“La gestión de Macri es muy floja, tímida”

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado en “El País” de Montevideo, Uruguay.

 

Estuvo en Montevideo para dar una charla invitado por la Cámara de Comercio. Cree que el gobierno argentino no ataca los problemas de fondo que dejó el kirchnerismo y corre el riesgo de dilapidar su capital político.

—¿Cómo evalúa la gestión del presidente Mauricio Macri?

Tiene lo que considero un activo (no debería ser así porque debería ser normal) y es que no hay corrupción. Hemos estado acostumbrados a corrupciones horribles. Por eso lo aplaudimos. Respecto a la gestión, es muy tímida y muy floja. La gente tiene problemas graves para llegar a fin de mes y hay problemas sociales. Esto es consecuencia de que le arrebatan recursos. ¿Quién arrebata recursos? En gran medida, es el aparato estatal. Cuando se dice que el Estado tiene que hacer esto o lo otro…, ningún gobernante pone de su peculio. Es el vecino el que está pagando. Todos nosotros, más cerca o más lejos, venimos de la miseria, venimos de las cuevas, venimos del mono y el esfuerzo para mejorar es respetar la choza que se hizo el otro, es respetar el derecho de propiedad, es respeto recíproco por los proyectos de vida del otro, aunque no nos gusten y no los compartamos. Yo creo que el test máximo de la tolerancia se da cuando no compartimos el estilo de vida de otro, pero lo respetamos siempre y cuando no lesione derechos de otros. El viernes 21 de abril sacamos una carta en el matutino La Nación de Buenos Aires cinco colegas, diciendo una vez más que no se trata de hacer más eficiente el gasto público porque si algo es malo y es eficiente es mucho peor. No se trata de podar el gasto porque, igual que en la jardinería, crece más fuerte. De lo que se trata es de eliminar de cuajo ministerios, secretarías, reparticiones, subsecretarías que no sirven para proteger los derechos de la gente sino para conculcarlos.

—Voceros del gobierno dicen que se esperará a las elecciones legislativas de octubre para comenzar a abatir el déficit fiscal. ¿Qué le parece?

Ahora la nueva receta parece ser esperar a las elecciones. A mí me parece que quizás los liberales no mandamos bien el mensaje de la conexión que hay entre las malas políticas económicas, el derroche, un Leviatán muy adiposo y el salario de la gente.

Me parece que es muy importante abrir las economías, establecer sistemas competitivos y eliminar esos ladrones de guante blanco que son los empresarios que tejen alianzas con el poder. Es el gobierno de los últimos 70 años en la Argentina. Argentina desde la constitución liberal de 1853 hasta el golpe fascista de 1930 era la vanguardia del mundo libre, en los primeros puestos de salarios e ingresos del peón rural y del obrero de la incipiente industria. Toda la debacle comenzó con el golpe nazi-fascista del año 30 y se acentuó muchísimo con el peronismo. No se trata de malos y buenos, se trata de ideas, valores y principios para salir de este marasmo. El tema es el gasto público.

—¿Pero cómo puede conciliar Macri la necesidad de consolidar su poder y tener un buen resultado en octubre con la de reducir el déficit fiscal?

El político si tiene sentido práctico va a tratar de apuntar a lo que la opinión pública puede digerir y no ir más allá porque empieza a perder votos. El político que se sube a la tribuna y dice “yo voy a hacer lo que me da la gana y no me importa lo de la opinión pública” está perdido como político. El profesor que entra a una clase y dice “yo voy a averiguar lo que quieren los alumnos para decirlo”, está perdido como profesor. Ahora, (Douglas) MacArthur, en un terreno distinto, en el militar, decía “si uno es comandante, tiene que comandar, y si no mejor que se vaya a su casa”. La tarea no es explicar porqué las cosas no anduvieron. El asunto es hacer. El premio Nobel de Economía Milton Friedman decía que si un gobierno quiere rectificar algunos rumbos, lo tiene que hacer entre los primeros seis y diez meses de su gestión, cuando está en la luna de miel. Si se permite sufrir un desgaste y que la oposición se reagrupe, es cada vez más difícil.

—¿Macri ya perdió la oportunidad?

Yo quiero creer que no perdió la oportunidad a raíz de este oxígeno que fue la marcha del 1° de abril. Pero he dicho que no se la debe tomar como que haya sido un apoyo a Macri, sino que debe ser tomada como una defensa de la República y del sistema democrático debido a los comentarios que se han hecho diciendo que el presidente se tiene que ir en helicóptero, como Fernando de la Rúa.

Comparto que hay que tener cuidado y equilibrio, pero en lugar de tener un gasto público a 100, no digo bajarlo a 30, pero al menos a 99, para por lo menos marcar un rumbo para decir “estamos en esa dirección, no nos pueden decir que no trabajamos sobre el gasto público porque hemos hecho tales y tales cosas”.

—Hay quienes dicen que el macrismo es “kirchnerismo con buenos modales”.

Yo comparto eso. No están en cadena nacional, a los gritos e insultando. Eso no lo tiene este gobierno. Pero cuando se pierden las oportunidades, es una pena enorme. El déficit fiscal es ahora de ocho puntos del producto, más alto que en la época de (Néstor) Kirchner. Cuando Thomas Jefferson era embajador en París y le llevaron la constitución nueva de Estados Unidos dijo que si tuviera que cambiarle algo diría que debería prohibir la deuda pública. Usando términos futboleros, se está pateando la pelota para adelante. Se está comprometiendo el patrimonio de futuras generaciones que ni siquiera habrán elegido a los gobernantes que contrajeron la deuda. La presión fiscal en Argentina es una de las más altas del mundo. La gente tiene que trabajar entre seis y siete meses al año para mantener el aparato estatal. Eso es lo que hay que modificar y cuando antes mejor.

—¿Pero el gobierno no ha tenido algún éxito en mejorar el clima para la inversión, en dar más estabilidad?

