¿Deberían Estados Unidos o la ONU intervenir militarmente en Venezuela?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 22/2/19 en: https://www.juandemariana.org/comment/7326#comment-7326

 

Alberto Benegas Lynch (h) escribió un libro que ya cumple su primera década en circulación titulado Estados Unidos contra Estados Unidos. El libro es una obra de arte que permite comparar la arquitectura institucional de un país que recibió bajo los principios de propiedad privada, libertad individual, economía de mercado y gobierno limitado millones de inmigrantes y que alcanzó el desarrollo frente a otro país que una vez desarrollado ignoró el legado de sus padres fundadores.

En la materia que aquí nos compete, sobre guerra, fuerzas armadas y política exterior, o más precisamente sobre la pregunta planteada en el título de esta nota, cabe señalar que Estados Unidos durante muchos años fue una nación que respetó el principio de no intervención.

Al respecto, George Washington decía en 1796, en ejercicio de la presidencia de la nación, que “[e]stablecimientos militares desmesurados constituyen malos auspicios para la libertad bajo cualquier forma de gobierno y deben ser considerados como particularmente hostiles a la libertad republicana”. En el mismo sentido, Madison anticipó que “[e]l ejército con un Ejecutivo sobredimensionado no será por mucho un compañero seguro para la libertad” (citados por Benegas Lynch, 2008, pág. 39).

Durante mucho tiempo el Gobierno de Estados Unidos fue reticente a involucrarse en las guerras a las que fue invitado. Robert Lefevre (1954/1972, pág. 17) escribe que entre 1804 y 1815 los franceses y los ingleses insistieron infructuosamente para que Estados Unidos se involucrara en las guerras napoleónicas; lo mismo ocurrió en 1821, cuando los griegos invitaron al Gobierno estadounidense a que enviara fuerzas en las guerras de independencia; en 1828 Estados Unidos se mantuvo fuera de las guerras turcas; lo mismo sucedió a raíz de las trifulcas austríacas de 1848, la guerra de Crimea en 1866, las escaramuzas de Prusia en 1870, la guerra chino-japonesa de 1894, la guerra de los bóeres en 1899, la invasión de Manchuria por parte de los rusos y el conflicto ruso-japonés de 1903, en todos los casos, a pesar de pedidos expresos para tomar cartas en las contiendas.

El abandono del legado de los padres fundadores comienza a darse con el inicio de la Primera Guerra Mundial. No solo comienza un abandono de la política exterior de no intervención, sino que también se observa un Estado creciente, más intervencionista y un paulatino abandono del patrón oro y del federalismo. El poder ejecutivo comenzó a ejercer poco a poco una creciente autonomía, y a pesar de las provisiones constitucionales en contrario opera con una clara preeminencia sobre el resto de los poderes, avasallando las facultades de los Estados miembros.

Lefevre escribe que desde la Primera Guerra Mundial en adelante “la propaganda ha conducido a aceptar que nuestra misión histórica [la estadounidense] en la vida no consiste en retener nuestra integridad y nuestra independencia y, en su lugar, intervenir en todos los conflictos potenciales, de modo que con nuestros dólares y nuestros hijos podemos alinear al mundo (…) La libertad individual sobre la que este país fue fundado y que constituye la parte medular del corazón de cada americano [estadounidense] está en completa oposición con cualquier concepción de un imperio mundial, conquista mundial o incluso intervención mundial (…) En América [del Norte] el individuo es el fundamento y el Gobierno un mero instrumento para preservar la libertad individual y las guerras son algo abominable. (…) ¿Nuestras relaciones con otras naciones serían mejores o peores si repentinamente decidiéramos ocuparnos de lo que nos concierne?” (Lefevre, 1954/1972, págs. 18-19).

A partir de las dos guerras mundiales y la gran depresión de los años treinta se nota un quiebre en la política internacional americana respecto de su política exterior. De ser el máximo opositor a la política imperialista, pasó a crear el imperio más grande del siglo XX. A partir de allí ya no hubo retorno.

