Hispanofobia

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 27/9/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/hispanofobia/

 

Las expresiones de odio a España en el exterior (con ecos en el nacionalpopulismo en el interior), como los ataques recientes en Estados Unidos a la conquista y colonización españolas, han sido analizadas como muestra de reafirmación de otras naciones frente a un imperio prolongado y exitoso. Dice María Elvira Roca Barea: “La leyenda negra está vinculada por su base al subsuelo de muchos nacionalismos europeos, ya que la España católica ocupó en ellos el lugar del malvado enemigo que todo nacionalismo necesita para existir. Pero la realidad es que el católico Imperio español representó la defensa de una Europa unida y plurinacional que los protestantes nacionalistas procuraron destruir, aunque esto no se estudia así…El nacionalismo es una enfermedad que, como las tercianas, reaparece una y otra vez en Europa. A ella le debe la mayor parte de sus desgracias. La hispanofobia forma parte indisoluble de una buena parte de los nacionalismos europeos.”

Esto se combina con la izquierda que, huérfana de ejemplaridades edificantes tras la caída del Muro, se lanzó a nuevas causas, entre ellas una antiguamente vinculada con España: el genocidio de los indígenas de la América española, “hecho que al parecer solo sucedió en la América del Sur y no en la del Norte, a pesar de la evidencia, que salta a la vista, de que América del Sur está llena de indígenas, mientras que en el Norte hay que buscar mucho para encontrar uno”.

Esto se refiere al nacionalismo de fuera de España, pero despejar los mitos antiespañoles también resultará de interés para defender a España frente a los nacionalistas de dentro, que recurren a distorsiones del pasado, del mismo modo en que los gobernantes de las naciones protestantes pintaron un retrato ridículamente falso en donde la brutalidad y la violencia se concentraban exclusivamente en España. En realidad, la intolerancia estuvo bastante extendida, aunque sólo se habla de la Inquisición.

La misma distorsión es la que, con gran éxito, ha asociado el catolicismo con el atraso y la oscuridad, incluso llegando a identificar “medieval” con la ignorancia impuesta por la Iglesia, como si Santo Tomás de Aquino hubiese sido una casualidad. Pero hasta el día de hoy seguimos pensando que El nombre de la rosa realmente cuenta la verdad sobre la Iglesia medieval.

En cuanto al mundo del pensamiento, ironiza Roca Barea sobre la vieja falacia según la cual las ideas liberales no tenían nada que ver con la tradición española: “Muchísimo antes de que Thomas Jefferson escribiera, desde su hermosa plantación de esclavos, en la Declaración de Independencia aquella frase inmortal y universalmente conocida, ‘Sostenemos que…todos los hombres son creados iguales e independientes’, el jesuita Francisco Suárez había escrito: ´Todos los hombres nacen libres por naturaleza, de forma que ninguno tiene poder político sobre el otro’”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El ideal social del papa Francisco, a la luz de su viaje a Cuba

Por José Benegas: Publicado el 24/9/15 en: http://josebenegas.com/2015/09/24/el-ideal-social-del-papa-francisco-a-la-luz-de-su-viaje-a-cuba/

Fuera de Cuba, la pobreza es culpa del capitalismo. Dentro de Cuba, la pobreza es “como una madre” y hay que agradecérsela a Dios.

Fuera de Cuba visitó a los presos. Dentro de Cuba, visitó a los carceleros.

Fuera de Cuba le pidió a los jóvenes que hagan lío. Dentro de Cuba les pidió a los jóvenes concordia. “Si nos dejan”, gritaban algunos osados respondiéndole.

Fue asombroso ver su “no ver”, respecto a los disidentes. La respuesta que da en la conferencia de prensa en vuelo de Santiago de Cuba a Washington DC sobre la cuestión es la negación más completa: No se, no me enteré de nada ¿Si quisiera recibirlos? ¡Eso es un “futurible!”; ¡Yo quiero hablar con todos! Es decir, no me interesa particularmente.

