El avance del populismo desafía ahora a algunos de los países de mejor calidad institucional: veremos si lo resisten

Por Martín Krause. Publicada el 5/7/17 en: http://bazar.ufm.edu/avance-del-populismo-desafia-ahora-los-paises-mejor-calidad-institucional-veremos-lo-resisten/#undefined.tijt.gbpl

 

El mundo está convulsionado, pero sus instituciones todavía no lo sufren. Se nota la tensión, están ante un desafío, deben mostrar que pueden cumplir su papel y sostener los elementos básicos que ha permitido el progreso de la sociedad como nunca antes se ha visto. Las ideas populistas avanzan y algún líder, como Donald Trump, incluso llega al gobierno. Otros esperan aprovechar una oportunidad en Europa. Curiosamente, en América Latina se han debilitado.

Es el momento, entonces, en que las instituciones republicanas son llamadas a mostrar que pueden poner freno a esos impulsos. En definitiva, el populismo es la antítesis de la institucionalidad, ya que el líder populista cree que una mayoría circunstancial le ha dado un mandato completo para reordenar la sociedad, sin límites a su voluntad.

Y si bien la amenaza está allí y el peligro es concreto, no hay país entre los de mayor calidad institucional que haya sufrido, hasta el momento, un fuerte deterioro. Entre los veinticinco primeros puestos del ICI, ninguno de ellos ha modificado su posición en más de dos puestos., salvo el excepcional caso de Lituania[1], que mejora siete posiciones. Es decir que, salvo esa, no ha habido caídas mayores a dos posiciones, tampoco avances superiores a eso.

Los cuatro países que han encabezado la calidad institucional en los últimos veinte años lo siguen haciendo, sólo que este año Nueva Zelanda desplaza a Suiza en el primer lugar. El país oceánico puede festejó en 2015 la obtención del Mundial de Rugby, su deporte nacional, y en 2016 (ya que a ese año se refieren el ICI 2017) el primer puesto mundial en calidad institucional. Junto a Suiza, Dinamarca y Finlandia, siguen dominando la tabla y se reparten regularmente el primer premio.

Suecia mejora dos posiciones, para alcanzar el 5° puesto, Canadá los pierde. Más atrás en la lista, Islandia recupera también dos posiciones, luego de su estrepitosa caída con la crisis de 2008; y Chile, ya en nuestra zona, pierde dos posiciones luego de varios años de estabilidad.

En síntesis: el populismo es una amenaza, pero las instituciones republicanas de los países de mejor calidad institucional todavía resisten. Se verá cuánto o, si, como en el caso de América Latina, las aventuras populistas terminan generando una reacción que, aunque lentamente, parece recuperar algo del terreno perdido. El fenómeno no deja de ser curioso, ya que América Latina siempre fue a la zaga de los primeros países y ahora que vuelve de una década populista es de esperar que no vuelva a copiar a quienes ahora la copian.

Las primeras posiciones del ICI 2017 son las siguientes:

Posición País ICI 2017 2016 2015 2014
1 Nueva Zelandia 0,9658 2 3 1
2 Suiza 0,9645 1 1 3
3 Dinamarca 0,9579 4 4 4
4 Finlandia 0,9451 3 2 2
5 Suecia 0,9384 6 6 5
6 Países Bajos 0,9364 8 9 8
7 Noruega 0,9361 7 5 9
8 Canadá 0,9336 5 7 7
9 Reino Unido 0,9257 9 10 10
10 Irlanda 0,9153 12 12 12
11 Australia 0,9152 10 8 6
12 Alemania 0,9141 11 11 13
13 Estados Unidos 0,9101 13 13 11
14 Luxemburgo 0,8918 17 15 15
15 Estonia 0,8880 16 18 18
16 Austria 0,8858 15 17 17
17 Hong Kong RAE, China 0,8818 18 16 16
18 Bélgica 0,8703 21 20 19
19 Islandia 0,8568 14 14 14
20 Taiwán, China 0,8521 20 21 21
21 Japón 0,8453 19 19 20
22 Lituania 0,8338 24 25 26
23 Singapur 0,8234 23 23 23
24 Chile 0,8198 22 22 22
25 República Checa 0,8181 25 29 37

[1] El avance de Lituania es el resultado de una constante mejora en el Índice de Libertad Económica en el Mundo, del Fraser Institute, que en verdad refleja datos de 2014, pero en el que ha avanzado desde la posición 33° en 2010 a la 15°, en este último año analizado por el índice, al tiempo que ha mejorado también en los demás indicadores, aunque no tan espectacularmente.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA. 

