El debate acerca del “tapering”: ¿podemos controlar el auge?

Por Adrián Ravier. Publicado el 9/1/14 en:  http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/01/09/el-debate-acerca-del-tapering-podemos-controlar-el-auge/

En mayo de 1937, Fritz Machlup ofrecía una disertación en la Universidad de Minnesota en la que intentaba dar respuesta a esta difícil pregunta. En este artículo, recogemos la respuesta vertida por el autor, dada su relevancia para comprender la política monetaria que la Reserva Federal de EEUU viene desarrollando bajo la dirección de Ben Bernanke.

Para dar un contexto a su artículo, entonces Machlup se encontraba analizando las políticas que el gobierno estadounidense y la autoridad monetaria venían practicando para intentar paliar el episodio económico más doloroso de la historia de EEUU. Lo que a continuación sostenemos es que el análisis causal del autor mantiene plena vigencia en lo que refiere a la crisis de 2008 y el intento por encontrar un camino de recuperación.

La respuesta de Machlup entonces implicó tres cuestiones: 1) ¿Sabemos lo que es un auge?, y ¿podemos claramente identificar una situación dada como un auge? 2) Si sabemos lo que es un auge, y también cómo identificarlo, ¿sabemos cómo puede ser controlado? 3) Si sabemos lo que es un auge, cómo identificarlo, y también cómo podría ser controlado, ¿somos capaces de aplicar nuestro conocimiento y llevar a cabo las medidas que consideramos adecuadas?

Ante la primera pregunta, Machlup confiesa que ante su persistente reclamo en favor de “detener el auge”, una violenta protesta siempre emergía, señalando que no se trataba de un auge, sino de una leve recuperación. En tal sentido, Machlup advierte que entonces el auge era generalmente definido como “el período que conduce al colapso”. Lo dicho enfrentaba un serio problema de lógica. Machlup señaló entonces que si llamamos “auge” al período que conduce al colapso, entonces —por definición— éste no puede ser controlado. Y es que si fuera controlado, entonces se argumentaría que no se trataba de un auge.

Machlup prefiere entones abandonar una definición que permita reconocer la situación sólo ex post, y sugiere que definamos al auge “como un incremento espectacular en la actividad económica, ya sea en algunas, en varias o en todas las partes del sistema económico”. Tal aumento en la actividad económica, podría deberse a incrementos en los precios, a aumentos de volumen, o a una suba de ambos.

Machlup señala que la mayoría de las personas en 1937 aceptarían que un aumento en el volumen de la producción es visto como sano, mientras que un incremento en los precios, generaba preocupación. Nuestro autor, sin embargo, estaba en el pequeño grupo de los que extendían su escepticismo al auge en el volumen de negocios, fundamentando el mismo en la experiencia observada en la gran depresión de 1929, cuando el producto industrial o los contratos de construcción aumentaron fuertemente.

Tal distinción fue posiblemente lo que impidió a la mayoría de los economistas identificar el período de auge del último ciclo económico, el que podríamos enmarcar bajo el período 2002-2007. Para ser más precisos, tras la crisis de las punto com y una vigorosa recuperación de la actividad económica, acompañada de la estabilidad de precios, nadie advirtió que un proceso de mala inversión estaba tomando lugar.

Sin embargo hoy es reconocido que tal recuperación no era tal, sino más bien un período de auge cuyo origen encontramos en la política crediticia de la Reserva Federal y que el sistema bancario canalizó al sector inmobiliario, como consecuencia de las presiones que el poder ejecutivo y legislativo aplicaron sobre el sistema financiero.

Hacia fines de 2007, la crisis subprime se convirtió en un hecho que pocos pudieron anticipar. Entonces la receta keynesiana emergió con fuerza, fundada en las lecciones no aprendidas de la gran depresión de 1930. La política fiscal dio lugar a planes de estímulo que permitieron crear empleo. La política monetaria permitió duplicar dichos planes de estímulo para rescatar al sistema financiero. Y en poco tiempo la economía mostró algunos resultados exitosos. Y aquí está el debate en cuestión. ¿Se trata de una recuperación o de un auge?

