale del ámbito propio de las ciencias naturales pero sirve como ejemplo de las enseñanzas de Popper y Lakatos para la solución de controversias que de otro modo serían insolubles. Como por ejemplo la cientificidad de las propuestas de Freud. Claro que según la versión inductivista de la filosofia de las ciencias, programas de investigación como los de Freud no tendrían “sustento empírico”. Pero desde el punto de vista de las implicaciones metafísicas de los núcleos centrales, admitidas perfectamente por Lakatos y Popper, la cosa cambia. Cambia tambien la noción de crítica, que deja de ser solamente empírica para ser dialógica, y cambia la noción de lo empírico, que deja de ser “los hechos” para pasar a ser una visión del mundo inteligible sólo desde el marco teórico. Sé que defender a Freud con el mismo Popper hubiera escanzalizado a este último pero eso muestra lasconsecuencias no intentadas de todos los grandes autores. Con lo cual también he comenzado a barruntar una epistemologia de la psicología que espero sea fructífera para mi futuro proyecto sobre la relación entre Santo Tomás y Freud.

El ensayo Nro. 14 no trata sólo de Santo Tomás de Aquino, sino de un enfoque más histórico a la filosofía de la ciencia. Trato de demostrar que las grandes discusiones actuales (realismo, escepticismo, instrumentalismo) ya estuvieron presentes en el momento fundacional de la revolución copernicana, con el instrumentalismo de Ossiander, el hiper-realismo de Galileo y la posición más moderada de Bellarmino, que podría interpretarse como otro instrumentalismo o tal vez como un primer conjeturalismo al estilo Popper. El artículo explica las razones epistemológicas del enfrentamiento de Galileo con Mafeo Barberini, el futuro Urbano VIII, y muestra la importancia del neoplatonismo y neopitagorismo cristianos en el desarrollo del mecanicismo creacionista que acompaña a Kepler y Newton, mostrando una vez más con ello, de la mano de Koyré, Kuhn y Koestler, la falsedad de la interpretación positivista de la historia de la ciencia. A su vez, mientras que en los artículos anteriores yo había demostrado la compatibilidad entre la gnoseología de Santo Tomás y las conjeturas popperianas, en este artículo explico el método de la física según Santo Tomás, en el cual no sólo se muestra abierto a diversas “posiciones” astronómicas, sino que les da un status de “salvar las apariencias” donde prácticamente el tema de la verdad –para sorpresa de muchos tomistas- no aparece. Saque cada uno sus propias conclusiones.

Finalmente, los ensayos 15 y 16 son coherentes conclusiones de llevar a sus últimas consecuencias el planteo de Feyerabend, que no hace sino estirar lo que Popper mismo había planteado. En el 15 muestro que la armonía entre la historia de la ciencia que presentan Koyré, Kuhn y Feyerabend, por un lado, y el método hipotético-deductivo de Popper, por el otro (conjeturas y refutaciones) no se da por intentar colocar forzadamente a la historia de la ciencia en la limitada maleta de un método abstracto y algorítmico, sino porque los grandes científicos, lo que han hecho siempre, es el desarrollo de grandes teorías interpretativas del mundo físico, que han sabido en su momento defender teóricamente, saliendo adelante no empíricamente, sino por sus virtudes en la discusión crítica. Por ende, sí hubo un “método” en la historia de la ciencia: planteo de teoría y debate crítico de la misma (NO porque a los grandes genios les haya gustado la crítica, sino porque se tuvieron que defender ante otras interpretaciones del mundo físico). El artículo termina diciendo “…Luego de nuestro recorrido argumental, podemos afirmar que el “método científico” es en realidad un casi-no-método. O, en otras palabras, que la creatividad intelectual es libre y que su límite se encuentra en la discusión crítica”. Con lo cual queda abierta a una pregunta: si la ciencia implica un casi-no-método en los términos habituales de un método hipotético-deductivo muy normado y empírico, ¿no ha llegado la filosofía de la ciencia a su propio límite?

Esta pregunta es la que se intenta responde en el ensayo 16. En este ensayo reseñamos el último intento que se ha hecho para “intentar escapar” de la inexorable carga de teoría de la base empírica, esto es, el “nuevo experimentalismo” (Hacking, Mayo, Ackermann). Señalo que el mismo Hacking reconoce que finalmente todo es una cuestión de términos, sobre a qué llamamos “teoría”. Pero hago un diagnóstico que ya he sugerido: estos intentos desesperados de salir de las premisas hermenéuticas planteadas ya por Popper implican que no se quiere terminar de aceptar el definitivo giro hermenéutico implicado en Kuhn y Feyerabend. Mientras ello siga así, mi conclusión es que “… si la filosofía de la ciencia quiere volver a ser el debate sobre un modo de evaluar las hipótesis más allá de nuestros horizontes de pre-comprensión, no se da cuenta de que ha llegado a su límite. Eso fue la filosofía de la ciencia. Es parte de su presente porque forma parte de su historicidad, sí, pero como programa de investigación, es ya insostenible. La ciencia es creación de teoría, la ciencia es el debate teórico de las teorías. Filosofar sobre ambas cosas, es seguir con la filosofía de la ciencia”.

  1. b) Pasemos ahora a la segunda sección, la dedicada a ciencias sociales.

El artículo 1 fue clave para, por un lado, criticar la concepción positivista de las ciencias sociales, y, por el otro, comenzar a sistematizar una fenomenología y una hermenéutica en armonía con Santo Tomás de Aquino como el núcleo central de una filosofía de las ciencias sociales.

Allí lo que rescato es la noción de mundo de la vida de Husserl, y trato de mostrar que la esencia de cada relación intersubjetiva, limitadamente conocida e históricamente situada, es clave para parte del objeto de las ciencias sociales. Cito por supuesto también a A. Schutz y coloco a Menger y Hayek (y por qué no a Mises) en la misma tradición aunque ellos no se hayan dado cuenta. Santo Tomás es importante no sólo para las bases antropológico-filosóficas de la intersubjetividad (la noción de persona y acción humana libre e intencional) sino también por la distinción tomista entre finis operis yfinis operantis tomando al primero como lo “objetivo” de la relación intersubjetiva.

