Atrapan a un genocida, tras 26 años de incansable persecución

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 21/5/20 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/atrapan-genocida-26-anos-incansable-persecucion-nid2367902

 

Felicien Kabuga estaba en Francia, con una identidad falsificada que había asumido

Felicien Kabuga estaba en Francia, con una identidad falsificada que había asumido Crédito: https://www.eluniversal.com/

Cuando me tocó en suerte el honor de poder representar a mi país como uno de los quince miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas -en rigor, como uno de los diez miembros «no permanentes», sin derecho de veto- la terrible cuestión del genocidio perpetrado en 1994, en la lejana Ruanda, estaba ciertamente incluida en la delicada agenda del alto organismo de las Naciones Unidas, cuya responsabilidad primordial tiene que ver con la paz y seguridad internacionales.

Pero Francia, que en cambio sí tiene derecho de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, parecía entonces estar firmemente empeñada en conducir ella misma, casi in pectore, el manejo del enormemente delicado y espinoso tema. Y en alejar del tema a los demás miembros circunstanciales del referido Consejo de Seguridad, con los que, en su momento, no compartió prácticamente nada de la información sobre lo que sucedía en Ruanda, de la que presumiblemente disponía.

Cuando pocos lo esperaban, nada menos que veintiséis años más tarde, uno de los principales responsables del genocidio, el empresario de la etnia «hutu» Félicien Kabuga, que alguna vez fuera uno de los pocos comerciantes millonarios en Ruanda, acaba de ser sorpresivamente arrestado, acusado de haber sido uno de los principales responsables de las atrocidades sistemáticamente cometidas en 1994 en su país contra los habitantes de la etnia «tutsi», que, en conjunto, conformaron el genocidio.

La detención ocurrió después de que el mencionado Kabuga pudiera haberse escondido por espacio de dos décadas, evadiendo a quienes lo procuraban para que fuera juzgado por las graves responsabilidades personales que, se suponía, pesaban sobre sus hombros.

Muchos suponían que Kabuga estaba escondido en Kenya, con la «protección» de algunos prominentes miembros del mundo político local. No fue así, sin embargo.

Un dibujo muestra a muestra a Felicien Kabuga, uno de los últimos sospechosos clave en el genocidio de Ruanda en 1994, tal como apareció públicamente por primera vez en el Tribunal de Apelaciones de ParísUn dibujo muestra a muestra a Felicien Kabuga, uno de los últimos sospechosos clave en el genocidio de Ruanda en 1994, tal como apareció públicamente por primera vez en el Tribunal de Apelaciones de París Fuente: AFP - Crédito: BENOIT PEYRUCQ

Estaba en la propia Francia, con una identidad falsificada que había asumido. Una vez más, posiblemente con la presumible «protección» de algunos.

Dependerá ahora del propio Kabuga -y de la habilidad de los fiscales que intervengan en la causa- que aparezca la posibilidad de arrojar más luz sobre uno de los más sórdidos episodios de la toda historia de África: el horrendo genocidio perpetrado en Ruanda.

A machetazos, con armas absolutamente primitivas, que bien pudieron haber sido suministradas -se cree- por el propio Kabuga y sus colaboradores.

El largo brazo de la justicia logró finalmente detener a uno de los hombres hasta ahora más procurados con relación al genocidio cometido en Ruanda.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

DEBATE SOBRE ECOLOGÍA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Otras veces he escrito sobre este delicado e importante tema, en esta ocasión repito lo dicho puesto que ha vuelto a surgir el asunto con renovada fuerza. Nada es perfecto al alcance de los mortales, de lo que se trata es de minimizar problemas y facilitar la vida de la gente en todo lo que resulte posible.

La vertiente más popular que pretende encarar los problemas del medio ambiente aparece también como la forma mas contundente de estrangular las bases de la sociedad abierta. Paradójicamente, en este caso, para preservar la propiedad del planeta se destruye la propiedad a través de las figuras de la “subjetividad plural” y los “derechos difusos” que permiten demandar frente a cualquier uso considerado indebido de lo que pertenece a otro, alegando la defensa de “la humanidad”. Garret Hardin acuñó la expresión “ la tragedia de los comunes” para ilustrar el despilfarro y el uso desaprensivo de lo que es de todos que, en la práctica, no es de nadie, en contraste con los incentivos de cuidar y mantener lo que es propio cuando se asignan derechos de propiedad.

