EL CON-TEXTO DE LAS “PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS” EN SANTO TOMÁS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/9/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/09/el-con-texto-de-las-pruebas-de-la_8.html

 

(De mi libro “La hermenéutica como el humano conocimiento”, cap. 4).

La tradicional distinción entre intentio auctoris y lectoris, de Eco, encaja perfectamente dentro del sentido pragmático del significado. Porque lo que autor quiere decir (intentio auctoris) y lo que el lector interpreta (intento lectoris) es un encuentro (o desencuentro) de horizontes entre el que emite el mensaje y el que lo recibe, con sus juegos de lenguaje, exactamente como lo vimos en los capítulos dos y tres. Por ende, no es ninguna novedad si decimos que lo que un autor quiere decir depende de su horizonte y sus juegos de lenguaje, y que no vivir (no conocer) ambos implica no poder entender su texto, sea cual fuere el idioma en el que está escrito. Por lo tanto, la interpretación de un texto demanda, en primer lugar, un viaje al horizonte del otro. Que, como ya dijimos y explica siempre Gadamer, no implica la imposible tarea de dejar nuestro horizonte, sino de fusionar ambos. El horizonte del escritor también implica su «lector modelo», esto es su «audiencia», el «para quién escribe». Esto, que a esta altura ya es evidente y con lo cual no quisiera agotar al lector, es lo que, sin embargo, nunca se hace. Leemos y creemos entender lo que el otro dice solo desde nuestro horizonte. Como dijimos también, si el mundo de vida es MUY compartido, el riesgo de malentendido es mínimo, pero en temas más densos, la cosa se complica.

 Un ejemplo grave de lo anterior es la decodificación habitual de las cinco vías de santo Tomás de Aquino, que han sido interpretadas habitualmente como «pruebas de la existencia de Dios para convencer al no creyente». Ello es un ejemplo típico de leer a un autor desde nuestro horizonte, desde nuestras expectativas históricas, desde nuestros juegos de lenguaje y del uso actual de ciertas palabras, sin tener en cuenta para nada el horizonte del autor. Sorprenderá a más de uno que ni pruebas, ni existencia, ni Dios, ni no creyente. La reacción del lector en estos momentos puede oscilar entre: quererme matar o caerse de la silla. Para los lectores del segundo caso está dedicado todo lo que sigue. Ánimo, nada se cayó, simplemente hay que poner algunas piezas en su lugar. Uno. Santo Tomás no estaba escribiendo para agnósticos. La Suma Teológica es un manual para los frailes estudiantes de la orden dominica. O sea, lo que ahora para nosotros nos parece mucho, era en su época un simple manual para principiantes. Las obras realmente universitarias de santo Tomás eran las Quaestio disputata, o sea, temas donde el maestro exponía la posición de otros maestros, luego la suya, luego respondía a la opinión distinta de los maestros y luego respondía las preguntas de los estudiantes. Las leyendas sobre santo Tomás cuentan que las respondía todas (17, 20, las que fueren) sin anotarlas, una por una.

