Un simple juego “holdup” de inversiones en Argentina

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 15/5/19 en: https://puntodevistaeconomico.com/2019/05/15/un-simple-juego-holdup-de-inversiones-en-argentina/

 

Desde que asumió, Cambiemos ha prometido lluvia de inversiones en el segundo semestre. Tras cuatro años, es posible que ese segundo semestre aún se haga esperar. Las inversiones no han llovido en los tres años anteriores y se ve poco factible que lluevan en este cuarto año dado el panorama electoral. De hecho, la presencia del kirchnerismo en las encuestas (con probabilidades de volver al poder) no contribuye a atraer inversiones.

Esto se puede ilustrar en un simple “Holdup problem”. Este tipo de juegos secuenciales capturan el dilema del jugador que elige primero cuando tiene que realizar una inversión no reversible y puede por lo tanto ser “secuestrado” por el segundo jugador. Por ejemplo, Argentina puede prometer no aumentar impuestos a quienes blanqueen sus depósitos. Sin embargo, una vez que el contribuyente (primer jugador) decide blanquear sus depósitos nada impide a Argentina aumentar los impuestos. ¿Suena familiar?

El problema del “holdup” lo podemos ilustrar en un simple juego secuencial.

Supongamos que el inversor debe decidir primero si invertir en Argentina o en el resto del mundo. Si invierte en el resto del mundo recibe la tasa de retorno del mundo (rW). Si en cambio decide invertir en Argentina, recibe la rentabilidad Argentina (rA) si en las próximas elecciones gana Cambiemos, lo cual tiene probabilidad p de suceder. Si, en cambio, con probabilidad (1-p) gana el kirchnerismo, el inversor será expropiado (como Repsol, AFJPs) y perderá su inversión inicial (-F). Si gana cambiemos, el gobierno gana los impuestos que contribuye el inversor (T) y si gana el kirchnerismo el gobierno gana el valor de los activos del inversor (A) debido a la expropiación.

El inversor elegirá Argentina si la ganancia esperada supera a la ganancia en el resto del mundo. Es decir, si p rA+(1-p) (-F) > rW.

Para que el inversor elija Argentina por sobre el mundo es necesario que aumenta p (probabilidad de que gane Cambiemos) y/o que aumenta la rentabilidad de invertir en Argentina (rA).

Esta condición también muestra que cuanto mayor sea la inversión necesaria (F), menos es la probabilidad de que dicho proyecto se haga en Argentina. Lo que llega, por lo tanto, es una llovizna. Pequeñas inversiones (un pequeño F) y en lo posible que sean fáciles de revertir.

El contexto electoral, sin embargo, muestra una alta probabilidad de que el kirchnerismo vuelva al poder y no se perciben medidas concretas por parte de Cambiemos que vayan a aumentar significativamente la rentabilidad Argentina. Los impuestos siguen altos, el mercado sigue fuertemente regulado, el gasto público sigue siendo insostenible, la política monetaria aún no genera certidumbre a mediano/largo plazo, etc.

Este pequeño “holdup problem” también ayuda a entender por qué no hubo lluvia de inversiones en el pasado. La sobrevivencia política del kirchnerismo contribuyó a mantener una alta expectativa de (1-p). Expectativa alimentada por los vaivenes que trae toda reforma gradual. Por el otro lado, el estado presente de Cambiemos, los altos impuestos, y las regulaciones mantienen un bajo retorno Argentino (rA) [recordemos incluso lo difícil que es ajustar balances por inflación].

Hoy Cambiemos tiene poco margen para cambiar los “payoffs” de este juego, en especial el retorno Argentino. Debe, por lo tanto, mejorar sus probabilidad de ganar las elecciones, lo cual a su vez está sujeto a (1) no haber explicitado la herencia recibida y (2) la performance económica de su gestión.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Siguelo en @n_cachanosky

A la herencia K se le agrega ahora la herencia Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/2/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/02/12/a-la-herencia-k-se-le-agrega-ahora-la-herencia-cambiemos/

 

El Gobierno ha desperdiciado 3 años y monedas con la historia del gradualismo

Ahora, en su último año de Gobierno de CambIemos, aparece de nuevo el fantasma de que el kirchnerismo pueda tener la posibilidad de acceder al poder. Sería imperdonable que luego del esfuerzo que tanta gente hizo para frenar a esa asociación ilícita que llegó al Ejecutivo, vació la Argentina a puro latrocinio, produciendo uno de los saqueos más grandes de su historia, esa legión de delincuentes tenga alguna chance de volver a revolear bolsos con euros gracias al inmovilismo del gobierno y, por sobre todas las cosas, por no haber denunciado en su momento la terrible herencia recibida.