Alberto Benegas Lynch (h) (2008) es muy gráfico al enumerar las intromisiones militares en el siglo XX en que Estados Unidos se vio envuelto, las que incluye a Nicaragua, Honduras, Guatemala, Colombia, Panamá, República Dominicana, Haití, Irán, Corea, Vietnam, Somalia Bosnia, Serbia-Kosovo, Iraq y Afganistán. Esto generó en todos los casos los efectos exactamente opuestos a los declamados, pero, como queda dicho, durante la administración del segundo Bush, la idea imperial parece haberse exacerbado en grados nunca vistos en ese país, aún tomando en cuenta el establecimiento anterior de bases militares en distintos puntos del planeta, ayuda militar como en los casos de Grecia y Turquía o intromisiones encubiertas a través de la CIA.

En otros términos, Estados Unidos fue copiando el modelo español. Copió su proteccionismo, luego su política imperialista, y ahora hacia comienzos del siglo XXI su Estado de bienestar, el que ya deja al Gobierno norteamericano con un Estado gigantesco, déficits públicos récord y una deuda que supera el 100% del PIB.

Un estudio de William Graham Sumner (1899/1951, págs. 139-173) nos es de suma utilidad al comparar el imperialismo español con el actual norteamericano, aun cuando sorpresivamente su escrito tiene ya varias décadas: “España fue el primero (…) de los imperialismos modernos. Los Estados Unidos, por su origen histórico, y por sus principios constituye el representante mayor de la rebelión y la reacción contra ese tipo de Estado. Intento mostrar que, por la línea de acción que ahora se nos propone, que denominamos de expansión y de imperialismo, estamos tirando por la borda algunos de los elementos más importantes del símbolo de América [del Norte] y estamos adoptando algunos de los elementos más importantes de los símbolos de España. Hemos derrotado a España en el conflicto militar, pero estamos rindiéndonos al conquistado en el terreno de las ideas y políticas. El expansionismo y el imperialismo no son más que la vieja filosofía nacional que ha conducido a España donde ahora se encuentra. Esas filosofías se dirigen a la vanidad nacional y a la codicia nacional. Resultan seductoras, especialmente a primera vista y al juicio más superficial y, por ende, no puede negarse que son muy fuertes en cuanto al efecto popular. Son ilusiones y nos conducirán a la ruina, a menos que tengamos la cabeza fría como para resistirlas”.

Y más adelante agrega (1899/1951, págs. 140-151): “Si creemos en la libertad como un principio americano [estadounidense] ¿por qué no lo adoptamos? ¿Por qué lo vamos a abandonar para aceptar la política española de dominación y regulación?”

Volviendo a la pregunta de esta nota, y debo decir -afortunadamente-, Estados Unidos ha evitado en este tiempo una intervención militar sobre Venezuela. Entiendo el llamado del presidente Trump a la comunidad internacional como una solicitud para reconocer a un nuevo presidente interino que llame a elecciones dado que Maduro no fue elegido legítimamente. Esto no es elegir al nuevo presidente de Venezuela. Esto es muy diferente a las intervenciones militares que ha desarrollado durante gran parte del siglo XX. Esperemos que Estados Unidos se mantenga en línea, esta vez, bajo el principio de no intervención.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

De pronto “ordenan” el mar Caspio

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 16/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2162906-de-pronto-ordenan-el-mar-caspio

 

Después de doce años de lentas aunque pacientes conversaciones, Rusia, Irán, Kazakhstán, Azerbaiján y Turkmenistán acaban de acordar algunas reglas básicas para poder explotar y operar ordenadamente al que es al lago encerrado salado más grande del mundo. El Mar Caspio vivía hasta ahora en una suerte de peligroso “vacío” de reglas que se había generado inevitablemente desde el momento mismo de la implosión de la ex Unión Soviética.

Se acabó así el que fuera un inquietante “impasse”, en el que el tema del Mar Caspio parecía de alguna manera estar relativamente empantanado. Hablamos de aquel enorme mar que en su preciado interior contiene tanto depósitos de hidrocarburos (petróleo crudo y gas natural) bajo su fondo, como los preciados esturiones, esto es los generadores del excelente caviar beluga, que viven en sus aguas que, en más, serán de uso común entre todos ellos.

