La mentalidad capitalista

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 26/3/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/la-mentalidad-capitalista/

 

Parafraseo el título de Ludwig von Mises para subrayar que, al revés de lo que nos cuentan, el liberalismo no solo no venció en el campo de los hechos, sino que tampoco convenció en el campo de las ideas. Las alegrías liberales asociadas con la caída del Muro de Berlín han resultado efímeras.

Sobre la base de la Encuesta Mundial de Valores, el economista e historiador argentino Carlos Newland ha construido un Índice de la Mentalidad Pro Libre Mercado para un grupo de países, y lo ha calculado para un periodo de más de dos décadas —“Is Support for Capitalism Declining around the World? A Free-Market Mentality Index, 1990-2012”, The Independent Review, primavera 2018.

Se observa que, efectivamente, las simpatías por el capitalismo crecieron en el mundo en los años ochenta y noventa, pero perdieron fuerza a partir del año 2000. En el 2012, el último de la serie, la mentalidad capitalista era más fuerte en Taiwán, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda y Australia. No parece, por tanto, que el capitalismo deba arraigar en una determinada cultura, porque los procapitalistas corresponden a una anglo-esfera pero también a una sino-esfera, que también incluye a la propia China, aunque con cifras menores.

En los países ex comunistas no hay mucho aprecio por el mercado libre, seguramente por la mala transición que se llevó a cabo en muchos de ellos. En América Latina el aprecio es bajo en Chile, Argentina y Uruguay, y curiosamente obtiene el mayor aprecio en Brasil: el populismo no ha prevalecido allí en el ámbito de los valores.

Europa tiene los mayores registros pro-mercado en Alemania, Suecia, Suiza, Noruega y Finlandia. España está a medio camino, pero estable, sin caídas. El más bajo es Turquía. En África secundan el mercado más en Ruanda y Zimbabue, pero mucho menos en Sudáfrica. Los países musulmanes son en general contrarios al capitalismo, en especial Argelia, Qatar, Libia, Irak, Egipto, Palestina y Jordania. Una excepción procapitalista es Yemen. En Asia están Singapur, India y Malasia en puestos intermedios.

El apoyo al capitalismo claramente baja entre 1990 y 2012, en una tendencia “gradual y continua, con lo que no puede ser atribuida la Gran Recesión de 2007-9”.

Los países con ideología más procapitalista suelen ser aquellos con economías más libres y competitivas, y habitualmente ricos, pero no necesariamente: Georgia y Ruanda, por ejemplo.  Hay países poco capitalistas y con poca libertad de mercado, como Argentina, y países anticapitalistas con bastante libertad económica, como Chile.

Aunque el panorama no es homogéneo, el profesor Newland observa que “en general una fuerte mentalidad capitalista coexiste con (y probablemente genera) un marco institucional favorable, como ilustran los países más ricos del mundo: EE. UU., Alemania y Japón”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

EE.UU. sorprende a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 29/12/16 en: 

 

En el complejo escenario de Medio Oriente , la guerra civil siria y sus atrocidades parecían haber relegado al conflicto entre Israel y los palestinos a un segundo plano. Ocurrió que, pese a que Israel ha mantenido ya tres guerras contra Siria y protagonizado numerosos incidentes fronterizos con duelos de artillería y combates aéreos, lo cierto es que hasta ahora se había mantenido al margen de ese conflicto.

Hablamos de una guerra civil siria que, en esencia, es una confrontación facciosa entre distintas visiones del Islam, en la que la intervención militar directa de la Federación Rusa e Irán han permitido la supervivencia del autoritario régimen de Bashar al-Assad. Muy pocos creyeron, al comienzo del conflicto, que esto podía ser posible. Pero hoy es una realidad.

De alguna manera Israel logró hacerse casi “invisible” con relación a Siria. Consciente, sin embargo, de que los potenciales triunfadores en la guerra civil podían ser países, como Irán, u organizaciones, como la libanesa “Hezbollah”, hostiles hacia Israel. Es lo que efectivamente ha sucedido, generando una difícil nueva realidad geopolítica alrededor de Israel. Quizás más peligrosa que nunca.

Mientras el conflicto armado en el país vecino se desarrollaba, Israel pudo recomponer su relación bilateral con Turquía y mantuvo intactas sus relaciones con Jordania. Además, se acercó discretamente al gobierno militar que hoy -tras la etapa que llevara brevemente a la Hermandad Musulmana al poder en el país de las pirámides- conduce a Egipto.

