La revocatoria de mandato en Venezuela

Por Alejandra Salinas: Publicado el 29/4/16 en: https://es.scribd.com/doc/310929584/La-Revocatoria-de-Mandato-en-Venezuela

 

Comparado con el resto de los países de la región, Venezuela presentó un panorama de alternancia política y relativa estabilidad hasta 1998, cuando irrumpió en la escena política Hugo Chávez al triunfar en las elecciones presidenciales de ese año. Sin mayoría legislativa, Chávez intentó reformar el sistema de gobierno. Mediante el referéndum de abril 1999 el electorado aceptó convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, y en diciembre una nueva Constitución fue aprobada por el voto popular. Las principales reformas se relacionaron con cambios en la estructura legislativa y ejecutiva: se extendió el mandato presidencial de cinco a seis años con una reelección, se introdujo un nuevo mecanismo de juicio político, y se limitaron los poderes de emergencia. También se estableció un Poder Legislativo unicameral, reduciendo el total de bancas, y se introdujo el referéndum revocatorio de todos los cargos electivos una vez cumplida la mitad del mandato.

En julio de 2000 Chávez fue reelecto Presidente. Debido a una intensa política demagógica y de confrontación, hacia principios de 2004 el contexto político estaba marcado por fuerte divisiones políticas, un deterioro en la calidad de vida, violaciones a los derechos y un incremento en la violencia. La coalición opositora Coordinadora Democrática solicitó entonces la revocatoria del mandato presidencial, y a tal fin recolectó más de 3.400.000 de firmas. El Consejo Nacional Electoral, controlado por el gobierno, cuestionó al Tribunal Supremo de Justicia que había declarado válidas las firmas y ordenado programar la votación. El Tribunal Supremo defendió la decisión de convocar el referéndum con el argumento de la legitimidad de respetar el proceso democrático.

Finalmente el 15 de agosto de 2004 los votantes dieron a conocer su opinión si debía permitirse al Presidente completar su mandato. Con un 70% de asistencia electoral, el SI triunfó con el 59.3 % de los votos, y el NO obtuvo un 40.6%. Entre las explicaciones del fracaso del No, se mencionó la heterogeneidad de la coalición opositora, la ausencia de un líder carismático, y la falta de una alternativa frente a la exitosa estrategia electoral oficial. También se mencionó el hecho de que las demoras en la recolección y certificación de las firmas dieron tiempo a que la economía se recuperara; que el gasto oficial en la campaña fue decisivo (financiado por los ingresos petroleros en aumento), así como el hecho de que el gobierno registrara dos millones de nuevos votantes.

A partir de entonces la carrera política de Chávez fue sometida a frecuentes votaciones populares. En diciembre de 2006 ganó las elecciones presidenciales con el 62% de los votos; un año más tarde, el 50,7 % del electorado rechazó su propuesta de adoptar la reelección presidencial ilimitada, decisión que fue revertida en el referéndum de febrero de 2009 que le permitió presentarse y ganar las elecciones de 2012. Fallecido poco tiempo después, su Vicepresidente y sucesor Nicolás Maduro en nada modificó el estilo cesarista y autoritario del régimen bolivariano.

Considerando el curso de los eventos y las reiteradas denuncias sobre las irregularidades y violaciones a los derechos humanos cometidas en Venezuela a partir de 1999, la “democracia participativa” instaurada en ese país pisoteó de manera sistemática el ideal republicano de un gobierno limitado que respete las libertades individuales, los procedimientos institucionales y la apertura a un diálogo pluralista. Contra esta lamentable trayectoria se instaura hoy una nueva posibilidad de recurrir al referéndum para revocar el mandato de Maduro, continuador del régimen chavista. Esta semana el Consejo Nacional Electoral entregó el formulario a la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para recoger las firmas necesarias para convocar a la votación. Más de un millón de personas firmaron la petición, que ahora deberá ser validada por la CNE para autorizar una segunda ronda de recolección de firmas. La nueva instancia requiere de un aval mínimo del 20% del padrón electoral para poder convocar al referéndum revocatorio. A su vez, el resultado de éste deberá mostrar que una mayoría de más de 7.587.532 votos aprueba la salida de Maduro, y en caso afirmativo se llamaría a nuevas elecciones presidenciales.

