En épocas de monedas privadas virtuales, Hayek comenta cómo manejaría una si fuera un banquero suizo emitiendo

Por Martín Krause. Publicado el 13/12/17 en: http://bazar.ufm.edu/epocas-monedas-privadas-virtuales-hayek-comenta-manejaria-una-banquero-suizo-emitiendo/

 

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar. Se suele pensar que la provisión de dinero es un ‘bien público’, una función indelegable del Estado. ¿De dónde salió eso? El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

En esta oportunidad, comenta cómo podría ser la introducción de nuevas monedas privadas:

“PUESTA EN CIRCULACIÓN DE DINERO FIDUCIARIO PRIVADO

Supondré, durante el resto de la discusión, que sería posible crear distintas instituciones en diversas partes del mundo con libertad de competir en la emisión de billetes e igualmente en la administración de cuentas corrientes denominadas en la unidad emitida por ellas. Llamaré a estas instituciones simplemente “bancos” o “bancos emisores” cuando sea necesario distinguirlos de otros bancos que prefieren no emitir moneda. Supondré también que el nombre o la denominación que el banco elija para su emisión será protegida, como cualquier marca comercial, del uso indebido y que tendrán la misma protección contra la falsificación que cualquier otro documento. Estos bancos competirían entre sí para que el público utilice su moneda intentando hacer que su uso sea lo más fácil posible.

El “ducado” privado suizo

Puesto que los lectores se preguntarán cómo pueden esas emisiones llegar a ser aceptadas como dinero, la mejor forma de comenzar la explicación es probablemente describir cómo actuaría, digamos, yo, si estuviera al frente de uno de los más importantes bancos suizos. Suponiendo que fuera legalmente posible (lo que no he examinado), anunciaría la emisión de certificados o billetes sin interés y mi disposición para abrir cuentas corrientes a nombre de clientes en términos de una unidad con un nombre comercial registrado, por ejemplo, “ducados”. La única obligación legal que yo asumiría sería la de convertir estos billetes en depósitos a la vista, a opción del tenedor, por 5 francos suizos, o 5 marcos alemanes, o 2 dólares por “ducado”. Este valor de conversión sería solamente un mínimo por Puesta en circulación de dinero fiduciario privado debajo del cual no podría descender el valor de mi unidad, ya que al mismo tiempo anunciaría mi intención de regular la cantidad de “ducados” para mantener su poder adquisitivo (en términos de una cesta de bienes perfectamente definida) lo más constante posible.

Explicaría también al público que era consciente de que solamente podría esperar mantener los “ducados” en circulación si cumplía las expectativas de que su valor real se mantendría aproximadamente constante. Por otra parte, afirmaría mi intención de declarar periódicamente el bien con relación al cual pretendía mantener constante el valor del “ducado”, aunque me reservaría el derecho de alterar la composición del bien patrón, según me lo indicaran los dictámenes de la experiencia y de las preferencias del público.

Sin embargo, sería preciso, evidentemente, aunque pueda parecer innecesario o indeseable, que el banco emisor se comprometiera legalmente a mantener el valor de su unidad; que dicha entidad especificara en sus contratos de préstamo que cualquier crédito podría ser reintegrado tanto en la cifra nominal de su propia moneda como por cantidades correspondientes de cualquier otra moneda suficiente, ya fuere la una o las otras, para comprar en el mercado el bien equivalente que, en el momento de efectuarse el préstamo, se había utilizado como patrón. Dado que el banco tendría que emitir su moneda fundamentalmente a través del crédito, los futuros prestatarios podrían desanimarse por la posibilidad formal de que el banco incrementara de forma arbitraria el valor de su moneda y habría que garantizarles contra esta posible contingencia.

Estos billetes o certificados y sus respectivos créditos contables quedarían a disposición del público mediante préstamos a plazo corto o mediante venta por otras monedas. Gracias a la opción ofrecida, las unidades se venderían desde el principio con prima por encima del valor de cualquiera de las monedas en las que fueran convertibles. La prima aumentaría en la medida en que las monedas gubernamentales continuaran depreciándose (y la existencia de una alternativa estable seguramente aceleraría el proceso), la demanda de moneda estable aumentaría rápidamente y pronto surgirían empresas competidoras para ofrecer unidades similares con distinto nombre.

