Inversión, calidad institucional y multiplicador

Por Gabriel Boragina: Publicado el 23/10/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/10/inversion-calidad-institucional-y.html

 

Iremos viendo a continuación la importancia de la inversión, pero desde diferentes ángulos de estudio y en la opinión de distintos autores que se han preocupado de la misma, dado que este es un tema clave del análisis económico que tiene profundas implicaciones, sobre todo en materia de desarrollo y crecimiento. En este orden de ideas, existe una relación directa entre la llamada calidad institucional y la inversión:

“La calidad de las instituciones afecta directamente a los motores del crecimiento: la inversión y las innovaciones y esto, por supuesto, afecta la calidad de vida de las personas. La pobreza, al igual que la riqueza, está directamente relacionada con la calidad institucional, donde encontramos a los países más pobres ocupando las últimas posiciones en el Índice.”[1]

Se refiere al Índice de Calidad Institucional que elabora el autor de la cita. Se señala con notable acierto dos de los principales motores del crecimiento: la inversión por un lado y las innovaciones por el otro. Sin una o sin otro, o sin ambas a la vez va de suyo que los índices de pobreza se dispararán, como se observa en las economías atrasadas que tienen en común ser todas intervencionistas. Hay que aclarar que se asume en este Índice por calidad institucional una serie de instituciones entre las que desempeñan un papel relevante la propiedad privada, el respeto a las leyes que la protegen, como asimismo la libertad contractual que se relaciona directamente con aquella. Hacemos esta aclaración porque, desde una óptica estatista, podría definirse “calidad institucional” en sentido contrario, tema este que de momento no ocupará nuestra atención en este lugar.

“El vínculo entre calidad institucional y crecimiento económico está dado por el volumen de inversiones. Éstas incrementan la productividad total de los factores de producción, mejoran la competitividad de las economías y promueven un crecimiento económico sostenido. La calidad institucional reduce el costo de las inversiones, particularmente la incertidumbre sobre el retorno de la inversión o sobre la capacidad de poder recuperarlo. Por supuesto la calidad institucional no es el único elemento para que las inversiones se produzcan. Los inversionistas también consideran la demanda potencial del producto o servicio que piensan ofrecer, tanto sea en el mercado de destino o en otros mercados de exportación, como también la disponibilidad de recursos humanos y financieros.[2]

Resulta claro que en este pasaje el término “inversión” se utiliza como sinónimo de lo que el profesor Sabino ha definido como “gastos en bienes de capital o de producción”. Es decir, en su sentido estricto, y no en el más amplio que le dan otros autores, como Ludwig von Mises para quien la inversión -en rigor- consiste, más bien, en el destino que se le da al ingreso, y que -según nosotros- puede ser dirigido tanto hacia el consumo como al ahorro. Posiblemente, el significado de la palabra “inversión” como “gasto en bienes de capital” sea más preciso y menos ambiguo (además de ser el más difundido entre los economistas) pero, asimismo, describe con menos fidelidad –a nuestro juicio- la secuencia temporal y la dirección en que se mueve el ingreso. El Dr. Krause establece una relación vincular entre calidad institucional, crecimiento económico y volumen de las inversiones. Dice que el nexo entre la primera y el segundo está dado por el volumen de aquellas.

Cuando se refiere a que “La calidad institucional reduce el costo de las inversiones, particularmente la incertidumbre sobre el retorno de la inversión o sobre la capacidad de poder recuperarlo” está aludiendo a la vigencia irrestricta del derecho de propiedad, cuya garantía legal –seguridad jurídica mediante- asegura mediana o completamente (dependerá del grado de fuerza legal que tenga en el país a considerar) el retorno de la misma o -al menos- la posibilidad de recuperar ese retorno. Por eso se indica correctamente a la incertidumbre como un costo de la inversión, para lo cual este costo no depende exclusivamente de lo que aquí se llama calidad institucional, sino que el riesgo es un rasgo implícito en toda inversión formando parte esencial de su naturaleza.