Resulta claro que los obstáculos al nuevo proceso revocatorio serán muchos y complejos. Maduro hará todo lo posible por interrumpir o demorar los procedimientos, y la coalición opositora necesitará del apoyo explícito de la comunidad regional y de los organismos internacionales para llevar adelante su proyecto de forma exitosa. Hay que evitar repetir la experiencia del 2004: afortunadamente el fisco está hoy muy debilitado, el carisma del líder ha desaparecido, y el pueblo venezolano sufre cansancio y hambre. En este contexto, las probabilidades de la revocación son mejores que hace doce años, aunque cualquier resultado es posible bajo un régimen autoritario.

 

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.

Si me hubieran dado pelota

Por José Benegas. Publicado el 25/2/15 en: http://josebenegas.com/2015/02/25/si-me-hubieran-dado-pelota/

 

La humildad no sirve para nada en la Argentina, te pasan por arriba los Tognettis sin señales de vergüenza ni inhibición. Así que voy a ser un poco brutal y que le caiga mal a quién le caiga mal. Total, cuando uno es cuidadoso obtiene la misma cantidad o mayor de enemigos. Hace más tres años que insisto con que cuando un asaltante en un banco que tiene rehenes de repente se saca el antifaz, es señal de que piensa matar a los rehenes. El gobierno kirchnerista tomó muchas veces esa decisión como para que no nos diéramos cuenta de que no pensaba terminar su período de modo legal, y que ni siquiera podíamos imaginar un traspaso del mando normal. Desde la protección abierta a Boudou que significó que la señora a cargo nos comunicara, sacándose el antifaz, que ella era la jefa de la banda y que el estado era un estado kirchnerista y delictivo, ante lo cuál había que subordinarse.

¿Soy un genio? No, simplemente trato de no hacerme el completo idiota ante las evidencias, como hace una mayoría abrumadora de gente en el país del acomodo.

Por supuesto las respuestas de la misma gente que dejó que las cosas llegaran a dónde llegaron eran del tipo “tiene que terminar su mandato”. Un gobierno cuya norma es el crimen no tiene mandato. El mandato en una república, un mandato que pueda obligarnos, es exclusivamente, reitero, exclusivamente, legal. Esto es una limitación conceptual y no de hecho. No hay república no legal. Es decir, al mandato lo terminaron ellos hace muchos años. Ni siquiera es ratificable la voluntad delictiva de una mayoría, porque carece de los elementos esenciales para obligar a una minoría. Pero peor aún que el analfabetismo republicano que el sistema des-educativo logró implantar, es la miopía política de no ver lo que la conducta del gobierno significaba. Ahora lloran todos ante este presente en el que Nisman terminó muerto y las manifestaciones son tildadas de terrorismo, por parte de los que reivindican sus asesinatos del pasado como idealismo. Nunca importó que se pudiera llevar  a cabo un proceso de juicio político. Ni siquiera lo es ahora que les queda tan poco tiempo, lo importante es no conceder legitimidad al crimen. No se puede desear, menos en público, que la banda de Hotesur mande.

¿Se los dije? Si, se los dije quinientas veces, todos lo días, de lunes a viernes durante una hora y media. Se lo pregunté a cada entrevistado por meses: ¿Imagina usted una entrega regular y normal del mando por parte de esta gente? La respuesta más común era el silencio.

Nerón no se aununció, estos delincuentes si lo hicieron. Dan ganas de decir jódanse todos, pero hay demasiadas cosas que uno aprecia en juego. Sobre todo una minoría que no merece esto.  Chica, pero valiosa.

El asunto sigue siendo cómo se sobrevive a un asalto total al poder por parte de los que se sacaron el antifaz y en cada aparición confirman sus delitos, del modo más idiota posible porque saben que 1) No tienen defensa y 2) Ya no están en la etapa en la que les interese ser creídos, sino sólo temidos y obedecidos. Están intentando sembrar el terror antes de hacer cualquier cosa. Salvarse para siempre tal vez no sea una opción. Zafar de ésta tal vez tampoco. Incendiar Roma si la es y que nadie dude de que son capaces.