La venta (en ventanilla o por subasta) sería inicialmente la forma principal de emisión de la nueva moneda. Después de la formación de un mercado regular, el “ducado” se emitiría normalmente sólo en el curso de operaciones bancarias, esto es, por préstamos a corto plazo.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Ley de Gresham: el dinero malo sustituye al bueno. Para Hayek no se deduce de ello el monopolio del estado en la moneda

Por Martín Krause. Publicado el 28/9/17 en: http://bazar.ufm.edu/ley-gresham-dinero-mal-sustituye-al-bueno-hayek-no-se-deduce-ello-monopolio-del-estado-la-moneda/

 

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar. Se suele pensar que la provisión de dinero es un ‘bien público’, una función indelegable del Estado. ¿De dónde salió eso? El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

En esta oportunidad, comenta sobre la famosa Ley de Gresham:

“LA CONFUSIÓN SOBRE LA LEY DE GRESHAM

Según la llamada “Ley de Gresham”, el dinero de mala calidad expulsa de la circulación al de buena calidad, que se atesora. Sin embargo, quienes deducen de tal tendencia del dinero malo a sustituir al bueno que es necesario el monopolio estatal de emisión de moneda no entienden la Ley de Gresham. El distinguido economista W. S. Jevons la expresó más científicamente diciendo que un dinero mejor no es capaz de expulsar al peor, y lo hizo precisamente para demostrar la necesidad de ese monopolio. Es cierto que entonces discutía una proposición del filósofo Herbert Spencer para permitir la libre competencia en la acuñación de oro, en un momento en que las únicas monedas que se contemplaban eran las de oro y plata. Quizás Jevons, conducido a la economía por su experiencia como tasador en una casa de moneda, creía aún menos que sus contemporáneos en general en la posibilidad de otro tipo de monedas.

A pesar de ello, su reacción ante la propuesta de Spencer le llevó muy lejos. Describió así lo dicho   por Spencer: “De la misma forma que confiamos en el tendero para que nos suministre libras de té y en el panadero para que nos proporcione hogazas de pan, podríamos confiar en Heaton e Hijos o cualquier otra compañía emprendedora de Birmingham para la provisión de soberanos y chelines a su propio riesgo y beneficio”1. Ello le condujo a la declaración categórica de que generalmente, en su opinión, “nada hay que menos convenga dejar a la acción de la competencia que el dinero”.

Es quizás significativo que incluso Herbert Spencer no contemplara más posibilidad que la de permitir a la empresa privada que produjera el mismo tipo de moneda que el gobierno, a saber, monedas de oro y plata. Parece haber creído que eran los únicos tipos de moneda que podían tomarse en consideración razonablemente, y que, en consecuencia, habría por fuerza tipos de cambio fijos (esto es, 1 : 1 si eran del mismo peso y ley) entre el dinero del gobierno y el privado. En este caso, la Ley de Gresham operaría si algún productor suministrara un material de peor calidad. Está claro que lo anterior estaba en la mente de Jevons, ya que justificó su condena de la propuesta sobre la base de que, “mientras en otras cuestiones todo el mundo, llevado por su propio interés, elige lo mejor y rechaza lo peor, en el caso del dinero parece que, paradójicamente, retiene el peor y se deshace del mejor”.

Lo que Jevons, como muchos otros, no tuvo en cuenta o consideró no ser del caso es que la Ley de Gresham es aplicable sólo a diferentes clases de moneda que sólo pueden cambiarse entre sí a un tipo de cambio impuesto por la ley4. Si la ley define a dos tipos de dinero como sustitutos perfectos para el pago de deudas y obliga a los acreedores a aceptar una moneda de menor contenido de oro en lugar de otra de mayor contenido, los deudores, naturalmente, pagarán sólo con la primera y se reservarán la segunda para mejor uso.

Sin embargo, si los tipos de cambio fueran variables, el dinero de inferior calidad se valoraría a una cotización menor, y especialmente si amenazara con disminuir aún más de valor, la gente intentaría deshacerse de él lo antes posible. El proceso de selección continuaría en favor de lo que se considera como el mejor tipo de dinero emitido por las diversas entidades y desplazaría rápidamente al considerado inconveniente o sin valor5. De hecho, en todos los equitativa de su cantidad mediante una ley establecida, y las consecuencias negativas recaen más sobre el público que sobre el emisor.” Es obvio que Loyd sólo consideraba la posibilidad de que entidades diferentes emitieran la misma moneda, no que monedas de diferente denominación compitieran entre sí.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Hayek teorizó sobre la competencia de monedas privadas y pocas décadas después el bitcoin y las criptomonedas lo confirman

