Meditaciones sobre el control de armas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/3/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/03/02/meditaciones-sobre-el-control-de-armas/

 

Una vez más surge el debate sobre el control de armas a raíz de las tragedias ocurridas principalmente en Estados Unidos en colegios, debido a que allí se impone la zona donde no se permiten armas (gun-free zones), por lo que los asesinos seriales se sienten seguros para cometer sus horrendos crímenes, en lugar de permitir que los adultos encargados de custodiar los colegios estén debidamente entrenados en el uso de armas, además de la policía regular del área. Como se ha dicho, es absurdo custodiar las joyerías y no los colegios como si lo primero fuera más importante que lo segundo. Proponer insistentemente, como en el primer momento lo hizo Donald Trump, a raíz de la masacre en el colegio Marjory Stoneman Douglas High School de Parkland, en Florida, que se armen y entrenen los maestros en los colegios me parece otra de sus conocidas irresponsabilidades y exabruptos.

Desde luego que un tiroteo en un colegio resulta un espanto, pero muchísimo peor es la masacre sin posibilidad de defensa a la espera del arribo de la policía cuando ya se ha consumado el crimen serial.

Todo comienza con la idea que se tenga de lo que es un gobierno. La visión original en Estados Unidos plasmada en la Constitución defiende la portación y la tenencia de armas, porque considera sumamente peligroso desarmarse frente a los aparatos estatales, de igual manera que sería riesgoso entregar todas las armas a guardianes contratados para defender viviendas. Incluso, como apunta Leonard Read: “Hay razones para lamentar que nosotros en Norteamérica hayamos adoptado la palabra gobierno. Hemos recurrido a una palabra antigua con todas las connotaciones que tiene ‘el gobernar’, ‘el mandar’ en su sentido amplio. El gobierno con la intención de dirigir, controlar y guiar no es lo que realmente pretendimos. No pretendimos que nuestra agencia de defensa común nos debiera gobernar, del mismo modo que no se pretende que el guardián de una fábrica actúe como el gerente general de la empresa” (Government: An Ideal Concept).

No es de extrañar que las primeras medidas de los Stalin, Mao, Hitler, Castro y los Kim Jong-un del planeta sea el desarme de la población civil al efecto de someterlos con mayor facilidad. En esta línea argumental es de interés recordar que Suiza tiene una mayor proporción sobre los habitantes de personas armadas que en Estados Unidos, razón por la cual capitostes del ejército alemán han reconocido que no se atrevieron a invadir aquel país en ninguna de las dos guerras. Como es sabido, Suiza además no cuenta con ejército regular, son los ciudadanos que se constituyen en milicia armada y, dicho sea de paso, conviene destacar que ese país cuenta con el índice más bajo de criminalidad del mundo.

Es de suma importancia recordar también que, según ponen de manifiesto los documentos originales, en Estados Unidos, luego de los sucesos revolucionarios, se enfatizó y reiteró el peligro de mantener ejércitos regulares (standing army), lo cual fue luego modificado. Y es del caso traer a colación que, en el discurso de despedida de la presidencia de Estados Unidos, el general Dwight Eisenhower destacó: “El mayor peligro para las libertades del pueblo es el complejo militar-industrial”.

A diferencia del norte, donde los colonos escapaban de la intolerancia y los atropellos a sus derechos, en Sudamérica prevalecieron los conquistadores y las “guerras santas” que, salvo personalidades como Fray Bartolomé de las Casas, eran posiciones generalizadas en el contexto de denominaciones al aparato de la fuerza como “excelentísimos”, “reverendísimos” y dislates serviles de esa naturaleza desconocidos en Estados Unidos. Es por eso que en general la mentalidad latina estima que la portación y la tenencia de armas hará que todos estén a los tiros.

Por supuesto que igual que con el registro automotor o el consumo de alcohol, la entrega de armas se hace con los permisos correspondientes. Pero siempre hay que tener presente que cuando se exhibe un póster con la ingenua idea de prohibir el uso de armas con la cara de un monstruo y se consigna al pie una leyenda que dice: “¿Usted le entregaría un arma a este sujeto?”, debe tenerse siempre presente que precisamente ese sujeto es el que tendrá el arma al efecto de victimizar a personas desarmadas e inocentes.

Cesare Beccaria, el pionero en el derecho penal, en su célebre texto On Crimes and Punishments, escribe que prohibir la portación de armas “sería lo mismo que prohibir el uso del fuego porque quema o del agua porque ahoga […] Las leyes que prohíben el uso de armas son de la misma naturaleza: desarman a quienes no están inclinados a cometer crímenes […] Leyes de ese tipo hacen las cosas mas difíciles para los asaltados y más fáciles para los asaltantes, sirven para estimular el homicidio en lugar de prevenirlo, ya que un hombre desarmado puede ser asaltado con más seguridad por el asaltante”.

Es de gran importancia tener presente algunos personajes que a través de la historia fundamentaron extensamente sobre el derecho irrenunciable a la tenencia y la portación de armas de los ciudadanos: Cicerón, Ulpiano, Hugo Grotius, Algernon Sidney, Locke, Montesquieu, Edward Coke, Blakstone, George Washington, George Mason, Adams, Patrik Henry, Thomas Jefferson, Jellinek, Thomas Paine y tantos otros en la actualidad.

Obras como That Every Man be Armed: The Evolution of a Constitutional Right, de S. P. Halbrook y Gun Control, de R. J. Kukla, muestran estadísticas y cuadros donde se pone de manifiesto cómo los asaltos se incrementan en proporción a las prohibiciones en diversos estados y condados, puesto que los blancos resultan más atractivos para los delincuentes allí donde tiene lugar la prohibición.

En El federalista, nº 46, James Madison, el autor principal de la Segunda Enmienda, escribe con orgullo: “Los americanos [norteamericanos] tienen el derecho y la ventaja de estar armados […] a diferencia de los ciudadanos de otros países cuyos gobiernos tienen temor que la gente esté armada”.

