Consumo: serán medidas contra el mercado

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 15/4/19 en:  https://www.ambito.com/consumo-seran-medidas-contra-el-mercado-n5026353

 

Consumo: serán medidas contra el mercado

En su soberbia los políticos creen que pueden potenciar, manejar el mercado, el sector privado, las personas. Pero al no tener el Estado la exigencia y el aliciente de la competencia -ya que con su monopolio de la violencia impone leyes y regulaciones a conveniencia- es ineficiente. Así, en tanto absorba recursos del sector privado y competitivo -eficiente- la economía caerá.

El Gobierno, y muchos gurús de la City, aseguran que el peso del Estado en la economía bajó con Macri porque lo estiman erróneamente: el Presupuesto sobre el PBI. Pero el peso del Estado no es ese, sino lo que retira del sector privado por vía de impuestos, inflación y endeudamiento/tasas altas -ítems que subieron mucho- y las regulaciones que impiden su libre expansión.

Por ejemplo, el consumo de combustibles, si en febrero subió 0,78% ia, probablemente debido al campo, venía registrando cinco meses consecutivos de caída del 5% promedio. En cualquier caso, disminuyó 5,5% respecto de enero. El Indicador sintético de servicios públicos (ISSP) mejoró 1% en enero respecto de diciembre, pero bajó 4% ia -menor demanda de gas, electricidad y agua- y van 9 meses seguidos de bajón, mientras que el transporte de pasajeros cayó 0,7% registrando caídas desde agosto.

Así, el Gobierno anunciará este miércoles medidas para “reactivar el consumo” que serán contrarias al mercado desde que, dado el marco del “modelo” macrista, implican directa o indirectamente un aumento del peso del Estado: lanzamiento de nuevos créditos de Anses y el “reforzamiento” de los “Precios Cuidados”.

Confunden inflación con suba de precios. La variación de precios es un indicador básico de la economía que transmite información para que el mercado funcione: cuando las personas demandan celulares, sube el precio para que los fabricantes se vean tentados a fabricar más.

La inflación es la depreciación de la moneda -que cumple con la curva de OD como cualquier producto- por un exceso de oferta sobre la demanda, en tiempo real. Obviamente, nada tiene que ver con la “reputación o credibilidad” del BCRA, en tanto que la “dolarización” -que ya fracasó, por razones políticas, y que en Ecuador no ha catapultado a la economía- es sólo un parche que no va al fondo de la cuestión.

Según un dirigente de la UIA, los tres drivers de “la inflación” de los costos empresariales son: los salarios, el tipo de cambio y el aumento de las tarifas. Además de la tasa de interés tan alta, que trasladan a los precios. De aquí surge que el dólar no provoca inflación -en todo caso, pass through- y las tasas sí, porque son generalizadas para toda la economía.

La tasa de plazos fijos de los depósitos mayoristas, en el último mes, aumentó 11 pp, de 37% a 48%. Entretanto, la que cobran los bancos por adelantos en c.c. -la financiación más usada por las empresas- pasó del 53,7% al 68,5%, a lo que hay que sumar gastos administrativos, ingresos brutos y otros costos internos llegando el CFT a más de 95%. Así es cómo el crédito a privados apenas alcanza al 14% del PBI.

Si se dolarizan portafolios, vendiendo bonos y acciones -que están en mínimos de la gestión Macri, y van para peor- haciendo subir el riesgo país -los CDS ya marcan una posibilidad de default de 50% en cinco años- se debe a que la economía del peso tiene rentabilidad negativa.

El pass through puede provocar la suba de precios directa o indirectamente relacionados con el exterior, pero es falso que la suba del dólar de más de 100% en 2018 haya dejado arrastre inflacionario para 2019. Ahora, el Gobierno intenta mantener el dólar “calmo” empeorando la situación al impedir que los precios en el mercado se acomoden naturalmente.

