Khashoggi: atroz y doble crimen de los políticos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 17/10/18 en: https://elnuevodiario.com.do/khashoggi-atroz-y-doble-crimen-de-los-politicos/

 

El periodista Jamal Khashoggi fue a un consulado saudí en Turquía el 28 de septiembre por unos trámites para casarse con una turca, y allí le dijeron que volviera más adelante. Regresó el 2 de octubre, pero nunca salió del consulado. El día de su desaparición, empezó a temer una trampa y se lo dijo a la BBC. Ese día, 15 agentes saudíes viajaron a Turquía. Jamal fue descuartizado cuando estaba vivo, según Al Jazeera.

Khashoggi pasó años en los medios de Arabia Saudita como vocero oficioso de la familia real. Pero cuando Mohammed bin Salman se convirtió en príncipe heredero, en 2017, y comenzó a asumir control sobre distintos niveles de poder, la independencia de Jamal, aunque modesta, era insoportable. Se mudó a EE.UU., comenzó a escribir para The Washington Post y se convirtió en el peor crítico del príncipe heredero.

Ahora, los dirigentes políticos -por cuidar sus negocios- no solo que han engañado a un periodista desarmado para asesinado con ensañamiento, sino que pretenden -y lo lograrán, qué duda cabe- esconder la verdad. Turquía estaría buscando un acuerdo secreto con el reino saudí a cambio de ocultar evidencia.

Trump prometió que habría un “castigo severo” para el reino si se probara su responsabilidad. Pero se negó a cortar la venta de armas a Arabia Saudita. Y ahora sugiere que los responsables pueden ser “asesinos” por cuenta propia. Arabia Saudí fue el primer país que visitó Trump y su yerno y asesor, Jared Kushner, mantiene una fuerte relación con el príncipe heredero.

Y no es para menos, es grande el negocio. Según el SIPRI, EE.UU. y los europeos suministraron más del 98% de las importaciones de armas de Arabia Saudí que fue el segundo mayor importador global, detrás de India, y es el mayor cliente ya que compra el 18% de las exportaciones de EE.UU.

Así, todos estos políticos habrían convencido al reino, y los tribunales reales saudíes podrían acusar de la desaparición o la muerte de Khashoggi a “elementos descontrolados” de los servicios de seguridad. Turquía podría aceptar la explicación y el mundo nunca conocería la verdad.

Según fuentes de la CNN, los saudíes preparan un informe reconociendo que la muerte de Jamal fue el resultado de un interrogatorio que salió mal, uno que intentaba su rapto desde Turquía y que la operación se llevó a cabo “sin autorización ni transparencia” y que los involucrados “serán acusados”. Con lo cual el crimen de los políticos será doble, además del horrendo asesinato, ocultarán la verdad.

El sector privado, los empresarios, sí han respondido de manera tajante y muchos han cancelado su participación en la Future Investment Initiative -un congreso al estilo Davos, programado del 23 al 25 de octubre en Arabia Saudita- como los ejecutivos de Uber, de The Economist, The New York Times, CNN, Bloomberg, Virgin Airlines y tantos otros.

Por cierto, haciendo gala de su doblez y apego a los negocios, estos mismos políticos se rasgan las vestiduras por el “terrorismo internacional”, y arman guerras para vender más armas, mientras apoyan a la fanática tiranía saudí “guardiana” de Medina y La Meca -las ciudades prohibidas a los “infieles”- que mantiene a las mujeres como esclavas y que hasta los cines prohibía, hasta hace pocos meses, por “frívolos”. Tiranía que ajustició -generalmente por decapitación- a 100 personas en 2017 marca que superaría en 2018, según cifras oficiales.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El “otro” Trump

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/4/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2013718-el-otro-trump

 

Como el dios Jano de la mitología romana, el dios de los comienzos, el de “las dos caras”, Donald Trump acaba de evidenciar aquello tan conocido que sugiere que el mundo, cuando se lo mira desde la Oficina Oval de la Casa Blanca, suele ser distinto. Mucho más complejo, por cierto.

Lo que obliga a los presidentes norteamericanos a mantener una política de constante re-examen de sus posiciones y políticas, de cara al escenario grande del mundo. Y a cambiar, a veces radicalmente, sus visiones para adaptarse a la realidad.

En los últimos días esto parece haberle sucedido a Donald Trump, obligándolo a cambiar algunas de las principales posiciones asumidas en la campaña electoral que lo llevara al poder. Incluyendo en materia de política exterior.