Desde luego que, en aquellos lugares donde se permite la tenencia y la portación de armas, quienes amenacen o insinúen la utilización indebida son castigados severamente.

En otro orden de cosas, se han mostrado las abultadas estadísticas sobre la mortandad vinculadas a los automotores, sea por accidentes en la vía pública o en reiterados asaltos, por lo que, salvando las distancias, sería desatinado prohibir los autos, del mismo modo que fue desatinado prohibir el alcohol con los resultados nefastos por todos conocidos.

Por su parte, en The Writings of Thomas Paine, este autor escribe: “Indudablemente sería bueno que nadie usara armas contra su vecino y que todo conflicto se arreglara a través de negociaciones […] pero en nuestro mundo el desarme haría que la gente de bien fuera constantemente sobrepasada por los asaltantes si se les niega la posibilidad de usar los medios para la defensa propia”.

Entonces, en un campo más amplio, la tenencia y la portación de armas cumple con un doble propósito siempre unido a la defensa propia contra asaltantes, ya sean delincuentes comunes o delincuentes legales, contra los cuales en una situación extrema la población debe ejercer el derecho a la resistencia frente a gobiernos que recurren a la fuerza para avasallar derechos en lugar de protegerlos (tal como sucede hoy, por ejemplo, en el caso venezolano, que, dado el golpe de Estado de Nicolás Maduro a las instituciones, se hace imperioso el contragolpe).

El tres veces candidato a la presidencia de Estados Unidos y congresista, Ron Paul, declara, en el The Boston Globe: “Muchos políticos, jueces y burócratas consideran que tienen el poder de desconocer nuestro derecho a poseer armas, a pesar de que la Segunda Enmienda explícitamente garantiza el derecho de la gente. Como los padres fundadores, creo que el derecho a tener armas es consustancial a la sociedad libre”.

El juez Andrew Napolitano, en Constitutional Chaos, sostiene con énfasis: “El cumplimiento de la Segunda Enmienda no solo permite la defensa propia contra asaltantes comunes, sino que evita genocidios que en todas partes y siempre se han llevado a cabo contra poblaciones desarmadas”. Y en otro libro de este mismo juez que lleva el título de una frase de Voltaire, It is Dangerous to be Right when the Government is Wrong, subraya: “Sin el derecho a la defensa propia, los individuos no podrían protegerse de los ladrones vulgares ni de los gobiernos tiránicos, [… esto último] porque como ha dicho Mao el poder político sale del cañón de un arma”.

Por último respecto a citas relevantes, David Boaz, en The Libertarian Mind, consigna: “Los ciudadanos respetuosos de la ley tienen un derecho natural y constitucional a poseer y transportar armas, no solo para caza sino como defensa propia y en último término para defender su libertad frente a gobiernos autoritarios”.

Hay distraídos que mantienen que, a diferencia de Suiza y Estados Unidos, no puede permitirse la tenencia de armas en pueblos latinos, lo cual recuerda lo escrito por Friedrich Hayek respecto a la necesaria libertad para todos que sería inconveniente “antes de aprender a ser libres”, que Hayek ilustra: “Es lo mismo que los tilingos que sostienen que no puede permitirse que alguien ingrese a un natatorio antes que aprenda a nadar”.

En otros términos, como queda dicho, las personas pacíficas rechazan toda manifestación de violencia que estiman perversa, solo admiten el uso de la fuerza en defensa propia. Esas personas aceptan toda conducta que no lesione derechos de terceros, aunque no la compartan, pero frente a ataques y amenazas con armas no les queda otro recurso que defenderse. Es ingenuo, contraproducente y sumamente peligroso sostener que deben prohibirse las armas de fuego en manos privadas porque con ello se facilita la tarea de criminales. Hasta los santos más destacados de la historia justifican la defensa propia frente a hechos de violencia manifiesta.

Es sabido que si se pueden establecer medidas disuasivas, las personas pacíficas y de buena voluntad las emplearán, para eso instalan alarma, botón de pánico, cerradura, llamados preventivos a la policía y demás resguardos. De más está decir que resulta esencial que las normas vigentes defiendan en todas sus instancias a la víctima de los ataques del victimario, sea un criminal común o el desborde intolerable de aparatos estatales desbocados e imposibles de tolerar que arrasan con los derechos. Es por eso que en la Declaración de la Independencia estadounidense se lee: “Cuando cualquier forma de gobierno se torna destructiva de esos fines [la protección de derechos], es el derecho de la gente alterarlo o abolirlo e instituir un nuevo gobierno”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

UNA JUGOSA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Muchas y copiosas son las historias escritas pero hay una de características peculiares por su profundidad, por el amplio período que abarca y, al mismo tiempo, por su extensión relativamente reducida. Se trata una de las obras de Louis Rougier publicada en francés en 1969 y traducida al inglés con el título de The Genius of the West en 1971 con prólogo del premio Nobel Friedrich Hayek quien detalla los libros y ensayos publicados por el autor y sus esfuerzos por reunir a intelectuales del liberalismo para hacer frente al espíritu socialista que comenzó a prevalecer especialmente a partir de la Segunda Guerra Mundial. Ahora se encuentra disponible una cuidadosa traducción al castellano por Unión Editorial de Madrid titulada El genio de Occidente.

En lo personal, llegué tarde para tener el privilegio de estar nuevamente con él (mucho antes lo había conocido fugazmente cuando mi padre lo recibió en  Buenos Aires en el Centro de Estudios sobre la Libertad), pues siendo rector de ESEADE lo invité a pronunciar conferencias pero a vuelta de correo llegó una amable carta manuscrita con una muy prolija caligrafía de su mujer en la que me informaba de la reciente muerte de su marido ocurrida en el mismo mes de mi invitación, en octubre de 1982.

