Eligen a políticos y empresarios más favorecidos por Gobierno de EE.UU.

Por Belén Marty: Publicado el 28/4/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/04/28/eligen-a-politicos-y-empresarios-mas-favorecidos-por-gobierno-de-ee-uu/#.VT_K7uBcAaY.facebook

 

El concurso “Capitalismo de amigos” de la organizacion Atlas Society muestra que compañías y hombres públicos viven de sus relaciones con el Estado.

El presidente Barack Obama, la Reserva Federal de Estados Unidos y el dueño de casinos de Las Vegas Sheldon Adelson, entre otros, fueron nominados el lunes 27 para pasar a la última instancia del concurso “Capitalismo de Amigos (Crony Capitalism Awards)”, organizado por The Atlas Society.

Inspirados en la novela La Rebelión de Atlas, de la filosofa objetivista Ayn Rand, la organización norteamericana lanzó un concurso para que el público vote cuál son los individuos, las corporaciones, los políticos y las agencias gubernamentales que más han recurrido a influencias políticas para obtener beneficios económicos.

“Por desgracia, hoy vivimos en una economía mixta llena de ejemplos de intereses especiales que se fusionan con el poder del Estado. Hemos desarrollado el concurso para que todos puedan participar en la identificación de las empresas compinchadas con el Gobierno, y educar al mundo acerca de la naturaleza destructiva del capitalismo clientelar”, explican en el sitio web del concurso.

La organización recibió 274 candidatos pero a preseleccionó 132 para sus cuatro categorías (individuo, político, corporación, y agencia gubernamental).

“[El concurso] está destinado a poner de relieve los casos más claros y más atroces de estos ‘empresarios-políticos’”, sostuvieron.

El empresario Sheldon Adelson es uno de los principales donantes del Partido Republicano. (Crony Awards)

El lunes 27 se dieron a conocer los ganadores de las elecciones primarias entre los que se encuentran Harry Reid, Barack Obama y John Boehner (categoría políticos); la IRS (agencia encargada de la recolección de impuestos), el Banco Importación-Exportación (Eximport) y la asociación Fannie Mae (categoría Agencia Gubernamental); George Soros, Warren Buffett y Sheldon Adelson (categoría individuos); y la Reserva Federal, AARP (organización solidaria), y la Federación Americana del Trabajo (categoría corporaciones).

Los interesados podrán votar en la elección general desde el 22 de abril hasta el 8 de junio. Los ganadores serán anunciados en la cena de la Conferencia de la Atlas Society el 20 de junio.

Entre los beneficios más sobresalientes que recibieron estas empresas están las regulaciones que limitan la competencia, los subsidios, licencias de monopolios, barreras de entrada a nuevos competidores (con permisos, licencias), salarios mínimos y otros controles de precios; y rescates financieros.

Los candidatos que llegaron hasta aquí tienen algún nexo entre su actividad primordial, la política. y un resultado beneficioso. En este sentido, Atlas Society se pregunta cómo el político Harry Reid se hizo tan rico. En su descripción puede leerse que Reid respaldó un proyecto para realizar un puente que hizo que se revalorizara enormemente el valor de sus tierras.

Obama es otro de los principales candidatos a llevarse el premio. El es el “jefe” por sobre todos los otros candidatos. Ayuda a sus donantes, amigos o industriales: por ejemplo a General Motors o Solyndra.

La Reserva Federal “trata de manipular la economía para ayudar a una industria o sector a expensas del resto de las compañías y de los estadounidenses en general”.

Por su parte, la Federación Americana para el Trabajo “quita dinero por la fuerza y provee pocos beneficios”.

Otro ejemplo es Sheldon Adelson, uno de los dueños de casinos más importantes en Las Vegas, Nevada. Es un gran opositor a los sitios de apuestas en línea, ya que compiten con su negocio. Por ello, dona cientos de miles a la senadora de Carolina del Sur Lindsey Graham, una de las mayores oponentes al juego en línea.

En el marco de este concurso, explican sus organizadores que hoy “ninguna empresa puede evitar lidiar con el Gobierno”; pero que, sin embargo, existe una diferencia entre quienes buscan crear bienes o servicios a través de la libre competencia y aquellos para quienes sus manejos con políticos y burócratas son esenciales en sus negocios.

El capitalismo de amigos, eje del problema

Stephen Hicks, profesor de Filosofía en la Universidad de Rockford y parte del equipo de trabajo detrás del concurso, definió qué es el capitalismo de amigos.

“Hay una diferencia entre las personas que ganan dinero en un mercado abierto, ofreciendo un excelente servicio, gran calidad, y bajo precio; y aquellos que reciben dinero gracias a las influencias políticas”, comentó a PanAm Post.

Muchos de estos empresarios empapados de los procesos políticos, explica Hicks, reciben subsidios estatales pagados por todos los contribuyentes o son beneficiarios de exenciones impositivas.

“Un capitalista de amigos es un empresario que conoce a la gente indicada. Es un empresario que conoce al político indicado y logra que ese político utilice su influencia para beneficiar al empresario”.

