CONTRIBUCIÓN DE FÍSICOS A LAS CIENCIAS SOCIALES

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Siempre me ha llamado la atención que no pocos estudiosos de la física, es decir, de lo que habitualmente se entiende por materia, comprenden lo humano y espiritual muchas veces más profundamente que quienes son oriundos de las ciencias sociales que con algunas de sus reflexiones en la práctica niegan la condición humana.

Aquel ha sido el caso, por ejemplo, de Max Planck, el premio Noble en física, célebre por la teoría cuántica. En su libro traducido al castellano como ¿Hacia donde va la ciencia? apunta que “Se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en las manos de una férrea causalidad […] Esta es una cuestión  muy importante, especialmente en la actualidad, debido a la difundida e injustificada tendencia a extender los dogmas del determinismo científico a la conducta humana y así descargar la responsabilidad de los hombros de los individuos”.

Lo dicho por Planck resulta fundamentalísimo precisamente en momentos en que el materialismo invade muy diversos campos de estudio dentro de las ciencias sociales. Así se sostiene que lo que decimos y hacemos deriva de nuestras respectivas programaciones, que somos como el loro, más complejos pero loros al fin. Que somos kilos de protoplasma sin estados de conciencia, mente o psique, lo cual no nos permitiría distinguir entre proposiciones verdaderas y falsas, no seríamos capaces de ideas autogeneradas, no podríamos argumentar, no tendría sentido la responsabilidad individual,  la moral y la propia libertad ya que no habría libre albedrío.

Lo que sostiene Planck puede aparecer como inocente y despegado de la realidad pero está encajado en la psiquiatría donde no pocos profesionales paradójicamente desconocen la psique, no distinguen la mente del cerebro y parlan de “enfermedades mentales” cuando la patología explica que la enfermedad consiste en la lesión de células, órganos o tejidos pero los comportamientos y las ideas no pueden estar enfermas. En el derecho, especialmente en la rama penal, muchas veces ocurre esa confusión por lo que se concluye que el delincuente no debe ser castigado puesto que no es responsable de sus actos. En la economía, también paradójicamente en la teoría de la decisión en el contexto de la novel nuroeconomics.

El premio Nobel en neurofisiología John Eccles ha escrito el libro La psique humana para refutar el determinismo materialista y ha publicado un libro en la misma línea argumental con Karl Popper que lleva el sugestivo título de El yo y su cerebro. Eccles ha escrito en el ensayo titulado “Cerebral Activity and the Freedom of the Will” que “negar el libre albedrío no es un acto racional ni lógico. Esta negación presupone el libre albedrío debido a la deliberada elección de esa negación, lo cual es una contradicción”.

En otras palabras, mientras algunos economistas, profesionales de la psicología, abogados y cientistas sociales en general se debaten en una carrera mezcla materialismo con planificaciones forzosas de vidas y haciendas ajenas, hay distinguidos estudiosos de las ciencias físicas y médicas que comprenden mejor el espíritu del ser humano. Vean en el sentido anterior por ejemplo la manifestación del premio Nobel en economía Paul Samuelson que en 1989 -el mismo año del derrumbe del Muro de Berlín- quien escribió en una nueva edición de su Fundamentos de análisis económico que la Unión Soviética muestra que “una economía socialista planificada puede funcionar e incluso prosperar”.

Esta curiosidad de científicos de la materia que entiendan las ciencias humanas mejor que los propios especialistas en esa área tal vez se deba a que por contraste al estudiar la energía propia de la materia al observar a las personas se percatan de que se trata de algo de naturaleza bien distinta y única respecto al reino animal. Sin embargo, se nos ocurre decir que quienes están embarcados en el estudio del hombre erróneamente lo extrapolan al mundo físico sin haberlo profundizado.

