La crisis laboral del lado de la oferta

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  

 

Hay muchos trabajos que explican la crisis laboral analizados desde el aspecto legal y económico, y nosotros mismos hemos escrito bastante sobre ella a partir de esos dos ángulos. Voy a volver sobre el tema, pero ahora comenzando con una perspectiva totalmente distinta.

Mi experiencia como selector de personal en el área legal revela los siguientes datos extraídos de los numerosos CV recibidos a diario:

En primer lugar, la poca calificación y experiencia laboral efectiva de los/as postulantes. Incluyendo aquellos que declaran haberse graduado hace una considerable cantidad de años.

En segundo término, llama la atención la alta rotación laboral advertida en los CV. Normalmente, los postulantes no superan el año y medio o dos en promedio en cada empleo anterior que tuvieron, y en los casos que estando empleados siguen buscando un nuevo empleo, el tiempo que llevan en su trabajo actual ya está rondando un año o dos de antigüedad, es decir, en la mayoría de los casos (una generalidad muy importante) la inestabilidad laboral de la gente que busca empleo es impresionante.

Otro punto llamativo es que los CV donde se advierte lo anterior son -en su gran parte- de personas del sexo femenino. Lo que lleva a reflexionar sobre los motivos de este fenómeno en dicho sector, sin que implique sentar una regla general a este respecto.

Tanto si esa elevada rotación es por despido como por renuncia -sea en un caso o en el otro- es un dato sumamente preocupante. Si es por despido, es de presumir una baja calificación laboral, y si es por renuncia una prominente inmadurez, falta de compromiso o de vocación laboral por parte del/la empleado/a.

Hemos comprobado personalmente que el sistema de entrevistas no permite predecir cual será -en concreto- el desempeño laboral del postulante al puesto, dado que en la entrevista el/la candidato/a tratan de exhibirse no como son, sino como “creen” que el hipotético empleador desearía que fueran. Adicionalmente, aprovechan las entrevistas para exagerar sus posibles virtudes y minimizar (o directamente ocultar o negar) susprobables debilidades. Todo sumado impide al potencial empleador tener una idea aproximada de cuál es la capacidad, habilidad y entrenamiento real del aleatorio futuro empleado.

En su reemplazo, hemos implementado un periodo de prueba breve pero lo suficientemente amplio como para que nos posibilite tener una idea de si el postulante está en verdaderas condiciones de emprender la tarea y -sobre todas las cosas- cuáles son sus reales motivaciones para ella.

Este periodo de prueba nos ha facultado advertir los siguientes datos una vez concluido el mismo:

  1. Poca experiencia: la experiencia real del postulante para el trabajo sistemáticamente resulta ser menor a la indicada en su CV y a la declarada en las entrevistas.
  2. Escasa calificación para la labor: punto este que va estrechamente concatenado con el precedente.
  3. Inestabilidad laboral inherente al/la trabajador/a: muy a menudo los empleados ofrecen excusas relativas a sus errores en el trabajo atribuyéndoselos a problemas familiares, personales, de salud, afectivos, de distancia, y cuestiones de índole personal ajenas a la ocupación en sí.
  4. Pretensiones desmedidas del postulante en relación a los puntos 1 y 2: procuran retribuciones de nivel gerencial cuando sus destrezas apenas pueden rozar las de un cadete de oficina pública.
  5. Espíritu emprendedor cero. Los candidatos no buscan emprender dentro de la organización sus propios proyectos, sino que buscan depender de ella (y en ella) por un corto tiempo para luego probar suerte en otra, y luego en otra y otra, …etc. con lo cual se inicia el circulo vicioso que trae como consecuencia la continua rotación observada aquí.
  6. Falta de cultura y vocación de trabajo: hemos notado una decidida falta de voluntad anómica laboral. Cuyas causas son supra-laborales y las atribuimos a la deficiente educación recibida por los candidatos en los tres niveles tradicionales: primario, secundario y universitario.

De esta manera, y evaluando esta nuestra experiencia, encuentra cierta explicación la gran inestabilidad laboral que se observa analizando los CV de los candidatos.