Santo Tomás no dice «prueba», dice «vía». Es verdad que muchos de sus argumentos son quia (de los efectos a las causas) con la intención de probar necesariamente su conclusión (a diferencia de una hipótesis) y por ende se acerca a lo que la lógica actual llama prueba deductiva, pero hay que avisarlo porque muchos interpretan «prueba» como «testeo empírico» y en ese caso la confusión que puede producirse es mayúscula. Cuando, por lo demás, Popper ha explicado perfectamente que en las ciencias naturales, los testeos empíricos no son pruebas deductivamente necesarias. El término «existencia» NO es utilizado por santo Tomás. Este no es un mero detalle. Para la mayor parte de los lectores contemporáneos, «existencia» implica que existe al menos un miembro de la clase de tal cosa. O sea, por la influencia cultural del positivismo, gran parte de los lectores actuales piensa en lógica de clases, aunque no lo sepa. Y está perfecta la lógica de clases; simplemente es insuficiente para todo lo que queremos decir y sobre todo para lo que quería decir santo Tomás. Por ejemplo, si nos preguntamos si hay extraterrestres, ello implica preguntarse si la «clase» de extraterrestres NO es una clase vacía. Afirmar la existencia de extraterrestres implica decir que existe al menos un x tal que ese x es extraterrestre (o sea, (Ex) EXTp). Pero santo Tomás no piensa en ello cuando escribe sobre Dios, porque no está diciendo que existe al menos un x tal que x es Dios, porque en ese caso «Dios» sería una «clase» que puede ser no vacía (existe al menos un x tal que x es Dios) o vacía (no existe al menos un x tal que x es Dios). Pero Dios, ni en santo Tomás ni en ningún judeocristiano monoteísta, no es «la clase de los dioses» que puede tener uno o más dioses. Por lo tanto, Dios NO existe en ese sentido. ¿En qué sentido Dios…? Ah, ¡los límites del lenguaje! Santo Tomás se pregunta utrum Deus sit (si Dios es, con el subjuntivo latino de esse, ser). Obviamente que no está pensando en si Deus sit down… Pero ¿en qué está pensando? Ese es el problema. O no tanto si nos ponemos en la mente de un judeocristiano que dice «creo en Dios Padre, Todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra». O sea, cree en Dios creador. Y por ende como causa, o sea, utrum Deus sit también implica decir utrum Deus sit causa. – Las vías son un debate con san Anselmo ¿Y qué tiene que ver eso con las cinco vías? Porque antes ha aclarado que Dios no es «evidente», o sea, santo Tomás NO piensa que Deum esse per se notum, o sea, no forma parte de aquello que el ser humano puede ver como algo necesariamente dicho de algo, como el todo es mayor que la parte, y cosas parecidas. Razonable: Dios como tal no es concebible por la inteligencia finita del ser humano. ¿Y por qué insiste en ese punto? Porque dos siglos antes, al parecer, san Anselmo habría dicho algo similar a que… No; claro que san Anselmo NO dijo que Dios cabe en la inteligencia humana, pero sí dijo, al parecer, que Dios es verdaderamente…Y ello para refutar al «insipiens» que muchos han traducido como el «insensato» que cuando dice «Dios no es…» entiende por «Dios» aquello que, mayor, no puede ser pensado; y eso, a su vez, «non potest esse in solo intellectu». O sea, no puede ser solo algo pensado, pues si aquello que, mayor, no puede ser pensado, tiene que «ser en la realidad» (esset in re), pues si no fuera en la realidad, no podría ser aquello que, mayor, no puede ser pensado. Y luego el «insensato», cuando quiere negar que Dios es… lo afirma. Qué quiso decir san Anselmo con esto, es algo que se discute hasta hoy. El asunto es que santo Tomás lo interpretó como un intento de decir algo así como «si piensas en Dios, entonces no puedes negar que sea… ¿Dios Padre?». O sea, forzando el lenguaje podríamos decir que santo Tomás interpretó que san Anselmo decía que pensar en Dios es pensar al mismo tiempo en que Dios sit. O sea, santo Tomás piensa que san Anselmo piensa que Dios es «algo así como parecido a evidente». Y dice: no, no es evidente. «Pero» se puede llegar como se llega de los efectos a las causas: «…unde Deum esse, secundum quod non est per se notum quoad nos, demostrabile est per effectus nobis notos» (de donde que Dios es, que no es conocido para nosotros per se, es demostrable por los efectos conocidos por nosotros). Pero entonces… ¿Cuál es el contexto de las vías de santo Tomás? Una disputatio medieval: un desacuerdo con san Anselmo. Al parecer este último habría dicho algo así como que Dios es per se nota y santo Tomás dice no, que es demostrable. Y los destinatarios de ese debate son los frailes principiantes a la orden dominica.

Por lo tanto, el con-texto de las vías implica:

– Que santo Tomás no está debatiendo con los no creyentes;

 – Que está debatiendo con lo que haya querido decir san Anselmo, que nunca mejor dicho, Dios sabrá;

– Que los destinatarios de este debate son los frailes aprendices;

– Que santo Tomás no está pensando en existencia como se entiende habitualmente;

 – Que santo Tomás no está pensando en Dios como la clase de los dioses, sino como Dios Padre Todopoderoso Creador del cielo y de la Tierra.

– Que no es una prueba si por ello entendemos una «prueba científica en el sentido de testeo empírico»;

– Que es una prueba en el sentido de una demostración quia.

 Y todo ello, por el con-texto… Y algo más. Cuando pasa a las vías, santo Tomás usa en general un juego de lenguaje aristotélico. Pero ese juego de lenguaje está concebido para la física y para la biología de Aristóteles. Santo Tomás, realizando un salto hermenéutico digno del mejor acróbata, lo aplica a la teología judeocristiana del siglo XIII. ¿Fue consciente de ello? Es dudoso, sobre todo en un siglo donde todas las épocas se pintaban usando vestidos medievales. ¿Fue válido hacerlo? Sí, en la medida en que ambos juegos de lenguaje eran análogos, pues ambos manejaban la noción de causa, que a su vez es análoga.

