Los desafíos de Lenín Moreno en la presidencia de Ecuador

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 1/6/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2029360-los-desafios-de-lenin-moreno-en-la-presidencia-de-ecuador

 

Con un largo discurso conciliador, Lenín Moreno asumió la semana pasada la presidencia de Ecuador. Reemplaza a quién fuera uno de los pilares del socialismo bolivariano: Rafael Correa, quien dejará a su país para, según ha anunciado, descansar y pasar tiempo reflexionando en medios académicos, en la Vieja Europa.

En su momento, Rafael Correa, de la mano de Hugo Chávez y Evo Morales, quiso instaurar en América Latina un sistema económico inviable: el del colectivismo, cuyo fracaso estrepitoso en Venezuela pudo bien haber sido el de toda la región.

Afortunadamente, el arbitrario Rafael Correa no tuvo éxito más allá de las fronteras de su propio país. Su ideología quedó a la vista cuando la información secuestrada en la computadora de Raúl Reyes -uno de los líderes de las FARC colombianas- confirmó que Correa (con Cuba y Venezuela) contribuía a mantener y a financiar a las FARC colombianas y al andar violento de otros grupos terroristas latinoamericanos.

Para impulsar el desarrollo de su país, Rafael Correa convocó a China, que hoy es, a la vez, el inversor externo más importante y el mayor acreedor de Ecuador. Durante sus mandatos, cercenó muy fuertemente -y sin disimulo alguno- la libertad de expresión y la de prensa a lo largo de una década, persiguiendo tenazmente a quienes no coincidían con su visión u opiniones, incluyendo a los principales medios opositores. Tiene, sin embargo, en su haber un logro no menor: el de haber disminuido sensiblemente la pobreza.

Lenín Moreno recibió la banda presidencial de manos de un emocionado Rafael Correa, de quien fuera vicepresidente durante seis años. Hoy Moreno es el único Jefe de Estado del mundo que gobierna desde una silla de ruedas. Ocurre que quedó parapléjico en 1988 como consecuencia de un asalto violento en el que recibió un tiro por la espalda. En su juventud, Lenín Moreno militó activamente en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Ecuador.

A la ceremonia de asunción del mando concurrieron, como es habitual, varios presidentes de nuestra región. Entre ellos Mauricio Macri. Pero no su principal “compañero de ruta” regional: Nicolás Maduro, quien luego de anunciar que asistiría no pudo hacerlo, jaqueado por las continuas protestas de su pueblo en las ciudades venezolanas. Ella tuvo lugar en la sede de la Asamblea Nacional. Dos presidentes llegaron tarde a la ceremonia: Mauricio Macri y el colombiano Juan Manuel Santos. Rafael Correa leyó un largo informe de su gestión, aplaudido en distintas oportunidades. La televisión ecuatoriana, sin embargo, evitó mostrar en cámara los carteles que, durante el acto, repudiaban la presencia de la delegación venezolana.

Luego vino el discurso inaugural de Lenín Moreno que duró poco más de una hora. Para quienes estaban acostumbrados a la sobreactuación de Rafael Correa, eso fue apenas un instante. El mensaje fue, esencialmente, una sobria invitación al diálogo. También incluyó el anuncio de una inevitable primera etapa de austeridad, consecuencia directa del irresponsable dispendio de su predecesor, que dejó a Ecuador con un Estado inepto y obeso, endeudado más allá de los límites legales con un agobiante pasivo externo que deberá reestructurarse. Anunció, asimismo, la confirmación de la continuidad de la “dolarización” de la economía ecuatoriana. Y la esperada reiteración de que, en su gestión, pondrá énfasis en lo social.

La economía ecuatoriana atraviesa un momento complejo. Muy debilitada por la caída de los precios internacionales del petróleo y el aumento del servicio de su pasivo externo. Azotada además por las consecuencias del duro terremoto de abril de 2016. El año pasado, Ecuador sólo pudo crecer al ritmo insuficiente del 1,5% de su PBI.