Yo no veo ninguna regla estable. Todos los paros que ha habido muestran una cosa muy zigzagueante. Está bien abrirse al mundo, pero uno se tiene que preguntar ¿para qué abrirse al mundo, para mostrar la misma cosa populista, para mostrar kirchnerismo con buenos modales o para mostrar otra cosa? Para mostrar otra cosa hay que arremangarse y mostrar otro rigor. Dejémonos de frases vacías, como “juntos podemos”. Mejor como decía (José) Ortega y Gasset, decir “argentinos, a las cosas”. Trabajemos para rectificar los temas lo antes posible. Yo creo que Macri está muy consciente de eso.

—¿No cree que hay en la región un retroceso del populismo que puede llevar a políticas más de libre mercado?

Es cierto que hay signos interesantes. Por ejemplo, en el Perú. Hay otros signos que no son tan atractivos como lo que está pasando con el tema de la seguridad social en Chile. Hay que explicar que el sistema de reparto de la seguridad social es una estafa. Es un sistema que actuarialmente no resiste. El sistema de capitalización donde cada uno pone de sus recursos y hay competencia y mercados abiertos me parece lo normal y lo atractivo. Ahora se está por revertir en Chile.

—La aplicación del liberalismo económico quedó asociada en Argentina con la dictadura.

Fíjese que creo que no, porque los mismos representantes y ministros de ese régimen horrible que usted señala, nunca se han declarado liberales. Han salido siempre a decir “yo no tengo nada que ver con el liberalismo”. Por ejemplo, José Martínez de Hoz, aumentó brutalmente el gasto público. Lo demás son anécdotas. ¿Cómo fue el aparato estatal? ¿Fue más grande o no? La deuda aumentó, el gasto aumentó, hablaba de privatizaciones periféricas. Nadie sabe qué quiso decir.

—El menemismo privatizó, pero quedó asociado con la corrupción.

Exactamente, no tuvo nada de liberal. Se pasó de monopolios estatales a monopolios privados. Los ferrocarriles tenían un déficit de US$ 365 millones, se privatizaron y acto seguido el gobierno subsidió el monopolio.

—¿ Cómo ve a Uruguay que está tan marcado por el batllismo?

Uruguay era la Suiza de América Latina hasta que empezó a imitar un poco a los argentinos. Pero yo creo que mantuvo y mantiene, a pesar de todas las críticas que se puedan hacer, un respeto por las instituciones, esto de la cordialidad y los modales, la educación. Es una cosa que, no sé qué pasará en el futuro, todavía caracteriza al Uruguay. Observamos la relación del fuerte con el débil, del que está manejando el auto con el peatón. Frenan diez metros antes y si alguien agradece es porque es argentino y está sorprendido. Los uruguayos lo toman como una cosa natural y de respeto. Por supuesto que se ha engrosado el gasto público, un tercio son funcionarios públicos, un tercio son jubilados y solamente un tercio trabaja. Además entre los 30 y los 40 años muchos uruguayos están yéndose a otra parte. Ramón Díaz (quien presidió el Banco Central del Uruguay), a quien admiraba mucho, tenía un libro muy atractivo que era la “Historia Económica del Uruguay” que muestra que Uruguay estaba también rumbeado hacia destinos muy atractivos. Hay que imaginarse como serían Argentina y Uruguay si tuvieran marcos institucionales previsibles, si hubiera un respeto irrestricto e independencia de poderes cuáles serían las cosas que produciríamos. ¿Por qué las producciones de automotores son tan extraordinarias en Japón? No tienen recursos naturales, es un cascote, solamente el 20% es habitable. Es un tema de las cejas para arriba. Nos sorprenderíamos, si tuviéramos un país civilizado, de las cosas que podríamos hacer. No es un tema de recursos naturales ni de clima . África es el continente con más recursos naturales y se muere la gente como moscas. Hay que entender la importancia de las inversiones para aumentar salarios e ingresos en términos reales. Las inversiones dependen de los marcos institucionales. Hay una inclinación a sustituir la democracia por la cleptocracia, el gobierno de ladrones que expropian propiedades, que expropian libertades, que expropian sueños de vida. Hay límites que no se pueden sobrepasar. Eso es una cosa que tenemos que trabajar y usar las neuronas, para poner más límites al poder porque este asunto va mal.

ELIMINAR EL ESTADO VATICANO

Supongo que no le gustan para nada las ideas socioeconómicas de su compatriota el papa Francisco.

—Para nada. Yo soy católico. Él se ordenó en 1959 en Córdoba bajo la influencia muy marcada de monseñor Enrique Angelelli que oficiaba misa bajo la insignia de los montoneros (NdeR: murió en 1976 aparentemente asesinado por la dictadura argentina). Si uno lee el segundo capítulo de la exhortación “Evangelii Gaudium” uno ve que no tiene nada que ver con los principios de la propiedad ni de la igualdad. Se dice que quiere una sociedad igualitaria, pero ¿qué diablos quiere decir eso? La igualdad ante la ley la comparto totalmente. Pero la guillotina horizontal… En un mercado libre el que mejora es el que mejor ha servido a sus semejantes y el que yerra tiene quebrantos.

Yo creo que hay que eliminar el Estado Vaticano. Tiene que haber una figura del derecho internacional para darle independencia a la cabeza de la Iglesia. La religión nuestra dice que nuestro reino no es de nuestro mundo. Dejo de lado las buenas intenciones (de Francisco). Pueden ser las mejores, pero el camino del infierno está empedrado de ellas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Conflicto docente: ¿y la educación?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 3/4/17 en: http://www.rionegro.com.ar/portada/opinion/conflicto-docente-y-la-educacion-YM2529032

 

La causa inmediata que surge de analizar el conflicto docente, según la evidencia, es atribuible a los persistentes déficits del presupuesto, pero las raíces más profundas deben buscarse en las desafortunadas decisiones de política económica llevadas a cabo por Argentina durante los últimos setenta años, el populismo nacional. Curiosamente, las mismas razones que defiende el más expuesto dirigente sindical, Roberto Baradel, quien lejos de enfocar sus esfuerzos en intentar zanjar el problema, sistemáticamente, ha adoptado una postura radicalizada y concebida para dividir, estrechamente identificada con su filiación política, el kirchnerismo.