En esta nota periodística intentaré un recorrido por los pasajes más sobresalientes de este libro que consta de 17 capítulos en los que este doctorado en la Sorbonne y profesor en diversas universidades francesas, italianas y estadounidenses resume una muy jugosa visión sobre lo que estima son los tramos más relevantes de la civilización en la que vivimos.

Rougier abre su trabajo con el mito de Prometeo quien desafió la voluntad de Zeus al robar fuego de los cielos y entregarlo a los mortales. Esto dice Rougier pone de manifiesto el espíritu de la rebelión frente a los dioses “lo cual simboliza los miedos de la gente primitiva en la presencia de las fuerzas naturales que los domina y aterroriza”. El autor subraya que este mito ilustra la necesaria curiosidad y el amor por la aventura del pensamiento. Esto ilustra la insistencia en mejorar las cosas y no considerarlas inamovibles. Apunta que la contribución de los griegos a la civilización occidental es el haberle dado un sentido claro y preciso a la razón, en contraste con oriente que en general se asimilaban a los dictados de los reyes puesto que “la ciencia no se satisface con las evidencias de los sentidos que describen el como de las cosas sino que busca la evidencia intelectual que explica el porqué de las cosas”, le atribuyeron preeminencia al logos como sentido, como razón, como estudio, como investigación de las causas útimas .

De esta postura frente al conocimiento, el autor deriva la idea de la democracia griega que sostiene era “el gobierno de las leyes y no el gobierno de los hombres” en el contexto de la igualdad ante la ley por lo que en este sistema se reservaba la expresión polis para aludir a la ciudad gobernada por la ley en cuyo ámbito señala la importancia que la civilización griega le atribuía a la moneda con sólido respaldo en plata como era el dracma y sus inclinaciones al comercio libre facilitada por contar con dinero confiable.

En el siguiente capítulo se subraya el orden jurídico de la Roma republicana en cuanto a “la protección contra el poder arbitrario” basado en el concepto de derecho natural en línea con lo expresado por Cicerón en cuanto a que “la verdadera ley consiste en la recta razón en concordancia con la naturaleza que es de aplicación universal, inmutable y eterna”, lo cual fue posteriormente elaborado y ampliado por autores como Hugo Grotius, Algernon Sidney y John Locke.

El cuarto capítulo se destina a describir y condenar la esclavitud, una de las  manchas negras más nefastas de la historia del hombre. Rougier se pregunta porqué los griegos no trasladaron sus contribuciones a una revolución industrial y se responde que esto se debió a la horripilante y entorpecedora institución de la esclavitud por lo que “en muchas ciudades la actividad de los habitantes  era considerada incompatible con el ejercicio de las tareas manuales”. Incluso, como es bien sabido, Aristóteles avalaba la esclavitud y concluyó que “el esclavo es una herramienta viviente” (parlantes decían otros).

El autor subraya que esta fue una de las razones centrales de la decadencia romana puesto que “al ser incapaces de sustentarse recurrieron al estado para alimentos, cobijo y diversión de lo cual derivó el panem et circenses […] el número de parásitos que el Imperio debía financiar creció cada vez más, mientras la productividad de la clase media se hizo cada vez más reducida […] y para atender la consecuente crisis el Imperio se volcó a la planificación totalitaria y a las asociaciones compulsivas […] con lo que  se transformó en un derroche general y en todos trabajaban para el estado burocrático” lo cual terminó en el derrumbe romano y sus satélites.

Señala que al cristianismo de la época no solo no se le ocurrió proponer la abolición de la esclavitud sino que aconsejaban obedecer a los dueños (Corintios 1, 7:20-22) pero también es muy cierto que con el cristianismo comenzó un revolución de fondo en la buena dirección al rehabilitar el trabajo manual y, sobre todo, al enseñar que todo ser humano tiene la misma dignidad independientemente de su condición, nacionalidad y etnia como en Gálatas 3:28 (incluso mostrar como un Papa proviene de la condición de esclavo como Calixto). Esto a pesar de los abusos de emperadores cristianos como Constantino con todos sus atropellos y persecuciones a los no cristianos.

En medio de las pestes recurrentes, a fines de la Edad Media comenzaron a aparecer comerciantes debido a las libertades que se otorgaban en los recientemente creados burgos (de allí el burgués) ya sea por hazañas militares u otras condiciones apreciadas circunstancialmente por los señores feudales. En esa época se produjo la invención de los caracteres móviles de Guttenberg lo cual permitió una notable difusión del conocimiento junto al desarrollo de transacciones comerciales y las incipientes faenas bancarias.

En esta línea de progreso se fue desarrollando lo que se conoce como el Renacimiento por la expansión de la libertad lo cual permitió retomar el ímpetu antes del oscurantismo. Rougier subraya las notables contribuciones artísticas, culturales, científicas y comerciales de ese tiempo, todo ello a contracorriente de las intolerancias religiosos, la quema de libros y manuscritos. “Los gigantes del Renacimiento fueron Leonardo da Vinci, Francis Bacon, Galileo y Descartes […] todo debido a la preservación del obsequio principal de la naturaleza: la libertad”, nuevamente en un ámbito donde asomaba la amenaza de la Iglesia contra la ciencia, lo cual ejemplifica el autor con el juicio a Galileo alimentado por el  Papa Urbano VIII y sentenciado por el Santo Oficio (“lo obligaron a Galileo Galilei a arrodillarse y abdicar de la física” escribe Ortega). Rougier se refiere detenidamente a los aportes científicos y evolutivos de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton y luego a Pascal, Turgot y Condorcet y la consecuente idea de progreso como algo a lo que debía darse rienda suelta en un clima de respeto recíproco.

En el onceavo capítulo Louis Rougier se detiene a considerar los aportes notables de pensadores como Mercier de la Rivére y Adam Smith que dieron por tierra con las falacias de las doctrinas mercantilistas para mostrar las ventajas y los beneficios del librecambio, especialmente para los más necesitados y la célebre fórmula de laissez-faire de Gourany “que fue el arma para derribar los muros contra el comercio interior y con el exterior que separaban a las personas. Fue una apelación muy justificada a la providencia del orden natural” (dejar hacer a las actividades legítimas en oposición a los dictados caprichosos de los gobernantes).

