REFLEXIONES SOBRE LA ACTUAL POLÍTICA NORTEAMERICANA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/10/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/10/reflexiones-sobre-la-actual-politica.html

 

EEUU se encuentra en un punto de inflexión de su historia. Las próximas elecciones así lo demuestran.

Hay que ir para atrás. Poco a poco la República pasó a ser un Imperio. ¿Tuvieron razón los anti-federalistas? ¿O el liberalismo clásico tenía sus propios recursos para evitar el crecimiento del estado? Tal vez nunca lo sabremos, pero la cuestión es que el EEUU actual, con su Welfare State, su Reserva Federal, su  IRS, su CIA, su Patriot Act, y las innumerables dependencias y organismos del Estado Federal, se ha convertido en la viva contradicción de lo que fue la Declaración de Independencia de 1776.

Los republicanos no se caracterizaron por arreglar la cuestión. En el tema económico y social, no pudieron o no supieron. Ni Reagan ni menos aún los Bush pudieron o supieron tener el liderazgo suficiente para llevar a cabo las propuestas de des-centralización de la provisión de bienes públicos propuestas por Hayek y Buchanan. Los demás candidatos republicanos a la Casa Blanca casi nunca mostraron en los debates que conocieran estas ideas, excepto por supuesto Ron Paul. En temas de política exterior o seguridad, no quisieron. Es verdad que no se puede dejar solo a Israel, a Japón, a Corea del Sur, pero sus políticas en Medio Oriente fueron desastrosas. Lo de Bush ya fue terrible. La Patriot Act, que legaliza los antes delitos del gobierno federal contra las libertades individuales, es indefendible, excepto precisamente que seamos hobbesianos, que es el caso de muchos de los “neocons” que rodearon al ex presidente.

Por lo demás, excepto Reagan, los demás candiados republicanos fueron siempre –junto con los demócratas- la viva representación de un stablischment hipócrita, de sonrisa de plástico, discursos leídos, pasión cero, asesores de imágenes que convierten al parecer en el ser. Una falta total de liderazgo auténtico.

Esto último explica el ascenso de Donald Trump. Los votantes –y hay que investigar bien por qué- intuyen esa hipocresía y se hartan de los políticos tradicionales. La espontaneidad de Trump, su sinceridad entre lo que piensa y lo que dice, su hablar desde su propio ser, fue lo que lo llevó a la nominación. Pero eso mismo es lo que lo está destruyendo. Para actuar desde el ser, y resistir los archivos y las campañas sucias, hay que ser una buena persona. No juzgo la conciencia de Trump, pero su racismo, su misoginia, sus modos autoritarios, son indefendibles. Claro que se puede alegar que los demócratas son iguales y por ende hipócritas cuando lo atacan –sobre todo Hilary, casi cómplice de su marido sobre el que pesan tres acusaciones por violación– pero eso no redime, políticamente, a Trump. Si querían un candidato que se acercara al EEUU originario, allí lo tenían a Ted Cruz, Marco Rubio, Carly Fiorina, o Rand Paul. Pero sus modos, sus formas, fueron demasiado profesionalizadas para esa demanda de espontaneidad que legítimamente quisieron los votantes de la interna republicana.

Los libertarios, a su vez, presentaron esta vez a Gary Johnson. Por un lado es abortista y, por el otro, si se quiere ser abstencionista en polìtica exterior, hay que saber de polìtica exterior. Lo lamento, libertarios, el ridículo no conduce a nada.

Ahora, alea iacta est. El panorama no podría ser peor. Si gana Hilary, todo seguirá igual, lo cual quiere decir: igual de desastroso. Lo peor no son sólo sus amenazas permanentes a las libertades individuales de grupos religiosos, sino sus promesas de más impuestos y más gastos, cosa que verdaderamente puede llevar a EEUU –con una deuda pública sencillamente inconmensurable- al borde de un colapso aterrador que me abstengo de describir. Si gana Trump, tendremos a un Hobbes impredecible en el poder, que posiblemente haga alianza con Putin. Un panorama sencillamente dictatorial, una tenaza de dos autoritarios que se repartirán lo que quede del mundo.

De vuelta, un hobbesiano me podrá decir: Gabriel, ¿aún no has entendido que así es el mundo?

Mi respuesta: claro que sí. El liberalismo es la lucha permanente para que NO sea así.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El nuevo decálogo de la política exterior de Brasil

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 26/5/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1902513-el-nuevo-decalogo-de-la-politica-exterior-de-brasil

 

El gabinete del presidente interino de Brasil, Michel Temer, está compuesto de pesos pesados. De primeras figuras, esto es de aquellas que generan confianza y respeto inmediatos por su propia presencia y envergadura. Uno de ellos es José Serra. Un hombre de largo tránsito por el escenario grande de la política del país vecino. Milita en el Partido de la Social Democracia Brasileña, junto a Fernando Henrique Cardoso. Serra ha sido, desde 1986, sucesivamente, diputado, senador, ministro de planificación, ministro de salud y gobernador del poderoso estado de San Pablo. Además, candidato presidencial, perdedor en 2002 y en 2010.

En un discurso pronunciado el 18 de mayo pasado al tiempo de asumir las responsabilidades propias de la cartera de relaciones exteriores de Brasil, José Serra, definió las diez prioridades de la política exterior que implementará el nuevo gobierno.

Por la importancia que cabe asignar al Brasil en nuestro propio escenario de política exterior, es oportuno descifrar su mensaje, para tenerlo en cuenta en los tiempos que vienen cuando -seguramente en compañía de Brasil- la región se alejará -paso a paso- de lo que ha sido una frustrante década pérdida, exasperantemente llena de retórica vacía, plasmada en un discurso único agresivo y de corte bolivariano. Fuertemente ideologizado entonces, y con una frustrante partitura entonada en común, escrita con una participación decisiva y permanente de Caracas y La Habana. Acompañada, lamentablemente, de silencios inexplicables en materia de defensa de la democracia y de las libertades civiles y políticas de nuestros pueblos. De aquellos que, por lo que significan, nos avergüenzan.