Los cinco estados ribereños aludidos cooperarán en su explotación y se repartirán los recursos. Habrá cuotas, entonces, para la explotación del caviar beluga y normas muy precisas para la de los hidrocarburos.

Turkmenistán podrá ahora construir los ductos necesarios para poder exportar desde sus ricos yacimientos sus recursos de petróleo, y sobre todo de gas natural, a los distintos mercados de Europa. Lo hará presumiblemente a través de Azerbaiján. Y cabe suponer que algunos otros proyectos energéticos conjuntos podrán también aparecer y avanzar ahora.

Rusia, gestora principal del importante acuerdo, será el único país con fuerzas militares desplegadas en el Mar Caspio. Los demás Estados costeros, no podrán, en cambio, tener esa presencia, a la que han renunciado expresamente.

Toda una poderosa demostración rusa de habilidad regional. Y una muestra clara de que, pese a los esfuerzos de Donald Trump por ahogar el multilateralismo, esa alternativa sigue siendo útil y se resiste a morir, lo que es ciertamente bueno para la paz del mundo.

Además, lo sucedido parece haber acercado un poco más a Rusia e Irán, en una relación milenaria que a lo largo de su historia ha tenido sus complejos bemoles.

Para Rusia, estamos frente a un importante triunfo geopolítico que aleja un tanto a los EE.UU. -y a la propia China- de la posibilidad de utilizar libremente el Mar Caspio para generar oportunidades que apunten a profundizar sus relaciones con los demás estados costeros. Recordemos, en este sentido, que los misiles recientemente disparados por Rusia durante la cruenta guerra civil siria partieron desde las entrañas de sus buques militares estacionados precisamente en el Mar Caspio. Por ello el tema nos es quizás algo lejano, pero no es ciertamente una cuestión menor en el complicado escenario del mundo.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Venezuela votó por “más de lo mismo”

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 31/5/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2139534-venezuela-voto-por-mas-de-lo-mismo

 

Los venezolanos acaban de concurrir a las urnas en lo que parece haber sido una elección presidencial fraudulenta más. En la que -como suele suceder- se proscribió a algunos de los principales partidos opositores y encarceló a sus principales dirigentes.

Nicolás Maduro (rodeado de caras amenazadoras por parte de quienes vestían altos uniformes militares) fue inmediatamente declarado ganador. Sin perder un minuto de tiempo. Por ello se apresta a continuar gobernando a Venezuela por un nuevo período presidencial de seis años.

Su reelección ha sido -sin embargo- rechazada por prácticamente todos sus vecinos de la región: por Brasil, Colombia, Argentina, Canadá, Chile, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú, Paraguay, Guyana y Santa Lucía.

Para nuestra región, Venezuela es ya una segunda Cuba, cuyos funcionarios, desvergonzadamente enquistados en el gobierno venezolano, han estructurado -con la estrecha cooperación de sus pares venezolanos-, un mecanismo perverso para que Cuba pueda recibir, “colgada” del mismo, buena parte de las divisas generadas por las exportaciones venezolanas de petróleo crudo. Por largo rato, cabe recordar, Cuba vivió “colgada” de la Unión Soviética. Hoy vive ordeñando a Venezuela. La noción de “no intromisión” ha sido pisoteada y desnaturalizada, a la vista de todos.

Las abstenciones de quienes tenían efectivamente derecho a sufragar en las elecciones venezolanas superaron largamente al número de quienes concurrieron a las urnas. Como se esperaba, ciertamente. El número de votantes, en una elección a la que una significativa parte del pueblo venezolano le diera la espalda, fue el más bajo desde la década del ’50. Menos de la mitad (tan sólo un 46%) de quienes estaban en condiciones de votar se acercaron a las urnas para hacerlo. Muchos de ellos por abstención voluntaria, a la manera de rechazo a Nicolás Maduro. Otros, por su estado de desilusión, convencidos de que votar no hubiera cambiado nada.