No cabe ninguna duda que quien más ha contribuido a confundir, tanto la definición como el papel de la inversión en el mercado, no ha sido otro que J. M. Keynes con sus atrabiliarias “teorías”. Una de las más conocidas y populares es la del famoso “multiplicador” que tanto ha dado que hablar a los economistas. Un reconocido experto sobre J. M. Keynes (nos referimos a H. Hazlitt) se ocupó puntualmente de refutar todas y cada una de las ideas de J. M. Keynes:

“Henry Hazlitt explicaba así la idea del multiplicador: “Si por definición la renta de una comunidad es igual a lo que consume más lo que invierte, y si esa comunidad gasta en consumo nueve décimas pares de su renta e invierte una décima parte, entonces su renta ha de ser diez veces su inversión. Si gasta 19/20 en consumo y 1/20 en inversión, su renta ha de ser veinte veces su inversión y así ad infinitum. Estas proposiciones son verdad porque son distintas formas de decir lo mismo. Pero supongamos que tenemos un hombre hábil familiarizado con el uso de las matemáticas. Verá que, dada la fracción de la renta de la comunidad que se dedica a la inversión, la propia renta puede matemáticamente ser designada como una “función” de dicha fracción. Si la inversión es una décima parte de la renta, entonces la renta será diez veces la inversión, etc. A continuación, dando un salto mortal [introduciendo un camelo, diría un castizo], esta relación “funcional”, formal o meramente terminológica se confunde con una relación causa efecto. Seguidamente ponemos boca abajo la relación causal y surge la increíble conclusión que ¡cuanto mayor es la proporción de renta consumida y menor el porcentaje que representa la inversión, más tiene que “multiplicarse” esta inversión para crear la renta total!” Una conclusión absurda aunque necesaria de esta teoría es que una comunidad que consuma el 100% de su renta tendría un incremento infinito de su renta.”[3]

[1] Martín Krause. Índice de Calidad Institucional 2012, pág. 6

[2] Martín Krause. Índice de Calidad Institucional 2012, pág. 7

[3] José Ignacio del Castillo-“LA REFUTACIÓN DE KEYNES”. Revista Libertas 35 (Octubre 2001). Instituto Universitario ESEADE. Pág. 16-17

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

NO DESEARÁS EL INGRESO DE TU PRÓJIMO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 24/7/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/07/no-desearas-el-ingreso-de-tu-projimo.html

 

Realmente lamento que en este momento, donde los ultra-antikirchneristas saltan de alegría cada vez que encuentran una suma no declarada a un kirchnerista, tenga yo que volver a recordar, no solo que el problema del kirchnerismo NO es la corrupción (es más, eso fue nuestra salvación…) sino que el llamado delito de enriquecimiento ilícito es totalmente contrario al liberalismo clásico y a la tradición libertaria. La sociedad argentina particularmente se encuentra obsesionada por cada peso no declarado, por cada centavo que alguien no pueda “justificar ANTE EL ESTADO”,  con lo cual no hace más que ratificar su voluntad y mente socialista y totalitaria. Asi que me permito una vez más ser antipático.

La declaración sobre derechos humanos que TODOS los Lunes publico –redactada por mí y corregida por José Benegas- dice, en su punto 1: “….Toda persona tiene derecho natural al fruto de su propio trabajo, o a lo legítimamente heredado o donado sin fraude. Ello incluye al libre comercio”. A ver si lo aclaramos mejor: ¿cuál puede ser el origen de una suma de dinero? El propio trabajo, la donación, la herencia, los intereses de los mercados de capitales o…. El robo. Listo, no queda otra. Ahora bien, el delito es el robo. Y toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Por ende, si alguien piensa que otro robó, que lo acuse y que lo pruebe, de acuerdo a las normas del debido proceso.

Es POR ESO que el punto 3 dice: “….Ninguna persona tiene por qué declarar ante nadie sus ingresos, ni su origen o el destino.” ¿Por qué declarar ante el estado los ingresos? ¿No implica ello violar todo el debido proceso, y considerar a las personas culpables hasta que se demuestre lo contrario? ¿Por qué aclarar el origen de mis bienes? ¿No es toda persona inocente hasta que se demuestre lo contrario?

Y si la respuesta es: para controlar el pago del impuesto a la renta, ello implica no sólo que se considera que el fin justifica los medios, sino que no se ha reparado en la inmoralidad y en el daño económico del impuesto a la renta, que grava recursos que potencialmente podrían haber sido destinados a la inversión. Si se pregunta de dónde va a sacar el estado sus recursos, es que se olvidan dos cosas: uno, que sólo debería haber impuestos indirectos –dejando de lado ahora el tema del anarco-capitalismo-, y segundo, que la mayor parte de ingresos que reciben los estados actuales son para funciones indebidas y desproporcionadas. Debe bajarse el gasto público y por ende drásticamente la presión impositiva para favorecer de este modo el ahorro y la inversión, el único modo de salir de la pobreza generalizada.