Muestra como aquellos principios rectores en el contexto de marcos institucionales de respeto a la propiedad de cada uno condujo a la extraordinaria Revolución Industrial que permitió elevar salarios e ingresos en términos reales de una población que antes estaba mayormente destinada a las hambrunas y las muertes prematuras. En esos ámbitos, los incentivos para nuevos emprendimientos y nuevos descubrimientos se multiplicaron a pasos agigantados a diferencia del sistema anterior que solo privilegiaba a los nobles y sus cortesanos. Apunta Rougier la vertiginosa revolución no solo en las fábricas sino en la agricultura y en la medicina, en la tecnología en general, lo cual abrió paso a las humanidades y a la exploración más sistemática y difundida de las manifestaciones artísticas.

Los derechos divinos de los reyes y demás maniobras para ocultar el deseo irrefrenable de poder fueron desapareciendo lo cual el autor pone en evidencia en las primeras líneas con que abre el capítulo treceavo: “La revolución científica del Renacimiento, la revolución ética de la Reforma, el descubrimiento de las leyes de mercado y la Revolución Industrial del siglo dieciocho se combinó para generar una revolución política que completó la transformación de las sociedades occidentales […] El placer de los reyes fue sustituido por Constituciones, la organización jerárquica basada en los privilegios fue reemplazada por la igualdad ante la ley, las ocupaciones cerradas a las masas fue sustituida por el libre acceso a todos, la soberanía del príncipe fue reemplazada por la soberanía de la gente y la omnipotencia del estado fue eliminada y garantizados los derechos de todas las personas”.

Las ideas totalitarias de Hobbes y Rosseau fueron en gran medida desalojadas y ocupadas por estrictos límites al poder. La Revolución Inglesa de 1688, el comienzo de la Francesa antes de la contrarrevolución del terror (conviene puntualizar, ya que la idea de igualdad ha sido desfigurada, que en la Declaración de Derechos de 1789 la igualdad aludida es ante la ley y no mediante ella, tal como se aclara de entrada en su artículo primero) y la Revolución Norteamericana fueron tres puntales dirigidos en sus inicios hacia el antes mencionado respeto recíproco, en este último caso con la expresa mención del derecho a la resistencia a la opresión en su Declaración de la Independencia.

En este muy telegráfico pantallazo -más bien diría a vuelo de pájaro, al efecto de interesar al lector- respecto a un  libro de gran calado, destaco las advertencias de Rougier que denomina “los riesgos del progreso” que tal como subrayó Tocqueville en su momento que “los adelantos morales y materiales que se dan por sentados provocan un quiebre fatal” puesto que debe tenerse en debida cuenta lo tan reiterado por los Padres Fundadores en Estados Unidos: “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

El autor de la obra que venimos comentando la culmina con reflexiones sobre la necesidad de refutar los peligrosos enredos del marxismo y sobre todo los del mal llamado “Estado Benefactor” (lo cual es una contradicción en los términos ya que la beneficencia no puede llevarse a cabo por la fuerza) que penetra con más eficacia sobre las mentes desprevenidas. En el extremo los Stalin, Hitler, Mao, Pol Pot, Kim Jong-un y Castro  y demás tiranos han estrangulado, triturado y aniquilado las autonomías individuales de millones de seres indefensos.

Las Constituciones modernas en su mayoría seguían los lineamientos iniciados por la Carta Magna de 1215, es decir, el establecimiento de vallas más o menos infranqueables al abuso del poder, hasta que en pleno siglo veinte comenzaron a promulgarse las anticonstituciones, a saber, escritos en los que se le otorgaba un cheque en blanco a los gobiernos para aniquilar los derechos de los gobernados en lugar  de protegerlos. Comenzó así la era de los pseudoderechos.

Rougier finaliza este notable trabajo consignando que “la civilización no está circunscripta a ningún lugar geográfico” sino que se debe a valores que surgen de mentes que adhieren a esos principios que requiere que permanentemente se contrarresten los avances socialistas que bajo muy diversos rótulos han penetrado en las entrañas de la sociedad libre donde, entre otros, en la batalla por las ideas, los escritores juegan un rol decisivo. Su conclusión es que “en cualquier lugar en donde se respeten los derechos del hombre, donde exista la completa apertura a la investigación científica y la libertad de pensamiento y de prensa, allí está Occidente” (diría Jorge García Venturini: “es el espíritu de Occidente” y la tradición opuesta la describe Solzhenitsin al sostener que  “un gobierno autoritario no quiere escritores, solo quiere amanuenses”).

En todo caso, como en toda clase, conferencia o trabajo escrito Rougier estampa allí sus valores, tal como reza la Biblia “No elogies a nadie antes de oírlo razonar, porque allí es donde se prueban los hombres” (Eclesiástico, 27: 7).

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

 

Qué se espera después de la cumbre entre Corea del Norte y EE.UU.

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 5/7/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2150410-que-se-espera-despues-de-la-cumbre-entre-corea-del-norte-y-eeuu

 

La República Popular Democrática de Corea, a la que usualmente denominamos Corea del Norte, se autodefine todavía como “estado socialista autosuficiente”. El resto del mundo la consideraba una nación pequeña, de apenas 24 millones de habitantes, con una extraña vocación de aislamiento, efectivamente separada de la comunidad internacional, quizás con la excepción importante de China, su socio comercial más activo, país con el que además comparte una larga frontera.

Está gobernada por un patológico régimen dinástico y autoritario a la vez, que hace del “culto a la personalidad” su evangelio y de sus líderes la columna vertebral de su pesada liturgia política.