Lo cierto es que si en octubre se produce la polarización esperada entre Cambiemos y el kirchnerismo y el primero retiene el poder, tendrá que lidiar de nuevo con la herencia recibida y con la propia herencia, ya que en estos 4 años habrán agregado otros problemas a los ya heredados por el kircherismo como es el caso de la deuda pública para financiar el déficit fiscal por el gasto público que no se animaron a bajar.

El desafío que la Argentina tiene por delante para entrar en serio en una senda de crecimiento sostenido es de una magnitud insospechada que no se resuelve con retoques en el tipo de cambio, en la tasa de interés o haciendo artilugios financieros ni aplicando aspirinetas al tema fiscal.

Los 163 impuestos nacionales, provinciales y municipales que detectó el IARAF implican un aumento sobre los 96 impuestos nacionales, provinciales y municipales que ya había detectado Antonio Margariti en 2015, si mal no recuerdo.

Pero esa maraña de impuestos se explica por el fenomenal aumento del gasto público consolidado a partir de la llegada del kirchnerismo al gobierno en 2003.

Como puede verse en el gráfico, el gasto público consolidado pasó de un promedio del 31,5% sobre el PBI en la década del 90, cuando ya el gasto público era alto, a un máximo de 47,1% en 2016. O sea que el gasto consolidado aumentó 15,6 puntos porcentuales del PBI. Para ponerlo de otra forma, si quisiéramos volver a los niveles de gasto público consolidado respecto al PBI de los 90, habría que bajar el gasto consolidado unos USD 77.000 millones o, si se prefiere, habría que reducir un 34% el gasto público consolidado actual.

Si eso no se quiere hacer, entonces habrá que soportar una carga tributaria consolidada que pasó del 23% del PBI en 2003 al 41,7% del PBI en 2018 y que tampoco alcanza para evitar el déficit fiscal.

Como consecuencia del aumento del gasto público, la carga tributaria casi se duplicó desde el inicio del kirchnerismo a la actualidad, haciendo estragos en el endeudamiento público, disparando el peso de los intereses de la deuda sobre la recaudación impositiva y afectando el nivel de empleo privado.

Deterioro de la economía real

La recesión de 2018 comienza en abril de ese año. Si tomamos la cantidad de puestos de trabajo del sector privado en blanco en marzo de 2018 y los comparamos con los de noviembre del mismo año vemos una caída de 158.000 puestos sin considerar a los autónomos ni a los monotributistas. En cambio, en el mismo período, el empleo público consolidado (nación, provincias y municipios) aumentó en 43.900 puestos. Todos estos datos son de la Secretaría de Trabajo.

Tomando todo el período de Cambiemos, el empleo privado en relación de dependencia cayó en 102.000 puestos de trabajo y el empleo público consolidado creció en 58.800 puestos de trabajo. Es muy clara la evidencia que es el sector privado el que está sufriendo los efectos del ajuste, mientras los tres niveles de gobierno tiemblan ante la posibilidad de reducir un solo puesto de trabajo en el Estado.

Por un lado el que pierde puestos de trabajo es el sector privado y, por otro lado, el único rubro en que el Gobierno bajó el gasto público fue en subsidios económicos que tienen como contrapartida el incremento de las tarifas de los servicios públicos.

Puesto de otra forma, como corresponde y apoyo, el gobierno fue eliminando los subsidios económicos, en particular los que mantenían artificialmente bajas las tarifas de los servicios públicos, y la gente empezó a pagar más por dichos servicios, pero al mismo tiempo, el Poder Ejecutivo no bajó otros gastos del Estado para aliviar la carga impositiva.

De manera que el sector privado paga lo que corresponde por los servicios públicos pero no tiene alivio de la presión impositiva porque tiene que seguir sosteniendo a piqueteros, infinidad de planes sociales que Carolina Stanley decidió que son un derecho de los que reciben esos planes, sin aclarar de dónde surge ese derecho ni quién tiene la obligación de mantener a otro para que no trabaje y a legiones de empleados públicos que son intocables. Como si en Argentina hubiese prerrogativas de sangre y de nacimiento.

