¿Invertir en Argentina, en dólares o… en pesos uruguayos?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/1/20 en: https://www.ambito.com/economia/invertir-argentina-en-dolares-o-pesos-uruguayos-n5075771

 

El 23% de las empresas recortaría sus inversiones en 2020 y solo un 25% las incrementaría, cuando en 2017 el 81% proyectaba un aumento, según EY. Los empresarios esperan aire fresco del nuevo gobierno, pero de momento los números no dan. El 55% cree que sus ventas crecerán en 2020 -debido a la inflación, en términos de volumen no son tan optimistas- el 11% que se mantendrán constantes y el resto que caerán.

Y asustan las amenazas, como que aplicarán la “ley de góndolas” si las ganancias “son excesivas”. Para atraer inversiones, por el contrario, debe desregularse para que el inversor pueda actuar y sentirse cómodo: y en eso está Uruguay, llamado a las inversiones que Argentina despide. Y debe bajarse lo que el Estado les quita para aumentar la rentabilidad, al no poder subir precios dada la competencia y el bajón en el consumo.

De tres modos el Estado absorbe recursos: los impuestos, las artificiales tasas de interés y la inflación. Los impuestos vienen aumentando, lo que debería compensarse en parte con la baja de las tasas -menor costo financiero- ya que el BCRA logró que la de la Leliq cayera al 52%. Pero no está claro que bajará la inflación.

Solo en diciembre el BCRA emitió $223.760 M, 12% de la base monetaria (BM). Las colocaciones de Leliq no aspiran circulante desde las elecciones, dado su desarme, pero sí los pases pasivos a un día. O sea, de momento la emisión sigue con inercia.

De todos modos, recordemos que la inflación no es el “exceso de circulante” -de hecho, la base monetaria en 2019 aumentó 35% contra el 55% del IPC, así el circulante cayó en términos reales- sino exceso de emisión en tiempo real. Precisamente, la inflación se da para equilibrar al mercado de modo que -en tiempo real- no quede circulante en exceso.

En definitiva, se sigue volcando dinero, fogoneando la inflación si la demanda por las menores tasas no aumenta. Parte de ese exceso se ha volcado a la bolsa que, durante 2019, trepó 46,5% hasta las Paso -11 de agosto-, luego cayó abruptamente 97% hasta el 2 de septiembre y desde entonces sube 85% (en todo 2019 gana 38%). En buena parte para acceder al dólar mediante el “contado con liqui” y el dólar MEP.

De hecho, la bolsa sube poco contra el IPC, los plazos fijos que rindieron algo menos que el IPC, el dólar oficial que escala 63%, y mucho menos contra el blue que remonta 95%. Excepcionalmente los títulos públicos tuvieron una gran perfomance al quedar clara –“ley de emergencia” mediante- la voluntad de pago (y el MSCI mantuvo la categoría “emergente”). El Par en dólares con legislación argentina, avanzó 64% hasta fines de 2019.

Ahora, los bonos pagaderos en pesos suben dado que Hacienda está ‘rolleando’ los vencimientos mediante la colocación de las letras. Y muchos creen que esto afloja las presiones inflacionarias y el tipo de cambio porque no genera expansión de la BM, pero como la inflación es exceso -por sobre la demanda- de emisión en tiempo real, esto es inflacionario porque absorbe demanda.

Otra parte de la sobreoferta de pesos se va al blue -cuya demanda está empujada por el cepo- que sin dudas irá al IPC e, indirectamente, a la inflación -y otra vez al blue- ya que contrae la demanda de dinero e, irónicamente, en un círculo vicioso obligará al BCRA a emitir más dado el aumento del IPC.