Pero eso ha generado los mayores malentendidos habidos y por haber, tanto por parte de tomistas como por parte de críticos de santo Tomás en este punto, desde los neopositivistas hasta Heidegger. O sea, tenemos un ejemplo de lo que vimos como juego de lenguaje entrecruzado, que, si no se avisa, puede generar la mayor de las perplejidades. El mayor ejemplo de esto es la primera vía: «certum est enim, et sensu constat, aliqua moveri in hoc mundo. Omne autem quod movetur, ab alio movetur» (es cierto, y consta por los sentidos, que algo se mueve en este mundo. Pero todo lo que se mueve, se mueve por otro»). «Consta por los sentidos»: este santo Tomás era un empirista… Fuera de broma, lo interesante es que dice «en este mundo»: obvia expresión de un judeocristiano. Ahora bien, Aristóteles no estaba pensando en Dios Padre, ni en san Anselmo, ni en los frailes dominicos: él estaba pensando en la causalidad eficiente que ve en los seres vivos y en todo lo físico porque el cambio sustancial necesita siempre una causa eficiente que haga pasar ese cambio de la potencia al acto. Luego, ello implica un inverso físico y algo primero, incluso en sentido temporal. Para que el fósforo se prenda, primero yo tengo que moverlo, y yo, a su vez, tengo que haber sido engendrado, y así sucesivamente. No es extraño, por ende, que algunos, creyendo estar de acuerdo con santo Tomás, hayan visto en esto un argumento parecido al big-bang. Por eso es interesante la conclusión: «ergo necesse est devenire ad aliquod primum movens, quod a mnullo movetur, et hoc omnes intellegunt Deum» («y por ende es necesario llegar a un primer moviente, que no es movido por otro, y al cual todos entienden Dios»). Las traducciones habituales, para mayor confusión, dicen «motor»: me imagino a algunos lectores pensando en un Ferrari enorme al principio del universo. Como si Tomás hubiera demostrado que hay una cadena de causas físicas y que, al principio de la cadena, tirando de todo, está Dios, sin ser ayudado por nadie. Bueno, si es Dios, puede mover tanto peso, claro. Pero, oh sorpresa, santo Tomás no estaba pensando solo en eso. Sí, estaba de acuerdo en que para que haya siembra, tiene que haber semillas. Era muy atento al orden natural del mundo… creado. O sea, interpretaba todo ello desde Dios creador: la creación es una noción que no estaba de ningún modo en la mente de ningún filósofo antiguo. Creación implica, en santo Tomás, uno: crear de la nada, que Aristóteles nunca hubiera admitido; dos: sin tiempo, que Aristóteles nunca concibió; tres: lo «finito» sostenido en el ser por lo infinito, que Aristóteles, tampoco, nunca concibió. Esa distinción entre lo finito, lo que tiene un modo de ser, a diferencia de Dios, aquello cuyo modo de ser es ser (con límite del lenguaje) solo pudo haber pasado por una mente judeocristiana. No tiene casi nada que ver con lo que Aristóteles estaba pensando, excepto, y no pequeño detalle, por la noción de causa, que santo Tomás eleva a causa en el ser, sostenimiento en el ser, de lo infinito hacia lo finito, no definiendo nunca lo infinito, no concibiéndolo, y menos aun imaginándolo, sino deduciéndolo como causa no finita de lo finito. Esto es sencillamente lo mismo que explicar la huida de Egipto con ejércitos modernos: los judíos vestidos de refugiados, los egipcios como marines, con fuerza aérea y submarinos para el Mar Rojo, y una nave espacial enorme que rescata a los judíos y los lleva al otro lado mientras inmoviliza al ejército enemigo eliminando todo tipo de electricidad en sus naves y vehículos. Todo diferente excepto, precisamente, que hay una causa por la cual los judíos pueden salvarse. Es más: en este ejemplo todo es más parecido, porque la distancia entre Dios, por un lado, y las causas como físicas, unas antes que las otras, es tanta como la distancia entre lo infinito y lo finito. ¿Por qué, entonces, usa santo Tomás las categorías aristotélicas? Porque cuando las usa, las está pensando como teólogo judeocristiano, al mismo tiempo que les mantiene el mismo lenguaje que el de Aristóteles. ¿Y por qué, a su vez? Porque encontró en ese lenguaje MUY desarrollada la noción de causalidad que él necesitaba continuar. Vuelvo a decir, en un mundo donde todo se veía desde allí, todo excelente. En un mundo poskantiano como el nuestro, el malentendido no podría ser mayor. Un fascinante caso. Santo Tomás lee a Aristóteles desde su horizonte judeocristiano. La decodificación NO es aberrante porque lo que busca es la noción de causa, que es análoga. Pero nosotros leemos a santo Tomás, a su vez, desde nuestro horizonte secularizado científico donde ya la noción de causa ha dejado de ser la judeocristiana. Hay que volver a explicar la síntesis que santo Tomás hace entre su propio horizonte y el pensamiento antiguo; explicar todos esos pasos hermenéuticos y desde allí volver a hablar a los habitantes de nuestro horizonte para que puedan entender a santo Tomás. Las vías de santo Tomás, por ende, NO son pasar de la «esencia» de Dios a la «existencia» de Dios. Son ver la relación de causalidad entre lo creado y Dios. Y por eso termina diciendo: et hoc omnes intellegunt Deum («y esto es lo que todos entienden por Dios» —claro, «omnes», los judeocristianos). El lector dirá: pero entonces, ¿se pueden usar las cinco vías actuales para hablar hoy con un agnóstico? Sí, porque como dije en otra oportunidad, «el creyente puede decir que sí, que cree en Dios, y que se sabe creado por Dios. Cuando el no creyente pregunte qué significa ello, el creyente puede intersecar horizontes, fusionar horizontes, encontrar una analogía de un propia experiencia de estar creado con la vivencia del no creyente de saberse “no necesariamente existente”, esto es, que podría haber existido o no. Cuando el no creyente toma conciencia de ello, el creyente puede decirle que esa radical contingencia existencial lo puede ayudar a entender su experiencia (la del creyente) de saberse sostenido en el ser (creado). A partir de allí, santo Tomás cobra sentido. Antes, no”.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Síguelo en @gabrielmises 