 

Con razón se considera el agua indispensable para la vida del ser humano. Somos agua en un setenta por ciento y el planeta está compuesto en sus dos terceras partes por agua aunque la mayor proporción sea salada y en otra se encuentre atrapada por los hielos. F. Segerfeld nos informa que la precipitación anual sobre tierra firme es de 133.500 kilómetros cúbicos, de la que se evaporan 72.000, lo cual deja un neto de 41.500 que significa nada menos que 19.000 litros por día por persona en el planeta. A pesar de esto, se mueren literalmente millones de personas por año debido a la falta de agua o por agua contaminada.

El autor explica que esto se debe a la politización de ese bien tan preciado, situación que no ocurre cuando la recolección, purificación y distribución se encuentra en manos privadas, que si quieren prosperar deben atender los requerimientos del público sin favores ni componendas con el poder gubernamental del momento. Ejemplifica con los casos de Ruanda, Haití y Camboya donde las precipitaciones son varias veces mayores que en Australia, pero en los primeros casos hay crisis de agua mientras que esto no ocurre en el segundo por las razones apuntadas. Por esto es que el premio Nobel en economía Vernon L. Smith escribe que “El agua se ha convertido en un bien cuya cantidad y calidad es demasiado importante como para dejarla en manos de las autoridades políticas” y, en el mismo sentido, Martin Wolf, editor asociado del Financial Times, apunta que “el agua es demasiado importante para que no esté sujeta al mercado”.

 

La conservación de especies animales es un caso paradigmático. Las ballenas se extinguen, lo cual no sucede con las vacas. Esto último no siempre fue así. En la época de la colonia se aniquilaban las vacas simplemente para usar un trozo de cuero o para comer algo de carne, situación que hizo que muchos mostraran su preocupación por la posible extinción de esos animales, hasta que apareció la revolución tecnológica del momento: primero la marca y luego el alambrado que permitieron asignar derechos de propiedad y así conservar y reproducir el ganado vacuno.

 

En África, se asignaron derechos de propiedad sobre la manada de elefantes en Zimbabwe, mientras que en Kenya es de propiedad común. En este último caso en solo once años la población de elefantes se redujo de 167.000 a 16.000, mientras que en el mismo período se elevó de 40 a 50.000 en Zimbabwe a pesar de contar con un territorio mucho más desventajoso que el de Kenya. En este caso se incentiva a que se ametrallen elefantes en busca de marfil ya que nadie está interesado en conservar y multiplicar la manada como sucede en el primer lugar.

 

Claro que la institución de la propiedad privada no significa que se conservarán todas las especies animales, por ejemplo, es poco probable que el hombre deje de consumir antibióticos para conservar bacterias ya que esto pondría en riesgo la supervivencia de la especie humana. Tampoco es probable que se deseen conservar las cucarachas. En la misma línea argumental, si bien es cierto que las emanaciones de monóxido de carbono deben ser castigadas puesto que significan la lesión de derechos de terceros, la polución cero es imposible puesto que requeriría que nos abstengamos de respirar ya que al exhalar estamos contaminando.

 

En estos momentos se debate acerca del “efecto invernadero” o calentamiento global debido al debilitamiento o perforación de la capa de ozono que envuelve al globo en la estratófera. Sin embargo, hay científicos como D.L. Hartmann y D. Doeling que sostienen en un trabajo publicado en el Journal of Geophisical Research que en muchas extensiones ha habido un engrosamiento de la capa de ozono y allí donde se ha perforado hace que al penetrar los rayos ultravioletas y tocar la superficie marina se genere mayor evaporación y, consecuentemente, nubes de altura, lo cual, a su vez, dificulta la entrada de rayos solares y esto provoca un enfriamiento del planeta.

 

Por su parte, R.C. Balling señala que “La atmósfera de la Tierra se ha enfriado en 0.13 grados centígrados desde 1979 según las mediciones satelitales […] A pesar de que modelos computarizados del efecto invernadero predicen que el calentamiento mayor ocurrirá en la región ártica del hemisferio norte, los registros de temperatura indican que el ártico se ha enfriado en 0.88 grados centígrados durante los últimos cincuenta años”. El mismo autor enfatiza que, debido a su efecto de enfriamiento, el dióxido de sulfuro provocado por aerosoles mas que compensa la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera.