Los artículos 2 y 4 tienen el mismo objetivo: rescatar a Hayek como un importante programa de investigación para la epistemología de las ciencias sociales. En el 2 explico de qué modo los órdenes espontáneos son el otro aspecto del objeto de toda ciencia social, que originan un tipo de predicción que nada tiene que ver con la predicción fáctica de tipo positivista. En el 4 muestro de qué modo Hayek implica una revolución copernicana en ciencias sociales, porque de igual modo que Copérnico coloca al sol en el centro, Hayek coloca al conocimiento disperso en el centro, y no como hipótesis ad hoc, de todas las ciencias sociales. Y su teoría del orden espontáneo explica de qué modo personas con conocimiento limitado pueden presentar una tendencia a la coordinación. Esto tiene dos resultados. Primero, mostrar que Hayek no es un mero ideólogo del libre mercado, sino un epistemólogo de las ciencias sociales, de igual nivel que la escuela de Frankfurt (igual que Feyerabend). Por supuesto, se ha dicho que la supuesta epistemología de las ciencias sociales de los austríacos no es ciencia sino una mera defensa ideológica del libre mercado. Ya se lo dijo Hutchison a Machlup en 1956 y lo siguen diciendo importantes epistemólogos actuales, de formación marxista, con un altísimo nivel académico. La respuesta es la misma: ver a las ciencias sociales como hipótesis de órdenes espontáneos es sacarlas del nivel de meras técnicas de control social de la razón instrumental. La crítica que la Escuela de Frankfurt hace al capitalismo coincide con la crítica que Hayek hace alconstructivismo, con la diferencia, claro está, que Hayek no tiene la lectura marxista del capitalismo (la cual es, sin embargo, otra forma de orden espontáneo en cierto sentido). Por lo tanto, que los marxistas actuales no pueden ver en Hayek un aliado epistemológico se debe asus prejuicios ideológicos y no precisamente a Hayek.

El ensayo nro. 3 fue importante para mí porque con él quedo fijada (hasta ahora) mi posición sobre la fenomenología y la hermenéutica en la Escuela Austríaca, tema en el cual los austríacos no terminan de ponerse de acuerdo. Creo que las críticas que recibió Lavoie en su momento (tanto por parte de Rothbard como por parte de Kirzner) fue porque confundieron su proyecto con una especie de abandono de la razón universal, y es por eso que insisto tanto, en mi artículo, con Husserl como el eje central de la interpretación de los horizontes de Gadamer. Este ensayo está muy relacionado con el nro. 1. En estos últimos años he consolidado mi visión de que lo que hace la Escuela Austriaca, al “definir”, y no al cuantificar, “esencias de relaciones intersubjetivas” llamadas precio, interés, capital, ahorro, etc., no es más que un excelente ejemplo de la potencialidad del método fenomenológico aplicado a ciencias sociales, con el agregado de que tanto Mises como Hayek están interpretando fenómenos complejos desde un criterio interpretativo a priori (la praxeología en Mises y el orden espontáneo en Hayek), sin los cuales esos fenómenos complejos quedarian in-inteligibles. Y eso es precisamente la hermenéutica.

Los artículos 5 y 8 intentan demostrar que la interpretación que Machlup tiene de Mises lo aleja de ese apriorista ridículo construido por Blaug y la mayor parte de la profesión, lo cual es esencial para volver a poner a Mises en el ámbito del debate con la dignidad que le corresponde. La interpretación que habitualmente se tiene de Mises, como un apriorista absoluto, fue la forma en la que Rothbard lo interpretó, y que se ha vueto casi canónica tanto para amigos como enemigos de Mises. La pura verdad es que es una interpretación muy discutible y que la interpretación de Machlup pone a Mises en diálogo con toda la epistemología popperiana y post-popperiana. Habría que ver cómo hubiera sido la historia de la Escuela Austríaca de Economía si los austríacos no hubieran confundido a Mises con Rothbard. Si bien ahora no se pueden borrar casi 60 años de confusiones, es válido al menos plantear el tema. Debo agradecer a Nicolás Cachanosky sus aportes y su entusiasmo para escribir el ensayo que enviamos alJournal of History of Economic Thought.

El ensayo nro. 6 va por el mismo lado que el 3. Creo que los economistas austríacos están agotados del debate epistemológico porque, por un lado, los aleja de “la profesión”, y, por el otro, los divide internamente entre los aprioristas absolutos y los moderados. Pero esos dos inconvenientes no deben impedirles ver que aún falta mucho para terminar de comprender a fondo las implicaciones del “subjetivismo” de Hayek, y falta mucho precisamente porque hay que sistematizar una hermenéutica que NO vaya en desmedro de una economía válida para todo lugar y tiempo. Entre aquello que falta, está el abandono definitivo de la noción engañosa de “información” y su reemplazo por “conocimiento”. Así que aún falta un buen trecho que recorrer.

El ensayo 7 no sólo es un homenaje a Joseph Keckeissen–religioso salesiano y uno de los últimos alumnos de Mises- sino que sirve para comprender el tema del “a priori” en los misianos como reacción al positivismo dominante.

Finalmente, el ensayo 9, junto con Agustina Borella, marca una posible evolución de la Escuela Austríaca hacia el tema de los “modelos” en economía, tema desatendido por los austríacos en general pero que estaba implícito en Hayek. En efecto, la tesis del orden espontáneo del mercado señala que “si” se dan ciertas condiciones (a + b + c), “entonces” el mercado tiende a coordinar. Con ello el tema de la existencia fáctica de esas condiciones  es irrelevante, al estilo Friedman, y el realismo del modelo queda re-intepretado como Uskali Maki lo hace. Esta síntesis entre Hayek, Friedman y Maki puede ayudar también a actualizar la epistemología austríaca y a ponerla a tono con los debates actuales.

  1. c) Finalmente, pasemos a la sección tres.

Los tres ensayos son un acercamiento a la libertad política desde las implicaciones de Mill, Popper y Feyerabend, sin incurrir, como aclarábamos en el ensayo 5 de la sección uno, en el pan-conjeturalismo. Los tres son un acercamiento progresivo hacia lo más claro que ha escrito Feyerabend sobre sí mismo: que lo suyo no es relativismo, sino sacar todas las conclusiones de que hay una realidad que implica enfoques diversos, entre ellos, el científico. Ello está totalmente de acuerdo con la analogía de lo real en Santo Tomás y los diversos niveles de la esencia en Husserl. Lo que ocurre es que Popper, en su famosa Sociedad abierta, no sacó “la” implicación que Feyerabend sí: la separación entre estado y ciencia.

El art. 3 plantea además una coincidencia esencial entre Popper, Hayek, Feyerabend y la Escuela de Frankfurt en cuanto a las denuncias del racionalismo de la Revolución Francesa “pero” mejoradas precisamente porque Hayek y Feyerabend NO lo hacen a partir de la dialéctica hegeliano-marxista. Pasa por la distinción popperiana entre racionalismo y racionalismo crítico, por la denuncia hayekiana al abuso de la razón del constructivismo, y por la necesidad de un nuevo Iluminismo en Feyerabend, que se concreta en la aludida separación entre ciencia y estado.

Los tres ensayos están escritos en un tono un tanto apocalíptico, que ahora he sustiuído por uno más integrado, pero que no quita la esencia de la cuestión: es necesario advertir ese diagnóstico de Feyerabend si queremos saber dónde estamos parados desde un punto de vista cultural: en el triunfo total del positivismo. La salida no va a ser rápida ni sencilla y hasta puede ser traumática, pero más lenta será cuanto menos advirtamos el asunto. Por lo demás, los tres ensayos advierten a los liberales clásicos que su defensa de la libertad política admite un ámbito más, relativamente inexplorado: el epistemológico, dado que el abordaje ha sido hasta ahora más bien económico y político.