Y la fuga de capitales tienta cada vez más a pesar de la tensión con Irán. En el mundo hay unos US$ 80 B bajo gestión. Mientras las tasas de interés globales dejan de caer y hasta podrían subir, en 2019 el petróleo avanzó un 33% y luego 5% por lo de Irán, pero luego retrocedió. El oro subió 13,5% el año pasado, el trigo 11,4%, el maíz 5% y la soja 7,2%. Wall Street está cerca de sus máximos históricos: 35% sube el Nasdaq. También el Stoxx 600 -incluye a las principales cotizadas de 17 países europeos- y el MSCI ACWI -incluye a las mayores cotizadas globales- han subido significativamente.

Mostrado la frialdad del dinero, a pesar del caso Irán el mercado se ha mostrado bastante indiferente. Los inversores estadounidenses se enriquecieron en US$ 6 B durante 2019, ¿deberían tomar ganancias?  El mercado está posicionado para crecer en 2020, aseguran los analistas y, según Bloomberg, dicen que la probabilidad de una recesión, en los próximos 12 meses, es de solo 30%.

Obviamente subieron un 4% las acciones en el área de defensa. Además, el acelerón tecnológico es innegable. El avión necesitó 68 años para alcanzar 50 M de usuarios, el automóvil 62, la televisión 22. Pero los móviles solo 12, Internet 7, Facebook 3. Destaca el comercio online, con Amazon y Alibaba. Según BoFAML, “la esperanza de vida aumenta rápidamente” y la clave está en “la medicina de precisión”, así las compañías del sector de la salud y la biotecnología tienen gran potencial.

Por cierto, Warren Buffett invierte en energía eólica US$ 30.000 M, pero “No lo haríamos sin el crédito estatal de producción”, confesó al FT. O sea, estos empresarios que son “la cara visible del capitalismo”, en rigor, son contrarios al mercado porque viven de privilegios a costa del impuesto que pagan los pobres. Fortunas exageradas como las de Buffet, Gates y Bezos -gracias a la estatista ley de copyright que crea monopolios- no son un producto natural del mercado.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

¿Vuelve el “segundo semestre”?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 29/10/19 en:  https://www.ambito.com/vuelve-el-segundo-semestre-n5062440

 

¿Vuelve el segundo semestre?

Va contra la naturaleza el que un cuerpo vivo no crezca, no existe semejante situación, si no crece muere. Es ley de la vida, del cosmos. Por eso, al decir Macri que debía esperarse el “segundo semestre” para crecer, sabíamos que íbamos mal. Una sana política económica, aliviando la represión fiscal sobre el mercado -sobre los millones de argentinos- desembocaría en un crecimiento inmediato, pero la racionalidad a los políticos no les entusiasma porque supone perder poder.
Así, ahora el presidente electo dice que “vendrán tiempos difíciles”, la nueva versión del “segundo semestre” macrista.
“Más de 300 empresas españolas, ante el fantasma de la expropiación de YPF” titulaba un artículo de El Economista de Madrid. Si Alberto Fernández gana, continuaba, para España, el segundo inversor extranjero directo después de EE.UU., no será un trago fácil de digerir: más de 300 empresas ibéricas… están expuestas al riesgo argentino… que después de la expropiación de YPF… suena demasiado alto…”.Pero, en realidad, los perdedores fueron otros. Cuenta Claudio Zuchovicki que, en 2014, se decidió resarcir a Repsol y comprar el 51% de sus acciones en YPF. Para ello se emitieron u$s6000 M de deuda. Ahora se pierde un juicio por u$s3000 M por cómo se hizo esa operación. O sea, los argentinos pagamos u$s9000 M, más intereses, por el 50% de una empresa que hoy vale la mitad.

Habrá que tener paciencia, continuaba el artículo, ya que, si bien la expresidenta para muchos españoles es un factor de espanto, lo cierto es que el peronismo ha tenido diferentes facetas en los 90, con Menem, grandes grupos españoles como Telefónica se hicieron de las compañías privatizadas y expandieron sus negocios. El récord de inversión fue en 2010, con el kirchnerismo cuando la cifra superó los €9.000 M (hoy es inferior a 6.000 M). Banco Santander -el principal banco extranjero del país-, BBVA, Codere, Indra, ACS y Mapfre son algunas empresas exitosas en tiempos de peronismo.