Veamos, uno a uno, los diez “mandamientos” que fueran expresados por José Serra

El primero se refiere a la sustancia de la diplomacia brasileña. A su eje principal. La definición central básica de José Serra es: “Primero Brasil”. La marcha de la diplomacia brasileña deberá entonces edificarse, de manera transparente e intransigente, sobre los valores legítimos de la sociedad brasileña. Los propios. Y sobre los intereses de su economía. Al servicio de Brasil y no más de conveniencias o preferencias ideológicas de algún partido político o de sus aliados en el exterior. Como ocurriera en tiempos de Marco Aurelio García y del PT. Todo un cambio profundo de rumbo. Muy distinto al de los tiempos bolivarianos, con una definición inequívoca de la nueva prioridad: Brasil. Lo fundamental, para Serra, es el Estado y la nación, no los gobiernos, ni jamás un partido político. El mensaje implícito hacia Mercosur y Unasur parece claro. Y, a tenor de la extrema dureza de José Serra con el cuestionado secretario general de esa entidad, el bolivariano Ernesto Samper, no habrá de inicio, cabe anticipar, mucho margen para las coincidencias.

El segundo mandamiento es también muy fuerte. Brasil estará atenta (no pasiva) en la defensa de la democracia, de las libertades y de los derechos humanos en cualquier país y ante cualquier régimen político. Lo hará siempre en consonancia con los tratados internacionales y respetando el principio de “no injerencia”.

El tercero, a su vez, tiene que ver con el anuncio de que Brasil asumirá un rol activo en la defensa del medio ambiente. Proactivo y pionero, a estar a los dichos específicos de José Serra. En busca de recuperar liderazgos extraviados.

El cuarto se refiera a la actuación futura de Brasil en los foros internacionales, tanto en los globales, como en los regionales. En ese particular universo, Brasil desarrollará una acción constructiva en favor de la solución pacífica de las controversias internacionales y procurará la adecuación de las estructuras institucionales a las nuevas realidades y desafíos en el mundo actual. Con prudencia e inteligencia, Serra no se refirió específicamente a la ambición brasileña de ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que, cuidado, no supone necesariamente un cambio de posición. En este capítulo incluyó sin embargo una mención expresa a la prioridad que Brasil asigna a todo lo financiero y a lo comercial, notoriamente preocupado por la que calificó gráficamente de “galopante” contracción del comercio internacional.

El quinto postulado enunciado por Serra se relaciona con la participación de Brasil en el comercio internacional, tema no menor para una nación que ha sido una de las más fuertes exportadoras del mundo. Para Serra, en lo inmediato Brasil debe diversificar sus esfuerzos y tratar de aprovechar la multiplicación de oportunidades que existe en el mundo, especialmente las que son bilaterales. No es sabio, dice, atarse a un único esfuerzo multilateral (el de la OMC) que está visiblemente empantanado y si lo es procurar, en cambio, abrir cada puerta comercial bilateral que existe o se abra. Sin dogmatismos y con pragmatismo. En procura de aprovechar todo. Con una mente y disposición abierta.

La sexta directiva tiene que ver con la urgencia de negociar los temas comerciales siempre desde la fortaleza que a Brasil le confiere el poder contar con un atractivo mercado doméstico, interesante para todos. Esto es, con auténtica reciprocidad de trato. Desde el realismo, entonces. Sin regalar nada a nadie.

La séptima definición de política exterior se refiera -específicamente- a nuestro país, la Argentina. Lo que no es menor, como reconocimiento de un vínculo especial. Aunque sea de corto plazo, en principio. Contiene un llamado a aprovechar lo que Serra llama sin disimulos: “coincidencias semejantes en materia de reorganización de la política y la economía”. Por ello nos propone una aventura, la de renovar -juntos- el Mercosur.Reformulándolo. Y fortaleciéndolo. Esto supone devolverle su esencia original: la de naturaleza comercial. Pero con un agregado significativo: el de construir también puentes con la Alianza del Pacífico, de modo que Sudamérica no esté más dividida entre las naciones de su oriente y las de su occidente. A lo que agrega la necesidad de incorporar (o, más bien, reincorporar) a México a nuestro andar común, de modo de no solamente aprovechar la complementariedad de las respectivas economías, sino también las coincidencias de visiones en lo internacional. Seguramente para contraponer el realismo a la ficción ilusionista bolivariana, que ha prevalecido en la región a lo largo de la última década.

La octava directiva pertenece también al capítulo comercial, sobre el que Serra pone un inequívoco acento. Propone ampliar y profundizar las relaciones con socios no tradicionales, como la Unión Europea, los Estados Unidos y Japón. Abrirse, en lugar de encerrarse. A lo que se suma enseguida la novena directriz, que tiene que ver con la necesidad complementaria de incrementar las relaciones comerciales y financieras con Asia, incluyendo naturalmente a sus dos gigantes: China y la India, muy especialmente. Pero también con África, que -nos recuerda Serra- ya no es “un continente que pide compasión”, sino uno que propone y procura intercambios económicos, tecnológicos e inversiones. En todos los casos, actuando con activismo e intensidad, nos propone Serra.

El último capítulo de su enumeración precisa de directivas, el décimo entonces, hace a la necesidad de mejorar la productividad y la competitividad de nuestras economías. Sin lo cual, nos dice Serra con toda razón, nuestros sectores productivos no podrán ser actores de peso y tener éxito en el complejo mundo actual. A lo que cabe sumar la necesidad de eliminar las distorsiones que aún nos perjudican comercialmente. Como son el exceso de burocracia; las trabas tributarias; y las deficiencias de nuestras infraestructuras, que están obsoletas. Para Serra, todo esto encarece en aproximadamente un 25% los precios de los productos que Brasil exporta concretamente.