Machlup nos enseña que no debemos mirar “sólo” los precios. Aún con estabilidad de precios, la economía puede estar creando una nueva burbuja o en los términos modernos de Roger Garrison “un auge insostenible”. Pienso que pocos economistas negarán que tales resultados en la actividad económica y empleo tienen directo resultado en las políticas monetarias y fiscales mencionadas. Pero ahí comienza otro debate que identificamos con la segunda pregunta de Machlup: ¿Podemos controlarlo?

Veamos el análisis de nuestro autor: “Comencemos con una situación de gran desempleo. ¿Por qué hay trabajadores que desean trabajar al salario vigente, que no son contratados por los productores? Obviamente, porque estos últimos no esperan poder vender el producto de los trabajadores adicionales al precio que les permitiría pagar el salario de los trabajadores contratados. Dos modos tenemos, principalmente, para modificar esta situación. Una es la reducción delcosto laboral (o de los costos de producción en general) que permite que los anteriores ingresos insuficientes que se obtienen por la venta del producto se conviertan ahora en ingresos suficientes para pagar su costo. La otra es un incremento en la demanda del producto, ya que se espera un mayor ingreso, el que entonces puede ocuparse de los salarios de los trabajadores que son contratados. Un incremento en la demanda de un producto que paralelamente no reduce la demanda por otro producto sólo puede originarse de un incremento en el dinero o el crédito disponible. En otras palabras, una expansión crediticia incrementa la demanda de productos y de medios de producción. Más dinero está disponible para comprar más trabajo a una tasa salarial dada —mientras que en la primera forma a la que nos referimos, un fondo de dinero dado podía comprar más trabajo a una menor tasa salarial. Ambas maneras incluyen, como regla, una reducción de la tasa salarial real, la primera a través de una reducción de la tasa salarial nominal, la segunda a través de mayores precios, lo que permite a una tasa salarial dada comprar menos bienes”.

Resumiendo, Machlup menciona dos formas de resolver el desempleo. Aunque el primero es impopular, esto es, la reducción de los salarios, para nuestro autor es superior porque contiene menos gérmenes de desajustes posteriores. El segundo método, el de lograr mayor empleo por la vía de la expansión monetaria, es simple, efectivo en el corto plazo, pero distorsivo. Machlup explica que “hay inicialmente un acto de toma de préstamos —ya sea de parte de industriales privados que no pueden posponer por más tiempo ciertos desembolsos los cuales han sido demorados por varios años, o por el gobierno que no desea esperar hasta que la inversión privada se recupere y lleve a cabo obras públicas. Estas inversiones que constituyen demandas por bienes de producción, llevan nuevo poder adquisitivo a las manos de los consumidores, los cuales tienen ahora una demanda incrementada por bienes de consumo. El gasto de este dinero va a invitar a que se realicen más inversiones privadas. La inversión pública y la mayor inversión privada, ambas financiadas por nuevos créditos bancarios, forman una nueva demanda para los bienes de producción. Utilizado en la producción de bienes de producción, el nuevo dinero se convierte en ingreso de los factores de producción utilizados, i. e., trabajadores y propietarios de equipo. El ingreso incrementado va a constituir nuevamente demanda para más bienes de consumo. Y esto puede continuar como un proceso acumulativo”. El problema que la literatura ha identificado ante tal escenario, es cómo mantener los tipos de interés por debajo de su nivel natural a lo largo del tiempo.

