EL JESUITA JUAN DE MARIANA Y LA ACTUALIDAD

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Hace tiempo, llegó a mis manos una obra notable: The School of Salamanca de Marjorie Grice-Hutchinson que me las recomendaron tanto Murray Rothbard como Friedrich Hayek quienes por otra parte habían escrito sobre esa muy fértil corriente de pensamiento del siglo xvi. Recuerdo que de esa obra exploré especialmente al Padre Luis de Molina.

 

Por el antedicho motivo me enfrasqué también en otro libro que aludía a la influencia bienhechora en el pensamiento liberal titulado Islam and the Discovery of Freedom de Rose Wilder Lane, obras ambas que me hicieron ver las extraordinarias contribuciones de los musulmanes y los católicos que junto con algunos puritanos de la Escuela Escocesa y las enseñanzas de quienes originalmente provenían del judaísmo como los propios Rothbard y Hayek a los que naturalmente deben agregarse Ludwig von Mises, Milton Friedman, Karl Popper y el judío practicante Israel Kirzner, juntos todos decimos han contribuido decisivamente al espíritu liberal. Y no es desde luego que esta tradición de pensamiento tenga que ver con la religión que más bien adhiere a “la doctrina de la muralla” estadounidense en cuanto a separar tajantemente el poder político de la religión. Es que luego de tantas matanzas, persecuciones y torturas por motivos religiosos, son en verdad paradójicas estas confluencias de religiones distintas.

 

En cualquier caso, en esta oportunidad me detengo en una de las figuras de mayor relieve de la Escuela de Salamanca o Escolástica Tardía: Juan de Mariana a quien indagué especialmente como consecuencia de que en 2017 recibí el Premio Juan de Mariana en Madrid invitado por el presidente del Instituto Juan de Mariana, Gabriel Calzada de quien precisamente leí y me documenté sobre este personaje en un ensayo que publicó en la colección Facetas liberales que coedité con el entonces Rector de la Universidad Francisco Marroquín, Giancarlo Ibárgüen, en homenaje al fundador de esa casa de estudios, Manuel Ayau.

 

Juan de Mariana (1536-1624) estudió en la Compañía de Jesús junto al antes mencionado Luis de Molina, se doctoró en París donde enseñó en la Sorbona, en Italia y en España y antes estudió y se licenció en teología en la Universidad de Alcalá de Henares. Publicó múltiples trabajos muchos de los cuales fueron condenados y hasta quemados por algunos de sus propios colegas y miembros del poder político. Su obra más conocida y apreciada fue su monumental Historia general de España y añadió escritos de gran valía y difusión sobre moneda, impuestos, teoría política, una detallada teoría de los precios y un magnífico adelanto a la Ley de Say. Se opuso con especial énfasis a todo autoritarismo, incluso llegó a patrocinar el tiranicidio en línea con lo establecido por el Obispo John of Salisbury (1120-1180) en su Policracticus donde escribe que “quien usurpa la espada merece morir por la espada”.

 

En general la Escuela de Salamanca se basa en Aristóteles y Sto Tomás de Aquino y redirecciona el énfasis en los marcos institucionales compatibles con la libertad de mercados, subrayaron la trascendencia de la propiedad privada, ridiculizaron las críticas a la denominada usura, combatieron la inflación, desarrollaron una incipiente teoría subjetiva del valor, elaboraron interesantes y bien documentos estudios sobre la ética de los negocios, fulminaron todo intento de controlar los precios por parte de gobiernos y publicaron enjundiosos tratados sobre el derecho natural.

 

Es del caso enfatizar que como Aristóteles fue introducido en Europa por vías judías y musulmanas, los prejuicios, sectarismos y oscurantismos de la Iglesia católica de entonces prohibió su lectura (en 1210 en la Universidad de Paris) y es del caso subrayar que también Santo Tomás de Aquino fue objeto de condena  post mortem de cuarenta tesis, impulsada por el Papa Juan XXI y ejecutadas  por el  Obispo Étienne Tempier, Canciller de la Universidad de Paris. Aquino fue defendido por su profesor San Alberto Magno (que sobrevivió a su discípulo), de quien el Papa Benedicto XVI en Audiencia General el 24 de marzo de 2010 expresó que “uno de los más grandes de la teología medieval es san Alberto Magno. El título de grande (magnus) con el que pasó a la historia indica la vastedad y la profundidad de su doctrina que unió a la santidad de su vida.”

 

Comento  ahora el aludido ensayo de Gabriel Calzada publicado en la colección de marras, me detengo en este trabajo debido a su versación  en la materia que sin bien está centrado en uno de los aspectos de los que se ocupó el doctor Mariana, ilustra maravillosamente las ideas de este esclarecido sacerdote. El ensayo en cuestión se titula  “Solo ante la inflación: Juan de Mariana y su lucha contra los desmanes monetarios”.

 

Manos a la obra entonces. Comienza el escrito Calzada narrando la detención de Mariana en la Compañía de Jesús en Toledo, el 8 de septiembre de 1609, por orden del obispo de Canarias, Francisco de Sosa “a quien el rey había propuesto como juez de la causa contra el incómodo pensador”. Antes de eso la Inquisición lo había conducido a una celda para declarar ante los inquisidores por su último libro.

 

Calzada destaca tres de los libros de Mariana que han tenido una influencia decisiva en amplios círculos: uno sobre los fundamentos de los derechos individuales y los necesarios límites al poder –De rege et regis institutione- y los otros dos sobre moneda –De ponderibus et mensuris y De monetae mutatione– los cuales le trajeron una serie de condenas por parte de algunos de los representantes de su Iglesia y por parte del poder político en ese momento a cargo del príncipe heredero Felipe III, en realidad en manos del Duque de Lerma, Francisco de Sandoval y Rojas quien había dispuesto la disminución del contenido de plata de la moneda pero resellada con el mismo valor nominal como si no hubiera habido esa reducción, lo cual naturalmente produjo grandes distorsiones monetarias que Mariana develó ante la opinión pública, situación que “desató la furia real contra su persona” .

