América Latina elige, ¿qué elige?

Por Constanza Mazzina y Santiago Leiras. Publicado el 4/04/21 en: https://www.cronista.com/cronista-global/america-latina-elige-que-elige/

Ante un escenario complejo por el efecto de la pandemia, las tensiones ideológicas podrían mantenerse.

El 2021 se presenta como un nuevo año en el ciclo electoral latinoamericano inaugurado hace algunas décadas con la tercera ola de democratización en la región. En el transcurso del presente año habrá elecciones presidenciales en Ecuador, Chile, Perú, Haití, Honduras y Nicaragua; legislativas en El Salvador, México, Argentina, Haití y Chile; constituyentes en Haití y Chile; municipales en Bolivia, Chile, El Salvador y Paraguay; y estaduales en Bolivia y Chile.

Un mix completo en un año complejo: además de la crisis sanitaria, la región tiene otras “pandemias” que no logra resolver. Así, a las consecuencias del Covid19 y las diferentes respuestas que dieron los gobiernos latinoamericanos con más o menos eficacia, debemos resaltar el sistemático deterioro del Estado de Derecho, la crónica crisis de la democracia y la crisis de representación política.

Crisis que se arrastran y no se resuelven, y que agregan un elemento más de disconformidad en las ya descontentas ciudadanías latinoamericanas. Tomemos por caso la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil: según los datos de Latinobarómetro del año 2018, un 65% de los ciudadanos señalaban que la democracia tenía problemas y para un 17% no había democracia. Así, la crítica a la democracia tuvo consecuencias electorales directamente consistentes con ella.

La reciente elección legislativa en El Salvador y el apoyo dado por la ciudadanía al presidente Bukele muestra que, lejos de castigarlo con su voto, lo han respaldado. En el mismo informe de Latinobarómetro de 2018, un 24% de los salvadoreños señalaban que no había democracia y para el 59% era una democracia con problemas. La tercera oleada democrática llegó al país centroamericano a mediados de los años noventa, luego de la firma de los acuerdos de paz de Chapultepec que pusieron fin a décadas de enfrentamiento armado en el territorio.

El regreso a la democracia configuró un sistema de partidos bipartidista de la mano de ARENA y del FMLN. La alternancia entre ambos en un contexto de creciente inseguridad y nuevos fenómenos como las maras, fue erosionando la democracia. Antes de la llegada de Bukele, solo el 11% de los salvadoreños estaban satisfechos con la democracia. Si en el 2018 la aprobación del gobierno en Brasil era de solo el 6%, en El Salvador rozaba el 22%, con una media regional en un escaso 32%.

Para cerrar este panorama, la confianza en el Parlamento era de un escaso 10%, la confianza en el gobierno del 10% (entonces era presidente Salvador Sánchez Ceren, del FMLN, igual que su antecesor, Mauricio Funes) y en los partidos políticos del 6%. El colapso del sistema consociativo de la democracia entre Arena y FMLN se encontraba en su fase terminal.

Así, Nayib Bukele logró presentarse como la figura emergente en un fuerte clima anti-político con un sesgo anti-establishment representado por los dos partidos históricos, un esquema de corrupción institucionalizada, y una significativa demanda de restauración del orden público: el resultado electoral de aquella elección presidencial y las recientes legislativas marcaron el fin de una época.

¿Se parece Bukele al fenómeno Trump/Bolsonaro, al modelo de Chávez o al de Álvaro Uribe? Probablemente a todos, posiblemente a ninguno de ellos. Lo cierto es que, de acuerdo al último informe de Democracy Index, El Salvador se transforma en un régimen híbrido, dejando atrás su condición de “democracia defectuosa”.

El Salvador, Ecuador y Bolivia inauguraron un largo ciclo electoral pero ¿qué se elige? ¿elige la región girar a la izquierda? Quienes sostienen esta tesitura encuentran sus razones en el cambio acontecido en México (2018), Argentina y Bolivia (2019), en un clima de optimismo en relación al triunfo del candidato/delfín de Rafael Correa (el segundo, el anterior fue el propio Lenín Moreno) Andrés Arauz en Ecuador y el retorno de Lula Da Silva a la arena política, ya sin restricciones legales para una eventual candidatura presidencial, en un contexto de crisis del gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil.