El acceso a la información como pilar fundamental de la democracia

Por Marina Carbajal:

 

Vamos a hablar del rol que tiene la información y, en este caso, la información pública en el funcionamiento del sistema democrático. Por empezar, nosotros tenemos que tener en cuenta que el democrático es un sistema de gobierno. Esto implica que hay gobernantes y hay gobernados. Hay gente que toma decisiones que involucran a toda la población; decide y hace leyes que tiene que acatar la población. Una población que, por el sistema democrático es la que selecciona a sus gobiernos. Esto es un avance con respecto a momentos previos, donde el recambio de gobiernos era a través de la fuerza. En los orígenes de las sociedades, los grupos tribales iban a la guerra para decidir quién gobernaba y quién era gobernado.

Entonces, en la concepción minimalista de la democracia se hace hincapié en este aspecto del sistema de gobierno, que hace referencia a cuál es el mecanismo de transición pacífico entre gobiernos. La democracia finalmente es un mecanismo pacífico para intercambiar gobiernos. Los que estudian el comportamiento democrático identifican tres variables fundamentales para que el sistema funcione.

La primera, que exista recambio de gobiernos, que exista la posibilidad de que a un gobierno lo suceda un gobierno distinto, de otro grupo. ¿Por qué esto es fundamental? Porque en la medida que haya grupos que quieran controlar el Estado, controlar el gobierno y sepan que no pueden acceder por la vía pacífica, se van a ver tentados a romper el sistema e ingresar por la fuerza.

El segundo elemento fundamental es el voto. El voto es el elemento a través del cual los representantes son seleccionados por los representados. Y el voto es el momento en que se ejerce la soberanía del pueblo, cuando se elige al gobierno. Y el problema que tienen los representados es que usan el voto con tres funciones: una es seleccionar gobiernos, la otra es expresar preferencias (a través del voto las personas que elijen expresan sus preferencias respecto de las alternativas que tienen al momento de seleccionar un gobierno), y la tercera función es evaluar lo que hicieron aquellos que estuvieron en el gobierno.

En este sentido es fundamental la información. ¿Cómo podríamos seleccionar gente que no conocemos? ¿Cómo podría evaluarse a los gobiernos? Entonces ahí entramos en el el tercer punto, y por esto es fundamental la información sobre qué es lo que hacen los funcionarios. El acceso a la información pública es fundamental en tanto y en cuanto es lo que le permite a la sociedad saber qué hacen los funcionarios cuando están en su cargo.

Entonces, nosotros desde el gobierno sabemos que tenemos un mandato muy fuerte por la institucionalidad, por el rendir cuentas. Sabemos que hay una sociedad que nos está demandando que nosotros expliquemos, que abramos el gobierno. Y en ese sentido es que nosotros trabajamos para presentar lo antes posible este proyecto de ley. Un proyecto de ley que toma en cuenta todos los principios fundamentales, que le brinda a la ciudadanía todas las posibilidades de poder interpelar y poder pedir explicaciones sobre lo que se está haciendo. Lo importante de esto es que cualquier persona que quiera preguntar qué está haciendo puede hacerlo, y esa información se le tiene que dar.

Esto es algo que implica también, para que funcione, no solo que exista una ley sino que haya un cambio cultural donde la ciudadanía asimile este principio. Me parece fundamental que para que funcione la ley haya una cultura por la cual todos los ciudadanos, cualquier persona sepa que puede pedir y tiene derecho a que se le informe. Es fundamental esto porque no tendría sentido tener una ley si los funcionarios supiesen o pensasen que nadie les va a pedir información. Si no se les pide información es igual a que no exista. Si la sociedad no sabe que puede pedir y no lo hace, no hay forma de demandarlo. Si no se le demanda, el funcionario no se siente monitoreado. Es fundamental para que el funcionario actúe en función del interés de la ciudadanía, de aquellos a quien representa y que sepa que va a tener que rendir cuentas.

Nosotros estamos trabajando desde que asumimos en tratar de hacer transparente todo el proceso de acceso a la información. Más allá de que trabajamos en el proyecto de ley, estamos ya buscando la forma para que todo el proceso desde el momento en que se ingresa un pedido hasta que sale, sea público. Eso nos pareció fundamental: que se sepa en qué estado está cada pedido de información, qué información se pide, quién la entrega, en qué modo, con qué velocidad.

Creemos que es fundamental el monitoreo continuo para que funcione el mecanismo por el cual los representantes sepan que tienen que responder. En este sentido es fundamental la ley de acceso, más allá de mecanismos de transparencia activa, que son muy importantes. Están muy de moda y es verdad que reduce los costos de brindar información. Pero la transparencia activa sigue siendo una acción del gobierno hacia la población.