Venezuela continuará sufriendo. Su economía es hoy la mitad de lo que fuera en el 2013. Y, cada día, unos 5000 venezolanos dejan atrás a su patria y se exilian, en un éxodo que es tan conmovedor, como inocultable. Casi todos huyen hartos de la creciente escasez de alimentos y medicamentos que ha hecho ya imposible vivir en la normalidad. Y de la enloquecedora hiperinflación, que se estima llegará al 13.000% a fines del año en curso. Así como de los salarios mínimos de miseria, que hoy son del orden de los 2,5 dólares mensuales. A todo lo que se suma un nivel de inseguridad personal aterrador, que se ha vuelto realmente desesperante. Colombia y Brasil los están recibiendo en números crecientes, que ya preocupan a sus respectivas autoridades.

El país del caribe, que tiene las reservas de hidrocarburos más importantes del mundo, ha visto caer su producción diaria de crudo de unos 2,4 millones de barriles, apenas cinco años atrás, a un millón cuatrocientos mil barriles, en la actualidad. Y el flujo continúa cayendo por obra conjunta de las sanciones económicas externas y del claro “des-manejo” que inunda la incompetente gestión de las autoridades locales, todo lo cual debe ser sumado a la cada vez más extendida corrupción, que ha infectado también a las exportaciones de petróleo y gas natural. El resultado de lo antedicho es una situación social intolerable, en la que sobrevivir no está garantizado a nadie.

Para hacer las cosas más graves, los Estados Unidos han aumentado las sanciones económicas que habían ya sido impuestas a Venezuela. Ahora serán sancionados todos quienes negocien o intermedien en títulos de la deuda venezolana y en créditos de cualquier tipo de ese país o de su enorme empresa petrolera estatal, PDVSA, cuyos activos están siendo embargados por quienes tienen derecho a hacerlo, incluyendo los contractuales, que han sido repudiados, ignorados o desconocidos por Venezuela.

Hasta la importación de los diluyentes necesarios para exportar el crudo pesado que produce Venezuela está comenzando a estar afectada. En lo que va del año el volumen de ventas de crudo venezolano ha caído ya un 23%.

A todo lo que se agrega la cada vez más difícil atención del servicio y repago una deuda externa del orden de los seis billones de dólares, cuyo cumplimiento se ha transformado en un signo de interrogación.

En ese ambiente caótico, Nicolás Maduro recibió (con fraude y todo) un millón y medio de voto menos que en el 2013, cuando fuera elegido por primera vez presidente de su país. Y eso que ató perversamente la obtención y el mantenimiento de los carnets que permiten acceder a las raciones de comida y a la prestación de varios servicios públicos a la comprobación de haber efectivamente votado a favor del gobierno.

Venezuela se apresta a vivir “más de lo mismo”, esto es a seguir viviendo encerrada entre el miedo y la desesperación. Su tragedia no parece estar cerca de un final que, de pronto, pueda cambiar el deplorable estado actual de las cosas.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La palabra de los políticos… poco vale

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 2/5/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/05/02/la-palabra-de-los-politicos-poco-vale/

 

En un movimiento muy audaz, Donald Trump aseguró que no certificará -el plazo vence el día 12 próximo- el acuerdo nuclear con Irán. La medida, aunque todavía no supone la ruptura total del compromiso, conlleva una estrategia más agresiva con Teherán. Y, si recién ahora se decide por este camino, se debe a que sus propias huestes en la Casa Blanca se oponían a rechazar este pacto.

El acuerdo alcanzado en 2015 hizo que el régimen de Teherán pusiera bajo control internacional su programa de enriquecimiento de uranio, permitiera inspecciones a sus instalaciones nucleares y, en la práctica, detuviera el programa nuclear a cambio de que la comunidad internacional reduzca las sanciones económicas, aunque EE.UU. no las quitó.

Trump quiere que el Congreso de EE.UU. añada nuevas limitaciones a Irán y que, si no cumple, se reanuden los castigos. En este nuevo umbral punitivo entrarían, en particular, el programa balístico, y la negativa a extender la duración de las restricciones a la producción de combustible nuclear.

