5 grandes mitos en las venas abiertas de América Latina

Por Adrián Ravier: Publicado el 3/10/17 en: https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/analisis-diario/5-grandes-mitos-en-las-venas-abiertas-de-america-latina

 

Eduardo Galeano tenía una pluma extraordinaria. Sus novelas y cuentos siguen deslumbrando al mundo hispano, aunque su clásico de historia titulado Las venas abiertas de América Latina haya tenido como resultado un lamentable impulso para una mentalidad anticapitalista que todavía predomina en la región. Este libro, que el autor escribiera siendo demasiado joven, fue prohibido durante las dictaduras de los años 1970, lo que contribuyó en convertirlo en un libro obligado en muchos colegios secundarios cuando recuperamos la democracia.

Me propongo a continuación desmantelar brevemente los mitos que Galeano presenta en aquel libro, los que se pueden resumir en las siguientes cinco ideas.

1. Ha existido una continua política de saqueo desde la época de la Colonia hasta nuestros días.

Galeano plantea en este libro una línea continua desde el saqueo de metales preciosos –en particular en la forma de oro y plata- generada por los conquistadores en los siglos XVI, XVII y XVIII, hasta los réditos que obtienen empresas multinacionales como General Motors en los siglos XX y XXI.

Lo cierto, sin embargo, es que esta línea continua constituye un mito. Mientras los conquistadores hicieron uso de la fuerza y la violencia para obtener los metales, General Motors y otras empresas multinacionales ofrecen intercambios voluntarios y pacíficos que enriquecen las regiones en las que se introducen ofreciendo inversiones, innovaciones, know how, trabajo y demás.

2. Fue precisamente ese saqueo el que impulsó el mayor desarrollo relativo europeo respecto de Latinoamérica.

Si uno considera hoy el mayor retraso relativo de España y Portugal en relación con sus vecinos europeos no parece haber razón en esta hipótesis. Más bien, los metales preciosos que llegaban a estos dos países permitieron incrementar el consumo de corto plazo, pero condenaron su futuro industrial. Por el contrario, otros autores como Deirdre McCloskey explican que el mayor desarrollo económico de Europa se explica por otras fuentes, a saber, el mayor espacio y dignidad que recibieron los mercaderes e inventores para que sus proyectos pudieran florecer, a medida que se eliminaban controles y regulaciones.

3. El orden económico vigente no es la consecuencia de un orden espontáneo, sino un orden generado a través de la planificación central americana, primero con el cuerpo de políticas gubernamentales, y luego con los tentáculos de las empresas multinacionales que saquean a todos los países en los que se introducen.

No seremos tan ingenuos de creer que Estados Unidos y ciertas potencias no participan en la formación del orden económico vigente. Seguramente lo hacen, y especialmente a partir del momento en que Estados Unidos abandona su política exterior de “no-intervención”, y más bien interviene en todos los conflictos militares y políticos que se generan en el mundo.

Pero asumir que cada empresa multinacional que se introduce en nuestra región es el medio para continuar con el saqueo de otros tiempos, constituye un exceso. Pienso más bien que confluyen en el orden económico vigente ciertos órdenes espontáneos, formando instituciones como el lenguaje, el derecho, el comercio, el dinero o la globalización, con otros factores políticos que vienen diagramados desde el norte.

4. La culpa de nuestros males (pobreza, indigencia, desocupación extendida) es del mundo desarrollado. Nuestra pobreza es la contrapartida de la riqueza de los países centrales.

Quizás lo más peligroso de aceptar el punto anterior, es justamente pensar que nuestros males son producidos por cuestiones ajenas a nuestras decisiones. Estados Unidos y Europa no deciden nuestro futuro, y debemos hacer un mea culpa nosotros mismos de los errores que hemos cometido. Los intercambios voluntarios son un juego de suma positiva, donde ambas partes ganan. Si intercambiamos nuestro trabajo con el de nuestros vecinos y eso nos genera mayor riqueza, ¿por qué pensamos que una frontera política puede cambiar el resultado del mismo proceso? Nuestra pobreza no es la riqueza de los países centrales, sino la consecuencia de no haber sabido crear un contexto favorable a la inversión y a la formación de capital, como sí ocurrió en Europa a partir de lo que comentamos arriba es la tesis de McCloskey.