Haciendo un rápido recorrido ideológico por una buena parte de la región nos encontramos con 2 países de extrema izquierda (Nicaragua y Venezuela), 2 de izquierda (Bolivia y México) 1 de centro izquierda (Argentina), 2 de centro (Ecuador y Perú) 1 de centro derecha (Uruguay), 3 de derecha (Colombia, Chile y Paraguay) y 1 de extrema derecha (Brasil).

Estamos frente a un complejo escenario ideológico y lo que los latinoamericanos elijan en 2021 no parecería alterar sustantivamente este panorama.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE. Síguela en @CMazzina

The Top Ranked Free-Market Think Tanks Today

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 15/2/21 en:  https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2021/02/15/the-top-ranked-free-market-think-tanks-today/?sh=32ec73af3e47

“If it matters, measure it” is the motto of the Fraser Institute, one of the leading think tanks in the world. The Global Go To Think Tank Index Reportranks Fraser a “Center of Excellence” among non-U.S. North American think tanks, a status granted to think tanks that lead one of the Index’s various categories for three years in a row. For those who work in policy research and advocacy centers, think tanks matter, and thus high rankings or mentions in the Index are important.

A Table showing the 2019 and 2020 ranking of free-market think tanks and key competitors
Table 1: Top ranked free-market think tanks in the most recent index report of the Think Tanks and … [+] ALEJANDRO CHAFUEN

The think tank index and report, produced by James G. McGann, director of the Lauder Institute’s Think Tanks and Civil Societies Program (TTCSP) at the University of Pennsylvania, was released late last month. McGann is always extremely transparent about his methodology and the challenges he faces. He does not have long-term staff or a developed donor base, for instance. But despite certain weaknesses, his publication is the only effort to track and quantify the work of think tanks around the globe.  

The discussions between think tank leaders that precede the report are usually off the record and not for attribution (that is, they follow the so-called Chatham House rules). This time, due to the pandemic, the presentation was online and has been recorded for everyone to see. The focus of the discussion was again self-reflection and existential questions: why do think tanks still matter in times of crisis? The title of the discussion was already written with an answer in mind.

The complete discussion can be accessed accessed on YouTube.

Part 1: https://embedly.forbes.com/widgets/media.html?src=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fembed%2FVx4bhPLa1aI%3Ffeature%3Doembed&display_name=YouTube&url=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3DVx4bhPLa1aI&image=https%3A%2F%2Fi.ytimg.com%2Fvi%2FVx4bhPLa1aI%2Fhqdefault.jpg&key=3ce26dc7e3454db5820ba084d28b4935&type=text%2Fhtml&schema=youtube

Part 2: https://embedly.forbes.com/widgets/media.html?src=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fembed%2FkIYuLTdoeIQ%3Ffeature%3Doembed&display_name=YouTube&url=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3DkIYuLTdoeIQ&image=https%3A%2F%2Fi.ytimg.com%2Fvi%2FkIYuLTdoeIQ%2Fhqdefault.jpg&key=3ce26dc7e3454db5820ba084d28b4935&type=text%2Fhtml&schema=youtube

After Donald Trump, Brexit, and Jair Bolsonaro, the “Embassy Row” think tanks, as well as many of their London and German peers, wondered how it all happened. Why did voters reject the wisdom coming from their analyses? But not all think tanks read the tea leaves wrong. The Heritage Foundation, for example, had a former president, Ed Feulner, on Trump’s campaign team. It also had several insiders pushing for Brexit, and also some who understood the importance of Jair Bolsonaro’s unlikely victory for the Americas. This helped Heritage’s rankings, but now, at least in the United States, its influence will be measured more by what it can stop the administration from doing than by its efforts to promote market liberalization.

It is understandable that all think tank leaders argue that think tanks always matter, especially in times of crisis. A few participants in the pre-release Index discussions, though, were consumers of think tank products rather than think tank representatives. One such was Jacob Schlesinger of the Wall Street Journal, who lamented “the defunding of government functions.” Yet he ended up raising alarms about the high levels of government debt, as if these two factors were independent. At the start of the pandemic, taxes in relation to GDP were the highest ever recorded in the OECD. Blaming the Covid-19 crisis on the weakening of government, or distrust, does not correlate well with what happened and is happening in the U.S. or globally.  