EL PROBLEMA DE LOS “COLEGIOS CATÓLICOS”: DOS DIAGNÓSTICOS DE MI PADRE, TOTALMENTE CUMPLIDOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/7/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/07/el-problema-de-los-colegios-catolicos.html

 

Luis J. Zanotti (www.luiszanotti.com.ar) nunca estuvo en contra de la educación formal en tanto tal. Porque la educación formal no es sino sistematizar, mediante métodos más específicos, lo que la educación no formal no puede hacer. Y la educación no formal es esencialmente la transmisión cultural, la absorción de un horizonte cultural, que se produce naturalmente, cono el aprendizaje del lenguaje y los juegos de lenguaje concomitantes a ese mundo cultural.

Que la educación formal haya derivado ahora en la educación formal positivista es un resultado de la Ilustración y la “escuela” como método de formación del ciudadano de los estados-nación. Ello fue comprensible en la época (s. XVIII-XIX) pero luego esa educación positivista quedó tan atrasada como el positivismo en sí mismo.

Sin embargo, allí sigue, con sus métodos repetitivos, memorísticos y destructores de la creatividad, cual diosa inapelable cuasi-imposible de eliminar (http://institutoacton.org/2016/11/02/por-que-son-casi-imposibles-las-reformas-educativas/).

Al lado de todo ello, mi padre diagnosticó que la “ciudad educativa” (esto es, la educación no formal en todas sus dimensiones) iba a ir supliendo cada vez más el rol educativo, sobre todo con las nuevas tecnologías de la información. Lo dijo antes de la aparición de internet.

O sea, el chico, el adolescente y el adulto se educan (educación como transmisión cultural) fuera de la escuela. NO es que la escuela formal los educa “y como complemento” viene lo no formal. La escuela formal positivista es un esencial fracaso de aprendizaje, mientras que el verdadero aprendizaje se produce fuera de la escuela.

Al mismo tiempo, por los años 60 y 70, mi padre fue el único que introdujo en Argentina las obras del pedagogo italiano Giovanni Gozzer, quien estaba afirmando lo mismo en una Italia que también escuchaba a Gozzer como si fuera extraterrestre (o sea, no lo escuchaba). Pero para colmo de la osadía en soledad, Gozzer publica un libro, Los católicos y la escuela, donde afirmaba algo obvio a los ojos de mi padre: los católicos en general, al haber adoptado a la escuela formal positivista como modelo de transmisión educativa, fracasaron totalmente en la transmisión de la fe, porque arrastraron los defectos del positivismo pedagógico a los intentos de enseñanza de la Fe.

Silencio total. Nadie, absolutamente nadie, ningún católico respondió, ni se interesó por la cuestión. Gozzer y Zanotti se quedaron hablando solos, sobre todo en una época donde la mayor parte de los católicos sí escuchaban a Marx y a sus epígonos.

AHORA, frente a las pañuelitos verdes en los “colegios católicos”, muchos se preguntan qué pasa, qué pasó.