Por último, el título. Estos ensayos no giran en torno a Popper, pero, sin embargo, ninguno de ellos hubiera sido posible sin la influencia del gran pensador vienés. Lo que actualmente se llama “el giro histórico de la filosofía de la ciencia” (Kuhn, Lakatos, Feyerabend) tuvo en Popper su punto de inflexión, a pesar de las diferencias entre ellos. Incluso, las críticas de Kuhn, Lakatos y Feyerabend a Popper no sólo son criticas a una versión muy injusta de Popper (el falsacionista ingenuo) sino que, además, muchos de los grandes aportes de esos tres autores ya fueron preparados de algún modo por Popper: la importancia de la teoría en Kuhn, la aceptación convencionalista de una base empírica, la carga de teoría de la base empírica, tan esencial en Lakatos y Feyerabend, los programas metafísicos de investigación de Popper, de donde Lakatos saca su propia terminología; la importancia de las hipótesis ad hoc, las críticas al inductivismo y al positivismo, y así podríamos seguir. Incluso, como vimos, la mayor parte de los autores posteriores a Feyerabend vuelven a temas y procedimientos pre-popperianos, lo cual es lo mismo que ser NO kantiano después de Kant: hay que explicar por qué, y no hacerlo es no haber advertido la importancia del planteo del autor.

Si a partir de aquí el lector quiere seguir leyendo, no any problem. Nosotros ya le hemos advertido de nuestras tonterías

 

[1] Hempel, C.: “On the Cognitive Status and the Rationale of Scientific Methodolohy” (1988) enSelected Philosophical Essays, Edited by Richard Jeffrey, Cambridge University Press, 2000.

 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

LA TEORÍA HILEMORFICA Y LAS TEORÍAS CIENTÍFICAS ACTUALES

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 17/1/16 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/01/la-teoria-hilemorfica-y-las-teorias.html

 

(Anexo 5 del cap. 48 del libro II de mi Comentario a la Suma Contra Gentiles de Santo Tomás)

La teoría hilemórfica de Aristóteles juega, como hemos visto, un rol central en el pensamiento de Santo Tomás, aunque, como hemos visto, Santo Tomás demuestra en la Suma contra gentiles la subsistencia del intelecto y el libre albedrío de la voluntad sin recurrir a ella como premisa mayor. Respecto a la unidad alma/cuerpo, hemos recurrido a la “experiencia fenomenológica del cuerpo”, donde tampoco la teoría hilemórfica funcionaba como premisa mayor. Sin embargo, la teoría hilemórfica de Santo Tomás es una de las más importantes hipótesis sobre filosofía de la física utilizada ampliamente por él. Amerita ser tratada conforme a los paradigmas científicos actuales.

Se podría decir que la teoría hilemórfica es una tesis de la filosofía de la naturaleza, que no utiliza el método hipotético-deductivo, y que por lo mismo se mueve en un plano diferente de las hipótesis científicas, sean cuales fueren. Pero ello no es tan simple. En su momento fue el eje central de la física de Aristóteles: de lo que hoy llamaríamos física. Fue concebida por Aristóteles fundamentalmente en el margen de los debates griegos sobre lo uno y lo múltiple, donde la diferencia entre filosofía y física no estaba planteada en términos actuales, y además creemos que fue concebida por Aristóteles fundamentalmente desde su experiencia como biólogo. Pero aun en el caso de que, como hoy, en la mayoría de los manuales tomistas la teoría hilemórfica se presente como una filosofía de la naturaleza,con certeza filosófica no ligada al nivel hipotético-deductivo de las ciencias naturales, eso es muy difícil. En la experiencia fenomenológica de lo corpóreo, este último es visto desde lo humano, pero la teoría hilemórfica, como tal, no parece depender del leib husserliano. Si respetamos esa característica, la teoría hilemófica dependerá necesariamente de lo que cada época histórica considere —consciente de ello o no— que son las hipótesis fundamentales sobre lo material. O sea: ¿Qué es la naturaleza física, independientemente de la experiencia humana de lo corpóreo? Y ahí comienzan los problemas. La respuesta del atomismo prearistotélico fue una; la de Aristóteles, otra (la teoría hilemórfica); la de Copérnico-Galileo-Kepler-Newton, otra; la de Einstein, otra; la de Plank-Heisenberg-Schrödinger, otra; la de Howking, otra; y así indefinidamente.

Pero entonces ¿se puede, como pretende el tomismo actual, mantener una versión de la teoría hilemórfica que sea como una especie de filosofía de la física, que integre a los diversos paradigmas físicos actuales?Trataremos de contestar la pregunta.

5.1  El atomismo, el neopitagorismo y el “mundo clásico”.

Ante todo, no olvidemos que Aristóteles rechaza uno de los programas de investigación que a finales de los siglos XVIII y XIX tuvo una notable progresividad teorética y empírica: el atomismo. Leucipo y Demócrito concibieron un mundo atomista; fue su modo de resolver el problema de Parménides: hay diversos infinitos, materiales e indivisibles unos, eternos e inmutables otros. Aristarco incluso concibió al cosmos casi como Newton, que lo concibió veinte o veintiún siglos después. Pero Aristóteles no consideró buena esa solución, y su teoría de la materia y la forma fue su modo de integrar las ideas platónicas con la diversidad de lo material, ende su teoría de la potencia y el acto. Todo esto es bien conocido. Solo quiero recordar al lector el contexto en el que la teoría hilemórfica fue concebida y el por qué de su rechazo del atomismo.

Pero la teoría de Aristóteles no era solo físico-biológica (en sus propios términos), sino mantenía una tesis ontológica que provenía de Platón y que Santo Tomás reintroduce en su contexto creacionista. Todo ente, con la máxima analogía del ente, es uno de Dios para abajo. Por lo tanto, la razón metafísica última de Santo Tomás para afirmar que incluso un ente “físico” es “un” ente es que el acto de ser no se dice de varios al mismo tiempo, sino de “un” ente. Por lo tanto este, tigre, en tanto tiene acto de ser, es de algún modo un tigre, y no varias cosas unidas accidentalmente.

Pero este aspecto de la metafísica de Santo Tomás no pudo sobrevivir a la caída del paradigma cosmológico aristotélico-ptolemaico. Decartes lo elimina sin darse cuenta, al rechazar la teoría hilemórfica, cosa que por otra parte no presentaba ningún problema en su ontología, porque la res extensa es geométrica y por tanto la unidad de las cosas “extensas” es obviamente accidental. El hombre es uno, sí, pero paga con ello el precio de un dualismo antropológico clásicamente conocido y que nosotros hemos rechazado desde la experiencia fenomenológica del leib.

