Las próximas elecciones presidenciales mexicanas y sus interrogantes

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/4/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2126993-las-proximas-elecciones-presidenciales-mexicanas-y-sus-interrogantes

 

El próximo 1° de julio, los mexicanos concurrirán a las urnas para elegir a su próximo presidente por un período de seis años. Las normas electorales disponen que no hay segunda vuelta. Ese mismo día, en una elección integral, ellos también renovarán la composición de las dos cámaras de su Congreso Federal. En el Senado, con legisladores con mandatos de seis años y en la Cámara Baja, en cambio, con mandatos de tres años de duración. Se elegirán también 9 de los 32 gobernadores de los distintos estados del país.

Hay cuatro candidatos presidenciales que procuran la victoria. Por primera vez aparece una mujer como candidata independiente: Margarita Zavala quien, por el momento al menos, no parecería tener demasiadas posibilidades de éxito.

Los otros tres candidatos son: primero, Andrés Manuel López Obrador, un político veterano, de estilo populista e ideológicamente un líder que es claramente de izquierda, lidera al partido “Movimiento de Regeneración Nacional”, más conocido como “Morena”, políticamente poderoso en Ciudad de México, fundado por el propio López Obrador en 2012, al que curiosamente acompañan esta vez los conservadores evangélicos del Partido Encuentro Social; segundo: Ricardo Anaya, el candidato del centro, que encabeza una coalición de fuerzas moderadas; y, tercero, el oficialista José Antonio Meade, que pertenece al todavía poderoso “Partido Revolucionario Institucional”, más conocido como el “PRI”, que esta vez compite en coalición con los ecologistas del Partido Verde y con el curioso “Partido Nueva Alianza”, que agrupa a los maestros de México, aunque con una agenda política bastante difusa.

A estar a las encuestas de opinión más recientes, el líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, lidera claramente las intenciones de voto, desde que obtiene un 42% de las mismas; le siguen Ricardo Anaya, con una respuesta favorable del 31,1% y José Antonio Meade, con una del 21,9%. El 15,6% de los mexicanos encuestados afirma que, de pronto, podría cambiar de opinión.

Para el veterano López Obrador, éste es el tercer intento de llegar a la presidencia de su país; el primero fue, recordemos, el de 2006, cuando el expresidente Felipe Calderón lo derrotara ajustadamente, por apenas un 0,56% de los votos.

Como ocurre en otras latitudes, en México habrá tres debates públicos entre todos los candidatos: el 22 de abril, el 20 de mayo y el 12 de junio.

La elección puede, sin embargo, ser declarada inválida si la diferencia entre el primero y el segundo es de menos del 5% y el ganador sobrepasa el límite fijado para los gastos de campaña por más de un 5%. También si hay irregularidades que afectan al menos al 25% de las estaciones de voto, que no pudieran corregirse el día mismo de las elecciones; o si el 25%, o más, de esas estaciones de voto de pronto no pudieran abrirse y operar el día de las elecciones.

López Obrador tiene propuestas radicales. Postula, por ejemplo, revisar la reforma energética, sobre la que algunas veces afirma estar dispuesto a eliminarla de cuajo y otras a sólo revisar la legalidad de los contratos oportunamente suscriptos. También propone eliminar la reforma de la educación y cancelar el contrato en marcha para la construcción del nuevo aeropuerto internacional de Ciudad de México.

Su principal bandera es, sin embargo, la de la lucha frontal contra la corrupción que es endémica en México desde hace décadas, incluyendo -entre 2000 y 2005- durante su gestión como Jefe de Gobierno en la Ciudad de México (Distrito Federal). A ello agrega una propuesta a la vez ambigua y audaz: la de negociar alguna suerte de acuerdo con los traficantes de drogas y con los pequeños productores de opio y marihuana.

Entre las propuestas concretas de su rival, José Antonio Meade, aparece -cabe destacar- la de expropiar el patrimonio mal habido de quienes desempeñan funciones públicas.

Cuando las elecciones presidenciales se acercan y cuando la gestión del actual presidente, Peña Nieto culmina, éste sólo recoge un escaso 21% de aprobación. Lo que es bastante inusual en México, desde que en sus respectivos momentos, Carlos Salinas recogiera una aprobación del 70%; Ernesto Zedillo una del 62%; Vicente Fox una del 63%; y Felipe Calderón una del 52%, lo que es bien distinto. Esto obviamente genera un clima que favorece a López Obrador.

Ocurre asimismo, entre otras cosas, que la inseguridad personal mexicana está en sus niveles más altos de la última década, a punto tal que se computan unos 97.000 asesinatos vinculados al crimen organizado en apenas los últimos once meses. Y, además, que la corrupción ha crecido muy significativamente; lo que llevó a que, entre 2004 y 2016, México retrocediera en el índice de “Transparency International” que mide la “sensación” de corrupción, del puesto 64 que ocupara, al desairado puesto 123 actual.

La economía, no obstante, no está nada mal. México crece anualmente al 2% de su PBI. La inflación anual del país es ahora del 5,04%. La renegociación en curso del NAFTA podría culminar positivamente durante el próximo mes de mayo, con un 80% de probabilidades de que el resultado de las mismas no perjudique a México.