Creo que si se le pregunta a un niño cuál es el gran problema moral en Cuba, contestaría que la libertad. Ni una palabra papal hubo sobre la cuestión, propuso amar a la pobreza, que en Cuba es sometimiento, no fracaso.

Hay otra afirmación que es un indicio que ayudaría a desentrañar dónde está parado el papa Francisco. Sugirió no dejarse llevar por las “ideologías” y abrazarse a Dios.

El capitalismo, pese a que se lo quiera ver de esa manera, no es una ideología. No pretende ser una cosmovisión, es el reemplazo de las cosmovisiones por las “microvisiones” de los individuos que así como producen bienes, producen ética. El orden del capitalismo es resultante, no previo ni establecido por un libro sagrado. Lo único establecido es la base institucional de la libertad: la ausencia de agresión y el respeto al otro, para que a partir de ahí las personas se ordenen de modo contractual sobre la base de sus intereses. Marx nunca entendió esto, por eso describe al capitalismo como la consecuencia de posiciones de clase, que a su vez deriva de su teoría de la explotación, derivada a su vez de otra teoría, de Smith, sobre el valor trabajo. Según él, la ideología capitalista está constituida por todas esas limitaciones mentales que los explotadores inyectan a los explotados según un proyecto de dominio. Tal es una visión completamente infundada, sostenida en la atribución de intenciones y no en el capitalismo tal cual es: ausencia de agresión e independencia del individuo para seguir su propio plan de vida, liberado de una épica colectiva. No hay ninguna explotación en el trabajo, sino comercio, de ambas partes.

Sin embargo el uso habitual de la palabra ideología es otro, se refiere a las distintas ideas racionales sobre la organización de la sociedad y los principios morales que las sostienen. Aquí es donde el papa invita a relativizarlas, pero para reemplazarlas por Dios. “nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”.

Podría hacer una interpretación liberal de estas palabras. Unas ideas que impliquen sometimiento, impuestas sobre otras desde el estado, son incompatibles con el bien de las personas. Unas ideas que valen más que las personas, necesariamente serían unas ideas que prescinden de su voluntad. Pero el papa no tiene más que palabras de reproche contra símbolos de libertad, como el dinero o el desarrollo, al que encuentra pecaminoso y contaminador. Todos los males parecen estar explicados por la ambición humana libre, en oposición a la moral restrictiva de origen divino. Sus ideas, pienso, no sirven al hombre libre que sigue sus aspiraciones, sino al hombre según su ideal. Ese hombre ideal amado no somos nosotros que deseamos vacaciones y aire acondicionado, es un hombre según ideas previas, mal que le pese a Francisco; ideas previas alejadas de la realidad de lo que somos. Servir al hombre ideal no es servir al hombre, sino a un estereotipo “ideológico”.

El marxismo si parece ser una ideología en el sentido marxista del término. Se trata de una cosmovisión sobre la base tradicional del pensamiento moral trascendentalista. El individuo es malo cuando se separa del grupo, el bien coniste en el bien del grupo. El individuo tiende a perjudicar al otro y no es suficiente eliminar la estafa y el robo, porque el mal no consiste en el crimen, sino en querer vivir para sí mismo; en lo que se quiere, no en lo que se hace para conseguirlo. Está mal “querer aparte”, está mal ser libre. Todo esto se afirma sin sostenerlo en un Dios, desde el ateísmo. El marxismo ingresa a la era de la razón suplantando a la religión manteniendo su estructura, para someterse a una razón en tanto diosa, como su revolución madre, la francesa. Se deshacen de Dios, pero sólo imaginan estar gobernados por un sistema mundano alternativo, que se le parece bastante, como una pirámide, pero que es comandado por un grupo en la tierra que no reconoce límites ni en el más allá. Dios, ahora, son los gobernantes marxistas.