Por décadas, los Estados Unidos y Corea del Norte mantuvieron un peligroso estado de desencuentro, en función del cual intercambiaron reiteradamente asperezas verbales y amenazas recíprocas. Por ello, en materia de paz y seguridad internacional, Corea del Norte ha estado en las últimas décadas siempre incluida entre las cuestiones abiertas de mayor peligrosidad.

Pero de pronto la agresividad del régimen que preside el joven Kim Jong-un se ha transformado -inesperadamente- en cortesía. El país ermitaño comenzó a buscar afanosamente una reunión entre su líder y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Y lo logró. Presumiblemente, porque se trata de un país de conducta preocupante, que ha demostrado poseer no sólo misiles intercontinentales, sino también armas atómicas. Por esa razón precisa los EE.UU. han mantenido hasta ahora contingentes militares importantes en el territorio de Corea del Sur, a la manera de presencia disuasiva.

Finalmente, no sin vacilaciones, la reunión de los dos jefes de Estado tuvo lugar en Singapur. Fue la primera vez que los líderes de ambos países se sentaban a conversar, cara a cara.

Si bien la “Cumbre” no ha generado demasiadas consecuencias inmediatas, lo cierto es que las puertas que estaban cerradas se han abierto, lo que es trascendente. Sin diálogo, el espacio para la diplomacia se minimiza. Sin embargo, lo importante en materia de resultados tiene todavía que ocurrir. La “Cumbre” fue solo un indispensable primer paso. Ahora ambos países deberán confirmar, con actos, la progresiva distensión de la relación.

No es nada fácil confiar en Corea del Norte. Tres presidentes norteamericanos negociaron acuerdos con Corea del Norte en virtud de los cuales el país asiático convino en detener su programa atómico. Esos tres acuerdos no se cumplieron, lo que naturalmente provoca aprensión respecto del futuro efectivo del convenio recién suscripto.

En pocas palabras, el acuerdo de Singapur es sólo la obertura de un proceso que recién comienza. Es el primer movimiento de una sinfonía cuyas melodías todavía deben crearse, paso a paso. En conjunto. Esto requerirá compromiso, buena fe, coherencia y disciplina. Pero también buena comunicación, la que no podía edificarse sin el primer paso que acaba de darse.

Siempre se dice que las “Cumbres” combinan simbolismo con sustancia. El simbolismo ya ha sido proyectado. La sustancia -en cambio- aún está por verse. Para los Estados Unidos ella se tiene que ver con la “desnuclearización” efectiva de la península coreana. Para Corea del Norte, en cambio, lo sustantivo es el retiro de los contingentes militares norteamericanos de su vecindario inmediato.

Donald Trump viajó presuroso a través del mundo para concretar la reunión que presuntamente marcará el comienzo de la distensión de las relaciones entre los dos países involucrados. A estar a sus declaraciones, formuladas a la salida de la reciente reunión, la química personal entre ambos mandatarios resultó positiva. Pese a las notorias diferencias que existen entre las particulares personalidades de ambos interlocutores.

Cabe esperar que de ahora en más cesen las inquietantes amenazas, burlas e insultos que caracterizaron la difícil relación entre ambas naciones en los últimos años. Además, que la relación bilateral se consolide y que, paso a paso, se transforme en formas específicas de cooperación.

De alguna manera, lo sucedido tiene un cierto paralelo con el viaje de Richard Nixon a China, en 1972, que fuera el comienzo de un proceso de fortalecimiento de la confianza que luego derivó en la normalización de las relaciones diplomáticas.

Pero alcanzar el objetivo de la desnuclearización de la península coreana es ciertamente bastante más complejo que establecer y mantener relaciones diplomáticas con disposición a cooperar. Porque supone la buena fe en el proceder de las partes, incluyendo en la imprescindible verificación del cumplimiento de los compromisos que, respectivamente, sean asumidos.

En síntesis, se ha abierto una nueva etapa en una relación bilateral que generara angustia y desconfianza y que ahora está comenzando a proyectar la esperanza de poder conformar una relación normal que contribuya a que sus dos actores dejen atrás los desencuentros acumulados. No es poco. Pero está muy lejos de ser imposible.

Los EE.UU. están manejando la relación con Corea del Norte con gran diligencia. Cancelando una reunión previamente acordada con la India, el Secretario de Estado Mike Pompeo decidió viajar, sin pérdida de tiempo, a Pyongyang para continuar las conversaciones. La decisión, en sí misma, es una muestra de compromiso con la necesidad de resolver la desnuclearización de la península coreana. Además, los EEUU decidieron suspender los ejercicios militares en la región, previstos para el mes que viene.

Con Corea del Norte pasar del dicho al hecho es indispensable. Para ambas partes. Como bien dice mi amiga Madeleine Albright en su último libro (“Fascismo”), “Corea del Norte es un Estado Islámico secular; su existencia genera evidencia adicional acerca de las tragedias que pueden resultar cuando el poder se concentra en manos de muy pocos por demasiado tiempo”. Es efectivamente así.

De lo contrario -como alerta Albright- las provocaciones o la impaciencia de alguno, sumadas a la posibilidad de accidentes o errores de interpretación pueden derivar en violencia, poniendo en gravísimo peligro especialmente a los propios coreanos que viven a ambos lados del paralelo 38º que los separa.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

MIS ESTIMADOS MARCIANOS LIBERTARIOS, CUANDO DESCIENDAN EN LA TIERRA, UBÍQUENSE.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/5/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/05/mis-estimados-marcianos-libertarios.html

 

Lamento enormemente disentir con mi admirado Loris Zanatta, pero mi antipático papel como defensor de Trump como mal menor me pone en esa posición.