David Sanger, national security correspondent for the New York Times NYT +0.2% and a veteran journalist whose career spans 38 years, was one of the few in this year’s discussions who cautioned think tanks not to fall into the trap of speaking to themselves. He mentioned that “we inhale the same fumes every day,” which is dangerous – and it affects the media as well as think tanks. He argued for the need to have a narrative that reaches those who distrust institutions, sectors where “think tanks are seen as the theater of the Deep State.” Sanger prefaced some of his comments with the humble recognition that in recent polls, media like his are held in even lower regard than Congress and lawyers. From the think tank world, only Carlos Lagorio, head of CARI (a foreign affairs think tank based in Argentina) made a similar case to to pay attention to “we the people” and not just to elites.   

Secretary Of State Mike Pompeo Delivers Speech At The Heritage Foundation
Mike Pompeo, former U.S. secretary of state, speaks while Kay Coles James, president of the Heritage … [+] © 2018 BLOOMBERG FINANCE LP

There are more than 8,200 think tanks in the TTCSP database. Although almost 45,000 people are invited to fill the survey, just under 4,000 complete at least part of it. Voters include university faculty and administrators, journalists, policy makers, think tank players, and donors. Given the large number of think tanks listed in the main report, in my rankings I focus just on organizations that favor the free economy. This is the sector where I work and that I know best. The Heritage Foundation again had more nominations than any other free-market think tank, appearing in 26 categories. As in previous reports, the Brookings Institution was again the highest-ranked group overall. Not counting its foreign affiliates, Brookings received 34 nominations. The Japan Institute for International Affairs, which had achieved some top ten positions in the past, was listed as the top institute in the world. In total it received nominations in 14 different categories.

Among market-oriented think tanks, Canada’s Fraser Institute and the Cato Institute were just behind Heritage, with 22 and 21 nominations respectively. Fraser’s budget, approximately $10 million, continues to be a fraction (approximately 15%) of that of Heritage, and one-third that of Cato. Fraser ranked first overall in Canada and topped all other free-market-oriented institutes in the category of domestic health-policy studies, as well as in social policy. The Heritage Foundation also maintains its Center of Excellence status in the category that ranks public policy influence. With the presidency of Joe Biden, though, that top place in the report will likely pass to a different Washington-based think tank.

Among the weaknesses of the index is the lag in including some major changes. China’s Unirule Institute, for example, which closed its doors in August 2019, continues to be ranked, and received 11 nominations, the same as last year. I still included them in the table since their website, which most of their activities from before the group’s folding, is still up. Given today’s political situation in China, even if Unirule comes back to life I doubt it would be as independent as in the past.

In Europe, the U.K.-based Adam Smith Institute (ASI) continues to gain more nominations than any other free-market think tank. The institute is open to market-oriented interventions, from public funding for private health care to some sort of basic income, but is still controlled by two longtime free-market economists: Madsen Pirie and Eamon Butler. And since branding is important, being named after Adam Smith helps with Index voters aligned to free-market causes.  

The Institute of Economic Affairs (IEA), also in the U.K. and with a budget roughly five times larger than that of ASI, also made my personal top-20 list, but it attracted only six nominations. Both ASI and IEA have devoted considerable resources to reaching the young. ASI devotes almost half of its resources to programs that involve younger intellectuals and freedom activists.

In continental Europe, the Foundation for Analysis and Social Studies (FAES), founded by former president of Spain José María Aznar in 1999, continues to receive a good number of votes. FAES’s budget was greatly reduced after it became independent of the Popular Party, but it remains active and is recognized by its peers. A new party-affiliated think tank, Fundación Disenso, was recently launched in Spain. Its board is headed by Santiago Abascal, leader of the Vox party, which has a similar free-market agenda but is more active than FAES in conservative values. Disenso (dissent in Spanish) tapped two talented think-tankers as leaders of the foundation: Jorge Martín Frías, formerly of RedFloridablanca, and Eduardo Fernández Luiña, who formerly headed the more libertarian Instituto Juan de Mariana in Madrid. With the growth of Vox, which yesterday came way ahead of the Popular Party in the elections in Cataluña, we might soon see Disenso appear in the rankings.

How do free-market think tanks fare in different categories? In Table 2 I include the leading free-market think tanks in 20 categories. There are many other categories, but free-market think tanks sometimes do not appear in them.

