Algo sucede con los austríacos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 17/4/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/algo-sucede-los-austriacos/

 

La Escuela Austriaca de Economía ha tenido una curiosa historia, y la profesión le brindó sucesivamente admiración, olvido, desprecio e irritación.

Al principio fueron ampliamente reconocidos. Carl Menger fue un co-protagonista de la Revolución Marginal, junto a Walras y Jevons; Böhm Bawerk fue un economista muy apreciado por su teoría del capital; y Hayek fue invitado a explicar su teoría del ciclo en la London School of Economics, y nombrado después profesor allí (https://bit.ly/2GtD0Ul).

Cuando se plantean los primeros debates académicos sobre el socialismo, en los años 1920 y 1930, eran los austriacos los considerados críticos de mayor fuste. Hayek me contó que en 1946, cuando Keynes murió, le había comentado a su mujer: “Ahora que Maynard no está, el economista más importante del mundo soy yo” (https://bit.ly/2uDuXTe). No era absurda esa declaración de Hayek. Lo que fue es completamente equivocada.

En pocos años la escuela, que había huido de Austria con la invasión nazi, fue laminada por la macroeconomía keynesiana, la microeconomía neoclásica y la contrastación econométrica. Nada de eso encajaba con la teoría de los sucesores de Menger, economistas subjetivos, no empiristas, y liberales. Profesores de primera fila, como Mises, languidecieron académicamente. Y cuando Hayek quiso hacer carrera en Estados Unidos, no fue al Departamento de Economía de Chicago sino al Comité sobre Pensamiento Social, su sueldo no fue pagado por la Universidad sino por una fundación, y él abandonó la economía y se dedicó a la filosofía jurídica y liberal.

Los economistas dejaron de lado a los austriacos, incluso cuando en 1974 Hayek recibió el Nobel —junto con Myrdal, para compensar, según creía el austriaco.  Yo no estudié a los austriacos en mi licenciatura en Economía en la Argentina a finales de los sesenta, y sólo me enteré de su existencia durante mis estudios de doctorado en España, gracias a Pedro Schwartz.

La profesión consideraba, y en su mayoría sigue considerando, que los austríacos eran solo unos ignorantes dispensadores de cápsulas ideológicas, y algunos creen que Hayek fue poco más que un admirador de Pinochet (https://bit.ly/2Eb4ZG7).

Sin embargo, la cosa cambió. No pasaron los economistas convencionales a apreciar a los austriacos, eso no, pero la escuela empezó a molestarles, lo que no había sucedido antes. Eso indicaba que ya no la ignoraban. La escuela refloreció en varios países, como España, gracias a figuras como Jesús Huerta de Soto, y ha recibido el respaldo de banqueros como J.M.Nin (https://bit.ly/2Grj9co) o Trichet (https://bit.ly/2Gupa3J).

Es posible que el renacimiento se haya potenciado con la caída del Muro primero y con la crisis económica después, que dejó a muchos economistas en mal lugar, pero que puede ser provechosamente analizada con la teoría del ciclo austriaca, a mi juicio lo más potente de estos pensadores, junto con su análisis del socialismo.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Belgrano, muy lejos de la Presidenta.

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 12/7/13 en http://www.lanacion.com.ar/1600251-belgrano-muy-lejos-de-la-presidenta

Conjeturas un tanto estrafalarias esbozadas por la Presidenta en el Día de la Bandera, en Rosario, nos mueven a intentar alguna aclaración respecto del creador de la insignia patria. En su autobiografía, Belgrano consigna que, si bien se graduó de abogado en España, su interés residió principalmente en la economía. Por su parte, en el relato autobiográfico de Alberdi, éste destaca el liberalismo de su padre, quien entabló una estrecha amistad con Belgrano (el autor intelectual de nuestra Constitución sostuvo que, en gran medida, la Independencia lamentablemente trocó de colono: de la metrópoli a los gobiernos patrios, “siempre máquinas fiscales”).

Luis Roque Gondra apunta: “La obra económica de Belgrano es tan transparente y candorosa que puede señalarse en ella, sin esfuerzo, el grupo de escritores que influyeron profundamente en su espíritu”, y subraya la influencia preponderante de Adam Smith. Así, en el número inaugural del Correo de Comercio, periódico inspirado por Belgrano, aparece un resumen de la sección primera del libro cuarto de la obra cumbre del célebre economista escocés.

En Escritos económicos , donde se recopilan trabajos de Belgrano, se lee: “El hombre sólo trabaja en aquellos ramos en que concibe puede sacar utilidad, y si ésta se la limita la tasa en términos que le deje muy poco y ningún logro, no haya remedio que vuelva a dedicarse a ninguno de aquellos ramos [?] no hay fiel ejecutor ni tasa mejor que la concurrencia: ésta es la que nivela y arregla los precios entre el comprador y el vendedor; ninguna cosa tiene su valor real ni efectivo en sí mismo, sólo tiene el que nosotros le queremos dar y éste se liga precisamente a la necesidad que tenemos de ella”.