En las fronteras inmediatas de Israel, “Hezbollah” -directamente involucrado en la guerra civil siria- creció muy fuertemente en influencia y, desgraciadamente, también en capacidad militar y, en cambio, “Hamas”, más bien disminuida, mantuvo su agresividad, aunque sin intervenir abiertamente en ella.

Pero de pronto la quietud aparente en la que flotaba el conflicto no resuelto entre Israel y los palestinos se alteró dramáticamente. En apariencia, inesperadamente.

En la que fuera -en su origen- una iniciativa de la representación egipcia, un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad generó una enorme sorpresa.

Porque -escrito por los palestinos- ordenaba a Israel detener -inmediata y completamente- la construcción de asentamientos en Cisjordania y en Jerusalén-este. Y los declaraba, expresamente, como ilegales bajo el derecho internacional, definiéndolos como un obstáculo serio para poder avanzar en una solución negociada del conflicto entre ambas partes estructurada bajo la noción de “los dos Estados”. Advertía, de paso, que no se reconocerán cambios a la situación en materia de integridad territorial distintos de la realidad existente al 4 de junio de 1967.

Sin perder un minuto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu , ante lo que sucedía, solicitó a la administración de Barack Obama “vetar” el proyecto, en caso de que el mismo siguiera adelante. Además, se comunicó con el presidente electo norteamericano, Donald Trump , y le encomendó específicamente la misión de pedir a Egipto que postergara la discusión y votación del proyecto en el Consejo de Seguridad. Lo que Trump obtuvo a través de una conversación telefónica con el general Abdelfatah al-Sisi, hoy presidente constitucional de Egipto, con el que Trump tiene una buena relación personal.

No obstante, otros cuatro miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: Malasia, Nueva Zelanda, Senegal y Venezuela, de pronto hicieron suyo el proyecto de resolución y, descongelándolo, lograron impulsarlo y ponerlo a votación, casi sin demoras.

Y allí vino la enorme sorpresa: los EE.UU., que siempre fueron críticos respecto de los asentamientos en cuestión, pudieron ciertamente vetarlo una vez más, como ya lo habían hecho en el pasado con proyectos similares. Pero esta vez fue distinto. No lo hicieron. Prefirieron abstenerse. El resultado de esta actitud fue que la resolución sobre los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este se aprobó rápidamente, por 14 votos contra 0 y una abstención, la de los EE.UU..

Estamos frente a un hecho histórico. Por primera vez el organismo de las Naciones Unidas, responsable principal de las cuestiones de paz y seguridad internacionales, intervino específicamente -con todo su peso- en el conflicto entre Israel y los palestinos. Con definiciones categóricas que de pronto hasta podrían derivar en sanciones contra Israel, si la construcción de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este no se interrumpe.

De este modo, los EE.UU. modificaron abruptamente la que fuera hasta ahora su tradicional postura. Esto es, la de proteger siempre con su veto a Israel en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas e impulsar, en cambio, la resolución del tema abierto entre Israel y los palestinos exclusivamente a través de negociaciones directas entre las dos partes.

Lo hicieron en lo que implica un fuerte cambio de rumbo, desairando abiertamente a Donald Trump, quien ya había solicitado a Barack Obama el “veto” de la resolución votada, a la que caracterizara de “extremadamente injusta, respecto de Israel”.

Lo cierto es que la norma emanada del Consejo de Seguridad es una realidad, con todos los efectos consiguientes. Benjamin Netanyahu la calificó de “vergonzosa” y advirtió, sin rodeos, que Israel no le reconocerá validez. En su entorno, alguno hasta sugiere que todo lo sucedido en esta cuestión ha sido, en realidad, una maniobra urdida por la administración de Barack Obama.

Ante lo sucedido, parece oportuno recordar que cerca de 600.000 israelíes viven hoy en asentamientos del tipo de los que se mencionan en la resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No es, para nada, un tema menor.

La resolución comentada, del 23 de diciembre pasado, lleva el número 2334 y refleja la que ha sido -por años- la posición prevaleciente en la comunidad internacional sobre los asentamientos. Define a los asentamientos como una violación “flagrante” del derecho internacional y sostiene que ellos carecen de validez legal. Llama también a que se eviten los actos de violencia contra los civiles y las provocaciones, incluyendo el terrorismo. Convoca, asimismo, a reanudar, sin demoras, las negociaciones para poder completar un acuerdo de paz final entre las partes, estructurado sobre la idea de “los dos Estados”.