 

A esta altura es del caso reproducir parte de las citas que consigna Calzada de la mencionada obra de Mariana sobre moneda: “Algunos hombres astutos e ingeniosos para atender a las necesidades que continuamente abruman a un imperio, sobre todo cuando es de gran extensión, idearon como un medio útil para superar las dificultades sustraer a la moneda alguna parte de su peso […] ¿Quién habrá que tenga un ingenio tan corrompido que no apruebe la bendición del Estado? […] el príncipe no tiene derecho alguno sobre la propiedad de los bienes muebles e inmuebles de los súbditos” y sostiene que los que afirman lo contrario “son charlatanes y aduladores, que tanto abundan en los palacios de los príncipes”.

 

De ese mismo libro Calzada se detiene a mostrar los rigurosos conocimientos de Mariana en temas monetarios al explicar meticulosamente las consecuencias de la manipulación monetaria por parte de los gobiernos, las enormes dificultades que crea en el comercio al afectar el poder adquisitivo de todos y se anticipa a lo que luego se conocería como la Ley de Gresham, en cuyo contexto describe la subjetividad del valor que mucho después sería desarrollada in extenso por Carl Menger en el origen de la Escuela Austríaca. En resumen, Mariana escribe que su objetivo es “amonestar a los príncipes” por el avasallamiento de los derechos de las personas.

 

Calzada nos dice en su ensayo que “lo primero que debe hacer, según Mariana, el monarca y quienes gobiernan es reducir el gasto, en lugar de centrarse en elevar los ingresos, como forma de solucionar los desfases financieros. La segunda recomendación es reducir los subsidios, las retribuciones, la pensiones y los premios”.

 

Hacia el final de su muy documentado ensayo, Gabriel Calzada retoma lo dicho en el comienzo respecto a la detención de Mariana ese fatídico 8 de septiembre de 1609 a los 73 años de edad luego de décadas de estudio, investigación y enseñanza y dice que el estudioso allí aprendió “una de las lecciones más amargas de su vida: si uno está dispuesto a plantarle cara al poder político, en defensa de las libertades individuales y de la propiedad privada, debe contar con la posibilidad de ser abandonado por sus amigos y hasta por las instituciones a las que ha servido toda la vida. Ese fue, por ejemplo, el caso de la Compañía de Jesús a la que Mariana había dedicado, con talento y entrega los últimos 55 años de su vida”.

 

El proceso de condena se llevó a cabo en Madrid bajo la acusación de fiscales respecto de trece cargos cuyo eje central era “negar el derecho del rey a cambiar la moneda”. El Padre Mariana se ocupó personalmente de su propia defensa con argumentos extensos y bien fundados, frente a lo cual la fiscalía agregó nuevas imputaciones referidas a la insolencia de Mariana con el poder y sus superiores. La monarquía intentó una condena por “lesa majestad” y “ordenó a sus embajadores que compraran y se hicieran de todos los ejemplares posibles del libro para quemarlos” pero finalmente tuvieron que liberarlo a Mariana puesto que las documentaciones en su contra se fueron diluyendo junto con las apoyos para mantenerlo en custodia. Con la angustia a cuestas por lo sufrido en soledad, volvió a Toledo sin que escribiera nada más sobre los asuntos que lo habían desvelado respecto a los abusos del poder.

 

Ahora a casi cuatro siglos de la muerte de Juan de Mariana se hace necesario volver sobre sus pasos y considerar los temas que con tanta dedicación estudió en el contexto de una vida espiritual consubstanciada con valores éticos centrales tan necesarios en nuestro mundo moderno, al efecto de nosotros sacar partida de sus enseñanzas. En parte de sus desvelos, es increíble que después de tanto tiempo estemos hoy embretados en problemas parecidos de abuso de poder, no solo en materia monetaria donde la banca central se ha convertido en la vaca sagrada de nuestra época sin percatarse que cualquiera sea el camino que decida emprender estará distorsionando los precios relativos, sea al expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria. No solo se permite la manipulación monetaria por parte de los gobiernos para financiar sus desmanes en perjuicio de la población, sino que se aplauden otros atropellos a las autonomías individuales paradójicamente en nombre de una democracia que ha sustituido su esencia del respeto a las minorías por las mayorías para sustituirla por un mero número, con lo que, a contracorriente de lo sustentado por los Giovanni Sartori contemporáneos, se hacer realidad lo pronosticado por Juan González Calderón en cuanto a que tienen vigencia dos ecuaciones falsas: 50% más 1%=100% y 50% menos 1%=0%.

 

Respecto a ciertos desvíos de la Iglesia católica de su misión pastoral, cierro al recordar un par de ejemplos truculentos de otros tiempos, además de los apuntados sobre las condenas a la línea aristotélica-tomista y a los hechos bochornosos por los que ha pedido perdón en nombre de la Iglesia el admirable Papa Juan Pablo II. En primer lugar, la Carta Pastoral de los Obispos de la Iglesia Católica Alemana reproducida en The New York Times el 24 de septiembre de 1939: “En esta hora decisiva exhortamos a nuestros soldados católicos a obedecer al Führer y a estar preparado para sacrificar su individualidad. Apelamos a que se unan a nuestros rezos para que la Divina Providencia conduzca esta guerra al éxito”. En segundo término, la desfachatada declaración de los editores de la revista jesuita Mensaje a raíz del triunfo electoral del marxista Salvador Allende (No. 194, noviembre de 1970): “Mientras el gobierno de la Unidad Popular avanza hacia el Hombre Nuevo, un cristiano no puede sino avanzar a su lado”. Entre otras cosas, esto va para algunos católicos insoportables por su arrogancia, soberbia y petulancia que aun en pleno sigo XXI se entretienen con críticas inauditas a judíos y musulmanes, a pesar de la promoción del ecumenismo entre las tres religiones monoteístas implantada a los cuatro vientos por el antes mencionado Juan Pablo II y continuada por sus sucesores.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

SE BUSCA: DEBATES CON IDEAS DE FONDO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Casi todo se ha vuelto en una eterna reiteración sobre la coyuntura lo cual naturalmente no permite espacios para tomar distancia y pensar el futuro a los efectos, precisamente, de permitir coyunturas mejores. La permanente concentración en el día a día no hace posible modificar el rumbo con lo que la repetición de errores se hace inexorable.