El capitalismo como la simple vigencia de las razones individuales, no está preocupado por sustituir a la religión por otra cosmovisión que le compita, sino en retirarla de la política y también a cualquier otra cosmovisión; dejar que el poder terrenal se reduzca a una función defensiva y permitir que los individuos elijan incluso si van a tener una ética trascendente, ya no obligatoria, u otra que prefieran. La religión deja de ser un orden político, para convertise en una elección individual. Separar a la religión del estado, en principio un pilar del cristianismo largamente ignorado por los cristianos de Roma, no persigue un fin ni administrativo ni religioso, sino de libertad del individuo. Quiere la no imposición del “bien” con los garrotes; dejar el garrote relegado al ejercicio de la justicia, es decir, a un fin defensivo. En el uso común, sin embargo, ambas son “ideologías”, tanto el marxismo como el capitalismo y ese será el sentido utilizado por el papa. Lo que es cierto es que ambos sistemas de ideas no pertenecen a la religión porque tratan asuntos de la tierra y dirimen cuestiones de poder. Eso es algo adquirido como valor general, dado que la unión estado-religión, llevó a la humanidad al desastre. Occidente ya guió sus asuntos mediante la religión; estuvo gobernado por la Iglesia a la caída del imperio romano, durante la edad media, bien llamada oscurantismo. Todavía hay muchos resabios de eso como el control del matrimonio y la legislación familiar en general.

Hay que vincular la contradicción papal sobre el tema de la pobreza que mencioné al principio justamente con esa cuestión ¿Qué es lo que hace ver al papa a la pobreza como un mal del capitalismo, dado que no entiende una palabra de economía y, a su vez, dentro de la  isla sometida a los Castro a la misma pobreza como un regalo divino? La respuesta está en qué es lo que le reprocha al capitalismo y qué es lo que le reprocha al comunismo.

Somoza es “nuestro dictador” decía Teddy Roosevelt. La pobreza medieval era “nuestra pobreza”, podría decir Bergoglio; la de Cuba también la interpreta como propia, dado que ocurre por llevar adelante el plan moral como obligación del altruismo sin individuo, pero olvida a Dios. Incluso lo ha prohibido en el pasado, eso es algo que a la Iglesia si le interesa revertir.

No importa si esto es consciente, como pasaba con Roosevelt, nos sirve para interpretar el pensamiento que inspira al papa sobre la sociedad y cuál es su ideal e integrar sus contradicciones.

En cambio el reproche del papa al capitalismo es moral, atribuyéndole todos los males, incluidos los problemas ambientales y cualquier cosa que no logre, porque (al igual que el marxismo ve a al capitalismo), entiende que para reemplazar al paraíso divino (o al marxismo) el capitalismo debería querer ser un paraíso alternativo. De ahí que hable de “endiosamiento del dinero”, cuando el dinero en el capitalismo es instrumental, no es la competencia de un cáliz.

El presupuesto de orden moral dictado desde arriba y el pensar que si eso no existe lo que hay es pecado y degradación, lo une al marxismo de alguna forma. Por eso se reúne con Fidel Castro para hablar de medio ambiente. El desastre ambiental que es la propia Cuba comunista no le importa, es “nuestro desastre ambiental”, el problema está en el mundo capitalista. Tampoco importan los presos del régimen cubano, son “nuestros presos”, como los de la inquisición, presos en nombre del “bien”. Por eso el plan para los jóvenes en Río es el lío y a los cubanos aplastados por el estado les ofrece sumisión amorosa. Y esperanza, es decir; esperen.

Sea o no consciente o planificado, el ideal papal es una gris edad oscura llena de valores categóricos, sin ninguna comodidad o aspiración humana realista, con plenos poderes de la Iglesia para gobernar a la sociedad civil y privar al hombre de la modernidad que lo aleja de su iglesia y de su idea de bien. Por eso no le interesará oír los argumentos económicos ni dejarse impresionar por las evidencias respecto a cómo el capitalismo saca a las masas de la pobreza. No quiere ese resultado, sino una pobreza con mucha misa, pero no la religión atea que proponen los Castro, que le es ajena.