Por ende lo lamento mucho por los macristas y demás argentimos obsesionados con las “obras públicas” y con el presupuesto de un estado cuyos ministerios, secretarías y subsecretarías son casi todos completamente inútiles, intervencionistas y violatorios de las libertades individuales. Están equivocados de base en su argumento para la necesidad del impuesto a la renta.

Una buena prueba de la impresionante inmunidad al liberalismo clásico que tienen los argentinos, es que la mayoría de los nuevos funcionarios del gobierno macrista aceptaron ejercer funciones en ministerios y secretarías que, como he dicho, sólo responden a la obsesión reglamentarista e intervencionista de un socialismo cultural. Que un kirchnerista acepte el ministerio del tomate, es coherente. Pero si no, hay que estar del tomate…

Por lo demás, obviamente que deben ser acusados y sometidos a debido proceso los funcionarios sospechados de robar fondos públicos, pero ello NO implica justificar un sistema impositivo y legal contrario a la sociedad libre y las libertades individuales.

Por que ese sistema es precisamente el que incentiva a NO declarar fondos privados legítimamente obtenidos, como un derecho a la legítima defensa ante un ROBO ejercido a la propiedad genuina. Instáurese una sociedad libre, con seguridad judírica, redúzcase drásticamente el gasto público y la presión impositiva, y ya verán cómo todos los bienes no declarados afuera volverán y NO como por encanto. Mientras tanto, se seguirán yendo: y NO es inmoral, lo inmoral es perseguir a quienes se defienden.

 

Lo lamento si con esto les arruino el modo favorito de “cazar kirchneristas”. Al Capone debería haber sido apresado por robo y asesinato. Que se lo haya condenado por la estupidez de no pagar impuestos de dudosa moralidad, fue una derrota para la sociedad libre.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Cervantes versus Maduro

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 26/4/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/cervantes-versus-maduro/

 

Las políticas intervencionistas tienen malos resultados, salvo en un campo en el que se defienden bastante bien: las ideas. Puede razonarse teóricamente y demostrarse empíricamente que el control de precios desemboca en la escasez de aquellos bienes que el poder pretende abaratar artificialmente mediante la coacción política y legislativa. Y, sin embargo, vemos esa estrategia estéril repetida una y otra vez desde el emperador Diocleciano hasta los sátrapas bolivarianos.

Dirá usted: lo que pasa es que los déspotas emprenden políticas antiliberales porque no saben economía. Sospecho que la cosa es bastante peor: no es que no sepan economía, sino que saben una economía que es simplemente basura. Sea como fuere, no es necesario estudiar economía para comprender que el poder es capaz de violentar libertades, pero le es mucho más difícil impedir las consecuencias de su intervencionismo.

Para entender que no se pueden fijar coercitivamente los precios por debajo de los costes de producción y al mismo tiempo contar con una oferta creciente no es necesario que Nicolás Maduro empiece a estudiar economía de verdad, y no la propaganda marxista que seguramente cultiva. Basta con que lea a Cervantes.

Berganza, uno de los perros del célebre Coloquio, explica a propósito del aprovisionamiento de Sevilla el funcionamiento del mercado: “Y como en Sevilla no hay obligado de la carne, cada uno puede traer la que quisiere, y la que primero se mata, o es la mejor o la de más baja postura, y con este concierto hay siempre mucha abundancia”.

Cervantes puede enseñarle mucho a Maduros. Concretamente, puede enseñarle que el abastecimiento depende crucialmente de que los mercados sean libres. Así explican Luis Perdices de Blas y John Reeder los excelentes resultados en Sevilla: “en el abasto de la carne no hay obligado, es decir, no hay una persona que abastezca de carne a la ciudad a un precio fijado con el ayuntamiento y, por lo tanto, que tenga el monopolio en la introducción de dicho producto”.

Si el déspota venezolano quiere leer un poco más, puede consultar el ensayo de estos autores, “Arbitrismo y economía en el Quijote”, incluido en L. Perdices de Blas y M. Santos Redondo eds.,Economía y Literatura, Madrid: Ecobook, 2006.