Es importante la ley de acceso a la información porque es importante que la población pueda demandar más allá de lo que el gobierno está dispuesto a espontáneamente abrir de sus registros y de las actividades que está haciendo. Entonces nosotros creemos que lo más importante, el gran desafío que tenemos es cultural. Hacer que la sociedad se apropie de este derecho que tiene.

Cualquier ciudadano, cualquier persona que vive en nuestro país paga impuestos, con esos impuestos se financia el gasto público, se financian las actividades que realizamos los funcionarios y es crucial que comprendan esto, para que nuestra sociedad pueda demandar y exigir a sus funcionarios que actúen en función del interés de la propia sociedad. Y esto es el eje central del funcionamiento del sistema democrático, que exista esta representatividad: que el gobierno represente a quienes los votan y que quienes lo votan puedan exigirle al gobierno respuesta y explicaciones de qué es lo que está haciendo.

Por eso es fundamental dentro de este contexto la información. Se dijeron muchas cosas. Me parece interesante rescatar algo que dijo Mariano Moreno, en el momento de la fundación de La Gaceta. Dijo: “El pueblo tiene derecho a saber las acciones de sus representantes”. Me pareció interesante recordarlo porque en la historia de nuestro país, que tiene sus altas y bajas, desde su origen hubo un compromiso con la información pública. “El pueblo tiene derecho a saber de qué se trata”, es también una frase propia de la Revolución de Mayo. Y se trata de eso el acceso a la información pública: que el pueblo pueda saber lo que están haciendo sus representantes.

 

Ver video completo (9 minutos) en: https://www.youtube.com/watch?v=dwwDcsDub7A&feature=youtu.be

 

Marina Carbajal es Licennciada en Estudios Internacionales por la Universidad Torcuato Di Tella, Profesora del Programa de Extensión Universitaria en Ciencias Sociales (PEACS),  ESEADE. Magister en Ciencia Política (New York University). Subsecretaria de Reforma Institucional y Fortalecimiento de la Democracia (Gobierno de la Nación Argentina).

Por qué llegamos a esta locura institucional

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 24/11/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=4214

En el mismo momento que aceptamos que se violara el orden institucional para “salvarnos” de la crisis, se sabía que podíamos llegar a esta situación.

 Ante la pregunta: ¿puede el gobierno llegar a tomar determinada medida?, invariablemente mi respuesta es: el gobierno puede llegar a tomar cualquier medida por más insólita que pueda parecer. Dicho en otras palabras, la única regla clara que hoy prevalece en Argentina es que el gobierno está dispuesto a tomar cualquier medida que se le pase por la cabeza, aún las más reñidas contra el estado de derecho.

El párrafo anterior no es una novedad, ni tampoco el hecho de que mucha gente se pregunte cómo pudimos llegar a este punto de avasallamiento de las instituciones y las libertades individuales.

 Pregunta: ¿por qué llegamos a este estado de cosas? Mi respuesta es que todos sabíamos que podíamos llegar a este estado de cosas desde el mismo momento en que se aceptó que el kirchnerismo violara las normas más elementales en nombre de la superación de la crisis.

 Es cierto que el 2001/2002 fueron años traumáticos, pero eso no justificaba aceptar que en ese momento Néstor Kirchner comenzara a arrasar con el sistema institucional.

 Voy a dar un par de ejemplos. Sin emitir opinión sobre varios de los miembros de la anterior Corte Suprema de Justicia, fue una verdadera barbaridad que se destituyera a algunos de sus miembros por las sentencias que oportunamente emitieron desde el alto tribunal.

Segundo ejemplo, cuando el Congreso anuló las leyes de obediencia debida y punto final sabía que estaba violando el orden jurídico porque las leyes se sancionan o se derogan, pero no se anulan como si nunca hubiesen existido.

 ¿Qué quiero demostrar con los ejemplos anteriores? Que en el mismo momento en que se aceptó traspasar ciertos límites para satisfacer la  construcción de poder del naciente kirchnerismo, se estaban sentado las bases para que hoy nos agarremos la cabeza y digamos: ¡cómo pudimos llegar a este punto! Y la verdad es que llegamos a este punto porque se justificó y toleró la ausencia del estado de derecho para “salvar” al país de la crisis y permitirle a un presidente, que había llegado con escasos votos al poder, tener cierto grado de “gobernabilidad”. La necesidad de “gobernabilidad” justificaba violar derechos elementales, pero ahora quedó a la vista que esa “gobernabilidad” se transformó en una amenaza para las libertades individuales.

