Caen la pobreza y el relato populista

Por Iván Carrino. Publicado el 5/4/18 en: http://www.ambito.com/917252-caen-la-pobreza-y-el-relato-populista

 

La semana pasada, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Argentina publicó los números de la pobreza.

Luego de años de cifras poco confiables, producto de la manipulación de los datos de inflación, el INDEC hoy tiene recuperada gran parte de su credibilidad. El miércoles divulgó una caída en la tasa de pobreza, que pasó del 30,3% a fines del año 2016, al 25,7% del segundo semestre de 2017.

Al mirar la foto, lo divulgado por el INDEC no es para festejar. Una de cada cuatro personas en el país vive por debajo de la línea de pobreza. Es decir, que no tiene ingresos suficientes para alcanzar una Canasta Básica de bienes y servicios.

Si uno observa la película, sin embargo, la buena noticia es que, antes, este número era aún peor.

• Datos que incomodan algunos relatos

Una vez conocida esta nueva realidad, gran parte de los opinadores de televisión, periodistas progresistas y líderes de partidos de izquierda, comenzaron, o bien a ponerle reparos a la metodología utilizada, o bien a rechazar directamente la información.

Uno puede detectar aquí el cinismo de estos opinólogos. Es que cuando durante el segundo trimestre de 2016 el INDEC reveló que la pobreza era de 32,2%, ninguno dudó en fustigar al gobierno porque sus políticas “neoliberales” y “de derecha” habían empobrecido a la gente.

Curiosamente, cuando el dato refleja una caída de 4,6 puntos, se multiplican los planteos acerca de si la línea de pobreza no será arbitraria, si realmente representa a una persona pobre, y si debería o no incluir el costo de un alquiler, el seguro del auto, o la compra de bombitas de luz en el almacén del barrio de la esquina de mi casa.

• “Andá al Supermercado”

La polémica por los números me llevó a debatir con un hombre que estaba indignado por lo mucho que su señora había gastado en una compra en el supermercado.

“Mi mujer gastó casi $ 8 mil en llenar el changuito del supermercado. Está bien, yo vivo en una zona acomodada del partido de Tigre, pero a mí no me podés decir que una familia no es pobre porque ingresa más de $ 17 mil.”

El error en esta argumentación tal vez no salte fácilmente a la vista. Pero, precisamente, la “línea de la pobreza” busca identificar un número que, si es superado, permita a una familia sencillamente no ser considerada pobre. Está claro que estar por encima de ese umbral no equivale a poder vivir en una zona acomodada del partido de Tigre.

He aquí la gran contradicción de algunos que, con su mirada de burbuja sobre la vida, luego andan acusando al resto de “no salir a la calle”, “no ir al supermercado” o “no tener contacto con la realidad”.

¿Quién tiene más contacto con la realidad, me pregunto: aquél que sostiene que como su gasto es de $ 50 mil por mes, la línea de pobreza en $ 17 mil por hogar debe estar manipulada; o quien entiende que, precisamente, la línea de la pobreza está muy lejos de representar un ingreso “razonable” para una persona que vive en los círculos acomodados de una de las ciudades más ricas del país?

Sin sorpresas, este mismo hombre afirmaba que nadie podía sentarse a comer en un restaurante sin pagar menos de $ 700 por persona.

¿Quién tiene menos contacto con la realidad: los números del Instituto Nacional de Estadísticas, o nuestros opinólogos falsamente solidarios con los que menos tienen, pero que creen que no se puede comer en ningún lado por menos de $ 700?

• “Recorran los barrios”

Otro de las estrategias cliché a la hora de no admitir la realidad es la siguiente.

Toda vez que alguien diga que bajó la pobreza, el medio de comunicación o el político en cuestión, pondrán una cámara dentro de un barrio carenciado, merendero, o alguna parroquia que asista a la gente que sufre necesidades.

“¿Dónde bajó la pobreza? Mentira, mentira, miren cómo vive esta gente”, argumentarán, utilizando así a los pobres para su propia causa política o de negocios.

La falacia aquí es más evidente y grosera.

En un país con 10 millones de personas bajo la línea de la pobreza, y con 4,8% de personas viviendo en la indigencia (con menos de $ 72 diarios en la Provincia de Buenos Aires), es obvio que siempre va a existir la posibilidad de encontrar algún lugar que la esté pasando muy mal… ¿Pero de qué manera es eso una refutación de los datos?