Hicks recalco que, al menos en Estados Unidos, una empresa con esta definición tuvo que haber empezado en el sector privado para luego darse cuenta que si empezaba a jugar el juego de los políticos entonces no tendría que trabajar tan duro.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

¿Se debilita el vínculo de los Estados Unidos con Israel?

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 6/3/15 en:  http://www.lanacion.com.ar/1773579-se-debilita-el-vinculo-de-los-estados-unidos-con-israel

 

La comunidad internacional -representada en este caso por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (el llamado “G-5”), más Alemania- e Irán continúan avanzando con miras a cerrar un acuerdo de principios y criterios generales sobre el peligroso programa nuclear iraní antes del 24 de marzo próximo. El mismo, de alcanzarse, sería luego seguido por un acuerdo detallado, que debería firmarse antes del 30 de junio de este mismo año. Para la paz del mundo éste sería un paso muy significativo, aunque no definitivo. Para los Estados Unidos hay aún temas importantes que no se han acordado.

Con ese objetivo, las reuniones de trabajo de alto nivel se han sucedido en la ciudad de Ginebra, en Suiza. Ellas están lideradas ahora por un “grupo chico” conformado, por una parte, por el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, acompañado por el Secretario de Energía, Ernest Moniz, y por la otra, por el canciller iraní, Javad Zarif, a quien acompaña Ali Akbar Salehi, el director de la Agencia Iraní de Energía Atómica. El resto del amplio grupo negociador de la comunidad internacional sigue de cerca el tema, totalmente al corriente de lo que sucede.

EL ESQUELETO DEL ACUERDO ANTICIPADO

Si bien es cierto que sólo los negociadores y los líderes de sus respectivos países saben con exactitud dónde se encuentran las conversaciones y cuáles son los temas concretos que continúan abiertos, en los últimos días ha trascendido lo que podría aparentemente ser el esqueleto del posible acuerdo que se negocia. El propio presidente Barack Obama, con sus comentarios, ha sido uno de los responsables de esos trascendidos.

El plazo del acuerdo a celebrarse con Irán se reduciría a diez años, durante los cuales Irán convendría en no operar más que un número reducido de las centrífugas de las que dispone, con las que produce el uranio enriquecido necesario para poder eventualmente tener armas atómicas. Irán, sin embargo, sigue señalando que ese plazo es demasiado largo.

Inicialmente se hablaba, cabe recordar, de 20 años de congelamiento del programa. Esa duración se habría reducido a la mitad. Durante ese plazo Irán quedaría sometido a inspecciones permanentes, operaría tan sólo un número reducido de sus centrífugas y se mantendría siempre al menos doce meses distante de la posibilidad ostensible de comenzar a fabricar armas atómicas (nos referimos al llamado período de “breakout”). Se asume que, si esa decisión eventualmente se detectara o se materializara, la comunidad internacional dispondría de un año de plazo para, por los medios que entonces fueren necesarios, “disuadir” a Irán.

Los trascendidos recientes sugieren que además, vencido el mencionado plazo inicial de diez años, habría una suerte de período adicional de “normalización” que sería de cinco años, durante los cuales Irán iría dejando atrás -progresivamente- las restricciones que aceptaría para el inicio del programa. Y podría entonces comenzar a producir combustible, teóricamente destinado a su planta nuclear de Bushehr a la que los rusos dejarán de abastecer en 2021.

Para algunos, esto equivale a institucionalizar una suerte de autorización “indirecta” o “velada” en función de la cual Irán podría transformarse paulatinamente en una potencia nuclear militar, si así lo decide. Esto, por cierto, no es fácil de digerir para algunos y podría desatar una “carrera” en esa misma dirección en la que participarían algunos de los países árabes “sunnis” del Golfo, que han sugerido que -por razones de seguridad- no podrían quedarse paralizados, observando como Irán se transforma en potencia militar nuclear, sin ingresar -ellos mismos- en esa categoría. Por razones esencialmente defensivas. Peligrosísimo, por cierto. Particularmente en una región del mundo donde la recurrencia a la violencia es, desgraciadamente, una lamentable y frecuente realidad.

No obstante, lo cierto es que la capacidad de las centrífugas para producir uranio enriquecido no depende sólo de su número, sino también de su eficiencia, la que puede -de pronto- aumentar sustancialmente como consecuencia de futuros avances tecnológicos que las transformen en más efectivas que las actuales, lo que no puede descontarse.

Por esto, si de pronto se permite que operen -como parecería probable- unas 6000 centrífugas iraníes, sus posibilidades diferirán en función de sus capacidades individuales de enriquecimiento. Está, además, el tema adicional de cuánto uranio enriquecido se permitirá a Irán mantener, como inventario, en su propio país en cualquier momento. Por oposición a tenerlo depositado en Rusia, que se ha ofrecido al efecto.

Mientras tanto Irán, que sigue comprando ilegalmente por el mundo materiales y equipos para su reactor de Arak, está muy alerta respecto de lo que sucede en el mercado internacional de las centrifugas.