 

En este último sentido y debido a las alarmas del tipo de las expuestas recientemente en nuestro país por Al Gore, es de interés citar una declaración del Excecutive Committee of the World Metereological Organization en Ginebra, que mantiene que “el estado presente del conocimiento no permite ninguna predicción confiable respecto del futuro de la concentración de dióxido de carbono o su impacto sobre el clima”. También es importante subrayar que el fitoplancton consume dióxido de carbono en una proporción mayor que todo lo liberado por los combustibles fósiles y que los desajustes cíclicos en la capa de ozono se deben en buena medida a fenómenos metereológicos como las erupciones volcánicas.

 

Por otro lado, en estas situaciones siempre hay trade-offs que hay que tener en cuenta. Por ejemplo, se afirma que los clorolfuorcarbonos son responsables de la destrucción de las moléculas de la capa de ozono debido a las emisiones que provocan los refrigeradores, equipos de aire acondicionado, combustibles de automotores y ciertos solventes para limpiar circuitos de computadoras. El trade-off aparece cuando se documentan las intoxicaciones que se producen debido a la deficiente refrigeración y acondicionamiento de la alimentación y cuando se exhiben estadísticas de los aumentos de accidentes viales debido a la fabricación de automotores mas livianos.

 

En cualquier caso, donde se detecta una lesión al derecho debe procederse a la rectificación pero para cuidar los recursos naturales debe despolitizarse el proceso y abstenerse de la actitud arrogante de pretender la manipulación del ecosistema por parte de la burocracia estatal y permitir que la compleja información dispersa pueda ponerse de relieve a través de los precios. Cuando se conjetura que cierto recurso será mas escaso o se atribuye mayor valor para usos alternativos, los precios se elevan lo cual fuerza a reducir el consumo, al tiempo que se incentiva la investigación y desarrollo de variantes sustitutivas y, en su caso, el reciclaje.

 

La sociedad abierta permite establecer los ritmos de crecimiento óptimos y asignar los recursos de la manera mas adecuada a las necesidades presentes y futuras. La intromisión del aparato estatal en la producción a través de ideas como la del llamado “desarrollo sustentable”, no hacen más que distorsionar el uso y la asignación de recursos. Por ejemplo, la “tragedia de los comunes” irrumpe cuando se mantienen campos de forestación en manos fiscales que incentiva la tala irracional, en cuyo caso nadie se ocupa de forestar para que otros saquen partida. Si se estima que un recurso como la arboleda resulta esencial, el incentivo para la plantación de las especies requeridas operará en paralelo a las valorizaciones correspondientes a través de los precios del caso.

 

La presunción de conocimiento ha hecho que ya en el época de la Revolución Industrial se sugiriera el establecimiento político de cuotas para el carbón al efecto de “aprovechar ese recurso no renovable” que, a poco andar, fue reemplazado por le petróleo. Hoy es frecuente que se señale que existen determinadas reservas para tal cantidad de años sin percibir que no es posible extrapolar precios a situaciones distintas puesto que, precisamente, el movimiento de precios modifica la duración de las reservas.

 

Esta línea argumental se aplica también a los transgénicos que permiten notables aumentos en la productividad, plantas resistentes a plagas y  pestes que, por ende, no requieren el uso de plaguicidas y pesticidas químicos, la posibilidad de incrementar el valor nutriente, la capacidad de incorporar ingredientes que fortalezcan la salud (incluyendo la disminución de alergias) y mejoren el medio ambiente y el enriquecimiento de los suelos. De todos modos, si la preferencia fuera por productos orgánicos es la gente la que debiera decidir en mercados abiertos en el contexto de auditorias privadas en competencia que asumen las responsabilidades (y sus respectivas reputaciones y consiguientes supervivencias) a través de sus dictámenes sobre calidad, pero nunca politizar temas de esta naturaleza.

 

T.L. Anderson y D.R. Leal en su obra Free Market Enviromentalism escriben que “El tratamiento del medio ambiente a través del mercado libre enfatiza que el crecimiento económico y la calidad del medio ambiente no resultan incompatibles. De hecho, los ingresos altos permiten afrontar una mayor calidad del medio ambiente, además de los bienes materiales. No es ningún accidente que los países menos progresistas tienen mas polución y mas riesgos ambientales”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.