Pues bien, esa era la explicación. La “escuela católica” era un proyecto llamado al fracaso. Los chicos no aprenden nada allí, y menos aún catolicismo. ¿Y qué aprenden? Lo que ven por las series, algo de cine, lo que ven por youtube, etc. ¿Dónde están los católicos allí? NO están. Y los chicos NO ven EWTN.

Y si algo les queda depositado en su memoria de modo inconexo,  son trozos de textos marxistas y LGBT con los cuales los adoctrinaron desde pequeños, que son obligatorios también para los colegios católicos. ¿Ah, y la libertad de la educación privada para tener sus propios planes de estudio? ¡No por Dios!!!! Esa fue una de las principales propuestas de Luis J. Zanotti, en 1981¿Respuesta en la Argentina, por parte de los católicos? No, Zanotti es muy liberal…. (Hablo de mi padre, que al menos usaba corbata, no como el hijo).

Y si todo esto era verdad, ¿ahora qué hacemos?

Muy poco se puede hacer ya. En todo caso, las familias verdaderamente católicas que queden, muy pocas, tendrán que asumir ellas, directamente, la educación religiosa de sus hijos, con su ejemplo cotidiano, pero incluso con la transmisión del Catecismo. En mi caso yo no tuve catequistas, fue mi padre quien me enseñó el Catecismo. Y además no escuchaba NADA de lo que me decían en la primaria.

 

Espero que el resultado no los desanime.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

JORDAN PETERSON Y SU INCREÍBLE LUCHA POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 6/5/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/05/jordan-peterson-y-si-increible-lucha.html

 

Es sencillamente increíble, y a la vez sintomática del horror que estamos viviendo, la lucha de Jordan Peterson para que se respete el derecho de cada uno a hablar como le parezca.

Mi única diferencia con él es que la cuestión no es tanto que la libertad de expresión implica que el otro pueda sentirse ofendido, sino más bien por qué el otro tiene que sentirse ofendido ante mi propio uso del lenguaje.

Las diferentes concepciones del mundo, que en una sociedad libre deben ser libremente debatidas, no deberían herir los sentimientos de nadie, excepto neurosis muy profundas. Si yo soy católico y tú eres protestante, ¿te vas a sentir ofendido? Si te digo que no estoy de acuerdo con tal o cual tesis de Lutero, ¿por qué tienes que sentirte ofendido? Ahora, si insulto a Lutero, es otra cosa. Moralmente no debo, aunque difícilmente sea un caso judiciable.

Me dirán: lo que se discute no es eso. ¿No? Como dije en la entrada anterior, la libertad religiosa en serio conlleva el derecho a vivir y expresarse según metafísicas, mitos y filosofías realmente diferentes de otras. La libertad religiosa, de expresión, de enseñanza, no son para tonterías. Valen precisamente para lo importante, para aquellas cosas que realmente nos importan, y en esas cosas importantes está la tentación del Caín totalitario de casi todos: para esas cosas, llamamos al estado.

Porque lo que Jordan Peterson dice NO es que las personas no puedan usar los pronombres que quieran. Lo que él está criticando (y advirtiendo) es que los gobiernos dicten leyes que impongan por la fuerza el uso de dichos pronombres. Increíble. En una época donde cualquiera reclama su derecho a cambiar de sexo, esa misma persona llama al estado para que te prohíba a ti llamarlo con el pronombre anterior. Podrá estar mal, puede ser que sea “nice” o “proper manners” llamarlo con el pronombre que él quiera, pero tú no puedes prohibirle a él que cambie de sexo y él no puede prohibirte a ti que uses los pronombres habitualesESO es una sociedad libre.

La pretensión de que el estado controle los juegos de lenguaje devela la raíz totalitaria de los que así piensan. Porque cuando el estado puede controlar el lenguaje, puede controlar la cultura y el pensamiento. El mundo hace lenguaje y el lenguaje hace mundo, esa es una de las enseñanzas más profundas de Wittgenstein pasada por la fenomenología. Justamente, las libertades individuales tienen entre muchas funciones la de impedir la racionalización de los mundos de la vida, esto es, que haya mundos de vida espontáneos más allá de la razón instrumental impuesta por el estado iluminista. Sí, en todo lo que digo está la Escuela de Frankfurt (denostada por muchos liberales que no la entienden) pasada por Hayek y Feyerabend.

Los leninistas, los estalinistas, los maoístas, etc., no tenían problema en asesinar generaciones enteras para imponer su visión del mundo. Ahora es más sutil. Lo que quieren los del lobby LGBT es que el estado imponga su juego de lenguaje, para cambiar el pensamiento de todos sin tener que asesinarlos. No sé si decirles gracias o que prefiero a Stalin. Porque, además, si ellos pudieran asesinar a Jordan Peterson, o a Benedicto XVI, lo harían, no tengo ninguna duda. No lo hacen porque no es favorable a la difusión de su totalitarismo.

Jordan Peterson, yo, y muchos más vamos a seguir hablando como se nos canta. Si otros se sienten ofendidos, problema de ellos. Y problema nuestro cuando logren ponernos presos. No están lejos. Como dije, la libertad individual, hoy, no existe. Sólo resiste.

 

Hasta la próxima resistencia.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

LA HERMENÉUTICA COMO UNA NUEVA ETAPA EN LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/6/13 en

 Es mi intención presentar la siguiente tesis: la hermenéutica, desde cierto punto de vista, no sólo no es un paradigma agotado, sino que puede llegar a ser una nueva etapa en la historia de la filosofía.Para ello nos limitaremos sólo a presentar los lineamientos generales de un programa de investigación propio, al modo intentio lectoris, sobre la base de ciertos aportes de Husserl y Gadamer, sin intentar confundir nuestro propio programa con dichos autores. Es nuestra intención mostrar, también, que los aportes que estamos tomando de tan grandes pensadores no constituyen una decodificación aberrante de su pensamiento.

 1.Husserl y su noción de mundo de la vida. No nos introduciremos en el debate histórico sobre si la noción de mundo en Husserl es un aspecto esencial de su pensamiento, tan importante como sus aportes de Investigaciones Lógicas [1] o Ideas [2], o si es un tema adicional y-o tardío que sobresale sobre todo en La Crisis de las Ciencias Europeas [3]. Sólo nos limitaremos de decir que su noción de mundo de la vida [4] tiene que ver sobre todo con su noción de inter-subjetividad. No es el momento tampoco para ver si la intersubjetividad juega en Husserl el papel que Dios jugaba en Descartes para “recuperar” al mundo externo [5], pero sí diremos que, precisamente, la intersubjetividad permite superar la dualidad sujeto-objeto que se produce precisamente desde el paradigma cartesiano. La intersubjetividad no es un sujeto solipsista ni el objeto independiente del sujeto, sino la relación sujeto-sujeto “en” la cual ambos “están en” y “viven”. La relación intersubjetiva no es un objeto al cual el sujeto tiene que de algún modo llegar, sino la realidad que los dos sujetos han constituído con su relación y en la cual “ya” están. En ese sentido, creo que la noción de mundo de Husserl cambia la perspectiva tradicional del problema gnoseológico desde Descartes en adelante, donde está por un lado el sujeto y por el otro un “objeto” que se identifica con las cosas físicas, donde “mundo” se identifica con “mundo externo” como sinónimo de “mundo físico”. Por el contrario, ahora se trata de un mundo esencialmente humano. Ese mundo humano, en tanto intersubjetivo, es aquello que constituye la primaria cotidianeidad de la vida humana (su encuadre cultural) y por eso el término “vida” tampoco es aquí la vida biológica. Tampoco este mundo humano en cuanto intersubjetivo se contrapone con las cosas no humanas, sino que éstas, tanto los artefactos como las naturales, no fruto de la acción humana, son conocidas, y tienen un sentido, desde las relaciones intersubjetivas [6]

2.Gadamer y la historicidad de los horizontes.La temporalidad y la historicidad no eran ajenas al mundo intersubjetivo [7], pero hay que reconocer que a Husserl no le es fácil conciliar esa historicidad con el “sentido” de sus primeras obras, colocado como “objetivo”. En Gadamer, en cambio, la historicidad constituye uno de los aspectos más destacados de sus horizontes[8], y él mismo reconoce la influencia de Husserl en la noción de “mundo [9]. Cabe reconocer una tensión entre el “sentido” del primer Husserl con el dinamismo e historicidad de los horizontes en Gadamer. En nuestro programa de investigación, una fenomenología del mundo de la vida implicaría ir, actitud teorética mediante, al sentido más profundo de cada relación intersubjetiva en cuestión. Ello es compatible no sólo con una analogía del sentido, donde éste se va dando como en “capas” (lo cual es en principio compatible con Ideas I) [10] sino sobre todo con lo que podría ser llamado intersección de horizontes de precomprensión, donde los horizontes se encuentran precisamente en lo más profundo de “lo humano”. El “sentido” de cada realidad intersbjetiva es así análogo: no se reduce a tal o cual situación histórica sino que “está en” todas y cada una de las plurales formas históricas donde ese sentido se puede desplegar. De ese modo la historicidad de la comprensión no abandona la actitud teorética que capta el sentido, que tanto había sido enfatizada por el primer Husserl.