Macri, “la promesa conservadora” enamoró a los mercados, burócratas y presidentes del mundo, pero en los hechos, los números no cerraron. En 2018, por la devaluación principalmente, unas 30 cotizadas españolas perdieron unos €1.000 M. “Para nosotros, el riesgo es que siga Macri, no que pierda”, le dijo a El Economista un ejecutivo español.

Como sea, los inversores miran la restructuración de la deuda, cuál será el alcance del reperfilamiento y qué tan amigable será para el mercado. Hasta ahora, el futuro presidente habló de consensuar con los bonistas. Pero sería necesario concretar un mayor ajuste fiscal, y lograr un acuerdo con el FMI para ver cómo se estructurará la devolución del préstamo de u$s 57.000 M que debería comenzar en 2021.

Como buen banco multi estatal y a pesar de su fama promercado -“neo liberal”- el FMI es todo lo contrario y propondría una quita al sector privado que puede resultar más contraproducente que los u$s5400 que faltan desembolsar.

En 2020 el nuevo gobierno debería cubrir vencimientos por u$s63.000 M, equivalente al 14% del PBI. Un recorte del gasto, como están las cosas, sería pura cosmética, ya que, por ejemplo, en Seguridad Social (jubilaciones, pensiones, beneficios sociales) se va el 40% del gasto primario y se indexa por inflación pasada. En el futuro, habrá que ver cómo se soluciona esto, entre tanto, más que recortar el gasto, con mercados de crédito cerrados, la opción de financiarse pareciera orientarse hacia la emisión monetaria -inflacionaria- o la suba de impuestos.

Ambas alternativas serían nefastas y terminarían de sepultar al país. Los políticos deben comprender que la represión al mercado -a los millones de argentinos- con regulaciones y presión fiscal, como toda represión logrará el efecto contrario, destructivo. Aunque políticamente incorrecto, el camino sano es el de desregular fuerte de modo que el mercado pueda expandirse y vender propiedades para hacer frente a las deudas y gastos hasta que el Estado se equilibre.

Y hablando de represión -de regulaciones- uno de los dilemas será cómo manejar al dólar para no acabar las reservas. Seguir con el cepo -como todo lo que coarta la libertad que no es una desgracia sino una virtud- irónicamente aumentará la inflación. La errada idea de que la suba del dólar provoca inflación cuando, en el peor de los casos, vía passthrough incide un 40% en un aumento del IPC, no deja ver que a más represión mayor será el estallido y que, lo mejor, es dejar a los argentinos libres para decidir sobre la divisa hasta que encuentre un precio de equilibrio sano que evite la fuga y potencie las exportaciones.

Por cierto, según LCG, en el mediano plazo, el único alivio vendría de las exportaciones, que aumentarían cerca de 4% permitiendo acumular reservas, lo que podría descomprimir parte de la presión interna sobre los precios importando más.

En la medida en que aumenta el cepo aumenta el “dólar peluquero” -rulo, bucle, blue, etc- que, a falta de dólares oficiales, será el que verdaderamente produzca el passthrough y así, irónicamente, con las restricciones no se detendrá la fuga, aumentará más el IPC y será inflacionario porque todo esto contrae la producción y el consumo, es decir, cae la demanda de dinero a la vez que aumenta la emisión.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Un pasito hacia el sinceramiento

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 29/12/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/12/29/un-pasito-hacia-el-sinceramiento/

 

Dice la Escuela Austríaca de Economía, en mi opinión la más seria, que la inflación es la depreciación del signo monetario como consecuencia del exceso de emisión -de oferta- monetaria por sobre lo que demanda el mercado, en tiempo real. Esto del “tiempo real” es crucial y es lo que la diferencia de los neo keynesianos y la escuela clásica. Porque implica que, una vez producida la inflación, se disparan millones de decisiones -de millones de ciudadanos- imposibles de detener, para empezar, porque son imposibles de conocer.