El motivo de la caída del paradigma aristotélico-ptolemaico no es solo en el nivel filosófico de la filosofía de la naturaleza cartesiana frente la aristotélica. El neoplatonismo y el neopitagorismo del siglo XVI, según conocidos estudios de Koyré y Kuhn, y de los cuales estoy convencido, re-introduce la alta matemática neoplatónica por la crisis del paradigma ptolemaico, como Kuhn lo ha explicado. Copérnico introduce su “sola hipótesis matemática” como una solución matemática al problema de la retrogradación de los planetas. Con ello, dándose cuenta o no, tira abajo la división entre el mundo sub-lunar y el supra-lunar, y como efecto dominó, una nueva concepción del universo se expande: una física-matemática universal. No tenemos conciencia hoy de lo que significó esto en su momento. Hasta entonces el mundo sublunar, el de todos los días, estaba exento de las matemáticas precisamente por su contingencia. Desde Copérnico en adelante; desde el centro del universo para todos lados; esto es, desde el sol hacia todos lados, el universo físico “es” matemático. Galileo ensancha la inercia a todo el universo; Kepler concibe las órbitas elípticas; Newton sistematiza inercia, gravitación, masa y movimiento, pero, además, introduce la “tesis” del universo infinito en el espacio. Nuevamente, es Koyré el que nos recuerda la revolución conceptual que ello significó. El universo físicomatemático es infinito en el espacio. Agreguemos a ello las nuevas hipótesis astronómicas del siglo XIX, donde el Sol no es más que una estrella lejana en una elipse de una galaxia entre infinitas galaxias, para que se pierda toda noción de referencia absoluta al decir “dónde” estamos. Allí estsaba Einstein, a un paso. De allí a la relatividad del espacio-tiempo no había mucha “distancia”; que lo que llamamos cuerpos no son más que energía “concentrada”; que la gravedad es una curvatura en el espacio-tiempo no fue tanta revolución. Porque, finalmente, todo ello es el universo clásico: aun en Einstein, un gato es un gato, aunque vuelva más joven que todos nosotros si viaja y vuelve a la estrella más cercana cerca de la velocidad de la luz, o aunque pueda evitar desintegrarse viajando por un agujero de gusano Einstein-Rosen.

Esto es lo mismo que con la lógica matemática. La gran diferencia no es entre la lógica aristotélica y las lógicas matemáticas: ambas son lógicas clásicas, donde el principio de no contradicción es el mismo, donde si pentonces q, y donde no puede ser al mismo tiempo que p y no-p. En la física, el mundo clásico abarca desde siempre hasta Einstein. Vayamos entonces por pasos. En ese mundo, ¿cabe una versión “universal” de la teoría hilemórfica de Aristóteles, interpretada por Santo Tomás, que sea compatible con la transformación de la física desde Copérnico en adelante? El tomismo clásico respondió en dos pasos: primero, con algo que Santo Tomás ya había concebido en su momento: la teoría de los cuerpos mixtos. Santo Tomás sabía ya que en cuerpos complejos, como los vivientes, convivían al mismo tiempo los “elementos” ya conocidos desde Aristóteles. El tomismo posterior (Hoenen, Jolivet, Selvaggi, Tresmontant), al tanto de las transformaciones de la física y la química, coherentes con las teorías atómicas clásicas (Rutherford, Bohr), actualizaron la tesis de los elementos en los cuerpos mixtos, como la existencia “virtual” de los elementos en el compuesto, en estado de “potencia próxima al acto”: una molécula de agua tiene la “forma sustancial” agua. Sabemos que está compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de exígeno, pero no conforman por ello una unidad accidental, como los ladrillos de una casa o las partes de un juego para armar, que se arman y se desarman para conformar diversas formas “accidentales”, pero no sustanciales. No: están en el compuesto en estado de potencia próxima al acto. Si se divide la molécula (el “mínimo natural”) deja de ser una molécula de agua para pasar a ser “otras cosas”, pero ya no agua, y los elementos pasan al acto (hidrógeno y oxígeno); antes estaban en potencia; habían adquirido la forma sustancial del agua, pero mantenían sus propiedades básicas para, una vez dividido el compuesto sustancial, volver a “ser plenamente” lo que eran. Buena hipótesis. Si la llevamos a cuerpos donde hay mayores grados de unidad, como los mamíferos superiores, la “forma sustancial” aparece con más claridad como un principio organizativo del cuerpo, que lo hace ser tal cuerpo, compatible ello con la teoría actual del ADN. Si lo llevamos a lo humano, por ejemplo: parece evidente que cada uno de nosotros es uno; Juan, por ejemplo, es uno; no hay millones y millones de juanes, por más que sus átomos sean millones de millones: es que su forma sustancial es el principio organizante de una materia que, de lo contrario, sería “nada”, y esa forma sustancial da el ser tal a sus elementos. O sea: todo en Juan es humano: los hidratos de carbono que circulan por su sangre, por ejemplo, son “humanos”, pero, como están en estado de potencia próxima al acto, vuelven a ser azúcares “sustanciales”, una vez expelidos del cuerpo humano.

Un segundo paso —indispensable a mi juicio— fue dado por Artigas y Sanguineti. Por Artigas, sobre todo en sus últimos libros[1]. Como ya hemos comentado, la tesis principal de la filosofía de la física de Artigas, donde conecta al big bang, el evolucionismo y la providencia en Santo Tomás, es la autoorganización de la materia; esto es casi lo contrario de la entropía. La evolución del universo hacia moléculas macroorgánicas, y de ahí hasta el hombre, no solo da razón al principio entrópico, sino que además muestra en el universo un “dinamismo”, una finalidad, hacia “estructuras” cada vez más “unas”, que conforman finalmente a los seres vivos y al hombre. Ese dinamismo y estructuración originan esos “sistemas centrales” que se ven sobre todo en los seres vivos, y es ahí donde Artigas ve la forma sustancial de Aristóteles como el principio organizante y unificador de las “sustancias” en ese sentido; incluso, asignando al ADN un papel de “información” en la naturaleza, también autoorganizado. Detrás de esto se ve una tesis ontológica que encaja con el unum como trascendental: del principio del universo hasta ahora, “cada vez más” unum (unidad), que encaja con lo que habíamos visto como despliegue analógico de la unidad del ente. Si combinamos ahora esto con lo que sabemos de física y cosmología, parece obvio que esa unidad es cada vez más sólida cuanto más alto es el filum evolutivo de los seres vivos. La “forma” no solo ordena —esto es, da una “unidad de sentido” (al decir de Leocata) a cada ser vivo—, sino que es la clave del orden natural. Como hemos dicho, para ir al “detalle” de este orden natural dependemos de hipótesis, de conjeturas, pero no parece ser una conjetura que “tiene” que haber un orden, incluso si viéramos todo esto sin presuponer a Dios creador, cosa que en Santo Tomás siempre se supone. Incluso, si S. Hawking tiene razón y el universo implota y explota de una singularidad en la que no están las leyes físicas como hoy las conocemos. Sin embargo, es la filosofía de la física, y no la física, la que nos dice que “algo tiene que haber ahí” que conecte armónicamente el momento cero con el momento 10 a la -43 segundos del universo (si bien sus condiciones iniciales no son ontológicamente necesarias).