Por lo tanto en una emergencia uno se pone a tirar baldes de agua al incendio hasta con el ladrón que administra el consorcio. Si alguien quiere jugar al marketing, está desubicado desde el 2003, pero ahora, en estos meses, está sencillamente tan loco como creen que sólo ellos están. Los que están juntando fuerza electoral sirven. Los que están pensando en cómo reaccionar ante hechos consumados ilegales del estado criminal que comanda la señora kirchner, brillan por su ausencia. Se necesita que tengan poder, un blog no alcanza por supuesto. Los que están pensando en cómo enfrentar la denuncia internacional de lo que hagan también sirven y los que piensen en cómo deshacer el quebrantamiento de toda la legalidad, desde el Código Civil, a los de procedimientos y la Constitución, suman. También los que observen que no es legítimo imponer leyes contra el artículo 29 de la Constitución, ni simular un Congreso para tapar  una verdadera obediencia debida castrense y que, por lo tanto, deben anularse todos los actos de facto llevados a cabo por la banda, son indispensables. Todos juntos, mejor. Pensando y tirando la corrección política a la basura. La gente no la cree, por eso en sus marchas son mucho más claros que cualquiera que hable en público.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Fin de ciclo: ¿qué le conviene al país y a la gente?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 6/7/14 en: http://economiaparatodos.net/fin-de-ciclo-que-le-conviene-al-pais-y-a-la-gente/

 

No veo ninguna razón por la cual un gobierno inepto no pueda terminar antes su mandato

Quienes por cuestiones electorales o, a mi entender, falsa corrección  política, dicen que el gobierno de CFK tiene que terminar su mandato en diciembre de 2015, parecen preferir que la gente siga sufriendo un creciente deterioro de su nivel de vida por una cuestión de fechas  y no de fondo.

No veo ninguna razón por la cual un gobierno inepto no pueda terminar antes su mandato, es decir, no veo ningún motivo por el cual el kirchnerismo tenga que llegar hasta el final de su gestión aún a costas de más sufrimiento de la población y mayor sufrimiento posterior al 2015 por la herencia que van a dejar. Los plazos constitucionales no son intocables, pueden modificarse por diferentes razones que están previstos en la Constitución Nacional, el juicio político, por diferentes razones, es una causal para acortar el mandato presidencial. De manera que hacer una cuestión de dogma de fe las fechas no se atiene ni a la Constitución ni a la realidad, y mucho menos para un gobierno que ha utilizado el monopolio de la fuerza para perseguir a quienes piensan diferente, destruir la riqueza de millones de personas, avasallar las instituciones, ser sospechado de los casos de corrupción más escandalosos de los que se tenga memoria y aplicar una política económica de sistemática destrucción de amplios sectores de la clase media y empobrecimiento de los sectores más humildes. Es casi delirante pedir piedad para un gobierno que no ha tenido la más mínima piedad con su población, usando a los pobres para hacerles vivir una fiesta artificial de consumo, castigando a los sectores productivos al punto de esquilmarlos impositivamente hasta casi transformarnos en esclavos de los funcionarios de turnos que se apropian del fruto de nuestro trabajo para financiar el populismo. El Estado nos ha transformado en máquinas de generar rentas para sus políticas populistas, violando los derechos humanos al convertirnos en cuasi esclavos que trabajamos para mantener al “amo” y sus políticas populistas en nombre de la “solidaridad social”. Creo no equivocarme si afirmo que aquí hubo un plan sistemático de explotación de seres humanos por parte de quienes detentaron el poder con el objeto de sostenerse en el poder esquilmando impositivamente a la población productiva. En vez de confiscar las propiedades como en los sistemas comunistas, se confiscaron los ingresos de la gente. Nos dejaron los campos, las fábricas, las empresas, los consultorios profesionales y se apropiaron del fruto de nuestro trabajo. Si esto no es esclavitud, le pega en el poste.

A pesar de esta brutal explotación de la población por parte del gobierno kirchnerista, todavía hay dirigentes políticos y analistas que quieren jugar a hacerse los políticamente correctos y afirman que el kirchnerismo tiene que seguir explotando a la gente hasta el final de su mandato. Como si someter a la población a esta impiadosa explotación fuese un principio democrático y republicano.

Pareciera ser que la oposición todavía no es consciente de que cuanto más dure el kirchnerismo en el poder más dura va a ser la herencia que va a recibir e inmanejable el gobierno. Solo pensar en el gran sobredimensionamiento del gasto público que ha generado el kirchnerismo, el lío que hay con las tarifas de los servicios públicos, la legión de gente que el kirchnerismo ha acostumbrado a vivir sin trabajar otorgándoles todo tipo de planes “sociales”, la destrucción patrimonial del BCRA y de la infraestructura de país, son solo algunos de los puntos a considerar al momento de pensar la herencia que le tocará al próximo gobierno.

Hoy al gobierno le cuesta cada vez más esfuerzo sostener su política populista porque se le acabaron los recursos. Lo que está haciendo es estirar la mecha de la bomba para que le explote todo al próximo gobierno. Mientras tanto la oposición no quiere hacerse cargo del lío actual y espera que la bomba le explote al gobierno. Si argumentar que el kirchnerismo tiene que terminar su mandato a fines del 2015 es solo un discurso para que en el transcurso la bomba le explote al gobierno, se entiende la posición. Ahora, si lo hacen por una cuestión de falsa formalidad de fechas, es un tremendo disparate. ¿Qué es lo que más le conviene al país y a su gente? Que sea el propio kirchnerismo el que tenga que hacerse cargo del estallido de todas las variables que han distorsionado. Y digo que es lo que más le conviene al país porque sería perjudicial para el futuro de la democracia republicana que este populismo y autoritarismo evite hacerse cargo de tanto destrozo. Puesto en otras palabras, lo que más le conviene al futuro de la democracia republicana argentina es que sea el kirchnerismo el que tenga que pagar el costo de tanto destrozo económico e institucional. Si ese costo político se lleva puesto al gobierno por el descontento popular y estallido social, que el kirchnerismo se haga cargo y ponga la cara frente a la gente por todo el daño que en forma deliberada le ha hecho a la población argentina y al país.

En definitiva, no encuentro ninguna razón por la cual la oposición tiene que salvar a un gobierno que ha hecho y hace de su forma de actuar tabla rasa de las instituciones democráticas y republicanas, al tiempo que destruye la economía en forma deliberada para estirar sus tiempos en el poder. Nada le importa al kirchnerismo sobre cómo termine el país cuando ellos lo entreguen al próximo gobierno, solo les interesa llegar al 2015 sin que explote todo antes para poder irse como los héroes del relato.

Y así estamos, entre un gobierno autocrático que intenta estirar la mecha de la bomba para legar al 2015 y una oposición que, si el kirchnerismo se sale con las suyas, se va a encontrar con una de las peores herencias económicas, sociales e institucionales de toda la historia argentina.

Más perversidad imposible de imaginar.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Casos Boudou y Campagnoli: no hay incoherencia sino mentira

Por José Benegas. Publicado el 3/7/14  en: 

 

Los principios lógicos como el de no contradicción no caben dentro de la dinámica de amigo/enemigo. El discurso en ese caso es un camuflaje de la hostilidad y una táctica para confundir. Al analizar al kirchnerismo muchas veces se olvida esta cuestión.

Si el fiscal José María Campagnoli es suspendido mientras se lo somete a un enjuiciamiento por investigar lo que se denominó “la ruta del dinero K”, se espera que el vicepresidente siga la misma suerte y cuando no ocurre se les reclama al oficialismo por una “incoherencia”.

Pero el kirchnerismo no se contradice, sino que miente. Cuando dice que suspende a Campagnoli “para que se pueda defender”, lo hace en realidad para que no cumpla con su deber de investigar. Si lo considerara necesario, él podría pedir una licencia, pero sacarlo contra su voluntad es una sanción anticipada. Cuando desde el mismo sector se sostiene a Boudou a cualquier costo y no se aplica el mismo criterio es, otra vez, para asegurarse impunidad. Más coherencia imposible. El problema es si los demás queremos o no queremos notificarnos de lo que hacen. Son pocos en realidad quienes tienen el valor de tomar al kirchnerismo por lo que es desde al año 2003 hasta la fecha. Distintos relatos se han tejido contra el relato pero como formas de evadir la realidad. El más grande es aquél según el cual pudo haber habido una época “buena” del kirchnerismo.

Volviendo a este contraste entre el tratamiento del fiscal y el del vice, Boudou, como gran figura de la corrupción K, también es una negación. El no es el autor del descarado despliegue político para salvarlo tanto de la investigación judicial como de un eventual juicio político o apenas de un pedido de renuncia o licencia. Proteger a Boudou no es para proteger a Boudou. Boudou ni siquiera es el que está resistiendo, carece de entidad política para eso.

Ahora bien, si nos olvidamos de esto y vamos a la superficie de la argumentación, no existían motivos para apartar a Campagnoli de una eventual extralimitación por asumir una competencia que según los protectores de Lázaro Báez no le correspondía. Se le quita la competencia, y el problema, que es estrictamente formal, se resuelve. Campagnoli no fue acusado ni siquiera de acciones ilegales en su trabajo. Su supuesta falta disciplinaria no interfería bajo ningún concepto en su función en otros casos ni tampoco estaba impedido de defenderse.

El caso del vicepresidente es bien distinto. Su función es política y de representación del país. Un imputado en una causa penal, no disciplinaria como la de Campagnoli, tiene el derecho de mentir. Eso está permitido en el proceso, pero es incompatible con su responsabilidad política. Es decir, el apartamiento del vicepresidente no tiene que ver con que pueda defenderse, como cínicamente se alegó en el caso del fiscal, sino con resguardar a la vicepresidencia como institución de ese ejercicio legítimo de la defensa por parte de su titular. Hay una incompatibilidad ética entre ambas cosas.

Dadas las responsabilidades constitucionales que le caben al señor Boudou, como eventual reemplazo de la Presidente, preservar a la vicepresidencia es proteger al Poder Ejecutivo como tal.

Se abusa muchas veces de un concepto algo monárquico de “investidura presidencial” para pretender que un presidente está más allá de todos nosotros en cuanto a la posibilidad de criticarlo. Para una República esto es completamente falso.Lo que se debe preservar en una República es una institución, la mayor parte de las veces contra los actos de quienes la ocupan temporariamente. Un presidente debe respetar a la presidencia por ejemplo no mintiendo, no simulando, no lanzando amenazas contra ciudadanos. Cuando sus intereses chochan con los de su responsabilidad aunque más no sea en el terreno hipotético, se debe ir. Un vicepresidente también. En términos republicanos la investidura vicepresidencial se encuentra gravemente alterada por la conducta y por la situación del vicepresidente.

Tampoco es compatible con la función del vicepresidente cualquier forma de ejercicio de su propia defensa. Las argumentaciones absurdas y su apelación a caprichos increíbles de la casualidad, que pueden ser el último recurso de un imputado que se ve perdido, dañan de manera muy severa a las instituciones además de ser una burla a la inteligencia de la población. Para el juez podrán constituirse o no en un desafío en su trabajo probatorio, para la relación mandante/mandatario son un golpe fulminante.

Campagnoli no cumple una función política sino técnica, es un funcionario de carrera que debe ser protegido de los intereses políticos que toca al cumplir con su trabajo.

Hay un plano jurídico y hay uno político institucional y no siempre corren por el mismo carril. Por eso la Constitución establece el juicio político tanto para el delito común, como para el cometido en ejercicio de las funciones y el mal desempeño. ¿Qué peor desempeño puede haber para un vicepresidente que representa al país en la asunción de un mandatario extranjero, que el de esconderse de los periodistas y pedir al anfitrión que le arme una valla especial para que no se le acerque ninguno?