A table showing 20 top ranked free-market think tanks in different regionbs and categories
Table 2: Top ranked free-market think tank in 20 different categories. Ranking and categorization by … [+] ALEJANDRO CHAFUEN

Outside North America and Europe there are several think tanks that also excel, such as Chile’s Libertad y Desarrollo, a multifaceted organization. Also worthy of mention are the heroic efforts of CEDICE in Venezuela, working in extremely difficult conditions with a government hostile to free-market views. Another of the leading-market oriented think tanks in the world, based in tiny but often exemplary Uruguay, is the Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES). CERES’s longtime leader, economist Ernesto Talvi, recently ran for president of the country and ended up becoming foreign minister, a job he did not find suited to his talents. He resigned but did not return to the think tank. To replace him, CERES tapped Ignacio Munyo, an outstanding and respected economist and former nonresident fellow at Brookings’ Global Economy and Development program. Munyo had previously been doing a stellar job at a think tank within the University of Montevideo, a private university founded in 1986 and officially authorized in 1997, which has been ranked number one or two in Uruguay for the last five years.

As usual, I end with an apology to think tanks whose leaders think that I should have included them as a pro-free economy think tank. Categorization, however, is not an exact science. For instance, I track the work of the Center for Strategic and International Studies (CSIS), which received many nominations (21) and will likely have more influence on the Biden administration than it had on that of Trump. Its work is similar to that of Hudson Institute, but since CSIS focus on economics is mostly through the lens of national security and strategy, I list them in the same category as Brookings.

My recommendation to all who work with think tanks and want complete information is to read the report, which since being posted online by the University of Pennsylvania has been downloaded 34,000 times. James McGann is always looking for partners who will help to bring extra resources to his work and contribute with constructive suggestions on how to improve the Index. If you read his work, send him your comments. His work helps to map an important sector of civil society that is relevant to business, government policy, and the future of freedom.

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE. Síguelo en @Chafuen 

¿Quiénes fueron los Chicago Boys?

Por Iván Carrino. Publicado el 10/1/18 en: https://www.ivancarrino.com/quienes-fueron-los-chicago-boys/

 

El grupo que sacó a Chile de la decadencia económica y busca reproducir la experiencia en Brasil.

Brasil está cambiando.

Tras escándalos de corrupción, dos años de recesión económica y un descreimiento generalizado sobre la clase política, Jair Bolsonaro fue elegido presidente.

Uno podría criticar y diferenciarse en muchas cuestiones con las expresiones de este particular personaje de la política brasileña. Sin embargo, en lo que tiene que ver con la política económica, parecería que Bolsonaro está corriéndose del medio y dejando actuar a “los que saben”.

¿Y quiénes son los que saben? Para empezar, su Ministro de Economía, Paulo Guedes.

Hace pocos días, la agencia Reuters sostenía:

“El nuevo ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, trabajó en Chile hace 40 años tras obtener su doctorado en la Universidad de Chicago, lo que le procuró un asiento en primera fila en el tratamiento de choque económico que aplicó el dictador Augusto Pinochet.”

El economista Roberto Cachanosky también se refirió recientemente a los cambios en Brasil:

“La reducción del gasto público, la simplificación tributaria, la reforma previsional, la reforma laboral, un amplio plan de privatizaciones, etc. van a ser claves para darle competitividad a la economía brasileña. Pero una de las claves del plan económico que intenta implementar Bolsonaro es mucho más desafiante que los anteriores ya que busca imitar el modelo chileno y abrir la economía para incorporarse al mundo.”

¿De dónde vienen estas ideas? ¿Qué efectos podrían tener?

La revolución capitalista chilena

Por su pasado en la Universidad de Chicago, al nuevo mandamás de la política económica brasileña se lo asocia con el grupo de académicos chilenos que, en tiempos de Pinochet, asesoraron al gobierno sobre cómo conducir la política económica.

Pero la historia de los “Chicago Boys”, como se conoció a este nutrido grupo de economistas, se remonta, en realidad, a mucho antes del Golpe de Estado de Pinochet en 1973.

Es que durante el año 1956 se labró un acuerdo de cooperación entre la Universidad de Chicago, uno de los más prestigiosos centros de estudios de economía del mundo, y la Universidad Católica de Chile.

Dicho acuerdo implicaba que los egresados de “La Católica” podían ir becados a Chicago a obtener sus doctorados en economía.

El convenio fue aprovechado por una veintena de profesionales, entre quienes estaban Sergio de Castro, Rolf Lüders (ambos Ministros de Economía durante el gobierno de facto de Pinochet) o Ernesto Fontaine, todos los cuales volvieron a la Universidad Católica a dictar clases tras obtener sus PhD.