Todo esto es muy interesante, “pero” estamos aun en el mundo clásico, como dijimos. La dificultad surge ante los intrincados problemas ontológicos del mundo cuántico, en relación con el cual —no por casualidad— se han desarrollado lógicas no clásicas. La pregunta audaz es esta: ¿Queda algo de la forma sustancial en el mundo cuántico?

5.2 Física cuántica y forma sustancial

Obviamente, todo lo que estamos afirmando sobre la física actual no es nada más que lo que cualquier lector puede encontrar en obras de divulgación. Mi única propuesta, más allá de eso, es la combinación con Santo Tomás y con la teoría de la materia y la forma. Mucho más lo será así con lo que diremos ahora, que está lejos de ser una introducción a la física cuántica. Solo se tratará de recordar al lector interesado en ella que el principio de indeterminación de Heisenberg ha sido interpretado en general de modo gnoseológico, como si la cuestión fuera que no podemos intentar “ver” la posición de una partícula sin modificar su posición. Por lo que hemos leído, eso no es así. La física de las partículas elementales nos introduce en un mundo de verdaderos desafíos ontológicos, en indeterminaciones ontológicas, y no solo gnoseológicas y/o metodológicas. Las nociones habituales que aplicamos a lo que hemos llamado mundo clásico se quedan muy cortas —por decir lo menos— cuando nos aventuramos por el mundo cuántico. Los núcleos, electrones, quaks, etc., no son como soles, planetitas y pequeños satélites, respectivamente. La dualidad onda-partícula que se daría en ellos nos acicatea en nosotros un verdadero interrogante sobre su naturaleza, que está lejos de haber sido respondido. La física cuántica se mantiene hoy como cualquier programa de investigación progresivo, pues sus predicciones se aplican al macrocosmos, pero las hipótesis son sencillamente increíbles. No es que no podamos “ver” dónde están las partículas elementales: es que parece que en realidad son nada de lo que podamos concebir y que obviamente no están en ningún lugar definido. El experimento de la doble rendija, el famoso gato de Schrödinger, el experimento mental de EPR, cuya paradoja gnoseológica fue convertida en ontológica por los teoremas de Bell[2] y el teorema de Kochen-Specker, nos muestra una verdadera indeterminación ontológica, para lo cual nacieron las lógicas no clásicas cuánticas. El famoso experimento mental del gato de Schrödinger tendría implicaciones ontológicas profundas. Como se sabe, cuando la caja está cerrada, no sabemos si el gato está vivo o muerto, pero cuando la abrimos, el gato está vivo o muerto. Lo mismo ocurre con el experimento de la doble rendija: un observador intenta ver si el electrón se comporta como onda o como partícula cuando todo vuelve a “comportarse normalmente”; de lo cual se ha inferido que sería la conciencia del observador lo que hace que la función de onda (de las partículas elementales) “colapase” y entonces todo aparezca en un tiempo-espacio determinado como suponemos en el mundo clásico. El término “colapsar” significa aquí lo contrario de lo habitual: lo que “colapsa” es la indeterminación cuántica; esto es, un gato que estaría vivo y muerto al mismo tiempo; es decir, una partícula elemental que es realmente al mismo tiempo onda y partícula, y es una “nada” de cualquier cosa que pudiéramos concebir como “sustancia tal o cual”. Para decirlo en términos de un genial divulgador[3], el mundo cuántico es como Toy Story: los juguetes realmente hablan y se mueven, pero cuando el niño los ve parecen fijos. El mundo, cuando lo vemos, parece hecho por cosas grandes o chiquitas; sabemos que se mueve, que se expande, pero está realmente compuesto por partículas elementales que van más allá de la suposición de “cositas muy pequeñas”: serían cuántos discretos, verdaderamente indivisibles, de energía, que realmente no estarían en ningún lugar y no serían nada de lo que podemos caracterizar en términos ontológicos tradicionales; como mucho, parecen ser una nube de posibilidades definible con la matemática de la física cuántica y con predicciones que se cumplen en el mundo macroscópico. Esto desafía no solo a Aristóteles y a Santo Tomás: desafía también a Newton y a Einstein.

¿Cómo puede ser esto posible? No se puede salir por la tangente de que esto es solo un modelo matemático y que las teorías no tienen por qué tener algo que ver con la realidad, aunque sus predicciones se cumplan. Esto sí es ya mi especialidad: Bass Van Frassen[4] tiene razón en sus objeciones al realismo, si queremos basar al realismo científico en la sola lógica del método hipotético-deductivo; pero yo estoy trabajando en una tesis epistemológica, que permita refundamentar el realismo popperiano en un isomorfismo no exacto entre valores epistémicos (coherencia, simplicidad, etc) y acercamiento a la realidad. Si quiero ser coherente con ello, no puedo ser instrumentalista cuando una teoría complica mis supuestos ontológicos, y realista en todas las demás.

Uno podría detenerse aquí y decir: no resuelto y listo. Pero no sería coherente con la audacia del mundo cuántico no seguir largando conjeturas explicativas. Claro, mi rol no es el de S. Hawking, que espera unificar su big bang con Einstein y la teoría cuántica, pero sí puedo aventurarme a largar una conjetura de filosofía de la física que tenga que ver con la teoría hilemórfica. ¿No dice esta última que la materia es nada sin la forma? ¿Y no nos sumerge el mundo cuántico en una física de partículas donde estas son nada de lo que habitualmente llamamos “sustancia”? ¿No serán esas partículas la verdadera materia prima del universo, que nada es sin la forma? ¿No habremos llegado con la física cuántica a conjeturar un modelo que describa lo que sería la materiasin la forma?

Lo que estoy sugiriendo es esto: el universo cuántico no colapsa por la presencia de la conciencia. Está colapsado por la forma sustancial, que produce ontológicamente sustancia allí donde las partículas elementales no lo son. Obviamente, no puedo formular esto de manera matemática; tal vez alguien pueda; pero si es así, la física cuántica sería el verdadero atomismo, porque los cuantos son verdaderamente indivisibles; pero se trataría de un atomismo mucho más compatible con la forma sustancial, porque es esta última la que hace que la función de onda colapase, y entonces sí las partículas están no en un lugar, en un espacio-tiempo determinado, sino en una estructura que sí puede concebirse como ladrillitos del macrocosmos. Y si pensamos que la forma sustancial es nada sin el acto de ser, que el acto de ser está siempre dado por Dios, y que además la forma no es más que el grado de ser de lo creado, saque el lector sus propias conclusiones sobre cómo interviene Dios en el orden físico por él creado.