Al completar su punzante alocución, Serra hizo algunas otras observaciones. Que eran de cajón. Como la necesidad de controlar mejor nuestras fronteras con los ojos y oídos puestos en el crimen organizado. O la de avanzar en la recuperación de la disminuida capacidad operativa de la respetada diplomacia de Itamaraty, saliendo para ello de la cansadora y frustrante “retórica exuberante” de la década pasada, para pasar a la eficiencia y la profesionalidad en la acción concreta.

Serra formula a su país una invitación a mejorar la acción concreta; a integrarse más al mundo; a no encerrarse en sí mismo; a diversificar los esfuerzos comerciales; a tener iniciativa y buscar resultados que puedan cuantificarse; y a aumentar su presencia en el mundo. Y nos invita especialmente a acompañarlo en la acción regional. Es cierto, respecto de nuestro país, hay en la plática de Serra una invitación puntual a trabajar juntos en lo inmediato, por cercanía y peso específico y sobretodo porque -en la nueva etapa que se ha iniciado- compartimos el modo de ver al mundo. Como ocurriera en otros tiempos.

Lo cierto es que, tanto en el corto plazo como en el largo, la Argentina y Brasil se necesitan recíprocamente. Son socios naturales y es tiempo de esforzarse en tratar de maximizar lo que debe lograrse con esa relación cercana, para lanzarnos a crecer juntos, con el objetivo permanente de mejorar los niveles de vida de nuestros dos pueblos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

TPP: no todo lo que reluce es oro

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 16/10/15 en: http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/TPP-reluce-oro_0_2363763607.html

El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) es el mayor tratado comercial firmado hasta hoy. Son 12 países (Estados Unidos, Canadá, México, Perú, Chile, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur y Vietnam), con 800 millones de personas, el 40% del PIB mundial y el 30% de las exportaciones globales. Las ganancias netas rondarían los $us 295 billones al año y sería la región de mayor crecimiento hasta 2040. De paso, queda claro la ridiculez de las guerras. La de Vietnam, que a EEUU le costó 60.000 muertos y el 9% de su PIB, se hizo “contra el comunismo”, que hoy se vuelca en paz, sin necesidad de conflictos armados, al capitalismo.

Si sumamos este acuerdo a la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP), a ser firmado con la Unión Europea; y el Acuerdo en Comercio de Servicios (TISA), EEUU crearía una zona de “libre” comercio compuesta por 53 países, 1.600 millones de personas y dos tercios de la economía global. Obviamente, la iniciativa TPP-TISA-TTIP recibe críticas de rivales como Rusia, en tanto que el Gobierno chino dijo que estudiaría incorporarse, pero, por ahora, compite con su Área de Libre Comercio Asia Pacífico (FTAAP).

Ahora, por qué se realizan estas costosas negociaciones en lugar de simplemente levantar las barreras unilateralmente. Porque los políticos y burócratas no están dispuestos a ceder todo: quieren asegurarse de que no todo el comercio se liberará. En el TPP en cuestión, el punto más sintomático es el de la extensión de los plazos de patentes de medicamentos. Médicos sin Fronteras (MSF) ha dicho que estas medidas “ponen en peligro la salud de millones de personas”, ya que fortalecerán y crearán nuevos monopolios, disminuyendo la oferta de medicamentos genéricos solo para beneficiar a pocas farmacéuticas.

A ver. Es el mercado (las personas interactuando pacíficamente) quien determina la propiedad. Por caso, al comprar un automóvil, el vendedor lo entrega a cambio de dinero. Así se define la verdadera y única titularidad de una cosa. Ahora, si la “propiedad” resulta de una “ley” impuesta coactivamente por el gobierno (vía monopolio de la violencia), significa que no se daría naturalmente, por tanto, es ilegítima. Así, la ley que protege las patentes es una violación de las reglas del mercado. Esta “propiedad intelectual” suelen ser monopolios garantizados a grandes grupos económicos, esgrimiendo que el libre flujo de las ideas desincentivaría la creatividad, cuando, por el contrario, la libertad provoca que, sobre trabajos ya realizados, se sumen otros, impulsando exponencialmente el desarrollo.

Por caso, según los historiadores, Thomas Alva Edison era un astuto “patentador”. La lámpara incandescente, en rigor, solo fue perfeccionada por él y, el anterior “patentador”, Joseph Swan (quien tampoco fue el primer inventor), obtuvo la primera patente en Gran Bretaña, en 1878, un año antes que Edison y lo llevó a las cortes británicas que le dieron la razón. Edison, con más de 1.000 patentes hizo fortunas.

Las patentes y copyrights, para ser legítimas, deben definirse dentro del mercado resultando de acuerdos voluntarios entre las partes, porque otra cosa sería violar el derecho de propiedad natural. Así las exageradamente grandes empresas o fortunas no son un producto natural del mercado. Bill Gates, por caso, hizo sus millones gracias a los copyright de Microsoft, que son monopolios “intelectuales” impuestos por el gobierno.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

América Latina, crudo y tasas

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 7/10/15 en: http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=811422

 

Según el informe del FMI divulgado en Lima, un grupo de países de América Central y el Caribe crecerá al 4% este año, algo menos que en 2014 (4,4%) pero más que el retroceso del -0,3% estimado para toda América Latina y el Caribe. Son los que se benefician con la debilidad de los precios de la energía, ya que son importadores netos, con la recuperación en los EE.UU. y la apreciación del dólar a la espera de que suban las tasas de interés.