Para que tengamos una idea, el gasto público corriente (incluidos los intereses de la deuda pública) disminuyeron 3,6 puntos del PBI en la era Cambiemos, pero 2 puntos de esos 3,6 se explican por menos subsidios económicos, que es lo mismo que decir mayores tarifas de los servicios públicos pero no baja de impuestos.

Además, el Gobierno bajó 3,6 puntos el gasto corriente pero aumentó el gasto en intereses en 1,6 puntos del PBI que pasaron de 2% en 2015 a 3,6% en 2018, incluyendo los interés intrasector público.

En síntesis, el Gobierno ahorró 2 puntos del PBI en gastos corrientes cobrando más tarifas, pero otros 1,6 puntos del PBI se le fueron en intereses de la deuda para financiar el gradualismo. Puro costo para el sector privado.

Expectativas sin fundamentos 

Desde el Gobierno dicen que a medida que la economía crezca, se va a poder bajar el gasto público, y la oposición, que habla sin mirar los números, se espanta del ajuste salvaje y dice que esto se resuelve con crecimiento. Me permito advertir que ambos deliran. La Argentina no puede crecer con este gasto público ni carga tributaria. Así que decir que esto se resuelve bajando el gasto público y dejando de mentir con que la salida es el crecimiento sin que se baje el gasto previamente.

¿Cómo se resuelve este problema? ¿Cómo se rompe este círculo vicioso por el cual el Gobierno dice que no se puede bajar el gasto hasta que no haya inversiones y sabemos que no hará inversiones con esta carga impositiva? Lamentablemente, Cambiemos no sólo desperdició la oportunidad de contar la herencia recibida, sino que además se endeudó para no cambiarla. Se endeudó para pagar los sueldos en vez de endeudarse para financiar la reforma del estado. Si antes uno podía pensar en bajar los impuestos para atraer inversiones a un ritmo mayor al que se bajaba el gasto público y financiar el déficit hasta que hubiese equilibrio con endeudamiento, ahora ese instrumento no lo veo.

De manera que, desafortunadamente, el mayor ritmo de ajuste tendrá que venir por el lado del gasto público para poder reducir la carga tributaria y atraer inversiones para crecer. Una combinación de baja del gasto público, con reducción de impuestos y reforma laboral podría romper el círculo vicioso en el que estamos metido. Dicho de otra forma, el famoso gradualismo dejó una herencia más pesada que la que se recibió y tendrá costos políticos que pagar más altos que si se hubiese aplicado una política de shock desde el inicio contando la herencia recibida.

Las 3 bases para el mejor ajuste

¿Dónde bajar el gasto? En los programas sociales (ya he explicado varias veces cómo hacerlo), en las jubilaciones de aquellos que nunca aportaron al sistema y Cristina Fernández de Kirchner agregó terminando de quebrar a un sistema de reparto inviable, y en el empleo público.

Esto debería ser acompañado por el ajuste por inflación de los balances en una primera etapa y luego la reducción de las tasas impositivas. Tal vez habría que pensar en pasar de un Impuesto a las Ganancias a un flat tax. Considerando que la salida más rápida para crecer está en las exportaciones, la reducción de derechos de exportación hay que retomarla en forma inmediata.

Ronald Reagan y Margaret Tatcher consolidaron su liderazgo cuando pagaron el costo político de enfrentar a la mafia de los sindicatos. Reagan con los controladores aéreos y Tatcher con los mineros. Mostrada la convicción de avanzar en las reformas, la confianza renace y las inversiones pueden llegar.

En síntesis, para lograr romper el círculo vicioso de decadencia en el que estamos sumergido hace falta un plan económico consistente, ejecutado por personas de trayectoria y prestigio y una fuerte y clara convicción del presidente de pagar el costo político que haya que pagar para llevar adelante ese plan.

En ese contexto no hay lugar para funcionarios que sigan difundiendo la demagogia diciendo que quienes reciben un plan social no tienen que agradecer nada porque es su derecho a vivir del trabajo ajeno, ni tampoco hay para los especialistas en roscas políticas que pueden servir para ganar una elección pero luego no sirven para sacar al país de la decadencia, al contrario, lo terminan hundiendo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE 

Argentina creíble

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/5/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/argentina-creible/

 

Con el nuevo Gobierno de Mauricio Macri, la Argentina ha crecido, se ha abierto al mundo, y ha ganado respetabilidad y credibilidad, entre otras cosas por la comparación con el deplorable kirchnerismo. Hoy esa valiosa credibilidad se ve amenazada.