Los arbitristas, el tema que trató Jean Vilar, guardaban relación con los problemas económicos y hacendísticos de España: estos autores elevaban arbitrios o memoriales al Rey para allegar recursos y afrontar dificultades diversas. Prácticamente nunca proponían medidas liberalizadoras y casi siempre se inclinaban (ya entonces…) por aumentar los impuestos. Son criticados por ello en elQuijote, donde el barbero dice: “tiene mostrado la experiencia que todos o los más arbitrios que se dan a Su Majestad, o son imposibles, o disparatados, o en daño del rey o del reino”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El sueño de nuestros dirigentes

Por Gabriel Boragina. Publicado el 29/8/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/08/el-sueno-de-nuestros-dirigentes.html

 

“Suele hablarse, hoy en día, de «ingeniería social». Ese concepto, al igual que el de dirigismo, es sinónimo de dictadura, de totalitaria tiranía. Pretende tal ideario operar con los seres humanos como el ingeniero manipula la materia prima con que tiende puentes, traza carreteras o construye máquinas. La voluntad del ingeniero social habría de suplantar la libre volición de aquellas múltiples personas que piensa utilizar para edificar su utopía. La humanidad se dividiría en dos clases: el dictador omnipotente, de un lado, y, de otro, los tutelados, reducidos a la condición de simples engranajes. El ingeniero social, implantado su programa, no tendría, evidentemente, que molestarse intentando comprender la actuación ajena. Gozaría de plena libertad para manejar a las gentes como el técnico cuando manipula el hierro o la madera.”[1]

Creo que puede decirse que lo descripto arriba es no solamente el sueño de nuestros actuales dirigentes, sino el de muchos quienes aspiran a convertirse en tales, y que en una medida muy importante, nuestras escuelas y universidades educan a las nuevas generaciones con esta idea como objetivo. Es el error -a nuestro juicio- de quienes hacen excesivo hincapié en la necesidad de contar con líderes y dirigentes capaces, en lugar de educar a la gente para que cada ciudadano o habitante se transforme en un líder y/o dirigente más capaz de dirigirse a sí mismo y no tan preocupado en ver cómo puede lograr controlar y regir la plana de sus semejares. Volvemos a hacer énfasis en la educación, porque es en esta instancia donde se forjan los ideales dirigistas que harán creer -en su hora- a quienes reciben, ya sea activa o pasivamente, tales doctrinas que el destino del mundo de los demás esta “por completo en sus manos”. Sin embargo, los efectos prácticos del dirigismo suelen ser los que se señalan a continuación:

“Cierto es que, en la actualidad, al amparo de las situaciones creadas por el dirigismo, resúltales posible a muchos enriquecerse mediante el soborno y el cohecho. El intervencionismo ha logrado en numerosos lugares enervar de tal modo la soberanía del mercado, que le conviene más al hombre de negocios buscar el amparo de quienes detentan el poder público que dedicarse exclusivamente a satisfacer las necesidades de los consumidores .”[2]

Una situación que viene lamentablemente repitiéndose desde la lejana época en que estas palabras fueron escritas por vez primera hasta hoy. Como tantas veces hemos insistido, parece no percibirse en la actualidad que la corrupción -que tanto espacio ocupa en los medios periodísticos- es hija directa del intervencionismo estatal y no del capitalismo. Allí donde impera el primer sistema no puede subsistir el segundo, y esta es la situación del mundo actual, donde difícilmente puede prosperar quien quiera dedicarse a honestos negocios, porque -mas tarde o más temprano y en la medida de su éxito- caerá sobre él el gobierno para fiscalizar sus ganancias y tomar muy buena parte de ellas.

“Por Volkswirtschaft se entiende el complejo que forman todas las actividades económicas de una nación soberana, en tanto en cuanto el gobernante las dirige y controla. Es un socialismo practicado en el ámbito de las fronteras políticas de cada país.”[3]

Esta es -ni más ni menos- la situación que vivimos en nuestros días en el ámbito mundial si bien con diferentes grados y variantes. No existe prácticamente actividad alguna en que el gobierno no participe de un modo o del otro, controlando o dirigiendo, y por sobre todas las cosas impidiendo y estorbando a la gente trabajadora a progresar.