La resolución, sin embargo, tiene sus problemas. Serios. Primero, es en realidad un paso en dirección a internacionalizar el conflicto, algo que no necesariamente es positivo y puede complicarlo en extremo. Segundo, parecería definir, sin excepciones, a todas las construcciones hechas en Jerusalén-este como asentamientos, incluyendo aquellas realizadas en el propio “barrio judío” de la Ciudad Vieja, lo que naturalmente es difícil de aceptar para cualquier gobierno de Israel. Y obviamente no menciona otros temas que son absolutamente fundamentales para poder avanzar en dirección a la paz, como es nada menos que la necesidad de que todos los involucrados reconozcan expresamente al Estado de Israel como tal, lo que hoy no sucede desde que algunos niegan a Israel el derecho mismo a existir.

Es imposible no pensar que el fuerte cambio de rumbo de la administración de Barack Obama, insólitamente realizado a último momento, no tenga algo que ver con la pésima relación personal que existiera -y existe- entre el presidente Obama y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Lo sucedido puede entonces ser -directa o indirectamente- reflejo de esa desafortunada circunstancia.

Las cosas seguramente van a cambiar con el acceso de la nueva administración norteamericana, aquella que pronto encabezará Donald Trump. Pero la resolución 2234 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es una realidad. Para algunos, no ayudará, sino que hará aún más compleja la solución de un tema muy demorado, el del acuerdo final de paz entre israelíes y palestinos, respecto del cual puede ser cierto aquello de que el paso del tiempo no siempre ayuda. Donald Trump anunció que el próximo embajador de los Estados Unidos ante Israel será David M. Friedman, que rechaza públicamente la alternativa defendida por John Kerry, esto es la idea de “los dos Estados”.

Cabe apuntar que la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU no fue adoptada bajo el Capítulo VII de la Carta, sino bajo el Capítulo VI. Por ello no es directamente obligatoria. No obstante tiene mucho peso como recomendación y mensaje. Por esto, para Benjamin Netanyahu luce como una lamentable humillación.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Irak: una invasión vertiginosa

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2/7/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1706228-irak-una-invasion-vertiginosa

 

La vertiginosa invasión de Irak por parte de los milicianos fundamentalistas sunni provenientes de Siria que responden al “Califato Islámico de Irak y al-Sham” -aliados ahora con algunos grupos tribales iraquíes sunni, que en su momento fueron leales a Saddam Hussein- está conmoviendo a Medio Oriente y generando tensiones de magnitud.

Ocurre que las fronteras caprichosamente diseñadas en 1916 por los franceses y los británicos (Sykes-Picot) que no respetaron las realidades étnicas ni las diferencias religiosas están resquebrajadas. Siria e Irak, está claro, son sólo nombres y no naciones. Por esto la fragilidad que hoy los afecta. A punto tal, que parece difícil que Siria e Irak sean capaces de mantener incólumes sus respectivas integridades territoriales.

Por razones de espacio es imposible referirse a todos los cambios geopolíticos derivados de esa invasión que han comenzado a ser evidentes. Nos limitaremos a analizar brevemente dos de ellos. Los que tienen que ver con los kurdos y los que afectan a Irán. Ambos, de innegable trascendencia.

Comencemos con lo que se refiere a los kurdos. En el norte de Irak (así como en las regiones aledañas emplazadas dentro de Turquía e Irán) se concentra lo sustancial de la población que conforma la nación kurda. Alguna vez, en 1920, se le prometió independencia. No obstante, nunca la obtuvieron. Pero siempre alimentaron esperanzas separatistas. En todos los países de Medio Oriente en los que existe una presencia kurda importante, esto ha sido así.

En Irak, los kurdos aprovecharon el caos generalizado y desintegrador en el que el país se sumergió desde 2011 para ganar una cuota, cada vez más importante, de autonomía. Erbil, la capital de la montañosa región kurda, a diferencia de Bagdad, está sustancialmente en orden. Lejos de la violencia. Creciendo, además.

Ahora con el apoyo abierto de Ankara, que hasta ha abierto allí un consulado, en lo que es un cambio radical en la relación de Turquía con los kurdos, hasta no hace mucho antagónica. En rigor, los kurdos son los que hoy aportan la única cuota de estabilidad y seguridad que existe en Irak.