5. La única forma de interrumpir este proceso y darle esperanza a los pueblos latinoamericanos, es a través de la violencia, expropiando la propiedad privada de los medios de producción a quienes han abusado de él.

Quizás sorprenda al lector que Galeano suscriba las siguientes palabras de Josué de Castro: “Yo, que he recibido un premio internacional de la paz, pienso que, infelizmente, no hay otra solución que la violencia para América Latina”. Sus palabras a favor de la revolución cubana, acompañaron y justificaron el ataque a innumerables derechos humanos de los cubanos que aun hoy sufren las consecuencias de una dictadura, carentes de libertades individuales fundamentales.

Los países latinoamericanos tienen dos opciones. O somos parte del mundo, o nos mantenemos ajenos a él. Y la experiencia muestra que mantenerse aislados o ajenos a él, no trae buenas consecuencias para el pueblo. Más bien, pienso que debemos aprovechar la división internacional del trabajo y la globalización, integrar los mercados y aprovechar los beneficios del intercambio, que siempre genera valor para sus participantes.

En sus últimos comentarios sobre Las venas abiertas Galeano señaló: “Yo no sería capaz de leer el libro de nuevo. Para mí esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima. […] Fue el resultado de un intento de un joven de 18 años de escribir un libro sobre economía política sin conocer debidamente el tema. […] Yo no tenía la formación necesaria. No estoy arrepentido de haberlo escrito pero fue una etapa que, para mí, está superada”.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Inversión, calidad institucional y multiplicador

Por Gabriel Boragina: Publicado el 23/10/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/10/inversion-calidad-institucional-y.html

 

Iremos viendo a continuación la importancia de la inversión, pero desde diferentes ángulos de estudio y en la opinión de distintos autores que se han preocupado de la misma, dado que este es un tema clave del análisis económico que tiene profundas implicaciones, sobre todo en materia de desarrollo y crecimiento. En este orden de ideas, existe una relación directa entre la llamada calidad institucional y la inversión:

“La calidad de las instituciones afecta directamente a los motores del crecimiento: la inversión y las innovaciones y esto, por supuesto, afecta la calidad de vida de las personas. La pobreza, al igual que la riqueza, está directamente relacionada con la calidad institucional, donde encontramos a los países más pobres ocupando las últimas posiciones en el Índice.”[1]

Se refiere al Índice de Calidad Institucional que elabora el autor de la cita. Se señala con notable acierto dos de los principales motores del crecimiento: la inversión por un lado y las innovaciones por el otro. Sin una o sin otro, o sin ambas a la vez va de suyo que los índices de pobreza se dispararán, como se observa en las economías atrasadas que tienen en común ser todas intervencionistas. Hay que aclarar que se asume en este Índice por calidad institucional una serie de instituciones entre las que desempeñan un papel relevante la propiedad privada, el respeto a las leyes que la protegen, como asimismo la libertad contractual que se relaciona directamente con aquella. Hacemos esta aclaración porque, desde una óptica estatista, podría definirse “calidad institucional” en sentido contrario, tema este que de momento no ocupará nuestra atención en este lugar.