“Mientras subsista, por pequeño que sea, un margen de libre actuación individual, mientras perviva cierta propiedad privada y haya intercambio de bienes y servicios entre las gentes, la Volkswirtschaft no puede aparecer. Como entidad real, sólo emergerá cuando la libre elección de los individuos sea sustituida por pleno dirigismo estatal.”[4]

Como hemos dicho arriba, ese margen es cada vez más estrecho, ya que hasta en las actividades más domésticas el gobierno mete sus garfios para obtener ganancias derivadas de la actividad de los particulares. Inclusive la moderna tecnología ha permitido a los gobiernos inmiscuirse y controlar cada vez más y con mayor precisión a sus también cada vez más indefensos ciudadanos. Que ya poco de ciudadanos les queda, para haberse transformado directamente en reales súbditos del amo estatal. Muchos instrumentos el gobierno emplea para tal fin, pero algunos son más importantes que otros. Por ejemplo, el manejo de la moneda es crucial:

“Es indudable que la expansión crediticia constituye una de las cuestiones fundamentales que el dirigismo plantea.”[5]

A través de la misma el gobierno consigue un control amplio de los mercados y –a su turno- de las rentas y de los patrimonios de sus súbditos, al tiempo que distorsiona todos los indicadores económicos, entre ellos el fundamental: los precios. Lo que tendrá como inexorable consecuencia malas inversiones y posteriores pérdidas que culminarán perjudicando a toda la sociedad en su conjunto.

“Los intervencionistas, así como los socialistas no marxistas, por su parte, tienen interés no menor en demostrar que la economía de mercado es, por sí sola, incapaz de eludir las reiteradas depresiones. Impórtales sobremanera impugnar la teoría monetaria, toda vez que el dirigismo dinerario y crediticio es el arma principal con que los gobernantes anticapitalistas cuentan para imponer la omnipotencia estatal”[6]

Se trata de tergiversar las verdaderas causas de los ciclos económicos y sus inevitables y luctuosas consecuencias. Origen de los mismos que no se halla en otro lugar que en el intervencionismo económico, fruto este último que nuestros burócratas dirigistas jamás reconocerán, ya que cuando su sistema irremediablemente fracasa siempre encuentran al mismo culpable: el inocente capitalismo.

[1] Ludwig von Mises, La acción humana, tratado de economía. Unión Editorial, S.A., cuarta edición. Pág. 184

[2] L. v. Mises, La acción humana …ob. cit. pág. 476

[3] L. v. Mises, La acción humana …ob. cit. pág. 489

[4] L. v. Mises La acción humana …ob. cit. Pág. 493

[5] L. v. Mises La acción humana …ob. cit. pág. 837

[6] L. v. Mises La acción humana …ob. cit. Pág. 849

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

¿Estado “de bienestar” o capitalismo?

Por Gabriel Boragina. Publicado el 24/1/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/01/estado-de-bienestar-o-capitalismo.html

 

El capitalismo no tiene nada que ver con los gobiernos. Por ende, menos tiene que ver con gobiernos “de ricos o de burócratas”. Los gobiernos siempre están conformados por burócratas. Y los burócratas se hacen ricos gracias al poder del gobierno. Perennemente ha sido así, salvo honrosas excepciones. Por ello, es del todo incorrecto hablar de “gobiernos capitalistas” lo cual es una aberración ya que, por su propia naturaleza, los gobiernos son anticapitalistas en la medida que ninguno de ellos puede jamás producir absolutamente nada, y el capitalismo es un sistema de producción por encima de cualquier otra consideración.

La mayoría de las personas son ideológicamente anti-capitalistas en tanto que sostienen que “lo ideal” son modelos “intervencionistas”, “mixtos”, “híbridos”, etc., que combinen “lo mejor” del capitalismo y del socialismo. Más allá que no puede hallarse ninguna certeza empírica sobre qué cosa podría catalogarse como “lo mejor” del socialismo, yo no conozco ningún caso de “éxito” de economías “híbridas”, ni pasados ni presentes, aun cuando la mayoría de los planes económicos mundiales son de este tipo. Es decir si, son exitosos para sus burócratas, los directores al frente del gobierno y su corte de pseudo-empresarios prebendarios, pero no lo son para nadie que no forme parte de dicho círculo. A partir de la “hibridez”, el nivel de vida de esos pueblos cayó en comparación al que tenían a comienzos del siglo XX. En lo que el capitalismo se respeta, pueden mostrar algunas variables positivas. Pero el balance neto es regresivo. Altas tasas fiscales son negativas respecto del nivel de vida de esos pueblos.