Macri no afrontó todo el desastre que heredó, sino solo parte. Dejó de mentir en la inflación y ajustó las tarifas de los servicios públicos más a su coste real, superando así otra mentira de la demagogia kirchnerista. Pero no se atrevió a reducir apreciablemente el gasto público, que sus antecesores habían expandido, creando una tupida red clientelar de simpatizantes y también de militantes radicalizados, dispuestos a sabotajes de toda suerte.

A la decisión crucial de no bajar el gasto público la acompañaron otras medidas de gran peligro potencial, como la subida de impuestos y de la deuda pública, la expansión monetaria, y la represión del tipo de cambio como herramienta antiinflacionaria. No ha sido la primera vez que tal estrategia es adoptada con tal de no bajar el gasto, y siempre ha abocado tarde o temprano a estallidos y crisis de inflación, deuda o balanza de pagos.

El macrismo insistió —como suelen hacer los gobiernos temerosos de plantear las reformas necesarias— en que no podía hacer más, y defendió el “gradualismo”, definiéndolo como lo mejor para el país, cuando en realidad es lo mejor para un Gobierno que no puede, no quiere o no sabe coger el toro por los cuernos. Los economistas liberales argentinos señalaron los problemas de insostenibilidad de la estrategia de Macri, sólo para recibir la habitual respuesta que combina arrogancia, indiferencia o desdén. Pero la razón ha terminado del lado liberal, y la crisis ha llegado.

La oposición peronista despotrica ahora contra el gobierno de Macri, acusándolo de “venderse al FMI”, lo que no deja de ser doblemente paradójico. Primero, porque, como recordó el economista argentino Roberto Cachanosky, los gobiernos peronistas han sido los que más acuerdos han firmado con el supuestamente perverso FMI, institución que, según dice esta semana el Economist, “tiene tanto miedo a Argentina como la Argentina al FMI”. Pero, en segundo lugar, el recurso al FMI es, como siempre, un truco para no bajar el gasto público, que es lo que los gobiernos se ven forzados a hacer si nadie les presta a tasas que no sean estratosféricas: para eso fue inventado el FMI, para facilitarles las cosas a los Estados. Para guardar las apariencias, pide ajustes que siempre se traducen en más impuestos —y algunos lo siguen llamando “liberal” cuando no lo ha sido nunca.

La clave, por supuesto, es si esto será suficiente dada la precaria situación de la Argentina, con una elevada inflación y con un alto porcentaje de su deuda denominada en divisas. La credibilidad del país está en juego. Otra vez.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Reservas, inflación y “timing” político

Por Adrián Ravier.  Publicado el 30/4/18 en: https://www.cronista.com/economiapolitica/Reservas-inflacion-y-timing-politico-20180430-0058.html

 

 

Por qué la inflación tarda en bajar es algo que a la gente común le cuesta entender. Esta nota va directo al punto central para comprender bien el mecanismo.

 

La jerga financiera a veces dificulta al ciudadano no economista comprender las razones por las cuales la inflación tarda en bajar. Esta nota trata de ir directo al punto central de este mecanismo, haciendo abstracción de la misma.

Comencemos por la política monetaria que aplicaba el gobierno anterior. Ante un déficit fiscal elevado (más gasto público que recaudación de impuestos), el kirchnerismo lo monetizaba.

Esto quiere decir que el gobierno se endeudaba con el Banco Central de la República Argentina (BCRA). El mecanismo es simple: el gobierno emite un bono (documento de deuda) que entrega al BCRA, y éste emite dinero que entrega al gobierno. Contablemente, en el balance del BCRA, los pesos emitidos van al pasivo, mientras que en el activo se suman los créditos que representan estos bonos. Dado que el circulante (billetes y monedas en circulación) crecía entre un 25 y un 40% la inflación osciló en esos niveles. En 2015, por ejemplo, el circulante creció alrededor de un 40% y la inflación de 2016 fue del 40%. Los economistas han comprendido a través de estudios técnicos y empíricos que hay un rezago, un tiempo, desde que se incrementa la base monetaria hasta que esto impacta en precios. Incluso se ha medido este plazo entre 12 y 18 meses.