Según el Stand By Agreement (SBA) con el FMI, que delimita la zona de no intervención (ZNI), la autoridad monetaria vende cuando la supera y compra en la inversa. En el BCRA creían que el dólar iba a estar en la parte baja de la ZNI, como fue durante el verano permitiéndoles una buena emisión para comprar dólares cuando la demanda de pesos caía brutalmente.

El BCRA pretende controlar al dólar con las subastas que arrancan hoy -u$s 60 M diarios- y la oferta del agro. Escribió el presidente de la CRA que habrá una cosecha récord, “a pesar de la sequía del año anterior, las altas tasas de interés y la presión impositiva”. Pero aclara que es el exportador el que liquida divisas y no el productor que hoy está muy ahogado y vende rápido. En cambio, “el exportador tiene 9 años y medio para liquidar, un spread incomprensible” se queja la CRA aireando una desavenencia entre quienes deberían ser socios dejando explícita una crisis.

Finalmente, a cambio de tanto peso, el Estado debería mejorar la infraestructura, se queja la CRA, cosa que al contrario del discurso oficialista no ocurrió: “Donde antes salían 3 camiones hoy salen 20… (ese es) el esfuerzo del productor, pero se encuentra con los mismos caminos y en peor estado”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Las retenciones están para quedarse (y aumentar)

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 19/3/19 en: https://www.ambito.com/las-retenciones-estan-quedarse-y-aumentar-n5021545

 

Las retenciones están para quedarse (y aumentar)

“Nada es tan permanente como un programa temporal de emergencia del gobierno”, decía el Nobel de Economía 1976, Milton Friedman, entre otros. Y cuánta razón tiene, basta con ver la historia, sobre todo la Argentina.

Así, cuando Macri -no exento de mesianismo ya que considera a su Gobierno “fundacional”- en su visita a Expoagro dijo que las retenciones implementadas el año pasado son “una emergencia, un mal impuesto”, envió el mensaje subliminal de que llegaron para quedarse y remató asegurando que cree “en todo lo que hemos hecho”. Y los números corroboran que así será.

A ver. La recaudación tributaria en 2018 subió 31,2% respecto de 2017, debajo de la inflación que fue del 47,6%. Ahora, los rubros de exportación fueron los de mayor crecimiento, dada la devaluación y las retenciones, 52% de aumento en el acumulado anual respecto del año anterior. La recaudación específicamente por derechos de exportación subió 72,7% ia.

Según la SRA, de 2002 a 2017, el sector agropecuario aportó en retenciones u$s93.863 M (u$s6.257 M promedio anual). En tanto que el Presupuesto 2019 prevé que suban hasta u$s8.500/9.000 M. Hay que agregar el Inmobiliario, Ingresos Brutos, IVA no reintegrado, aportes patronales, impuesto al combustible de fletes, aporte al fondo de caminos rurales, etc.

Así, es imposible que el “modelo macrista” disminuya las retenciones y hasta podría aumentarlas. Aclaremos que las retenciones previstas para 2019 equivalen a un promedio mensual de $30.000 M. El primer bimestre de 2019 cerró con un superávit fiscal primario de $23.384 M, dado el resultado positivo de $6.726 M en febrero. Calcule cuánto quedaría sin las retenciones a lo largo del año a este ritmo.

Los ingresos totales de febrero aumentaron 48% ia, otra vez debajo de la inflación ia del 51,3%, y los gastos crecieron 29%. Si bien el acumulado anual registra un superávit fiscal primario de 0,1% del PBI -mientras que en el primer bimestre de 2018 registraba un déficit de 0,1% del PBI- y el Gobierno hace hincapié en la reducción de gastos, lo que vale es el resultado financiero -que incluye los intereses de la deuda pública- que, para el acumulado anual, tuvo un déficit de 0,3% del PBI, aunque en igual período de 2018 el déficit fue de 0,4% del PBI.