Dice Zanatta el 15 de mayo de 2018: “Trump quiere demoler el orden internacional construido por su propio país después de la segunda guerra mundial. Lo que los teóricos de las relaciones internacionales siempre han llamado “el orden liberal”, a él le da asco. este “orden” se basa en tres pilares: la democracia política y las libertades civiles, que para Trump son opcionales; la libertad económica, que considera nefasta y a la que opone el principio del America first y el multilateralismo, la densa red de instituciones internacionales que fomentan la cooperación y tratan de disuadir el conflicto: es una palabra ausente en su vocabulario. Desde el comercio transpacífico hasta los acuerdos climáticos, desde la relación con Europa hasta la gobernanza global, su consigna es: me tiene sin cuidado; somos los más poderosos, hago lo que le conviene a mi pueblo”.

Ahora bien, ¿por qué ese “orden internacional” es una garantía del liberalismo clásico y las libertades individuales que siempre ha defendido Zanatta? La Declaración de los Derechos Humanos de 1948, ok; pero por lo demás, la ONU ha tenido una agenda muy cuestionable para cualquier libertario o liberal clásico que se precie de tal. Han atacado al libre comercio con sus alianzas con el Banco Mundial, que, junto con el FMI, sólo han servido para promover el intervencionismo, prestando o regalando papel pintado a los gobiernos para que hagan lo que quieran. A través de sus organismos de salud ha difundido una agenda antinatalista en todo el planeta, al mismo tiempo que con lo primero restringía el libre mercado, fórmula explosiva para crear más pobreza y miseria. Ha corroborado las aduanas y proteccionismos entre las Naciones. Ha nacido con la Unión Soviética y China a la cabeza de sus decisiones, un chiste de mal gusto a todo amante de la verdadera libertad. Ha promovido todo tipo de neo-marxismos diversos a través de la UNESCO. Ha sido totalmente ineficaz para luchar contra todo tipo de dictadorzuelos, o al revés, los ha corroborado. Ha promovido a nivel mundial el welfare state, un fracaso total a nivel moral y económico. Etc. Ha promovido todo tipo de políticas estatistas para supuestamente defender la ecología.

¿Y ahora Trump es el malo por oponerse a todo ello?

Segundo, ¿de dónde sacó Zanatta que para Trump la democracia política y las libertades civiles son opcionales? Opcionales son para las agendas totalitarias del lobby LGTB, que quiere encerrar, literalmente, a cuantos no piensan como ellos, bajo supuestos delitos de hate sppech, discriminación, homofobia, etc. Así vemos a monjitas presas por no repartir preservativos en sus iniciativas de salud, a profesores universitarios echados por no hablar los pronombres neutros, a padres presos en Alemania por querer educar a sus hijos en su verdadera fe, a vendedores de pasteles presos por decidir ejercer su libertad de comercio y no vender sus pasteles a quienes no quieran, a Jordan Peterson luchando solo, en Canadá, por su libertad de expresión. Trump está poniendo un freno a todo ello, precisamente por defender las libertades civiles a las cuales se opone toda la agenda neo-marxista del partido demócrata.

¿Y Trump es entonces el malo de la película?

¿Y el proteccionismo? Sí, claro, allí Trump está equivocado. ¿Pero es el primero? ¿Quién NO es proteccionista, excepto los que estudiamos a Mises y Hayek? ¿Quién no era proteccionista? ¿Obama? ¿Quién no iba a ser proteccionista? ¿Hilary?

¿Y la política fronteriza? ¿Quién NO piensa que debe haber aduanas, visas y pasaportes? Los libertarios. ¿Y eran libertarios los demócratas que AHORA claman al cielo? ¿Quién eliminó las fronteras y sus controles? ¿Obama? ¿Quién NO deportó gente según las leyes federales aprobadas por el Congreso sin ningún escándalo de los AHORA “aperturistas” mass media? ¿Obama? ¿Quién iba a eliminar las visas y los pasaportes? ¿Hilary? Y por favor no me digan que es una cuestión de grado. O la ley se cumple, o no. Por favor no tengamos doble discurso. Si hay inmigración ilegal, siempre habrá deportados. ¿Y con quiénes NO iba a haber inmigración ilegal? ¿Con los demócratas?

Realmente pregunto a los libertarios y liberales clásicos que ahora son denunciadores seriales de Trump, ¿y qué esperaban con Hilary?

¿No saben ubicarse en el mundo real, en la siempre opción entre el mal menor o mayor?

 

¿No “les gusta” Trump? A mí tampoco. Es un maleducado y un grosero. Pero dedíquense entonces a lanzar sus diatribas contra la corrección política, la timidez y la falta de sinceridad y liderazgo de todo el Partido Republicano. Porque millones de electores norteamericanos se hartaron de estupideces. Y estupidez NO es mandar a la miércoles el tratado con Irán, donde Irán estaba mintiendo de vuelta. Estupidez NO fue decirle al loco de Kim Jong Un que si se seguía haciendo el loco, habría otro loco en serio del otro lado. Estupidez NO fue defender a Israel de sus bestiales vecinos ni reconocer su auténtica capital. Estupidez NO fue dejar de defender y financiar a Planed Parenthood y oponerse al aborto y a la industria de vender partes de embriones al mejor postor. Estupidez NO fue bajar los impuestos. Estupidez NO fue mandar al cuerno a acuerdos ecológicos estatistas que NO solucionan el problema. Por ende lamento mucho, estirados libertarios, que Obama sea un total caballero –lo es- al frente de una agenda totalmente socialdemócrata en lo económica y autoritaria en lo cultural. Lamento mucho que Hilary sea una dama con un maravilloso inglés bostoniano que iba a seguir el legado de su antecesor. Y lamento mucho que para frenarlos, millones de sencillos y sabios norteamericanos hayan elegido a un maleducado. Es lo que hay, gente. Del otro lado tienen a Cuba, a Corea del Norte, a los totalitarios chinos, al nuevo zar de Rusia, a la Europa vieja, moribunda y suicida, y la dictadura de lo políticamente correcto en Canadá. Váyanse allí. ¿Y saben qué, además? EEUU tampoco es ahora la tierra de la libertad. Les propongo vivir en Marte, como yo, pero al menos ubíquense en la guerra cada vez que desciendan en La Tierra.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

La península coreana se acerca finalmente a la paz

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 26/4/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2129157-la-peninsula-coreana-se-acerca-finalmente-a-la-paz

 

Mañana viernes se reunirán los presidentes de Corea del Norte y Corea del Sur en procura de consolidar la paz entre ambas naciones. Una sensación de moderada esperanza se ha apoderado de muchos. Y no sin buenas razones. Ocurre que la guerra entre las dos Coreas que estallara el 25 de junio de 1955 entre el norte -entonces en manos del comunismo- y el sur -apoyado sustancialmente por los EE.UU.- se interrumpió sin vencedores definitivos e insólitamente nunca pudo cerrarse mediante un tratado de paz explícito.