“Los optimistas”, critica Machlup, “están inclinados a desechar ambos peligros. ¿Falta de capital liquido? ¿Tasas de Interés en aumento? Permitan que los bancos de la Reserva Federal manejen esta incómoda situación. Los bancos de la Reserva Federal pueden prevenir la rigidez monetaria suministrando a los bancos con reservas suficientes para una expansión adicional. ¿Inversiones decrecientes por parte de la industria privada? Dejen al gobierno que resuelva esto. Existen suficientes obras públicas buenas para ser emprendidas. La inversión pública puede llenar el espacio dejado por la inversión privada. Este optimismo es, desde mi punto de vista, inflacionismo. El programa significa nada más ni nada menos que esto: satisfacer todas las siempre crecientes demandas de capital por medio de la creación de nuevo dinero bancario; y hacer esto en forma abundante para evitar el aumento de las tasas de interés; o, si la demanda de inversiones privada cayera, financiar obras públicas por medio de nuevo dinero bancario: en otras palabras, seguir y seguir inflando la circulación monetaria. Estoy de acuerdo en que la crisis puede ser pospuesta a través de estos métodos, pero sostengo que no se puede escapar al colapso final. El mantener la tasa de inversión al nivel del auge significaría un continuo incremento en los medios en circulación. Las consecuencias de la inflación, sin embargo, eventualmente forzarían una caída en las inversiones la cual se impidió que sucediera en un momento anterior. La disminución de la tasa de inversión no parece ser evitable y el retroceso en la inversión, entonces, haría evidente que la expansión industrial durante el alza fue desproporcionada. La distribución de la demanda monetaria por el producto de diferentes industrias durante el periodo de expansión crediticia es diferente de la distribución de demanda luego de que la expansión crediticia se desacelere o frene. Es decir que una gran parte del sistema económico parece estar condenado a experimentar otra parálisis”.

Bajo este análisis, Machlup advierte que “sí”, sabemos como el auge puede ser controlado. Ahora podemos proceder con nuestro último interrogante, el cual se pregunta si somos capaces de llevar adelante las medidas que consideramos adecuadas. El control consiste en evitar una rápida expansión en el crédito y el circulante. ¿Cuán acelerada ha sido la expansión desde 2007? Los datos muestran que sólo entre septiembre de 2008 y enero de 2009 se ha duplicado la base monetaria. Pero además, la política de liquidez conocida como “alivio cuantitativo” siguió durante los años siguientes, con una tasa de interés en torno al 0 y el 0.25 % hasta el día de hoy. En estos últimos meses, sin embargo, comenzó a hablarse del “tapering“, esto es, que la Reserva Federal reduzca el programa de compra de activos ante mejoras en la actividad económica y el mercado laboral. En diciembre pasado, a poco de dejar el cargo, Ben Bernanke decidió dar lugar al “tapering”, sin desconocer que la situación sigue siendo delicada.

El optimismo de Bernanke lo conduce a esperar que el “tapering” siga avanzando gradualmente ante mejoras en el mercado laboral, sin embargo, otros analistas son mucho más pesimistas, apuntando al creciente desequilibrio fiscal. Estos analistas no dudan, que ante una pequeña alza en el desempleo, Janet Yellen -su reemplazante en el mando de la Reserva Federal- utilizará un arsenal de medidas para expandir aún más el crédito y sostener el auge.

Que el “tapering” continúe o no, y que en consecuencia la Reserva Federal pueda o no controlar este auge, es un desafío que como se muestra aquí se viene discutiendo desde hace décadas. No hay sólo un debate político y social detrás de estas políticas económicas, sino que también está en juego un debate académico fundamental: ¿Pueden los Bancos Centrales administrar correctamente el dinero? Personalmente pienso que hay mejores alternativas que el monopolio en la administración del dinero y del crédito.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Banca mítica

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 27/6/13 en http://www.larazon.es/detalle_opinion/noticias/2787866/opinion+columnistas/banca-mitica#.Uck5MPnOudk

La banca no goza de un gran prestigio social, y menos en tiempos de crisis. La banca privada, claro está. La enorme intervención pública en el dinero y las finanzas no es subrayada, y, al contrario, la cara visible de esa intervención, los bancos centrales, tienen buena prensa. Quizá esto se deba a la persistencia de tres mitos sobre la banca central, que el economista Gerald P. O’Driscoll analizó en el «The Wall Street Journal» (http://goo.gl/B3OG2). Primero: «los bancos centrales son intrínsecamente necesarios para las economías de mercado». Ni la historia ni la teoría avalan esto. Es un típico asunto político donde el Estado resuelve el problema que él mismo ha creado: los bancos centrales, así, son necesarios cuando los estados que los establecen, imponen una moneda fiduciaria de curso forzoso, y la emiten en exceso. Segundo mito: «los bancos centrales son necesarios como prestamistas de última instancia», algo que no pensaba ni el propio Walter Bagehot. Tercer mito: los bancos centrales son «independientes». No lo han sido nunca, y menos ahora. Dice O’Driscoll: «es difícil describir a la Reserva Federal bajo la presidencia de Bernanke como operando de modo independiente».

En 2011 compró nada menos que el 77% de la deuda pública americana.

Por no hablar de la clave de la institución: la estabilidad de la moneda. Ningún banco central la ha conseguido. La «Fed», que acaba de cumplir un siglo, ha multiplicado los precios desde 1913… ¡por 23!

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Y si,.. deberíamos tenerle miedo!!

Por Eduardo Filgueira Lima. Publicado el 14/9/12 en http://www.libertadyprogresonline.org/2012/09/14/y-si-deberiamos-tenerle-miedo/

 “No tengamos temor de los que están encaramados, porque lo que nos parece altura es despeñadero”. (Séneca)
La Sra. Presidente – como es de público conocimiento – expresó desaprensivamente que “…también deberían tenerme miedo a mí,.. un poquito..”. Lo hizo en tono coloquial, casi permitiendo entrever interpretaciones varias,.. entre la admonición y la representación burlesca, que permite la minimización final de su frase.
Pero en cualquier sentido la intención fue hacer sentir que su poder goza de buena salud, cuestión que ahora me permito poner en duda, porque quien tiene el poder no lo declama: lo ejerce y casi siempre sin que se note!!
El hecho que deba manifestarlo – coreada por su corte de aplaudidores – pone de relieve su debilidad. Se evidencia así su entorno, pequeño, adulón y circunspecto, remiso a las gracias caprichos y ocurrencias de la soberana.
Pero no es todo de tal suerte, también saben que tanto pueden ser reconocidos hoy como eyectados mañana, según el humor o la interpretación que se le otorgue al más ligero y aún insignificante desliz.