Por Martín Krause. Publicada el 17/8/17 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/08/17/hayek-teorizo-sobre-la-competencia-de-monedas-privadas-y-pocas-decadas-despues-el-bitcoin-y-las-criptomonedas-lo-confirman/

 

Con los alumnos de la materia Proceso Económico II vemos la propuesta de Hayek sobre la banca libre y la competencia de monedas y luego el desarrollo del Bitcoin que parece conformarse a tales ideas. Aunque vemos otros textos, en su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar, o en Europa cuando se plantea la potencial salida de Grecia del Euro. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

Hayek5

“Si vamos a considerar seriamente la utilización de diversas valutas concurrentes para su aplicación inmediata en un área limitada, es evidentemente deseable investigar las consecuencias de la aplicación general del principio sobre el que se basa esta propuesta. En el caso de que se aboliera —dentro del territorio de un país— el uso exclusivo de una sola moneda nacional emitida por el gobierno, hallándose permitida la circulación de monedas emitidas por otros gobiernos, se plantearía la cuestión de si no sería más conveniente suprimir el monopolio gubernamental de emisión monetaria, permitiendo que la empresa privada ofreciera al público otros medios de cambio que éste pudiera preferir.

Actualmente, los problemas que plantea esta reforma tienen un carácter más teórico que los planteados por mi anterior propuesta [que las monedas de los distintos países europeos fueran aceptadas en los otros, en lugar de tener una moneda única como el euro], toda vez que esta sugerencia más extrema resulta todavía demasiado extraña al público para poder ponerse en práctica. Ni siquiera los expertos conocen suficientemente la problemática que surgiría La generalización del principio subyacente para poder hacer predicciones seguras sobre las consecuencias de dicho plan. Es evidente, sin embargo, que no es necesaria ni ventajosa la incuestionable y universalmente aceptada prerrogativa del gobierno de producir el dinero. De hecho, puede resultar perjudicial y su eliminación constituiría un gran avance, dando paso a repercusiones altamente beneficiosas. No es demasiado pronto, por tanto, para comenzar el debate. Aunque el plan no pueda ponerse en práctica mientras el público no esté mentalmente preparado y continúe aceptando sin críticas el dogma de la necesidad del privilegio gubernamental, tal circunstancia no debe ser un obstáculo para el estudio de los fascinantes problemas teóricos que plantea este proyecto.

Los economistas no han discutido la competencia entre monedas

Increíblemente, la competencia entre distintas valutas no ha sido examinada en serio hasta hace muy poco. En las publicaciones relativas al tema no se cuestiona la creencia universal de que el monopolio del gobierno en orden a la emisión monetaria es indispensable, ni tampoco se explica si esta creencia se deriva simplemente del postulado según el cual en un territorio dado sólo puede haber un tipo de moneda en circulación —lo que podía parecer una ventaja cuando se trataba de elegir entre el oro y la plata como posibles tipos de dinero—. Tampoco encontramos respuesta a la pregunta de qué sucedería si se suprimiera el monopolio y si el suministro de dinero se realizara mediante la competencia entre entidades privadas que proporcionaran distintas divisas. La mayoría de la gente piensa que la propuesta de que el dinero lo emitan empresas privadas significa que todas deben emitir el mismo (en dinero fiduciario, token money, esto equivaldría simplemente a una falsificación) en lugar de distintos tipos de dinero claramente diferenciabas por diversas denominaciones y entre los cuales el público pudiera elegir libremente.

 

 

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Gasto público: enemigo del crecimiento económico

Por Iván Carrino. Publicado el 1/6/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/06/01/gasto-publico-enemigo-del-crecimiento-economico/#.WTAbyCGSXX4.facebook

 

Suele argumentarse que el mayor gasto del estado estimula la demanda y, con ella, el crecimiento de la economía. Esta teoría se choca con la realidad.

Imaginemos que tenemos un primo lejano. Nuestro primo vive a 5 mil kilómetros de distancia, pero se da la particularidad que se apropia del 50% de nuestros ingresos y es el encargado de realizar el 50% del gasto de nuestro hogar.

Viviendo tan lejos, y con poco interés en que nuestra calidad de vida mejore, los resultados esperables de tal esquema son fáciles de predecir. El hogar tendrá problemas de mantenimiento y nosotros estaremos bastante desmotivados para producir, sabiendo que hay que mantener a este primo bobo que vive de nosotros.

Algo similar ocurre con el estado.

El gobierno toma dinero del sector privado y gasta buscando supuestamente generar bienes públicos. Desde el punto de vista keynesiano, este sistema es beneficioso para la economía, puesto que el gasto estimula la demanda y eso genera crecimiento económico por la vía del famoso “multiplicador”.

Sin embargo, la realidad es más parecida a la de nuestro primo. El gasto del gobierno es de mala calidad y, dado que hay que pagarlo con mayor carga tributaria, desincentiva el ahorro, el trabajo y la inversión.

Un caso paradigmático es el de la economía argentina. Entre 2004 y 2015, el gasto consolidado de nación, provincias y municipios pasó de 26,6% del PBI a 47,1%. Durante los últimos 4 años, donde el promedio del gasto fue de 44,1% del PBI, la economía no solo no creció, sino que cayó en términos per cápita. Es decir, nos empobrecimos como sociedad.

Pero el caso argentino no es una anomalía de la economía global. Un reciente análisis divulgado por la consultora Oikos Buenos Aires a través de su cuenta de Twitter, muestra que existe una relación inversa entre el tamaño del gasto del estado y el crecimiento económico.

Con datos del FMI y a partir de una muestra de 168 países para los últimos 16 años, llegaron a la conclusión de que a mayor gasto estatal, menor es la tasa de crecimiento de la economía. Limpiando el análisis y dejando solo a los países ricos, la relación es similar.

Más gasto es menos crecimiento.

Problemas de incentivos

La relación negativa entre gasto público y crecimiento tiene varias explicaciones. La primera es que el gobierno, enfrenta un problema de incentivos. Como explicaba de manera sencilla Milton Friedman, existen cuatro formas de gastar. O se gasta el dinero propio en uno mismo; o se gasta el dinero propio en un tercero; o se gasta el dinero de un tercero en uno mismo; o se gasta el dinero de un tercero en un tercero.

Para Friedman, la forma más eficiente de gastar es la primera. Ahí, uno se preocupa por el costo de lo que compra, y también por la calidad. La última forma, en cambio, es la menos eficiente. El comprador no cuida los recursos, porque no son propios, y además no mira mucho la calidad de lo que compra. El resultado es una compra cara y de mala calidad.

Cuando el gobierno gasta, emplea una combinación de las formas 3 y 4, generando ineficiencia en la economía. Gasta dinero ajeno (de los impuestos) en bienes ajenos (subsidios, por ejemplo); o usa dinero ajeno para beneficio propio, como campañas electorales o asignando obras públicas a grupos conectados con el poder que nada tienen que ver con la maximización del bienestar social.

Otro tema relacionado son los incentivos que el propio gasto genera. De acuerdo a una reciente publicación del Institute of Economic Affairs de Londres:

“El gasto de consumo del gobierno tiende a disminuir el crecimiento. El gasto en programas sociales mal diseñados puede ser especialmente dañino, ya que reduce los incentivos al trabajo.”

El gobierno no tiene los incentivos correctos para gastar de manera de maximizar el crecimiento económico. Además, su gasto distorsiona los incentivos de la sociedad, reduciéndolo.

Problemas de información

Un segundo punto a considerar es la diferencia de información con la que se maneja el sector privado y el sector público.

En el sector privado prevalece el sistema de precios, lo que ayuda a los empresarios a asignar de manera eficiente los recursos. Si un precio es demasiado alto, esto refleja que los consumidores están necesitando mayor cantidad de ese bien, lo que estimula a los empresarios a incrementar la producción. En este esquema, se produce lo que genera beneficio económico, y ese beneficio es el reflejo de la mejor satisfacción de las necesidades de los consumidores.

El sector público no produce con criterio de beneficio económico. De hecho, si en cualquier emprendimiento público se pierde dinero, eso está justificado porque el gobierno persigue “objetivos sociales”. Esto puede estar bien de acuerdo a criterios de solidaridad o igualdad, pero refleja ineficiencia económica y, por tanto, reduce el crecimiento.

Por ejemplo, debido a que el gobierno no se guía por el sistema de precios, es probable que termine construyendo un puente que no dirija a ninguna parte y que se haga con materiales demasiado onerosos. En ese caso, es claro que dichos recursos podrían haber sido mejor utilizados por el sector privado.

Por el problema de información al que se enfrenta el gobierno, su gasto es menos eficiente y asigna peor los recursos de la sociedad. La consecuencia es un menor crecimiento de la economía.