La verificada elevada propensión a no permanecer en un mismo empleo más allá del año, año y medio o dos atenta -contrariamente a lo que aparentan creer muchos buscadores de empleo- contra la adquisición de experiencia en una determinada área. Sucede que no hay dos empresas o empleadores donde el mismo trabajo se desempeñe de manera idéntica en una que en otra, y esta realidad figura que se pierde de vista por el aleatorio empleado.

Otro mito del postulante considera ser el de que un nuevo empleo importará –por sí mismo y por el sólo hecho de tal– una mejor remuneración que el que se proyecta dejar, como si ello se adquiriera automáticamente y que no sólo debería suceder, sino que así efectivamente acaecerá, ignorando que el posible empleador evaluará todo lo mencionado antes para determinar cuál será la retribución ofrecida al futuro candidato, el que no estima relacionar su experiencia con la remuneración que le debería corresponder por ella. Generalmente, el candidato espera un estipendio prominente, pese a su experiencia baja o incluso nula.

También parecen ignorar los candidatos a un empleo que la fidelidad del trabajador con quien lo contrata es un dato de suma relevancia para el empleador. Este es un rasgo importante, que en una sociedad donde se vive una crisis de compromiso a nivel general, torna la estabilidad laboral en algo efímero.

A esto, se le suman las barreras institucionales, como las leyes y políticas laborales, que tienden a restringir, dificultar y, finalmente, impedir la contratación en masa de mano de obra.

Entiendo que todos estos elementos (junto a otros que hemos enumerado en otras ocasiones) se agregan a la explicación de la grave crisis laboral que afronta la Argentina.

Es decir, por un lado, la gente no está capacitada para trabajar y, por el otro, las leyes laborales les impiden el ya restringido acceso que pudieran tener a un trabajo donde se podrían empezar a capacitar y -definitivamente- tampoco hay una verdadera voluntad ni vocación por el esfuerzo que implica tanto formarse como por conseguir un empleo estable. Las razones -como siempre decimos- son mucho más de fondo, y radican en la infravaloración de la educación debida -a nuestro juicio- a la constante e inherente intromisión estatal en el área, en todos los niveles educativos (primario, secundario, universitario, municipal, provincial y nacional).

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina ‏ 

Sobre el cambio y su critica

Por Gabriel Boragina Publicado el 8/4/18 en: Por Gabriel Boragina Publicado el 1/4/18 en:

 