Nuestra mandataria quiso hacer sentir aquello que cuando se posee no es necesario expresar, porque los demás lo reconocen. Se reconoce cuando es merecido, cundo es justo, cuando es digno. Cuando no es así, cuando se sabe íntimamente que afloran costados flacos, que se hacen evidentes los problemas y contradicciones día a día, que aparecen las dudas, que todo no resulta tan claro como se supuso, entonces se hace necesario más que insinuar: decir y decirlo con todas la letras.
Porque no es cuestión de aflojar, ni de mostrar las debilidades: hay que redoblar la apuesta, porque no es cuestión que alguno se anime en los desafíos. Y aunque se sepa débil se debe mostrar convicción y fortaleza: “…señores,.. aquí que nadie se anime porque el poder lo tengo yo,..”
Parece un imperativo irrenunciable dominar por el temor, sin comprender que: “El poder es bien tenido cuando el poderoso es más amado que temido”[1].
La frase no pasó desapercibida. Muchos optaron temerosos por la sumisión,.. otros por rebelarse ante la insinuante muestra de poder opresivo.
¿Es solo eso?,..¿es apenas una bravuconada discursiva? ¿O es un síntoma que demuestra las formas de manipulación de los otros, a la vez que de disimulo y encubrimiento de la propia debilidad?
En ambos casos resulta preocupante porque nos remite a consideraciones e interpretaciones relacionales sobre el poder y sus diferentes formas de ejercicio: tanto en el caso expresar su dinámica de ejercerlo por el temor, como en el de manipular la opinión para disfrazar su debilidad.
En el primer caso no sería más que la expresión de una forma de ejercicio cotidiano que en nuestro país vulnera diariamente derechos individuales fundamentales, en aras de un supuesto beneficio colectivo que no resulta tal. Y en el segundo, porque la debilidad explicita las carencias, pone de manifiesto que solo se cuenta con el apoyo de los adulones y las pocas ideas que pueden ofrecer los cercanos. Falta lo que se necesita: las ideas y opiniones de “los otros”, las que enriquecen en la diversidad, las que fortalecen en lo plural.
Así como es como también se evidencia la ausencia de caminos y alternativas políticas que supongan rumbos ciertos.
Dicen que los gobernantes se parecen a los gobernados,.. y en cierta medida esta presunción parecería acertada, ya que precisamente es del pueblo de donde surgen. Pero esta apreciación termina por hacer culpable a la víctima que ha apoyado a quienes les han ofrecido un futuro mejor: relación dicotómica que posibilita hacerse del poder “vendiendo mejor” ser el portador elegido con las mágicas soluciones para satisfacer las demandas.
Pero ello en el fondo si bien supone una lógica de comportamiento racional, no debe ser extendido al punto de creer que la racionalidad individual conduce e implica racionalidad social.[2]
Como por otra parte no es posible considerar y sostener que el gobernante que promete, se comporta y actúa desprendido de sus intereses particulares.
Con esta relación dual – en la que participan las más de las veces – “los intermediarios”, se construye el poder enfrascado en su miopía: la de “no saber que no sabe” y la de saber que se debe sostener en el poder a cualquier costo y seguramente por un corto plazo.
Es por ello que debemos tenerle miedo: porque tanto la ignorancia que supone “no saber que no se sabe”,.. como la ambición desmedida de conservar el poder a cualquier costo, suelen conducir por los caminos más tortuosos.
La expresión de la Sra. Presidente nos debe alertar y debemos si,.. tenerle miedo. Aun suponiendo que no signifique ninguna forma de coerción, aunque lo es de alguna manera. Debería saber que a quien se respeta como persona (y obviamente más allá de la investidura), no se le teme. Aunque parece evidente que ella además disfruta con el temor que supone que genera.
Se le de temer por las consecuencias de sus actos. Que no son inocentes, que responden a una ideología, que concibe como el mejor camino para su proyecto “nacional y popular” y que no reparará en imponer a cualquier costo.
Pero este proyecto – cuyo título ya limita y refrena: ¿Cómo decir que uno se opone a un proyecto que se declama “Nacional y Popular?,.. ¿Cómo decir que el que ampulosamente se denominó de “desarrollo con inclusión” no fue tan cierto como representado? – que lleva casi diez años, describió la parábola del “cerdo domesticado”[3], y nos fue cercenando las libertades poco a poco, mientras nosotros nos fuimos acostumbrando.