Es decir, la recaudación impositiva cae en términos reales, la reducción de “gastos totales” no es tal porque deben incluirse los intereses de la deuda pública que vuelven a crecer y ya se llevan más del 16% de la recaudación -los intereses en febrero crecieron casi 55% ia, más que la inflación-, así el modelo macrista sólo podría prescindir de las retenciones si ocurriera una muy fuerte suba del PBI -consecuentemente, de la recaudación-, lo cual es impensable con este nivel de presión “fiscal total” (impuestos, inflación y altas tasas). Por el contrario, la economía seguirá cayendo y el Gobierno desesperado es probable que suba las retenciones.

La caída de la recaudación en términos reales y la demora de los sojeros para vender -a la espera de un dólar más alto- amenazan el déficit cero comprometido con el FMI; de hecho, algunas consultoras estiman un déficit primario y financiero de hasta 1% y 5% respectivamente para 2019. Irónicamente, el Gobierno está encaprichado en pisar al dólar -creyendo que provoca inflación cuando es al revés- y, dada la aceleración de la inflación, el BCRA anunció un contraproducente “endurecimiento del programa monetario”.

Además de que el Gobierno venderá u$s9.600 M hasta diciembre a un promedio de 60 M diarios -un regalo para los que fugan capitales- podría aumentar la emisión de Leliq subiendo aún más la ya estrafalaria tasa -en una bola de nieve ya que esto implica un mayor crecimiento del stock- perjudicando severamente la producción incluida, por cierto, la agropecuaria.

Las Leliq ya suman $1 B o u$s24.000 M o 5% del PBI, 80% de la base monetaria que es de $1,26 B. Estos neokeynesianos creen que la inflación tiene que ver con el exceso de moneda en el mercado cuando, precisamente, la inflación es la bajada del precio de la moneda, que produce el mercado, para equilibrar el exceso de emisión respecto de la demanda. O sea, una vez producida la inflación, el mercado queda equilibrado. Con lo cual absorber pesos con Leliq, irónicamente, provoca inflación porque, al absorber demanda de pesos, en un mercado ya equilibrado, queda exagerada la oferta existente -en tiempo real- provocando una caída en el precio del dinero.

Por cierto, la tasa de las Leliq ya rebotó casi 20 puntos porcentuales (pp) desde mediados de febrero. Sin embargo, las tasas de los plazos fijos minoristas suben sólo 2,2 pp desde su mínimo. Lo que se debe a la dilación burocrática en el traslado, a la nueva forma de computar encajes que achica el traspase, pero, sobre todo, al exceso de liquidez ya que los depósitos crecen 33,7% ia, mientras que los créditos al sector privado suben sólo 8,7%. Con el crédito por el suelo, los nuevos fondos van a las Leliq, la bicicleta financiera. Olvídense de la producción, del crecimiento económico.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Cinco acciones para evitar otra crisis cambiaria

Por Adrián Ravier.  Publicado el 20/5/18 en:  https://www.lagaceta.com.ar/nota/771062/actualidad/cinco-acciones-para-evitar-otra-crisis-cambiaria.html

 

El problema central de la Argentina es fiscal. El gasto público es exacerbado. El Ministerio de Hacienda debe crear un programa fiscal que apunte a bajar el déficit financiero y no solo el primario

POSTURA. Sturzenegger reconoció el pedido del mercado de endurecer la política monetaria. Reuters.-

Hubo autocrítica. El presidente de la Nación Mauricio Macri y el titular del Banco Central de la República Argentina Federico Sturzenegger reconocieron errores en sus presentaciones tras la crisis cambiaria de los últimos días. Macri dijo que las metas inflacionarias eran demasiado ambiciosas, mientras que Sturzenegger reconoció el pedido del mercado de endurecer la política monetaria.

Lo cierto es que han pasado dos años y medio con escaso avance en materia inflacionaria y es poco lo que se espera que logren en 2019, un año electoral.