Cambiemos tuvo como prioridad contener la inflación, y ya en 2016 contrajo el ritmo de crecimiento de la oferta monetaria de 40 a 25%. La inflación bajó en 2017 a este nivel (24,8% según el IPC que mide INDEC), de acuerdo a lo que explica la teoría cuantitativa del dinero. El problema es que la autoridad monetaria no ha sabido o no ha querido continuar con esta política contractiva.

¿Cuáles son los motivos por los cuales la autoridad monetaria aumenta el circulante en estos niveles? Para responder a esta pregunta, los economistas vienen señalando que la autoridad monetaria persigue demasiados objetivos contradictorios. Decimos que el error de Cambiemos es la inconsistencia entre la política fiscal y monetaria. Esta última no puede alcanzar metas inflacionarias y al mismo tiempo asistir al fisco y comprar los dólares que vienen por deuda.

Y la pregunta es precisamente esta: ¿Por qué la autoridad monetaria compra los dólares? Si realmente se pretende revertir la política monetaria del gobierno anterior, el Tesoro debería tomar deuda externa y cederla al Banco Central a cambio de los bonos que en el pasado le había entregado. Contablemente, los dólares reemplazarían a los bonos en el activo, sin que aumenta su pasivo con nueva emisión. En otros términos, el Banco Central construye reservas, mientras el Tesoro reduce su deuda con la autoridad monetaria, y también se reduce el ritmo de expansión monetaria que es el origen de la inflación.

¿Por qué no lo hace? Porque quieren evitar el impacto recesivo que cualquier proceso desinflacionario necesariamente genera. El problema que enfrenta el gobierno es que endurecer la política monetaria un año antes de las elecciones puede poner en riesgo la reelección de Macri, pero no hacerlo implicará mostrar problemas en bajar la inflación, lo que también pone en riesgo la reelección.

Inflación o recesión siguen siendo un problema de corto plazo de acuerdo a la famosa curva de Phillips planteada en 1958. No hay dudas que derrotar a la inflación es el mecanismo adecuado para conseguir un crecimiento de largo plazo, pero el timing político no se está manejando de la mejor manera, lo que seguramente abrirá interrogantes en la Casa Rosada. No somos pocos los que insistiremos en el futuro que el cambio más profundo y quizás a modo de shock debía realizarse en los primeros 100 días de gobierno.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Siete décadas de deterioro económico

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 18/4/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/04/18/siete-decadas-de-deterioro-economico/

 

Una reciente actualización de datos económicos del Proyecto Madison permite repasar el desempeño económico de Argentina desde 1880 hasta la fecha. Entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, Argentina supo ubicarse entre las economías más ricas del mundo. Sin embargo, en algún momento el país perdió su rumbo y comenzó a perder posiciones en el ranking mundial de riqueza económica. La creación de riqueza no es importante solo por cuestiones económicas. Países con mayores ingresos poseen mejores indicadores de salud (esperanza de vida, mortalidad infantil, etcétera), mejores niveles educativos, y también un mayor desarrollo artístico y cultural.

El siguiente gráfico muestra el percentil del ingreso per cápita de Argentina a nivel mundial. Se percibe que una tendencia de deterioro a partir del primer gobierno de Juan D. Perón. El percentil muestra la ubicación relativa del país. Un percentil del 100% indica que al país posee el máximo valor, mientras que un percentil del 0% muestra que el país se encuentra al final de tabla. En el año 1950, Argentina se ubicaba en el percentil 93%, mientras que en 2016 el país cayó al 63 por ciento. Actualmente, el país se encuentra en un percentil similar al de Hungría y Letonia. De seguir esta tendencia, en la década del 2050 Argentina caería debajo de mitad de tabla.

Del gráfico se desprenden las siguientes lecturas. En primer lugar, la tendencia descendente no se interrumpe ni cambia antes y después de la vuelta a la democracia, en 1983. De hecho, se ve observa cómo durante la década pérdida de la presidencia de Raúl Alfonsín Argentina siguió perdiendo posiciones. En segundo lugar, el único momento de una mejora significativa se encuentra en la década del 90, con una economía más libre y abierta al comercio internacional. Lamentablemente, el peronismo de turno no pudo controlar su adicción al gasto público y llevó al país a la crisis del 2001 y el default de la deuda pública. Más allá de los desaciertos económicos que pueda haber cometido el Gobierno de Fernando de la Rúa, el peso de la deuda originó el déficit durante el Gobierno de Carlos Menem.

En tercer lugar, el gráfico dejar ver que durante el kirchnerismo no hubo mejoras sustanciales. El rebote pos crisis muestra una leve mejora cuyo máximo coincide con el mínimo valor del Gobierno de Alfonsín. A partir del 2011 se vuelve a percibir una marcada caída.

Es muy difícil, si no imposible, sugerir que 70 años de deterioro económico se deben a la mala suerte, a la restricción externa, a las imposiciones de los mercados financieros y tantas variadas razones que se suelen mencionar. Dado que el gráfico muestra la situación relativa del país, siete décadas de caída en el ranking se deben a causes internas. Son los propios errores de política económica las que generan estos resultados.

¿De dónde surgen estas políticas económicas? De 1955 a la fecha, el 48,3% del tiempo la presidencia estuvo a cargo del Partido Justicialista, el 25,9% del tiempo, bajo un gobierno militar, el 22%, bajo el Partido Radical (UCR), y el 3,8% restante le corresponde a Cambiemos. La preponderancia del peronismo es tal que ha estado a cargo del país mayor tiempo que el radicalismo y gobiernos militares juntos.

Desde la vuelta a la democracia, el gobierno ha estado bajo presidencia peronista el 76,9% del tiempo, bajo gobierno radical, el 16,2% del tiempo, y el 6,8% le corresponde a Cambiemos. Sin embargo, entre 1955 y la vuelta a la democracia, el peronismo ha gobernado al país el 11,3% del tiempo, el radicalismo un 40,6% del tiempo, y un 48% del tiempo corresponde a gobiernos militares.

Si bien el inicio de la tendencia descendente de la economía argentina puede ubicarse con el primer gobierno de Perón, ello ocurre tanto en períodos donde predominan gobiernos peronistas como radicales (y también militares). El problema de largo plazo de la economía argentina va más allá del gobierno de turno, el problema se encuentra en las ideas en común presentes en la política argentina. La clase dirigente se siente más cómoda con Karl Marx que con Adam Smith. La clase dirigente se siente más cómoda violando derechos de propiedad con el fin de obtener beneficios de corto plazo con altos costos en el largo plazo (expropiaciones, defaults, etcétera). La clase dirigente se siente más cómoda gastando recursos que no tiene que incentivando una cultura de trabajo y equilibrio fiscal.

Es fundamental que la dirigencia política, que ocupa un lugar especial en el debate público, sea capaz de ver más allá de las anteojeras domésticas. Siete décadas de deterioro económico tras insistir con las mismas políticas económicas deberían ser más que suficiente para convencer a cualquier político que debe girar 180 grados, integrarse al mundo y desregular su economía.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

 

 

El ajuste “salvaje” anunciado es 0,47% de la masa salarial del sector público

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 31/1/18 en: http://economiaparatodos.net/el-ajuste-salvaje-anunciado-es-047-de-la-masa-salarial-del-sector-publico/

 

¿En cuánto contribuye a bajar el déficit fiscal las medidas anunciadas por el presidente Macri?

Sin duda los anuncios de reducción de gasto público que realizó el presidente Macri el lunes, apuntan en la dirección correcta. Si bien da para el debate el hecho de que parientes de funcionarios públicos no puedan ocupar puestos en el estado, lo cierto es que con el kirchnerismo el nepotismo era un escándalo y Cambiemos estaba copiando parte de esa mala costumbre. Digamos que la medida es una discriminación, ya que si yo fuera funcionario y un sobrino mío consiguiera un puesto por su capacidad y sin mi influencia, quedaría marginado solo por ser pariente. La medida se entiende solo como señal de frenar el nepotismo de los últimos años, pero no sé si debiera ser algo permanente. Hoy es una señal de comportamiento ético del gobierno de turno con esta medida. Se compromete a que no haya nepotismo, al menos a nivel nacional.

Respecto a los números veamos el impacto en cuanto al nivel de baja del gasto público. Si la reducción del gasto en salarios de funcionarios políticos es de $ 1.500 millones, como lo indicó el presidente, esto significa una reducción del 0,47% de la masa salarial de la Administración Pública Nacional que, según el presupuesto 2018, tiene previsto pagar sueldos entre la Administración Central, los Organismos Descentralizados y las Instituciones de la Seguridad Social, por $ 319.128 millones. El ahorro sobre el gasto público total de la Administración Pública Nacional, que es de $ 2,9 billones, es del 0,052% del gasto total.

¿En cuánto contribuye a bajar el déficit fiscal las medidas anunciadas por el presidente Macri? El déficit fiscal, incluyendo los intereses de la deuda, como corresponde medirlo, fue del 5,9% de PBI en 2016 y del 6,1% del PBI en 2017. Los $ 1.500 millones de ahorro en sueldos de funcionarios políticos son equivalentes al 0,012% del PBI proyectado por el gobierno para 2018 y del 0,015% del PBI del PBI de 2017, tomando los datos del presupuesto 2018. Es decir, lejos se está de una reducción mínimamente significativa del déficit fiscal salvo que esto que se anunció hoy continúe en el tiempo. Es decir, que estas reducciones de gasto público, no solo en salarios, se vayan extendiendo en otros rubros del gasto público a lo largo de los años.

Recordemos también que lo anunciado por el presidente es como volver al 10 de diciembre de 2015 cuando asumió.

Cuadro 1

En efecto, como puede verse en el Cuadro 1, la estructura de la Administración Central aumentó un 18,2% entre 2015 y 2016. Si bien ahora hay un par de ministerios menos, reducir un 25% los cargos, si va acompañado con una reducción de la estructura del estado en el mismo porcentaje es casi como volver al punto de partida. Es decir, al nivel de estructura burocrática que dejó el kirchnerismo, que a su vez, ya había crecido enormemente respecto a 2003, momento en que ya el gasto público era alto. Por ejemplo, en 2003 había 12 ministerios, con el kirchnerismo treparon a 18 y con Cambiemos llegaron a 23  para luego bajar a 21. Siempre de acuerdo a datos de CIPPEC, en 2003 había 67 organismos descentralizados, en 2015 88 organismos y en 2016, 87. En 2003 había 44 empresas públicas, en 2015 habían trepado a 55 y en 2016 a 56. Es decir, el estado fue creciendo sistemáticamente incluso desde la primera Constitución Nacional de 1853/60 que establecía 5 ministerios. Con Roca se hace una reforma Constitucional y los eleva a 8 ministerios y hoy día la Constitución no marca cuántos ministerios puede haber. Quedó a gusto del gobierno de turno, lo cual hace que la estructura estatal no tenga diques de contención institucionales.

El kirchnerismo dejó un descalabro fiscal fenomenal con un déficit fiscal récord. Cambiemos profundizó ese problema en sus primeros 2 años de mandato incrementando el empleo público y la estructura estatal. Ahora vuelve hacia el punto de partida pero, aunque no luzca simpático decirlo, es fenomenal el nivel de esfuerzo fiscal que hay que hacer para tener una reducción del déficit a niveles manejables. Aclaremos que, además, el problema de fondo no es el déficit fiscal sino el nivel de gasto público. No es solo cuestión de cerrar las cuentas fiscales, sino de no ahogar al sector privado con mayor carga tributaria.

De los 4 mecanismos que tiene el estado para financiar el gasto público: 1) impuestos, 2) deuda interna, 3) deuda externa y 4) emisión monetaria, el gobierno está utilizando los 4 y aun así no pueden terminar de controlar el déficit fiscal. En definitiva, sin desmerecer la buena señal que ha dado el gobierno al controlar el gasto en los cargos políticos, de la modesta baja del gasto público que proponen, pero baja al fin, mi único punto es que esto es claramente insuficiente para dominar el fenomenal lío dejado por el kirchnerismo. El desmadre es muy grande y requiere de una audacia fenomenal para controlarla. Ahora, si esta baja del gasto se continúa en el tiempo, es decir, en varios años más, junto con otras medidas adicionales, vamos a estar en el camino adecuado, por más que el kirchnerismo y los progres hablen de ajuste salvaje por una baja del 0,47% de la masa salarial estatal. Entonces, los inversores empezarán a prestarle atención a la Argentina y podemos llegar a empezar a torcer 70 años de lacerante decadencia económica.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

“Curar los déficits aumentando impuestos…”

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 11/7/17 en: http://www.rionegro.com.ar/columnistas/curar-los-deficits-aumentando-impuestos-DC3141342

 

Si bien la reforma tributaria se considera prioritaria en la agenda del gobierno, se observa una distancia copiosa entre lo que declaman los enunciados y sus consecuencias, los hechos. Desde el Ministerio de Hacienda se afirma que “con el kirchnerismo la presión tributaria subió casi 11 puntos del PBI. Esto no implica que ahora se puedan bajar impuestos indiscriminadamente. Necesitamos mejores impuestos”.

El primer año de la administración del presidente Mauricio Macri arrojó un incremento del déficit de recursos por un punto del PBI, tal como lo indican los datos oficiales. Ahora, en cambio, la idea es bajar la presión 0,5 puntos por año, aunque los distintos funcionarios del gobierno de Cambiemos, más allá de la diversidad de matices, coinciden en que al país le espera un largo camino para reducir la presión tributaria (al menos diez años para que se note la baja en los impuestos, es decir, la participación de la recaudación respecto al tamaño de la economía -PBI-).

Y todavía hay un tema mayor por resolver: el debate político en las cámaras. El juego de entramados y alianzas en los bloques legislativos, que ha mantenido dubitativo al Poder Ejecutivo frente a las elecciones de medio término. Escenario que, visto hacia atrás, aparece como un error de diagnóstico de los asesores del presidente, y que ha llevado a la primera magistratura a desaprovechar los aires de cambio y el mayoritario consenso con que contaba durante la asunción de diciembre del año 2015.

El diputado del PRO y presidente de la Comisión Bicameral para la reforma tributaria, Luciano Laspina, reconoció que “seguramente no tendremos la reforma ideal, vamos a tener la reforma posible”.

Hasta hoy, la ciertamente cándida política de gradualismo castiga con toda virulencia la institución del Banco Central, cuya prioridad absoluta es inducir una baja sistemática y sostenible de la tasa de inflación, llevándola, en un plazo razonable, a niveles similares a los que exhiben las economías que manejan su política monetaria bajo esquemas de metas de inflación; pero que, una y otra vez, tropieza con el desequilibrio del frente fiscal.

Entretanto, el gobierno tiene déficits presupuestarios y se endeuda para pagar el exceso de gastos sobre los ingresos impositivos que se enmarcan dentro de lo que la teoría económica denomina “efecto desplazamiento”. Dicho efecto ocurre cuando una política fiscal expansiva hace que los tipos de interés aumenten y, como consecuencia de ello, éstos últimos, provoquen una reducción del gasto privado, concretamente de inversión.

El efecto pretendidamente expansivo de la política fiscal, cualquiera sea la vía, tiende a afectar directamente a la demanda agregada, y la producción a aumentar. Pero, en la reconocida versión de John Hicks, de 1937, en la que la demanda de dinero es totalmente insensible del tipo de interés, y se reconoce como la Teoría Cuantitativa del Dinero, la demanda de dinero depende únicamente del nivel de renta, no del tipo de interés.

En este caso, el caso clásico, implica que una curva del mercado de dinero vertical se asocia a la opinión de que el dinero es lo único que importa, porque la política monetaria produce un efecto máximo en el nivel de renta y la política fiscal no produce ninguno.

Por tales razones, el equilibrio fiscal permitiría necesariamente la mutua correspondencia de tipos de interés y niveles de renta que se requiere en la interrelación de los mercados de bienes y activos; de lo contrario, las tensiones persistirán y los tipos de interés se mantendrán desmedidamente altos.

Al final, queda por discernir ¿qué son mejores impuestos? Y la respuesta del Ministerio de Hacienda también es clara: “Si sale la reforma que impulsamos, los que pagan experimentarán una rebaja. Pero otros no, porque eliminaremos exenciones al IVA y bajaremos la evasión”. “La lenta recuperación de la economía es, en parte, por la carga tributaria. Pero no podemos subir el déficit”. “El eje de la reforma será aumentar la base imponible, bajar la evasión e incentivar el crecimiento”.

En síntesis, el título del artículo refiere al fragmento inicial de una cita de Murray N. Rothbard que se completa de la siguiente manera: “Curar los déficits aumentando impuestos equivale a curar la bronquitis de alguien disparándole. La “cura” es peor que la enfermedad”.

(*) Doctor en Economía.

El gobierno tiene déficits presupuestarios y se endeuda para pagar el exceso de gastos sobre los ingresos impositivos.
Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.