Los aliados -Francia, Gran Bretaña y Alemania- piden que no se caiga el tratado, en tanto que Israel lo rechazó desde el principio, aun cuando el Organismo Internacional de Energía Atómica asegura que Irán lo cumple. Y lo más destacable es que demuestra la eficacia de la vía diplomática por encima de la militar, y le permite a Europa abordar con Teherán un tratado complementario para que no desarrolle su programa balístico. Entretanto, se sigue la dirección opuesta -diálogo y diplomacia- con Corea del Norte, y la modificación unilateral del acuerdo envía una señal negativa.

Benjamín Netanyahu, intentando influenciar a Trump, asegura que Irán miente y mantiene un programa atómico secreto. Irónicamente, Arabia Saudí aplaude la retirada del acuerdo. Pero más irónico es que Irán, para defender al régimen de el Asad en Siria, ha combatido al ISIS en paralelo a la coalición internacional que dirige EE.UU.

Por cierto, Irán -no solo el gobierno sino la hasta la oposición más moderada- rechaza las acusaciones de Netanyahu y asegura que va a cumplir lo que firmó. Pero añadió que al acuerdo “no se le puede añadir nada”. Y, desafiante, anunció que va a doblar los esfuerzos en pos de sus capacidades de defensivas, incluidas las misilísticas.

No sabemos quién tiene razón porque sí sabemos que los políticos, y sus sistemas de inteligencia, engañan cuando les conviene. Ciertamente, resulta menos creíble el régimen iraní dado su subido autoritarismo y su consecuente aptitud para engañar. En cualquier caso, queda claro que estos acuerdos, al fin de cuentas, son poco confiables en el mediano plazo.

En fin, recuerdo que el epistemólogo Paul Feyerabend escribió que “los ciudadanos… occidentales van muy por delante de sus políticos en su deseo de frenar la carrera de armamentos. Sabemos también que el sentido común suele ser superior a las proposiciones de los expertos… desarrollemos una nueva clase de conocimiento… que todo el mundo pueda participar en su construcción y resolver… el problema de la supervivencia y el problema de la paz… entre los humanos y todo el conjunto de la Naturaleza”.

Y, agrego, los problemas de la paz y la libertad solo se solucionan con más paz y más libertad, por el contrario, con violencia se aumenta la violencia y con restricciones a la libertad se agrava la falta de libertad.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La visita de Macron a Washington y el acuerdo nuclear con Irán

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/5/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2131043-la-visita-de-macron-a-washington-y-el-acuerdo-nuclear-con-iran

 

Al tiempo de escribir esta nota el activo y popular presidente de Francia, Emmanuel Macron, está en Washington, de visita oficial. Ella será seguida, en muy pocos días, por la de la notable Canciller de Alemania, Angela Merkel. Los dos líderes más fuertes de Europa en un activo diálogo con los Estados Unidos.

En las agendas de esas reuniones hay una fuerte preocupación común: ¿qué hacer con el acuerdo nuclear alcanzado hace ya tres años -en 2015, en tiempos del expresidente norteamericano Barack Obama- con Irán, sobre su peligroso programa nuclear?

Donald Trump, ese acuerdo nuclear con Irán, que fuera aceptado por el país de los persas contra el levantamiento de las sanciones económicas que habían sido impuestas por Occidente, no le gusta absolutamente nada. Y no lo oculta, nunca.

Esencialmente, porque luego del plazo acordado, esto es en 2025, Irán podría sostener que, a partir de entonces, está en total libertad para conducir su programa nuclear sin restricciones, ni límites de ninguna naturaleza. Lo cual, tratándose del país que hoy personifica quizás el peligro más grande de la agenda de paz y seguridad del mundo, no es un tema menor.

Donald Trump debe ahora pronunciarse expresamente sobre el mismo y la fecha límite está ya cercana: es el próximo 12 de mayo. Su idea central pareciera ser la de no bendecirlo nuevamente y simplemente dejarlo caer, salvo que -de pronto- pueda ser rápidamente complementado por nuevos acuerdos que -negociados por las naciones europeas- limiten también la capacidad misilística iraní.

Los dos visitantes antes nombrados no concuerdan en esto con Donald Trump. Ambos creen que el actual acuerdo nuclear con Irán debe mantenerse y, eventualmente, ser complementado con acuerdos íntimamente relacionados, que limiten severamente su capacidad misilística y su expansión regional.