A veces, se critica a políticos porque cambian de partido o de referente político. Se dice que -en dicho supuesto- se traicionan los ideales. También sucede en otros órdenes de la vida además del político.
En la jerga corriente argentina, suelen denominárselos popularmente “panqueques” asimilando la manera particular en que se prepara este alimento, y por la forma rápida en que “se dan vuelta”.
Sin embargo, a veces esta crítica es apresurada o, directamente, injusta. Porque todos podemos mudar nuestra manera de pensar, dado que no somos los dueños de la verdad, ni la tenemos revelada, ni gozamos de omnisciencia.
Por el contrario, es encomiable que reconozcamos nuestro error y nos adhiramos a una idea, empresa o cualquier otra opinión que ahora reconozcamos como la correcta.
Que un delincuente decida dejar la delincuencia y pasarse al bando de las personas honestas no puede ser objeto de censura, ni critica alguna, si la decisión es sincera y firme.
Claro que, cuándo el cambio es ostensiblemente contradictorio y moralmente grave ya no podría decirse lo mismo. En el ejemplo anterior, sería el de un honesto que decide pasarse a la delincuencia. O -en otro plano- si alguien que militaba en el “partido demócrata cristiano” de cualquier país, de repente se afilia al partido nazi o comunista, obviamente ahí si se justifica la sospecha, y aun la critica a esos cambios específicos.
O -en otro ejemplo hipotético- si alguien que ha militado entusiastamente contra el aborto, de repente se pone -con el mismo fervor- a favor de lo que ha combatido, pero en sentido contrario, también es digno de desconfianza y de recelo.
En temas menos serios, es decir, donde las diferentes posiciones sustentadas no sean tan tajantes, habrá que recurrir a otros parámetros para medir si el cambio es franco o no, con independencia que se comparta o no la mudanza de una forma de pensar hacia otra.
En esta línea, es fundamental que el decir sea acompañado con el hacer. Y no que se quede en el mero decir. Siguiendo con los ejemplos anteriores, si el delincuente “dice” querer pasar, o que ha pasado, a las filas de los honestos, debe demostrarlo coherentemente con comportamientos -de allí en más- decentes. Los hechos hablan en voz más fuerte que las palabras.
La persona que cambia de ideas debe ser coherente y consecuente con las nuevas doctrinas que abraza. De hecho y de palabra. Si esto no es así, aquí sí que cabe la censura a un “cambio” que no ha sido veraz, sino fingido. Un violador serial que predique la continencia sexual no es creíble.
Cuando las mutaciones tienen una rotación muy alta, como la que se verifica en aquellas personas que cambian continuamente de trabajo, de estudios, residencia, gustos, de pareja, etc. estamos frente a otro problema, que recibe distintos nombres según el campo donde se observa. Así, habrá que hablar de inestabilidad laboral, vocacional, emocional (si se trata del mundo de lo afectivo), etc.
Puede deberse a inmadurez en la mayoría de los casos por el estilo, sin importar para nada la edad de la persona en cuestión, porque la madurez o falta de ella no va asociada a aquel factor (aun cuando popularmente se crea en el error de que sí).
El cambio es natural, pero las alteraciones bruscas, abruptas o sorpresivamente inmediatas denotan cierta anomalía en el ánimo del agente. Y no se condicen con el equilibrio natural.
El mundo de la economía –en otro ejemplo- es un mundo de cambios. Los consumidores mudan de proveedores cuando encuentran otros que los sirven mejor y a menor precio. Nadie se escandaliza por ello ¿Por qué anatematizar otro tipo de cambios?
Siempre que el cambio sea positivo, ya fuere para la persona que cambia o para los demás, debe aplaudirse el cambio. En caso contrario desde luego que no. Y -en nuestra opinión- el cambio es positivo solo cuando se orienta hacia el bien común, entendido este como el bien de todos sin exclusión, el que no siempre ha de implicar una acción concreta. Muchas veces el cambio positivo consiste en una abstención, como, por ejemplo, sortear una pelea, pasar un mal momento, permitir que algún ser querido cometa un error para que aprenda del mismo a evitarlo en lo futuro, etc. En otros casos se requerirá una acción concreta (hacer un favor, etc.) En cada situación, el agente deberá evaluar si el bien consiste en actuar o dejar de hacerlo.
No es recusable el cambio cuando es genuino, cuando es claro y se demuestra en forma sostenida y en el tiempo. Ninguno está exento de cometer errores, porque no gozamos de omnisciencia, y el traspié es propio de nuestra condición humana. La crítica al desliz ha de ser con ánimo constructivo y no destructivo. Y lo constructivo es la búsqueda de la verdad.
Sin el cambio no podría concebirse ni el progreso ni el retroceso humano. La civilización tal como la conocemos actualmente no hubiera sido posible. Por lo que el cambio en si mismo es un hecho que no puede racionalmente ser objeto de censura, porque forma parte esencial de la evolución. El único cambio censurable es el involutivo, aquel que ataca en pequeño o en grande el avance social y personal de cada uno de los individuos.
Con todo, el cambio en las opiniones de los políticos y -sobre todo- de sus acciones debe ser visto con especial recelo para poder distinguir si son genuinos, o son fruto del oportunismo electoralista al que la mayoría de los candidatos son tan afectos. Este tipo de cambios no son, normalmente, sustanciales, porque el arco ideológico político contemporáneo es bastante similar en casi todos los partidos, sobre todo si tenemos en mira (comparativamente) finales del siglo pasado y comienzos del presente. Los cambios en las ideas políticas de las últimas décadas suelen ser de meros matices, en una concordancia ideológica que gira en torno a la socialdemocracia.
Los cambios sociales son siempre producto de la transformación de las ideas, lo que nada nos dice -por supuesto- de la bondad o nocividad de las ideas que se ponen de moda en una u otra época.

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.