El derrotado candidato opositor, el empresario Guillermo Lasso, en rueda de prensa, reiteró sus acusaciones de fraude electoral y convocó a Lenín Moreno a liberar a los presos políticos; a hacer pública la corrupción que también allí aparece en torno a los contratos de la multinacional brasileña Odebrecht; a despolitizar la actividad propia de la gestión de gobierno; y a reducir la presión tributaria de modo de estimular las inversiones privadas.

El vicepresidente, Jorge Glas, a diferencia de Lenín Moreno, sostuvo que el líder opositor carece de “autoridad moral” para criticar al gobierno, o hacer propuestas. Continuando así el lamentable estilo belicoso de Rafael Correa

Lenín Moreno, sin embargo, tiene sus propios objetivos de gobierno. También un estilo diferente. Seguramente continuará transitando la vía del intervencionismo estatal en la debilitada economía ecuatoriana. Esto es seguir el sendero económico-social abierto por su predecesor. Tan parecería ser así, que en su superpoblado gabinete -de 23 ministros y tres secretarios de Estado- 15 ministros son ex funcionarios de Rafael Correa. Entre ellos, la Canciller, María Fernanda Espinosa Garcés, una activa mujer con experiencia en la política. Así como los ministros de Justicia, Industrias, Defensa, Agricultura, Vivienda y Salud, y la propia Secretaria General de Gobierno.

Rafael Correa culminó su gestión de una década luego de haber sido electo en las urnas tres veces. Con una aprobación del 62%. Polarizó fuertemente a su país. Deja tras de sí una infraestructura pública mejorada, particularmente en materia de caminos y aeropuertos. También una importante ampliación de capacidad en materia de generación hidroeléctrica. Su particular estilo: demagógico y paternalista, pero siempre arrogante, impetuoso, populista y hasta arbitrario, no será extrañado. La corrupción que floreciera en su derredor, tampoco. Correa fracasó en su intento de encerrar a América del Sur en sí misma, alejándola de los organismos regionales tradicionales.

Quizás la enorme agresividad contra los Estados Unidos, a los que Rafael Correa desalojó de la base militar en Mantra, disminuya ahora un tanto. Para Correa, esa actitud era un tema personal. Ocurre que su padre estuvo preso por largo rato en los Estados Unidos, acusado de tráfico de drogas. Por ello el ex presidente debió ser criado por su madre, en Guayaquil. Lo que seguramente lo marcó para toda la vida.

El contexto externo en el que le tocará actuar a Lenín Moreno será variado. Con gobiernos liberales, como el de Mauricio Macri o el que surja del probable retorno de Sebastián Piñera al timón de Chile. Y con el enorme signo de interrogación en el que se ha transformado Brasil, sumergido en un inmenso caos. Pero también con la probable presencia regional del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, que podría ser el próximo presidente de México como consecuencia de la torpeza de la campaña electoral de Donald Trump. Así como con el populismo y la corrupción que parecen haberse consolidado en Bolivia. En ese marco, Lenín Moreno estará enrolado en el andarivel propio de la izquierda, presumiblemente con menos agresividad que Rafael Correa.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Distintos niveles de popularidad de los presidentes latinoamericanos

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2/3/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1989208-distintos-niveles-de-popularidad-de-los-presidentes-latinoamericanos

 

Se acaban de difundir los resultados de una interesante encuesta reciente realizada por IPSOS-Public Affairs, que midió los niveles actuales de popularidad de los distintos presidentes de América latina. Ella se realizó consultando específicamente a casi tres centenares de líderes de opinión de todos los rincones de la región y a periodistas especializados durante el período transcurrido desde noviembre de 2016 hasta enero del año en curso.

Los mandatarios de nuestra región que, a estar a los resultados de esa encuesta, mejor miden son: Juan Manuel Santos, de Colombia; Tabaré Vázquez, de Uruguay y nuestro presidente, Mauricio Macri, en ese orden.