Así, desde el norte, han recibido un incremento de turistas, y de las remesas de los emigrantes que, en algunos países, llega a significar más del 20% del PBI. Panamá alcanzaría el mayor crecimiento de América Latina, un 6% en 2015, en tanto que República Dominicana (5,5%) y Nicaragua (4%) también registrarían incrementos notables, sólo replicado por Bolivia (4,1%) en América del Sur donde los exportadores de materias primas ven muy afectados sus ingresos. Entretanto, la esperada suba de tasas podría drenar capitales hacia el norte y encarecer el crédito.

Cuando comenzó el desplome del petróleo, los analistas la consideraron una gran noticia para la economía global ya que suponía una rebaja en los costos, sin embargo, ahora expertos como los del Credit Suisse sostienen que el impacto negativo ha sido del -0,2% del PBI mundial, porque las inversiones de capital (capex), relacionadas con las materias primas, suponen alrededor del 30% del total. El empleo en el petróleo y las industrias relacionadas ha descendido un 8% desde octubre de 2014, los salarios se recortaron el 10% y las ganancias se achicaron.

Por su lado, los efectos positivos de la caída de los costos de la energía se han traducido directamente en un incremento de los ahorros, no del consumo, en EE.UU., Japón y Europa continental, lo que significa una buena noticia para el largo plazo con lo que, finalmente, la caída de los precios del petróleo será positiva para el crecimiento global.

Ahora, el hundimiento del petróleo se enmarca en una guerra entre la OPEP -liderada por Arabia Saudita- y los nuevos productores, fundamentalmente EE.UU. a través del fracking, provocando una sobreoferta que el cartel no quiere bajar con la intención de achicar la rentabilidad de la competencia y sacarla del mercado. Así, muchas empresas se han visto obligadas a reducir su producción. Pero los saudíes van a tener un déficit público del 20% este año, situación que no pueden sostener por mucho más de dos años, según los analistas.

En cuanto al precio del dinero, como siguiendo a la Fed, el Banco de Inglaterra sorprendió y mantuvo las tasas en el mínimo histórico del 0,5% y no se prevé cambio hasta 2016. En cuanto a EE.UU., todos los creían que subirían en diciembre, pero el informe publicado el viernes 2 de octubre sobre empleo dice que la economía sólo creó 142.000 nuevos puestos de trabajo en septiembre, cifra muy inferior a los 200.000 que se esperaban. En las actas de la reunión de septiembre la Fed tuvo en cuenta las turbulencias procedentes principalmente de China que pueden perjudicar su objetivo de máximo empleo y una inflación del 2% y, aunque mantiene su intención de subir las tasas hacia fin de año, algunos expertos como los de Julius Baer creen que la suba podría aplazarse a la reunión de enero.

En fin, dicen que el mercado financiero anticipa a la economía real, pues una consecuencia colateral de las bajas tasas es que los hedge funds o fondos de alto riesgo -que desde 2010 han crecido el 60%- ya suman en todo el mundo u$s 2.072 millones y si a esta cifra le sumamos el dinero que hay en fondos que a su vez invierten en hedge funds, la cantidad total en manos de esta industria rozaría los 3.000 millones de dólares, un récord histórico.

Es que, con tasas tan bajas, la renta fija y los bonos no son atractivos y las Bolsas han subido durante mucho tiempo. Los hedge funds, además de los activos tradicionales, tienen la posibilidad de invertir en materias primas, inmuebles, divisas, derivados o productos estructurados complejos y pueden apalancarse (endeudarse, hoy a tasas bajísimas) en un 200%. Esta libertad les permite sortear con mayor éxito las crisis. Aunque tienen una fuerte competencia en los fondos UCITS, que replican muchas de sus estrategias, pero con liquidez diaria contra la mensual o trimestral de los hedge.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Argentina: lo que fuimos y lo que somos

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 4/10/15 en: http://economiaparatodos.net/argentina-lo-que-fuimos-y-lo-que-somos/

 

El secreto de la prosperidad es tan sencillo como decir que la gente tiene que trabajar

Décadas atrás, cuando a los economistas nos pedían que diésemos ejemplos de países que hubiesen progresado con políticas pro mercado y con fuerte integración al mundo, teníamos a mano 2 ejemplos concretos. Por un lado el milagro alemán luego de la Segunda Guerra Mundial gracias a las políticas implementadas por Ludwig Erhard y el otro caso era el de Japón de post guerra. Ambos países apuntaron sus economías al comercio exterior. Es decir, además de adoptar de políticas pro mercado, lejos estuvieron de intentar esta locura de la sustitución de exportaciones que ahora nos propone el kirchnerismo. Fueron por los mercados externos.

Pero con el correr de los años, los economistas tenemos muchos ejemplos para mostrar de economías que salieron del atraso y lograron crecer al punto tal que nos han superado.

Tomemos el ejemplo de los españoles luego de la muerte de Franco en 1975. Adolfo Suárez, apoyado por el rey Juan Carlos, inicia un proceso de reforma política e integración al mundo que ni Felipe González, que venía del socialismo más virulento, se anima a modificar el rumbo y continúa con la integración económica.

Tomando los datos de Angus Maddison, en la década del 40, Argentina tenía un ingreso per capita que supera al de España en un 113%, en 2010 España tenía un ingreso per capita que era casi el 68% mayor al de Argentina. Es a partir de mediados de la década del 70 que España nos pasa en la evolución del ingreso per capita.

Otro ejemplo que puede tomarse es el de Irlanda. En los 80 decide llevar a cabo grandes transformaciones económicas e integrarse al mundo. En la década del 40 nosotros teníamos un ingreso per capita que era casi un 48% más alto que el irlandés. En 2010 Irlanda tenía un ingreso per capita que era un 115% más alto que el nuestro.

Al tomar los datos de los países seleccionados en el Cuadro 1, de los 7 países seleccionados, todos tuvieron un aumento del PBI per capita superior al nuestro entre la década del 40 y 2010. El populismo que abrazamos nos frenó y los países que más se integraron al mundo e hicieron reformas pro mercado lograron salir disparados en sus tasas de crecimiento.