 

Se viven tapando incendios y en estados de emergencia como consecuencia de que nadie se tomó el trabajo de imaginar cosas diferentes. Es como el perro que pretende morderse la cola en círculos desesperados. Así no se zafa de una infame calesita que no cesa de machacar sobre los mismos panoramas.

 

Desafortunadamente cuando alguien recoge el guante y anuncia que se ocupará de ideas de fondo no tiene mejor ocurrencia que pensar en la manera de vender la idea. Craso error. Las ideas no se venden en el sentido de que no están sujetas a las estrategias de comercialización como cuando se vende un dentífrico o un desodorante. En estos casos y en todos los demás, cuando se pretende colocar un producto en el mercado es del todo inconveniente explicarle al cliente potencial cuales fueron todos los procesos de producción involucrados puesto que se consumiría malamente el tiempo en lugar de centrar la atención en los beneficios que reportaría la adquisición del bien en cuestión por parte del comprador.

 

Sin embargo, a menos de que se trate de un fanático que compra cualquier cosa con solo insinuársela, en el caso de las ideas es inexorable la cuidadosa explicación y argumentación en el contexto de rastrear la genealogía de la idea en cuestión para que el receptor comprenda y la acepte. En otros términos, no se trata de una venta en la que se exhiben las ventajas del producto final sino, como queda dicho, se torna indispensable explicar el “proceso de producción” y fundamentación de la idea.

 

De menor importancia resulta la persistente manía de traducir el concepto filosófico que se desea trasmitir en un mensaje de unos pocos minutos como si se estuviera publicitando una camisa o un perfume. No es que esto resulte inútil. La capacidad de síntesis es muy relevante y bienvenida pero hay ideas que demandan razonamientos que insumen tiempo y que no pueden ser tratados livianamente. No en vano los grandes pensadores han escrito volúmenes varios. El acervo cultural no es tema para la propaganda y los marketineros, es para meditar, digerir, discutir y reflexionar. Como digo, esto no es esencial ya que los mensajes instantáneos pueden hacer de apoyo logístico circunstancial pero nunca el basamento de ninguna filosofía. No es lo mismo que el café instantáneo.

 

Lo mismo puede decirse de la televisión, redes sociales y equivalentes: pueden hacer de apoyo logístico pero el que pretenda reemplazar la detenida lectura de ensayos, artículos, libros y el dictado de clases por un spot televisivo no sabe de que está hablando. Sería sumamente fácil reemplazar la cultura por lo audiovisual de un momento pero en todos los casos tras estos fetiches se encuentran pensamientos de largo aliento, sean éstos verdaderos o falsos pero siempre presentan debates de grueso calibre.

 

En conjunción con Vincint Publicidad que dirigía el buen amigo Pedro Naón y Jacques Perriaux financiado por un grupo de empresarios para salir al aire, conduje una serie televisiva de pocos minutos cada una donde intentaba mostrar las ventajas de la competencia y conceptos similares, serie que se denominó “Pedro y la manzana” la cual conservo las sucesivas ediciones. Fue un proceso interesante donde debía escribir la idea en una carilla y los creativos de la mencionada agencia de publicidad interpretaban lo escrito en borrador y lo discutíamos y reconstruíamos hasta que aprobaba la versión final. Pero esta y tantas otras experiencias no significa para nada que pueda sustituirse el ensayo ni la lectura detenida o “vertical” como diría Ortega para diferenciarla de la “horizontal que es el patinar sobre las letras”.

 

Hay videitos que son muy didácticos y twitter presta sus servicios pero no se pretenda resumir y encajar allí el acervo cultural de Occidente como a veces parece a que apuntan algunos enceguecidos por las redes sociales al jibarizar y mutilar conceptos, pues no solo erraremos fieramente la meta sino que terminaremos hablando como Tarzán. En la mayor parte de los debates actuales hace falta biblioteca a gritos.

 

Estimo que el mal de nuestro tiempo es que nos consumimos la vida en describir la coyuntura y sugerir medidas coyunturales mientras nos devora el agujero del momento que se profundiza porque muy pocos son los que abren discusiones que pretenden correr el eje del debate.

 

Y en este orden de cosas, muchos de los que se dicen liberales son los timoratos de la historia, es decir, los que no se animan a proponer cambios en la agenda pues temen lo “políticamente incorrecto”, en cambio lo que genéricamente podemos denominar las izquierdas muestran mucho mayor coraje para plantarse en temas que consideran de fondo para sus propósitos. Para ilustrar esto último pongo como ejemplo el título de la conferencia de Herbert Marcuse -la cabeza intelectual del Mayo francés- ante estudiantes canadienses en 1969: “Exijamos lo imposible”.

 

Y no empecemos con la perogrullada de que “una cosa es la teoría y otra la práctica” para significar el absurdo de que una cosa puede funcionar en teoría pero no lo puede hacer en la práctica puesto que si el proceso se basa en una buena teoría quiere decir que sirve a la práctica en el sentido de que “nada hay más práctico que una buena teoría”, lo contrario es andar por la vida a los tumbos dando palos de ciego. Todo lo que hoy disfrutamos sea la computadora, la medicina, la alimentación, el transporte etc etc es fruto del análisis teórico.