Quien crea en las buenas intenciones del líder sindical y su entorno bien peca de naíf, o bien de malintencionado. Pues sólo hay una cosa que es clara en este conflicto, el leitmotiv: “No importa la educación”. Como solía decir el gran economista Milton Friedman “nada es gratis”, sobre todo para los alumnos, quienes sin dudas soportarán los más altos costos; pero todavía hay un examen más triste y vil, ni siquiera tendrán conciencia de su propia ignorancia.

Parafraseando al premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, podría decirse que el kirchnerismo es elegir el error, es el partido de la expresidenta procesada por asociación ilícita y de los resentidos más aberrantes, llenos de odio, de rencores viscerales, enfermos de rabia inexplicable hacia todo lo bueno que sea diferente a su manera tajante y fanática de ver las cosas; son por lo general incultos e ignorantes, mediocres de mediocres y ahora, por supuesto, los que quieren empujar hacia el abismo a las futuras generaciones de argentinos.

Las fallidas políticas económicas del Estado condujeron a que en nuestros días sea muy común incluir a la economía argentina en la misma categoría que otras naciones de Latinoamérica. Incluso hay quienes la ponen aún por debajo de dicho ranking. ¡La debacle ha sido fenomenal! Un país que era democrático cuando tres cuartas partes de Europa no lo era y que era uno de los más prósperos de la Tierra cuando América Latina era un continente de hambrientos, de atrasados. La mayoría de los economistas que escribieron durante las tres primeras décadas del siglo XX habrían ubicado a nuestro país entre los más avanzados, tales como los líderes de Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá o Australia. En aquellos años hubiese sido absurdo calificar a la Argentina como un país subdesarrollado en el sentido que hoy se le asigna al término.

Tan particular es el caso argentino que fue tipificado por el premio Nobel de Economía Simon Kuznets, quien dijo: “Existen 4 tipos diferentes de países: los países desarrollados, los subdesarrollados, Argentina y Japón”. El énfasis que puso el autor en Argentina se sustenta en un extraño infortunio, justamente, por tratarse del único caso de un país que fue en apariencia desarrollado en la década del 20 y, a partir de allí, se subdesarrolló.

La educación ha sido determinante en la historia Argentina y su referencia obligada, como prueba más cabal y absoluta, es Domingo Faustino Sarmiento, quien centró la mayor parte de su esfuerzo en la promoción de la educación, y así, el primer país del mundo que acabó con el analfabetismo no fue Estados Unidos, ni tampoco Francia, fue Argentina, con un sistema educativo que era un ejemplo para todo el mundo. Ese país era un país de vanguardia.

La educación argentina no debe perderse en mezquindades ni en sesgos partidarios, sino retornar al rumbo que sentó las bases de la Generación del 80, la época dorada de la educación que, como país, nos puso a la par de las grandes potencias.

Hay que dejar de elegir las peores opciones y perseverar en el error. No se deje engañar, la opción no es Baradel ni lo que representa, o no habrá límites para la caída, y las catástrofes seguirán sucediendo.

El primer país del mundo que acabó con el analfabetismo no fue Estados Unidos, ni tampoco Francia, fue Argentina, con un sistema educativo que era un ejemplo.
La educación argentina no debe perderse en mezquindades ni en sesgos partidarios, sino retornar al rumbo que sentó las bases de la Generación del 80.

 

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Pobreza: cómo sacar las tres mochilas que pesan sobre los inversores

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 21/3/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/03/21/pobreza-como-sacar-las-tres-mochilas-que-pesan-sobre-los-inversores/

 

La Argentina es un país sin tiempo. Sin embargo como sociedad actuamos como si nos sobrara. Ante cada indicador económico y social discutimos las causas, los motivos y los culpables. Ríos de tinta derrochados con los ojos en la nuca.

Nos regocijamos buscando culpables y facturando responsabilidades que nunca se pagan. Quizás un psicólogo nos diga que la mejor manera de evitar el duro trabajo de encarar la solución sea perder el tiempo echando culpas.

La pobreza al 32%, inflación al 20%, crecimiento para este año con suerte al 3% son indicadores de un problema muy serio. La Argentina está en decadencia desde hace décadas.

Los historiadores deberán estudiar las causas, los motivos y quizás los responsables. Sin embargo, los gestores de política pública son los encargados de llevar a cabo las soluciones. Si los gestores hacen historia, estamos en problemas.

Sabemos lo que fue el kirchnerismo desde el punto de vista de la corrupción, el dislate económico y la brutal decadencia conceptual. El peor de los legados, sin duda. No obstante, refugiarse en la herencia es un error, un desgaste de energía inconducente.

El Gobierno debió explicitar el 11 de diciembre de 2015 el detalle del desastre recibido. No lo hizo. Ya está, pasó la oportunidad. Ahora debe encarar las soluciones para disminuir rápidamente la pobreza, bajar la inflación y encarar una senda de crecimiento sostenido. La mala noticia es que continúa con medidas inútiles como la proliferación de planes. La buena noticia es que aún se está a tiempo.

Hay tres motivos por los cuales los pobres son pobres. Más allá de causas últimas como cuestiones educativas y culturales. Los pobres son pobres porque: no tienen trabajo; trabajan pero no producen; trabajan, producen pero lo que producen no vale.

Si lo que falta es demanda de trabajo, tenemos un problema en el mercado laboral. No hay vuelta, por más que la mitología política nos diga otra cosa. Si la oferta de trabajo es mayor que la demanda de trabajo, o bajan los salarios o bajan los costos laborales no salariales (legislación laboral).

Si una persona trabaja pero no produce, quiere decir que se esfuerza pero su esfuerzo no alcanza para transformar la materia. No tiene productividad. En este caso lo que falta es capital. A esa persona le falta una máquina, un bien de capital que lo ayude a producir más. Una persona que corta el pasto con la mano produce menos que lo que lograría ayudado por un tractor. La mitología política argentina pretendió solucionar la pobreza combatiendo al capital, el mejor amigo de los pobres. Nada ayuda más al trabajo que la inversión en maquinarias y equipos.