Cuadro 1

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Chile, con sus profundas reformas pro mercado, con un sistema de jubilaciones privados, dos temas que hoy la oposición en Argentina tiene pánico de hablar y defender, nos pasó como alambrado caído.  Entre la década del 40 y el 201 su PBI per capita aumentó el 311% y el nuestro el 123%.

Pero recuerdo que allá por los 70, los 80 y los 90, solía hablarse con cierto sarcasmo de las economías de Taiwan, Corea e incluso de Hong Kong. En el cuadro 2 podemos ver que esos países también nos pasaron como postes en las últimas décadas porque se integraron al mundo.

Nuestros ignorantes políticos decían que importábamos porquerías de Taiwan y Corea y que los habitantes de Hong Kong se morían de hambre. Hablaban del dumping social, es decir que exportaban barato porque tenían a sus trabajadores en condiciones de explotación. Por eso había que frenar las importaciones y cerrarnos al mundo. Les dan una tasa de arroz y los hacen trabajar sin descanso, decían los proteccionistas.

Cuadro 2

 

El cuadro 2, que repite algunos de los países del cuadro 1 e incorpora a otros, muestra que esos países que aquí se denunciaban como que nos hacían dumping social nos pasaron en ingreso per capita. Pero también España nos pasó, Chile nos pasó, Irlanda nos recontra pasó y los ejemplos siguen. En todos los casos, los países que nos superaron son países que vieron al mundo como una gran oportunidad para vender sus productos y crecer gracias a las elevadas tasas de inversión que se requiere cuando una empresa produce en gran escala. Eso lleva a generar más puestos de trabajo, mayor productividad y, obviamente, mejores ingresos reales.

Nosotros, abrazando el populismo corrupto, despreciamos integrarnos al mundo y en vez de darle mejores puestos de trabajo a la gente y con mayor remuneración, desarrollamos la industria del subsidio. Legiones de personas viviendo sin trabajar y a costa de lo que otros producen. Como eso tiene un costo, llevaron los impuestos hasta niveles asfixiantes destruyendo aún más la generación de riqueza. Eso sí, lo políticamente correcto consiste en decir que la gente tiene derecho a vivir sin trabajar y costa del trabajo ajeno.

Con los datos anteriores no hace falta inventar nada nuevo para salir adelante. Solo copiar lo que hicieron los países que nos pasaron como postes. Disciplina fiscal, disciplina monetaria, respeto por los derechos de propiedad e integración al mundo.

Es más, ni siquiera tenemos que copiar a los otros países. Podemos copiarnos a nosotros mismos revisando nuestra historia, cuando la genial generación del 80 hizo de este desierto un país próspero que apuntaba a ser uno de los más ricos del planeta. ¿Cómo? Integrándonos al mundo, recibiendo inversiones y sin planes sociales. Los inmigrantes no venían en busca de un plan social, venían a trabajar.

En definitiva, el secreto de la prosperidad es tan sencillo como decir que la gente tiene que trabajar, que nadie tiene derecho a vivir a costa del trabajo ajeno y el estado no tiene que entorpecer a los que trabajan. Mucho misterio no hay para descubrir cómo hacemos para salir de esta larga y deprimente decadencia. Poder salir se puede. Pero hay que meterse en la cabeza que para progresar hay que trabajar y no vivir del empleo público y planes sociales.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

¿Puede el próximo gobierno revertir la decadencia?

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 29/3/15 en: http://economiaparatodos.net/puede-el-proximo-gobierno-revertir-la-decadencia/

 

Ni los k podrían seguir con este sistema porque ya no habrá suficientes recursos para financiar sus fechorías

Responder al interrogante del título de esta nota no es tan sencillo. Están los pesimistas que no le ven remedio. Los optimistas sin fundamentos. Los indiferentes y hasta un Duhalde que dijo que Argentina estaba condenada al éxito y nos dejó de regalito a los k, que hundieron el país sin piedad.

El argumento que normalmente se usa, y yo personalmente también uso, es que un país sin instituciones no puede crecer, entendiendo por instituciones las normas, códigos, leyes y costumbres que regulan las relaciones entre los particulares y entre los particulares y el estado. Si esas instituciones son eficientes, es decir, permiten desarrollar la capacidad de innovación de la gente, desplegar la iniciativa privada atrayendo inversiones, entonces ese país tiene grandes posibilidades de entrar en una senda de crecimiento sostenido.

Podríamos resumir la cosa de la siguiente manera. A mayor riesgo institucional menores inversiones y, por lo tanto, menos crecimiento y bienestar de la población.

Por el contrario, a menor riesgo institucional, llegan más inversiones, se crean más puestos de trabajo, aumenta la productividad y el salario real. El país entra en una senda de crecimiento y mayor bienestar para la población. En definitiva, es la calidad de las instituciones que impera en un país la que definirá si ese país tiene un futuro de progreso, de estancamiento o de decadencia.

Ahora bien, esas instituciones surgen de los valores que imperan en una sociedad o en la mayoría de los habitantes de esa sociedad. Como hemos caído en la trampa de creer que el que tiene más votos impone las reglas de juego, si hay una mayoría cuyos valores llevan a instituciones contrarias al crecimiento, el mismo es imposible.