Si miramos el panorama un poco más alejados se ve más claro lo que está ocurriendo. En los propios países occidentales el altruismo socialdemócrata del reparto político ha dominado el pensamiento social. Lo que llaman capitalismo es el remanente de independencia individual, descontados grandes impuestos para hacer “el bien”. Este es, entre todos los intentos de paraíso en la tierra, el que pretende ser menos violento porque deja que la gente opine. De cualquier manera los ámbitos de opinión se van reduciendo, en nombre de la “bondad”. Esto pasa en las universidades que la restringen apelando a la anti-discriinación y al combate al “discurso de odio”; en fin, un intento de eliminar el pensamiento libre en nombre de la preservación del bien, sin rebatir las ideas incómodas con unos argumentos mejores, sino descalificándolas como “peligrosas”. Hay casos de universidades que rechazan la apertura de centros de estudios sobre la economía de mercado financiados por empresas, porque esa sería una visión “interesada”. Lo importante son las visiones “desinteresadas”. La corrección o incorrección de los razonamientos no importa, sino su base “moral”. Interesadas o no las ideas (todas parecen serlo), el lugar para rebatirlas debería ser la universidad. El pensamiento se aplaza por razones extra racionales.

En ese contexto la amenaza que viene de medio oriente se ve cada vez más como religiosa o cultural y no militar e institucional. Si nos gana la irracionalidad, nuestros enemigos también lo serán en su irracionalidad en si y no en sus acciones.

El populismo, sobre todo el latinoamericano, reconoce como una de sus fuentes al marxismo, pero van mucho más allá porque el marxismo no les permitiría subsistir y ha sido completamente refutado en el campo racional. Ni la teoría de la explotación se sostiene, porque el valor no está dado por el trabajo, ni los proletarios se comportaron nunca como Marx pretendía; más que rechazar a su “explotador”, no hacen más que tratar de relacionarse con él en búsqueda de una vida mejor. Por lo tanto ahora el populismo se declarará a si mismo como un cínico aprovechador de todos los resentimientos y debilidades sin el más mínimo análisis acerca de si se justifican. Vendrían a ser los populistas los teóricos últimos de la práctica nacional socialista de Hitler, un gran explotador de todos los resentimientos para convertirlos en poder político omnímodo, dividiendo a la sociedad. Pero esos populistas no lo hacen en búsqueda de un orden mejor que se sostenga en una teoría como la de la explotación, sino sólo para establecer un vínculo de poder ilimitado y tribal entre un líder y los resentidos, contra todos los demás.

El papa va en la misma línea y, aún a riesgo de que su posición pueda ser considerada panteísta, incorpora los prejuicios más izquierdistas sobre el ecología y se une a Fidel Castro en los reclamos, sin que importe para nada que Cuba sea un lugar espantoso como medio ambiente humano. Su mensaje es “dejen las ideas”, únanse a un líder pero no a uno de este mundo, sino más arriba, uno que yo mismo represento. Sin pensar, sólo por amor. Pero no lo dice en términos espirituales, sino operando directo sobre el sistema político, mientras está en juego la libertad y el poder, pretende cambiar el eje hacia el amor, ese amor, universal, a la humanidad o al hombre en abstracto, que permite, o incluso invita, a olvidar al hombre disidente en concreto que se le quiere acercar para encontrar consuelo ante la persecución de los buenos ateos.

La conclusión es que el capitalismo como racionalidad individual, productora, con fines abiertos, no pudo ser respondido en el plano racional. Asistimos a la alianza de todas las irracionalidades y el simple reemplazo de la libertad por un orden benigno, tan benigno como lo fue la Inquisición. Sabemos como termina esto, el que no quiera ser bueno, se verá en problemas.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.