Por último, puede suceder que una persona trabaja, produce, pero lo que produce no vale. Por ejemplo, un cartonero, trabaja, carga cientos de kilos de cartón al día pero su esfuerzo vale 1,50 pesos el kilo (si tiene suerte). No tiene valor. En este caso, lo que hace falta es canalizar el esfuerzo hacia actividades más productivas. Falta apertura económica.

Por tanto, para solucionar la pobreza, contrariamente a lo que dice la liturgia política argentina, es necesario destruir las tres mochilas que pesan sobre los que invierten, crean trabajo y compiten. Esto es, la mochila fiscal, la regulatoria y la laboral.

La presión impositiva ronda el 45%-47% de los ingresos. En Argentina los impuestos son elevados, complejos y discriminatorios. No hay ni tiempo ni margen para la pinza de depilar. Debemos asumir una reforma impositiva revolucionaria. Es un delirio intentar cobrar con un sistema fiscal inviable. Debemos pensar en la derogación de la mayor parte de los impuestos nacionales y provinciales, y reemplazarlos por un impuesto único como los casos de Estonia e Irlanda, hoy los países que mayores inversiones reciben en Europa.

La mochila regulatoria frena, encarece y desanima proyectos de inversión nuevos y vigentes. La Argentina es una economía de permisos. Hay 800 mil empresas en el país que diariamente tienen que pedir permisos al Estado. Permisos para construir, comprar, vender, importar, exportar, producir, distribuir. Cada etapa productiva requiere un sello de un funcionario estatal. Para que un kilo de carne de pollo llegue a la mesa del lector, el sector avícola debió haber realizado 160 trámites diferentes. Según un estudio del Banco Mundial abrir una empresa en Argentina es cincuenta veces más caro que en Nueva Zelanda y catorce veces más engorroso. Las regulaciones condenan a un desocupado a ser piquetero antes que emprendedor. El permiso mata posibilidad.

En materia de legislación laboral, el subsidio al ausentismo, la elevada judicialización y los costos de la protección laboral disminuyen la demanda de empleo. Lejos de proteger al trabajador, la mochila laboral generó un ejército de desempleados.

La disminución de la pobreza no pasa por la distribución del ingreso ni por la proliferación de los planes sociales. Ya han demostrado el fracaso. Rotundo. La solución pasa por eliminar las mochilas que inhabilitan la productividad y el trabajo.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

El Estado incontinente

Por Enrique Aguilar: Publicado en http://www.lanacion.com.ar/1959360-el-estado-incontinente

 

Los recientes testimonios del programa Periodismo para todos, relativos a la incorporación de algunos familiares de funcionarios o legisladores en distintas reparticiones oficiales, son síntoma de una realidad que, más allá de la aspiración que diera nombre a la coalición gobernante, no parece que estemos dispuestos a cambiar. Se trata más bien de un vicio tan enquistado, sin excepción, en nuestros poderes del Estado que se necesitarán años para combatirlo con la ayuda (cabe desearlo) de una cultura institucional de la que aún carecemos.

Que el peronismo en general y el kirchnerismo en particular hayan hecho escuela de una desmedida preferencia por los parientes a la hora de cubrir cargos públicos, no es motivo para seguirles los pasos. Tampoco serviría como descargo enterarse de que el total de designaciones es ostensiblemente inferior a lo que venía siendo hasta ahora, o la comprobación de que todos y cada uno de los nombrados cumplen diariamente con sus obligaciones sin ser cómplices, por acción u omisión, de ningún latrocinio colectivo.

Foto: Javier Joaquín

Por un lado se sabe que el gobierno actual produjo muchas cesantías de personal contratado, y es más que probable que “en la volteada” hayan caído también no pocos empleados honestos y responsables sea cual fuere su filiación política. Pero también se sabe que la cantidad de nuevas incorporaciones no ha sido módica. ¿Fueron todas realmente necesarias? ¿En ningún caso supusieron el pago de favores o lealtades? ¿Cuánto pesaron en su elección la idoneidad y los antecedentes personales y cuánto las promesas de campaña, los lazos de sangre o de amistad?

Son preguntas que están en boca de muchos ciudadanos y que están formuladas sin ninguna mala intención. Sin embargo, cuando se observa, por ejemplo, las generosas paritarias que supieron conseguir algunos sectores del Estado, o el tiempo que se ha tomado el Gobierno para estudiar una corrección efectiva, que está por verse, del impuesto a las ganancias (algo que clama al cielo ya), no es fácil encontrar la mejor disposición para aceptar cualquier medida que incremente el gasto público, como no sea las que estén exclusiva y directamente dirigidas a aliviar las penurias de millones de argentinos cuya situación contrasta abiertamente con el buen pasar a que la política nos tiene acostumbrados.

En el fondo, lo que estas revelaciones estarían poniendo al descubierto es la insuficiente voluntad para reformar un Estado que se ha vuelto insostenible para los contribuyentes, y que en los últimos lustros se ha convertido además en un destino apetecible para muchos trabajadores a quienes el sector privado no les ofrece alternativas o condiciones salariales parecidas. Nuevamente me refiero a todos los poderes del Estado, incluido desde luego el Poder Judicial, cuyos integrantes se aferran para colmo a un privilegio fiscal irritante por donde se lo mire, que no puede sino generar resentimiento, a un costo altísimo para el país.

¿Cuánto Estado podremos sostener? ¿En qué porcentaje aumentó su tamaño desde el año 2000 (por poner una fecha) hasta el presente? ¿Se vio ese incremento reflejado en la generación de una nueva infraestructura vial, en el mejoramiento de los servicios educativos, en una adecuada cobertura sanitaria, en una disminución de los índices de inseguridad o una mayor equidad distributiva? Que a la vista de todos vayamos perdiendo la lucha contra el narcotráfico o que más del 30% de la población se encuentre sumergida en la pobreza, es otra ilustración paradójica de la existencia de un Estado sobredimensionado, que ha engordado a expensas de la sociedad y en la cual no reinvierte lo necesario.