La falacia es análoga a tratar de contradecir la idea de que hay 25,7% de personas pobres en Argentina, mostrando una cena de 10 empresarios millonarios y argumentar, en base a ello:

“No ve la riqueza que hay aquí, ¿cómo va a haber 25,7% de pobres?”.

Sí, así de ridículo.

La pobreza en Argentina es elevada. En los países desarrollados, utilizando nuestra misma vara de medición, los niveles no superan el 8%.

En este sentido, uno bien podría discutir si no hay todavía mucho para mejorar. También podría discutir si la mejora que mostraron los datos del INDEC no podrá ser revertida por políticas erróneas en el futuro cercano…

Todos estos debates son más que válidos y bienvenidos.

Pero seguir discutiendo los números, como si viviésemos en la época del kirchnerismo, o hacerlo desde la estrecha óptica de la realidad de un “hippie con OSDE” es poco serio, extremadamente ignorante, y de enorme deshonestidad intelectual.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La ley antidespidos aumentará el desempleo

Por Iván Carrino. Publicado el 30/4/16 en: http://www.ivancarrino.com/la-ley-antidespidos-aumentara-el-desempleo/

 

Como siempre sucede con estas iniciativas, el resultado será totalmente contrario al esperado.

En Argentina no existen estadísticas oficiales. El Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que dejó de gobernar el 10 de diciembre del año pasado, intervino el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos con el objetivo de disfrazar la cruda realidad que se vivía en el país en materia de inflación, crecimiento económico y pobreza.

En términos de empleo, los datos siempre mostraron buenos resultados. El último informe publicado mostró un 5,9% de desocupación, el guarismo más bajo en 28 años. Dudosa credibilidad.

En la actualidad, el INDEC está en proceso de reconstrucción, por lo que no hay datos oficiales de desempleo. Lo que sí hay, sin embargo, son datos de la evolución del empleo en el sector privado, provistos por el Ministerio de Trabajo, que revelan que la situación tiene un estancamiento desde hace al menos cinco años.

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Otro dato relevante lo ofrece el Fondo Monetario Internacional, que prevé que el desempleo en Argentina trepará a 7,8% en 2016 y luego se reducirá a 7,4% en 2017. No es un dato para alegrarse, pero nada parecido a una crisis o emergencia ocupacional.

Sin embargo, algunos políticos y comunicadores se empeñan en repetir que el país está atravesando una profunda crisis del mercado laboral, con una ola de despidos que parece crecer día a día y hora tras hora.

En respuesta a ello, el Senado le dio media sanción a una ley “antidespidos” que prohibirá los despidos sin causa por seis meses, también las suspensiones, e impondrá dobles indemnizaciones para cada empleado que deba ser desafectado de la plantilla.

Ahora bien, como siempre sucede con estas iniciativas, el resultado será totalmente contrario al esperado. Finalmente, de aprobarse esta legislación, el desempleo, lejos de caer, subirá.

A ningún empresario le gusta despedir empleados. Después de todo, despedir a una persona (si no es por cuestiones de desempeño personal estrictamente) refleja que la situación económica de la empresa es delicada y que necesita hacer un ajuste para intentar sobrevivir.

Lo más deseable para el empresario, entonces, es contratar, no despedir personal.

En este marco, si una empresa se ve en la necesidad de despedir a un trabajador, lo mejor que puede pasar es que esa decisión sea tomada con el mínimo de restricciones posibles. Es que si lo contrario sucede, y el costo de despedir se eleva o directamente se transforma en una violación a la ley, la decisión que tendrá que tomar el empresario será la de cerrar su fábrica.

El resultado, finalmente, será no sólo que la ley no pudo evitar el despido de esa persona en particular, sino que terminó generando el desempleo de todos los trabajadores de la empresa. Un verdadero “tiro por la culata”, como suele decirse.

Los mercados libres se caracterizan por lo que Joseph Schumpeter definió como “destrucción creativa”. En ese proceso, abren las puertas nuevas empresas y cierran otras todo el tiempo. Sin embargo, el resultado no es el masivo desempleo, sino la continua mejora de los procesos productivos y el aumento de la producción de los bienes y servicios que consumimos.

A la vez, se terminan generando nuevos puestos de trabajo y mayores salarios reales.

Prohibir despidos, encarecerlos y dificultar los procesos de mercado no sólo es malo para las empresas, sino que también es directamente perjudicial para todos los trabajadores a quienes supuestamente se quiso beneficiar en primer lugar.