Los porcentajes de aprobación son, para ellos, realmente muy significativos. Concretamente, del 74% para Santos, del 70% para Vázquez y del 64%, para Macri.

La alta cifra de aplauso para el Premio Nobel de la Paz Juan Manuel Santos hoy podría haber disminuido algo, como consecuencia de las acusaciones que le imputan haber recibido indirectamente dinero de Odebrecht, destinado al financiamiento de su última campaña electoral. Estas acusaciones son llamativamente paralelas a las que en su momento se hicieran contra el ex presidente colombiano Ernesto Samper, que acaba de renunciar a la Secretaría General de UNASUR. Como duro resultado de ellas, lo cierto es que Ernesto Samper aún no puede ingresar al territorio de los Estados Unidos, país que le niega la posibilidad de obtener la visa del caso.

A su vez, los presidentes que peor miden en nuestra región, son: el ecuatoriano Rafael Correa, con apenas un 36% de aprobación; el dictador cubano, Raúl Castro, con un débil 31%; el asediado por acusaciones de corrupción presidente de Brasil, Michel Temer, con un escaso 30% de aprobación; el presidente de México, Enrique Peña Nieto, con sólo un 25% de aprobación; y, no inesperadamente, el claramente peor de todos es el presidente venezolano Nicolás Maduro, que aparece con un escuálido 6% de aprobación, con nada entonces. Rechazado por su pueblo.

Los otros tres mandatarios regionales cuya popularidad midiera la encuesta referida específicamente, son: Pedro Pablo Kuczynski, del Perú, que obtuvo un saludable 61% de aprobación; y Michelle Bachelet, de Chile, que tiene un 58% de aprobación. Bien por debajo de ellos aparece el eterno presidente boliviano, Evo Morales, con una flaca aprobación del 41%, esto es menos de la mitad del total de los encuestados.

A su vez, las respectivas tasas de desaprobación registradas por la encuesta comentada son las siguientes: para Juan Manuel Santos, del 23%; para Tabaré Vázquez, del 14%; para Mauricio Macri, del 14%; para Rafael Correa, del 58%; para Raúl Castro, del 64%; para Michel Temer, del 26%; para Enrique Peña Nieto, del 67%; para Pedro Pablo Kuczynski, del 12%; para Michelle Bachelet, del 40%; para Evo Morales del 56%; y para el repudiado Nicolás Maduro, de un increíble 91%.

No es imposible que la débil imagen del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, comience pronto a fortalecerse por impacto del nacionalismo si, de pronto, su desempeño en la difícil pulseada comercial e inmigratoria que tiene en curso contra el presidente norteamericano, Donald Trump, lo justifica.

Así están las cosas en nuestra región latinoamericana. Relativamente tranquilas, al menos aparentemente, para los jefes de estado de Colombia, Uruguay, Argentina, Perú y Chile. Bastante más complejas para los de Bolivia y Ecuador. Y francamente adversas, al menos en términos de imagen, para los presidentes de Cuba, Brasil, México y Venezuela.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Crece el pesimismo en Colombia sobre las negociaciones de paz

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 12/4/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1888534-crece-el-pesimismo-en-colombia-sobre-las-negociaciones-de-paz

 

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, sigue adelante con las negociaciones de paz que procuran poner punto final a más de medio siglo de violencia en el conflicto armado interno que afecta a su país.

En las últimas semanas las noticias han sido tanto buenas como malas con relación a ese esfuerzo. La principal mala noticia es que la fecha prevista para suscribir el acuerdo que pondría fin al conflicto con las FARC, que era el 23 de marzo pasado, no se cumplió. Por el momento, si bien las negociaciones continúan en La Habana, no se ha anunciado fecha alguna que reemplace a la antes mencionada. En cambio, la buena noticia es que hoy el gobierno colombiano no sólo negocia la paz con las FARC, sino que lo hace también -en paralelo- con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Esto último supone que las dos principales fuerzas guerrilleras marxistas están ahora sentadas en la mesa de negociaciones, discutiendo el cierre de un prolongado y duro conflicto.

A comienzos de año, concretamente en enero pasado, el 49% de los colombianos confiaba en que se lograría el acuerdo de paz con las FARC. Un 45% de ellos se mostraba, en cambio, profundamente escéptico. Había en ese momento, según queda claro, un optimismo prevaleciente respecto del posible éxito de las negociaciones de paz, que avanzaban con una brisa a favor.

Sin embargo, después del fracaso del 23 de marzo antes aludido, la tendencia del ánimo de los colombianos cambió, siendo reemplazada por una actitud que ahora luce más bien pesimista. El cambio ha sido significativo, como veremos enseguida.

Hoy el 60% de los colombianos, a estar a una reciente encuesta de Datexco, no cree que se pueda alcanzar la paz con las FARC. Son pesimistas, entonces. A su vez, sólo el 35% de los colombianos sigue pensando que la paz con las FARC es posible.

Es más, un 74% de los colombianos sigue sin creer en la buena fe de las FARC y manifiesta que ese grupo guerrillero carece de intención sincera respecto de cerrar el proceso de paz. En paralelo, un 75% de los encuestados manifiesta no estar de acuerdo con la forma como Juan Manuel Santos conduce los diálogos de paz que se realizan en La Habana.

La encuesta comentada sugiere entonces que los colombianos son hoy más bien mayoritariamente escépticos respecto de la posibilidad de llevar las negociaciones de paz a buen puerto, desde que se han vuelto bastante pesimistas respecto de sus posibilidades de éxito. Esto coincide con que el 69% de los colombianos cree que Colombia -en líneas generales- hoy va “por mal camino”, mientras únicamente el 26% cree lo contrario.

El cambio de opinión respecto del posible cierre feliz del proceso de paz pareciera tener distintas razones. La primera es la existencia de una sensación generalizada de que no se está avanzando lo suficiente y que el ritmo de la marcha ha disminuido peligrosamente. Pero hay también otras razones. Entre ellas, que muchos creen que, en función de lo ya negociado, los insurgentes responsables de los delitos de lesa humanidad por ellos cometidos a lo largo del conflicto armado interno colombiano no serán penados como corresponde, porque han negociado con éxito la imposición de penas que parecen inusualmente bajas, a lo que se agrega la posibilidad de no tener que cumplirlas en los clásicos encierros carcelarios.

Por eso, muchas respuestas sugieren que la opinión pública está insatisfecha por lo que consideran una burla frente a los enormes perjuicios que la guerrilla marxista causara a muchos civiles inocentes.

Estas reacciones deberán ser tenidas en cuenta al tiempo de procurar la ratificación de los acuerdos que eventualmente se alcancen con las FARC y con el ELN. No es imposible que si mañana se hiciera un referendo, el resultado de la compulsa no fuera positivo. Por esto no sólo es importante cerrar con éxito las negociaciones de paz, sino también explicar, a todos los colombianos por igual, por qué la paz puede tener un costo que pagar: el de ser relativamente poco severos con quienes, en verdad, han cometido decenas de miles de crímenes aberrantes, como los asesinatos, los secuestros, las lesiones y los daños que los atentados de los guerrilleros han acumulado.

Queda entonces por delante no solo la tarea -aún abierta- de cerrar las negociaciones en curso, sino también un esfuerzo por explicar con claridad el por qué de los consensos alcanzados en la búsqueda de la paz.

No será, aparentemente, una tarea fácil, porque el porcentaje actual de desaprobación a la gestión de Juan Manuel Santos es muy alto: del 76%. Esto es, 12 puntos porcentuales más que cuando esa medición fuera realizada en enero pasado.

Las dificultades expresadas debieran empujar a todas las partes a realizar esfuerzos renovados para edificar los consensos que aún no se han alcanzado. El valor de la paz es superlativo y, habiendo avanzado tanto en las negociaciones en marcha, el empujón final de todos es imprescindible. De lo contrario Colombia no podrá dejar atrás lo que se ha llamado “la doble epidemia de la violencia y las drogas”.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Elecciones y poder en declive

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 31/8/14 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2014/08/elecciones-y-poder-en-declive.html

 

Sin dudas 2014 es un año que, en materia de política y elecciones, confirma la tendencia histórica global de lenta, pero firme, disminución del poder político en favor de las personas. Costa Rica y El Salvador abrieron el calendario electoral el 2 de febrero, con el costarricense Luis Guillermo Solís, del centroizquierdista Partido Acción Ciudadana, triunfando en el ballotage del 5 de abril con el 77,9% de los votos. En El Salvador, el candidato oficialista Salvador Sánchez Cerén, del izquierdista FMLN, también se impuso en segunda vuelta el 9 de marzo por solo el 0,22%.

Luego siguió Panamá, el 4 de mayo, donde triunfó el opositor Juan Carlos Varela, del conservador Partido Panameñista Auténtico. Por último, en Colombia, Juan Manuel Santos consiguió la reelección, también con ballotage. En todos los casos es llamativa la abstención. En Colombia superó el 50%. En Costa Rica se acercó al 43% en la segunda vuelta y en El Salvador, en la primera, fue de 45%. La excepción fue Panamá con un 76,77% de participación, aunque vale recordar que el voto es obligatorio.

Otras tres elecciones sucederán en octubre: el 5 en Brasil, el 12 en Bolivia, y el 26 en Uruguay. En Brasil, la sorpresa no es poca. La perspectiva de que la presidenta Dilma Rousseff sea derrotada ha alentado una corriente alcista en la Bolsa. Sucede que Marina Silva, candidata presidencial tras la muerte del socialista Eduardo Campos, ganaría la presidencia en una segunda vuelta, según Ibope. Rousseff sería la más votada en primera vuelta, 34%, seguida por Silva, 29%. Con estos resultados, habría un ballotage, el 26 de octubre, y Silva, con el 45%, se convertiría en presidenta en lugar de Rousseff que obtendría el 36%.

En Bolivia, Evo Morales sería reelecto fácilmente. En Uruguay, el expresidente Tabaré Vázquez, del oficialista Frente Amplio, lidera las encuestas pero la distancia se acorta con Luis Lacalle Pou, del Partido Blanco, previéndose una segunda vuelta. En cuanto a Evo, existen fundadas objeciones referidas a la inconstitucionalidad de su tercera reelección consecutiva, sin embargo fue declarada válida por el Tribunal Constitucional. Morales, preside un país con una economía relativamente estable y en crecimiento. Durante su gobierno, ha logrado controlar la Asamblea Legislativa y los poderes Judicial y Electoral. Y los candidatos oficialistas se mantienen en el poder, durante la campaña, abusando de los medios públicos con fines proselitistas.

Tres cosas se ven claras. Primero, la creciente abstención refleja el hartazgo de la gente con “el poder”, lo que obliga a los “poderosos” a moderarse so pena de sufrir la condena social. Segundo, cada vez resulta más claro que la “independencia de poderes”, que pretenden algunos, es utópica y parece lógico que ninguna parte del Estado -ejecutivo, legislativo o judicial- sea independiente de la otra y menos de la parte que financia. Y tercero, es también utópico creer que la política sea incorrupta: utilizar una posición dentro del gobierno es corrupción desde que desvía para sí recursos que deberían favorecer a todos. Por otro lado, es bueno ver que, lentamente, las izquierdas o populismos autoritarios se van moderando al ritmo de las personas que van notando que “el monopolio de la violencia” -el Estado- lejos de ser el salvador, más bien, pareciera que muchas veces entorpece.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Mejor vivir en Ámsterdam que en Michoacán

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 16/2/14 en: http://www.eluniversal.com/opinion/140216/mejor-vivir-en-amsterdam-que-en-michoacan

Si tuviera que definir de modo ontológico qué es la guerra diría que es un exceso de Estado. Los gobiernos empiezan por crear fuertes tensiones al imponer contra natura coactivamente “leyes” y “regulaciones”, luego reprimen como Maduro las protestas en Venezuela y, finalmente, cuando las tensiones son los suficientemente grandes, terminan armando guerras.

Entre 1920 y 1933, al puritanismo americano –e intereses creados- decidieron prohibir una droga altamente dañina, el alcohol. En su soberbia, “los buenos” creyeron que debían forzar el bien y vino la “ley seca”. No cayó el consumo y sí aumentó la violencia al punto que apareció un modus delictivo hasta entonces desconocido: la mafia. Luego Nixon se inventó “la Guerra contra las drogas”, liderada por EEUU para acabar con la producción, comercio y consumo de ciertas sustancias psicoactivas, no medicinales.

Al igual que en el caso de la “ley seca”, la represión violenta de la actividad relacionada con estas drogas altamente dañinas, ha provocado un aumento descomunal en la violencia creando un nuevo tipo de delito feroz: el narco. En rigor, la “prohibición” funciona como un monopolio altamente rentable para quienes sobornan adecuadamente a los funcionarios, de modo que más bien debería de llamarse la “Guerra por el control de las Drogas”. Así se criminaliza al consumidor y al narco se le dan altas ganancias para incentivar su ferocidad y búsqueda de clientes.

Como que la violencia jamás construye nada, la guerra contra las drogas es un rotundo fracaso –salvo al asesinar y conseguir más drogadictos- y un malgasto de una cantidad astronómica de recursos en un mundo con mucha pobreza. Según la ONU, la producción total de cocaína en la región andina es mayor que en 1990. Un caso patético es el de Michoacán, en México, donde nadie confía en nadie, y donde todos se acusan de todo. Además de los narcos y la policía, ahora están las “autodefensas”, paramilitares que usan armas cuya posesión ya constituye un delito grave. A pesar de ello se sientan en la misma mesa con policías, militares y fiscales.

El Gobierno tiene un discurso altamente incoherente empezando por avalar la idea de que las “autodefensas” existen ante la “falta de Estado” que garantice la seguridad. Por el contrario, es el exceso de Estado el que ha creado esta guerra con los narcos y algunos civiles han decidido que la mejor “defensa” era armarse. Además, dice que ahora convertirá en eficientes los programas oficiales que reconoce que han funcionado mal durante años y cuyos fondos han beneficiado a criminales y funcionarios corruptos. En el colmo de la incoherencia, un alto funcionario aseguró que “no puedes solucionar un problema a través de la violencia”. Me pregunto y las fuerzas oficiales ¿con qué reprimen a los narcos, con flores?

Además, los terroristas de las FARC colombianas probablemente no existirían ya de no ser por la financiación que reciben del tráfico ilegal. Pasados más de 50 años de la guerra contra las drogas, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, se preguntaba “¿vamos a seguir otros 50 años? ¿O hay alternativas?”. El famoso Red-Light District, donde hay varios coffee shops legales que venden marihuana y prostitución, es un barrio desaconsejable de la muy bonita Ámsterdam. Sin embargo, es más seguro y pacífico que muchas ciudades estadounidenses y europeas.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Argentina: Una década de total incapacidad de diálogo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 15/7/13 en http://www.eldiarioexterior.com/argentina-una-decada-de-total-42507.htm

El combativo matrimonio Kirchner se instaló en lo más alto del poder de la República Argentina hace ya una larga década. Perdida, por supuesto, pese a las afirmaciones publicitarias del oficialismo. El matrimonio la condujo con un estilo inédito, de perfiles cada vez más autoritarios.

El de las decisiones caprichosas. El que -incapaz de escuchar- se ha vuelto cada vez más altivo y hasta belicoso. Intimidante, por cierto. Dentro y fuera de las fronteras. Absolutamente intolerante con los demás, especialmente con quienes de pronto (superando el miedo) osan hacer públicas sus disidencias. Proclive a caer en la hipérbole en cada oportunidad.
 
Con esas patológicas características, que se instalaron en lo más alto del poder argentino, no sorprende demasiado que el país se haya rodeado inevitablemente de soledad y terminado en el actual aislamiento. Irrelevante hasta en el insulto o la protesta.
 
Ni que Argentina se haya vuelto (oficialmente) cada vez más bolivariana. Como parecería demostrarlo la concurrencia de su presidenta a la reunión de Cochabamba, (en desagravio a Evo Morales por la incómodo perturbación que sufriera en el reciente sobrevuelo europeo de su avión presidencial) a la que, en rigor, sólo concurrieron unos pocos mandatarios de UNASUR. Esto es, solamente los presidentes de Ecuador, Venezuela, Uruguay y el ex sargento y dictador de Surinam (la ex Guyana holandesa), Dési Bouterse. El hijo de Bouterse Dino, recordemos, fue alguna vez condenado por narcotráfico y contrabando de armas. Ahora bajo la protección de su padre, comanda una milicia juvenil armada que responde a la denominación de Counter Terror Unit que, con el pretexto de estar oficialmente encargada de controlar al terrorismo en Surinam, controla todo y a todos en ese país.
 
Lo sucedido -o sea la incapacidad evidente de poder seguir usando a UNASUR cual auténtico títere que se maneja a control remoto- sumado a lo similar ocurrido cuando los bolivarianos recientemente convocaran (siempre con urgencia, como si se tratara de cuestiones de vida o muerte), también sin éxito, a otra “Cumbre” de UNASUR, en este caso para repudiar ruidosamente las conversaciones de Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia, con la OTAN, nos muestra que UNASUR ya no es apenas un mecanismo cautivo -belicoso e hiperbólico- que está a total disposición de los líderes bolivarianos, que la cuentan entre sus instrumentos de poder. UNASUR hoy está dividida. No responde a la conducción verticalista venezolana que lo caracterizara en su despegue.
 
El mecanismo de la UNASUR creado para excluir o alejar del diálogo regional a todos los que no coincidieran con Hugo Chávez y con Néstor Kirchner (incluyendo a México) está ahora demostrando que la visión aislacionista y cerrada que originalmente impulsara su nacimiento ya no lo caracteriza necesariamente. Ha dejado, entonces, de ser un mero muñeco pintado y servil.
 
Mientras tanto, la intimidad entre Cristina Kirchner y el ilegítimo presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, crece. Por minuto. En la última visita de Nicolás a Cristina, el primero se declaró “kirchnerista” y la segunda lo agasajó con una cena que incluyó la firma de nuevos convenios bilaterales. En serie. Hablamos de 147, todos firmados durante el mandato de Cristina. Los que deben sumarse a los 60 acuerdos bilaterales adicionales que fueran suscriptos con Venezuela en tiempos de Néstor Kirchner. El total es entonces 207. Increíble simbiosis, en los papeles solamente.
 
Mientras tanto, la inflación (desbocada) se come vertiginosamente los ingresos de los ciudadanos de ambos países. Y las inversiones, por obvia desconfianza, han caído absolutamente a pique. Pero de eso no se habla.
 
El norte político del oficialismo argentino es hoy Venezuela. Nadie más. Tampoco Brasil. Por ahora al menos.
 
Hasta la propia Dilma Rousseff -claramente asediada por la ola gigantesca de protestas que ha explotado en su propio medio- ha tomado distancia de las diatribas y quejas de alto vuelo que caracterizan a la política exterior bolivariana e impedido que sigan afincadas en UNASUR.
 
El diálogo de Argentina con el resto del mundo necesita ahora, queda visto, muletas. Tiene que ser en coro, con los bolivarianos. La Argentina de los Kirchner no se anima a ser solista. Señal de falta de fe en si misma. O consecuencia de una asfixia que, poco a poco, se ha ido apoderando de los argentinos. Lamentable.
 
Pero las encuestas comienzan a ratificar que un país ahora disconforme con el autoritarismo podría haber iniciado un viraje político saludable que, en octubre próximo, lo aleje del autoritarismo que hoy lo carcome y perturba.
 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.