 

Con lo dicho  no quiero significar que no se anuncien las coyunturas de cada día. Es importante estar informado, pero otra cosa es estar enfrascado y encerrado en la coyuntura incapacitado para inocular otro oxigeno renovado y abrir nuevos horizontes siempre en el contexto de que el conocimiento tiene la característica de la provisonalidad abierto a posibles refutaciones en un contexto evolutivo.

 

A esta altura de los acontecimientos mundiales que son del dominio público no es suficiente concluir que debe reducirse el gasto público lo cual constituye una abstracción, hay que decir concretamente que funciones se eliminarán y no podar que como en la jardinería crece con mayor vigor. Tampoco tiene sentido afirmar alegremente que reducir el gasto público debe traducirse en la disminución de la planta automotriz de los burócratas, lo cual es un infantilismo.

 

Doy solo una terna de ejemplos de lo que quiero significar con debates de fondo… y cuidado con caer en la mirada timorata a que nos referíamos más arriba. Uso estos ejemplos ya que al haberme referido a ellos antes me exime de extenderme demasiado en los mismos.

 

Primero, cuestionar y reformar el mal llamado sistema de seguridad social (que es en verdad un sistema de inseguridad antisocial). Un sistema de reparto quebrado bajo cualquier criterio actuarial con que se lo quiera mirar en todas partes del mundo en que se lo aplica y ha servido para que los aparatos estatales echen mano a los fondos para financiarse y colocar en su lugar los consabidos títulos públicos que aumentan aun más las deudas. No se trata de pasar a un sistema de capitalización privado obligatorio sino en permitir que cada uno disponga del fruto de su trabajo, tal como era antaño antes del maldito estado benefactor (en verdad estado saqueador).

 

En esta línea argumental, entre otros, el economista Iván Carrino está trabajando en una delicada ingeniería para producir el cambio de marras a través de una maestría que completará con un doctorado en Madrid sobre el mismo tema. Se ha dicho que si el gobierno no obliga a la gente a aportar, no proveerá para su vejez lo cual contradice lo realizado por inmigrantes en distintas partes del mundo, por ejemplo en Argentina donde nuestros ancestros invertían en terrenitos y departamentos que más adelante fueron asaltados por las leyes peronistas de alquileres y desalojos. Este razonamiento no sigue el silogismo hasta sus últimas consecuencias puesto cuando los pensionados cobren las jubilaciones debido a los aportes compulsivos habrá que ponerles un policía para verificar que no vayan a emborracharse al bar de la esquina, con lo que se habrá cerrado el círculo orwelliano.

 

Mucho más adelante se intentó revertir parcialmente el problema abriendo la posibilidad de elegir sistemas privados pero obligatorios que otro gobierno decidió estatizar nuevamente en uno de los atracos más colosales de la historia argentina por cuya idea fue premiado un fulano con la vicepresidencia, sujeto que luego fue condenado por ladrón en múltiples causas.

 

Segundo, la importancia de cerrar todas las embajadas. Estos palacios fenomenales rodeados de séquitos de cortesanos, funcionarios, recepciones fastuosas, pasaportes diplomáticos, automóviles de lujo con choferes y demás prebendas, se han ido acrecentando con el tiempo desde la época de las carretas donde podían eventualmente justificarse debido a la falta de comunicación. Pero hoy en día con teleconferencias y demás apoyos tecnológicos no tienen razón de ser y solo alimentan una estructura burocrática a todas luces innecesaria. Tampoco se justifican para abrir negocios lo cual hacen mucho más eficientemente los empresarios. En este sentido es interesante subrayar, a título de ejemplo, el caso de Guatemala que no mantiene relaciones diplomáticas con China y es el país latinoamericano que comercia el mayor volumen per capita con ese país. Por supuesto que esto toca una serie de intereses creados pero todas las medidas de fondo lo hacen, el asunto es ver el costo-beneficio. Las medidas de fondo son difíciles pero necesarias para corregir el estado de cosas que perjudica muy especialmente a los más necesitados por la carga tributaria y el endeudamiento que se acopla al mantenimiento de estructuras inútiles. Esto me trae a la memoria citas de Santiago Kovadloff respecto a la correspondencia del General San Martín con el General Pueyrredón entonces en el gobierno de Buenos Aires. Cuenta Kovadloff que en el último pedido de pertrechos del primero al segundo éste contesta el reclamo de San Martín diciendo que en el futuro ya no podrá seguir con los envíos y además “su proyecto es imposible” a lo que el general de los Andes le responde afirmando que “es cierto que es imposible, pero es indispensable”.

 

Tercero, como antes he apuntado es necesario (indispensable para recurrir al léxico sanmartiniano) pensar en nuevos límites al poder puesto que lo que hoy se denomina democracia se ha convertido en clepltocracia, a saber, los gobiernos de ladrones de libertades, propiedades y sueños de vida. No es cuestión de esperar a las próximas elecciones sino usar las neuronas para imaginar nuevas vallas al abuso de poder antes que el globo terráqueo se convierta en un inmenso Gulag en nombre de la así denominada democracia tan distante de las concepciones de los Giovanni Sartori de nuestra época. En este sentido deben subrayarse las propuestas de Friedrich Hayek para el Poder Legislativo acopladas al ad honorem para los legisladores en el contexto de leyes en el espíritu hayekiano para evitar conflictos de intereses, las de Bruno Leoni dirigidas al Poder Judicial en cuanto a los arbitrajes privados completamente abiertos, los pasajes poco explorados de Montesquieu aplicables al Ejecutivo en cuando al sorteo de candidatos y los jugosos debates en la Asamblea Constituyente estadounidense sobre las ventajas del Triunvirato, sobre todo lo cual me he explayado en otras oportunidades. No necesitan adoptarse esas medidas concretas pero, reiteramos, no podemos quedarnos con los brazos cruzados cuando observamos por doquier los atropellos inauditos del Leviatán en muy diferentes lugares en nuestro atribulado mundo. La educación es la respuesta pero debe acompañarse de efectivos límites al poder para evitar esas ecuaciones falsas de que nos habla Juan González Calderón: 50% más 1% = 100% y 50% menos el 1% =0%.

 

En otros términos, tenemos que salir del atolladero de la coyuntura y plantear temas de fondo, como decimos, al efecto de vislumbrar horizontes más promisorios y no estar condenados al cercenamiento de las libertades. En mi columna de la semana que viene me referiré  otro tema de fondo cual es el rol de nosotros los economistas, lo cual ocupará todo el espacio de un artículo (o pequeño ensayo como son mis contribuciones semanales, que si me propusieran pasarla a un spot televisivo diría no gracias lo mismo que respondería cualquier escritor que se precie de tal luego de quemarse las pestañas en sus trabajos).

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

LA NUEVA GESTAPO EN LA FIGURA DEL REHÉN

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En nuestra época se reiteran diferentes manifestaciones del espíritu totalitario que consiste en imponer a otros conductas que no están en línea con los valores y principios a los que adhieren esos otros. Siempre se imponen alegando “el bien  del prójimo”. Como bien ha consignado C. S. Lewis en God in the Dock, “De todas las tiranías una ejercida para el bien de las víctimas suele ser la más opresiva. Puede ser mejor vivir bajo ladrones que hacerlo bajo la moral omnipotente de los otros. Los ladrones a veces descansan pero aquellos que nos atormentan para nuestro bien lo hacen sin descanso.”

 

Estamos ahora con la avalancha del tema sexual en los colegios en el desagradable contexto donde resulta que autoridades gubernamentales de la educación imponen enseñanzas independientemente de lo que los padres desean para sus hijos. Esto no  solo va para instituciones  estatales sino para las privadas con lo que en la práctica quedan privadas de toda independencia.

 

Este atropello constituye una insolencia inadmisible en la que se pretende arrasar con las preferencias de los padres para dar prioridad inexcusable a las consignas de los aparatos estatales. Y desde luego que esto no es cuestión de legislaciones decididas por  mayorías circunstanciales. Tal como ha estampado la Corte Suprema de Justicia estadounidense los “derechos fundamentales no pueden subordinarse al voto, no dependen del resultado de ninguna elección” (319 US, 624, 639). La misma línea argumental ya fue asentada en 1798 por Samuel Chase (uno de los signatarios de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos), que como miembro de la Corte Suprema escribió (en Calder vs. Bull) que “Hay ciertos principios vitales en nuestros gobiernos republicanos que determinan y prevalecen sobre un evidente y flagrante abuso del poder legislativo […] Un acto de la legislatura (ya que no puedo llamarla ley), contrario a los grandes primeros principios no puede considerarse ejercicio legítimo de autoridad legislativa”.

 

Estos valores han sido adoptados por los países civilizados, entre los cuales se encuentra, por ejemplo, la Argentina, donde constitucionalistas como Amancio Alcorta, Manuel Montes de Oca, José Manuel Estrada, Juan González Calderón y Segundo Linares Quintana, entre otros, suscriben mojones y puntos de referencias extramuros de la ley positiva.

Giovanni Sartori ha escrito en Teoría de la democracia  que “cuando la democracia se asimila a la regla de la mayoría pura y simple, esa asimilación convierte un sector del demos en  no-demos. A la inversa, la democracia concebida como el gobierno mayoritario limitado por los derechos de la minoría se corresponde con todo el pueblo, es decir, con la suma total de la mayoría y de la minoría”.

 

Y nada más importante que el derecho de los padres a cuidar y educar a su prole a quienes los desorbitados del poder político consideran infradotados para trasmitir valores y principios. En todo caso, si hubiera lesiones de derechos cabe la posibilidad de la subrogación pero nunca forzar la abdicación de la responsabilidad de los progenitores en pos de concepciones de quienes ocupan cargos políticos que alegan la necesidad de prevenciones y medidas de higiene en las relaciones sexuales como si fueran los únicos seres que se percatan de ello cuando en realidad, además, lo que proponen constituyen aberraciones de distinto tenor.

 

Antes de resumir esas aberraciones, dejamos sentado que el tema en discusión que aquí tratamos no consiste en detenerse a considerar cuales son las iniciativas de la burocracia que deben imponerse a colegios e institutos de enseñanza privados. El asunto atañe a la libertad de las comisiones de padres constituidos para la administración del propio colegio por lo que resulta una insolencia y una impertinencia inadmisible que se pretendan imponer por la fuerza criterios políticos.

 

Habrá padres que decidan explicarles ellos mismos a sus hijos temas que consideren íntimos y otros preferirán delegar en maestros, pero en ningún caso se les debe imponer lo que deben hacer.

 

Una vez aclarado este punto básico, decimos que lo que hoy se propone imponer es un doble sinsentido. Por un lado, se pretende trasmitir que el sexo es materia de elección y no de naturaleza. Que el sexo es una cuestión  de construcción cultural y no biológica. Parece innecesario recordar la obviedad que el hombre es hombre y la mujer, mujer. Que los cromosomas que están en el núcleo de cada célula contiene millones de genes con segmentos de ADN (acido desoxirribonucleico) que marcan las características de cada uno en lo que respecta a la biología y que las mujeres tienen dos cromosomas X y que los hombres portan un cromosoma X y uno Y, lo cual está presente en toda la estructura anatómica incluyendo la ósea, además de contar los dos sexos con distinta sinopsis en el cerebro,  es decir, conexiones diferentes entre células. Esto ocurre por más que la cirugía implante pechos, extirpe penes y se inyecten hormonas de distinto calibre.