No hay reunión, comida o charla informal en que no surja el famoso debate si Argentina está definitivamente perdida. Algunos alegan que Perón destruyó las instituciones que hicieron grande a la Argentina, visión que comparto en gran medida, pero no del todo. Otros le agregan el ingrediente que los k crearon tanto clientelismo político, que han desarrollado una generación de votantes que se acostumbró a no trabajar y a vivir a costa del esfuerzo ajeno, con lo cual la mayoría siempre va a votar por aquél que le prometa más populismo, es decir el que prometa expoliar a los que producen para mantener a una gran legión de improductivos. Bajo esta visión podríamos decir que Argentina tiene un futuro negro. Y la verdad es que la tentación de seguir esta línea de razonamiento es muy fuerte cuando uno ve como se han destrozado valores como la cultura del trabajo, de la iniciativa individual, de la capacidad de innovación, la misma propiedad privada, etc. En definitiva, una primera mirada sobre el futuro de Argentina indicaría que más que estar condenados al éxito estamos condenados al fracaso. Sin embargo, cabe otro tipo de análisis totalmente diferente.

Quienes me siguen saben que no soy de formular pronósticos optimistas por deporte o porque es políticamente correcto. Digo lo que pienso, asumiendo el costo de ser tildado de pesimista.

Recuerdo que en una oportunidad el presidente de una institución empresarial me dijo, mientras estaba hablando, que viera las cosas con optimismo para no deprimir a los asistentes. Mi respuesta fue muy clara: yo analizo la economía, no hago terapia grupal.

Volviendo al razonamiento sobre el futuro de la Argentina, me voy a tomar la libertad de dejar abierto el interrogante. Aún con todo el destrozo institucional y de valores que hicieron los k, no creo que estemos condenados ni al éxito o al fracaso. Para eso voy a utilizar algunos ejemplos.

En la década de los 70 y los 80, cuando a los economistas nos preguntaban por países exitosos con economías de mercado, teníamos dos ejemplos para dar: 1) Alemania con Adenauer y Erhard y 2) Japón, ambos luego de la Segunda Guerra Mundial. Hoy esos ejemplos siguen siendo válidos pero hay muchos más.

Tenemos el caso de Corea del Sur que al dividirse quedó con el peor territorio y escasos recursos humanos. Hoy dispone de un ingreso per capita de U$D 33.100

O Irlanda, cuando la gente emigraba y solo producía papa y encima de mala calidad. Irlanda se abrió al mundo, luego ingresó a la UE y hoy tiene un ingreso per capita de U$S 46.140, superando al mismo Reino Unido que tiene U$S 38.540.

España, que hasta la muerte de Franco estaba aislada del mundo, logra, gracias a las gestiones Adolfo Suárez y el fundamental apoyo del rey Juan Carlos, reunir a todos los partidos políticos, firmar los pactos de la Moncloa e incorporarla al mundo. Hoy tiene un ingreso per capita de U$S 33.000. Y podría seguir con otros ejemplos como Chile, Hong Kong,  Singapur y el resto del sudeste asiático.

Esos países no tenían un capital humano tan preparado que les permitiera consolidar instituciones que los llevara al crecimiento. Ni siquiera España o Irlanda tenían un recurso humano de altísima calidad. Solo tuvieron dirigentes políticos que supieron ver el mundo como una oportunidad y decidieron hacer las reformas económicas necesarias para poder incorporarse al él. El denominador común  de todos los casos nombrados es que todos se integran al mundo. Al comercio mundial. Pero para poder hacerlo tenían que ser competitivos y eso les exigía tener instituciones, reglas de juego, que les permitiera a las empresas competir con las de otros países.

Cada uno de los países tiene su particularidad en la forma que llevó a cabo los cambios. En Chile fue Pinochet el que hizo el grueso de la transformación pero los partidos políticos que asumieron el poder luego de él ni intentaron cambiar lo que se había hecho. Por el contrario, continuaron por el mismo rumbo.

En España, un hombre como Felipe González que venía de la izquierda más absurda advirtió el desastre que era Francia con el socialismo y moderó notablemente su discurso y medidas. Pero por sobre todas las cosas, supo que no podía aislarse del mundo.

En Irlanda su dirigencia política también advirtió que solo incorporándose al mundo iba a poder avanzar e implementaron las reformas económicas necesarias para poder competir. Todos, absolutamente todos, cambiaron las reglas de juego y, sobre todo, se integraron al mundo.

Por el contrario, nosotros seguimos viendo al mundo como un riesgo en vez de una oportunidad y cada vez nos aislamos más, tanto económica como políticamente. Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador son los típicos ejemplos latinoamericanos de lo que no hay que hacer.

Ahora bien, yendo al punto, ¿podemos cambiar la Argentina con esta cultura del vivir a costa del prójimo que se instauró hace décadas y los k la llevaron a su máxima expresión? Considero que sí. No voy a decir que es sencillo ni pretendo ser un optimista sin fundamentos, pero otros países lograron salir del aislamiento internacional y de políticas populistas gracias a que, en determinado momento, sus dirigentes políticos lideraron el cambio.

Con esto no estoy diciendo que hay que sustituir las instituciones por los líderes, solo que en determinados momento los políticos tienen que liderar el cambio mostrándole el camino al resto de la población que, por cierto, no es experta en todos los temas económicos y desconocen la relación entre calidad institucional y crecimiento económico.

Los que en soledad venimos defendiendo las ideas de disciplina fiscal, monetaria y seguridad jurídica ya hemos hecho bastante para que los dirigentes políticos comprendan el cambio que hay que encarar. Ahora es su turno de recoger esas banderas e impulsar el cambio.

Que quede claro, este modelo es inviable. Según mis estimaciones solo el 17% de la población genera riqueza para sostener al resto: jubilados, menores de edad, empleados públicos, gente que vive de los llamados subsidios sociales, etc. Tal es la presión tributaria que, por primera vez, vemos que los sindicatos salen a hacer un paro general por la carga impositiva. Esto no se había visto nunca en Argentina. Si los k hubiesen estudiado historia, sabrían que hay muchos casos en que la voracidad fiscal de los monarcas terminó en revoluciones y su derrocamiento. La diferencia es que antes los monarcas exprimían a la gente con impuestos para financiar sus conquistas territoriales y ahora la exprimen para financiar sus políticas populistas que les permiten cosechar más votos.