El golpe de estado de 1973 se dio en medio de una verdadera debacle económica,  con la economía en recesión y una inflación que promedió el 600%. En dicho contexto, y con elevada escasez producto de los controles de precios, el salario real descendió un 38%.

Cuadro 1. Principales variables económicas de Chile (1970-73)

1970 1971 1972 1973
Crecimiento del PBI 3,6% 8,0% -0,1% -4,3%
Inflación Anual 36,1% 22,1% 260,5% 605,1%
Tasa de Desempleo 5,7% 3,8% 3,1% 4,8%
Crecimiento anual del salario real 8,5% 22,8% -11,3% -38,6%

Fuente: Soto, Ángel – The Founding Fathers of Chile’s Capitalist Revolution.

Cuando los militares llegaron al poder se preguntaron qué iban a hacer con la economía.

De acuerdo con Ángel Soto, historiador chileno, “Pinochet optó por un modelo de desarrollo liberal defendido por un grupo de jóvenes economistas graduados de prominentes universidades de los Estados Unidos”.

Para Soto, no solo los graduados de Chicago, sino también José Piñera (Ministro de Trabajo) y Hernán Büchi (Ministro de Economía 1985-1989), egresados de Harvard y la Universidad de Columbia, fueron los “padres fundadores de la Revolución Capitalista” de Chile.

Reformas

Ahora bien, ¿en qué consistió dicha revolución?

Principalmente, en un conjunto de reformas económicas que podrían agruparse en cinco grandes áreas.

—> Para generar crecimiento económico: se redujo drásticamente el rol del estado en la economía, se eliminaron controles de precios, se redujeron el gasto fiscal y los impuestos, se liberaron mercados y se privatizaron muchas empresas estatales.

—> Para incrementar el comercio internacional: se eliminaron las barreras no arancelarias para las importaciones y los aranceles fueron reduciéndose unilateral y gradualmente desde 1975 en adelante.

—> Los mercados de capitales se liberaron y se dotó de independencia al Banco Central para reducir la inflación. La reducción de la inflación no fue inmediata. Solo después de 1990 se consiguió una inflación baja y estable.

—> Los mercados laborales también se liberaron, eliminando barreras a la entrada en la mayoría de los empleos, restricciones al despido y restringiendo la intervención del gobierno en las negociaciones entre patrones y empleados.

—> El sistema jubilatorio, previamente de reparto, se privatizó por completo en 1981, migrando hacia un esquema de capitalización individual que incrementó significativamente el ahorro del país.

Los resultados de estas reformas económicas, que se mantuvieron casi sin modificaciones durante el período democrático que inició en el año 1990, fueron impresionantes.

A partir del año 1984, Chile comenzó un período  de crecimiento casi ininterrumpido. De los últimos 34 años, solo en dos el PBI tuvo variaciones negativas (-0,4% en 1999 y -1,6% en 2009).

El desempleo ha ido bajando sistemáticamente. En 1983 alcanzó el 21%, pero fue reduciéndose hasta el 7,7% en 1990. Hoy está en 6,9%, una tasa envidiable para muchos países, incluidos Argentina y Brasil.

La inflación, como decíamos, tardó en bajar, pero a partir de la Ley 18.840 de 1989, que consagró la independencia del Banco Central y la prohibición de emitir para financiar déficits fiscales, la tasa de inflación se redujo de manera sostenida y permanente.

¿Puede replicarse el modelo?

Chile es hoy en día un modelo de reformas económicas pro-crecimiento con inclusión social. Al mismo tiempo que su PBI per cápita pasó de USD 7.000 a USD 23.000 (en paridad de poder de compra, entre 1984 y 2018), la pobreza cayó desde el 50% hasta los alrededores del 10%.

Gran parte de este éxito se lo debe Chile a las enseñanzas y propuestas de esos intelectuales, los “Chicos de Chicago”, quienes a pesar de haber formado parte de un gobierno militar, liberaron la economía chilena y su potencial de crecimiento.

Es una incógnita si dicho modelo podrá ser exactamente replicado en otras latitudes. También si los períodos presidenciales y las sanas restricciones de la democracia no son un obstáculo para avanzar en estos cambios.

Sin embargo, lo cierto por ahora es que un presidente democráticamente elegido parece querer tomar este camino.