 

Es pertinente decir que desde la perspectiva liberal, cualquier procedimiento, conducta e inclinación debe ser respetada, no en el sentido de compartida sino en el sentido de no aceptar la pretensión de torcer por la fuerza una decisión, siempre y cuando no se vulneren derechos de terceros. Toda manifestación con tufillo inquisitorial es erradicada en los espíritus libres. En esta dirección, conviene insistir en la crítica de Mark Twain a la invasión de la privacidad con la ironía que lo caracteriza en cuanto a que “Nada necesita una reforma más urgente que los hábitos de otros”.

 

La segunda aberración que viene enancada a la imposición de la llamada “educación sexual” es el denominado aborto sobre lo que ya nos hemos pronunciado antes pero que muy apretadamente resumimos aquí nuestra posición.

 

Antiguamente no se establecía nexo causal entre el acto sexual y la reproducción, pero hoy en día la microbiología muestra que desde el instante de la fecundación hay un embrión humano. En el momento en que uno de los millones de espermatozoides fecunda un óvulo da lugar al cigoto, una célula única, distinta del padre y de la madre, que contiene la totalidad de la información genética (como ya dijimos, ADN o ácido desoxirribonucleico). En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta de 46 cromosomas que contiene la totalidad de las características naturales del ser humano.

 

De Mendel a la fecha la genética ha avanzado mucho. Louis F. Lejeune, el célebre profesor de genética en La Sorbonne, dice que “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica; es una sencilla evidencia experimental”.

 

Se ha sostenido que la mujer es dueña de su cuerpo, lo cual es cierto pero esto no significa que sea dueña del cuerpo de otro. Se ha dicho que en caso de violación estaría justificado el aborto, sin embargo aquella acción repugnante y cobarde no justifica que se cometa otro crimen aniquilando una persona inocente. Se ha pretendido justificar el aborto manteniendo que el feto “no es viable” por sus propios medios, pero esto también es cierto respecto del bebe, del anciano o del inválido, de lo cual no se desprende que se los pueda exterminar.

 

Un razonamiento similar puede aplicarse a los casos de supuestas malformaciones, pero éste modo de ver las cosas conduciría a que se puedan matar ciegos, sordos y deficientes mentales. Incluso se ha dicho que la despenalización y más aun con la legalización del aborto se permitiría que, en algunos casos, éstos se lleven a cabo de modo higiénico sin caer en manos de curanderas que operan en las sombras, como si el problema radicara en la metodología del crimen.

 

Una conocida anécdota ilustra la aberración de recurrir al aborto por razones pecuniarias. Un ginecólogo -con la intención de poner en evidencia el calibre de la propuesta- le preguntó a la mujer que le planteó el caso por qué, en lugar de abortar, no mataba a otro de sus hijos, de quince años, ya que ingería mayor cantidad de alimentos.

 

El caso extremo se plantea cuando el obstetra llega a la conclusión que la situación requiere una intervención quirúrgica de tales características que se debe elegir entre la vida de la madre o la del hijo, de lo contrario ambos morirán. Frente a esta situación gravísima -nada frecuente en la medicina moderna- el cirujano actúa para salvar a uno de los dos. Es decir, salva a uno de los dos y como una consecuencia no querida muere el otro, lo cual es sustancialmente distinto a matar una persona. Si el padre de dos criaturas que se están ahogando en el mar, estima que sólo tiene tiempo para salvar a una y procede en consecuencia, de ningún modo puede decirse que mató a la otra.

 

La impresionante producción cinematográfica The Silent Scream muestra en detalle las reacciones de un feto en un aborto practicado durante el segundo mes del embarazo: desde la aceleración de su ritmo cardíaco frente al peligro que advierte, hasta su desesperada e infructuosa lucha por salvar la vida.

 

Julián Marías dice que el aborto es el crimen más cobarde de cuantos se conocen, por eso lo denomina “el síndrome Polonio” para recordar la espada a través de la cortina en el drama shakespeareano.

 

En rigor, como he sostenido en otras oportunidades, no se trata de “aborto” ya que ésta palabra tiene la connotación de algo que iba a ser y no fue: así se dice, por ejemplo, que se abortó una revolución. Más bien se trata de homicidio en el seno materno. Resulta llamativo que se declame sobre derechos y valores éticos, cuando simultáneamente se permite el aniquilamiento de seres humanos indefensos. En éste debate se introduce de contrabando la magia más primitiva al sostener que cinco minutos después del nacimiento estamos frente a un ser humano pero no cinco minutos antes.

 

La secuencia cigoto-embrión-mórula-blastocito-feto-bebe-niño-adolescente-adulto-anciano no cam­bia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina (anidación) no implica un cambio en la especie lo cual, como señala Ángel S. Ruiz en su libro Instrumentación genética, “no añade nada a la programación” de esa persona y dice que sostener que recién ahí comienza la vida humana constituye “una arbitrariedad incompatible con los conocimientos elementales de neurobiología”. La fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.

 

Desde la fecundación estamos frente a un ser humano en acto, desde luego en potencia de desarrollar muchas cosas, del mismo modo que el adulto está en potencia de desarrollar sus potencialidades. El embrión no ha desarrollado aún la corteza cerebral, el sistema nervioso, ni uñas, ni canas, ni muchas otras cosas, de lo cual no se desprende que se trate de un mineral o un vegetal como en la práctica insinúa la magia más rudimentaria.

 

En otros términos, lo que pretende poner de relieve esta nota periodística es que debe rechazarse con todo el vigor necesario  la pretensión de que los aparatos estatales conviertan en rehenes a los hijos de otros y que se destruyan vidas de inocentes. En otros casos vinculados a la economía y a los marcos institucionales señalamos la ineptitud, el desvío y la irresponsabilidad, pero en los dos casos sobre los que aquí dejamos constancia debemos exclamar con énfasis  ¡que vergüenza!

 

 

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

Correa, la manía de la reelección indefinida

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 8/2/18 en https://www.cronista.com/columnistas/Correa-la-mania-de-la-reeleccion-indefinida-20180208-0002.html

 

Correa, la manía de la reelección indefinida

Afortunadamente el referendo del domingo 4 de febrero ha mostrado en Ecuador la firme decisión de sus ciudadanos por una mayoría abrumadora de los votantes de deshacerse de la manía reeleccionista de megalómanos que aspiran a no soltar el poder como es el caso de Rafael Correa.

En general, hoy en día el concepto de la democracia se ha degradado y apartado de la idea de los Giovanni Sartori contemporáneos, que sostienen que esa forma de gobierno consta de dos partes Una de fondo, cual es el respeto a los derechos de las minorías, y otra de forma, que consiste en el proceso electoral. A juzgar por el avance de los nacionalismos en Europa y nada menos que en Estados Unidos, la forma prima sobre el fondo, lo cual sigue empecinadamente en no pocos países latinoamericanos.

Como bien ha dicho Einstein, no se puede pretender resultados distintos aplicando las mismas recetas. Juan González Calderón consigna que los demócratas de los números ni de números entienden ya que parten de dos ecuaciones falsas: 50% más 1% igual a 100% y 50% menos 1% igual a 0%.

Es necesario repasar conceptos clave de Karl Popper quien ha destacado el error de la noción del “filósofo-rey” sugerida por Platón, para concluir que lo relevante es la fortaleza de las instituciones y no las personas que ocupan cargos que siempre con vocación mesiánica les parece que sus períodos instalados en el poder no son nunca suficientes para cumplir con sus planes. Recordemos la sentencia de Lord Acton en cuanto a que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

En gran medida la democracia hoy ha mutado por cleptocracia, es decir, el gobierno de ladrones de libertades, propiedades y sueños de vida. El premio Nobel en Economía Friedrich Hayek ha propuesto en el tercer tomo de su Derecho, legislación y libertad nuevos límites al Poder Legislativo y el jurista Bruno Leoni lo ha hecho para el Poder Judicial en La libertad y la ley. Por su parte, es de interés transcribir un pensamiento poco explorado de Montesquieu en El espíritu de las leyes aplicable al Poder Ejecutivo: “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia” con lo que se subraya la trascendencia de las instituciones y la poca importancia de lo hombres que ocupan cargos. A esto habría que agregar el jugoso debate en la Asamblea Constituyente estadounidense que a sugerencia de Benjamin Franklin se debatió extensamente la posibilidad de contar con un triunvirato en el Ejecutivo al efecto de minimizar el poder presidencialista.

Desde luego que no necesariamente deben adoptarse esas sugerencias. Lo que sí resulta indispensable es pensar en límites adicionales para contener el poder político desbordado si no queremos que en nombre de la democracia se entierre el respeto recíproco. El caso de Suiza es interesante, donde la presidencia se rota anualmente en la Confederación sin que nadie recuerde los nombres de esos mandatarios.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

A RAÍZ DE FELIPE GONZÁLEZ EN VENEZUELA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

A pesar de algunas de las ideas patrocinadas en su momento por el ex presidente del gobierno español y a pesar de algunos desaciertos y problemas que tuvo su gobierno, es necesario destacar las valientes y sumamente oportunas declaraciones de Felipe González en Caracas y luego en Madrid. “Venezuela es un país en proceso de destrucción” es lo menos que ha dicho el ex mandatario español a lo cual agregó que “Podemos hace de monaguillo de Maduro”.

 

Son muchos las destacadas personalidades de muy diversos rincones que se muestran grandemente preocupadas por la situación venezolana. Mario Vargas Llosa acaba de concluir también, esta vez en la Universidad de Alicante, que “el país [Venezuela] se va deshaciendo por sus políticas” a lo que sumó el magnífico artículo de hoy titulado “La Venezuela que dejó al desnudo Felipe”. Por mi parte, quiero ahora introducir otro aspecto a las referencias de la catástrofe venezolana como las apuntadas, para marcar la necesidad de una revisión y corrección de la brutal desfiguración del concepto de democracia.

 

En Venezuela claro que la situación es extrema: atropellos al Poder Judicial, a todos los organismos de contralor y a los mismos tribunales electorales se agregan al ataque más despiadado a la libertad de prensa, a las crecientes detenciones a opositores, a la politización de las fuerzas armadas, a los controles de precios, a las reiteradas confiscaciones, a la inflación galopante, al crecimiento sideral del gasto público, al déficit fiscal incontrolable y otras tantas tropelías, hacen que la vida de los venezolanos se torne insoportable en medio de persecuciones y la escasez más despiadada de lo elemental para sobrevivir.

 

Esta lamentable situación de quienes son empleados del régimen carcelario cubano, nos tiene que llamar a la reflexión sobre el verdadero significado de la democracia que, en el caso que nos ocupa, se alega para cometer todo tipo de desmanes. No es aceptable bajo ningún punto de vista puesto que constituye un insulto a la inteligencia, el considerar un sistema como el descripto como si fuera “democrático”, cuando en verdad se trata de cleptocracia, a saber, el gobierno de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de proyectos de vida.

 

Sin llegar a estos extremos venezolanos, hay síntomas peligrosos en Grecia, en España y en muchos lugares antes insospechados en el continente americano y en el europeo (además de los casos mencionados). Por tanto, es imperioso pensar y proponer nuevos límites al Leviatán antes que resulte demasiado tarde.

 

Se han propuesto reformas constitucionales con la intención de ponerle coto a extralimitaciones groseras, se han sugerido modificaciones en el sistema electoral y otras equivalentes pero la situación es de tal gravedad que se requieren cambios más radicales para interponer vallas al atropello constante a los derechos individuales. No resulta congruente esperar resultados distintos recurriendo a las mismas recetas que condujeron al problema. No puede esperarse un milagro.

 

Sin duda que la educación es clave puesto que es improbable que se busquen mecanismos que defiendan derechos si no se cree en ellos. Son en realidad dos brazos de un mismo proceso: incentivos para la autoprotección y sistemas educativos que trasmitan los valores y principios de una sociedad abierta.

 

Sin embargo, en líneas generales, no se observa que se pongan manos a la obra  mientras se sigue consumiendo tiempo en debates sobre candidatos en la próxima contienda electoral, situaciones más o menos irrelevantes de la coyuntura y equivalentes.

 

Ya hemos dicho en varias oportunidades que existen tres propuestas de gran calado para mitigar y frenar los avances del monopolio de la fuerza sobre las autonomías individuales, como lo son las de Hayek para el Poder Legislativo, la de Bruno Leoni para el Poder Judicial y la relectura de un pensamiento clave de Montesquieu que en general ha pasado desapercibido y que es aplicable al Poder Ejecutivo.

 

No es del caso repetir aquí lo expresado por esos tres pensadores que hemos reproducido en otras instancias, pero lo que si es conveniente reiterar es la urgente necesidad de abrir debates respecto a introducir diques de contención para los abusos de poder que a diario se observan en distintos puntos del planeta,  los cuales se hacen descaradamente en nombre de una democracia inexistente.

 

Vamos eso si a repetir las advertencias de varios autores sobre este problema mayúsculo del poder ilimitado de los votos sin contemplar la esencia de la democracia cual es el respeto por los derechos de las minorías para así evitar el “síndrome Hitler”. Comenzando por Cicerón quien escribió que “El imperio de la multitud no es menos tiránica que la de un hombre solo, y esta tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y nombre del pueblo”. Giovanni Sartori consigna que “cuando la democracia se asimila a la regla de la mayoría pura y simple, esa asimilación convierte un sector del demos en no-demos. A la inversa, la democracia concebida como el gobierno mayoritario limitado por los derechos de la minoría se corresponde con todo el pueblo, es decir, con la suma total de la mayoría y la minoría. Debido precisamente a que el gobierno de la mayoría está limitado, todo el pueblo (todos los que tienen derecho al voto) está siempre incluido en el demos”.

 

Por su parte, Gottfried Dietze apunta que “La democracia que supuestamente debe promover la libertad se ha convertido en un desafío para la libertad”. Bertrand de Jouvenel afirma que “la soberanía del pueblo no es, pues, más que una ficción que a la larga será destructora de las libertades individuales” y Benjamin Constant nos ha enseñado que “los ciudadanos poseen derechos individuales independientes de toda autoridad social o política y toda autoridad que vulnere estos derechos se hace ilegítima”.

 

Los tres autores que mencionamos ut supra como propulsores de límites de importancia al poder político se pronuncian de esta manera sobre el problema que enfrentamos. Hayek: “Debo sin reservas admitir que si por democracia se entiende dar vía libre a la ilimitada voluntad de de la mayoría, en modo alguno estoy dispuesto a llamarme demócrata”. Leoni: “Donde las autoridades y las mayorías prevalecen, como en la legislación, los individuos deben rendirse independientemente si están en lo correcto o no”. Montesquieu: “Decir que no hay nada justo ni injusto fuera de lo que ordenan o prohíben las leyes positivas, es tanto como decir que los radios de un círculo no eran iguales antes de trazarse la circunferencia”.

 

Por último, es pertinente citar a uno de los Padres Fundadores estadounidenses, en el país en el que, salvo la inaceptable copia de lo que tenía lugar en el resto del mundo respecto a la espantosa esclavitud eliminada en su momento, resume el pensamiento de la revolución más exitosa en la historia de la humanidad en cuanto a la difundida libertad (hasta los tiempos modernos en los que se ha abandonado buena parte de esos valores). Así, James Madison ha sentenciado que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Este es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”, en el contexto de lo expresado por Jefferson en cuanto a que “Un despotismo electo no fue el gobierno por el que luchamos”.

 

Estos preceptos fueron tomados por las sociedades que aspiraban a la libertad, entre los cuales se destaca el caso argentino con el ideario alberdiano debido a su portentoso progreso cuando se siguieron esos principios rectores, protegidos por consideraciones institucionales como las formuladas por Juan González Calderón quien ha advertido y puntualizado que la democracia falsificada de los números “se basa en dos ecuaciones falsas: 50% más 1%= 100% y 50% menos 1%= 0%”.

 

Autores como Ronald Coase, Harold Demsetz y Douglass North han enfatizado el rol vital que tienen los incentivos, y en el caso considerado existen muy pocos obstáculos que limiten la posibilidad de coaliciones y alianzas que arrasen con los derechos individuales. De allí, por ejemplo, los incentivos para centrar la atención en proteger derechos por parte de quienes tienen un pesado “velo de ignorancia” (para usar una expresión de Rawls) que introduce la elección por sorteo propuesta por Montesquieu. De todos modos, si no resultaran atractivas las sugerencias de éste último autor, ni las de Hayek y de Leoni, insistimos, es imperioso pensar en otros mecanismos para evitar a toda costa la farsa que en gran medida tiene lugar en nombre de la democracia. Y todo está ubicado en el plano institucional fuera del debate de quienes serán los nombres de los que ocuparán cargos públicos, puesto que como ha señalado Popper, el tema no consiste en la concepción del “filósofo rey” de Platón sino en establecer marcos institucionales “para que el gobierno haga el menor daño posible”.

 

Para mayor precisión, en muchos documentos constitucionales se recurrió a la expresión “república” en lugar de “democracia” como fue el caso de la estadounidense y la original argentina, ya que el primer término explicita la alternancia en el poder, la publicidad de los actos de gobierno, la igualdad ante la ley, la responsabilidad del gobernante por sus actos frente a los gobernados y la separación de poderes.

 

A veces nos invade cierto escepticismo cuando observamos la apatía por discutir estos temas, al tiempo que se abandona la educación “porque es un tema de largo plazo” (sic), mientras se desperdician mentes embarcadas en debates más o menos irrelevantes.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.