Sería largo hacer un listado de empresarios, políticos, sindicalistas, periodistas y hasta gente común que miraron para el costado o fueron socios en esa violación de los derechos individuales y que hoy miran con espanto el monstruo político que construyeron. Esos mismos que hoy miran con terror el 7D fueron socios del poder. Por eso, muchos empresarios deberían pensar si es tan buen negocio construir su crecimiento en base a gobiernos sin límites o es más negocio defender la existencia de un gobierno limitado y competir por el favor del consumidor. ¿Cuánto vale una empresa cuyo patrimonio depende de los caprichos del “salvador”? No vale nada. Por el contrario, vale mucho más una empresa que creció ganándose el favor del consumidor porque sus bases son sólidas. No dependen del humor del gobernante de turno o del burócrata que aprieta, ordena y amenaza para que se cumplan sus disparatadas órdenes.

El párrafo anterior está dedicado, particularmente, a aquellos empresarios que creen que hacer negocios ganándose el favor del funcionario de turno es la mejor forma de crecer. Mucho se habla hoy en día de la responsabilidad social empresarial. Mi visión es que la principal responsabilidad empresarial es contribuir y defender la existencia de un gobierno limitado y las leyes del mercado. En primer lugar porque es moralmente superior a la compra de privilegios que se trafican en una economía intervenida y estatizada y, en segundo lugar, porque hoy tenemos a la vista cómo los acuerdos con el poder pueden transformarse en el peor negocio de la vida de una empresa y, en tercer lugar, porque si piensan en el largo plazo, el país se torna inviable y sus empresas tienden a tener un valor cercano a cero.

Llegamos a este punto porque la avaricia del empresario que veía crecer sus ventas gracias a la fiesta de consumo solo miraba la caja de corto plazo. Porque la gente se encandiló con esa misma fiesta de consumo. Porque los dirigentes sindicales, hoy traicionados por el mismo socio que tenían un tiempo atrás, fueron comprados con privilegios que no les correspondían en justicia. Porque muchos periodistas fueron contemplativos con un sistema que claramente avanzaba sobre los derechos individuales. Claro, ahora gritan porque ven que también van por ellos, pero en su momento, fueron demasiados tibios con los atropellos institucionales que se cometían. Y, por supuesto, ni que hablar de buena parte de la dirigencia política que aceptó y toleró que el kirchnerismo fuera destruyendo una institución detrás de otra.

Los párrafos anteriores pueden ser tomados como un pase de cuentas, pero en rigor es solo un intento por explicar por qué llegamos a este precipicio institucional que nos lleva al borde de la dictadura, donde ya no discutimos si nos gusta o no determinada política cambiaria, sino que estamos viendo que lo que corre riesgo son las mismas libertades individuales.

 Pruebas al canto. La semana pasada el ministro De Vido dijo que la constitución había que reformarla porque la presidente “es  la única garante para que este proceso continúe”. ¿Qué dice en el fondo De Vido? Que el país depende de un salvador providencial, en este caso Cristina Fernández, y no de la calidad de sus instituciones. ¿Qué diferencia puede haber entre un Mussolini, un Franco o un Hitler que eran los únicos salvadores de la patria? Es el mismo principio de organización política por más que pretendan negarlo. Para ellos no son las normas, códigos, leyes, costumbres y reglas las que construyen un país, sino una persona “iluminada” y “superior” al resto de los argentinos que tiene que guiarnos en nuestra ignorancia con mano férrea y todo el poder. Y ya sabemos cómo terminan los países que se construyen sobre iluminados providenciales que concentran todo el poder.

Llegamos a este punto de locura institucional porque buena parte de la sociedad aceptó cambiar la calidad institucional por espejitos de colores: una protección, un subsidio, una fiesta de consumo artificial, un privilegio, etc.

 En definitiva, llegamos a este punto desde el mismo momento en que se aceptó que se violara el orden institucional para que nos “salvaran” de la crisis.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

Martín Krause: “Borges era un anarcocapitalista”

Entrevista publicada el 26/7/12 en: http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/internacional/martin-krause-borges-un-anarcocapitalista-20120720

Argentina tiene arreglo y existen otras soluciones a la crisis que no pasan por la salida del euro. Así de optimista se muestra Martín Krause, el economista más prestigioso de Argentina.

Toda una vida dedicada a la ciencia económica da para mucho. Martín Krause es, con diferencia, el mejor de los economistas argentinos y uno de los más reconocidos mundialmente. Es profesor de la Universidad de Buenos Aires, del prestigioso Eseade y del Swiss Management Center. Se encuentra actualmente en España impartiendo una serie de lecciones magistrales sobre economía en un momento en el que todo el país habla de eso.

  • Muchos comparan la situación de España actual con la de Argentina hace 50 años, ¿es acertada la comparación?