Irán -en cambio- sostiene que el tema está definitivamente cerrado y que nunca aceptará nuevas exigencias respecto de su desarrollo nuclear. Que el tema está -entonces- ya discutido. Y no sólo eso: que, respecto del objeto del acuerdo nuclear ya alcanzado, todo está acordado. Y no hay nada más qué hablar.

Rusia China parecen compartir la opinión europea, o sea la que procura no dejar caer un acuerdo que estiman, en principio, como un paso inicial positivo. Quizás no el mejor, pero ciertamente el que hasta ahora ha sido posible.

Israel, por su parte, desconfía profundamente del acuerdo alcanzado con Irán y sostiene que en muy poco tiempo perderá importancia. A lo que agrega que, sin adicionar a los actuales acuerdos las necesarias restricciones a la capacidad misilística iraní, ellos no son suficientes y que Irán previsiblemente se aprovechará de sus limitaciones.

Los dos principales asesores de Trump en esta delicada materia: John Bolton y Mike Pompeo, tienen, a su vez, opiniones diferentes. Bolton, con su habitual claridad y proverbial dureza, parece preferir dejar el acuerdo nuclear con Irán sin efecto. Pompeo, algo más flexible, se inclina en cambio por tratar de renegociarlo y mejorarlo en sus alcances.

Así están las cosas. No es imposible que Donald Trump decida finalmente que para la comunidad internacional llegó ya la hora de volver a la mesa de negociaciones, a sentarse con Irán para tratar de corregir -complementándolo- un acuerdo que -por incompleto- no lo deja satisfecho. Pronto sabremos cual, finalmente, es su decisión en este tema.

Que exista un acuerdo con Irán sobre su peligroso programa nuclear parecería ser mejor que no tener ningún convenio en vigor sobre ese preocupante tema. Las limitaciones al armamentismo nuclear de Irán hoy existen ciertamente y esto es preferible a que no se haya definido ningún límite o restricción, de ningún tipo.

Las fronteras operativas oportunamente aceptadas por Irán están siendo respetadas, al menos en líneas generales. Y, según la inteligencia alemana, el programa nuclear iraní se desaceleró notoriamente luego de suscripto que fuera el acuerdo nuclear con la comunidad internacional.

Algunas empresas europeas, luego de suscripto que fuera el acuerdo nuclear, volvieron a comerciar intensamente con Irán y ahora están preocupadas porque sus esfuerzos por reconstruir relaciones puedan, de pronto, ser dejados de lado de un solo plumazo.

Entre el 2015 y el 2016, las exportaciones del Viejo Mundo a Irán crecieron nada menos que un 375%, a lo que se suma que la interconexión bancaria de Irán con el resto de los sistemas financieros del mundo occidental, que estaba interrumpida y muy fracturada, se ha vuelto también a reconstituir, lo que es clave para que la reactivación ocurrida en las relaciones comerciales entre Europa e Irán se pueda mantener en el tiempo.

La visita del presidente francés a Washington -la primera visita de estado de un líder extranjero a Washington durante la presidencia de Trump- fue un éxito que cosechó aplausos desde los dos grandes partidos políticos de los EE.UU. Macron parece suponer que Trump no ratificará el acuerdo nuclear con Irán y lo dejará caer. En su mensaje al Congreso norteamericano Macron definió sus desacuerdos sobre comercio internacional, el medio ambiente e Irán. Con claridad. Particularmente cuando fustigó al nacionalismo y recordó que los EE.UU. edificaron el multilateralismo, desafiando a Trump a ponerse a la cabeza de lo que denominó “la reinvención del orden mundial para el siglo XXI”. Macron se ha ubicado, relacionalmente, cerca de Trump. Pero ha sabido marcar tanto la amistad que une a ambas naciones, como las diferencias de visiones del mundo que las separan. No era nada fácil, pero lo hizo con calidad y gran acierto.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El Gran Hermano no acepta competencia

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 5/4/18 en: https://www.elperiodico.com/es/entre-todos/participacion/gran-hermano-acepta-competencia-174279

 

El Hermano Mayor o Gran Hermano es un personaje de la novela de George Orwell 1984, y es el ente que gobierna Oceanía a través del partido único, el Ingsoc. Nadie lo conoce, pero es omnipresente a través de telepantallas, con fuerte propaganda y controlando todo. Estos días, mientras Facebook es sospechada de espionaje, EEUU, Canadá, España y otros 14 países y la OTAN expulsan a diplomáticos rusos por el intento de asesinato de Skripal.

Cuando Trump ganó las elecciones, el Parlamento ruso recibió la noticia con aplausos. Pero ahora, las cosas se han enfriado. Los rusos saben de guerra fría; además de su propia KGB, recuerdan a los espías de EEUU, como la CIA, que colaboró derrocando a líderes electos en Irán y Guatemala en la década de los cincuenta y respaldó golpes de Estado apoyando gobiernos anticomunistas en América Latina, África y Asia.

Ahora resulta que Zuckerberg es criticado, entre otras cosas, porque no quería comparecer ante el Parlamento británico. En una carta remitida al presidente del Comité Parlamentario pertinente, la responsable de relaciones públicas de la red social indicó que sería uno de los adjuntos de Zuckerberg quien daría respuesta a los diputados.

Resulta irónico que los Estados, los Grandes Hermanos que todo nos controlan, desde la emisión de documentos de identidad con todos nuestros datos personales y hasta las agencias de espías, pasando por los entes recaudadores de impuestos que conocen todas nuestras finanzas, pretendan que nos van a cuidar de quienes quieren robarnos datos personales. Más bien parece que no quieren competencia o, peor, querrán imponer reguladores que tengan injerencia y autoridad sobre nuestros datos guardados en las redes sociales.

De hecho, a Facebook se le acusa de la filtración de datos de más de 50 millones de usuarios para ayudar… a la campaña del presidente de EEUU, el jefe del Estado. La empresa británica Cambridge Analytica, contratada tanto para la campaña de Trump como para la iniciativa a favor del brexit, recopiló información de millones de votantes a través de Facebook.

En 2010, durante la conferencia All Things Digital organizada por The Wall Street Journal, Steve Jobs se refirió a la cuestión de la privacidad enviándole una indirecta a Mark Zuckerberg, que estaba presente, en el momento en que Facebook enfrentaba críticas por la actualización de los controles que forzaban a los usuarios a compartir sus datos. “Privacidad significa que la gente entienda en qué se registra, en palabras claras y repetidamente”, dijo Jobs.

Es decir, la privacidad es, precisamente, una cuestión privada. Es decir, que las personas deben saber qué datos confían y a quién. Cada uno debe elegir y ser responsable de sus actos como con cualquier transacción sin que ningún burócrata pretenda entrometerse en algo tan sensible.

Por cierto, se ha dicho que el mercado ha reflejado este escándalo provocando la fuerte baja en el precio de las acciones de Facebook pero, en mi opinión, esta baja al menos en parte responde a que esta red se utiliza cada vez menos en favor de Instagram y WhatsApp. Riesgo, me parece, que corren todas las empresas, pero sufrirán más aquellas más infladas: por ejemplo, hoy Facebook y Netflix cotizan a una valuación equivalente a 11 años de ventas; Amazon a 4 años y Google a 7 años, cuando el índice S&P500 cotiza a una valuación de 2.2 años de ventas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Colombia en camino a la OCDE. Los problemas de que enfrenta (por ejemplo, propiedad intelectual), son los que esperan a Argentina

Por Martín Krause. Publicado el 19/3/18 en: http://bazar.ufm.edu/colombia-camino-la-oecd-los-problemas-enfrenta-ejemplo-propiedad-intelectual-los-esperan-argentina/

 

El actual gobierno argentino se propuesto que el país vuelva a ser parte de la comunidad internacional de naciones. Es necesario recordar que gobiernos anteriores hicieron todo lo posible en el sentido contrario: declararon el default de la deuda soberana, repudiaron el cumplimiento de tratados bilaterales de inversión, acumularon demandas por incumplimiento de las reglas de la OMC y buscaron aliados entre los peores vecinos del planeta, como Venezuela o Irán.