En un ensayo publicado al regreso de su segundo viaje a la Argentina, Ortega y Gasset aludió a los riesgos del creciente intervencionismo estatal advirtiéndonos que si esa tendencia no era detenida pronto llegaría un momento en que nos daríamos cuenta de que el Estado “no puede vivir de sí, que no es él mismo vida, sino máquina creada por la vitalidad colectiva; por ello, menesterosa de ésta para conservarse, lubrificarse y funcionar”. En otras palabras, lo que Ortega nos decía es que el Estado no puede sustituir a la sociedad. Debe auxiliarla, ciertamente, pero no puede asfixiarla o convertirla en alimento de sus prerrogativas y regulaciones. Ojalá que, pese a todo, se estén tomando los recaudos necesarios para evitar que ello ocurra.

 

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

Una decisión política que abre interrogantes

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 27/12/16 en: http://www.infobae.com/opinion/2016/12/27/una-decision-politica-que-abre-interrogantes/

 

Si bien las expectativas económicas para el segundo semestre, así como las metas fiscales e inflacionarias prometidas por Alfonso Prat-Gay al inicio de su gestión, no se han cumplido, su salida del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas responde más a cuestiones políticas que económicas. Este no sólo es el mensaje que ha dado a entender el jefe de gabinete, Marcos Peña, sino que Prat-Gay ha seguido una política muy gradualista, acorde con las preferencias del Gobierno. Los mayores desacuerdos que se mencionan son la falta de juego en equipo, con cortocircuitos en la reforma del impuesto a las ganancias como la gota que rebalsó el vaso.

Sin dudas las medidas más importantes de Prat-Gay se encuentran al inicio de su gestión: la salida del cepo cambiario y el arreglo con los holdouts. A estas dos medidas se suma también un inicio de normalización en las relaciones internacionales de Argentina. Sin quitar mérito a estas medidas, es importante contextualizarlas. La dificultad en la salida del cepo y el arreglo con los holdouts era más una cuestión política que técnica. El desafío que el kirchnerismo no pudo superar fue tomar la decisión más que diseñar un complejo plan económico. En el caso de los holdouts, tampoco había mucho margen de opción dado el fallo en firme del juez Thomas Griesa. Así como es justo contextualizar estas medidas, también es justo no minimizar estos logros de Prat-Gay.

La misma audacia y velocidad que se vio en la salida del cepo y el arreglo con los holdouts, sin embargo, no se vio en la corrección del mayor desequilibrio macro de la economía argentina: el déficit fiscal con una carga tributaria récord. Con una economía regulada, asfixiada con impuestos y un Estado insostenible, no debería ser sorpresa que la esperada lluvia de dólares no se haya materializado. Podría decirse que el mismo Prat-Gay desconfiaba de los resultados de su cartera, dado que ha apelado a un discurso del miedo, en lugar de confianza, para atraer recursos vía el blanqueo de capitales. El argumento de Prat-Gay consistía en avisar que quien no blanquease no iba a tener dónde esconderse, no en seducir con un consistente y sólido plan económico. Lamentablemente no se puede repetir demasiado, el problema que sigue sin solución es el déficit fiscal en un contexto donde ya no es factible seguir subiendo impuestos. El 2016 no va a mostrar una gran mejora en esta larga serie de desenfreno en el gasto público.

Sin embargo, dado que la salida de Prat-Gay sería más por cuestiones políticas que económicas, la decisión de removerlo por parte de Mauricio Macri abre algunos interrogantes. Cambiemos asumió el gobierno con una situación económica crítica, no asumió una economía estable que necesitase quizás ajustes menores. Lo que hace falta es cirugía mayor, no una aspirina para un resfrío pasajero. Es necesaria una reforma tributaria integral, una reforma del Estado integral, una reforma regulatoria integral, etcétera. Sin embargo, las decisiones económicas han quedado dispersas en quizás hasta diez personas distintas (ver nota). Imaginemos que las decisiones de salud o educación públicas estuvieran divididas en hasta diez personas, ¿esperaríamos grandes cambios y eficiencia, o esperaríamos lentitud, ruido entre los secretarios y problemas de gestión? ¿Por qué sería distinto en economía, justamente cuando el país necesita grandes cambios?

El débil desempeño de la economía argentina en el segundo semestre no se debe a la falta de juego en equipo de Prat-Gay, sino a la falta de decisiones económicas más audaces. El gradualismo pasó de ser una promesa de reformas lentas a ser un gradualismo tortuga, a ser finalmente un gradualismo en sentido contrario al necesario. El nivel de empleo público, el déficit fiscal comenzaron a aumentar en lugar de caer de manera gradual. No va a ser suficiente para revertir la situación económica de manera consistente y sostenible que Nicolás Dujovne y Luis Caputo jueguen en equipo más que Prat-Gay; es necesario comenzar a enviar señales claras de reformas de fondo. Cambiemos no debe darse el lujo de que el gradualismo implique que se vayan los cuatro años de gobierno sin reformas serias. En los próximos meses veremos si el nuevo equipo económico mantiene el gradualismo de Prat-Gay (más despacio no se puede ir) o si se aceleran las reformas económicas (una postura más shock, por más que le pese al actual Gobierno el uso de esta palabra).

La división de la cartera económica en dos, a su vez, invita a cuestionarse si en realidad hay un ministro de Economía o si lo que tenemos son secretarios (mini-ministros), donde en los hechos el ministro de Economía es la Casa Rosada. Esta es una audaz y peligrosa jugada política, dado que si la economía no repunta como se espera y no se percibe una clara autoridad económica, el costo político caerá en la Casa Rosada y no en los ministros, que pueden funcionar como fusibles políticos. Pasado ya un año de gobierno de Cambiemos, el nuevo cambio en la cartera de Economía pone otro tiempo de espera en el que el nuevo equipo económico debe asumir y comenzar a tomar sus decisiones. Así, mes a mes el gradualismo se va comiendo tiempo preciado para reformar la economía argentina de una buena vez.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Archivos de una década siniestra: El inicio: Por José Benegas

Pubicado el 21/12/16 en: https://www.amazon.com/dp/B01N1V0DA5/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1482428199&sr=8-1&keywords=archivos+de+una+decada+siniestra