“El vínculo entre calidad institucional y crecimiento económico está dado por el volumen de inversiones. Éstas incrementan la productividad total de los factores de producción, mejoran la competitividad de las economías y promueven un crecimiento económico sostenido. La calidad institucional reduce el costo de las inversiones, particularmente la incertidumbre sobre el retorno de la inversión o sobre la capacidad de poder recuperarlo. Por supuesto la calidad institucional no es el único elemento para que las inversiones se produzcan. Los inversionistas también consideran la demanda potencial del producto o servicio que piensan ofrecer, tanto sea en el mercado de destino o en otros mercados de exportación, como también la disponibilidad de recursos humanos y financieros.[2]

Resulta claro que en este pasaje el término “inversión” se utiliza como sinónimo de lo que el profesor Sabino ha definido como “gastos en bienes de capital o de producción”. Es decir, en su sentido estricto, y no en el más amplio que le dan otros autores, como Ludwig von Mises para quien la inversión -en rigor- consiste, más bien, en el destino que se le da al ingreso, y que -según nosotros- puede ser dirigido tanto hacia el consumo como al ahorro. Posiblemente, el significado de la palabra “inversión” como “gasto en bienes de capital” sea más preciso y menos ambiguo (además de ser el más difundido entre los economistas) pero, asimismo, describe con menos fidelidad –a nuestro juicio- la secuencia temporal y la dirección en que se mueve el ingreso. El Dr. Krause establece una relación vincular entre calidad institucional, crecimiento económico y volumen de las inversiones. Dice que el nexo entre la primera y el segundo está dado por el volumen de aquellas.

Cuando se refiere a que “La calidad institucional reduce el costo de las inversiones, particularmente la incertidumbre sobre el retorno de la inversión o sobre la capacidad de poder recuperarlo” está aludiendo a la vigencia irrestricta del derecho de propiedad, cuya garantía legal –seguridad jurídica mediante- asegura mediana o completamente (dependerá del grado de fuerza legal que tenga en el país a considerar) el retorno de la misma o -al menos- la posibilidad de recuperar ese retorno. Por eso se indica correctamente a la incertidumbre como un costo de la inversión, para lo cual este costo no depende exclusivamente de lo que aquí se llama calidad institucional, sino que el riesgo es un rasgo implícito en toda inversión formando parte esencial de su naturaleza.

No cabe ninguna duda que quien más ha contribuido a confundir, tanto la definición como el papel de la inversión en el mercado, no ha sido otro que J. M. Keynes con sus atrabiliarias “teorías”. Una de las más conocidas y populares es la del famoso “multiplicador” que tanto ha dado que hablar a los economistas. Un reconocido experto sobre J. M. Keynes (nos referimos a H. Hazlitt) se ocupó puntualmente de refutar todas y cada una de las ideas de J. M. Keynes:

“Henry Hazlitt explicaba así la idea del multiplicador: “Si por definición la renta de una comunidad es igual a lo que consume más lo que invierte, y si esa comunidad gasta en consumo nueve décimas pares de su renta e invierte una décima parte, entonces su renta ha de ser diez veces su inversión. Si gasta 19/20 en consumo y 1/20 en inversión, su renta ha de ser veinte veces su inversión y así ad infinitum. Estas proposiciones son verdad porque son distintas formas de decir lo mismo. Pero supongamos que tenemos un hombre hábil familiarizado con el uso de las matemáticas. Verá que, dada la fracción de la renta de la comunidad que se dedica a la inversión, la propia renta puede matemáticamente ser designada como una “función” de dicha fracción. Si la inversión es una décima parte de la renta, entonces la renta será diez veces la inversión, etc. A continuación, dando un salto mortal [introduciendo un camelo, diría un castizo], esta relación “funcional”, formal o meramente terminológica se confunde con una relación causa efecto. Seguidamente ponemos boca abajo la relación causal y surge la increíble conclusión que ¡cuanto mayor es la proporción de renta consumida y menor el porcentaje que representa la inversión, más tiene que “multiplicarse” esta inversión para crear la renta total!” Una conclusión absurda aunque necesaria de esta teoría es que una comunidad que consuma el 100% de su renta tendría un incremento infinito de su renta.”[3]

[1] Martín Krause. Índice de Calidad Institucional 2012, pág. 6

[2] Martín Krause. Índice de Calidad Institucional 2012, pág. 7

[3] José Ignacio del Castillo-“LA REFUTACIÓN DE KEYNES”. Revista Libertas 35 (Octubre 2001). Instituto Universitario ESEADE. Pág. 16-17

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.