El problema es que si hablamos de la política real, Boudou no decide si se queda o se va, eso lo decide la Presidente. Boudou encadenado al cargo está más expuesto a las consecuencias del proceso penal que si pudiera quedarse en silencio en su propia casa siguiendo los consejos de sus abogados. La exposición política de Boudou está para resguardar intereses que a él lo superan por completo y por los que será sacrificado del modo más cruel.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Jaque Mate a la Justicia

Por Gabriela Pousa. Publicado el 5/12/12 en http://www.perspectivaspoliticas.info/jaque-mate-a-la-justicia/

Alerta. El anuncio lo hace el servicio meteorológico pero podría hacerlo cualquiera con sólo echar un vistazo a lo que esta ocurriendo. El problema es que el hackeo a la justicia y a la libertad lo siente apenas un grupo social. Ni siquiera la clase media en su totalidad.

El calendario indica el final de año y ese dato – sumado al ritmo vertiginoso de lo cotidiano -, no deja demasiado espacio para detenerse a analizar hasta qué punto agoniza el régimen democrático.

El argentino medio debe atender un sinfín de temas en simultáneo: llegar a fin de mes, el trabajo, la salud (porque no todos pueden darse el lujo de enfermarse cuando el sistema sanitario está colapsado), la seguridad, en síntesis, la subsistencia. Pedirle que también atienda las declaraciones de Julio Alak – que no son sino órdenes de la Presidente-, parece ser un exceso en este contexto.

Sin embargo, por su bien, es tiempo de que se exija más de la cuenta tal vez. Lo que está en juego es mucho más que una medida económica, la afrenta -a esta altura- es contra la dignidad misma de la persona.

No hace tanto escribí una nota tratando de analizar este fenómeno del golpe institucional que venimos experimentando y probablemente, con mayor o menor conciencia, protagonizando. Me refiero a ser parte de tantas Argentinas simultáneamente.

Escindidos, diezmados por fuera y por dentro, tratando de vencer abismos infranqueables… Insertos en un proceso donde se atraviesan campos minados, una y otra vez, hasta advertir sin desfallecer, que no logramos llegar a ningún lado.

En este contexto, el nacionalismo es apenas un vocablo usurpado por el gobierno para tratar de engañarnos. Somos dueños de lo que ya no es nuestro. Poco tiene que ver que YPF se haya expropiado, el nacionalismo como amor al país que se predica, nace y muere en un atril. No existe más allá de los vítores obsecuentes.

Hay en la misma geografía, más de 40 millones de patrias, y cada una se ocupa de si misma. Posiblemente sea congruente que eso suceda en tanto son ya innumerables los pasos en falso, las esperanzas vencidas, los intentos frustrados. Salir de este callejón tiene costo, y no nos caracterizamos precisamente por hacer honor a los pagos.

La dirigencia es gente. Quizás no muy distinta que esa ‘gente’ a la cual creemos pertenecer, porque a nosotros no puede encasillársenos en un análisis político arbitrariamente. No es lo que pretendo pero, ¿de qué modo escapar a ello?

Si acaso somos nacionalistas es a fuerza del cierre de aduanas y fronteras. Si acaso somos liberales es porque nos molesta que se entrometan en nuestra vida. Pero en el fondo hemos cedido hasta lo más íntimo cuando un Estado nos tentó con darnos todo servido. Seguir esperando no los juzga a ellos, nos juzga a nosotros mismos, y no hay anestesia para asumir la condena.

No se trata de un repentino avasallamiento a la ley, ni de un atropello inédito. Lo que sucedió esta mañana con el ministro de Justicia es el corolario de diez años de prefacio. Nada es casual, o quizás sí: casuales son los personajes que obran de voceros. Títeres de un capricho, presos a costa de vender el alma por unos míseros pesos. Ninguno hasta ahora ha demostrado defender “el modelo” por propio convencimiento.

Si hasta acá se llegó ileso, sigamos...”, ese parece ser el lema que los orienta. Hasta a dónde ya no depende de sus fuerzas sino de las nuestras.

Dentro de muchos esta latente la pregunta: ¿Qué hacer? Nadie atina con la respuesta. Se nos ha adoctrinado de tal manera que pensar en un juicio político nos catapulta en el casillero de los golpistas, nos confina a viejos tiempos aunque nada tenga que ver este desmembramiento con aquello.

Las redes sociales son fuente de catarsis. Vale, pero también vale saber que apenas 4 millones de argentinos tienen acceso a Internet. El resto, mientras tanto, esta colgado en trenes o en colectivos intentando llegar enteros a destino. Otros se desahogan en charlas con vecinos, demasiados descargan la frustración con sus seres queridos,y así se cierra el círculo vicioso de un país sin sentido.