 

Esta obra es una compilación de artículos que describen los tres primeros años del gobierno de Nestor Kirchner, aquellos en los que construyó un poder omnímodo y que, sobre las ruinas de la crisis del 2001, aprovechó para la formación de una oligarquía que se apoderaría de los principales negocios del poder. Aquellos años se caracterizaron por el silencio, el miedo y la complicidad. Kirchner, como lo describe Benegas, implantó un sistema económico centrado en su poder personal y lo usó para enriquecerse a sí mismo y disciplinar a la sociedad. Extendió su poder sobre la justicia para no ser investigado, doblegó completamente a los medios de comunicación que no ofrecieron resistencia, mientras el autor hacía esfuerzos ingentes para continuar opinando a costa de sus propios recursos y sin apoyo publicitario. La recopilación pretende ser el testimonio que eche por tierra la teoría de que el kirchnerismo pasó por una “época dorada”, para dejarnos ver que en realidad la sociedad Argentina eligió mirar para otro lado y eso explica dónde terminó el kirhcnerismo.

 

benegas

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

HAZTE PIQUETERO Y RENOVARÁS LA FAZ DE LA TIERRA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/12/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/12/hazte-piquetero-y-renovaras-la-faz-de.html

 

Que el peronismo NO es marxista es una de las más absolutas falsedades de toda la política argentina. Perón era, ante todo, un fascista mussoliniano, un dictador por convicción, que borró con todas las instituciones republicanas tradicionales porque eran, precisamente, las estructuras burguesas explotadoras contra el “pueblo” trabajador. Maquiavélica fue luego la estrategia lingüística de los peronistas de llamar fascistas a todos los que no eran peronistas. Era como si los nazis hubieran ganado la guerra y hubieran llamado antisemitas a todos los que no fueran nazis.

Que Perón no haya convertido a la Argentina en Cuba no quita nada de su marxismo. Astuto como serpiente y astuto como serpiente, estatizó todo lo que quiso y al resto, al estilo nazi, la reguló ad infinitum, convirtiéndola en la esclava del estado –esclavos muy felices la mayoría- y no estatizó directamente al campo también para llenar las arcas de un estado re-distribuidor. Al principio, claro, como en el inicio de todos los populismos, le funcionó muy bien. Luego comenzaron la inflación, el subdesarrollo, la pobreza, el crecimiento macrocefálico de Buenos Aires, las villas miseria, pero todo eso, claro, era fruto del imperialismo yanqui. Así de simple.

El sindicalismo, en medio de esto, se convirtió en un estado dentro de otro estado. Organizado hasta hoy según la Carta del Laboro de Mussolini, sus huelgas extorsivas, su capacidad de detener el país, se convirtieron en la acción directa de la clase explotada versus la clase dominante. Cuando llegan los 60 y los 70, Montoneros, ahora sí el peronismo directamente castrista, es la expresión más coherente de las semillas plantadas por el primer trabajador.

Pasados algunos acontecimientos que son de dominio público, estas profundas ideas marxistas se recrean en dos formas. Una, más incoherente, mafiosa, corrupta, negociadora, es la CGT y sus paros generales, desde 1983 hasta la fecha, con sus líderes, modelos siempre de austeridad de vida, probidad, santidad y bondad. Otra, más coherente, atomizado como células terroristas, menos negociador y esperando siempre la “represión” de las clases dominantes, son los conocidos piquetes, en rutas, calles, organismos públicos tomados o privados amenazados. Tienen su mística, sus uniformes, su relato, y dirigentes atomizados muy diferentes de los “gordos”. Se cubren la cara, portan un palo, que seguramente es un símbolo inspirado en Mahatma Gandhi, y hacen lo que saben hacer: cortan calles y avenidas enteras, producen el caos, esperan la reacción. Si, son delincuentes totales y completos, pero desde el punto de vista de una República. Para ellos, son los verdaderos representantes de la lucha de la clase dominada. Por eso desafían a todo lo que sea el Estado de Derecho: jueces, la fuerza pública, la ley.

El kirchnerismo (que como Hitler a partir del 33, utiliza las formas democráticas como una más sutil capucha que cubre su cara) los utilizó al principio a su favor. Pero luego quedaron, como debe ser, fuera de control, mientras Cristina Kirchner, Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de mayo, también estaban “fuera de control”, in a way, pero manejaban lo recursos del estado y sabían bien lo que hacían: convertirnos en una provincia del estado chavista.

El triunfo de Macri pudo haber sorprendido a algunos kirchneristas, pero no a los piqueteros. Ellos siguieron en la suya. Qué hacer con ellos es un problema político complejo. Acciones judiciales frente a obvios delitos de acción pública, tal vez, pero sus dirigentes esperan y utilizan las condenas judiciales como parte de su estrategia. Difìcil.

Pero parece que Macri ha decidido hacer con ellos lo que NO hay que hacer: negociar. NO se negocia con terroristas. Concederles sus demandas sólo les da más poder. Por supuesto, todo al estilo argentino: parece que se los quiere sindicalizar, darles planes sociales, etc. Desde el lado de ellos aceptarlo sería incoherente, pero tal vez guarden algo de las estrategias maquiavélicas del primer trabajador, del qué grande sos. El asunto es que, como bien ha explicado Nicolás Cachanosky con los elementos de la good economics, esto es un gran incentivo para que todos los grupos en busca de renta (del estado) comiencen a cortar, bloquear, intimidar, todo cuanto sea espacio público para conseguir sus demandas. Argentina coherente: no emprendas, hacete piquetero. Te vas a hacer rico. Quién sabe, tal vez los profesores de filosofía podríamos ir ensayando cómo nos quedaría una capucha y un pacífico palo en nuestras manos.