No obstante, también es cierto que el Peso mexicano se ha depreciado un 7% frente al dólar a lo largo de los últimos doce meses y que el consumo agregado de los aztecas ha caído un 2% todo a lo largo del último año. Por esto seguramente, un 47% de los mexicanos es hoy más bien pesimista respecto de su futuro económico inmediato.

Lo cierto es que si las cosas no cambian dramáticamente de dirección, es posible que Andrés Manuel López Obrador, en pocas semanas más, se haga de la presidencia de México. Hoy es el político con la mejor imagen para los mexicanos desde que un 46% de ellos así lo confirma. Y que tan sólo un 21,3% de los mexicanos, preguntado que es, afirma que “jamás votaría por él”.

Lo más notable es probablemente la nueva espiral de decadencia del PRI, respecto del cual un 49,3% de los mexicanos hoy afirma rotundamente que “es el peor del los partidos políticos”.

Un México pujante se acerca entonces a una nueva encrucijada electoral y, como se ha visto, un cambio fuerte de rumbo parecería ser bastante probable, con todo lo que ello significa para un miembro del NAFTA y uno de los países líderes de nuestra región. Donald Trump, con su propuesta del muro divisorio entre los dos países y con su trato absurdamente despectivo hacia los ciudadanos de su país vecino ha contribuido, torpemente y sin quererlo seguramente, a fortalecer al candidato de la izquierda mexicana, cuyo posible éxito no sería sorpresivo entonces.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El “ranking” de los ministros de economía latinoamericanos

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 5/11/13 en: http://www.eldiarioexterior.com/el-ranking-de-los-ministros-43119.htm

Todos años, la plataforma electrónica chilena de “America Economía Intelligence”, que comenzara a operar en 1998, publica el esperado “ranking” de los distintos ministros de economía de la región.

Acaba de aparecer el correspondiente al 2012. Sin demasiadas sorpresas. Ni en lo más alto, ni en lo más bajo de la tabla.
El listado referido ubica este año en el primer lugar -al tope- al ministro de economía y finanzas peruano, Luis Miguel Castilla, cuya excelente gestión ha mantenido firme el rumbo abierto de la economía de su país, consolidando así el proceso de crecimiento sostenido en el que está inmersa.
En el segundo lugar aparece el ministro de hacienda de Chile, Felipe Larraín, un hombre por todos respetado, partidario de mantener la disciplina fiscal como eje del proceso de crecimiento de su país. En el tercer lugar, aparece el ex ministro de hacienda de Colombia, Juan Carlos Echeverry, que había liderado el “ranking” en cuestión en el 2011, por su coordinación de una reforma tributaria profunda, impulsada por el gobierno de Colombia.
Queda visto que los tres pujantes países del Pacífico, cuyas economías son las más abiertas, modernas y dinámicas de todas las de la región -razón por la cual están sistemáticamente destruyendo pobreza e impulsando el crecimiento- han sido nuevamente reconocidos. No es sorpresivo, naturalmente. Y luce como una conclusión absolutamente correcta.
En el cuarto lugar aparece José Antonio Meade, el secretario de hacienda de México del ex presidente Felipe Calderón. Luego aparecen, sucesivamente, Fernando Lorenzo, el ministro oriental, de andar a veces heterodoxo; Guido Mantega, del Brasil, un hombre del riñón tanto de Dilma Rousseff, como del ex presidente “Lula” da Silva; Frank de Lima, ministro de economía y finanzas de Panamá, uno de los grandes milagros económicos de América Latina actual, promotor entusiasta de la inversión pública en infraestructura; Luis Arce Catacora, de Bolivia, que tiene en sus manos un potro difícil de domar que, no obstante, mantiene con una tasa de crecimiento de algo más del 6% anual del PBI; Dioniso Borda, el ex ministro paraguayo, que puso a su país a crecer fuertemente, “a tasas chinas”, esto es a un ritmo vertiginoso del 11% anual de su PBI; y Édgar Ayales, de Costa Rica, que está corrigiendo con un significativo aumento de la presión fiscal el creciente déficit operativo que afectara a su país.
En el último lugar del “ranking”, como también podía esperarse, aparece el ministro de economía de la República Argentina: Hernán Lorenzino. En el lugar 18°, ubicado entonces en lo más bajo del “ranking”, detrás hasta de su colega venezolano, que hoy tiene un país en estado de caos total y absoluto. El funcionario argentino cayó nada menos que seis puestos en ese “ranking”. De golpe. Todo un récord. Una vez más, desgraciadamente, no sorpresivo.
Ocurre que la situación argentina está lejos de ser la que corresponde a un país cuya potencialidad hasta no hace mucho era motivo de envidia y hoy, en cambio, genera extrañeza, desencanto y hasta depresión, después de una larga década de petulancia y errores cometidos continuamente desde lo más alto del concentradísimo poder político. Proceso que ha desangrado brutalmente a un país a lo largo de una década desaprovechada, que deberá ahora tratar de enderezar el rumbo, regresando a la normalidad, aunque lamentablemente con un altísimo costo.
Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.