Tienen una identidad distinta. Su propia cultura. Su idioma distintivo. Y, ciertamente, también su historia. Casi sin corrupción, han atraído últimamente a la inversión extranjera. Particularmente a la turca en su importante sector de los hidrocarburos. Su ejército (llamado Peshmerga) es respetado. Y disciplinado y eficiente. A punto tal que, ante el avance de los milicianos sunni, ha tomado fácilmente el control de la ciudad de Kirkuk, que es -para los kurdos- una suerte de Jerusalem.

Los kurdos están exportando cada vez más -vía Turquía- hidrocarburos. Lo hacen sin el consentimiento de Bagdad. Así, hoy le venden crudo hasta a Israel. Lo hacen a pesar del malestar que esto ha provocado en el gobierno shiita de Irak. Por ello, en la actualidad los kurdos son económicamente independientes.

Por lo antedicho, ante la nueva realidad, los kurdos de Irak advierten que tienen una oportunidad clara para la secesión. Esto es para empujar fuerte hacia la independencia. Pese a que los Estados Unidos los consideran, con absoluta razón, el grupo más confiable en sus esfuerzos tardíos por tratar de conformar un gobierno inclusivo y pluralista en Irak, capaz de serenar los ánimos de todos.

Irán, por su parte, está tratando activamente de sostener al tambaleante gobierno shiita de Bagdad. Como lo sigue haciendo también con el gobierno sirio de los Assad. En Irak se trata de sostener al asediado primer ministro shiita Nouri al-Maliki.

Sus aviones de reconocimiento no tripulados (los Ababil) están volando constantemente sobre Irak. Así como los cazas y helicópteros sirios impulsados por Irán. A ello hay que agregar los importantes envíos de armamentos y municiones, en vuelos diarios de aviones de transporte iraní, que aterrizan regularmente en Bagdad. Y la presencia, por ahora discreta, de algunos escuadrones de disciplinados y experimentados paramilitares iraníes: los denominados Quds.

El propio General Qassim Suleimani, el jefe de los Quds, está a cargo de la planificación militar en Irak. Lo que incluye contribuir al diseño de una estrategia militar coherente y, en lo inmediato, reconformar apresuradamente los batallones shiitas provenientes del sur de Irak. Aquellos que en su momento lucharan contra la presencia norteamericana en ese país.

Hay, además, un centro de inteligencia comunicaciones y control de la situación militar operado por los iraníes desde la base aérea de “Rashedd”, que alguna vez fuera utilizada por los militares norteamericanos.

A todo ello hay que sumar que -a la manera de Rusia en Ucrania- Irán ha estacionado ya diez divisiones militares y de fuerzas Quds, así como dos docenas de aviones militares, en su frontera con Irak. Ellos seguramente se moverán si Bagdad -o los lugares sagrados de los shiitas (como Karbala, donde está enterrado el Imán Hussein o Najaf)- de pronto están en peligro inminente.

Curiosamente, los militares iraníes conviven ahora en Irak con los 300 “asesores” militares norteamericanos que han sido enviados por Barack Obama, a pedido de las autoridades iraquíes. Los Estados Unidos e Irán están, por ahora al menos, del mismo lado del conflicto. Por esto, a la vigilancia aérea iraní del espacio iraquí, hay que sumar la de los Estados Unidos, con aviones F-18 y P-3 de observación, así como con sus propios aviones sin piloto. Que se suma a la llegada de cazas comprados con urgencia a Rusia.

Pero no hay que pensar que la acción “conjunta” de los iraníes y los norteamericanos en Irak contra los jihadistas sunni, que son una amenaza común, será fácil. Porque el propio líder espiritual iraní, el Ayatollah Ali Khamenei (quizás hablando para su propia tribuna), luego de instar a sus fieles a tomar las armas en defensa de Irak, acaba de decir: “Nos oponemos, enérgicamente, a la intervención de los Estados Unidos y de otros en los asuntos internos de Irak”. Lo que presumiblemente no impide que existan mecanismos discretos de comunicación.

Ese derecho está reservado, aparentemente, tan sólo para él. Como creía, hasta no hace mucho, Hugo Chávez respecto de Venezuela y nuestra región.

Lo que sucede en Irak posee una mezcla de fragilidad y dinamismo. Su final es, por ahora, imposible de predecir. Al impacto sobre los kurdos y los iraníes al que nos hemos referido, hay que agregar ciertamente los demás cambios que, en la propia región, afectan a Arabia Saudita y a los países del Golfo, a Jordania, a Siria, a Turquía y a la propia Israel. Un verdadero rompecabezas -de gran dimensión- se ha abierto de pronto. Con piezas que seguramente costará mucho ubicar en su lugar definitivo..

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.