O sea, una vez emitido el exceso, la inflación se instaló y, entonces, cualquier intervención de la autoridad monetaria solo puede agravar la situación, contra lo que opinan las otras escuelas. De aquí que las Lebac, al contrario de lo que dice el neo keynesianismo -lo mismo que la escuela clásica- hoy vigente, son inflacionarias porque las personas dejan de demandar dinero para invertirlo en estos papeles aumentando el spread con la emisión, en tiempo real.

Otra cosa es el IPC que popularmente se confunde con inflación y que no necesariamente coinciden: por razones estacionarias o circunstanciales algunos precios podrían aumentar provocando un aumento del IPC sin que esto fuera el resultado de la inflación. Por cierto, el cálculo del IPC es arbitrario según qué artículos se consideren y según quién y cómo se realice la encuesta.

Así las cosas, el gobierno anotó que las “metas de inflación” -la política anti inflacionaria del BCRA- perdieron credibilidad, como que es una teoría falaz, y no quiere correr el riesgo del estancamiento económico que conlleva la política “monetaria dura”. Más allá de demostrar que la independencia del BCRA siempre fue una falacia, y si bien están a años luz de una política sana, los nuevos anuncios acercan la cosa un pasito al bajar las tasas artificialmente fijadas por el BCRA, con fines “anti inflacionarios”, y que solo agravan la situación, amén de provocar un redireccionamiento artificial de capitales productivos hacia la bicicleta financiera.

Nadie tomaba como un número creíble el 10% más dos puntos de margen que el Banco Central había fijado como meta inflacionaria para 2018. De hecho, el Relevamiento de las Expectativas del Mercado (REM) que realiza el BCRA, pronosticaban una “inflación” del 16,6% para el 2018. Y, de hecho, esa cifra estaba en sintonía con la partida para los jubilados y pensionados que el propio Palacio de Hacienda suscribió en el proyecto de Presupuesto 2018. Por otra parte, las primeras paritarias que se van cerrando, en sectores como bancarios, apuntan al entorno del 20%.

Otro problema serio de la tasa artificialmente alta es que presiona el dólar hacia la baja. Al bajar las tasas, al contrario de lo que es creencia popular, un aumento del dólar podrá traer aumento de algunos precios -y quizás del IPC, según cómo se calcule- pero no de la inflación real que es solo exceso de oferta de pesos. Y estos precios que aumenten -mientras que todavía se están digiriendo las subas de gas, luz, combustibles y prepagas y el salto del 25% en el boleto que viene- pueden provocar un reacomodamiento en los hábitos de consumo, pero nada tienen que ver directamente con la inflación.

Probablemente, este sinceramiento del gobierno provoque una disminución en la inflación real desde que el gobierno se verá más presionado a desacelerar la brutal emisión monetaria que venía a un ritmo de más del 26% anual.

Sturzenegger no quiso dar mayores precisiones sobre qué ocurrirá con la tasa, pero el mercado financiero tuvo una reacción clara en el sentido de fuerte baja de la tasa de las Lebac en el mercado secundario que explicaron, en parte, el salto de 4,6% en pocas horas apenas conocidas las nuevas medidas.

Algunos, como Martín Redrado, creen que la modificación de la meta de inflación complicará a quienes tomaron un crédito hipotecario UVA, ya que encarecerá aún más la cuota vigente y aconsejó a los nuevos tomadores esperar hasta marzo o abril que es cuando la situación mejoraría. Lo que no está para nada claro.