No hay que olvidar que, en paralelo, Irán sigue adelante, a toda marcha, con su ambicioso programa de misiles de largo alcance, difícil de justificar sin pensar en la eventualidad de equiparlos con cabezas atómicas. A lo que debe sumarse que Irán continúa, desafiante, sin contestar las principales preguntas de la Agencia Internacional de Energía Atómica sobre aspectos concretos de su programa nuclear militar, como si simplemente no existieran.

Para la administración norteamericana, el acuerdo con Irán puede cerrarse sin necesidad de contar para ello con la aprobación del Congreso. Pero ocurre que esa aprobación legislativa es indispensable si de levantar algunas de las sanciones económicas impuestas a Irán se trata. Y no hay acuerdo posible, sin que esas sanciones, que tanto daño hacen a Irán, se dejan sin efecto, quizás progresivamente.

EL “DESACUERDO” CON ISRAEL

Israel, por su parte, obviamente no confía en Irán. Supone que, para la teocracia iraní, Israel es esencialmente un blanco a destruir. Y, frente al riesgo existencial, no está conforme con el curso aparente de la negociación con Irán. Posición que ciertamente no esconde. En rigor, sólo aceptaría que el programa nuclear iraní se discontinuara. Del todo. Esto es, que se desmantele. Para Irán, un imposible.

Por esto, Benjamin Netanyahu habló -el martes pasado- ante el Congreso norteamericano, en una sesión conjunta de ambas cámaras que despertó enorme interés, en la que fuera una invitación inusual y sin precedentes, para reafirmar allí su posición, absolutamente contraria al acuerdo que se negocia con Irán.

La presencia de Netanyahu en el podio del Congreso del país del norte supuso, para algunos, un intento de bloquear el posible acuerdo con Irán. Netanyahu compareció invitado por el “speaker” de la Cámara baja, John Boehner -un legislador republicano que representa a Ohio- sin que nadie hubiera consultado sobre esto a la Casa Blanca, lo que es patológico. Por esto, 44 de los 188 demócratas de la Cámara baja y 7 de los 44 senadores demócratas anunciaron su no concurrencia. Lo que habla de una polarización entre los demócratas en este tema.

Pese a la enorme intimidad que efectivamente existe en la relación bilateral entre Israel y los Estados Unidos, en los últimos seis años ha quedado claro que la “química personal” entre Obama y Netanyahu es pobre. Particularmente desde el 2012, cuando Obama decidiera mejorar la relación con Irán con un intento de acercamiento, al menos en algunos temas, como el de la lucha contra el Estado Islámico.

La decisión de Netanyahu ha llenado de alguna tensión a una relación bilateral que estaba algo lastimada. Pero que sigue siendo sólida. Y profunda. De respaldo sustancial a Israel. Más allá de las diferencias estratégicas. Y de las divergencias que aparecen cuando el prisma con el que se miran los temas es regional, por oposición a internacional.

Porque, además, como algunos sostienen, el discurso de Netanyahu tiene un sesgo electoral doméstico, desde que el premier compite en elecciones parlamentarias israelíes hasta ahora reñidas, que tendrán lugar dos semanas después de pronunciado su discurso ante el Congreso norteamericano. El 17 de marzo próximo. Netanyahu procura por esto reafirmar ante sus electores su imagen de “Sr. Seguridad”.

No es sorprendente entonces que su rival político, Isaac Herzog, lo acuse de provocar malestar -y hasta algún deterioro- en la relación bilateral de su país con los Estados Unidos, con fines subalternos, esto es electorales. Con el riesgo de provocar una retracción en el apoyo norteamericano a Israel, que hasta ahora siempre ha sido “bipartidista”, incluyendo a los dos grandes partidos políticos norteamericanos.

No es imposible que Netanyahu haya tratado de generar una mayor preocupación norteamericana sobre las posibles consecuencias que -en su opinión- podría tener la negociación de la comunidad internacional con Irán sobre su programa nuclear. Para inducir a la administración de Obama a ser más firme frente a un país como Irán que -en función de su historia reciente- no tiene confiabilidad, ni credibilidad alguna.

¿UNA RELACIÓN BILATERAL DEBILITADA?

¿Ha puesto Netanyahu en crisis la relación de su país con los Estados Unidos? No necesariamente. Ella sigue siendo, en lo esencial, sólida.

Prueba de esto ha sido la reciente encendida defensa de Israel por parte del secretario John Kerry ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Denunciando que ese organismo tiene un reprobable andar -torcido y hasta abusivo- cuando de temas o cuestiones que tienen que ver con Israel se trata. Lo que es ciertamente así.

Ocurre que el compromiso de los Estados Unidos con Israel tiene que ver con valores permanentes compartidos. Lo que es distinto de las posiciones tácticas frente a una coyuntura que puede, de pronto, provocar desacuerdos circunstanciales. El fuerte respaldo norteamericano parecería seguir intacto, entonces. Pero el tablero grande de Medio Oriente ha cambiado. Por esto John Kerry acaba de visitar a Arabia Saudita, incluyéndola en el análisis global de la situación.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.