    Son dos casos distintos. En España, con todos los problemas que tiene, hay un mayor grado de institucionalidad del que tenía Argentina. Hay una cierta limitación al populismo que proviene de pertenecer a la Unión Europea. La Argentina podía cometer cualquier descalabro sin ningún tipo de disciplina externa. Podía, por ejemplo, emitir la cantidad de dinero que quisiera emitir, y el país terminó en hiperinflación. España no puede salir de la crisis vía emisión de moneda.

    Ahora bien, las raíces de la crisis son las mismas: crecimiento del gasto y endeudamiento. En nuestro caso la gran crisis del Estado bebía de tres factores: la quiebra del sistema público de pensiones, el déficit de las empresas estatales y la indisciplina absoluta de las provincias.

    ¿Debería salir España del euro?

    Sería una salida que no ataca el problema central, que es el de exceso de gasto. Ocasionaría la monetización de la deuda, y eso es una forma artificial de solucionar el problema. Es una forma menos visible de abordar el ajuste, pero igualmente cruda. Hay formas de salir de la crisis que no implican salir del euro.

    Los males que afligen a la zona euro son muchos, ¿cuál es para usted el peor de todos?

    Todo empezó con esa licencia que todos creyeron tener para gastar, pensando en que luego llegaría para salvarte el quinto regimiento de la caballería, en el último momento, cuando estás rodeado por los indios como en las películas de cowboys. Y esto comenzó con los países más importantes, los primeros que incumplieron los límites fijados en Maastricht fueron Francia y Alemania generando poca credibilidad en las normas.

    Es un problema de calidad institucional. Aunque pareciese que Europa tenía instituciones sólidas, la realidad es que no estaban. Si los grandes no lo cumplen, ¿por qué lo va a cumplir Grecia o cualquier otro? Y así empieza esa carrera de a mi lo que me interesa es gastar y endeudarme porque a la larga me van a rescatar. Y ahora hay que enfrentar el problema de que no hay para rescatarlos a todos.

    Argentina, su país, siempre ha tenido grandes pensadores liberales que ha combinado con los peores políticos del mundo, ¿por qué esa dualidad?

    Argentina ha tenido grandes intelectuales liberales, pero también grandes intelectuales socialistas. El progresismo intelectual siempre ha florecido en Argentina y controla el mundo cultural. El último gran liberal que tuvimos en ese campo, y que a la izquierda le costó muchísimo aceptar, fue Borges, que era un anarcocapitalista. Ellos no podían entender cómo la mayor estrella de la literatura nacional pudiera pensar de esa forma.
    Pero, por regla general, el mundillo cultural argentino siempre ha estado influenciado por el progresismo, que siempre ha mirado a Europa. A este tipo de intelectual le encanta Francia y esos intelectuales franceses que, cuanto más complicado escriba y hable, mejor.

    Esto ha generado un sistema político perverso, en el que los que llegan, por el mero hecho de llegar muestran que han dejado sus principios en la puerta.

    Parafraseando al clásico, ¿en qué momento se jodió la Argentina?

    Tuvo un papel preponderante en eso Perón, que accede al poder en 1945, pero yo creo que empezó antes, en la década del 30. La gran depresión golpeó mucho a Argentina y empezaron a predominar allí opiniones tomadas de Europa, especialmente de los nacionalismos que hubo en España e Italia. Hay algunos autores que plantean una tesis interesante y es que, fue tal el influjo de la inmigración basado en el éxito de la Argentina liberal, que llegó un momento a principios del siglo XX que la mitad de la población de Buenos Aires no hablaba castellano.

    Esto despertó en la clase dirigente preocupaciones nacionalistas, porque ellos querían formar una nación que no existía, aquel era un país nuevo. Preocupados por este aluvión de extranjeros que ni siquiera hablaban la lengua, fueron implementando estructuras gubernamentales y educativas de tipo nacionalista y militarista. Estas estructuras llevaron a esta serie de golpes militares, Gobiernos nacionalistas, lo que, mezclado con el populismo, creo todo este invento criollo que es el peronismo.

    ¿Y a estas alturas tiene arreglo?

    Por un lado los argentinos parece que siempre aprendemos luego de una crisis. Por otro, algunos de esos aprendizajes han calado hondo y otros no tanto, y ahí está la debilidad. El argentino ha aprendido, por ejemplo, que tiene que olvidarse de desórdenes institucionales de tipo golpe militar. La democracia podrá generar un gran número de problemas pero ya es algo que no se negocia.

    Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con los temas económicos. Lo que estamos viviendo ahora es, en cierta forma, lo mismo que vivimos en los años 70 y 80, que terminó en crisis económica, hiperinflación y drásticos programas de ajuste. Pareciera que eso hay que volver a aprenderlo. Yo me doy cuenta que mis alumnos no vivieron la época de la hiperinflación y la época de economías reprimidas que explotaban. No vivieron eso y les cuesta comprenderlo.