Lo que sí queda claro es que la burbuja inmobiliaria que el gobierno creo -con la rentabilidad de los alquileres por debajo de cualquier inversión- se verá perjudicada porque es muy probable que los precios de venta de los inmuebles en moneda dura bajen. Y la construcción es hoy uno de los principales pilares del “crecimiento” económico, crecimiento que en apariencia podría verse perjudicado -según se mide el PIB- pero que en verdad mejorará… o caerá menos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Las Lebac son inflacionarias

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 20/11/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/11/20/las-lebac-son-inflacionarias/

 

Meses atrás el presidente del BCRA dijo que “En 2015, la tasa de expansión monetaria había llegado al 50% y nosotros la bajamos a 20%…”. O sea, si bajó la expansión monetaria y se aplicó una política -de tasas altísimas y emisión de Lebac- “anti inflacionaria” el aumento del IPC debería haber sido menor y, sin embargo, creció desde el 27% en 2015 al 40,9% en 2016, año en que la base monetaria creció 31,7% pero la inflación la superó en 9 puntos llegando a 40,9%. Esa diferencia tiene su origen en gran parte en las Lebacs y los pases.

Ya les gustaría a los políticos que las letras fueran anti inflacionarias, para poder emitir todo lo que quisieran para “reactivar” la economía -el sueño keynesiano- total después lo “neutralizan” absorbiendo billetes con la venta de papeles. De paso, aclaremos que el actual “crecimiento” de la actividad económica no es genuino sino inflado con deuda estatal… y los globos inflados corren serio riesgo de pincharse.

Pretender parar el aumento del IPC absorbiendo dinero post emisión es como matar a balazos a una persona y luego quitarle las balas: podrán decir que el cadáver no tiene balas, pero revivir no va a revivir. Sucede que la inflación es el exceso de emisión por sobre la demanda del mercado, en tiempo real, de modo que una vez emitido el exceso la inflación ya se instaló y no hay modo de neutralizarla: como dice la sabiduría popular, “los precios nunca bajan”.

Es que, una vez emitido el exceso, el mercado produce una serie de efectos, en tiempo real, que no pueden retrotraerse. Por ejemplo, los consumidores cambian sus hábitos, los empresarios su política productiva, etc. O sea, provocada la inflación, podría ocurrir que baje la producción ante una merma del consumo, entonces la demanda de moneda bajará compensando la absorción monetaria de las Lebac.

Ya en 1978 el gran economista Henry Hazlitt, decía que la inflación provenía como consecuencia del aumento en la cantidad de dinero y crédito. Las Lebac, al contrario de lo que pretende el gobierno, son doblemente inflacionarias: porque provocan una contracción de la demanda monetaria -ya que los inversores se quedan en estas letras- aumentando el spread con la oferta, y porque terminan reduciendo la producción real al desviar fondos hacia la bicicleta financiera.

El BCRA subió el martes pasado la tasa de Lebac, en línea con la de política monetaria tomada la semana anterior, y la ajustó al alza en 225 puntos básicos -la tasa a un mes de las letras- hasta 28,75%, convergiendo hacia la de pases cuya suba fue de 100 básicos hasta el mismo nivel.

Así, coherente con lo que venía operando en el mercado secundario, la tasa llega al máximo valor en lo que va del año, subiendo 650 puntos básicos desde los mínimos de abril cuando la de corto plazo era fijada en 22,25%. Aunque, la real, descontada la inflación, queda en los mismos niveles si consideramos las expectativas de inflación (23%), medidas por el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA.

Por cierto, no son datos menores el hecho de que vencían unos $380.000 millones de Lebac y se recibieron ofertas por unos $335.000 millones quedando $45.0000, y que el stock haya quedado en máximos históricos acercándose a la friolera de 1,1 billones de pesos, unos US$ 55.000 millones.

La consecuencia inmediata de la decisión del BCRA fue una retracción de la inversión genuina en pos de la bicicleta financiera, y la Bolsa tuvo un martes negro con un bajón del 4,1%, su peor caída diaria en cinco meses, aunque también influyó el temor de que un aumento impositivo. La otra consecuencia fue una caída del dólar, ya demasiado deprimido, alentando las importaciones contra la producción local. Y, con todo esto, el riesgo país, medido por el JP.Morgan, subía levemente hasta el rango de los 381 puntos básicos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.