Antes, la península había sido dividida y ocupada por los EEUU y la Unión Soviética, en 1945, tomando como frontera divisoria al paralelo 38º. La guerra fría mantuvo esa división y las dos naciones coreanas crecieron con modelos socio-económicos diametralmente opuestos.

Más de medio siglo después, Corea del Sur, que abrazara el modelo capitalista, es uno de los países más modernos del mundo y, en cambio, Corea del Norte, con el colectivismo, es uno de los más primitivos del globo, con excepción del desproporcionado músculo militar priorizado por sus gobiernos dinásticos.

Pese a que hace apenas cuatro meses Corea del Norte y Corea del Sur parecían estar al borde de un nuevo conflicto armado, la situación ha cambiado. Ambas naciones se aprestan ahora a reunirse para discutir un tratado de paz, que la consolide. De los ladridos de ayer se ha, de pronto, pasado a analizar juntos el mañana común.

El trámite es acelerado, aunque todavía hay quienes sostienen que la reunión podría fracasar. Esto sería grave, porque el éxito del encuentro entre los presidentes de las dos Coreas parecería ser precondición de una segunda reunión “cumbre” que también está preparándose: aquella que pondría en una misma mesa al presidente Donald Trump, de los Estados Unidos, y a el presidente Kim Jong-un, de Corea del Norte, que en los últimos tiempos intercambiaran mensajes retóricos belicistas, que de pronto han desaparecido. La mencionada reunión entre los EEUU y Corea del Norte está prevista para el próximo mes de mayo o, quizás, para comienzos del mes de junio.

El objetivo central de esas dos reuniones tiene que ver con cómo limitar y controlar el armamento nuclear y misilístico de Corea del Norte, al que se procurará poner algunos bretes. El presidente de Corea del Sur acaba de anunciar que, en su opinión, Corea del Norte está lista para acordar controles y límites.

Mientras la marcha continúa, la sensación es de que las dos Coreas han avanzado en dirección a la paz, aunque todavía debe definirse cuál será el camino crítico a transitar. Y es en esto último, precisamente, donde el esfuerzo se está concentrando. El clima político en la península coreana ha mejorado sensiblemente y flota un ambiente favorable a la formalización del acuerdo de paz. Los detractores de ese acuerdo han, de pronto, desaparecido de las pantallas de televisión y de las agencias de noticias.

Pese a todo, aún no está claro si Corea del Norte aceptará un programa de inspecciones que permita comprobar que los eventuales acuerdos se respetan y definir las conductas necesarias para ello.

El gran escollo a resolver tiene que ver con la presencia de los contingentes militares norteamericanos en Corea del Sur. Hablamos de unos 28.500 efectivos militares. No es imposible que un eventual retiro de esa fuerza sea escalonado, de modo de coincidir con las distintas fases que la “desnuclearización” de la península requiera. Tampoco que, de pronto, asuma un papel -diferente- el de una “fuerza de paz”.

Camino a las “Cumbres”, los funcionarios de la administración de Donald Trump señalan que Corea del Norte ha abandonado su exigencia de retiro inmediato de las fuerzas militares norteamericanas estacionadas en Corea del Sur.

Las negociaciones en curso han sido históricamente precedidas por esfuerzos similares que, cabe apuntar, terminaron fracasando. Me refiero a aquellos realizados en 1992, 1994 y 2005. Lo que alimenta alguna desconfianza, pero no ha detenido al proceso en marcha.

Cuando uno se pregunta por las razones que puedan estar impulsando a Corea del Norte en dirección a consolidar la paz, las respuestas son muy diversas. Primero, una posible búsqueda de legitimidad política por parte del joven líder norcoreano. Segundo, una eventual estrategia para seguir así ganando tiempo, mientras los intensos programas militares norcoreanos no se interrumpen. Tercero, escapar de las duras sanciones económicas impuestas a Corea del Norte que, en los últimos meses, China pareciera estar poniendo rigurosamente en efecto. Cuarto, el temor de que, como en Siria, el presidente Trump de pronto disponga llevar a cabo acciones militares quirúrgicas, influenciado ahora por el regreso de John Bolton a la administración federal norteamericana, un hombre considerado desde hace rato como un “halcón” respecto de la necesidad de poner límites lo más precisos posible al belicismo de Corea del Norte. Y, quinto, obtener asistencia externa para el financiamiento del crecimiento económico que Corea del Norte requiere.

El presidente Trump ha anunciado que si las conversaciones no alcanzan los objetivos que persigue, las abandonará. Y, por el momento, mantiene en vigor la panoplia de sanciones económicas impuestas a Corea del Norte.

Los avances deberán enfrentar una realidad adicional: el orgullo nacionalista de muchos norcoreanos respecto de la capacidad militar de un país que, cuidado, es una potencia nuclear. Esta visión incluye previsiblemente a algunos de los jefes militares norcoreanos.

Lo cierto es que la retórica dura de Corea del Norte de pronto ha disminuido sensiblemente. Lo mismo ha ocurrido con los amenazadores desfiles militares norcoreanos, que este año aparentemente no se realizarán. Ambas “señales” coinciden en dirección a la distensión.