    Siempre se habla de que los alemanes no toleran la inflación por lo del año 23, pero, si lo piensas, no queda nadie vivo que recuerde aquello. Pero se les transmitió a los alemanes y siguen teniendo eso en el corazón. Nosotros también hemos pasado por una hiperinflación, pero, lamentablemente, no se transmitió de la misma forma. Vamos a tener que pasar de nuevo por lo mismo para que aprendamos que no había que hacer eso.

    La otra que tendríamos que haber aprendido es la de 2001-2002. De ahí debimos aprender que no hay que endeudarse, porque después fíjate lo que te pasa. Sin embargo ahora el Gobierno vuelve nuevamente a endeudarse. ¿Otra vez tenemos que llegar a eso para entenderlo? Eso es lo que te frustra respecto al posible cambio de la Argentina.

    ¿Después de Kirchner qué?

    No sé que puede venir, pero la demanda de la gente va a ser hacia alguien que sea amable, que respete la institucionalidad y un cierto grado de división de poderes y, especialmente, calma. No hay que implementar ningún modelo fantástico que se tenga en mente. Hay que generar algo de tranquilidad para que cada uno genere el modelo que quiera desarrollar. Esta visión mesiánica que tiene este Gobierno de vamos a por todo porque hay que profundizar en el modelo lleva a este cansancio general. La gente quiere que le dejen hacer su vida y le den ciertas normas fundamentales que le permitan vivir tranquilo.

    El próximo Gobierno, a menos que la situación se vuelva demasiado dramática, no va a ser demasiado revolucionario, pero sí más institucional que este Gobierno, que ha sido un atropello constante en la división de poderes, la independencia de la Justicia, la prensa… La gente va a querer que todo eso se respete más.

    Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

     

Sin inversiones no se supera la pobreza :

Por Alejandro Alle Publicado el 15/5/12 en: http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=6899985

 El documento publicado por CEPAL hace unos días bajo el título “La inversión extranjera directa (IED) en América Latina y el Caribe” ilustra claramente sobre la diferencia entre los magros US$ 386 millones de IED recibidos por El Salvador en 2011 y los montos muy superiores captados por sus vecinos. Permite, además, reflexionar sobre el camino a seguir para cambiar dicha realidad.

En el año 2011 Panamá recibió US$ 2,790 millones de IED; Costa Rica US$ 2,104 millones; Honduras US$ 1,014 millones; Guatemala US$ 985 millones, y Nicaragua US$ 968. En otras palabras, El Salvador no recibió ni el 5% de los US$ 8,247 de IED que llegaron a la región.

Y tampoco es que Centro América haya sido el paraíso de la IED: Chile recibió US$ 17,299 millones y Colombia US$ 13,234 millones. El Salvador debería dejar esa negativa costumbre autocomplaciente de compararse sólo con Centro América. Una costumbre que, como muestran los números, ya ni de autocomplacencia sirve.

Sean de un color o del otro…, quienes pretendan politizar las cifras carecerán de argumentos: el promedio de IED en el período 2000-2005 fue de apenas US$ 325 millones: la IED era muy baja antes. Y sigue siendo muy baja ahora.

La excepción de 2007, cuando El Salvador recibió US$ 1,551 millones de IED, se explica totalmente por la venta de los bancos. Fue un simple cambio de accionistas y no una nueva inversión.

Ocurre que si bien las cifras de IED sirven como referencia general, hay ciertas distorsiones puntuales como la citada (que tuvo un coletazo en 2008), que deberían computar adjunta una “desinversión nacional directa”…, que eso es lo que fue la venta de los bancos. Ni buena ni mala. Apenas una venta de acciones.

La manía de clasificar las inversiones por nacionalidad suele llevar a la torpeza de olvidar que cuando se trata de una compra-venta de acciones no debería computarse como inversión, porque su neto es cero.

Las evidencias internacionales sobre la correlación entre la productividad de un país y la calidad de vida de sus habitantes son abrumadoras. Los intentos por negarlas sólo pueden provenir de la estupidez.

Y la única manera de mejorar la productividad de un país es propiciando la llegada de nuevas inversiones, tanto en el área pública como en la privada. Haciéndolo con seriedad, porque con US$ 300 millones anuales de IED (neta…) no se supera la pobreza ni se llega a ninguna parte.

Con altos niveles de productividad, además, no sólo se favorece la llegada de nuevas inversiones sino que se mejora la rentabilidad de las inversiones existentes. Y siendo la rentabilidad un formidable aliciente para generar riqueza (al menos así son las cosas en este planeta…), se completa un círculo virtuoso: productividad, rentabilidad, generación de riqueza, crecimiento económico.