Alguien me dirá: esto es un delirio. Puede ser. Estoy en estado de intederminación cuántica-filosófica. Pero si quremos compatibilizar la física actual con la teoría hilemórfica de Santo Tomás, no se puede evitar pasar por la física cuántica. Yo no soy el adecuado para ese viaje. Pero el que pueda que lo haga. Yo solo quise convencerlo de sacar los pasajes, con la esperanza de que no termine como el astronauta de los agujeros negros de S. Hawking.

 

 

[1] La inteligbilidad de la naturaleza y La mente de universo, op. cit.

[2]Ver Hawking, S. (compilador): Los sueños de los que está hecha la materia, Crítica, Barcelona, 2011; La flecha del tiempo; Crítica, Barcelona, 1988; y Lombardi, O.: Mecánica cuántica: ontología, lenguaje y racionalidad, en Racionalidad en ciencia y tecnología, VVAA, Unam, 2011

[3] Juan José Arango (https://www.youtube.com/channel/UCtPfruCIHDd5KziCo8wAYJg ).

[4] Van Frassen, B. C.: The Scientific Image, Clarendon Press, Oxford, 1980.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

LA PERMANENTE INJUSTICIA PARA CON EDMUND HUSSERL

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/6/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/06/la-permanente-injusticia-para-con.html

 

En 1900 aparece la primera gran obra de Husserl: Investigaciones Lógicas. Allí, de la mano de Brentano, heredando una línea que se había dado en la escolástica, 2da. escolástica, Frege y Bolzano, Husserl distingue entre los productos de los actos de pensamiento y estos últimos, para refutar al psicologismo de Mill que afirmaba que el principio de no contradicción era un hábito mental y nada más.

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Pero al final de esa obra, Husserl se da cuenta de que ese puede ser el nacimiento de una nueva manera de hacer filosofía en un fin de siglo XIX atrapado entre el neokantismo, el positivismo, el idealismo alemán y el historicismo. O sea, distinguir entre el acto subjetivo de pensar,noesis, y el contenido objetivo de ese acto de pensar, o sea lo pensado, el noema, era la clave para evitar caer en un relativismo que impidiera un conocimiento “objetivo” en ese sentido. Ese fue el mensaje principal de Ideas I, de 1913.

Para lograr la objetividad del contenido del pensamiento, había que poner entre paréntesis la existencia concreta de las cosas, que no era el acto de ser de Santo Tomás, sino lo indefinidamente concreto en relación a la esencia concebida en sí misma. (Que no es nada TAN diferente a la esencia concebida en sí misma, que Santo Tomás admitía perfectamente).

Pero a Husserl se le ocurre llamar eso “idealismo trascendental”, y para qué. ¡Idealista!!!! Fue inútil su aún desatendida aclaración en el epílogo de Ideas I, donde con toda razón protesta sobre cómo se pudo confundir ello con el idealismo psicológico que hacía depender la existencia concreta de las cosas de un acto de pensamiento. Se quedó sólo. Los tomistas lo ignoraron y además, retrospectivamente, lo comenzaron a acusar de idealista, y conozco uno, sólo uno, que incorpora Husserl a Santo Tomás en una síntesis (Francisco Leocata) y no sólo en  un condescendiente “no estaba tan mal” o porque les llega algo de la fenomenología del cuerpo o de los valores. Los positivistas, ni hablar. Y su discípulo Heidegger estaba muy metido ya en su conflicto con el logos como para seguirlo y eso fue clave como para que la filosofía continental posterior no pudiera volver a Husserl allí donde Husserl la había dejado.

En 1927 –cuatro años después de Ser y Tiempo- Husserl publica Meditaciones Cartesianas, donde en el cap. V toca el tema de la intersubjetividad, donde la realidad del otro en tanto otro quedaría incorporada como el salto a la realidad externa al propio yo. Se expande el diagnóstico de Ricoeur según el cual esa intersubjetividad cumple el rol que Dios tenía en la filosofía cartesiana: aquello por el cual el mundo externo queda demostrado como existente. Para colmo la noción de mundo, superadora de todo ello, es trabajada muy intensamente en su último y gran libro La Crisis de las Ciencias Europeas, la gran crítica al neopositivismo sin tener que seguir los avatares marxistoides de la Escuela de Frankfurt, pero queda olvidado como el libro por el cual Husserl pretendía seguir a su gran discípulo Heidegger. Otra gran injusticia, un disparate total, pero así de injusta es a veces la historia de la filosofía.

La verdad es que Husserl no se levanta un día de 1927 y “descubre” la intersubjetividad. Esta última estaba siendo trabajada desde sus clases y lecciones de 1910 en adelante, donde ya se manejaba la noción de “mundo circundante” que va evolucionando hacia mundo como intersubjetividad, cuya historicidad es trabajada ya en Experiencia y Juicio, escrito entre 1919 y 20 pero no publicado, lamentablemente, hasta después de su muerte. La noción de intersubjetividad aparece otra vez muy bien tratada en Ideas II, sobre todo para antropología filosófica y para filosofía de las ciencias sociales pero, de vuelta, queda casi en manuscritos sueltos si no fuera por la paciente labor de sus alumnos Ludwig Landgreve y Edith Stein.

La intersubjetividad no es simplemente otro puente cartesiano para un mundo externo puesto verdaderamente en duda. Es un planteo radical de la realidad misma, donde la relación con el otro re-plantea la noción misma de realidad y de conocimiento, que lleva a trascender la dialéctica entre sujeto y mundo externo, aunque Husserl siguiera hablando de subjetivo y objetivo para referirse a la noesis y al noema. La superación entre sujeto y objeto cartesiano no es un logro de Heidegger, por ende, sino de su maestro, que su discípulo mezcla luego con su propio conflicto luterano con el logos escolástico, confundiendo con ello a gran parte de la filosofía europea, al fabricar con ello todo el postmodernismo posterior, del cual se salva Gadamer en la medida que sea reinterpretado desde Husserl como núcleo central de la noción de horizonte.

Husserl es, pues, la madurez del realismo, donde el “mundo de la vida” es la realidad radical cuyo análisis implica luego el giro hermenéutico (conocer es comprender), lingüístico (hablar es vivir los juegos de lenguaje que son en el mundo de la vida) y epistemológico (las ciencias tienen incorporadas ya las nociones básicas del mundo de la vida donde son concebidas). Ortega cita y a la vez trata de distanciarse de Husserl pero su famoso yo y su circunstancia, que todos creyeron entender, no era sino la traducción castiza del mundo intersubjetivo husserliano. La filosofía de la ciencia también ignoró a Husserl pero el giro histórico introducido por Koyré, Kuhn, Lakatos y Feyerabend no es sino advertir el mundo, el horizonte filosófico en el cual y desde el cual emergió eso tan extraño, y que damos por dado, que se llama ciencia en Occidente.