Volviendo, si solo el 17% de la población sostiene al resto, ni los k podrían seguir con este sistema porque ya no habrá suficientes recursos para financiar sus fechorías. Destruyeron tanto al sector privado que atentaron contra los que los mantenían.

El país pide a gritos un cambio. Pero no esa estupidez de un cambio con continuidad. La realidad impone un cambio de política económica. Un giro de 180 grados. Otros países pudieron hacerlo. No veo razones que impidan lograr lo mismo en Argentina. Solo falta que una nueve dirigencia política tenga la audacia de transformar la Argentina de la misma forma que la generación del 80, hoy denostada, transformó un desierto en un país pujante que llegó a ser el séptimo país más rico del mundo. La causa: nuestra constitución de 1853 otorgaba el marco institucional para crecer y sus dirigentes políticos, que se peleaban entre ellos, tenían todos, el mismo respeto por esas instituciones y rumbo que debía seguir el país.

Si nuestros antecesores lo lograron y otros países también lo consiguieron, no veo motivos para afirmar que estamos condenados al fracaso. Todavía no está dicha la última palabra.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Cambios y preocupación en el escenario mundial

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 24/4/14 en http://www.lanacion.com.ar/1683918-cambios-y-preocupacion-en-el-escenario-internacional

La anexión de Crimea y Sebastopol a la Federación Rusa está consumada. Pero es un hecho tóxico. Por esto ha sido ampliamente repudiado por la comunidad internacional que previsiblemente no reconoce a Crimea como parte del territorio ruso.

Mientras tanto, un clima de absoluta fragilidad se ha apoderado del este de Ucrania. No está nada claro sobre lo que puede suceder -al menos en el futuro inmediato- en ese convulsionado rincón del país. Particularmente en la denominada República Popular de Donestsk. Allí donde, en la localidad de Zaporozhia, se fabrican hoy prácticamente todos los motores de los helicópteros rusos (incluyendo el MI-24), cuyas entregas están ahora suspendidas, lo que demuestra cuán diversas son las múltiples complejidades del conflicto en Ucrania.

Por la gravedad de lo ocurrido, el escenario internacional ha cambiado. Mucho. Como consecuencia de una conducta y un intento de justificación por parte de Rusia que lucen inaceptables. Porque han conmovido los cimientos de la arquitectura estructural de las Naciones Unidas. En efecto, hay ahora un precedente que luce como un aliciente para el uso de la fuerza y, peor aún, una suerte de justificación para tratar de poseer armas nucleares.

Porque se han desconocido -a cara descubierta- tres principios fundacionales de la comunidad internacional: el de la igualdad de los Estados, el de la santidad de la integridad territorial y el principio de “no intervención”. A lo que debe agregarse el uso ostensible de tropas sin sus insignias nacionales, práctica vedada expresamente por las Convenciones de Ginebra. Y la violación abierta de convenios internacionales que estaban vigentes, como el Memorándum de Budapest de 1994, en virtud del cual Ucrania renunció a su arsenal nuclear a cambio del respeto explícito a su integridad territorial. Por todo ello, el impacto exterior de lo sucedido es grande.

Más allá de los recientes acuerdos de Ginebra, de los que participara ciertamente Rusia, la confianza de la comunidad internacional en ese país ha desaparecido. Por esto, la sospecha de que sigue manipulando insidiosamente a los insurgentes en el este ucraniano deviene inevitable. Particularmente frente a los esfuerzos rusos por evitar que Ucrania tenga elecciones nacionales el próximo 25 de mayo, en búsqueda urgente de un mínimo de legitimidad en el actuar.

Es cierto, Vladimir Putin se reinventó y relegitimó en su patria. En medio de una ola de nacionalismo, su popularidad doméstica es ahora enorme. Con un tsunami publicitario, a la manera del que alguna vez caracterizara al repugnante Goebbels, los medios rusos -que poco y nada tienen de independientes- alaban constantemente a Putin y denuestan, en unísono, a los países occidentales. Como ocurriría, curiosamente, en un ambiente cercano a un conflicto bélico.

Mientras tanto, los objetivos inmediatos de un Vladimir Putin que ha asumido el rol de “restaurador” del pasado ruso permanecen -más allá de las declamaciones públicas, frecuentemente contradictorias- envueltos en el misterio.

Se advierte entonces preocupación en la comunidad internacional por las eventuales repercusiones externas de lo sucedido en Crimea y Sebastopol. Ella se centra en algunos conflictos puntuales. Como el que tiene que ver con los espacios marítimos en los que China mantiene disputas de soberanía con Japón, Vietnam, Filipinas y Corea del Sur. Allí, en 2012, China actuó manu militari en el llamado “Scarborough Shoal”, en el Mar del Sur de China, en desmedro de Filipinas. También hay intranquilidad respecto de las negociaciones referidas al peligroso programa nuclear iraní que, sin embargo, han continuado evolucionando y avanzando positivamente, aparentemente sin mayores dificultades. Y con relación a la cada vez más volátil e impredecible Corea del Norte.

La integración de Rusia con el resto del mundo después de la Guerra Fría ha sido lenta y parcial. Esto es, tan sólo relativa. Los principales avances fueron los registrados durante la etapa en la que Dimitri Medvedev ejerciera la presidencia de su país. Me refiero a: un nuevo tratado Start; las sanciones dispuestas contra Irán; el tránsito de las tropas norteamericanas de y hacia Afganistán a través de suelo ruso; o el acceso ruso a la Organización Mundial del Comercio. Ellos no fueron luego seguidos por otros pasos similares, de mayor acercamiento y cooperación en ésta, la tercera presidencia de Vladimir Putin. En paralelo, Rusia se ha transformado en una autocracia, lo que aumenta la desconfianza externa.