Es posible que en ese giro -copernicano- hayan influido muy significativamente el actual Secretario de Estado de los EE.UU., Rex Tillerson, un hombre que ha demostrado rápidamente tener una dimensión notable, caracterizada no sólo por una presencia digna, sino acompañada por una mezcla muy poco común de firmeza, claridad, energía y coraje. Y Jared Kushner, el yerno del presidente, así como Gary D. Cohn, el principal asesor económico del presidente Donald Trump, cada vez más influyentes.

Los cambios de rumbo del presidente norteamericano no son menores. Fueron rápidos y no han sido disimulados. Veamos los tres principales. Los más obvios.

Primero, para Donald Trump la “OTAN” ya no es “obsoleta”. Lo que ha vuelto a llenar de tranquilidad a las principales naciones de Europa que también la integran, alejando la sensación de abandono -y hasta de desprotección- que pudieron haber tenido.

La alianza militar más importante de la historia ha vuelto así a estar en su lugar. De donde nunca debió ser excluida, por derecho propio. El anuncio fue formulado por el presidente norteamericano en la propia ciudad de Washington, en compañía de Jens Stoltenberg, el secretario general de la OTAN.

Ocurre que la OTAN tiene entre sus principales responsabilidades, las que conforman su amplio mandato militar, la de luchar contra el terrorismo, como pretende Donald Trump. Lo cierto es que la OTAN invocó tan sólo una vez en su historia su cláusula esencial, aquella que gatilla la defensa común. Y ello fue cuando la tragedia de 9/11. Y que, además, más de mil soldados europeos y canadienses perdieron la vida en Afganistán, combatiendo al Talibán, codo a codo, con los soldados norteamericanos. La toma de posición del presidente norteamericano ha sugestivamente precedido a su visita a la sede de la OTAN, en Bruselas, que ocurrirá el mes que viene.

Segundo, también la retórica que predicaba la necesidad de actuar en cercanía con Rusia ha cambiado. Mucho. Al compás de un Vladimir Putin cada vez más audaz -y hasta desafiante- en su presencia externa, hoy el clima entre las dos naciones es lo contrario a la cercanía; es uno de abierta desconfianza.

La nueva perspectiva norteamericana sobre Rusia luce más realista. Ocurre que Rusia evidentemente no juega en el escenario internacional con las mismas cartas que los EE.UU. Ni respeta las mismas reglas. Ni tiene los mismos objetivos. Como lo acaba de evidenciar, sin mucho margen para las dudas, su apoyo ilimitado al régimen criminal sirio que lidera Bashar al-Assad. Para Rusia, su permanencia en el poder de su país es algo “no negociable”. Para los EE.UU., en cambio, ello es inaceptable. Porque Bashar al-Assad no vacila en usar armas químicas contra su propio pueblo; esto es, en cometer aberrantes delitos de lesa humanidad contra civiles inocentes. Como también lo hiciera en su momento su propio padre, un dictador sanguinario como él.

El cambio de posición de Donald Trump volvió a definir una “línea roja”: esto es que hoy no se puede condonar el uso de armas químicas. Y esta vez, los Estados Unidos fueron más allá de las palabras y reformularon su mensaje mientras disparaban decenas de misiles, a modo de advertencia específica.

Tercero, respecto de China. Luego de la temprana reunión de Donald Trump con el presidente del coloso asiático en La Florida, el sendero común trazado pareciera ser el de la cooperación. Y la química personal entre los dos mandatarios parece haber resultado buena, lo que no es pequeña cosa ante las notorias diferencias de estilo y personalidad.

Esto presumiblemente ayudará a tratar de contener, juntos, al régimen dinástico de los Kim en Corea del Norte sin tener que recurrir para ello al uso de la fuerza, camino bien peligroso en el que las posibilidades de éxito son pocas y la eventualidad de provocar una intervención directa china bastante alta. Respecto de Corea del Norte la preocupación es que de la “paciencia estratégica” de Barack Obama, se pase a la “impaciencia táctica” de Donald Trump.

Además se convino con China que, en un plan a elaborar en los próximos cien días, se buscará la forma de re-equilibrar razonablemente el comercio bilateral. Aparentemente esto se hará a través de mayores exportaciones agrícolas norteamericanas y de un mayor acceso al enorme sector de los servicios financieros chinos para las entidades financieras del país del norte.