 

Como dijo Gustavo Hasperué: “…Amigo político, podés seguir aumentando el gasto e inventar nuevos impuestos; lo que no vas a poder es evitar las consecuencias. Pero quedate tranquilo; la mayoría de la gente no entiende nada y le va a echar la culpa al capitalismo y reclamará, para tu tranquilidad, más estado y más política. Eso sí, con políticos buenos…”.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

¿A quién beneficia el Estado benefactor?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 28/11/16 en: http://www.rionegro.com.ar/columnistas/a-quien-beneficia-el-estado-benefactor-ED1702677

 

La inestabilidad crónica de la Argentina, a la que Laclau define como de “disgregación radical”, sugiere el mito de una sociedad ingobernable, sociedad que sólo puede ser entendida si se penetra con profundidad en las razones de índole política, económica y social que se han estructurado a partir de fines de la década del cincuenta.

En efecto, al igual que con la “década ganada” del kirchnerismo, el final del primer experimento nacionalista popular de Perón, de septiembre de 1955, habría de implicar en varios aspectos un fin de ciclo. Agotado el modelo de acumulación, iniciado en los años críticos del 30 y reforzado en los 40, quedaba atrás el patrón ampliado de distribución de la riqueza, modificado socialmente por el peronismo y puesto al servicio del líder político de su tiempo.

Como un simple encantamiento, antes y ahora, las crecientes contradicciones dejaron al desnudo las pretensiones mesiánicas de sus paladines, quienes adornaron con conjuros y rituales personalizados supuestas intenciones de igualdad social en favor de los más débiles; pero que, en realidad, utilizaban a sus seguidores mediante planteamientos emocionales, liderazgos carismáticos, imprevisibilidad económica, oportunismo y, sobre todo, en su reciente expresión, planes personales de enriquecimiento ilícito. Según el historiador católico y liberal y político inglés Lord Acton: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Aunque la matriz implementada resultara, retrospectivamente, harto sencilla y hasta evidente, la conformación íntima del personaje y su proceso de adaptación a las normas comunitarias hicieron que la argumentación fuera convincente. En sus bases, el relato impuso una situación objetivamente esquemática que exploró con agudeza en el plano psicológicamente conflictivo. Hasta cierto punto, podría decirse que sus implicancias dieron cuenta de una alegoría compleja.

Durante 10 años, varios fueron los observadores que adhirieron a ambos regímenes y sostuvieron que los mismos habían logrado dar expresión política coherente a una etapa de desarrollo de la sociedad argentina. Sin embargo, los fundamentos de la economía no son algo que los políticos ni los economistas puedan moldear a su antojo. Por desgracia para sus mentores, como solemos decir: todo tiene precio, y los yerros de política económica inexorablemente –tarde o temprano− deberán pagarse.

En los casos citados, el fracaso del paternalismo, o la tendencia a aplicar normas de autoridad o protección tradicionalmente asignadas al padre de familia y extrapoladas a las relaciones sociales, puso en evidencia la incapacidad de un sector para proyectar un orden político que los exprese y reproduzca sobre la sociedad en su conjunto.

Reiteradamente vanos son los esfuerzos por mostrar que la política de ingresos utilizada (más o menos explícitamente) da como resultado armonizar las alzas de salarios y beneficios. Más bien, estas medidas −que se dice intentan resolver los problemas derivados del crecimiento, reducir los desequilibrios entre la expansión de la demanda y el incremento de los recursos, y de atenuar la tensión entre las inversiones privadas que se orientan hacia la rentabilidad− son un atajo o distracción para ocultar con astucia o habilidad los mezquinos intereses de quienes detentan circunstancialmente las más altas esferas del poder.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Podemos debatir…y quizá engañar

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/9/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/podemos-debatiry-quiza-enganar/

 

Cuando en Podemos dicen la verdad, procuran tapar sus consecuencias más ominosas. En el caso de los medios de comunicación, hace apenas tres años Pablo Iglesias afirmó: “que existan medios privados ataca la libertad de expresión”. Su respaldo al chavismo y al kirchnerismo, de abierta hostilidad a la prensa libre, es conocido. Y al final ya directamente señaló a un periodista de El Mundo con su nombre y apellido: Álvaro Carvajal. Se montó un lío, y en Podemos se apresuraron a exigir…¡un debate!

Es el truco más antiguo de la casta: cuando lo que dicen y hacen les puede representar un coste político, procuran disolverlo, y así lo hizo Carolina Bescansa en Espejo Público: “hay que abrir un debate sobre los medios de comunicación”, cuando es patente que su aversión a la libertad no requiere debate alguno, porque es diáfana.

Otro truco es el arrepentimiento en lo accesorio. Pablo Iglesias pidió disculpas porque había hecho algo malo: personalizar. No pidió disculpas por rechazar la libertad: “es un error personalizar una crítica…Está bien que yo pueda manifestar mi opinión sobre los propietarios de medios de comunicación que condicionan líneas editoriales, eso es justo, pero no está bien que yo diga eso y personalice con un redactor al que además tengo aprecio”.

Esto es bastante astuto, y quizá les salga bien, es decir, quizá les sirva para ocultar el censor que estos anticapitalistas llevan dentro. Pero quizá no les sirva, y no sólo porque se les puede escapar el ramalazo más totalitario, sino porque, aunque no se les escape, es difícil que no se note en alguna medida incluso cuando argumentan con más serenidad. Por ejemplo, cuando aseguran que la información es un “derecho” que no se puede “mercantilizar”, como si el mercado extinguiese los derechos, las libertades y el pluralismo y el Estado los promoviese. O cuando desvarían sosteniendo que hay que controlar a los medios para “proteger la libertad de los periodistas”. No es fácil que mucha gente crea semejantes patrañas, ni que en Podemos sólo les interesa la transparencia, “evitar la concentración”, imitar a los países de “nuestro entorno” y demás. Por cierto, hablando de países, en su campaña para evitar la propiedad cruzada de los medios, los de Podemos siguen la huella antiliberal del régimen de los Kirchner.