Por todo esto, es probable que Rusia sea -en más- objeto de relativo aislamiento. Sin cortar puentes, pero sin que exista la confianza mínima para actuar con ella de consuno. Esto supone que de pronto Rusia podría quedar de lado cuando, en algunas circunstancias, de actuar desde la comunidad internacional se trate. Será presumiblemente objeto de vigilancia para tratar de limitar lo que ahora luce como una clara inclinación al expansionismo. Con una posibilidad de cooperación que ahora es marginal.

Es probable que el nuevo enviado a Moscú de la administración del presidente Barack Obama sea John F. Tefft, un diplomático de carrera, familiarizado en las cuestiones que tienen que ver con Ucrania, Georgia y Lituania, donde ha prestado servicios. Un hombre de gran experiencia, queda visto.

En el escenario actual no es imposible que -de pronto- se den a conocer otras sanciones económicas de carácter personal contra algunos personajes rusos muy cercanos al presidente Putin, limitando sus posibilidades de actuar en los mercados internacionales de crédito y de comerciar libremente. Y evidenciando que existe una elite rusa poderosa, que funciona en torno al líder ruso, sospechada de corrupción. Por esto las acciones y los títulos de la deuda rusa caen. Y el rublo se debilita, en medio de una renovada fuga de capitales. También por esto una previsible caída de las inversiones externas en Rusia.

El cambio en el escenario internacional no supone necesariamente cortar vínculos que son imprescindibles entre Rusia y la comunidad internacional. Como los que tiene que ver con el programa espacial conjunto de norteamericanos y rusos. O aquellos que se refieren a la inutilización de las armas nucleares rusas que, vencidas, ya no pueden guardarse sin riesgos. O continuar juntos trabajando en el impostergable desarme sirio en materia de armas químicas.

La relación bilateral entre los Estados Unidos y Rusia estará -en más- presumiblemente marcada por el distanciamiento. Lo que no supone dejar de actuar en conjunto en algunas cuestiones comunes, como son las antes referidas.

Pero la normalidad está afectada y la confianza de Occidente en Rusia ha desaparecido. Pronto esto comenzará a ser evidente más allá de Ucrania. Lo ya sucedido tiene una entidad tal que es imposible pensar que no traerá aparejados profundos cambios relacionales, como los que anticipamos.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Las tiranías no se doman violentamente

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 9/4/14 en http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alejandrotagliavini/las-tiranias-no-se-doman-violentamente-alejandro-a-tagliavini-columnista-el-tiempo-_13809320-4

Como amante del polo, tuve oportunidad de escuchar a uno de los más exitosos domadores de caballos explicar cuál es la abrumadora tendencia en la doma. Decía -¡y con cuánta razón!- que el ser humano tiene un instinto animal básico que lo hace reaccionar violentamente creyendo que así se encauzan las cosas. Así, cree que el mejor método para domar es la violencia, montarlo al animal en bruto y darle latigazos hasta que se amanse. Pero, por los resultados, va quedando claro que se doman, quizás más lentamente, pero mucho mejor sin violencia.

Esto viene al caso porque el ser humano tiene que superar, este instinto primitivo, en todos los órdenes de la vida y ejercer aquello que lo hace superior: su alma y su razón. Razón que dice –ya lo sabían los clásicos griegos- que la violencia es precisamente aquello que destruye, porque pretende desviar el curso de la sapientísima naturaleza y que, por tanto, jamás obtendrá resultados positivos, siendo que la vida se defiende y construye con métodos pacíficos. Por eso es que a las guerras, contiendas y sanciones, solo las entiende el fanatismo político que tiene que justificar su “autoridad” coactiva.

Las sanciones contra la tiranía cubana, por caso, no tuvieron resultado positivo y encerraron más al pueblo en su isla cárcel. Por el contrario, lo recomendable es la “perestroika” –que terminó con la URSS- y que podría haber comenzado en Cuba, aunque con final lejano. EE.UU. ha atemperado su beligerancia contra el castrismo y lo mismo la UE y, entre tanto, es sugestivo que del malecón habanero haya desaparecido la vieja consigna: “Señores imperialistas, no les tenemos ningún miedo”.

Teniendo en cuenta que Cuba está entre los países más conservadores del mundo, son auspiciosas las liberalizaciones como la progresiva reducción del tamaño del Estado, el surgimiento de 455.000 cuentapropistas, la compra venta de vehículos y viviendas, la reforma migratoria, el acceso a la telefonía móvil e internet, la autorización para viajar al extranjero y volver a Cuba para los disidentes, mientras que el economista Hugo Pons asesora a una organización oficial en la que unos 68.000 emprendedores reciben clases de administración y economía de mercado.

De igual modo, las sanciones a Rusia son negativas. Ni EE.UU. ni Japón tienen grandes lazos provocó en Rusia una brutal huida de capitales y un descalabro en la bolsa y el rublo. Si la economía rusa cayera 10 % los daños para Alemania serían de solo medio punto de PIB, según Deutsche Bank. La UE debería reducir la dependencia energética, pese a que ni siquiera duraeconómicos con Moscú; Europa sí, especialmente en gas y petróleo. El inicio de la crisis ya ante la guerra fría Moscú se atrevió a cortarle el gas. Además, no estaría mal que reduzcan el disparatado gasto militar europeo, el segundo del mundo, unos US$ 250.000 millones anuales, cinco veces más que China y ocho más que Rusia.

Hablando del tema, precisamente gracias a la tecnología –al fracking- a la razón y no a la violencia, Washington ya no depende del petróleo de Oriente Próximo y, no apelando a empresas estatales –de los políticos- sino a un mercado privado, EE.UU. en 2013 produjo más petróleo del que importó. Para 2015, superará a Arabia Saudí en extracción de crudo y, en 2020, será el mayor productor global. Con lo que debería dejar de apoyar tiranías como la saudí que tan negativa influencia tiene entre los árabes.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.