Al recorrer la historia reciente, uno observa un 2016 de correcciones con recesión; un 2017 de recuperación; y se esperaba hacia el primer trimestre de este 2018 un primer año de crecimiento real. Los analistas permanecimos críticos sobre la lenta baja en la inflación o la inacción fiscal, pero había cierto consenso en que la inflación podía bajar desde el 24,8 % que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) midió para el 2017, además de pronósticos de crecimiento de entre 2% y 3% de la actividad económica.

Tras la crisis cambiaria, las estimaciones de inflación superarían el 25%, mientras que la contracción económica, producto de las altas tasas de interés, generarían un crecimiento por debajo del 1,5%. La menor actividad económica reducirá la recaudación, lo que abre dudas también sobre las nuevas metas fiscales que el Ministro de Hacienda se propuso en medio de las turbulencias.

A continuación detallo las cinco políticas clave que entiendo la Argentina debe tomar para evitar otras crisis cambiarias ante cualquier “soplido” que llegue desde el exterior.

1 – El Ministerio de Hacienda debe crear un programa o regla fiscal que apunte a bajar el déficit financiero y no solo el déficit primario. Mientras el déficit primario baje a un ritmo menor que los intereses de deuda, el déficit financiero aumenta, como ha ocurrido en todo este tiempo.

2 – El problema central de la Argentina es fiscal. El gasto público es exacerbado. El oficialismo debe retroceder en la creación de los cinco Ministerios creados en estos dos años y medio de gestión. Aun mejor sería devolver a la Argentina a la estructura de diez Ministerios que existía cuando asumió Cristina Fernández de Kirchner en 2007. Recordemos que debajo de estos organismos se crean secretarías y subsecretarías que forman una estructura del estado gigantesca que es costoso financiar y provoca el resto de los desequilibrios.

3 – Sobre la base del punto 2, se puede alcanzar el equilibrio fiscal primario en el próximo presupuesto. Se requiere trabajar en estos meses en un Presupuesto Base Cero como el que han implementado muchas empresas y gobiernos en situaciones de desequilibrios como el que hoy tiene Argentina. Hay un cambio de ciclo en la economía global hacia menor liquidez que harán costoso el financiamiento de cualquier desequilibrio fiscal.

4 – En la medida que el gobierno recupere el equilibrio fiscal, podrá avanzarse en una reducción de la presión tributaria. Hay más de 100 impuestos en la Argentina, cuando sólo una decena explican la mayor parte de la recaudación. Argentina no puede pretender captar inversión local o extranjera, con este nivel de impuestos. Una reducción del IVA o Ganancias son necesarias, pero ingresos brutos o el impuesto al cheque deben eliminarse de forma inmediata.

5 – El Banco Central de la República Argentina debe recuperar su independencia y dejar de financiar al Tesoro. Debe iniciarse una transición para que la deuda en Lebacs se convierta en deuda del gobierno, lo que fortalecerá a la autoridad monetaria en su lucha contra la inflación.

No desconozco que debe trabajarse en una reforma integral del Estado. Pero si la Argentina se encamina hacia el equilibrio fiscal, el equilibrio monetario y cambiario llega solo, y ello da espacio para continuar con una reforma hacia el interior de la estructura del Estado para que obstaculice menos a la función empresarial y el proceso de mercado.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Autónomos, los más explotados impositivamente

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 12/9/17 en: http://economiaparatodos.net/autonomos-los-mas-explotados-impositivamente/

 

El legislador considera que todo lo que uno factura por encima del mínimo no imponible es pura ganancia del profesional

Mucho se habló durante la campaña electoral de la carga impositiva y en particular del impuesto a las ganancias y poco se hizo hasta ahora. Pero el tema del impuesto a las ganancias siempre estuvo concentrado en las personas en relación de dependencia, que por cierto pagan como nunca en su vida pagaron ganancias para mantener piqueteros, ñoquis y políticos. También se concentró, pero con menos intensidad, en las empresas, que al no poder ajustar sus balances por inflación, pagan el impuesto a las ganancias sobre utilidades ficticias. Sin embargo nunca se habla del caso de los autónomos que, quizá por no tener representación gremial, somos los más explotados por el fisco. Es que hay 9,2 millones de asalariados en relación de dependencia incluyendo a los empleados públicos, 1,5 millones de monotributistas y solo 400.000 autónomos. Somos demasiados pocos para que alguien se preocupe por nuestra situación.

El autónomo es alguien que trabaja en forma independiente y que, al igual que una empresa, sabe cuáles son sus costos fijos pero no tiene un ingreso asegurado. A fin de mes no tiene que pasar a buscar el cheque por la ventanilla ni le acreditan el sueldo.

El autónomo factura y tiene un mínimo no imponible. Para este año el mínimo no imponible es de $ 51.967 anuales ($ 4.330 mensuales) y a partir de ahí comienza pagar el impuesto a las ganancias salvo por algunas deducciones que puede hacer, si tiene hijos hasta 25 años, esposa, madre a cargo y alguna que otra cosa más. Igual las deducciones son mínimas. El mínimo no imponible aumentó el 1.200% entre 2003 y 2017, mientras que la inflación, en el mismo período, será del 1.700%. En otras palabras, el mínimo no imponible aumentó muy por debajo de la tasa de inflación con lo cual aumenta la presión impositiva en términos reales.

Pero lo más curioso es que el que inventó el impuesto a las ganancias para los autónomos es bastante ignorante y desconoce un mínimo de economía y hasta de contabilidad. Voy a tomar mi caso como ejemplo.

El legislador considera que todo lo que uno factura por encima del mínimo no imponible es pura ganancia del profesional. Como economista puedo deducir como costo de producción la tinta de la impresora, alguna birome que compre, resmas de papel y cosas por el estilo. Pero lo que no entienden los legisladores que hay un costo de producción muchísimo más alto que es el de estudiar y analizar. Por ejemplo, para dar una charla sobre la situación económica tengo que buscar datos fiscales, monetarios, de actividad económica, etc., analizarlos, buscar informes y estudiarlos. El legislador cree que un economista serio se para delante de su auditorio y se pone a hablar sin haber hecho todo el trabajo previo. Sin embargo, la búsqueda de datos, su análisis, así como la lectura de informes, libros, etc. es un costo de producción que para el ente recaudador solo cuesta $ 4.330 por mes. Con todo el respeto que me merecen, una empleada doméstica gana 3 o 4 veces más que ese costo de producción que nos reconocen a los autónomos, en mi caso economista. El que legisla sobre impuesto a las ganancias para autónomos no entiende que buscar datos, procesarlos y analizarlos también es producir. Para los que legislan en este aspecto producir es algo que tiene que ser material. Ellos entienden que el que hace chorizos tiene el costo de producción de los ingredientes, la tripa, el hilo, la electricidad para el frío, etc., ahora no entienden como costo de producción todo el estudio que tiene que hacer un contador para mantenerse al día con el tsunami de normativas que emite la AFIP, leer fallos sobre casos tributarios y demás trabajo intelectual. En el caso de los economistas creen que nos entretenemos analizando las variables monetarias, financieras, fiscales, de actividad económica, etc. O tomemos el caso de un médico que tiene que estudiar todo el tiempo para mantenerse actualizado sobre nuevos tratamientos. Para ellos costo de producción es algo físico. No es costo de producción el trabajo intelectual. Por lo tanto, al establecerse un mínimo imponible muy bajo, rápidamente el autónomo trepa a la escala del 35% y el impuesto a las ganancias se transforma en casi en un impuesto a los ingresos brutos de los autónomos pero del 35%.

Habría que agregar que en el caso de los profesionales el físico y la mente van teniendo un desgaste y por lo tanto, al igual que cualquier máquina, el cuerpo del profesional debería tener alguna amortización. ¿O se creen que el resto físico de un profesional independiente es el mismo a los 30 años que a los 70 años?