Ese es su problema fundamental: se les nota. Es demasiado espectacular la tomadura de pelo cuando alegan que su objetivo es “poner fin al control gubernamental” de la agencia EFE. Y nadie que aprecie ligeramente la libertad dejará de sentir un escalofrío cuando ve que Podemos quiere crear un Consejo Audiovisual que “supervise” los medios, y quiere obligar a que se estudie en los colegios la asignatura: “educación mediática”. Si esto no es el Gran Hermano, que venga Orwell y lo vea.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Opinar diferente también es ayudar al Gobierno

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 28/8/16 en: http://economiaparatodos.net/opinar-diferente-tambien-es-ayudar-al-gobierno/

 

El debate franco siempre genera ganancias para las partes

Cada vez me sorprende más la cantidad de gente que quedó tan asustada con el kirchnerismo que a la más mínima diferencia que uno plantea con las medidas que toma el gobierno de Cambiemos, reaccionan tipo k, es decir con agresión o, los más educados, diciendo que hay que tener paciencia o bien argumentando que hay que apoyar al gobierno como sea.

Si uno descarta a los macristas que reaccionan como los k, se encuentra con un universo que, a mi juicio, lejo está de aportar algo positivo para reconstruir el país y evitar que vuelvan los k, regreso que, creo, es bastante poco probable. Tal vez podría volver el peronismo, pero bajo otro de los múltiples formatos que tienen para tratar de mantenerse en el poder.

Creo que es un grosero error otorgar un cheque en blanco al que se vota. Uno vota a una persona en un momento determinado para que administre la cosa pública, dentro de un gobierno limitado entendiendo por gobierno limitado un gobierno que no puede utilizar el monopolio de la fuerza para violar los derechos individuales. La larga decadencia argentina es consecuencia de idealizar a personas como salvadoras de la patria, cuando en realidad son las instituciones las que salvan a un país. Las que lo hacen progresar. Y las personas son solo administradoras transitorias de la cosa pública dentro de ese marco institucional de un gobierno limitado.

Ahora bien, considero que descalificar o mirar con desconfianza al que opina diferente sobre cómo encarar la herencia recibida del kirchnerismo, no solo implica adoptar un comportamiento igual al del kirchnerismo que no tolera ninguna opinión diferente a la de la mandamás, sino que además no contribuye a lograr el éxito del gobierno diciéndole a Macri sí bwana a todo lo que hace. El apoyo constructivo es mostrar las diferencias cuando se las ve, y queda a decisión de Macri aceptar las opiniones diferentes o rechazarlas. Pero se equivocan quienes creen que no opinar diferente es ayudar al gobierno. Al contrario, de todo debate uno siempre sale fortalecido.

Si yo tengo una opinión sobre cómo encarar un tema y otra persona tiene una visión diferente, del debate pueden surgir dos opciones. Una opción es que la otra persona me convenza que estoy equivocado, en cuyo caso salgo ganando porque me saca del error. La otra opción es que la otra persona acepte que yo tengo razón, en cuyo caso, no gané la discusión, sino que gané confirmando mi teoría.

Insisto, acá no se trata de ganar la discusión, sino de encontrar soluciones a los problemas que dejaron los k. Y en esa búsqueda de soluciones hay diferentes opiniones que el debate franco siempre genera ganancias para las partes.

Pregunta para el debate: la ausencia de un plan económico global que el gobierno no quiere aplicar, ¿aleja o acerca la vuelta de la horda k? El plateo es válido porque si a la gente todo el tiempo la van limando con medidas que afectan su nivel de vida pero no le explican la herencia recibida, para qué se adoptan esas medidas y cuáles serán los resultados finales, la gente vive la transición sin esperanza porque no entiende para qué está haciendo el esfuerzo. Es como poner a dieta a una persona y no explicarle que al cabo de cierto tiempo va a bajar de peso.

Lo peor es que el PRO se esfuerza por mostrarse como un gobierno progresista al punto que tiene a un ministro de economía que viene del progresismo, pero la gente lo identifica como de derecha. Incluso los que los votaron lo ven como un partido de derecha a pesar de continuar con la misma política impositiva, los mismos planes sociales y el mismo nivel de gasto público y estado ineficiente que tenía el kirchnerismo. Así, el PRO paga todos los costos de una política que no asume cambios profundos y continúa con la estructura de la decadencia argentina, pero no cosecha los beneficios políticos del populismo.

Lo que pretendo transmitir es que la mejor contribución que uno puede hacer para que el kirchnerismo quede sepultado para siempre, es contribuir a implementar un plan económico consistente que la gente comprenda rápidamente sus beneficios, para entrar en una sólida senda de crecimiento que destierre el clientelismo político de los planes sociales.

Esa es la mayor objeción que hoy se le puede formular al gobierno. Por miedo a desarmar la estructura estatal que se fue construyendo a lo largo de décadas y explotó en envergadura con el kirchnerismo, el PRO mantiene esa legión de planes sociales y ñoquis entrando en una competencia populista con el peronismo en todos sus formatos.

Nadie pretende que de un día para otro se cancelen todos los planes sociales ni se echen a todos los millones de empleados públicos que hay en el estado, solo se busca iniciar un camino. Decir que el tamaño del estado va a seguir siendo éste pero bien administrado es no comprender el problema. La plata no alcanza para financiarlo y encima ese estado elefantiásico aplasta al sector privado que es el que lo sostiene con los impuestos confiscatorios que cobra el estado.

El gobierno habla que la salida es el crecimiento. ¿Cómo puede crecer el sector privado con un estado que lo aplasta? Y si no hay crecimiento basado en un plan económico consistente, la pobreza y el empleo público seguirán siendo el alimento del populismo y los aspirantes a autócratas.

En definitiva, si el gobierno quiere cambiar en serio este lago proceso de decadencia, quienes decimos lo “políticamente” incorrecto somos los que más contribuimos a cambiar el país, porque cumplimos la misión de decir las cosas que el gobierno, por corrección política, no puede decir. Todos sabemos que hay que bajar el gasto público. Si en el gobierno no se animan a decirlo por razones políticas, los “salvajes” liberales cumplimos una función de oro al decir lo que el gobierno no puede decir.

O sea, los que empujamos hacia el cambio y marcamos nuestra diferencia, somos más útiles que los que le dicen sí bwana a todo lo que dice el gobierno por miedo a que vuelvan los k.

Para salir de este populismo hace falta audacia, no timoratos temerosos de los k que no se animan a formular opiniones diferentes pero constructivas.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE