Venezuela y Argentina encabezan el Índice de la Miseria, ¿Argentina estaría peor a largo plazo?

Por Martín Krause. Publicado el 6/3/15 en: http://bazar.ufm.edu/venezuela-y-argentina-encabezan-el-indice-de-la-miseria-argentina-estaria-peor-a-largo-plazo/

 

El Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (CEDICE), de Venezuela, difunde una entrevista publicada en Estrategia, Chile, donde entrevistan al economista Steven Hanke sobre el “Índice de la Miseria” que elabora y muestra a Venezuela y Argentina en las primeras (y peores) situaciones, aunque Venezuela está lejos del resto. Curiosamente, afirma que la perspectiva a largo plazo es peor en Argentina que en Venezuela, cuando por aquí suele predominar la opinión contraria debido a las perspectivas del inevitable cambio de gobierno a fin de este año. Sus comentarios:

“En el “Misery Index 2014”, elaborado por el economista estadounidense Steve H. Hanke, Venezuela y Argentina ocupan los dos primeros lugares en el mundo. En conversación con ESTRATEGIA, el ex asesor gubernamental y académico de la Johns Hopkins University entrega su visión del por qué los países latinoamericanos se ubican tan alto.

Steve H. Hanke es académico en Economía Aplicada y Codirector del Instituto de Economía Aplicada, Salud Global y Estudios Empresariales en The Johns Hopkins University, Baltimore. También asesora al Instituto de Investigación Monetaria Internacional en Pekín, al Centro de Estabilidad Financiera de Nueva York y es miembro de Consejo Asesor Financiero de Emiratos Árabes.

Hanke se especializa en política monetaria, argumentando que este factor es determinante para el equilibrio de cualquier economía. Entre los años 1976 y 2002 Hanke asesoró en esta materia a los gobiernos de Estados Unidos, Ecuador, Argentina, Estonia, Lituania, Montenegro, Bulgaria, Venezuela, Albania, Bosnia-Herzegovina, Kazajistán, Indonesia y la ex Yugoslavia.

Ha evolucionado el “Misery Index” del economista Arthur Okun a una ecuación que suma las tasas de interés, inflación y desempleo, a las cuales resta el PIB per cápita, rankeando 108 países según información del FMI. Mientras más alta la puntuación, peor es el clima económico.

Venezuela y Argentina están al tope de la lista en el “Misery Index” ¿Cómo es posible que estos dos países clasifiquen más alto que naciones que están en guerra, como Siria y Ucrania?

En ambos casos se debe a una totalmente errada conducción económica. ¿Qué hicieron en Argentina con las compañías privadas de previsión social? Las nacionalizaron. ¿Qué hicieron la semana pasada con algunas tiendas de abarrotes en Venezuela? Las nacionalizaron. Estos países están viviendo en el oscurantismo y son completamente corruptos. Realmente han retrocedido y ahora Venezuela y Argentina tienen políticas inadecuadas que son anti mercado y libertad, que se han probado inefectivas y van a favor de la corrupción. El gran problema en Latinoamérica en general, y en particular en Argentina y Venezuela, donde fui consejero de Domingo Cavallo y del presidente Rafael Caldera, es que las monedas han sido siempre un desastre, significando que no tienen ninguna disciplina en la economía. Ese es el problema fundamental con casi todas las economías latinoamericanas: no tienen disciplina fiscal, porque no hay disciplina monetaria. Y si se mira el “Misery Index” y se observa a los países latinoamericanos mejor posicionados en él, tres de los cuatro mejores están dolarizados. Panamá es el mejor, y luego México, que usa el peso, después Ecuador y El Salvador, que usan el dólar. En mi visión la única manera de obtener disciplina en una base sostenida en Latinoamérica es que la mayoría de los países usen el dólar estadounidense y dejen su moneda doméstica. Esa es la única manera en que Venezuela o Argentina podrían salvarse.

En el caso de Venezuela ¿Cuáles son sus proyecciones para este año en esta economía?

Va a empeorar. Están en lo que llamo el “espiral de la muerte”, y podría tomar mucho tiempo antes de que haya un cambio en el régimen de gobierno. Por ejemplo, en Zimbabue, donde Robert Mugabe ha sido presidente por décadas teniendo una enorme hiperinflación, donde en el peak los precios se duplicaban cada 48 horas en noviembre de 2008, y aún sigue Mugabe como presidente. Lo interesante y la razón por la cual, irónicamente, sigue siendo presidente, fue que los ciudadanos de Zimbabue se rehusaron a usar el dólar zimbabuense y de forma espontánea dolarizaron ellos mismos el país. Ahora hasta usan el dólar estadounidense de forma oficial. Un proceso diferente ocurrió en Ecuador, donde fui consejero del ministro de Finanzas cuando dolarizamos en 2001, pero esa fue una dolarización oficial reemplazando el sucre. En Zimbabue la gente reemplazó el dólar zimbabuense simplemente dejando de usarlo.

Eso es similar a lo que está pasando actualmente en Venezuela. La gente está buscando dólares y no confía en el bolívar.

La dolarización espontánea está aumentando, pero pasará mucho tiempo antes de que paren de usar el bolívar por completo, como ocurrió en Zimbabue. El problema global en Latinoamérica es la moneda y los bancos centrales que tienen. Éstos deberían eliminar las monedas locales y reemplazarlas con el dólar estadounidense, lo que forzaría disciplina en el sistema fiscal, porque entonces los políticos y autoridades fiscales no podrían ir a los bancos centrales para conseguir financiamiento.

¿Es el mismo caso para Argentina?

Argentina, en la perspectiva de largo plazo, está aún peor que Venezuela. Es un mal endémico: la moneda es un enorme problema y la única solución es reemplazarla con el dólar estadounidense. Tenían convertibilidad entre 1991 y 2001, y hasta cuando empezaron a romper las reglas de la convertibilidad les funcionó bastante bien. El problema es que las reglas eran flexibles, y como en muchos otros casos en Argentina, simplemente las rompieron.

¿Cuál es su evaluación de Chile en este aspecto?

Chile no ha operado como el resto de los países, aunque no estoy sugiriendo que lo esté haciendo todo correctamente. Creo que las cosas se han ido deteriorando gradualmente en el último tiempo con la erosión de las ideas de los “Chicago Boys” sobre el libre mercado, lo que no creo que sea bueno para el país. Pero cuando lo comparamos con el resto de Latinoamérica Chile es diferente, pero hay un deterioro del sistema básico que hizo a Chile una historia de éxito. Logró separar su modelo económico del resto de Latinoamérica y eso le dio una imagen muy positiva, lo cual se ha erosionado en el último tiempo, incluso desde el gobierno de Sebastián Piñera.

Chile se ubica en el lugar número 70 en el “Misery Index” y usted culpa a las altas tasas de interés por esto.

El cálculo del índice de miseria es una suma de desempleo, inflación, tasa de interés y luego se le resta el crecimiento del PIB. Si sumas esos componentes, la tasa de interés en Chile es el mayor peso negativo. Si la tasa de interés es el problema, esto sugiere que incluso Chile tendría que dolarizarse. Si usara el dólar sus tasas de interés estarían muy cerca de las tasas que hay en Estados Unidos. Sería como en Hong Kong, que tiene una autoridad monetaria ortodoxa en donde 7,2 dólares hongkoneses equivalen a US$1, y las tasas de interés son muy parecidas a las de Estados Unidos. O si ves a Panamá, El Salvador o Ecuador, ajustadas por riesgo, las tasas de interés son las mismas.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

 

Argentine Ruling Rocks The Sovereign Debt Market

Por Alejandro A. Chafuén. Publicado el 2/7/14 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2014/07/02/argentine-ruling-rocks-the-sovereign-debt-market/

The recent decision by the U.S. Supreme Court to let stand a ruling by New York District Court Judge Thomas Griesa could have a major impact in the world economic scene. The ruling favors Argentine creditors and it requires the Argentine government to pay the debt owed to bond holders who did not agree to the terms offered in a previous partial settlements (the “holdouts”). The continued effort of the Argentine government to fight the ruling is based on its lack of understanding of how independent courts operate.

Seven years ago, during a trip to Peru, I had the privilege of spending four days attending programs with Justice Antonin Scalia. It was the first time that a Supreme Court justice had gone to Peru. During his presentation, a panel discussion with some of the highest authorities of the Peruvian judiciary, Scalia said: “During my entire career as a federal judge and Supreme Court justice, which now spans 26 years, never once, never once was I was approached by someone from the executive or the legislative power to try to exert influence in a case that was before me in one of my courts.”

A journalist interviewed me at the end of Scalia’s visit and asked me what impressed me most about his lectures. I repeated the above story and the journalist said to me: “It must be difficult to find a man with the integrity of Scalia.” Sure, it is difficult to find human beings like Scalia, but the journalist mistakenly thought that the independence of the judiciary in the U.S. was a matter of one person, not an institutional trait. Peru’s judiciary is not noted for its independence.

The notion of an independent judiciary that would constrain the government is even rarer in Argentina. In the World Rule of Law Index, Argentina scores a dismal 0.35 out of 1 in the category: Limits to the Government by the Judiciary. Peru does not score much better, only 0.45, but is moving in the right direction.

As for most of its tenure, the Argentine government presided by Nestor and Cristina Kirchner saw a judiciary system mostly subservient to government interests. Because of this it is natural that they would think the U.S. courts could also be manipulated. The Argentine government and negotiators don’t understand that U.S. federal courts are still independent. The politicization of the nomination process in the U.S. has not lead to the direct manipulation of the highest courts.

A few weeks ago, before the ruling, and as a last ditch effort, the Argentine government sent a delegation to lobby the Obama administration and theWashington-based international bureaucracies. They asked them to “intervene” on behalf of the Argentine government. It proved futile. After the ruling, which recognized the rights of the creditors, the first official response from the Argentine government was to publish a one page advertisement in the Wall Street Journal attacking the decision of the judge.

Other countries are watching this battle. In Peru there is more willingness to play by the rules. José Luís Sardón, one of the main hosts of Scalia’s trips to Peru, spent most of his academic life as an intellectual entrepreneur in the area of law. His law department, at the Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, has acted as a high-level, non-politicized legal think tank. Sardón produced a journal, Revista de Economía y Derecho, which has been elevating the discourse on legal and juridical matters in his country. Unlike the Argentines, who were recently greeted with “bad” news, Peruvians were greeted with the refreshing news that the Peruvian Congress had approved the appointment of Sardón to the highest court of the land.

The end result of the Argentine debt dispute is not certain. Agustín Etchebarne, executive director of Libertad y Progreso in Argentina, and with ample experience in the investment world, believes that, in the end, Argentina will negotiate with the holdouts. The clock started ticking, and if it does not reach an agreement by the end of July, it will likely default. Complying with the law might not be as costly as the Argentine government assumes. The latter fear that if they offer a better deal to the holdouts, the deal has to be offered to the 92 percent who have agreed to worse terms. Etchebarne believes that since the government is not offering to pay, rather it is being forced to pay, that “it is not clear that judges will rule in favor of the other creditors.”

Steve Hanke, a senior fellow at the Cato Institute, and a professor at Johns Hopkins University, stressed that Argentina needs to create a positive shock. Complying with the ruling should reduce the country’s risk and send signals to the world that Argentina is again open to true, not just crony, business. Etchebarne adds that from the energy to the agricultural sectors, and many others, there are abundant opportunities for investments in Argentina. Complying with the ruling might benefit the development of a healthier Argentinean economy in the near future.

Although it is hard to be optimistic about Argentina, the future of countries are not sealed. During the late 1980s, respected Latin American analysts were forecasting the disintegration of Peru as a nation. There is still much to improve in Peru but its country default risk runs today at 1.3 percent compared to 14.6 percent for Argentina.

The Argentine government might portray the hedge fund owners that represent most of the holdouts as greedy vultures, but few have been more voracious than the Argentine government authorities. They have speculated that their use of their arbitrary powers will allow them to continue with their practices with almost total impunity. It is the poor of Argentina who have paid the price for government policies that have taken their country to the lower places in the rule of law rankings. If the Argentine political and media pressure would have been able to sway a U.S. federal court it would have set an awful precedent and would have unleashed an increase of similar practices by other countries. On the other hand, the Supreme Court’s decision to let stand Judge Griesa’s ruling will make it more difficult for other countries to restructure its debts in an arbitrary and unjust manner. It should also lead to an improvement of the legal frameworks governing defaults by sovereign countries.

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.