A la par se recurrió a las farsas, enredos y engaños más inverosímiles para fanatizar a los más cercanos e intentar convencer a los más lejanos. Una parva de intelectuales, artistas – todos ellos cercanos al pensamiento socializante y populista – desclasados y también aquellos dependientes del favor político, se sumó fervientemente. Otros supieron mirar con desconfianza.
Pero en casi diez años el deterioro del país ha sido extremo.
Aunque se intente disimular: la educación (¿cuántos completan los estudios secundarios?), la salud (no tenemos que mirar más que las condiciones de la estructura hospitalaria o los resultados en salud), las condiciones de vida (¿Cuál es el nivel de pobreza en la Argentina de la inclusión: el 20%,.. el 25%?, ¿Cuántos penan por una vivienda digna?), la alimentación (¿Cuántos deben acudir a comedores para asistencia alimenticia, para acceder a una comida diaria,.. y el resto del día mate?),….
El 52% de lo que producimos se transforma en carga impositiva[4], para sostener un Estado elefantiásico (el empleo público – prebendario – ha crecido más que el empleo privado), ineficiente, plagado de corrupción y con malos servicios.
Además financiado por una impresionante emisión, que ha incrementado la base monetaria generando la inflación que sufrimos hoy (22%)[5], aunque la presidente del Banco Central haya dicho lo contrario. Y otras formas menos convencionales de financiamiento del gasto público (Ej. ANSES)
Hemos protegido y subsidiado a multiplicidad de empresas amigas del poder para hacer de cuenta que todo andaba bien y sostener bajas las tarifas, o para “proteger los puestos de trabajo” (¿?), cuando la mayor parte de los empresarios quieren eso: ser protegidos (protección arancelaria) o ser subsidiados. La diferencia la paga la gente mediante impuestos, o insumos más caros y de baja calidad.
Se ha perseguido a la prensa independiente, se ha silenciado o cooptado a quienes pensaban distinto, se ha pretendido instalar un discurso hegemónico y una ley de medios que supone pasar a un monopolio estatal, con el argumento de “la libertad de prensa”, que es precisamente lo que se quiere destruir.
Nos hemos peleado con casi medio planeta. Hemos perdido 9 puntos en el año 2012, en competitividad[6], así como hemos logrado la desconfianza en los inversores, lo que inevitablemente nos deja desnudos ante nuevas oportunidades de generación de riqueza y lo que en verdad potencialmente ofrecería los mentados “nuevos puestos de trabajo”.
Dependemos de la soja y de la reactivación de Brasil para obtener un crecimiento del 1,5 al 2% en 2013[7], y desechamos toda otra oportunidad de intercambio y desarrollo (salvo está: Angola y Azerbaiyán).
Y encontramos como escusa que: “se nos cayó el mundo encima” y algunos se preguntan “¿O nosotros nos caímos del mundo”: la economía argentina evidencia un “sobreajuste” muy superior al del resto de las economías emergentes y se prevé que sea la que menos crezca a nivel regional[8].
El cepo cambiario pone en evidencia el fracaso de la política económica.
Y la lista puede seguir. Podríamos escribir un libro con cada tema. Ni las políticas sociales, ni las políticas económicas, ni el accionar político, han sido las que pudieron haber maximizado el bienestar general.
Y para ello han recurrido a cualquier artilugio manipulador (INDEC), o las patotas de “La Cámpora”, “La Kolina”, “La Güemes”, o tantas otras. Sino alguna otra medida “estatizante” (como el caso Ciccone para proteger de la Justicia a algún funcionario sospechado).
La lista es extensa y los mortales tratamos de acordarnos de las cosas buenas. Como en el servicio militar: adentro muy enojados con el suboficial que nos tenía “zumbando”,.. pero al salir nos acordábamos de los buenos momentos de camaradería, la “ranchada”,.. etc.
Pero sucede que nosotros “todavía estamos adentro” y la Sra. Presidente no solo expresó que “iban por todo”,.. sino que además debemos “tenerle miedo” y si,.. tiene razón, con lo que ha hecho y pretende hacer con el país, debemos tenerle miedo, porque piensa hacerlo a cualquier costo y con sus adláteres denostando a quien se lo merezca por no adherir a la dinastía K.
Pero ambos – ella y nosotros – sabemos de su debilidad,.. porque solo con bravuconadas puede aparentar mantenerse encaramada sin vislumbrar el despeñadero por el que nos conduce a todos,…

Notas de referencia:
[1] A. López De Ayala
[2] Bates, R. & Krueger, A.O. 1994
[3] A. Benegas Lynch (h)
[4] Ieral de la Fundación Mediterránea (Córdoba, 2012)
[5] IPC (Congreso, 2012)
[6] IDESA. Informe Nº 458 de Septiembre de 2012.
[7] C. Melconián (2012)
[8] Ombrellieri (2012)

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Aspirante a Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE y Profesor Universitario.