Husserl es el gran re-conductor de la filosofía occidental. Back to Husserl o en el postmodernismo morirás, filosofía. Algunos ya están contentos con ese certificado de defunción. Pero yo no. No solamente no estoy en ningún funeral sino que estoy viendo el renacimiento de la mejor metafísica de Santo Tomás de Aquino en el otro, en la intersubjetividad, porque la finitud pasa por la experiencia de la finitud de la vida como mundo de la vida o se pierde en la biología más obvia.

 

La filosofía nace en un acto de misericordia en el cual salimos de la modorra y advertimos al otro. Y en ese otro confluyen, en un replanteo nuevo, la gnoseología, la metafísica, la antropología y la ética. Es una nueva etapa. Es la vuelta a la filosofía como razón, como certeza vital, como sabiduría existencial; es el abandono del escepticismo erudito y de la existencia inauténtica disfrazada de ponencia académica.  Y esa vuelta tiene un padre: Edmund Husserl.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

LA HERMENÉUTICA COMO UNA NUEVA ETAPA EN LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/6/13 en

 Es mi intención presentar la siguiente tesis: la hermenéutica, desde cierto punto de vista, no sólo no es un paradigma agotado, sino que puede llegar a ser una nueva etapa en la historia de la filosofía.Para ello nos limitaremos sólo a presentar los lineamientos generales de un programa de investigación propio, al modo intentio lectoris, sobre la base de ciertos aportes de Husserl y Gadamer, sin intentar confundir nuestro propio programa con dichos autores. Es nuestra intención mostrar, también, que los aportes que estamos tomando de tan grandes pensadores no constituyen una decodificación aberrante de su pensamiento.

 1.Husserl y su noción de mundo de la vida. No nos introduciremos en el debate histórico sobre si la noción de mundo en Husserl es un aspecto esencial de su pensamiento, tan importante como sus aportes de Investigaciones Lógicas [1] o Ideas [2], o si es un tema adicional y-o tardío que sobresale sobre todo en La Crisis de las Ciencias Europeas [3]. Sólo nos limitaremos de decir que su noción de mundo de la vida [4] tiene que ver sobre todo con su noción de inter-subjetividad. No es el momento tampoco para ver si la intersubjetividad juega en Husserl el papel que Dios jugaba en Descartes para “recuperar” al mundo externo [5], pero sí diremos que, precisamente, la intersubjetividad permite superar la dualidad sujeto-objeto que se produce precisamente desde el paradigma cartesiano. La intersubjetividad no es un sujeto solipsista ni el objeto independiente del sujeto, sino la relación sujeto-sujeto “en” la cual ambos “están en” y “viven”. La relación intersubjetiva no es un objeto al cual el sujeto tiene que de algún modo llegar, sino la realidad que los dos sujetos han constituído con su relación y en la cual “ya” están. En ese sentido, creo que la noción de mundo de Husserl cambia la perspectiva tradicional del problema gnoseológico desde Descartes en adelante, donde está por un lado el sujeto y por el otro un “objeto” que se identifica con las cosas físicas, donde “mundo” se identifica con “mundo externo” como sinónimo de “mundo físico”. Por el contrario, ahora se trata de un mundo esencialmente humano. Ese mundo humano, en tanto intersubjetivo, es aquello que constituye la primaria cotidianeidad de la vida humana (su encuadre cultural) y por eso el término “vida” tampoco es aquí la vida biológica. Tampoco este mundo humano en cuanto intersubjetivo se contrapone con las cosas no humanas, sino que éstas, tanto los artefactos como las naturales, no fruto de la acción humana, son conocidas, y tienen un sentido, desde las relaciones intersubjetivas [6]

2.Gadamer y la historicidad de los horizontes.La temporalidad y la historicidad no eran ajenas al mundo intersubjetivo [7], pero hay que reconocer que a Husserl no le es fácil conciliar esa historicidad con el “sentido” de sus primeras obras, colocado como “objetivo”. En Gadamer, en cambio, la historicidad constituye uno de los aspectos más destacados de sus horizontes[8], y él mismo reconoce la influencia de Husserl en la noción de “mundo [9]. Cabe reconocer una tensión entre el “sentido” del primer Husserl con el dinamismo e historicidad de los horizontes en Gadamer. En nuestro programa de investigación, una fenomenología del mundo de la vida implicaría ir, actitud teorética mediante, al sentido más profundo de cada relación intersubjetiva en cuestión. Ello es compatible no sólo con una analogía del sentido, donde éste se va dando como en “capas” (lo cual es en principio compatible con Ideas I) [10] sino sobre todo con lo que podría ser llamado intersección de horizontes de precomprensión, donde los horizontes se encuentran precisamente en lo más profundo de “lo humano”. El “sentido” de cada realidad intersbjetiva es así análogo: no se reduce a tal o cual situación histórica sino que “está en” todas y cada una de las plurales formas históricas donde ese sentido se puede desplegar. De ese modo la historicidad de la comprensión no abandona la actitud teorética que capta el sentido, que tanto había sido enfatizada por el primer Husserl.

 3. Interpretación como estar en el mundo, mundo como horizonte.En ese sentido, la interpretación ya no es algo sobreañadido a algo que “no” esté interpretado, sea un texto, una situación histórica, una norma jurídica, una obra de arte, la conducta de una persona, etc. O sea, no hay “hechos” como igual a “objetivo”, e “interpretación” como igual a subjetivo. Toda realidad humana es intersubjetiva y en ese sentido ni subjetiva (sin objeto) ni objetiva (sin sujeto). Y por ello todo ser humano, al “estar en” un mundo, ya interpreta su mundo por “vivir en”. Comprender, como comprender horizontes que son precisamente los mundos de la vida, es ya interpretar. La interpretación es el acto primario y radical de conocimiento, dado por un modo específicamente humano de ser, que es ser en el mundo. En ese sentido se impone un cambio de lenguaje, y no sólo filosófico, sino en nuestra cotidianeidad. No hay hechos, ni objetos, hay mundo. No hay información, hay conocimiento, y conocimiento es igual a “vivir en”, “comprender”, “interpretar”. Ya no hay sujeto, hay persona. Ya no hay “objetivo”, sino real. En última instancia, ya no hay sujeto y objeto, sino persona y mundo. Y la interpretación es el acto radical de comprensión que hace la persona al estar en el mundo.La compatibilidad de lo anterior con elementos básicos del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, tales como la persona, la analogía en el conocimiento y la analogía del ente, la corporeidad del conocimiento humano y otro temas similares, la hemos tratado extensamente en otra oportunidad [11]. A ella remitimos. 