En definitiva, uno de los sectores más perjudicados por este sistema impositivo perverso que solo busca mantener a piqueteros, ñoquis y legiones de políticos, es el de los autónomos. Y como somos pocos y no estamos sindicalizados, somos sometidos a todo tipo de presión fiscal mientras la única preocupación parece estar en el impuesto a las ganancias de los trabajadores en relación de dependencia.

Que queda claro, un profesional independiente trabaja tanto o más que un profesional en relación de dependencia, con la diferencia que a fin de mes no tiene asegurado el cheque en la ventanilla y el estado le nos aplica una presión impositiva salvaje. Peor que a los empleados en relación de dependencia.

El impuesto a las ganancias es un disparate conceptual, pero si en todos estos años los empleados en relación de dependencia protestaron por lo que tienen que pagar, si les sirve de consuelo, a los autónomos nos exprimen como a limones porque quienes establecen la forma de tributar del autónomo es un ignorante en materia económica y contable.

Toda esta expoliación tiene como premio final una jubilación de $ 6.500 mensuales como autónomo. Si esto no es explotación del ser humano y estado de esclavitud, se le asemeja bastante.

PD: en la era k tuve 7 inspecciones de la AFIP, espero que esta nota no se traduzca en otro acoso fiscal como el que tuve que padecer en la era kirchnerista.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Ganancias: autónomos, el último orejón del tarro

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 25/12/16 en: http://economiaparatodos.net/ganancias-autonomos-el-ultimo-orejon-del-tarro/

 

Los autónomos somos el último orejón del tarro por la sencilla razón que no tenemos ningún dirigente sindical que nos represente

 

La entrega en capítulos para modificar el mínimo no imponible de ganancias y las escalas, estuvo concentrada solo en los empleados en relación de dependencia. Algo se habló de los monotributistas, pero los autónomos somos algo así como una casta inferior en el sistema tributario argentino. Tampoco se debatió el ajuste por inflación de los balances de las empresas para aplicar el impuesto a las ganancias. Tanto autónomos como las empresas pagamos un impuesto a las ganancias sobre utilidades inexistentes. Son solo aumentos de precios.

El caso de autónomos muestra el disparate sobre cómo se legisla impositivamente en Argentina. Tomo mi caso como ejemplo que también vale para abogados, médicos, etc.

Yo soy responsable inscripto. Ahora bien, emito facturas por asesoramiento y cuando tengo que liquidar ganancias tengo que deducir los costos de producción. En la mentalidad retrograda que impera en argentina costo de producción es solo algo material, los costos inmateriales no son considerados costos de producción.

Por ejemplo, si yo produjera chorizos, podría deducir del precio de venta el costo de la carne, el hilo, la tripa, etc. ¿Por qué? Porque el limitado tributarista que legisla puede ver el objeto que se está deduciendo del costo de producción. Puede ver el hilo, puede ver la tripa, etc. y por lo tanto entiende que ese es parte del costo de producción que hay que deducirlo del precio para determinar la ganancia.

Ahora, tomemos el caso de un economista que tiene que explicar la situación económica. Mis colegas saben muy bien que para hacer una presentación de una hora y media hay que leer nuevos papers, leer información nueva, buscar datos, cotejar la consistencia de los mismos. Relacionar las variables, etc. O sea, no es que los economistas nos paramos frente al auditorio y nos ponemos a hablar lo primero que se nos pasa por la cabeza (algunos lo hacen). Un trabajo serio requiere de un esfuerzo de búsqueda y elaboración de información, además de estudiar nuevos ensayos. Esto último sería parte del costo de producción o también podría ser considerado como si uno comprara un nuevo stock de capital.