Este retorno es claramente aprobado por la población argentina, la que no quiere sentirse como un pendenciero global, sino que pretende ser al menos un ciudadano global correcto. Lo que no parece muy claro es si están al tanto de los costos que esto implicará, de los esfuerzos que el país deberá realizar para alcanzar ese objetivo.

He aquí un ejemplo: Argentina quiere pertenecer a la OCDE, que es algo así como un club de países desarrollados para compartir políticas públicas y reducir barreras o compatibilizar regulaciones relacionadas con inversiones, servicios, intercambios y otras normas que puedan afectar las relaciones entre los países miembros.

Pero como en muchos clubes, el ingreso tiene un costo; muchas veces hay que pagar o es necesario ser presentado por algunos que ya son miembros o hay que acreditar una determinada condición. Da la sensación de que en Argentina se avala la intención de pertenecer a grupos como éste, pero hay poca discusión sobre los requisitos necesarios para la membresía.

En estos días, algunas noticias por otra parte del continente dan una muestra de lo que esto puede significar. Un caso interesante para seguir es el de Colombia, país que también quiere ser miembro de la OCDE y ha iniciado el proceso de admisión un poco antes. Colombia se encuentra varios escalones por encima de Argentina en cuanto a libertad económica se refiere y le lleva a Argentina 34 puestos en el Índice de Calidad Institucional, ha mejorado 145 posiciones desde 2007. En el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation se encuentra en el puesto 42, mientras que Argentina está 144.

No obstante, Colombia no tiene el camino fácil. Por un lado, ha estatizado alguna empresa de  servicios públicos, enfrenta demandas en la OMC por los requisitos de certificación de origen de los productos importados que sean catalogados como de riesgo “medio” o “alto” y, en algo que Argentina aún está peor, ha sido señalado como un país que no tiene una protección de la propiedad intelectual apropiada: http://thehill.com/opinion/international/359996-colombia-must-enact-reforms-before-joining-rest-of-world-on-the-economy

No hay un control de la piratería y hay ciertas intervenciones en el mercado de productos farmacéuticos que parecen no cumplir con las normas internacionales. El documento que presenta el camino para el acceso de a la OCDE (Roadmap for the Accession of Colombia to the OECD Convention) del año 2013, reclama el seguimiento de las mejores prácticas en políticas de ciencia y tecnología, lo que incluye la protección de los derechos de propiedad intelectual, desarrolladas por el Comité respectivo.

La OECD tiene además un consejo consultivo empresario que se llama The Business and Industry Advisory Committee, que presenta recomendaciones a la organización y, al respecto, llama la atención que si bien ha mejorado algo las normas sobre la declaración de interés público de un determinado producto farmacéutico, que sería el primer paso para el otorgamiento de una licencia compulsiva (que elimina el efecto de una patente y permite copiar un producto patentado), con lo que el Ministerio de Salud buscaría reducir precios en el mercado, otras normas todavía mantienen abierta la posibilidad de intervenir en los precios de los productos. Al mismo tiempo, alguna agencia gubernamental (INVIMA) ha negado la protección de los datos que sustentan las investigaciones y pruebas de productos patentados, motivo por el cual el país está recibiendo reclamos de incumplimiento de sus obligaciones internacionales en los tratados sobre la materia (TRIPS).

En fin, se trata solamente de un ejemplo, de lo que puede esperar más adelante a la Argentina en este mismo camino que Colombia ya está recorriendo, partiendo de una situación que es peor a la de ese país en algunos aspectos. Y dadas las resistencias que aquí se generan cuando se afectan los intereses de algunos grupos locales que han crecido al amparo de alguna protección o privilegio, más vale que, si persisten en el objetivo de integrarse a la OECD, vayan removiendo los obstáculos que ya están allí delante.

 

Martín Krause completó su doctorado en Administración en la Universidad Católica de La Plata, es profesor de Derecho y Economía en la Facultad de Derecho e Historia del Pensamiento Económico (Escuela Austriaca) de la Facultad de Economía de la Universidad de Buenos Aires. Miembro de la Sociedad Mont Pérérin. Fué Rector, Director de Investigación y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). En 1993, recibió el Eisenhower Fellowship. También recibió el Premio de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires 2007.