En conclusión, prohibir los despidos generará desempleo. Por tanto, la medida no protege, sino que destruye las fuentes de trabajo. Lo mejor que podemos hacer en esta coyuntura es cuidarnos de las “buenas” propuestas de ciertos legisladores y recordar que de buenas intenciones está lleno el camino al infierno.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El crecimiento del empleo público en la Argentina kirchnerista

Por Ricardo Lopez Göttig: Publicado el 13/6/14 en: http://www.infobae.com/2014/06/13/1572792-el-crecimiento-del-empleo-publico-la-argentina-kirchnerista

 

El próximo gobierno, sea cual fuere su signo político, asumirá en diciembre del 2015 con un fortísimo incremento en la planta de efectivos estatales, no sólo a nivel de la Nación sino también de las provincias.

Impulsados por la mayor cantidad de recursos disponibles debido al auge exportador de commodities que se vive en varios países de América del Sur, la administración federal de Argentina y los gobiernos provinciales y municipales incorporaron más empleados, partiendo del supuesto de que la bonanza no tendrá fin ni altibajos. Por ejemplo, de acuerdo a los datos del presupuesto nacional, al asumir la presidencia Néstor Kirchner en el año 2003 había un total de 266.165 empleados permanentes y temporarios (administración central, organismos descentralizados e instituciones de seguridad social), pasando a un total de 377.225 en el 2014.Es sumamente probable que este incremento del número de asalariados en el sector público no sólo obedezca a razones de simpatía política y premio a la militancia partidaria, sino también un modo de encubrir el desempleo en la Nación, provincias y municipios. Aquellos que aspiren a formar el próximo gobierno deben estudiar cuáles son los desincentivos para la creación de empleo en el sector privado, así como las trabas que tenga la iniciativa empresarial para invertir y desenvolverse.

El próximo gobierno de la República Argentina, sea cual fuere su signo político, asumirá en diciembre del 2015 con un fortísimo incremento en la cantidad de empleados públicos. Este fenómeno no se circunscribe a la administración federal, ya que los gobiernos provinciales y municipales también se han sumado a esta ola. Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTEySS) exhiben cifras diferentes, pero en todas ellas queda en evidencia un alto porcentaje de empleados en el sector público. Como se expondrá en este artículo, el porcentaje de asalariados en el sector público está por encima del promedio de los países miembros de la OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, o bien duplica al de países altamente desarrollados. Mientras la tendencia de los gobiernos de varios países miembros de la OCDE –en particular los que están en la Unión Europea- es a la reducción del porcentaje del empleo público para disminuir el gasto estatal por su peso abrumador sobre los contribuyentes, el rumbo de las administraciones de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner ha sido el opuesto.

Según lo expuesto en el Boletín de Estadísticas Laborales del Ministerio de Trabajo, de julio-diciembre del 2012(1), elaborado a partir de indicadores de diversas fuentes, desarrollados por ese ministerio y por el INDEC, en el cuarto trimestre del 2011, la población económicamente activa (PEA) era de 16.884.000 personas, de las cuales el 93,6% estaban ocupadas (15.805.000). De los ocupados, en el sector privado trabajaba el 81,7% (12.910.000), en tanto que el sector público era el 17,6% (2.781.000), comprendiendo los tres niveles: nacional, provincias y municipios. El citado estudio no precisa cuántas personas se hallan en cada uno de los tres niveles del Estado, cómo se distribuyen en la geografía argentina o cuáles han sido sus fuentes de información. El boletín del MTEySS sólo aporta ese número y es minucioso únicamente al abordar el empleo en el sector privado por provincias, sectores y rubros.

No obstante, podemos hallar otra cifra, mayor que la anterior: de acuerdo al empleo asalariado registrado en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), en el año 2012 se registraban 3.428.729 empleados en el sector público (2). Esto significa que un tercio de los asalariados en Argentina se hallaba en el sector público durante el año 2012, de un total de 9.778.000 en ese trimestre. Si tomamos la cifra de 15.805.000 personas ocupadas registrada en el Boletín de Estadísticas Laborales, las cifras del SIPA nos indicarían que el 21,6% de los empleados está en el sector público.

 

Ricardo López Göttig es Profesor y Doctor en Historia, egresado de la Universidad de Belgrano y de la Universidad Karlova de Praga (República Checa). Es Profesor titular de Teoría Social en la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.