Será interesante explorar qué pueda pasar. Pero en la medida que las reformas puedan abrirse paso, los resultados serán positivos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

En campaña, son todos buenos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 11/10/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/10/11/en-campana-son-todos-buenos/

 

El actual presidente brasilero dejará el país algo mejorado gracias a unas pocas reformas, como en lo laboral: entre otras cosas, eliminó la obligatoriedad que tenían los trabajadores de pagar la contribución sindical, disminuyendo el poder abusivo de los sindicatos. Pero aún quedan regulaciones laborales -que impiden la plena ocupación, como el salario mínimo que prohíbe trabajar a quienes ganarían menos- y la desocupación subió de 6,2% en 2013 hasta 12,2% en 2018.

Además, puso un límite al aumento del gasto público que no debe superar a la inflación, logró que las tasas de interés que eran muy altas -hasta 17%- cayeran a 6,5% y ha controlado la inflación: 3,4% en 2017 y 3,7% en 2018. Pero, la recuperación sigue lenta. En 2017 el PIB subió 1,5%, y las exportaciones aumentaron 18%. Las previsiones son optimistas para 2018, con un crecimiento del PIB del 2,3% y una inflación de 3,5%.

Y ahora Jair Bolsonaro sería el próximo presidente si gana la segunda vuelta contra al candidato del PT de Lula, Fernando Haddad. Bolsonaro aprovechó la imagen de corrupto que tiene el PT. Corrupción que, por cierto, es grave no solo en Latino América. La periodista Viktoria Marinova apareció muerta en Bulgaria, días después de ventilar casos de corrupción con fondos de la Unión Europea y, en un solo año, también fueron asesinados los periodistas Daphne Caruana en Malta y Jan Kuciak en Eslovaquia, que investigaban corruptelas.

La política derechista Bolsonaro al punto que The Economist aseguró que será “desastroso” y Fernando Henrique Cardoso -ex presidente de Brasil, autor del boom que heredó Lula- dijo que no le agrada “Ninguno… pero Bolsonaro está excluido”. En lo económico, tiene un discurso alentador y la Bolsa reaccionó eufórica: “Mercado libre y menos impuestos es mi consigna” twitteo.

Lo que no es poco ya que los impuestos perjudican a todos, pero, sobre todo, a los más pobres ya que los ricos los pagan aumentando precios o bajando salarios. Planea, además, la privatización de empresas, la reducción de la burocracia y una fuerte desregulación de la economía.

En el exterior, algunas empresas están muy interesadas en quién sea el ganador, por caso, las 22 compañías españolas que cada año ganan unos US$ 27.000 M en Brasil, el doble de las exportaciones anuales argentinas hacia el país de la Samba. Pero para España, en su conjunto, es poco más que anecdótico.

La política brasilera no debería tener mucha influencia en los demás países, salvo en casos como Argentina que tiene una economía muy regulada, encorsetada, y así, no pudiendo moverse, no pudiendo ser creativa, cualquier variación en los flujos fijos como las exportaciones hacia Brasil, puede resultar negativa.

Dicen los rumores que el derechista ex militar potenciaría el desarrollo nuclear brasilero, y es uno de los líderes más críticos con Maduro, “el único candidato que dice abiertamente que seguirá una línea dura para acabar con el hambre en Venezuela es Jair”, proclamó su hijo Eduardo, el diputado federal más votado del país.

Por cierto, en campaña todos los candidatos son buenos y Bolsonaro intenta mostrarse como un hombre de centro. En tanto que Haddad hasta prometió bajar los impuestos, “para que quien sustente el Estado no sean los pobres”, y favorecer la creación de nuevos bancos para bajar más las tasas de interés.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Elecciones en Brasil: la democracia necesita recuperar confianza

Por Constanza Mazzina. Publicado el 9/10/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/10/09/elecciones-en-brasil-la-democracia-necesita-recuperar-confianza/

 

Con reglas electorales como las de nuestro país, hoy Jair Bolsonaro sería ya presidente electo de Brasil. El titular de algún diario diría: “Bolsonaro es el nuevo presidente” en lugar de “Bolsonaro a ballotage”. Sin embargo, en el país vecino, si ningún candidato se alza con la mitad más uno de los votos, se procede a la segunda vuelta. En cierto sentido, el sistema obliga a los candidatos a buscar mayorías, y si no las encuentran, a construirlas, por lo tanto, a formar coaliciones.