Tenemos el caso extraordinario de Michael  Polanyi, justamente físico y médico quien ha escrito obras de gran calado sobre las ciencias sociales. Fue  quien desarrolló la idea del “conocimiento tácito” en el contexto del mercado libre en el sentido de quienes ponen en práctica lo que saben aunque no puedan explicar como lo llevan a cabo. Es el caso de la mayor parte de los ciclistas, simplemente andan sin explicar las leyes físicas inherentes al proceso. Esto complemente lo señalado por Friedrich Hayek en cuanto a la coordinación en el mercado a través del sistema de precios, cada uno ocupándose de su interés particular pero crean productos finales que no estaba en su intención  producir, solo contribuyeron en partes insignificantes. Como antes he escrito, es lo mismo que pone en evidencia John Stossel cuando ilustra lo dicho con un trozo de carne envuelto en celofán en un supermercado e invita a que cerremos los ojos e imaginemos en regresión desde el agrimensor, los alambrados, los postes, las cosechadoras, lo plaguicidas, los fertilizantes, el ganado, los caballos, las monturas cada uno haciendo lo suyo sin pensar en el trozo de carne en el supermercado. Nos invita a imaginar las miles de empresas horizontal y verticalmente que participan sin que nadie dirija todo el proceso y si se lo pretende dirigir (planificar) se destroza toda la cadena espontánea y hay faltantes y eventualmente no aparece la carne en la góndola.

Polanyi en The Logic of Liberty alude al proceso espontáneo de mercado de al decir primero que cuando se observa un jardín arreglado o una máquina funcionando suponemos que alguien lo hizo, esta es la forma obvia del orden pero también, sigue diciendo Polanyi, que una jarra de agua la llena con una densidad igual en un plano horizontal sin que nadie lo diseñe, ese es el orden físico pero “cuando el orden se logra entre seres humanos a través de permitirles que interactúen entre cada uno sobre la base de sus propias iniciativas se logra un orden espontáneo”. De modo que tenemos el orden obvio, el orden físico y el orden espontáneo que Adam Smith bautizó como “la mano invisible”.

También Polanyi en Meaning (editado por H. Prosch) se detiene a considerar la vital importancia de la libertad para discutir públicamente muy diversas perspectivas, la necesaria libertad para investigar en las ciencias, la libertad para debatir los resultados de lo que se descubre en el campo de las instituciones y los fallos judiciales,  la libertad para cada uno seguir su proyecto de vida sin lesionar iguales derechos de terceros, en otros términos, la libertad como oxígeno vital y como fundamento del respeto recíproco.

El premio Nobel en medicina Roger W. Sperry hace notar que “la conciencia está concebida para tener un rol directo en la determinación de las pautas en la excitación del cerebro. El fenómeno de la conciencia en este esquema está concebido para interactuar y en gran medida gobernar los aspectos histoquímicos y fisiológicos y las mentales […] lo cual significa una contradicción directa con las tesis centrales de behavorismo y con la filosofía materialista”. Por esto es que el antes mencionado filósofo de la ciencia Popper concluye que “si nuestras opiniones son resultado distinto del libre juicio de la razón o de la estimación de las razones y de los pro y contras, entonces nuestras opiniones no merecen ser tenidas en cuenta. Así pues, un argumento que lleva a la conclusión de que nuestras opiniones no son algo a lo que llegamos nosotros por nuestra cuenta, se destruye a si mismo”.

El propio Heisenberg enfatiza que la indeterminación en el mundo subatómico no significa libertad en las partículas sino la dificultad que presenta el uso de instrumentos (establece la conexión entre la física y la visión filosófica en Phisics and Philosophy. The Revolution of Modern Sciences) y, en este contexto, el neurocirujano Wilder Penfield en The Mystery of Mind destaca que Hipócrates fue el primero en señalar la relación mente-cuerpo que “fue incluida en una conferencia dirigida a un grupo médico sobre la epilepsia […]  dijo que ´Para la conciencia el cerebro es un mensajero´ . En realidad, su discusión constituye el mejor tratado sobre la mente y el cerebro que apareció el la literatura médica hasta bien transcurrido el descubrimiento de la electricidad”. El mismo autor subraya que en la fórmula clásica de juramento médico hipocrático está presente un código moral que el materialismo rechaza y resume el punto al escribir que “la función de la materia gris es la de llevar a cabo la acción neuronal que se corresponde con las acciones de la mente”.