En esto último ayudó otro notorio cambio de perspectiva del presidente norteamericano. En este caso respecto de Janet Yellen, la presidente de la Reserva Federal de los EE.UU. que, de haber sido objeto de críticas -directas y duras- durante la campaña electoral por parte de Donald Trump, pasó a ser ponderada abiertamente en una entrevista concedida hace muy pocos días por el presidente norteamericano al “Wall Street Journal” Ya Trump no dice que quiere prescindir de ella lo antes posible, sino que afirma respetarla y se esfuerza en señalar que comparte sus políticas, razón por la cual algunos suponen que, cuando venza su actual mandato, o sea a fines del año que viene, no sería ahora raro que el mismo fuera renovado.

Los cambios de posición que hemos descripto no sólo parecen positivos en sí mismos, sino que muestran algo aún más trascendente: que Donald Trump no sólo sabe lo importante que es para quienes gobiernan advertir la necesidad de modificar algunos rumbos, sino también lo que pesa saber hacerlo sin demoras. Después de todo, gobernar supone la capacidad de rectificar rumbos cada vez que ello aparece necesario.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Trump Vs. Obama: el último round

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/1/17 en:  http://www.s21.gt/2017/01/trump-vs-obama-ultimo-round/

 

Si no fuera porque a veces causan guerras y muchas muertes, ver a los políticos en televisión es tan divertido, y tiene el mismo sentido, que una serie como Friends… aunque en realidad son más unfriends. Donald Trump ha chocado con Barack Obama y ha desafiado a los servicios de espionaje mientras que sus conflictos de interés y su revolucionario uso de Twitter, han marcado una transición atípica. Pero deberá abandonar la virtualidad el 20 de enero, a las 12 horas tras jurar el cargo.

Lo acompañarán entre otros, Jeff Sessions, un senador sospechado de racista, como fiscal general; Rex Tillerson, jefe deExxon Mobil y un amigo de Putin que se opuso a las sanciones contra Rusia, sería secretario de Estado; John Kelly, general de los Marines, dirigirá el Departamento de Seguridad Interior y Mike Pompeo la CIA. Aunque Trump cederá el control de sus 500 empresas a sus hijos lo cierto es que son hijos suyos.Y sus conflictos de intereses podrían no terminar aquí. Sin que importen las sospechas de nepotismo, el hombre fuerte del gobierno, luego del vicepresidente, será su yerno Jared Kushner, nombrado asesor y que también es hijo de un magnate inmobiliario que estuvo 18 meses preso.

Entretanto, Obama habló poco y actuó mucho. Rompió con tres décadas de tradición y no vetó una Resolución de la ONU condenando al Gobierno israelí, lo que podría interpretarse como un golpe al sionismo de Trump que queda plasmado en su yerno, Jared, que es un judío ortodoxo al punto que logró que la hija de Trump, Ivanka, se convirtiera a esa religión. Obama, además, prohibió la exploración petrolífera en parte del Ártico y en el Atlántico, trasladó varios presos de Guantánamo a otros países, con lo que solo quedan 55 en esa cárcel que Trump prometió llenar; ha favorecido al negocio de Planned Parenthood, la principal organización abortista; ha declarado zonas protegidas a territorios del Oeste; nombró más de 100 altos cargos, y conmutó las penas e indultó a más de 300 presos.

Y Trump expresó su frustración en un twit: “Estoy haciendo lo que puedo para no prestar atención a los muchos obstáculos y declaraciones indignantes del presidente O. Pensaba que iba a ser una transición tranquila. ¡No!”. Aunque después, al mejor estilo Donald, aseguraba a la prensa que “la transición está siendo tranquila”. El presidente electo en principio había desmentido a las agencias de inteligencia que acusaron a Rusia de estar tras los ciberataques durante las elecciones -lo que llevó a Obama a expulsar 35 diplomáticos rusos y al cierre de dos sus instalaciones- y dio más credibilidad a las afirmaciones de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, que publicó los correos electrónicos más dañinos para la campaña demócrata y que niega que Moscú esté detrás del asunto.

Días después, se publicó que agentes rusos podrían tener información personal y financiera comprometedora para Trump que twitteo “¡Noticias falsas. Una auténtica cacería de brujas!”. Por cierto, un senador republicano macarthista, de los que aman amordazar las opiniones, dijo que Assange “no es amigo de América ni de la democracia” y “ningún estadounidense debería dejarse embaucar por él”. Sea como fuere, cada vez queda más claro que las personas tenemos que empezar a confiar mucho más en nosotros y en nuestro prójimo, y menos, mucho menos, en “líderes” y menos aún en líderes políticos.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.