Errores y sabios

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 16/8/22 en: https://www.larazon.es/opinion/20220817/43t46nbqdbcytg22duc4ztycvq.html

Los controles de precios no funcionan, y suelen tener consecuencias negativas para la población, como lo prueba una experiencia de cuatro mil años, desde los sumerios hasta Nicolás Maduro

FOTO: MARÍA JOSÉ LÓPEZ  EUROPA PRESS

Escuché en La Brújula de Onda Cero unos cortes que puso Juan Ramón Lucas con declaraciones de dos destacados políticos progresistas sobre la inflación.

El diputado Jaume Asens, presidente de Unidas Podemos, afirmó que la inflación no se reduce con más destructores en Rota sino subiendo los salarios y aumentando el gasto público en «medidas sociales». Fue incapaz de explicar cómo esas medidas frenarán el alza de los precios, y tampoco cómo se logra enriquecer a la gente empobreciéndola con más impuestos, que eso es lo que significa subir el gasto público.

A continuación, escuché al también diputado Íñigo Errejón, presidente de Más País, que coincidió en la receta intervencionista, pidió más gasto público (pasando por alto, como siempre, el destino aciago de quienes van a ser forzados a financiarlo), y sostuvo seriamente que para bajar la inflación hay que controlar los precios, concretamente los precios de la energía, los alquileres y los productos de primera necesidad.

Los controles de precios no funcionan, y suelen tener consecuencias negativas para la población, como lo prueba una experiencia de cuatro mil años, desde los sumerios hasta Nicolás Maduro, pasando por numerosos países, desde los comunistas hasta la dictadura franquista, a la que estos pseudoprogresistas dicen aborrecer.

El análisis de la inflación está viciado por este pensamiento fantástico que no considera la responsabilidad de los políticos. Por ejemplo, leí en «Público» este titular: «la práctica totalidad de las autoridades económicas y monetarias han declarado al IPC el enemigo público número uno», como si las políticas expansivas de esas mismas autoridades no tuvieran nada que ver con la cuestión. Y así siguiendo, indefinidamente desvariando con que los empresarios causan la inflación, o que todo se debe a una conspiración contra el Estado benefactor.

Ahora bien, 17 personas apoyaron a Joe Biden cuando planteó un enorme incremento del gasto público y los impuestos, alegando que ello mejoraría el crecimiento y moderaría la inflación. No eran periodistas, ni políticos. Eran 17 premios Nobel de Economía. Cierto es que podemos encontrar 17 colegas que sostengan la opinión contraria, pero nunca cabría acusar a los Nobel intervencionistas de ignorantes.

La ignorancia, como decía Ortega, no es mala, y todos ignoramos cosas que nuestra vecina está harta de saber. Lo malo no es no saber: lo malo es creer que sabemos y estar equivocados.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Y ahora son liberales, vaya, por Dios

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 21/6/16 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/y-ahora-son-liberales-vaya-por-dios/

 

Carlos Alsina, con manifiesta intención provocadora, me dijo ayer que los de Podemos son liberales, según Íñigo Errejón. Veamos lo que les respondió a Daniel Basteiro y Alberto Lardiés en El Español.

Primero, la ambigüedad calculada. Los políticos se acuerdan del liberalismo en campaña electoral, como hizo Zapatero, que sostuvo que era liberal, y al que tampoco creí («Cual torna la cigüeña al campanario», Expansión, 13 noviembre 2000). El PP también ha coqueteado con el liberalismo, cuando le ha convenido, pero siempre lo ha reivindicado a la vez que reivindicaba lo contrario, eludiendo la contradicción mediante el viejo truco de aclarar, como los socialistas, que ellos son liberales pero no extremistas, claro que no.

En terreno parecido se mueven los de Podemos. Errejón divagó sobre la “transversalidad” donde caben multitudes, porque la “frontera en España pasa hoy por la regeneración democrática y la protección de los derechos sociales o un modelo económico que no deje a la mitad del país atrás. En torno a esa frontera hay una mayoría popular nueva, con gentes que se identifican con etiquetas muy diferentes”.

Basteiro y Lardiés, lógicamente insatisfechos ante semejante humareda populista, le repreguntaron si los liberales pueden votar a Podemos, en especial tras su pacto con los comunistas. Atención a la respuesta: “Creo que sí porque en primer lugar están de acuerdo con nosotros en la soberanía nacional, que hoy está en peligro, pero no por cuestiones territoriales o por el cambio político. Está en peligro porque se reconoce que nos gobiernan señores que no hemos elegido y que son capaces de decirles a nuestros gobernantes electos lo que pueden hacer y lo que no.”

Ningún liberal ha incurrido en esta paranoia que comparten marxistas y fascistas de que estamos gobernados por malvados capitalistas. Sabemos que quienes nos arrebatan la libertad y la propiedad no son Amancio Ortega ni Bill Gates, sino los políticos.

Distingue don Íñigo a los liberales buenos de los malísimos que “quieren recortar las pensiones porque tienen un plan de pensiones privado”. Ningún liberal quiere recortar las pensiones: los populistas lo hacen, como sus amigos griegos. Los liberales queremos que los pensionistas, y no los políticos, sean los propietarios de sus pensiones. Y eso, que es la libertad, es lo que Podemos odia. Y por eso ha pactado con los comunistas la supresión de la desgravación de los planes privados de pensiones en el IRPF, es decir, ha pactado subirles los impuestos a millones de trabajadores españoles. Mienten, por tanto, los de Podemos cuando aseguran que el delirante plan de aumento del gasto público que han acordado con IU se financiará persiguiendo sólo a los superricos.

Eso sí, aunque en Podemos mienten como los demás políticos, también pueden ser muy divertidos. Errejón dice que, como “el liberalismo protege la separación de poderes”, entonces los liberales podríamos votar a Podemos. No me dirá usted que no tiene gracia.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.