En el trayecto hacia el verdadero cambio, hubo y hay manotazos de ahogados que no sirvieron ni para flotar un rato. Las víctimas son incontables, el único recurso no renovable se nos va como agua entre los dedos: el tiempo.

Comienza ahora el peligroso juego de inventar otro actor que cargue con las culpas de la ignominia y el capricho de Cristina. De la manga sacan un ente abstracto sentenciado a ser villano: se trata del “partido judicial”. Insensatez de acosados. Resulto inútil acusar a una derecha destituyente y represora que de haberla, sólo se trata de una derecha reprimida por el temor a una condena aunque sea eufemística.

Los militares han dejado de ser potables como para situarlos en el campo de los malos. No han sido ellos por otra parte los que lograron que Argentina sea el país con más denuncias ante el CIADI.

Tampoco son los jueces en su conjunto los que han propiciado que el 60% de los docentes candidateados a la carrera de magisterio, reprueben los exámenes primeros. No han pasado los registros ortográficos… Y esos son los que, supuestamente, van a educar soberanos.

Hay una sumatoria de responsabilidades que, ciertamente, no se agotan en el kirchnerismo. Sin embargo, han tenido diez años de tregua y complacencia. Diez años, según ellos, de crecimiento a tasas chinas, de soja redentora, de consumo y sociedad embelesada con electrodomésticos y cuotas.

En periodos mucho más chicos, otros países salieron de infiernos y se reconstruyeron a sí mismos. Algunos ni siquiera están lejos. Es factible que un buen ejercicio sea adentrarse en el cómo lo han hecho.

Esperar que el Ejecutivo del ininterrumpido saqueo se autolimite es de necios e ingenuos. No hay tiempo para serlo. La idea de que se defiende al poder político o al grupo Clarín y Héctor Magnetto esta establecida por el mismísimo gobierno. Esa gesta generó fugas y desentendimientos. ¿Por qué defender un multimedios? La pregunta sonó varias veces en las últimas horas, y es desde todo punto de vista simplista y capciosa.

Esta en juego la libertad, pero también es cierto que esa afirmación se torna para muchos incomprensible, abstracta. ¿De qué manera formar conciencia? En una de esas, es necesario no claudicar y revivir el espíritu del 8N, en lugar de debatir si conviene o no salir tal día o tal otro.

De algún modo, esas polémicas nos hacen ser semejantes a ellos: enredados en almanaques inútiles cuando nunca se ha regresado, en un día y a una determinada hora, a la coherencia y al respeto. Así como la perseverancia es todo en la conquista de un éxito cualquiera, lo es también en la conquista de la política, la moral y la ética.

Pienso, de pronto, cuán burdo suena hacer esas menciones en este desorden de cosas. En una de esas no hay que salir hoy o mañana sino seguir saliendo, pacíficamente, hasta que entiendan que, amén de deberes, tenemos derechos. Es la puja por la dignidad, quien no puede comprenderlo defenderá algún otro derecho que no es menor por cierto. Es licito combatir por seguir viendo TN, canal 13 o leer lo que pasa en Clarín.

Luego, cuando la razón haya vuelto, habrá que dedicarse de lleno a pensar el país sin limitarlo a un tipo cambiario, al turismo de un fin de semana largo, o al pago del plasma sin intereses y con tarjeta de crédito…

En definitiva, es probable que convenga “salirse” de ese sector al que todavía le preocupa e interesa qué sucede con la política (porque tiene en su haber el “privilegio” de poder y querer entender), y pelearla como un Boca-River. Al fin de cuentas, esa ha sido la forma que utilizó la presidencia, y esta claro que hasta hoy ha ganado, tristemente, todas las contiendas.

No es que el fin justifique los medios, pues es la naturaleza de los fines la que determina la naturaleza de estos. Pero somos más consecuentes con nuestro equipo de fútbol que con nuestro suelo. Y en este caso, el fin es el regreso a la Argentina tal como alguna vez la concibieran nuestros padres y abuelos.

Nada más, nada menos…

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.