De eso, en definitiva, se trata la competitividad, que según la certera definición del Foro Económico Mundial, es el “conjunto de instituciones, políticas, y factores que determinan el nivel de productividad de un país”. Porque productividad y competitividad son sinónimos.

Finalmente, para que el crecimiento económico derive en desarrollo económico y humano, que al fin de cuentas es lo que importa…, tiene que funcionar el siempre invocado pero rara vez verificado “efecto derrame”. Ese efecto por el cual los beneficios de liberar los mercados llegarían, de manera directa o indirecta, a toda la población en términos de mejor calidad de vida.

En gran parte de América Latina, y El Salvador no fue la excepción, no faltaron los ingenuos que creyeron que la institucionalidad ya no sería importante. Y tanto desde la derecha como desde la izquierda se alentó al populismo como alternativa. Quien no lo vea que abra los ojos.

Los latinoamericanos pareciéramos tener una particular predisposición para condimentar los análisis de política económica con argumentos pseudo-ideológicos. Burdas ofensas a la inteligencia. Así nos va.

Pero no tenemos excusas, porque el camino al desarrollo siempre estuvo bien señalizado.

Hasta la próxima.

Alejandro Alle es Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.

 

Argentina: El problema es el modelo K, no el mercado

Por Adrián O. Ravier. Publicado el 3/5/12 en: http://www.elcato.org/argentina-el-problema-es-el-modelo-k-no-el-mercado

En este artículo explicaba que Axel Kicillof es un académico serio y que el debate sobre YPF-Repsol es de ideas, no de personas. Mi opinión es que es un error del diario La Nación —el más leído de Argentina junto a Clarín— concentrar la atención en “Kicillof persona”, sea como marxista o sea como keynesiano, y que mejor sería refutar sus ideas, que lamentablemente hoy dominan en la política argentina.

Al respecto quiero poner atención en las palabras del Vice-Ministro de Economía en dos de sus últimas presentaciones.

En el primero de ellos, Kicillof explica —a sólo 48 hs de la nacionalización de YPF— que los empleados de la empresa recibieron muy bien la iniciativa de nacionalización, lo cual él entiende es un fenómeno social que se percibe en toda la Argentina.

Quizás me equivoque, pero mi impresión es que Kicillof entiende que el consenso que él percibe en la sociedad sobre las medidas que se toman, lo avalan a tomar una política inconstitucional. Y digo inconstitucional, no porque ignore que la constitución nacional contempla la posibilidad de expropiar en determinadas circunstancias, sino porque el procedimiento no se ha cumplido como la Carta Magna dicta. En este sentido, este gobierno cae en la democracia ilimitada, no republicana, (donde las mayorías avanzan sobre las minorías) en el que un fin justifica todos los medios, y que tanto daño le hacen a la imagen institucional del país.

Un segundo argumento de Kicillof es señalar que una empresa como Repsol-YPF que opera en varios países al mismo tiempo, pueden —y de hecho lo hicieron— explotar recursos de un país como la Argentina para invertir en otros mercados más atractivos. Al hacer esto, Argentina pierde reservas de petróleo y esto pone en jaque a toda la estructura productiva. Es por ello, que Kicillof entiende que la expropiación está justificada.

Pero lo cierto es que Argentina hace tiempo —bastante antes de la llegada de Kicillof— que practica políticas proteccionistas que buscan aislar al país de los capitales extranjeros. Al hacer esto, ofrecen un claro mensaje a los capitales extranjeros que todavía operan en el país —por herencia del noventismo— que la “fiesta” terminó, y que tarde o temprano se tomarán medidas en contra de sus negocios. Bajo este escenario K, es lógico pensar que los capitales extranjeros deben hacer sus valijas, tomar sus cosas e irse. Así, vemos que la nacionalización de Repsol-YPF es una consecuencia lógica del modelo K, que cambian las reglas de juego sobre las cuales Repsol invirtió en el pais. Y de ahí se deduce la mayor amenaza de este modelo, que a cada paso requiere de profundizar con nuevas medidas que constantemente dañarán las instituciones del país.

Y éste es a su vez, el mayor problema del modelo K, al pensar que la economía argentina puede desarrollarse de forma aislada, sin necesidad de capitales extranjeros, ni inversión, lo que contradice los principios básicos de la economía. Argentina vive una burbuja en la que se supone que no hay escasez, porque abundan recursos tributarios provenientes de la soja y recursos heredados de las “pensiones menemistas”, sin embargo, el modelo estará necesariamente limitado por las restricciones internas del modelo, al cual además, el mundo empieza a cerrarle las puertas.