4.La hermenéutica como la base de los otros “giros” del s. XX.El “giro hermenéutico” [12], por lo tanto, así analizado, puede ser visto como la base de otros dos importantes giros del s. XX, independientemente de la intentio auctoris de sus autores. En primer lugar, el giro lingüístico, donde, como ya sabemos, el lenguaje deja de ser especular para pasar a ser juegos de lenguaje [13], es un resultado del contexto pragmático del lenguaje como eje central del sentido, y ese contexto, a su vez, es un obvio resultado del lenguaje como concomitante a un horizonte de precomprensión. En segundo lugar, el giro epistemológico también puede ser visto desde esa perspectiva. A. Koyré sostuvo que un cambio de concepción del mundo de tipo filosófico es necesariamente previo a un cambio en la concepción del mundo físico. Aunque desde otras fuentes, Popper continuó esa perspectiva introduciendo la fundamental tesis anti-inductivista de que la conjetura es previa a la observación, y que la base empírica está interpretada necesariamente desde una carga de teoría. Kuhn recogió sobre todo las enseñanzas de Koyré con sus famosos paradigmas, e insistió en el carácter esencialmente subjetivo de toda elección de teoría. En Lakatos la teoría previa es el núcleo central de todo programa de investigación, y Feyerabend escandaliza a los físicos al hablar del proceder contra-inductivo y el ppio. de proliferación de teorías [14]. No en vano al debate que va de Kuhn a Feyerabend se lo llama el “historical turn [15]. Lo que queremos decir es que el abandono del paradigma sujeto-objeto por el de persona-mundo (ser en el mundo), el abandono del paradigma de la “información” por el de conocimiento como igual a interpretación, es un paradigma integrador de la filosofía del lenguaje y de la filosofía de las ciencias.

 5.La hermenéutica como “el tema de nuestro tiempo”.Pero entonces, la hermenéutica queda, basada en la intersubjetividad, como el mejor fundamento de la “vida” de la cual habla Ortega [16], que se ve también en los últimos capítulos del famoso libro de lecciones de filosofía de García Morente [17]. Ortega intenta superar la dialéctica sujeto-objeto por el “yo y las cosas”, pero en realidad la “circunstancia” de la que hablaba es el mundo de la vida husserliano y los horizontes gadamerianos. O sea que la cuestión no era “el yo y las cosas” sino “el yo y los otros yo”, y de allí a las “cosas no sujetos”. Y si “el tema de nuestro tiempo” es la re-unión entre filosofía y vida, ello se logra precisamente con la actitud teorética sobre el mundo de la vida como fenomenología de mundo de la vida. Y por ello, la hermenéutica, así vista, con base fenomenológica, no sólo no es un paradigma superado, sino que es como esa tercera etapa de la filosofía que preludia Ortega [18]. Si hubo un tiempo donde la filosofía estuvo del lado del objeto, y otro tiempo donde se puso del lado del sujeto, ahora, dice el gran autor español, ha llegado un momento donde la filosofía ha re-descubierto algo que no es objeto ni sujeto, que es la “vida”, también como “tema de nuestro tiempo”: pues bien, ese es el mundo de la vida, que deriva en hermenéutica. Hermenéutica fenomenológica, porque no abandona la actitud teorética sobre la actitud natural, re-uniendo así razón y vida, y hermenéutica integradora de varias piezas de la filosofía del s. XX, como hemos visto con la filosofía del lenguaje y la filosofía de las ciencias naturales, descontando que ello incluye también a la filosofía de las ciencias sociales. La hermenéutica, por lo tanto, así vista, no ha agotado su camino. Apenas si lo ha comenzado.

Ponencia presentada en  las  I Jornadas Internacionales de Hermenéutica, en Buenos Aires, Mayo de 2009, auspiciado por la UBA/Conicet.

 [1] Investigaciones lógicas [1900]; Alianza, Madrid, 1982, tomos I y II

 [2] Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica [1913];        Fondo de Cultura, México, 1986

 [3] The Crisis of European Sciences [1934-1937 aprox.]; Northwestern University Press, 1970

 [4] Sobre la noción del mundo de la vida en Husserl, una interpretación importante la tenemos en las obras de Leocata, F.: “Idealismo y personalismo en Husserl”, Sapientia, (2000) Vol LV, fasc. 207; “El hombre en Husserl”, Sapientia (1987), y Persona, Lenguaje, Realidad, Educa, Buenos Aires, 2003.

 [5]  Ver Leocata, “El hombre en Husserl”, op.cit., p. 359.

[6]  Ver Husserl, E.: Ideas… Second book [1928 aprox.], Kluwer Academic Publishers, 1989, sup. V.

 [7] Ver Experiencia y juicio [1919-20 aprox.]; Universidad Nacional Autónoma de     México, 1980, p. 48.

 [8] Ver sus clásicos Verdad y método, I, y II [1960/1986]; Sígueme, Salamanca, 1991/1992.

 [9]  Op. cit., p. 311.

 [10]  Op.cit., p. 217.

 [11]  En nuestro libro Hacia una hermenéutica realista, Universidad Austral, Buenos Aires, 2005.

[12] Véase Gadamer, H.G.: El giro hermenéutico, Cátedra, Madrid, 1998.

[13]  Wittgenstein, L.:Investigaciones filosóficas, Crítica, Barcelona, 1988

 [14] De Koyré, Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend, ver: Koyré, A.: Estudios de historia del pensamiento científico; Siglo XXI Editores, 1988,  Pensar la ciencia; Piados, 1994,    Del mundo cerrado al universo infinito; Siglo XXI, 1979, Estudios galileanos; Siglo XXI, 1980; Popper, K.: Conjeturas y refutaciones; Paidós, Barcelona, 1983, Conocimiento objetivo; Tecnos,Madrid, 1988,  La lógica de la investigación cientifica,Tecnos, Madrid, 1985, Sociedad abierta; universo abierto; Tecnos, Madrid, 1984, Replies To My Critics; in The Philosophy of Karl Popper, Part II; Edited by P. Arthur Schilpp Lasalle; Illinois, 1974, The Myth of the Framework; Routledge, Londond and New York, 1994; Lakatos, I.: La metodología de los programas de investigación científica; Alianza Ed., Madrid, 1989,  Matemáticas, ciencia y epistemología; Alianza Ed., Madrid, 1987; Kuhn, T.: La estructura de las revoluciones científicas; FCE, 1971, La tensión esencial; FCE, 1996, The Road Since Structure; University of Chicado Press, 2000;  Feyerabend, P.: Tratado contra el método; Tecnos, Madrid, 1981; Adiós a la razón; [versión inglesa]; Tecnos, Madrid, 1992; y Philposophical Papers, vol 1 y 2; Cambridge University Press, 1981.

 [15] Ver Bird, A.: “The Historical Turn in the Philosophy of Science”, en The Routhledge Companion to Philosophy of Science, Routledge, 2008.

[16]  Ver Ortega y Gasset, J.: ¿Qué es filosofía?, Espasa-Calpe, Madrid, 1973; El tema de nuestro tiempo, Austral, Buenos Aires, 1947; En torno a Galileo, Rev. De Occidente, Madrid, 1976.

[17] Nos referimos a Lecciones preliminares de filosofía, Losada, Buenos Aires, 1943.

[18] En ¿Qué es filosofía?, op.cit., lecciones VIII, IX, X y XI.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.