Esta reflexión de Belgrano no sólo alude al eje central del mercado en cuanto a la importancia de la libertad de precios al efecto de asignar bien los siempre escasos recursos, sino que se adelantó a la teoría subjetiva del valor hasta entonces impregnada por la errada tesis del valor-trabajo. Recién en 1870, primero William S. Jevons y León Walras, y luego con mucha mayor profundidad Carl Menger, desarrollaron la teoría de la utilidad marginal en el contexto de la subjetividad de las valorizaciones. A diferencia de lo expuesto por Karl Marx, dieron por tierra con la plusvalía en la que descansa la teoría de la explotación, tal como lo desarrolló en detalle Eugen Böhm-Bawerk.

Hay muchas lecturas de Marx, pero es de interés resaltar una especulación sobre su honestidad intelectual: una vez rebatida la antedicha tesis central, no publicó nada más sobre el tema a pesar de contar con 49 años y de haber sido un escritor prolífico. Sólo dos apuntes fueron posteriores, el referido al programa Gotha, dirigido al oportunismo de Ferdinand Lasalle, en el que modifica la forma de remuneración, y el folleto de poco más de treinta páginas sobre las comunas de París. En efecto, luego de publicado el primer tomo de El Capital , en 1867, se abstuvo de publicar sobre el eje central de su teoría, a pesar de que tenía redactados los otros dos tomos de esa obra, tal como informa Engels en la introducción al segundo tomo, publicado veinte años después de la muerte de su autor (ocurrida en 1883) y 30 años después de aparecido el primer tomo.

Sin duda que a fines del siglo XVIII y principios del XIX no puede esperarse de Belgrano una actualización y coherencia compatibles con fértiles contribuciones posteriores, tal como calibrarán futuras generaciones nuestros conocimientos actuales, ya que éstos están formados por corroboraciones siempre provisorias sujetas a refutaciones en un contexto evolutivo.

Resulta paradójico, pero hoy el cuadro de situación no ha cambiado respecto de las preocupaciones medulares de Belgrano y de Alberdi en cuanto a la libertad de comercio y al respeto a los derechos individuales. Sin embargo, hay quienes son españolistas en el peor sentido -imperial, inquisitorial y franquista-, aunque se llenan de escarapelas como si no hubiera una contradicción flagrante entre ambas actitudes.

Las consideraciones de Belgrano respecto de la necesidad del funcionamiento libre de los precios se basan en que son las únicas señales para operar, aunque queden desfiguradas en la medida de la intervención de los aparatos estatales. No son indicadores caprichosos, se deben a las prioridades para el uso de los factores de producción que derivan de la institución de la propiedad privada, que a su vez aparece debido a que los bienes son escasos.

En un mercado abierto y competitivo (o de libre concurrencia, como decía Belgrano) el cuadro de resultados revela la eficiencia de cada cual para atender las demandas de su prójimo. En este proceso, las ganancias constituyen un premio por los aciertos, y los quebrantos castigan a quienes no dan en la tecla con los requerimientos de los demás. Distinto es lo que ocurre con los empresarios prebendarios que obtienen sus beneficios fruto del latrocinio debido a su cercanía con el poder, que les otorga privilegios inaceptables en una sociedad abierta (en la época de Belgrano, los comerciantes ligados a la corona española; en la actual, los amigos del Gobierno y aplaudidores oficiales).

Hoy reaparecen funcionarios megalómanos que pretenden administrar precios, sin comprender la naturaleza del conocimiento fraccionado y disperso, por lo que inexorablemente concentran ignorancia. Es del caso ilustrar el tema con la tragicómica suerte de la divisa estadounidense: se implantan cepos, controles, formularios, compromisos forzados, sabuesos propiamente dichos y de los otros para perseguir a ciudadanos pacíficos que sólo pretenden disponer de lo suyo, todo para generar faltantes, blue , paralelo, negro y seminegro, en lugar de comprender que el precio libre que establece el mercado (es decir, la gente a través de arreglos contractuales voluntarios) no hay faltante alguno, del mismo modo que ocurre con las zanahorias y los calzoncillos.

Como también indica Gondra, las ideas de Belgrano dejaron su impronta en no pocos próceres. Por ejemplo, en Mariano Moreno, un adalid del librecambio a nivel internacional, quien en La representación de los hacendados escribió que “el contrabando subrogó el lugar del antiguo comercio” a raíz de los controles burocráticos a las importaciones y exportaciones. Conviene repasar la historia para no repetir errores.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.