La sorpresa radica en la gran distancia que hay en esta primera vuelta entre el primero y el segundo candidato. Léase, que el segundo contendiente es el candidato del partido de Lula da Silva. ¿Son estos resultados realmente sorprendentes? América Latina muestra, desde hace algunos años, un deterioro de la democracia. El desencanto con la democracia se ha hecho presente y ha llegado para quedarse. ¿Son los lideres populistas hijos de los ciudadanos desinteresados y desencantados de y con la política? ¿Asistimos a una espiral ascendente entre apatía y populismo? ¿Perder la confianza en los políticos es sinónimo de perder la confianza en la democracia?

El informe de Latinobarómetro para el 2017 señalaba (sin referirse específicamente al caso que hoy comentamos, pero haciendo un déjà vu sobre los resultados que ahora conocemos): “Hoy la derecha y la izquierda compiten en una cancha más pareja que al inicio de la transición, poniendo a prueba el sistema de partidos (…) Da la impresión de que la izquierda también perdió el halo de superioridad moral que le daba ventaja al inicio de la transición, entrando como un competidor más a la cancha, y a veces siendo reemplazada también por independientes. El resultado de estos mayores grados de libertad de elección que se han tomado los latinoamericanos con una fuerte crítica al poder político”.

El mismo estudio mostraba que la percepción de la corrupción en Brasil para el 2017 se ubicaba en 7,4, donde 10 es mucha y 0 es ninguna. Para el mismo 2017, otra institución, Transparencia Internacional, señalaba que Brasil se encontraba en el puesto 94 del ranking —que encabeza Nueva Zelanda—, y comparte ese puesto con Zambia, Tailandia y Colombia, entre otros. El puesto 180, el final de la tabla, lo ocupa Somalia. Además, la media global de transparencia se ubica en 43,07 y Brasil medía en el índice de percepción de la corrupción (IPC) solo 37 puntos. Veámoslo así: un puntaje de 100 indica que la percepción es que no hay corrupción, un puntaje de 0 indica una percepción de la corrupción muy alta, Nueva Zelanda tiene 89 puntos, Somalia, 9.

Hace algunos años, Mainwaring y Pérez Liñán indicaban la importancia de lo que ellos llamaron la “preferencia normativa por la democracia”, esto es, el valor intrínseco de la democracia más allá de los resultados. El compromiso de los valores democráticos se expresa, por ejemplo, en el reconocimiento de la derrota electoral en lugar del cuestionamiento de sus resultados. Hoy, los resultados electorales de Brasil muestran que los ciudadanos están dispuestos a votar prospectivamente, es decir, por lo que el candidato promete que va a hacer, y que retrospectivamente ven lo que hizo el PT (nótese la mala elección de Dilma Rousseff) y por eso no lo votan (permítanme la simplificación). Pero, además, el desencanto democrático lleva a creer en soluciones providenciales.

El resultado muestra una crisis de confianza en los líderes y los partidos tradicionales, y a su vez, reflota la posibilidad de que alguien solucione mágicamente todos los problemas. Las sociedades que logran construir confianza son aquellas en las que sus líderes dan cátedra de ejemplaridad.

 

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE.

Brasil: una elección clave, todavía impredecible

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/9/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2173326-brasil-eleccion-clave-todavia-impredecible

 

La descalificación definitiva de la candidatura presidencial del expresidente Luiz
Inácio Lula da Silva -consentida, en una suerte de forzada capitulación por el popular
exlíder sindical- proyectó incertidumbre sobre los resultados de las próximas elecciones
presidenciales de Brasil . Ocurre que, pese a estar preso y condenado a doce años de
cárcel por corrupción y lavado de dinero, Lula obtenía -al tiempo de terminar
judicialmente descarrilado- un increíble nivel de adhesiones; esto es, nada menos que el
39% de la intención total de voto.
Su heredero ya designado como candidato oficial del Partido de los Trabajadores,
Fernando Haddad, recibe en cambio, endosos por parte de un 18% de los encuestados.