 3. Interpretación como estar en el mundo, mundo como horizonte.En ese sentido, la interpretación ya no es algo sobreañadido a algo que “no” esté interpretado, sea un texto, una situación histórica, una norma jurídica, una obra de arte, la conducta de una persona, etc. O sea, no hay “hechos” como igual a “objetivo”, e “interpretación” como igual a subjetivo. Toda realidad humana es intersubjetiva y en ese sentido ni subjetiva (sin objeto) ni objetiva (sin sujeto). Y por ello todo ser humano, al “estar en” un mundo, ya interpreta su mundo por “vivir en”. Comprender, como comprender horizontes que son precisamente los mundos de la vida, es ya interpretar. La interpretación es el acto primario y radical de conocimiento, dado por un modo específicamente humano de ser, que es ser en el mundo. En ese sentido se impone un cambio de lenguaje, y no sólo filosófico, sino en nuestra cotidianeidad. No hay hechos, ni objetos, hay mundo. No hay información, hay conocimiento, y conocimiento es igual a “vivir en”, “comprender”, “interpretar”. Ya no hay sujeto, hay persona. Ya no hay “objetivo”, sino real. En última instancia, ya no hay sujeto y objeto, sino persona y mundo. Y la interpretación es el acto radical de comprensión que hace la persona al estar en el mundo.La compatibilidad de lo anterior con elementos básicos del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, tales como la persona, la analogía en el conocimiento y la analogía del ente, la corporeidad del conocimiento humano y otro temas similares, la hemos tratado extensamente en otra oportunidad [11]. A ella remitimos. 

4.La hermenéutica como la base de los otros “giros” del s. XX.El “giro hermenéutico” [12], por lo tanto, así analizado, puede ser visto como la base de otros dos importantes giros del s. XX, independientemente de la intentio auctoris de sus autores. En primer lugar, el giro lingüístico, donde, como ya sabemos, el lenguaje deja de ser especular para pasar a ser juegos de lenguaje [13], es un resultado del contexto pragmático del lenguaje como eje central del sentido, y ese contexto, a su vez, es un obvio resultado del lenguaje como concomitante a un horizonte de precomprensión. En segundo lugar, el giro epistemológico también puede ser visto desde esa perspectiva. A. Koyré sostuvo que un cambio de concepción del mundo de tipo filosófico es necesariamente previo a un cambio en la concepción del mundo físico. Aunque desde otras fuentes, Popper continuó esa perspectiva introduciendo la fundamental tesis anti-inductivista de que la conjetura es previa a la observación, y que la base empírica está interpretada necesariamente desde una carga de teoría. Kuhn recogió sobre todo las enseñanzas de Koyré con sus famosos paradigmas, e insistió en el carácter esencialmente subjetivo de toda elección de teoría. En Lakatos la teoría previa es el núcleo central de todo programa de investigación, y Feyerabend escandaliza a los físicos al hablar del proceder contra-inductivo y el ppio. de proliferación de teorías [14]. No en vano al debate que va de Kuhn a Feyerabend se lo llama el “historical turn [15]. Lo que queremos decir es que el abandono del paradigma sujeto-objeto por el de persona-mundo (ser en el mundo), el abandono del paradigma de la “información” por el de conocimiento como igual a interpretación, es un paradigma integrador de la filosofía del lenguaje y de la filosofía de las ciencias.

 5.La hermenéutica como “el tema de nuestro tiempo”.Pero entonces, la hermenéutica queda, basada en la intersubjetividad, como el mejor fundamento de la “vida” de la cual habla Ortega [16], que se ve también en los últimos capítulos del famoso libro de lecciones de filosofía de García Morente [17]. Ortega intenta superar la dialéctica sujeto-objeto por el “yo y las cosas”, pero en realidad la “circunstancia” de la que hablaba es el mundo de la vida husserliano y los horizontes gadamerianos. O sea que la cuestión no era “el yo y las cosas” sino “el yo y los otros yo”, y de allí a las “cosas no sujetos”. Y si “el tema de nuestro tiempo” es la re-unión entre filosofía y vida, ello se logra precisamente con la actitud teorética sobre el mundo de la vida como fenomenología de mundo de la vida. Y por ello, la hermenéutica, así vista, con base fenomenológica, no sólo no es un paradigma superado, sino que es como esa tercera etapa de la filosofía que preludia Ortega [18]. Si hubo un tiempo donde la filosofía estuvo del lado del objeto, y otro tiempo donde se puso del lado del sujeto, ahora, dice el gran autor español, ha llegado un momento donde la filosofía ha re-descubierto algo que no es objeto ni sujeto, que es la “vida”, también como “tema de nuestro tiempo”: pues bien, ese es el mundo de la vida, que deriva en hermenéutica. Hermenéutica fenomenológica, porque no abandona la actitud teorética sobre la actitud natural, re-uniendo así razón y vida, y hermenéutica integradora de varias piezas de la filosofía del s. XX, como hemos visto con la filosofía del lenguaje y la filosofía de las ciencias naturales, descontando que ello incluye también a la filosofía de las ciencias sociales. La hermenéutica, por lo tanto, así vista, no ha agotado su camino. Apenas si lo ha comenzado.