Se mencionan -como “modelos”- los casos de los países nórdicos, o de Europa occidental y los denominados “tigres asiáticos” como “ejemplos” de casos “exitosos” de intervencionismo económico o “mixto”. Si por “éxito” lo que se quiere decir -en este contexto- es “riqueza”, los datos de la historia económica nos revelan que aquellos eran mucho más ricos antes de la primera guerra mundial de lo que lo son hoy. La diferencia radica en que desde el fin de la primera guerra ha avanzado mucho el socialismo. En términos relativos, son menos ricos, aun cuando estén por encima de los países hispanoparlantes. En Latinoamérica existe más socialismo que en Europa y que en U.S.A. Por eso, es comparativamente más pobre, a pesar de sus criollos esquemas “híbridos” que los hunden más en la indigencia. En Argentina, la tasa de fiscalidad gira en torno al 45 % y cada vez hay más necesitados.

En esta línea, el “éxito” de los países europeos occidentales, los nórdicos, y asiáticos, radica en que son mas capitalistas que “híbridos”, y no a la inversa. No hay un solo caso de “hibridez” exitoso. Después de la segunda guerra mundial Europa recibió un fuerte impulso económico en virtud del denominado Plan Marshall de postguerra, lo que permitió -en gran medida- la recuperación alemana y de las demás naciones devastadas por la contienda. Los fondos del “plan Marshall” fueron provistos por los contribuyentes de un país con una economía mayormente capitalista (los EEUU). Y si bien fueron otorgados a Europa por el gobierno americano, no quita su origen capitalista (capitales privados).

Lamentablemente, la inyección de capitales recibidos en Europa en virtud de dicho plan no fue adecuadamente aprovechada por los países recipiendarios, en la medida que se reemplazó el fascismo y nazismo por el “estado benefactor” o “de bienestar”, no se abandonó el comunismo, ni se implantó una economía capitalista en ninguno de los países que habían estado involucrados en la conflagración. Con todo, se logró un restablecimiento importante que superó el de otras partes del mundo (exceptuando a los EEUU). Pero sería un gravísimo error creer o atribuir al intervencionismo o a la hibridez económica la reconstrucción. Por el contrario, esta se obtuvo merced a la adopción de cierto libre comercio (interno y externo) fuertes desregulaciones de precios y salarios, bajas tasas fiscales, reducción del gasto público, etc. Es decir todas medidas capitalistas.

El gobierno destruye riqueza. Jamás la crea, ni menos aun la “nivela”. En el mejor de los casos, le quita a “Juan” para darle a “Pedro”. Con lo cual, “Juan” pasa a ser pobre y “Pedro” rico. Es decir, es “un juego de suma cero”. La redistribución (esencia del “paradigma mixto” en el que el capitalista produce lo que el gobierno reparte) no crea riqueza. A lo máximo la estanca, pero no la aumenta. Pretender lo contrario es un oxímoron. Argentina es otro ejemplo de país con una alta tasa de redistribucionismo, y a la vez una tasa creciente de pobreza. El resto de Latinoamérica no está en condiciones demasiado diferentes.

Relativo a las populares políticas redistributivas, lamentablemente, la historia no confirma la “tesis” en cuanto a que “quitarle al rico mejora al pobre”. Tanto la teoría como la práctica nos dicen lo contrario. Hay suficiente evidencia empírica al respecto.

El capitalismo nada tiene que ver ni con la “autocracia” ni la “corporatocracia”, porque son antiéticos estos esquemas con el capitalismo. Como explicó L. v. Mises: el capitalismo es el orden de cooperación social por excelencia, no superado por ninguno otro. El capitalismo no es un sistema político, sino económico.

Por desgracia, quedan pocos países capitalistas hoy en día. Y cada vez menos. Y no subsisten porque tengan “políticas públicas” socialistas, sino a pesar de ellas. Argentina es otro ejemplo de país con “políticas públicas” por toneladas. Y ¡cada vez es más pobre! EEUU declina en la medida que aumenta la cantidad de “políticas públicas”. Y así sucede en el resto del planeta. Es una relación proporcionalmente inversa.

Nada hay “gratis” en la vida. Ni educación, ni seguro médico, ni seguro de desempleo, ni vivienda, ni préstamos. Todo tiene un costo. Nada es gratis. Seria hermoso que hubiera algo “gratis”. Pero no existe. Todo eso se financia vía impuestos que pagan todos, ricos y menesterosos. Ninguno se salva de pagar impuestos. Hasta el mendigo de la calle los paga vía menor nivel de vida. Nadie se escapa de sufragar directa o indirectamente. Lo que no paga “Juan” es porque lo costeó “Pedro”. Y lo que “Pedro” no solventó es porque “Juan” lo pagó. Ni Juan ni Pedro lo recibieron “gratis”. Esto es una ley de la naturaleza, más que de la economía.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.