Con ellos parece estar todavía detrás de Jair Bolsonaro , el candidato de la derecha
nacionalista, que se repone lentamente de un atentado contra su vida. A los 63 años,
Bolsonaro cuenta con un impactante 28% de apoyo. Y, por sus posiciones extremas, con
un 60% de rechazo. Mientras tanto, Haddad, como delfín de Lula que es, seguramente
no ha encontrado aún su “techo”.
Jair Bolsonaro está internado en el Hospital Israelita Alberto Einstein, luchando por
superar un trance duro, luego de ser apuñalado en el abdomen, en Juiz de Fora. Por ello
su campaña personal, al menos por un rato, transitará esencialmente por las redes
sociales. Las encuestas sugieren que de pronto podría, pese a todo, imponerse en la
primera vuelta, el próximo 7 de octubre. Pero las predicciones ahora agregan que hasta
podría consolidar una eventual victoria en la segunda vuelta electoral, el 28 de octubre
que viene.
Haddad lleva como compañera de fórmula a la joven Manuela Dávila, del Partido
Comunista. Lo que es toda una señal. No obstante, luego de su ponderada gestión
municipal en la enorme ciudad de San Pablo, se lo tiene como un político prudente,
sereno y más bien moderado. Por oposición a un demoledor. O a un “anti-sistema”. No
obstante, de triunfar Haddad probablemente deje sin efecto algunas de las reformas
estructurales que Brasil necesita imperiosamente para dinamizar su economía. Me
refiero a los límites al gasto público, a la reforma de un sistema jubilatorio asfixiante y a
la flexibilización laboral.

Fernando Haddad -de 55 años- es esencialmente un intelectual. De profesión abogado,
tiene un master en economía, un doctorado en filosofía y enseñó ciencias políticas. Pero
no cuenta con el carisma de Lula.
Con la aludida intención de voto en su poder, Haddad tiene también otros tres
contendores a la presidencia brasileña. Entre ellos, el izquierdista exgobernador de
Ceará, Ciro Gómez, con el 11%. La más bien centrista Marina Silva, ahora con el 5%. Y el
favorito de los empresarios, Geraldo Alckmin, con el 6%.
Esto último contribuye a transmitir la impresión de que nada está resuelto en una
elección de resultados que aún parecen estar abiertos. A lo que se agrega el hecho no
menor de que todavía uno de cada cuatro brasileños encuestados se autocalifica de
“indeciso”.
Como muchos políticos en el Brasil actual, Haddad ha sido acusado de corrupción
durante su gestión en la Municipalidad de San Pablo. Siendo ese un mal que
desgraciadamente está extendido en Brasil, cabe anticipar que esas acusaciones
difícilmente lo perjudiquen o desequilibren políticamente en demasía. Se lo vincula con
la constructora de obra pública: UTC.
Quienes lideran las actuales intenciones de voto en las elecciones brasileñas que se
acercan, han adoptado discursos de campaña muy disímiles. Pero con tonos moderados,

por oposición a desafiantes o descalificadores.
En síntesis, los votantes brasileños están, por el momento, divididos en dos mitades.
Una primera en la que aparecen quienes prefieren a los dos candidatos que hoy lideran
las encuestas. O sea Jair Bolsonaro y a Fernando Haddad. Y una segunda mitad, que
amalgama a los seguidores de los candidatos presidenciales con posibilidades remotas,
sumados al 25% de los votantes que prefieren definirse como integrando el caudal de los
“indecisos”.
Una sociedad vigorosa, que hoy pugna por recuperar el optimismo extraviado respeto de
su propio futuro y por volver rápidamente a crecer con vigor saliendo de una etapa de
inmovilismo, se acerca a elecciones que quizás puedan calificarse como las menos
predecibles de los últimos tiempos. En juego está recuperar el entusiasmo que la
caracteriza cuando de proyectar su futuro se trata. Para nosotros, en cambio, la
esperanza apunta al fortalecimiento de nuestro principal socio comercial y a poder
aprovecharlo.
Cabe destacar que en Brasil se respetó el calendario electoral previsto. Y que el liberal
presidente Temer, pese a su debilidad de origen, a su impopularidad y a las acusaciones
de corrupción, podrá completar su mandato, proyectando normalidad.

Si, finalmente, Jair Bolsanario es elegido presidente, seguramente renacerá en Brasil el
discurso oficial nacionalista. Aquel que en síntesis sostiene que el liderazgo de Brasil
excede el marco de la región y es su “destino manifiesto”. Y que ha sido históricamente
proclive al proteccionismo y al intervencionismo estatal, en favor del empresariado
local.
Si el vencedor termina, en cambio, siendo Fernando Haddad, no cabe descartar un
regreso al populismo que -con algunos perfiles afines al kirchnerismo- terminó
anestesiando a la economía brasileña.
Ambas alternativas -diferentes, por cierto- contienen riesgos para nuestra economía, los
que deberán ser evaluados y seguidos de cerca, frente a un Brasil en el que, queda visto,
el proteccionismo podría reaparecer, sea del brazo del nacionalismo o como
consecuencia del populismo.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.