Pero resulta que el tributarista no entiende que para hacer una presentación sobre la situación económica hay todo un costo de producción intangible que es el mencionado: buscar datos, procesarlos, relacionarlos con otros datos, leer información, papers, etc. Puesto en otra forma, el costo de producción del economista no es solamente el costo del cartucho de la impresora y el papel. El costo de producción es ese intangible que los tributaristas, como no lo ven, para ellos no existen. Al no considerarlo, el impuesto a las ganancias termina transformándose en un impuesto a los ingresos brutos, en mi caso es un impuesto del 35% a los ingresos brutos porque no puedo deducir casi nada como costo de producción.

Es más, en los profesionales nuestro físico tiene una determinada resistencia. A lo largo de los años se va desgastando y por lo tanto, siendo que nuestro físico es parte de nuestro stock de capital como profesionales, debería tener algún tipo de amortización. Lo digo muy seriamente. El resto físico que se tiene cuando uno está en los 35 años es muy diferente al que uno tiene cuando está en los 70 años.

Todas estas locuras impositivas responden a un estado que hace del aumento del gasto público su instrumento fundamental para captar votos. Para eso necesita tener recursos de los contribuyentes a como dé lugar y ese a como dé lugar significa establecer normas tributarias que van violando los derechos individuales. Documentación a la que el ente recaudador debería poder acceder por orden judicial y con causa fundada es requerida por funcionarios de recaudación impositiva violando el artículo 18 de la Constitución Nacional que establece que: “El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados”. En castellano básico, el ente recaudador viola la Constitución cuando exige ver papeles privados. Qué le facturo a un cliente, por qué le facturo, cómo me lo paga, son cuestiones de los particulares que el estado no puede meterse sin causa fundada. Sin embargo en Argentina aceptamos como normal esta violación como si fuese normal que el estado pueda usar el monopolio de la fuerza para violar los derechos.

Asistimos, entonces, a un doble problema con el sistema fiscal. Por un lado es confiscatorio porque aplica tasas sobre utilidades inexistentes. Por otro lado es violatorio de los derechos individuales.

En todo el debate sobre ganancias, nunca no se consideraron los derechos individuales, sino que todo se limitó a ver hasta dónde se puede desplumar a la gallina (el contribuyente) sin que la gallina cacaree y a qué sector desplumar sin perder votos.

El problema de ganancias ha adquirido dimensiones que nunca se habían alcanzado en Argentina porque el gasto público no había llegado a los niveles que llegó con el kirchnerismo. Fue tal el despilfarro del gasto público que hubo que incrementar la carga fiscal hasta niveles asfixiantes. Y para poder recaudar esa asfixiante carga tributaria necesitan violar los derechos individuales.

Por otro lado, mucho se ha insistido con que el salario no es ganancia. Falso. El salario es el ingreso que tiene una persona por vender su trabajo. A ese ingreso se le deben descontar los gastos de producción y se llega a la ganancia de la persona en relación de dependencia. Desde el punto de vista económico el salario es el ingreso que recibe una persona por vender su trabajo, de la misma forma que el ingreso de un autónomo es lo que factura por vender sus servicios. Luego habrá que descontar los costos de producción y llegar a la ganancia sobre la que debería tributarse.

En síntesis, dentro de este disparatado sistema tributario, los autónomos somos el último orejón del tarro por la sencilla razón que no tenemos ningún dirigente sindical que nos represente. En Argentina no rige el principio de igualdad ante la ley, sino quién tiene mayor poder de extorsión política.

En definitiva, en nombre de la solidaridad social se castiga a los innovadores y a los que más ganan haciendo aquello que beneficia a sus semejantes, en tanto que los que tienen mayor presión de lobby y de extorsión política terminan siendo más iguales ante la ley que el resto de los ciudadanos, por eso somos un país decadente, porque se castiga al innovador, al que se esfuerza y al emprendedor y se beneficia al que quiere vivir a costa del trabajo ajeno.

En el listado, los autónomos somos los que salimos peor parados.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE