En nombre de los pobres, se los explota de la peor manera

Por  Alberto Benegas Lynch (h) y Martín E. Krause. Publicado el 8/12/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1965274-en-nombre-de-los-pobres-se-los-explota-de-la-peor-manera

 

Muchos son los problemas que debe enfrentar el actual gobierno. En el nivel macro resulta medular disminuir el astronómico gasto público, lo cual significa terminar con funciones incompatibles con el sistema republicano. Para no remontarnos más allá de principios de los setenta, Perón recurrió a la inflación para financiar el gasto; los militares echaron mano al endeudamiento público; Alfonsín, a la inflación; Menem, al endeudamiento; los Kirchner, a la inflación, y ahora resulta que otra vez se pretende el endeudamiento para no enfrentar el problema de fondo de un Leviatán alarmante y sobredimensionado.

Consideramos que éste es el eje central de lo macro. Respecto de lo micro, son muchos los temas que deben encararse a la brevedad al efecto de no repetir recetas fallidas que indefectiblemente conducirán a idénticos fracasos del pasado. Como no puede tratarse todo al mismo tiempo, en esta nota nos concentramos en el problema de las villas y concretamente en la ciudad de Buenos Aires.

La solución que proponemos para los habitantes de las villas de emergencia, que también lo será para la ciudad, consiste en asignarles derechos de propiedad de la tierra sobre la que han fabricado viviendas precarias y, en su caso, la propiedad horizontal.

 

Por otra parte, el estudio de la propiedad para los ocupantes informales ha sido trabajado por muchos autores, en particular por Hernando de Soto y Enrique Ghersi en El otro sendero. Esta asignación de derechos de propiedad genera incentivos para mejorar las viviendas e incluso el barrio. Debemos recordar que lo que hoy llamamos “civilización” surgió a partir de la efectiva posesión de la tierra y la posterior formalización de ese derecho.

Sin propiedad formal, el mercado inmobiliario es insignificante y restringido, no hay crédito ni instrumentos legales para evitar o resolver una ocupación o el incumplimiento de un contrato de alquiler. O más bien, si los hay, resultan en condiciones muy onerosas.

En cambio, en el contexto de la institución de la propiedad, esto atraería la atención inmediata de operadores inmobiliarios para adquirir esas propiedades y revenderlas en el mercado o para construir inmuebles de mucho mayor valor y, asimismo, permitir que los vendedores se muden a viviendas infinitamente mejores.

Los funcionarios públicos no suelen pensar de esta forma y ponen en evidencia un capricho “planificador”. Les gustaría que esos barrios tuvieran otra disposición. Un urbanizador privado tendría en mente la valorización de la tierra y podría comprar propiedades allí, invirtiendo su dinero -no por la fuerza el de los contribuyentes- y podría desarrollar proyectos de diversa naturaleza que, como ahora se dice, “pongan en valor” la zona.

Sin ninguna duda, si las legislaciones son zigzagueantes y, consecuentemente, la seguridad jurídica no existiera, el proceso señalado no tendría lugar, ya que ningún inversor arriesgará sus recursos para que en medio de la operación irrumpan legisladores que con un entusiasmo digno de mejor causa modifiquen las reglas. Hay que estar en guardia con los que, al contrario de Friedrich Hayek, Bruno Leoni y tantos otros pensadores liberales, consideran que el Poder Legislativo es para cubrir todos los recovecos de la vida de las personas, con disposiciones y reglamentaciones de toda índole, con lo que asfixian la libertad. Es como escribía Marco Aurelio Risolía: “Igual que en el campo de la economía, en el terreno jurídico la inflación de la ley reduce su valor”.

Tenemos que recordar que no siempre hubo villas de emergencias en este país. Los inmigrantes pobres se alojaban en los conocidos “conventillos” de la ciudad, para luego acceder a la vivienda a través de la compra de terrenos en los suburbios en cuotas extendidas en el tiempo. La degradación de la moneda y las regulaciones destruyeron esa forma de financiamiento de la vivienda. Las leyes de control de alquileres y desalojos de hecho privó a multitud de familias de sus ahorros invertidos en pequeños departamentos para alquilar y terrenitos en los cuales tenían depositadas sus esperanzas para su futuro. Sin moneda, no hay crédito a largo plazo. En su lugar, los programas de viviendas propuestos por los aparatos estatales no sólo son insuficientes, sino que suelen desembocar en todo tipo de escándalos de corrupción, como nos dan a conocer las noticias casi diariamente.

Se podría pensar que el procedimiento sugerido constituye un premio y un incentivo para tomar predios públicos a la espera de ser recompensados por ofertas atractivas y proceder a los arbitrajes correspondientes. Sin embargo, la situación no es muy diferente de la actual en el sentido de que los usurpadores podrían contar con vivienda si proceden, como lo han hecho, por ejemplo, los habitantes actuales de la villa 31.

El tema es estar atentos para no permitir nuevos asentamientos que sean arrebatos de espacios públicos. Pero los funcionarios públicos no suelen estar atentos, por deficiencias administrativas y porque sus faenas exceden la de eficaz gestor inmobiliario. Naturalmente el riesgo de conflictos varios se reduciría si el sector público dejara de poseer ciertos espacios que no cumplen con ningún fin de utilidad. Al menos en esta instancia del proceso de evolución cultural, no tiene razón de ser la propiedad inmobiliaria estatal que no sea la vía pública, plazas, parques o edificios para sus oficinas.

Estimamos que las medidas que al momento se adoptan son políticas que no pasan de retoques circunstanciales, prevalece el problema de fondo preparado para que demagogos de diverso color utilicen a los pobres en provecho propio.

El tema no consiste en la buena o mala voluntad de los funcionarios de turno, el tema radica en las instituciones que establecen incentivos en una u otra dirección.

En un plano más amplio consignamos que al efecto de lograr salarios e ingresos más elevados, muy especialmente para los más necesitados, deben establecerse las condiciones indispensables para facilitar el ahorro y la consecuente inversión. Esto no sólo requiere marcos institucionales civilizados, sino que demanda modificaciones fiscales que se traduzcan en la actualización de las valiosos propuestas alberdianas en cuanto a la eliminación de impuestos directos y progresivos que atentan contra la inversión, y reducir las alícuotas de los indirectos y proporcionales en el contexto del federalismo tributario hoy inexistente, para así retomar la mejor tradición argentina.

Esto sólo puede lograrse si se encaran reformas estructurales compatibles con una sociedad abierta, medidas que deben ponerse en marcha y darles principio de ejecución antes de que sea tarde. Sólo interesan los resultados y el balance de la gestión, las explicaciones son irrelevantes. Desde hace décadas, en nombre de los pobres se los explota de la peor manera.

 

Coautores de los libros En defensa de los más necesitados (Atlántida) y Proyectos para una sociedad abierta (Abeledo-Perrot)

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Segundo semestre sin magia

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 3/7/16 en: http://economiaparatodos.net/segundo-semestre-sin-magia/

 

Se equivocan quienes creen que la sola presencia de Mauricio Macri en el sillón de Rivadavia es condición necesaria y suficiente generar un tsunami de inversiones

Finalmente llegamos al segundo semestre y nada mágico pasó porque nada mágico tenía ni tiene que pasar. Se equivocan quienes creen que la sola presencia de Mauricio Macri en el sillón de Rivadavia es condición necesaria y suficiente generar un tsunami de inversiones.

Por otro lado es tal el destrozo económico e institucional que hizo el kirchnerismo en estos 12 años, que recuperar el país de semejante destrucción va a llevar tiempo. Diría que en realidad llevamos como mínimo 70 años de destrucción populista y eso no se revierte en un semestre. Cualquier país que uno analice cómo salió de la pobreza y creció (Irlanda, Corea, España, etc.) muestra que a partir del momento que se volvieron racionales y dejaron de lado el estatismo, intervencionismo y populismo, les llevó 20 años alcanzar niveles de ingreso per capita del orden de los 20.000 a 25.000 dólares anuales.

Por ahora el PRO logró remover las políticas económicas más guarangas heredadas del kirchnerismo, como el cepo cambiario, los controles de precios, los derechos de exportación y terminar de arreglar con los holdouts por citar algunos ejemplos.

En rigor lo más problemático era salir del cepo sin que estallara el sistema financiero y cambiario, y el gobierno lo logró. Bajar los derechos de exportación está perfecto, pero tampoco fue una medida tan complicada. Lo que ingresaba al fisco por derechos de exportación de trigo, maíz, girasol, etc. eran monedas, de manera que no sacrificó nada eliminando ese impuesto. En el caso de la soja, la baja de 5 puntos porcentuales es un incentivo para recuperar parte de rentabilidad que este grano había perdido por efecto del aumento de los costos internos. Los productores más alejados del puerto veían que los números no cerraban. Pero en términos fiscales lo que se pierde por bajar 5 puntos el impuesto se gana con el aumento del tipo de cambio de manera que el gobierno adoptó una medida correcta con los derechos de exportación pero tampoco fue algo muy complicado de aplicar. Diría que lo más insólito es que el kirchnerismo se haya encaprichado durante años en mantener una medida que claramente no le convenía desde el punto de vista fiscal. Solo la ignorancia y el resentimiento que siempre dominó al kirchnerismo pueden explicar semejante capricho.

El segundo semestre seguramente va a ser más tranquilo que el primero. El primer semestre tuvo una inflación más alta por la salida del cepo y el consiguiente aumento del tipo de cambio, por el incremento parcial de las tarifas de los servicios públicos. Además en el primer semestre el BCRA tuvo que lidiar con la liquidación de las ventas a futuro que realizó el gobierno anterior generando una pérdida de $ 53.000 millones.

Es muy probable que el segundo semestre tenga una tasa de inflación más baja que en el primer semestre pero todavía muy alta para pretender ser un país normal.

En términos de actividad económica tendremos sectores funcionando muy bien como el agropecuario y otros complicados como la industria manufacturera por la recesión en Brasil. Todo parece indicar que el promedio de la actividad económica dará una suerte de estancamiento. Tal vez tengamos un segundo semestre con estancamiento e inflación del 20% anualizada. Solo Dios sabe el número final.

Pero el punto que más me preocupa no es tanto embocar el número de inflación del segundo semestre o cuánto subirá o bajará el PBI. El dato relevante y central consistirá en ver si el gobierno comienza a torcer el timón de esta nave populista que durante 70 años nos ha lanzado a esta persistente decadencia.

Nadie está pidiendo que en los próximos seis meses el gobierno resuelva los problemas de los últimos 70 años. Sería una locura. Pensemos en la generación del 80 que construyó una Argentina próspera. Luego de la batalla de Caseros en febrero de 1852, se sanciona la Constitución de 1853 pero recién en 1880 el país termina su proceso de organización nacional. A esos líderes políticos, verdaderos estadistas, como Mitre, Sarmiento y Avellaneda les llevó 27 años culminar el proceso de organización nacional. El punto es que esos estadistas, que tenían sus diferencias, apuntaban hacia el mismo modelo de país: integrado al mundo, con respeto por los derechos de propiedad, previsibilidad en las regla de juego para atraer inversiones, en fin, lo que se denominan instituciones de buena calidad.

Decir que el kirchnerismo dejó una bomba de tiempo económica es ya una obviedad. Pero en el fondo la economía argentina tiene recurrentes crisis (1975, 1981, 1985, 1987,  1989, 1999 y 2001) entre otras causas por tener un estado sobredimensionado que destruye la riqueza que genera el sector privado.

El desafío del segundo semestre, a mi juicio, es que el gobierno empiece a mostrar un camino totalmente diferente al seguido hasta ahora. Es decir, comenzar a tener un estado más chico y eficiente. Hoy tenemos un estado gigantesco que no ofrece ni el más mínimo servicio de seguridad que debería ofrecer el estado.

Seguramente el gobierno podrá argumentar que no tiene la fuerza política en el Congreso para poder imponer un cambio de rumbo. Es un argumento posible, aunque uno escucha a varios de los funcionarios del actual gobierno y muchas veces solo parecen querer diferenciarse del kirchnerismo en que ellos administrarán más eficientemente un sistema corrupto e ineficiente. Limitan todo a un problema de personas cuando en rigor es un problema de sistema.

Argentina dejó de ser un desierto para pasar a ser uno de los países más prósperos de la tierra cuando dejó de ser gobernada por caudillos y comenzó a ser gobernada por instituciones. La Constitución de 1853. Y entró en decadencia cuando abandonó las instituciones como forma de gobierno y volvió a ser gobernada por caudillos (Perón, Menem, Duhalde, Kirchner).

El desafío es volver a ser gobernados por instituciones y no por caudillos. Eso significa cambiar el sistema económico e institucional, no administrarlo eficientemente como dicen ahora en el PRO. Veremos qué camino elige Macri.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Nuestra economía mercantilista

Por Gabriel Boragina. Publicado el 21/2/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/02/nuestra-economia-mercantilista.html

 

Que el sistema económico actual a nivel mundial es el capitalismo de libre mercado, es algo que resulta habitual escuchar y leer en casi todas partes, y -en verdad- existen muy pero muy pocas personas que dudan de ello. Y esto, no sólo considerando la gente común y corriente, sino importantes profesionales, de prácticamente todos los campos de las ciencias, incluyendo a varios premios nobel también de todas las ramas del saber, involucrando, por supuesto, la economía.

Correlativamente con esta idea, también existe la convicción (entre el mismo grupo de personas) que el libre comercio es la regla actual en el mundo económico internacional, atribuyéndose a aquel capitalismo y a este libre comercio exterior la causa de la pobreza.

“Esta visión peculiar del comercio exterior procede en gran medida de la versión mercantilista, especialmente aquel razonamiento que se conoce con el nombre de “el Dogma Montaigne” el cual sostiene que la pobreza de los pobres es consecuencia de la riqueza de los ricos. Montaigne analizaba el lado monetario de las transacciones. De este modo se imaginaba que si alguien vende una silla y obtiene cien pesos, el vendedor ha aumentado su patrimonio por esa suma mientras que el comprador lo ha reducido por el mismo monto. Desde luego que con este razonamiento se pierde el lado no monetario de la transacción y también se pierde de vista que en toda transacción libre y voluntaria ambas partes ganan. Si el comprador de la silla realizó la transacción es porque para él los cien pesos tienen un valor menor que la silla que obtuvo a cambio y lo mismo ocurre en la dirección opuesta con el vendedor. Pero del Dogma Montaigne surge el deseo morboso de acumular divisas como si la situación de caja y bancos y la correspondiente liquidez reflejara solidez patrimonial. Cualquiera que haya estudiado introducción a la contabilidad sabe que las riquezas y pobrezas relativas se miden en base a los patrimonios netos y no a la disponibilidad de efectivo.”[1]

En la enorme popularidad del dogma en cuestión (que en su hora no fue cuestionado, y que por tal motivo se lo bautizó como dogma precisamente) encontramos el origen remoto de la justificación teórica que diera -mucho mas tarde- pie al socialismo y al intervencionismo económico más generalizado a horizonte planetario. No existe mejor prueba del éxito del dogma en cuestión que observar lo extendido que está en las naciones la tendencia de los gobiernos a interferir en los asuntos económicos y a restringir las transacciones, ya no solamente internacionales sino también en el ámbito interno.

“Vale la pena detenerse en una cita de Robert Lekachman en la que describe el significado del mercantilismo:

Colbert, el más grande de los mercantilistas franceses del siglo XVII, dio forma a numerosos controles, profusamente detallados sobre los productos manufacturados. Colbert buscaba la uniformidad nacional de los artículos elaborados […] sus reglamentaciones eran meticulosas y minuciosas. Los decretos para el período 1666-1730 ocuparon cuatro volúmenes, totalizando 2.100 páginas. Le dieron aun mayor vigor tres suplementos aparecidos posteriormente, casi tan substanciales como los anteriores. La observancia de estas leyes era una constante preocupación. El intendente, el representante del Rey en cada distrito, era el responsable de la obediencia de los fabricantes y comerciantes. Por lo tanto, sus funcionarios realizaban periódicas es imprevistas inspecciones. Cuando encontraban que un género, en cualquiera de sus etapas de elaboración, no estaba encuadrado dentro de las especificaciones, estaban facultados a aplicar el castigo correspondiente que, por lo general, era una cantidad establecida de azotes […][2]

El paralelismo -a la luz de la cita anterior- con nuestra época es asombroso. Parece al respecto que nada hubiera cambiado. Incluso a los argentinos evoca la memoria del ex secretario de comercio interior, el peronista Guillermo Moreno, funcionario del FpV de los Kirchner, cuyas pretensiones y acciones –salvando las diferencias de épocas- eran usualmente análogas a las de Colbert. Pero es de justicia decir que no sólo Colbert y Moreno procedieron de manera similar, sino que habitualmente la mayoría de los funcionarios que se hacen cargo de las carteras de economía en el plano nacional siguen políticas similares, lo que permite ver la vigencia del dogma Montaigne en el tiempo desde aquel lejano siglo XVI hasta nuestros días, constituyendo una nueva prueba de cómo extendidos errores perduran a lo largo de los siglos y resisten al tiempo. Claro que, ya no se estila aplicar azotes a quienes tratan de vivir honestamente del fruto de su trabajo, aun cuando funcionarios como el mentado Moreno hubieran compartido de muy buen agrado esa pena u otras peores. Hoy en día, los que “osan” querer comerciar sin trabas burocráticas son sancionados con impuestos, multas, confiscaciones y, en no pocos casos, condenas de prisión.

“En el siglo XVII, la primera reacción sistemática contra el prevalente mercantilismo fue la fisiocracia. Como es sabido, el mercantilismo consiste en la insidiosa intromisión gubernamental en los negocios privados. Constituye el aspecto medular de esta corriente de pensamiento el establecimiento de precios máximos, monopolios estatales, permisos para comerciar, la imposición de carnets para agremiarse y la manía de controlar el comercio exterior suponiendo que es bueno exportar y malo importar. Los comerciantes pedían que se deje hacer (laissez-faire) a las actividades lícitas. Era un grito de libertad y un pedido angustioso a las autoridades para que no se entrometan en el comercio libre. Cada vez que los gobernantes arremeten contra la capacidad creativa y la producción de bienes y servicios se repite el pedido de laissez-faire, aunque no se recurra textualmente a esa expresión francesa.”[3]

No cabe duda -a la luz de esta cita- que el sistema económico actual -no sólo en Argentina sino a nivel global- es de este tipo, es decir, mercantilista. Como tampoco existe ningún margen de error cuando afirmamos que el mercantilismo no tiene puntos de contacto con el liberalismo ni con el capitalismo.

[1] Alberto Benegas Lynch (h) “Comercio exterior e integración regional”. Pág. 5

[2] Alberto Benegas Lynch (h) “Comercio… “. Idem pag. 5

[3] Alberto Benegas Lynch (h). El juicio crítico como progreso. Editorial Sudamericana. Pág. 306.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Argentina: Macri presidente

Por Gabriel Boragina. Publicado el 23/11/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/11/argentina-macri-presidente.html

 

Las recientes elecciones celebradas que dieran el triunfo al candidato opositor Mauricio Macri merecen algunas reflexiones. Sin duda, cabe calificarlas de históricas, pero no por lo que señalan la mayoría de los “analistas” políticos y periodistas, en cuanto a haber sido el primer balotaje que se lleva a cabo en la Argentina, sino en otro sentido, por el cual significa haber vencido al poderoso aparato montado por la siniestra banda del FpV*. No puede resultar de ninguna manera sencillo doblegar al partido oficialista, máxime si se tiene en cuenta la mas de una década reteniendo ilegítimamente el poder, tiempo más que suficiente como para haber armado toda una estructura que, en otros casos, le hubiera permitido perpetuarse en la cúspide del mismo. El triunfo de Cambiemos tiene -por este sólo hecho- un mérito muy grande.

Otro rasgo significativo de estas elecciones fue el que, a pesar del escandaloso fraude cometido por el gobierno (que por el hecho de ser tal, controla todo el aparato electoral, como asimismo todo el mecanismo de escrutinio y conteo de los votos) pese a todo esto decimos, Cambiemos logró imponerse, aunque, sin duda, por una cantidad de votos muchísimo mayor que la anunciada oficialmente. Prueba de ello son las fotografías de las actas que circularon ampliamente por las redes sociales (en especial por Twitter) y de las cuales el periodismo (tanto el oficial como el mal llamado “opositor”) no dieron cuenta. A luces vista, las fotografías comprobaban de que manera los fiscales del oficialismo adulteraron las actas para disminuir los votos de Cambiemos y aumentar artificialmente los del FpV. El fraude electoral no es nuevo en la Argentina, y ya lo practicó con éxito el mismo FpV en las dos anteriores elecciones presidenciales previas a la reciente. Dado el natural temor a formular denuncias que tiene la gente y a la fuerte propaganda oficialista en aquellas oportunidades, mas una cuota grande de resignación entre la ciudadanía en aquellos momentos, sumados otros factores menores, las denuncias fueron escasas y, como suele ocurrir en todo gobierno hegemónico, no prosperaron, fueron desestimadas o directamente silenciadas.

Esta vez el fraude fue menor, y aunque sin duda importante, al fin de cuentas, fracasó.

Otro aspecto, esta vez lamentable pero también típico del periodismo argentino, es el bajo nivel de los comentarios y análisis políticos en los medios tradicionales, aunque no escapan a esta bochornosa escala el de denominados “politólogos” de “prestigio” que -como en anteriores oportunidades- se centraron en la presunta escasa diferencia de votos entre Macri y Scioli, aspecto sin duda completamente irrelevante para quien maneje mínimas nociones de ciencia política.

Más allá que -tal hemos expuesto- estamos casi seguros que la diferencia de votos fue no menor a un 10% u 8%, de ninguna manera desmerece ni desluce el triunfo que esa diferencia hubiera sido (como se dice) menor.

Ningún presidente argentino, ya sea hubiera obtenido los votos que hubiera conseguido, gobernó menos (o con menos poder) que si -en los hechos- hubiera logrado el 99% de los votos. La cantidad de votos nada cuenta para gobernar (aunque cuenta para impresionar a mentalidades infantiles). Para ejemplos recientes parecen haber olvidado esos sedicentes “politólogos” que Kirchner -quien formalmente alcanzó un escaso 22% de votos- gobernó hasta el final como si hubiera ganado por el 100% al punto tal de haber creado una dinastía que, proponiéndose perpetuarse en el poder, logró hacerlo por más de una década. Y antes de él, tampoco ningún presidente gobernó por menos, sino por más. Es que el número de votos otorgan al ganador solamente un poder formal, que no siempre coincide con el poder real o material. Por lo que, en los hechos y en la práctica, formalmente para el ganador es lo mismo haber ganado por 1 voto que por todos los millones de sufragios que sean imaginables. Con más razón en la política argentina, donde -lamentablemente- lo que cuenta simplemente es ganar para acceder al poder, y una vez en posesión de él lo que se haga con el mismo es otro cantar.

Por otra parte -y desde un punto de vista estrictamente democrático- lo que tendría que importar (y que verdaderamente importa) es como -tras las elecciones- quedaron configuradas las cámaras legislativas, y no la cantidad de votos que obtuvo el candidato presidencial vencido.

También resultan ridículos los comentarios que mostraban preocupación por el hecho de que Cambiemos tendría que acordar con otras fuerzas políticas, porque, además de pasar por alto que todos los presidentes (unos mas, otros menos) se han visto obligados a ello, Macri ya lo ha hecho con la UCR y con la Coalición Cívica-ARI (antes de presentarse a las elecciones), partidos ambos -hasta lo que no hace relativamente mucho- no le eran afines. El presidente Macri ya demostró habilidad y flexibilidad en dicho sentido. Creemos entonces que no hay motivo ninguno como para suponer que no pueda lograr pactos a nivel nacional con otras fuerzas políticas, por lo que -al momento- las dudas que esos “politólogos” y “periodistas” manifiestan no tienen -a nuestro juicio- ni antecedentes ni asidero alguno que las justifiquen.

En suma, las críticas de muchos “periodistas” y “analistas” hechas al vencedor Macri en función del resultado electoral numérico nos parecen de la ridiculez y absurdidad más enorme, pueril y espantosa. La ciudadanía argentina se mostró en esta ocasión más juiciosa y más madura que muchos “analistas políticos” de la prensa oral y escrita.

En lo sustancial, el presidente Macri recibe un país destruido por las fuerzas letales del FpV, por lo que la terea de reconstrucción que le espera no será de ningún modo simple. Pero su efectiva gestión como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le brinda un antecedente muy auspicioso y favorable.

No somos amigos de hacer pronósticos y menos en materia política, por lo que -al momento- no cabe más que augurarle al flamante presidente de todos los argentinos el mejor éxito en la tarea que, en lo que sea positiva contará con todo nuestro apoyo. Y en lo que no, con nuestra amistosa crítica constructiva.

*FpV: siglas del Frente para la Victoria, rama del peronismo conformado por el matrimonio Kirchner.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

La luz al final del túnel

Por Gabriel Boragina. Publicado el 31/10/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/10/la-luz-al-final-del-tunel.html

 

Por primera vez en mucho tiempo, existe una verdadera posibilidad de que la Argentina se libere de lo que no hemos dudado en denominar una auténtica dictadura con apariencia democrática, un disfraz de democracia que se fue desdibujando a lo largo de los tres sucesivos y excesivamente extensos gobiernos del nefasto FPV (Frente para la Victoria) de los no menos tenebrosos Kirchner, una efectiva y sombría secta política conformada por un heterogéneo grupo de peronistas, otros autollamados “progresistas”, y un número importante de ex terroristas y sus ideólogos, tanto del pasado como del presente. Un coctel explosivo por donde lo mire.

En este sentido, puede decirse sin hesitación que la Argentina está ante una oportunidad histórica para sacudir el pesadísimo yugo de quienes -desde el primer día de acceso al gobierno- hicieron de su eternización en el mismo su único objetivo, aunque no fuera, desde luego, hecho explícito por sus mentores.

Los costos políticos y económicos que ha tenido que pagar, y que con toda seguridad aun todavía tendrá que afrontar la sociedad argentina por esta aciaga experiencia, han sido tremendos. Pero al fin, parece que la gente ha llegado a un feliz punto de saturación, en el cual la necesidad de una transición a una situación más normal y coherente quiere imponerse con alguna fuerza.

El gobierno, pese a los resultados claramente negativos a su gestión, sigue encerrado en un delirante relato, construido cuidadosamente al mejor estilo del tristemente célebre sicario nazi Joseph Goebbels, Ministro de Propagada de la Alemania de Hitler, cuya *estrategia* de lavado de cerebros el FpV cultivó con fruición de la mano de teóricos afines reunidos bajo diferentes denominaciones. La prueba de ello es que el último discurso presidencial mostró definitivamente que, aun en las peores circunstancias, el gobierno no se encuentra dispuesto a abandonar la mentira, la prepotencia, la soberbia y la falsedad más escandalosa de su accionar en el tiempo, aun contra cualquier evidencia en contrario, por más contundente que esta sea.

Como hemos expuesto en otras tantas ocasiones, la sociedad argentina demoró muchísimo tiempo en reaccionar ante el cúmulo de atropellos, tropelías, trapisondas y violaciones continuas a los derechos más elementales del ser humano cometidos por el gobierno del tremebundo FpV. Ciertas características que hacen al pueblo argentino facilitan que inescrupulosos se hagan del gobierno y lo retengan.

Resulta realmente saludable que la sociedad haya reaccionado, aun cuando el oficialismo guarda alguna esperanza de continuar perpetuando sus maléficas acciones en cuanto resquicio le sea proclive.

Se impone con toda necesidad la exigencia de un gobierno de signo contrario al del FpV y sus personeros, porque no existe otra salida en medio de las actuales circunstancias para superar la terrible crisis moral, educativa, económica (en una palabra crisis social total) en el que se encuentra sumido el pueblo argentino.

Los Kirchner se han empeñado en pulverizar todo vestigio de racionalidad en la gente, y es a esto a lo que nos vemos obligados a sobrevivir, superar y destruir.

De cualquier manera, el grado de daño ha sido tan grande que, ni aun si el oficialismo continuara gobernando la situación podría seguirse sobrellevando. Un hipotético gobierno oficialista sólo lograría profundizar el camino al abismo al que el FpV dirigió el país desde el primer día de ascenso al poder.

Los desafíos que encuentra el próximo gobierno consisten en remontar la trágica herencia de la secta hasta ahora al frente del Ejecutivo.

Entre la larga lista, destacan : en volver a poner en funcionamiento las instituciones republicanas, prácticamente aniquiladas a lo largo de los tres lamentables y sucesivos gobiernos unipersonales del FpV, tal que -como hemos dicho en ocasiones anteriores- uno de los principales objetivos que se plantea todo movimiento o persona que aspira a consolidar una fuerza dictatorial es, precisamente, la destrucción de las bases de la democracia y del republicanismo, y estas son las bases sobre la cuales estaban sentados los orígenes no sólo del poder político argentino, sino de la armoniosa convivencia social del pueblo. El FpV se propuso, desde sus mismos comienzos -y pese a la conformación de un contrario discurso mentiroso cuidadosamente elaborado también desde la misma época- la demolición de aquellos cimientos, por lo cual su reconstrucción imperiosamente se impone.

Como también hemos manifestado en más de una vez, el modelo de gobierno que siempre ha tenido en mente la banda compuesta por los integrantes del FpV ha sido constantemente el que el chavismo venía imponiendo desde poco antes de fines del siglo pasado en Venezuela, es decir, una tiranía con ciertos visos de aspecto democrático, donde con regular periodicidad se permitía a la gente concurrir a las urnas para hacerles creer que la tiranía que se estaba consolidando delante de sus ojos, poseía positivas apariencias de legitimidad. La estrategia de penetración fue desgraciadamente exitosa en Venezuela, y en este esquema consintió -ni más ni menos- el proyecto de gobierno del FpV, sobre todo durante sus dos primeros periodos. Y no nos cabe duda que todavía ese es el proyecto del FpVen caso de lograr llegar nuevamente al Ejecutivo. He allí no toda, pero parte de su peligrosidad. A diferencia deArgentina, la dictadura chavista venezolana se prolongó en base a dos factores que consideramos clave: el sólido sostén militar de la misma, y la fuente de cuantiosos ingresos que representa el monopolio estatal sobre un recurso natural estratégico: el petróleo, que le brinda al gobierno venezolano el poder económico suficiente como para dominar al pueblo casi a voluntad.

Los argentinos tienen la ocasión de revertir este verdadero camino de servidumbre -como no dudaría en llamarlo el premio Nobel de Economía Friedrich A. von Hayek-. Lamentablemente, el pueblo argentino -como hemos destacado- no es rápido de reflejos a la hora de advertir, prevenir y solucionar los males que les son propios. Esperemos que esta vez la reacción sea firme y duradera, y que configure el comienzo de una segura nueva etapa. La etapa de la refundación de lo que alguna vez fuera y se llamara con orgullo República Argentina

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Resistencia a la opresión

Por Gabriel Boragina. Publicado el 25/7/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/07/resistencia-la-opresion.html

 

Para poder entender el tema de la resistencia a la opresión, es necesario previamente dar algunas nociones básicas sobre la legitimidad del poder, para lo cual nada mejor ni más apropiado que la autoridad del Profesor Constitucionalista Dr. Germán J. Bidart Campos que enseña:

“La legitimidad “de origen” y “de ejercicio”. 51. — Tradicionalmente se ha hablado, con referencia al poder, de una legitimidad de origen, y de una legitimidad de ejercicio.

  1. a) La legitimación de origen hace al título del gobernante, y depende concretamente del derecho positivo de cada estado, como que consiste en el acceso al poder mediante las vías o los procedimientos que ese derecho tiene preestablecidos. En el estado democrático, se dice que el acceso al poder y la transmisión del poder operan mediante la ley y no por la fuerza.
  2. b) La legitimidad de ejercicio se refiere al modo de ejercer el poder. Genéricamente, podemos decir que si, objetivamente, el fin de todo estado radica en la realización del bien común o valor justicia, la legitimidad de ejercicio se obtiene siempre por la gestión gubernativa enderezada a aquel fin, y, viceversa, se pierde por el apartamiento o la violación del mismo.

La pérdida de la legitimidad de ejercicio proporciona título, con base en la justicia material, y en circunstancias extremas de tiranía o totalitarismo que producen la obturación de otras vías exitosas, para la resistencia del pueblo contra el gobernante. Vamos con ello, en la teoría política, hacia el derecho de resistencia a la opresión y en el derecho constitucional hacia el tema del derecho de revolución.

El derecho de resistencia está previsto en el art. 36 contra los que ejercen los actos de fuerza que la norma nulifica e incrimina (ver nº 53).”[1]

Al referirse al art. 36, el autor citado está haciendo alusión a la Constitución de la Nación Argentina. Un “estado democrático” -de acuerdo al criterio anterior que compartimos- debe reunir, entonces, para su existencia estos dos requisitos, si falta alguno de ellos no podría, pues, hablarse de “estado democrático” sino de una dictadura, tiranía o un estado totalitario. Pensamos que esto último es lo que ha sucedido en la Argentina durante los tres largos e ininterrumpidos gobiernos del FpV (Frente para la Victoria, encabezado por la tenebrosa secta Kirchner, en los que, si bien en apariencia, se habría cumplido la primera de las condiciones (de la cual tenemos justificadas dudas que hemos expuesto en más de una oportunidad y en diversas ocasiones), resulta más que claro que no se cumplió de ningún modo la segunda de ellas.

En efecto, lejos de perseguir “la realización del bien común o valor justicia” dicha secta ha procurado la concreción de metas sectoriales o particulares de afines u obsecuentes al poder detentado durante un dilatadísimo periodo, en que se prostituyó no sólo el valor justicia, sino todos los demás valores y la convivencia misma dentro del seno de la sociedad. Situaciones como la descripta, habilitan el derecho a la rebelión por parte del pueblo sometido al capricho de tales déspotas, sedientos megalómanos insaciables de poder, como tantas veces se los ha visto.

Lamentablemente, los tiranos siempre han hecho hincapié en la primera de las exigencias, omitiendo toda alusión a la segunda, de hecho la más importante de los dos atributos de la legitimidad, dado que la elección de un gobierno se agota simplemente en el acto electoral, en tanto que el ejercicio del mismo conlleva un tiempo muchísimo más dilatado, por cuanto cobra mayor gravedad la circunstancia de que ese ejercicio se aparte de la realización del bien común o del valor justicia como ha sido el caso.

“50. — Es sugestiva la ubicación del art. 36, que preserva al poder, dentro del rubro de los nuevos derechos y garantías. Por eso, también lo ligamos al sistema de derechos.

En efecto, es fácil entender que el orden institucional y el sistema democrático hallan eje vertebral en dicho sistema de derechos, y que atentar contra el orden institucional democrático proyecta consecuencias negativas y desfavorables para los derechos. No en vano en el art. 36 también viene encapsulado, con definición expresa, el derecho de resistencia dentro del marco genérico que incrimina las conductas que lesionan al bien jurídico penalmente tutelado en forma directa por la constitución, para evitar la ruptura en la transmisión legal del poder.(Ver nº 49).

Es algo así como una cobertura general, con bastante analogía respecto del clásico delito del art. 29 que, a su modo, también tiende a preservar un similar bien jurídico, cuando da por cierto que la concentración del poder en el ejecutivo, o en los gobernadores de provincia, al fisurar la división de poderes pone a merced del gobierno la vida, el honor o la fortuna de las personas.”[2]

Cualquier intento de concentración del poder habilita el derecho de rebelión de la ciudadanía para desplazar a ese poder. Y este derecho, se encuentra plasmado en la Constitución de la Nación Argentina, pero aunque no estuviera por ella contenido hay que concluir que el derecho de rebelión y de resistencia a la opresión no desaparece como tal, por cuanto se trata de un derecho natural del hombre, y no de algo que para ser deba contar con un previo “reconocimiento” positivo legal.

No son muchos, lastimosamente, los gobiernos que creen que la soberanía reside -en definitiva- en el pueblo mismo y no en los gobernantes. Por otra parte, queda claro que el abuso de poder es un delito tipificado por la constitución y penalmente sancionado. Los gobiernos no tienen derecho a violar derechos, y esto es lo que justifica plenamente el derecho de rebelión contra un gobierno que vulnera el sistema de derechos que garantiza la constitución. Derechos todos anteriores al hombre y no creados por el hombre.

La “transmisión legal del poder” implica que el poder se trasmite a otra persona diferente a quien lo ejercía hasta el momento en que dicha transmisión ha de tener lugar, es decir, implica la esencia del sistema democrático la alternancia del poder para evitar la perpetuación en el mismo de una o más personas de un único signo.

[1] Bidart Campos, Germán J. Manual de la Constitución Reformada – Editorial Ediar. Tomo I – pág. 84 y 85.

[2] Bidart Campos, Germán J. Manual de la Constitución Reformada. Tomo III, Ob. Cit. pág. 14/15

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Destrucción de valores: Gramsci y la “violencia de género”

Por José Benegas. Pubicado el 3/6/15 en: http://josebenegas.com/2015/06/03/destruccion-de-valores-gramsci-y-la-violencia-de-genero/

 

Argentina es un país gobernado desde hace 12 años por un grupo que, desde el vamos, tenía en su haber la desaparición de mil millones de dólares de una provincia. Un gobernador que llegó a la presidencia favorecido por un presidente provisorio (Duhalde) para evitar la llegada de Carlos Menem a su tercera presidencia, había sacado fuera del país ese dinero y nunca más se supo de él. Llegó a presidente con el 22% de los votos después de que Menem renunciara a participar en la segunda vuelta electoral. El gobierno de Kirchner, seguido después del de su mujer, se dedicó a construir un imperio propio al rededor del estado. Administró el país como si fuera un botín. Para eso se alió a la primitiva izquierda violenta del peronismo, reavivando juicios de derechos humanos, a costa de tirar por la borda todo tipo de garantías constitucionales. También fue apoyado en eso por todo el país “bienpensante”, porque el valor máximo de la corrección política era estar contra Menem y Kirchner ofrecía la vuelta al estatismo más acérrimo. Practicó una receta estrictamente populista para acrecentar su poder.  Es decir, la explotación de cualquier debilidad para legitimar el poder absoluto y la expoliación masiva en favor de su grupo.

Parte importante del método político kirchnerista ha sido favorecer al delito. No solo el propio, sino el común. Instalar jueces que propician que los delincuentes son víctimas de la sociedad y que luchar contra el delito es luchar contra los pobres. Suena absurdo para cualquiera, pero esto que acabo de decir es bastante textual, no se trata de una exageración. Toda protesta por el delito callejero era tomada por un gran aparato de propaganda como fascismo. El kirchnerismo fue la primera banda política en tener su propia agrupación de delincuentes en las cárceles, llamada “Vatayón militante”, así, con V.

Esto último es también parte de una metodología gramsciana de destrucción de valores (incluída la V). No porque detrás haya una utopía socialista, sino el interés de una banda por tener todo el poder y el control y quedarse con los recursos. Nada tiene que valer, porque el individuo debe ser sometido a unas condiciones en las que no pueda confiar en su propio juicio. Eso lo hace fácil de manejar.

Otra parte de la metodología es la creación y utilización del mito, al que llaman “relato”. Los “derechos humanos” son el mito que incorporaron, bajo el cual justificaron todo tipo de defraudaciones al fisco. Convirtieron a las Madres de Plaza de Mayo en una empresa constructora de viviendas y produjeron un desfalco de unos trescientos millones de dólares. Bonafini al identificarse con los derechos humanos era intocable. Podía emitir cheques sin fondos que los jueces no se atrevían a tocarla. Esa era justo el tipo de impunidad que Kirchner vio que podría lograr subiéndose a la ola izquierdista. Para kirchner la “ideología” era una cobertura para robar, como lo es para todos sus seguidores hoy, ninguno de los cuales hace referencia a ideas, sino sólo conflictos donde ellos son buenos y quienes se oponen son malos. Es decir, populismo.

Los medios fueron controlados mediante la pauta oficial, las amenazas y el uso de los organismos de inteligencia. Durante los primeros años del kirchnerismo la política fue prohibida de hecho en la televisión abierta y ya promediando su mandato, también en la televisión por cable. La información se despolitizó como en los años de gobiernos militares. Solo después de romperse la relación de la banda de kirchner con el grupo Clarín, volvió de a poco el periodismo. A partir de ahí, Kirchner comenzó un plan de conquista cultural comprando personajes de la farándula para que lo defendieran de cualquier cosa, e incorporando jóvenes sin escrúpulos con grandes sueldos para realizar trabajos partidarios con dinero del estado. Armó su propio sistema de propaganda para reemplazar a Clarín. Su propósito fundamental era denostar a los adversarios para mantener al país en conflicto permanente. A esto le llamó la propaganda “revalorizar a la política”, aunque era precisamente lo contrario a lo que habían hecho. Retiraron la política y después la reemplazaron por grupos de fanáticos que carecen de opinión propia o de ideas. Nada más toman partido en el momento que se los indica el poder, contra aquellos que les indica el poder.

Volviendo a la seguridad, el índice de delitos creció exponencialmente. La policía fue instruida para no recibir denuncias de modo de manejar las estadísticas. La sociedad así se mantenía atemorizada y anulada políticamente y entretenida con los conflictos preparados por el estado. Todo fue reemplazado por peleas de la farándula decadente.

El populismo requiere utilizar el resentimiento. El estado es el que pone fin a las “injusticias sociales”. Entonces mientras a un argentino se lo puede matar en la calle en nombre de la lucha de clases, nadie puede decirle a otro cosas discriminatorias como hacer alusión a su peso, estatura etc. El gobierno administrativamente sanciona toda discriminación de modo estricto, reitero, mientras avala los crímenes. La razón es que la discriminación alude a actividades antipáticas de la población pacífica, donde el gobierno puede meterse para dividir. No produce ningún efecto en el comportamiento antipático, no es lo que le interesa. Sino mantener disciplinada a la sociedad y acostumbrada a que el gobierno produce las consignas y la sociedad obedece.

La introducción ha sido larga para llegar a la cuestión del título, la llamada “violencia de género”. La ley en cuestión fue sancionada en el año 2009, pero en plena campaña electoral de este año 2015, el estado ha iniciado una campaña para que en todos los programas de televisión y radio se convierta en el monotema la llamada “violencia de género” y el “femicidio”. Cualquiera diría siguiendo los medios argentinos que de repente los hombres se han puesto a matar mujeres y de modo no menos repentino, al gobierno le empiezan a importar los crímenes. Pero en realidad es todo lo contrario.

Primera aclaración. El Código Penal argentino sanciona al homicidio, como no podía ser de otra manera. El homicidio no hace ninguna referencia de género, es sólo el idioma castellano. Se sancionan del mismo modo las muertes de varones y mujeres. En segundo lugar, uno de los agravantes del homicidio es la “alevosía”, es decir la debilidad de la víctima aprovechada por el victimario. No importa si uno u otro son varón y mujer. La alevosía incluye cualquier evidente desproporción. Con ello abarca también el delito contra los niños.

La introducción del género es una forma de colectivizar la responsabilidad e introducir la idea de que lo importante no es matar sino a quién matar. A su vez expandir la noción de que los hombres matan a las mujeres y no que determinados individuos son responsables de actos criminales y como tales deben ser castigados. La responsabilidad se diluye en un conflicto político general. Así como cuando matan a alguien en la calle para robarle el reloj, se trata del ejercicio de la lucha de clases, cuando un hombre mata a una mujer, se trata del conflicto entre el género masculino, contra el femenino. Se expande una culpa general, quién no se adose a la campaña también entra en el sector de los sospechosos. Hay que obedecer, seguir las consignas oficiales y la de cualquiera que grite desigualdad, de otro modo uno se coloca en el lugar de “feminicida”.

A su vez cuando empieza a importar si el muerto es varón (instrumento de la lucha de clases) o mujer (víctima de todo el genero masculino), el homicidio en si pierde valor. Se lo reemplaza por una lucha igual de inventada que la de clases para promover el resentimiento y el poder del estado. Se reemplaza el problema de justicia que hay detrás del crimen, por el problema de “igualdad de género” que hay en el programa político oficial. La destrucción de la justicia como valor que da más protagonista al tirano como protector.

La ley en si mezcla los delitos cometidos contra la mujer, que ya tenían recepción legal, con la igualación forzada, la creación de organismos culpabilizadores que no tienen nada que ver con la lucha contra el crimen y el otorgamiento de poder a la mujer que es estigmatizada como débil, con independencia del pensamiento retrógrado, para que pueda utilizar al estado cada vez que se vea contradicha o enfrentada sin violencia por un hombre. Los hombres matan a las mujeres porque no hay igualdad, ese es el mensaje.

La sociedad rendida no enfrenta nada de esto. El plan es muy eficiente en la destrucción de valores y el sembrar divisiones creando pequeños déspotas que le van indicando a los demás cómo deben pensar o comportarse. A su vez la educación enseña a alejarse de las abstracciones y los significados de las cosas. Parece dar lo mismo luchar contra la violencia familiar de cualquier tipo, que convertirlo en una lucha de géneros. Todo tiene que dar lo mismo para que la oveja en lugar de sentirse esclava se sienta protegida. Quién lo denuncie contará con poco respaldo. Mi problema es que no lo puedo evitar.

Todo delito debe ser combatido sin convertirlo en instrumento de objetivos políticos. Esa no es una lucha colectivista, es la protección del individuo, contra la agresión de otro individuo o de un grupo.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.