En Corea del Norte las habituales menciones públicas, siempre adversas respecto de los Estados Unidos, parecen haber desaparecido, siendo reemplazadas por mensajes que aluden a que existen “fuerzas políticas” que procuran “interferir” en el proceso diplomático en curso, que apunta a la paz. Ya no hay mensajes incendiarios, ni acusaciones exageradas expresadas rutinariamente por los medios oficiales norcoreanos.

Las recientes visitas de la hermana del líder norcoreano, Kim Yo Jong y del jefe de estado norcoreano, Kim Jong Nam, a Corea del Sur continúan siendo aludidas insistentemente, acompañadas por mensajes que suenan como aplausos o ponderaciones para el pariente vecino del sur. Lo mismo ocurre con las visitas de artistas y deportistas surcoreanos a Corea del Norte.

Todo esto luce como componiendo un mismo mensaje dirigido al pueblo de Corea del Norte que confirma que, en materia de política exterior, su país ha comenzado a virar hacia la distensión. No obstante, una cosa es la evolución de la retórica y otra, distinta, el cambio de rumbo en su política exterior que Corea del Norte está preanunciando a su propio pueblo.

En paralelo, las conversaciones entre altos funcionarios de los Estados Unidos y Corea del Norte han seguido adelante. El objetivo es contener el programa nuclear militar de Corea del Norte, una de las preocupaciones centrales norteamericanas en materia de paz y seguridad internacionales, recientemente facilitado por la “suspensión unilateral” de ese programa anunciada desde Pyongyang.

Sería la primera vez en la historia que los primeros mandatarios de ambas naciones se reúnen. Ellas han incluido ya una sorpresiva reunión preliminar entre Mike Pompeo, el director de la CIA, y el presidente norcoreano, que tuvo lugar el pasado fin de semana de Pascua.

En síntesis, el ambiente en el que -poniendo fin a 68 años de conflicto- se procura avanzar en dirección a consolidar la paz en la península coreana pareciera ser el adecuado. Al menos hasta ahora. Pero una cosa es el “clima” de las conversaciones y otra, muy diferente, son sus resultados y la “normalización” concreta de las relaciones de Corea del Norte con el resto del mundo. Esto es, poder dejar atrás la extraña categoría de “país ermitaño” en la que está ubicada la todavía aislada Corea del Norte.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

De duelo a dueto de emperadores

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 11/4/17 en: http://www.eltiempo.com/opinion/de-duelo-a-dueto-de-emperadores-76844

 

En medio de tantas noticias, el encuentro entre dos auténticos emperadores pasó casi desapercibido. Uno de ellos, con aires de Napoleón, era Donald Trump, y el otro, Xi Jinping, del antiguo imperio del dragón rojo y, quizás por eso, algo más sabio. Antes de la cumbre, lo único seguro era que “no habría golf”, ya que el chino le tiene aversión a ese deporte, que en su país se ha vinculado a casos de corrupción.

Se reunieron por primera vez el primer jueves y viernes de abril, en Mar-a-Lago, propiedad del norteamericano en Florida. Son las dos principales economías del mundo, pero, irónicamente, figura primero la ‘comunista’ de China, gracias a que fue liberando su mercado hasta conseguir un crecimiento del 14 por ciento anual, relegando a EE. UU., que fue ‘liberando’ su Estado hasta lograr reprimir más al mercado.

China intenta presentarse como nuevo líder de la globalización tras la retirada de EE. UU., papel que ya reivindicó en el foro de Davos. Insólitamente, ante las quejas del proteccionista Trump, Pekín da clases de economía de mercado al asegurar que “el mercado (libre) dicta cómo se estructuran los intereses de los países, ambos lados deben trabajar… para que el pastel sea cada vez más grande y no simplemente pretender que se distribuya de forma más justa”, dijo un portavoz del Ministerio de Exteriores chino.

Trump tuiteó que la reunión sería difícil, pero parece que triunfó la sabiduría milenaria, o el magnate se está moderando y desoyendo lo que había dicho en su campaña, en la que fue particularmente duro con China e insinuó un acercamiento a Taiwán. Sin embargo, ninguna medida se ha concretado. Por ahora, el mandatario estadounidense aceptó de forma explícita la política de “una sola China” y terminó diciendo que “hemos logrado un progreso tremendo en nuestra relación… y progresaremos más”. Por su parte, el Gobierno chino anunció que Trump visitará el país asiático este año.

China tiene un superávit que representa la mitad del déficit comercial de EE. UU., y Trump quiere que compre más productos estadounidenses y cree más empleos en su país. El comercio entre las dos naciones ha pasado de unos magros US$ 2.500 millones en 1979, cuando ambas establecieron relaciones diplomáticas, a los casi 520.000 millones, pero el saldo negativo en este apartado para EE. UU. asciende a 347.000 millones.

China parece dispuesta a importar más, lo que se corresponde con su nuevo enfoque económico de elevar el consumo nacional. Y también es creíble que aliente más inversiones en EE. UU. y que invite a empresas estadounidenses a participar en su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, la red de comunicaciones e infraestructuras que la conectarán por mar y tierra con Occidente. Y es que el ahorro bruto anual chino representa el 75 por ciento del ahorro de EE. UU. y la Unión Europea juntos, superando los US$ 5 billones en el 2016, monto que China no puede absorber sola.

En cuanto a seguridad internacional, Washington quiere persuadir a Pekín para que presione a su vecino Corea del Norte ‒pues China es su principal aliado, ya que representa el 90 por ciento del comercio norcoreano‒, y parece que el país asiático está dispuesto a hacerlo, pues ha mostrado como ejemplo su reciente embargo a las importaciones de carbón norcoreanas, una de las principales fuentes de ingresos del gobierno de Kim Jong-un. Por su parte, Pekín insiste en sus reclamaciones territoriales en el mar del Sur de China, muy criticadas por EE. UU., y en recibir garantías sobre las intenciones de Washington respecto a Taiwán.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.