Albert Einstein en carta a Robert Thorton el 7 de diciembre de 1944  ha manifestado que “Concuerdo plenamente con usted sobre el significado y el valor educativo de la metodología y la historia y la filosofía de la ciencia. Hay tantas personas hoy -incluyendo a científicos profesionales- que me parecen como alguien que ha visto miles de árboles pero nunca vieron un bosque. El conocimiento de antecedentes históricos y filosóficos otorga independencia de prejuicios de su generación, lo cual sufren muchos científicos. Esta independencia creada por una visión filosófica es -en mi opinión- la marca distintiva entre el mero artesano y especialista y el que realmente busca la verdad”.

En resumen, es llamativo que muchos estudiosos de lo material tengan un concepto sobre lo espiritual más acabado que no pocos de los que trabajan en las ciencias sociales que se empeñan en aniquilar la libertad y que son habitualmente los asesores de figuras autoritarias. Jaques Rueff en La visión cuántica del universo. Ensayo sobre el poder dice que es en verdad muy llamativo que deban utilizarse microscopios y otros instrumentos para conocer la naturaleza de la materia y a simple vista se ve la condición humana sin microscopios y otros instrumentos de laboratorio y sin embargo se niega la naturaleza libre del ser humano.

Todos los personajes citados han tenido rasgos geniales sin que se les prestara la suficiente atención en el tema aquí tratado a pesar de sus sapiencias, pero como ha escrito Johnathan Swift (en Thoughts on Various Subjects, Moral and Diverting), “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LIBRECAMBIO Y SENTIDO COMÚN

Por Alberto Benegas Lynch (h).

Estamos otra vez en plena época del mercantilismo que irrumpió en el siglo XVII en el que se destacaba la manía por la acumulación de dinero en el comercio exterior, los balances comerciales “favorables”, todo en el contexto de lo que luego se bautizó como el Dogma Montaigne.

 Se ha perdido nuevamente la brújula de la economía puesto que en general se piensa que la gracia del comercio internacional consiste en maximizar los saldos de caja sin percatarse que, al igual que una empresa, lo relevante es el patrimonio neto y no los índices de liquidez como objetivo. Si se exporta por valor de cien y en el viaje el producto exportado se deteriora con lo que se puede comprar en el exterior (importar) solamente por valor de cincuenta, el balance comercial es “favorable” pero sin embargo se ha producido una pérdida evidente.

 Lo ideal para un país es comprar todo lo que se necesita del exterior y no vender nada, con lo cual los extranjeros estarían obsequiando sus productos. Para una persona es lo mismo, lo ideal sería poder comprar y comprar sin vender nada, pero y a bastante dificultoso se hace que nos regalen para nuestro cumpleaños para pretender que el prójimo nos regale todo el tiempo todo lo que necesitamos. Entonces, no hay más remedio que vender para poder comprar ya sea a nivel individual o grupal: en este último caso decimos que el costo de las importaciones son las exportaciones.

 Por esto es que el balance comercial es irrelevante, lo importante es el balance de pagos que, en un mercado abierto, está siempre equilibrado debido a las entradas y salidas de capital. Exportación e importación son dos caras del mismo proceso. Al exportar entran divisas con lo que el tipo de cambio se modifica incrementando el valor de la moneda local frente a la extranjera que queda depreciada. Esta depreciación hace que se torne más barato importar que al proceder en consecuencia sucede el fenómeno inverso, es decir, se aprecia la divisa extranjera y se deprecia la local con lo que se estimulan las exportaciones y así sucesivamente.

 Sostener que se debe “vivir con lo nuestro” constituye un desatino superlativo puesto que, además de retrotraernos a la autarquía de la cavernas, supone que se puede exportar sin importar, lo que naturalmente hace que el tipo de cambio refleje depreciaciones astronómicas de la divisa extranjera lo cual, paradójicamente, bloquea las mismas exportaciones (los costos de los bienes se elevan) ya que no se permite la válvula de escape de las importaciones que, precisamente, harán posible exportar.

 Desde luego que los aranceles y tarifas dificultan el mencionado proceso abierto así como también las manipulaciones en el tipo de cambio que necesariamente debe ser libre al efecto de que funcione el antedicho mecanismo regulador y también se distorsiona cuando irrumpe la deuda pública externa que simula entrada de capitales lo que afecta el balance de pagos artificialmente.

 El Dogma Montaigne se traduce en nuestro caso en que el que vende se enriquece a costa del comprador puesto que incrementa su saldo de caja sin prestar atención al lado no-monetario de la transacción que es lo que le permite mejorar su situación al comprador que precisamente compró debido a que estima en más el bien recibido que la suma monetaria que entregó a cambio. Ambas partes se benefician debido a la valorización cruzada del dinero y del bien en cuestión.

 Desde la perspectiva de la sociedad abierta, las naciones se constituyen al solo efecto de evitar los enormes riesgos de concentración de poder de un gobierno universal, por ello el planeta está fraccionado en naciones y éstas a su vez en provincias y en municipios para diluir y mitigar los efectos del poder concentrado. Pero de allí a tomarse seriamente las fronteras como si fueran alambrados culturales hay un salto lógico inaceptable.

 Los aranceles siempre significan mayor erogación por unidad de producto, es decir, menor productividad y, por ende, menor cantidad de productos que a su vez significan menor nivel de vida puesto que la lista de los bienes se reduce respecto de lo que hubieran sido de no haber mediado el arancel.

 Entonces, en mal llamado “proteccionismo” en verdad desprotege a los consumidores y solo significa una pantalla para cubrir privilegios de empresarios ineficientes. La alegada protección a “la industria incipiente” se basa en premisas erróneas puesto que supone aranceles transitorios para permitir que la industria madure, sin ver que si la empresa necesita un período antes de ser competitiva son los mismos empresarios los que deben absorber los costos y no trasladárselos sobre las espaldas de los consumidores. Como en cualquier evaluación de proyectos, no siempre las ganancias comienzan en el momento uno sino que requieren de tiempo, para lo cual se buscan fondos en el mercado al efecto de financiar el período necesario, transcurrido el cual los beneficios más que compensarán los quebrantos. Si los recursos no se obtuvieran en el mercado, es por uno de dos motivos: o el proyecto no es rentable, o siendo rentable hay otros que merecen atención prioritaria y como todo no puede hacerse al mismo tiempo debido a que los recursos son limitados, el proyecto en cuestión debe postergarse o darse de baja por ineficiente.

 Por esta especie de esquizofrenia del balance comercial es que Jaques Rueff en The Balance of Payments afirma que “no dudaría en recomendar la eliminación de las estadísticas del comercio exterior” debido a la permanente tentación de los gobernantes de intervenir con lo que inexorablemente generan las antedichas distorsiones.

 Respecto al tema laboral, se piensa equivocadamente que la completa eliminación de aranceles provocará desempleo. Muy por el contrario, la desaparición de las trabas al comercio exterior libera trabajo para desempeñarse en otras tareas inconcebibles hasta el momento puesto que estaba esterilizado en otras faenas. Esto es lo que ocurrió con el hombre de la barra de hielo cuando apareció el refrigerador o con el fogonero cuando se fabricó la locomotora diesel. Los recursos son limitados y las necesidades son ilimitadas, el recurso por excelencia es el trabajo puesto que no se concibe la producción de ningún bien ni la prestación de ningún servicio sin su concurso. En competencia a las empresas les interesa la capacitación de futuro personal para poder sacar partida de nuevos productos en el mercado. La eliminación de aranceles tiene el mismo efecto que el descubrimiento de un procedimiento más productivo: reduce la inversión por unidad de producto con lo que se hacen posibles más productos. La tragedia de la desocupación se debe a la legislación laboral y no a la mayor productividad que eleva salarios e ingresos en términos reales debido a las mayores tasas de capitalización que la eficiencia permite.

 Se ha sostenido que los aranceles puedan justificarse cuando se hace dumping, lo cual tampoco es cierto. El dumping es venta bajo el costo, situación que puede significar simplemente un quebranto impuesto al empresario debido a las condiciones de mercado, o puede ocurrir deliberadamente como política comercial con la idea de incrementar la tajada en el mercado. Si es lo primero no hay nada que comentar, si es lo segundo deben tenerse en cuenta los anticuerpos del propio mercado.

 Dichos anticuerpos consisten en que los competidores compran al precio de dumping y revenden al precio de mercado, y si no lo pudieran hacer debido a que, por ejemplo, se trata de un producto a medida como las turbinas de cierto avión los competidores esperarán a que el que hace dumping agote su stock para luego seguir en la misma situación anterior. Este tema es una típica pregunta de examen puesto que habitualmente el estudiante asume que la venta de quien hace dumping es mayor de la del propio ejemplo. Si fuera mayor la situación es distinta puesto que el empresario en cuestión deberá expandir sus instalaciones para cumplir con la demanda total a ese precio, lo cual significa un precio de liquidación que beneficia a los consumidores. Pero ni bien el empresario del dumping pretenda restringir su producción para sacar ventaja de su posición en el mercado aparecerán competidores que venderán las diferencias para satisfacer la demanda o, como queda dicho, comprarán al empresario del dumping para el consiguiente arbitraje.

 Todo lo dicho no toma en cuenta que muchas veces cuando se alega dumping no se verifican los libros contables del que se dice lo práctica y es meramente una excusa para defenderse de productores más eficientes. Por otra parte, debe subrayarse que si en un país se practica dumping al exterior con el apoyo gubernamental es ese país el perjudicado y, como ha enfatizado Milton Friedman, el resto del mundo es beneficiado equivalente a la situación en la que decidiera regalarle sus productos al extranjero lo cual es un motivo para celebrar en el extranjero.

 A veces las argumentaciones resultan tragicómicas como cuando se dice que se imponen aranceles “en reciprocidad” por los establecidos por otros. Este peculiar razonamiento se traduce en que porque el país receptor se perjudicó porque sus ventas son bloqueadas en el exterior, “en represalia” duplican el perjuicio aumentado los costos de los bienes que importa. ¡Vaya represalia!

 El librecambio tiene mala prensa no solo por las incomprensiones mencionadas sino debido a que de tanto en tanto se han impuesto llamadas “aperturas” manejando los aranceles como una política de chantaje con la idea de que bajen los precios internos los cuales se elevan debido a las inflaciones internas con lo que las políticas se traducen en una estructura arancelaria en forma de serrucho que provoca cuellos de botella insalvables entre las industrias finales y sus respectivos insumos, al tiempo que se manipula el tipo de cambo con alquimias inauditas y se incrementa la deuda estatal que, como se ha señalado, interfiere en el balance de pagos permitiendo importaciones y viajes al exterior que la situación económica no hace posible.

 Se suelen generar interminables debates tan insustanciales como impropios sobre posibles devaluaciones, sin la más mínima sospecha de que el precio de la divisa extranjera frente a la moneda local depende de las cantidades ofrecidas y demandadas lo cual resultará en el tipo de cambio de mercado en el que no habrán faltantes ni sobrantes, situación que no depende de voluntarismos de ningún megalómano. En el mismo error garrafal caen los burócratas (y algunos empresarios y sindicalistas malinformados) a través del tristemente célebre espectáculo del “acuerdo de precios”, como si éstos indicadores fueran consecuencia de decisiones independientemente de lo ofrecido y demandado en cada reglón. Si lo acordado es más bajo que el precio de mercado habrán faltantes y si es más alto habrán sobrantes, esto resulta inexorable.

 Se dice que las integraciones regionales constituyen un primer paso para la liberación al mundo pero este “primer paso” lleva siglos ya que los economistas clásicos refutaron las tesis mercantilistas en el siglo XIII. Es increíble que las tecnologías hayan reducido notablemente los costos de transporte desde la época de las carretas y ahora resulta que al llegar la mercadería a la aduana se revierten décadas y décadas, como si esas reducciones colosales no hubieran tenido lugar. Es como ha dicho irónicamente el decimonónico Bastiat para ridiculizar al mal llamado proteccionismo, “los productores de velas debe aconsejar el tapiar todas las ventanas para protegerse de la competencia desleal del sol”. Comprar barato es de sentido común, pero las xenofobias no ayudan a la comprensión de este precepto básico para prosperar. Es como reza el conocido dictum de Voltaire “el sentido común es el menos común de los sentidos”.

 Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.