Como un nuevo argumento hacia el aislamiento de la economía argentina, Kicillof agrega —también en este primer video— que el precio del petróleo es mundialmente “especulativo” y que depende de tantos factores ajenos a la Argentina, que hacen peligrar el futuro económico del modelo K. Kicillof dice abiertamente que el precio del crudo en Argentina tiene que estar aislado de factores externos.

Esto me recuerda a la “fatal arrogancia” y la “ingeniería social” a la cual Friedrich Hayek le dedicó tanta atención. Como primera pregunta: ¿Puede el gobierno aislar el precio del petróleo? ¿Por cuánto tiempo puede hacerlo? Estas son las reglas de juego que el modelo K le quería imponer a Repsol y a las cuales lógicamente la empresa desistió. Durante los últimos años Repsol-YPF se vio limitada en sus exportaciones de crudo para vender en el interior del país este mismo producto a un precio mucho menor que el del mercado internacional. Esto lógicamente cambia los números de la empresa. Repsol invirtió en la explotación de petróleo esperando venderlo a un precio internacional. Cuando el gobierno cambió las reglas de juego, claramente el negocio desapareció. Lo más lógico entonces era vender el crudo ya explotado al precio que el gobierno permite, pagar dividendos a los accionistas para recuperar la inversión realizada y esperar que el gobierno al poco tiempo expropie la compañía. Se dirá que estos capitales sólo miran el negocio y no los intereses productivos del país, pero yo más bien me pregunto cuánto puede durar un modelo de desarrollo productivo que ignora la más elemental lección de la escasez. Dicho en otros términos: ¿Por qué las empresas argentinas necesitan un precio artificial del crudo, en lugar de un precio real de mercado internacional? La respuesta la encontramos en varios años de precios artificiales de combustible que hicieron relativamente productiva a una industria incipiente que se desea sea más productiva que lo que puede ser en condiciones de mercado.

Esto también está sustentado en un mito al cual Kicillof adhiere de que una industria incipiente pueda desarrollarse sin atender a la competencia de mercado. Resumidamente, mi lectura de las experiencias de estas prácticas es que estas industrias sólo se desarrollan en el marco de la protección —en este caso, por ejemplo, bajo un precio de combustible artificialmente más bajo que el que otras empresas tienen en el exterior—, dentro de la economía local, pero que su competitividad desaparece en cuanto se abre la economía y se enfrentan a la competencia mundial. La evidencia empírica representada en numerosos indicadores como el Índice de Libertad Económica muestra que la economía sólo puede desarrollarse en un marco de feroz competencia con el mundo, para lo cual es necesario tener una política abierta al mundo, con reglas de juego claras, seguridad jurídica, lo cual conduce al crédito internacional, a las mejores prácticas de las corporaciones más competitivas del mundo, que bajo otro modelo, se sentirían atraídas por los recursos naturales y humanos de nuestro país. Pero el modelo K claramente mira para otro lado.

Anticipándome a las críticas hay que decir que este modelo de apertura nada tiene que ver con el que se practicó en los noventa, aunque Kicillof y tantos otros se han preocupado por identificar con el neoliberalismo a otro modelo populista-justicialista, como el que él mismo acompaña en este momento.

“Agitar fantasmas” es la frase con la cual cierra Kicillof este primer video y que repite incesantemente. En este caso lo hizo frente a las palabras del presidente español Rajoy, quien se pregunta qué pueden esperar otros capitales españoles o extranjeros que aun operan en el país. Lo que debe quedar claro es que el modelo K tiene un objetivo de desarrollo interno y aislado, al cual todas las empresas deben contribuir.

El segundo video es más claro aun sobre este último punto. Kicillof muestra plena consciencia de que el precio del crudo en Argentina está fijado a un precio más bajo que el que se tiene en el resto del mundo. En su exposición ante el Congreso acusa a Repsol de querer fijar precios “internacionales” del petróleo, cuando debiera entender que tal cosa provocaría un descalabro total de la economía.

Y esta es la pregunta que quiero dejar planteada. ¿Cuánto tiempo más pueden mantenerse los precios artificiales? Y cuando digo “artificiales” quiero significar que estos no son de mercado. Hoy Argentina se da el lujo de ignorar la escasez, porque abundan recursos sojeros, dinero de los futuros jubilados tomados como impuestos y a los cuales muy pronto habrá que agregar el crudo. Pero mi impresión es que este modelo de “sustitución de importaciones” no se sostiene y la historia ya lo ha demostrado.

Decía Ernesto Merimé: “¿Para qué demonio sirve la historia si nadie aprovecha sus enseñanzas?”

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.