Más gasto es más impuestos

La última cuestión a considerar es que un mayor gasto público significa, a corto o largo plazo, mayor carga tributaria. El gobierno no gasta nada sin antes tomar dinero de la sociedad en la forma de impuestos. Si incurre en déficit y se endeuda por ello, entonces en algún momento deberá cobrar más impuestos para pagar esa deuda.

Así, los impuestos son la contrapartida del gasto y su efecto sobre los incentivos para ahorrar, trabajar y crear empresas es destructivo. Los impuestos son una mochila pesada para todos los creadores de riqueza de la sociedad, e incrementarlos subiendo el gasto público es la receta perfecta para que la economía se estanque.

En conclusión, el gasto público es el enemigo del crecimiento económico. Y tanto argumentos teóricos como empíricos sostienen esta afirmación. Para que la economía se reactive, el gobierno debería considerar seriamente reducir el gasto.

De lo contrario, seguiremos festejando los pequeños brotes verdes, sin jamás ver ningún bosque.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Hayek anticipa al “bitcoin”. El mundo del futuro será ‘hayekiano’, con muchas monedas compitiendo

Por Martín Krause. Publicado el 26/7/15 en: http://bazar.ufm.edu/hayek-anticipa-al-bitcoin-el-mundo-del-futuro-sera-hayekiano-con-muchas-monedas-compitiendo/

 

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar, o en Europa cuando se plantea la potencial salida de Grecia del Euro. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

Hayek5

“Si vamos a considerar seriamente la utilización de diversas valutas concurrentes para su aplicación inmediata en un área limitada, es evidentemente deseable investigar las consecuencias de la aplicación general del principio sobre el que se basa esta propuesta. En el caso de que se aboliera —dentro del territorio de un país— el uso exclusivo de una sola moneda nacional emitida por el gobierno, hallándose permitida la circulación de monedas emitidas por otros gobiernos, se plantearía la cuestión de si no sería más conveniente suprimir el monopolio gubernamental de emisión monetaria, permitiendo que la empresa privada ofreciera al público otros medios de cambio que éste pudiera preferir.

Actualmente, los problemas que plantea esta reforma tienen un carácter más teórico que los planteados por mi anterior propuesta [que las monedas de los distintos países europeos fueran aceptadas en los otros, en lugar de tener una moneda única como el euro], toda vez que esta sugerencia más extrema resulta todavía demasiado extraña al público para poder ponerse en práctica. Ni siquiera los expertos conocen suficientemente la problemática que surgiría La generalización del principio subyacente para poder hacer predicciones seguras sobre las consecuencias de dicho plan. Es evidente, sin embargo, que no es necesaria ni ventajosa la incuestionable y universalmente aceptada prerrogativa del gobierno de producir el dinero. De hecho, puede resultar perjudicial y su eliminación constituiría un gran avance, dando paso a repercusiones altamente beneficiosas. No es demasiado pronto, por tanto, para comenzar el debate. Aunque el plan no pueda ponerse en práctica mientras el público no esté mentalmente preparado y continúe aceptando sin críticas el dogma de la necesidad del privilegio gubernamental, tal circunstancia no debe ser un obstáculo para el estudio de los fascinantes problemas teóricos que plantea este proyecto.

Los economistas no han discutido la competencia entre monedas

Increíblemente, la competencia entre distintas valutas no ha sido examinada en serio hasta hace muy poco. En las publicaciones relativas al tema no se cuestiona la creencia universal de que el monopolio del gobierno en orden a la emisión monetaria es indispensable, ni tampoco se explica si esta creencia se deriva simplemente del postulado según el cual en un territorio dado sólo puede haber un tipo de moneda en circulación —lo que podía parecer una ventaja cuando se trataba de elegir entre el oro y la plata como posibles tipos de dinero—. Tampoco encontramos respuesta a la pregunta de qué sucedería si se suprimiera el monopolio y si el suministro de dinero se realizara mediante la competencia entre entidades privadas que proporcionaran distintas divisas. La mayoría de la gente piensa que la propuesta de que el dinero lo emitan empresas privadas significa que todas deben emitir el mismo (en dinero fiduciario, token money, esto equivaldría simplemente a una falsificación) en lugar de distintos tipos de dinero claramente diferenciabas por diversas denominaciones y entre los cuales el público pudiera elegir libremente.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es docente por concurso en la Universidad de Buenos Aires, (UBA).