Ponencia presentada en  las  I Jornadas Internacionales de Hermenéutica, en Buenos Aires, Mayo de 2009, auspiciado por la UBA/Conicet.

 [1] Investigaciones lógicas [1900]; Alianza, Madrid, 1982, tomos I y II

 [2] Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica [1913];        Fondo de Cultura, México, 1986

 [3] The Crisis of European Sciences [1934-1937 aprox.]; Northwestern University Press, 1970

 [4] Sobre la noción del mundo de la vida en Husserl, una interpretación importante la tenemos en las obras de Leocata, F.: “Idealismo y personalismo en Husserl”, Sapientia, (2000) Vol LV, fasc. 207; “El hombre en Husserl”, Sapientia (1987), y Persona, Lenguaje, Realidad, Educa, Buenos Aires, 2003.

 [5]  Ver Leocata, “El hombre en Husserl”, op.cit., p. 359.

[6]  Ver Husserl, E.: Ideas… Second book [1928 aprox.], Kluwer Academic Publishers, 1989, sup. V.

 [7] Ver Experiencia y juicio [1919-20 aprox.]; Universidad Nacional Autónoma de     México, 1980, p. 48.

 [8] Ver sus clásicos Verdad y método, I, y II [1960/1986]; Sígueme, Salamanca, 1991/1992.

 [9]  Op. cit., p. 311.

 [10]  Op.cit., p. 217.

 [11]  En nuestro libro Hacia una hermenéutica realista, Universidad Austral, Buenos Aires, 2005.

[12] Véase Gadamer, H.G.: El giro hermenéutico, Cátedra, Madrid, 1998.

[13]  Wittgenstein, L.:Investigaciones filosóficas, Crítica, Barcelona, 1988

 [14] De Koyré, Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend, ver: Koyré, A.: Estudios de historia del pensamiento científico; Siglo XXI Editores, 1988,  Pensar la ciencia; Piados, 1994,    Del mundo cerrado al universo infinito; Siglo XXI, 1979, Estudios galileanos; Siglo XXI, 1980; Popper, K.: Conjeturas y refutaciones; Paidós, Barcelona, 1983, Conocimiento objetivo; Tecnos,Madrid, 1988,  La lógica de la investigación cientifica,Tecnos, Madrid, 1985, Sociedad abierta; universo abierto; Tecnos, Madrid, 1984, Replies To My Critics; in The Philosophy of Karl Popper, Part II; Edited by P. Arthur Schilpp Lasalle; Illinois, 1974, The Myth of the Framework; Routledge, Londond and New York, 1994; Lakatos, I.: La metodología de los programas de investigación científica; Alianza Ed., Madrid, 1989,  Matemáticas, ciencia y epistemología; Alianza Ed., Madrid, 1987; Kuhn, T.: La estructura de las revoluciones científicas; FCE, 1971, La tensión esencial; FCE, 1996, The Road Since Structure; University of Chicado Press, 2000;  Feyerabend, P.: Tratado contra el método; Tecnos, Madrid, 1981; Adiós a la razón; [versión inglesa]; Tecnos, Madrid, 1992; y Philposophical Papers, vol 1 y 2; Cambridge University Press, 1981.

 [15] Ver Bird, A.: “The Historical Turn in the Philosophy of Science”, en The Routhledge Companion to Philosophy of Science, Routledge, 2008.

[16]  Ver Ortega y Gasset, J.: ¿Qué es filosofía?, Espasa-Calpe, Madrid, 1973; El tema de nuestro tiempo, Austral, Buenos Aires, 1947; En torno a Galileo, Rev. De Occidente, Madrid, 1976.

[17] Nos referimos a Lecciones preliminares de filosofía, Losada, Buenos Aires, 1943.

[18] En ¿Qué es filosofía?, op.cit., lecciones VIII, IX, X y XI.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.